Buen día, espero estén muy bien y les deseo un grandioso fin de semana. Les recuerdo que los personajes No me pertenecen, pero la historia es de mi autoria, es sin fines de lucro solo por diversión y NO es para menores de edad o para personas que son sensibles al tema adulto. Muchas gracias por comprender.

EL ABUELO WILLIAM

28

El murmullo del juicio en contra de Neal Leagan pronto se fue apagando y con ello las personas se iban olvidando de lo sucedido, todos menos los Leagan quienes seguían intentando liberar al inútil de su vástago, sin embargo todos sus intentos resultarían en vano y la actitud del moreno no lo ayudaba mucho dentro de la prisión. Neal se había convertido en una "victima" de sus propios actos, ya que la noticia de su fechoría se había corrido por toda la prisión y había quien pensaba aún entre gente de mala maña que no era correcto que escapara de sus actos de una manera tan tranquila. Ojo por ojo decían los prisioneros y ellos mismos se encargaron de que el moreno probara una sopa de su propio chocolate, un chocolate que le sabía amargo al convertirse en la víctima perfecta para varios reos.

Mientras Neal sufría su condena, Anthony y Candy vivían su amor plenamente en Lakewood, habían llegado después de la fiesta de compromiso de Stear para que la rubia descansara y pasara todo su embarazo lejos de los rumores y las habladurías de la gente.

-Buenos días amor. – Saludó Anthony con una gran sonrisa a su esposa, quien dormía plácidamente a su lado. Besó su hombro desnudo por la cálida noche que habían pasado. Candy sonrió al sentir el suave contacto de los labios de su amado sobre su piel, quien la abrazaba por la cintura para acariciar su vientre en el proceso.

-Buenos días mi príncipe. – Le respondía Candy sin abrir sus ojos, sintiendo como la calidez de sus manos envolvían su vientre acariciándolo delicadamente.

-¿Cómo durmieron? – Preguntó el rubio en plural para estar al pendiente de ambos, demostrando así que su preocupación no solo era su bella esposa, sino que el pequeño ser que llevaba en su vientre era también su prioridad.

-Muy bien. –Respondió Candy con una sonrisa, girando su cuerpo para encontrarse de frente con los hermosos ojos de su amado que la miraban embelesados. Anthony se perdió en sus esmeraldas por unos momentos, conectando sus miradas enamoradas. - ¿Y tú? – Preguntó la rubia con una sonrisa coqueta, una sonrisa que encerraba la complicidad vivida la noche anterior, una complicidad que existía ya entre ellos y que iban desarrollando cada vez más con el paso de los días.

-Maravillosamente bien. – Le respondió Anthony apegándola más a su cuerpo, sujetándola por la cintura, atándola a él para unir sus cuerpos sintiendo como sus pieles comenzaban a desprender ese calor que comenzaba a abrasarlos por su cercanía. Sus miradas se compenetraban y sus labios pronto buscaron los contrarios para fundirse en un beso dulce, lento, un beso que comenzaba con demasiada ternura y que continuaba poco a poco incrementando su intensidad hasta terminar con una batalla en su interior.

El fuego de su amor volvió a encenderse y con ello llego la inminente entrega, una entrega que como cada mañana llegaba y ambos esperaban ansiosos para demostrarse una vez más la necesidad que ambos tenían en su jóvenes cuerpos.

Los paseos por el jardín eran después del desayuno, recorrían tomados de la mano aquellos senderos escoltados por rosas que habían recorrido de niños, ambos con una sonrisa en sus labios que los delataba lo feliz que eran. Miradas tiernas, palabras dulces, eran las conversaciones que mantenían entre ellos y por las tardes volvía a encenderse la pasión dentro de su habitación.

El paseo hasta aquel claro de agua en el que habían compartido meses atrás volvía a repetirse, les gustaba ir de día de campo para disfrutar un momento en soledad, a pesar de vivir únicamente ellos en la mansión de las rosas, estaban rodeados de empleados y guardias que mantenían seguras la propiedades de los Andrew.

-¿Recuerdas aquella tarde? – Preguntó Anthony coqueto a su esposa, como si el tiempo hubiera sido mucho desde que habían compartido en ese lugar.

-Perfectamente. – Respondía Candy con una sonrisa traviesa, recordaba muy bien que él había tenido que sumergirse en las aguas del lago, para calmar la calentura que se le había subido al cuerpo por culpa de ella. – Aún recuerdo que no comprendía el porqué de tu repentino baño. – Dijo una vez más con travesura, mientras Anthony la veía de lado sonriendo con ella.

-Tú eres la causante de ello. – Le dijo girándose hacia ella sorpresivamente para recostarla en el lienzo que había servido como mantel a su picnic. Un pequeño grito de sorpresa salió de los labios de la pecosa, grito que pronto se convirtió en una bella sonrisa al adivinar las intenciones de su marido, quien dispuesto como siempre estaba para amarla se preparaba una vez más para hacerle el amor en aquel espacio libre. – Eres el motivo principal que me provoca y me enciende con tan solo una sonrisa. – Le decía muy cerca de sus labios, tentando a la rubia quien se mantenía a la expectativa escuchando atentamente la cercanía de su esposo. Ya no había barreras que impidieran que él la tomara en ese lugar, ya no había necesidad de esperarse hasta llegar al día de la boda, ella ahora era su esposa, su mujer, su amante, su novia… y estaba dispuesta una vez más a entregarse a él por completo en ese lugar, al aire libre, ignorando por completo todo a su alrededor, seguros los dos de que en aquel apartado lugar nadie los estaría observando.

-Anthony… - Gimió Candy una vez más su nombre al sentir como su cuerpo era atravesado por el de su esposo, quien se abría paso en su interior lentamente, buscando la manera de incitarla una vez más. Anthony sonreía victorioso al sentir como el cuerpo de su esposa lo recibía impaciente.

-Candy… - Respondía Anthony al llamado de la rubia, quien lo devoraba con la misma lentitud que él avanzaba. Se dedicó a besar su cuello, dejando un rastro húmedo de sus labios, mientras Candy cerraba los ojos para abandonarse a sus caricias.

Sus labios se fundieron en sus senos y sus manos acariciaban con impaciencia sus glúteos que se levantaban para recibir una vez más el vaivén sensual y rítmico que Anthony le proporcionaba con su cadera. El rubio miraba enajenado el cuerpo de su esposa quien se removía debajo de él siguiendo su ritmo.

Anthony se acercó a ella para abrazarla, mientras hacía que con sus piernas lo abrazara por su cadera para después girarla y quedar de espaldas al piso con ella sobre su cuerpo. Candy sonrió por aquel movimiento y su mirada brillo con intensidad. Anthony le sonrió con malicia y la invitó a cabalgarlo.

-Anthony… - Era lo único que salía de los labios de la rubia, quien comenzaba a moverse imponiendo su propio ritmo, danzando encima de él una y otra vez para marcar los movimientos que la estaban llevando al delirio. Anthony la observaba desde abajo, maravillado por la manera en la que ella se entregaba a su pasión, maravillado por la manera en la que Candy gozaba encima de él, sin pena, sin tapujos, disfrutando con total plenitud aquella su primera entrega en el bosque, porque sabían bien que aquella sería la primera de muchas que tenían por venir.

-¡Candy! – Fue le grito que Anthony soltó al sentir que el cuerpo de Candy comenzaba a abandonar su cordura, sintiendo como la pecosa comenzaba a estrechar su interior para mantenerlo sujeto dentro de ella y comenzar a liberarse mientras su cuerpo temblaba totalmente extasiado.

Candy ya no habló tan solo cerró sus ojos y se dejó abrazar por el maravilloso clímax que la envolvía de manera vertiginosa. Anthony la miró con la boca abierta al disfrutar aquel maravilloso espectáculo, el rostro de Candy se iluminaba con los rayos del sol que se colaban entre las hojas de los árboles, sus senos se movían libremente mientras el aroma que desprendían sus cuerpos se mezclaba con el olor a campo y a agua. Anthony dejó que Candy continuara sus movimientos, permitiendo que disfrutara por completo su liberación, observando como su rostro iba cambiando su expresión de gozo a una total relajación una vez que había terminado de escalar la cima.

Candy seguía sujeta de su vientre mientras sus embestidas se hacían cada vez más lentas, una vez que terminó exhausta encima de él, fue el turno de Anthony de comenzar su propia satisfacción. El rubio se inclinó frente a ella, tomándola por los glúteos para acercarla a él mientras sus manos lo guiaban para que entrara y saliera con mayor rapidez. Candy lo miraba sensualmente a los ojos, ninguno hablaba, tan solo ella se dejaba guiar para a los pocos minutos sentir como el cuerpo de Anthony comenzó a convulsionar y poco después explotar dentro de ella, sintiéndose una vez más llena de él, impregnando su entorno con aquel aroma a hombre que ella disfrutaba tanto y que la ayudaba a liberarse de nuevo.

Candy terminó exhausta encima de él, mientras Anthony comenzaba a recobrar la respiración normal, su cuerpo quedaba relajado, lo mismo que el de Candy quien comenzó a sentir que una vez más era presa del sueño.

-¿Hermosa? – Preguntó Anthony al sentir que el cuerpo de la rubia pesaba encima de él.

-Mmm – Fue la respuesta de la rubia quien con los ojos cerrados se negaba a abrirlos.

-Es mejor que nos vayamos. – Dijo Anthony al ver que el sol comenzaba a bajar. No quería quedarse con ella en ese lugar cuando estuviera oscuro, no era que fuera una zona peligrosa, sin embargo no quería arriesgar a ninguno de los dos por un descuido.

-Tengo sueño. – Le dijo Candy con verdadera pereza, su cuerpo había terminado tan cansado que no tenía la energía suficiente para caminar hasta el auto. Anthony sonrió con ternura y la ayudó a vestirse para después vestirse él y comenzar a subir todas las cosas al auto. Una vez terminado levantó a la rubia entre sus brazos y la llevó hasta el automóvil. El sol había comenzado a esconderse y justo a tiempo emprendían el camino hasta la mansión.

La brigada de seguridad contratada por los Andrew ya habían retornado a sus puestos, los paisajes comenzaban a quedar desiertos y una que otra ave aún quedaba en el aire buscando un refugio. El clima comenzaba a cambiar y atrás quedaba el calor que permitía los paseos más largos.

Anthony miró a Candy quien se acurrucaba junto a él abrazada a su brazo, mientras él conducía hasta la mansión.

-Lo estábamos esperando señor. – Dijo el mayordomo quien esperaba afuera de la puerta principal hasta que divisó el automóvil del patriarca.

-¿Sucede algo? – Preguntó Anthony confundido por ver el rostro preocupado de su empleado.

-No, lo que pasa que se nos hizo extraño que llegara tan tarde. – Informó el fiel empleado, quien no estaba a gusto hasta que los dos jóvenes estaban dentro de la mansión.

-Aún es temprano Alfred, lo que pasa es que ya está oscureciendo antes. – Respondió el rubio agradecido por la preocupación de aquel empleado que tenía años al servicio de la familia. – Envía para que bajen todas las cosas del auto mientras yo llevo a la señora a la habitación. – Dijo de nuevo Anthony al mayordomo, ya que la rubia se había quedado dormida súpitamente en el camino. Alfred asintió dispuesto a obedecer mientras Anthony se dirigía al otro lado del automóvil para tomar en brazos a su esposa y llevarla hasta la habitación.

El chofer se encargó de guardar el automóvil, mientras los demás empleados guardaban todo lo que se habían llevado a su día de campo.

-¿Lo esperamos a cenar señor? – Preguntó Alfred antes de que Anthony subiera con Candy en brazos.

-No Alfred, ya pueden retirarse, la señora se durmió y yo no tengo hambre. – Dijo Anthony con amabilidad a su empleado. Alfred asintió con una sonrisa y observó cómo Anthony subía las escaleras con la pecosa en brazos.

Anthony caminaba con su preciada carga hasta su habitación, colocándola en el centro de la cama con sumo cuidado, cuando escuchó el sonido de la puerta.

-Adelante. – Habló despacio para no perturbar el descanso de la joven, sin embargo la había dejado tan cansada que la pobre rubia no se despertaría por nada del mundo.

-¿Necesita algo señor Andrew? – Preguntó Dorothy quien había estado al pendiente de la llegada de la rubia y su esposo.

-No Dorothy, yo me encargo de todo, puedes ir a descansar. – Le respondió Anthony con tranquilidad, sonriendo agradecido por estar siempre al pendiente de su esposa, sin embargo él quería encargarse de desvestir a su esposa para que descansara.

-Con su permiso. – Se despidió Dorothy para dar privacidad a la joven pareja.

Anthony observó con detenimiento a su esposa, quien dormía profundamente, retiró sus zapatos con cuidado y comenzó a desvestirla para que pudiera descansar, quitando cada trozo de tela que pudiera incomodarla en su descanso. Optó por dejarla completamente desnuda ante él, para después tomar un baño e irse a la cama en las mismas condiciones de su amada, una vez que se recostó se acercó a su cuerpo para llenarse de su calor ya que la noche comenzaba a enfriar.

Las noches y las mañanas de pasión continuaban en la mansión de las rosas, mansión que era una vez más testigo del intenso amor que había nacido bajo su abrigo, sirviendo de cupido por sus bellos y floreados paisajes.

El vientre de Candy crecía cada vez más y Anthony se esforzaba por buscar una manera más cómoda para ella de hacerle el amor. Un último movimiento desató su liberación mientras Candy seguía sentada de espaldas encima de él.

-Te amo. – Dijo Anthony besando su nuca, sintiendo aún su pulso acelerado y su respiración agitada.

-Y yo te amo a ti. – Respondió Candy en las mismas condiciones. Anthony rodeaba con sus manos su vientre el cual apenas podía abarcar. Tenía un poco más de ocho meses y continuaban con sus muestras de cariño como cada tarde.

-¿Cómo te sientes? – Preguntó el rubio al sentir que el vientre de su esposa una vez más se contraía.

-Bien, un poco incómoda cuando se pone así, pero me siento bien. – Respondió la rubia esperando que su esposo la liberara de su unión. Anthony besó el hombro de su esposa y al salir de ella sintió que la cantidad de líquido que salía del interior de su mujer era mucho más de lo que habitualmente solía fluir. Ambos miraron extrañados aquel hecho.

-¿Qué sucede? – Preguntó Anthony confundido.

-¡Ya es hora! – Dijo Candy sorprendida después de recapacitar, y darse cuenta que lo que sucedía era que había roto fuente y eso era el anuncio que su parto ya estaba en proceso. Anthony la miró con temor al no esperar que sucediera de esa manera.

-¿¡Ya!? – Preguntó preocupado, haciendo a un lado el cuerpo de su esposa con cuidado para poder ponerse al frente de la situación. Candy asintió con una leve mueca en su rostro, mueca que le advertía a Anthony que le era incómodo su sentir. – Iré por George. – Dijo Anthony de inmediato, vistiéndose de nuevo con las ropas que minutos antes había despojado de su cuerpo.

-Tranquilo. – Decía Candy ante el temor y la impaciencia que Anthony tenía en su rostro. – Aún hay tiempo. – Decía una vez más la rubia segura de que aún faltaba tiempo para que su primogénito viera la luz. Anthony no estaba tan seguro de que fuera así, así que se apresuró a vestirse para después ayudar a su esposa a cubrir su cuerpo.

-¡George! – Salió casi gritando y corriendo de la habitación, mientras Candy sonreía nerviosa por su comportamiento. – ¡George! – Volvía a gritar Anthony con mayor desesperación, llegando hasta la habitación de su administrador quien al igual que él se había retirado a descansar después de haber llegado de Chicago precisamente ese día.

-¿Qué sucede Anthony? – Preguntó visiblemente adormilado, sin embargo demostraba que como siempre estaba listo para atender el llamado del rubio.

-¡Es Candy! – Decía Anthony sin detenerse frente a George. - ¡Mi hijo! – Decía entre asustado y emocionado.

-¡Pero aún no es tiempo! – Dijo George sorprendido por el motivo que había llevado a Anthony a interrumpir su descanso. - Tranquilo, iré por el médico. – Dijo George seguro de salir inmediatamente en busca del médico.

-¡No hay tiempo! – Decía Anthony seguro de que lo que había visto era porque su esposa estaba literalmente a punto de dar a luz.

Los gritos de Anthony habían alertado al resto de los empleados de la mansión, quienes se habían despertado al igual que George para ver qué era lo que sucedía.

-¡Dorothy, ve con la señora Candy, está a punto de dar a luz! – Decía George mientras salía a toda prisa en busca del médico.

-¿Qué sucede? – Preguntaba una de las empleadas que tenían más tiempo laborando en la mansión.

-¡Es la señora Candy! ¡El bebé ya viene! – Decía otra en respuesta para informar la situación de la joven enfermera.

-Ayúdame Dorothy. – Dijo el ama de llaves segura de que tendría que tomar a cargo la situación, ya que el médico tardaría en llegar y ella tenía conocimientos de la llegada de un bebé. Dorothy la siguió un poco confundida, sin embargo ella debía estar al lado de la rubia.

-Con su permiso señor Andrew. – Dijo el ama de llaves, quien entró sin esperarse a que se le permitiera la entrada. Anthony que estaba junto a Candy, simplemente asintió cuando la buena mujer ya estaba frente a ellos para comenzar a palpar el vientre de Candy. – Este bebé ya se impacientó de estar encerrado. – Dijo con una sonrisa amigable a la rubia, quien la miraba con cierto temor y el rostro humedecido por el sudor que comenzaba a transpirar por el dolor y los nervios. – Será mejor que espere a fuera señor Andrew. – Dijo la mujer con determinación, tomando ella el control de la situación.

-Me gustaría quedarme a su lado. – Dijo Anthony seguro de no salirse de la habitación. El ama de llaves lo miró no muy convencida, sin embargo sabía bien que no podía obligarlo a salir al ser él su patrón. La mujer asintió estando de acuerdo a permitir que se quedara.

-Quédese junto a ella en la cabecera. – Le dijo indicando el lugar que debía tomar. Candy la miraba moverse de un lado para otro, preparando las sábanas de la cama para recibir al pequeño heredero u heredera. – Dorothy, ve por el agua caliente. – Dijo de nuevo mientras la pobre Dorothy se había mantenido de pie sin saber qué hacer.

-Sí. – Dijo Dorothy sin atinar más qué decir, obedeciendo de inmediato la orden de la mayor, quien podía darse cuenta sabía bien lo que estaba haciendo.

-¿Sabe lo que hace señora Smith? – Preguntó Anthony sin intentar ofender a la mujer. La señora lo miró con una sonrisa de lado y asintió con nostalgia.

-Yo ayudé a la difunta señora Rosemary a traerlo al mundo. – Dijo con una sonrisa mientras acomodaba a Candy en posición para observar si podía ver la coronilla del bebé. Anthony la observaba moverse sorprendido por su revelación. – Antes no era común que un médico asistiera a las mujeres embarazadas. – Explicaba sin dejar de palpar el vientre de Candy. – Así que yo la ayudé a traerlo al mundo y le aseguro que es un honor traer al hijo de usted a la vida. – Decía poniéndose frente a Candy quien la escuchaba intentando no gritar para no asustar a su esposo.

-No lo sabía. – Decía Anthony sorprendido por las palabras de la vieja ama de llaves.

- Tranquila señora. – Le dijo a la rubia con confianza al ver que la joven tenía su rostro realmente asustado.

-Todavía no era tiempo. – Decía con temor. El ama de llaves la miró con ternura.

-No se preocupe, su bebé estará bien, es normal que las madres primerizas tengan antes o después a su primer bebé, más cuando hay mucha actividad entre la pareja. – Anuncio la mujer con una sonrisa traviesa. Anthony fue el único que había comprendido el motivo de que su bebé se hubiese adelantado, sintiéndose culpable por no haber sabido controlarse.

-¿Cree que todo saldrá bien? – Preguntó Anthony con nerviosismo, temía que no estuviera nada bien con su esposa y su hijo.

-Todo estará bien. – Dijo mirando a ambos a los ojos, para después enfocar a Candy únicamente. - ¿Lista? – Preguntó al sentir que ya estaba totalmente dilatada para comenzar a tener a su bebé. Candy asintió no muy convencida, sin saber bien si estaba o no preparada para dar a luz.

-¡Aquí está el agua! – Gritó Dorothy entrando con rapidez.

-Ponla ahí. – Dijo simplemente el ama de llaves para después levantar por completo las ropas de Candy y dejarla descubierta hasta su vientre. – Va a pujar cuando yo le diga. – Dijo separando las piernas de la rubia. – Usted joven Andrew colóquese detrás de ella para sostenerla. - Anthony asintió en silencio, colocándose detrás de Candy para ayudarla en el proceso. – Ahora… - Le dijo a Candy, quien emitió un grito bastante fuerte al sentir como una contracción llegaba a su vientre intentando expulsar al pequeño ser que habitaba dentro de ella y que en esos momentos luchaba por salir de ahí.

-¡Anthony! – Decía Candy cuando podía hablar, sintiendo que su cuerpo se dividía en dos por unos segundos.

-Vamos mi amor, tú puedes hacerlo. – Le decía Anthony completamente conmovido por el dolor de su esposa, buscando hablarle con valentía para transmitirle a ella ese sentimiento, sentimiento que lo había abandonado desde que sintió que había roto fuente encima de él. – Lo haces muy bien hermosa… - Le decía besando su frente mientras secaba el sudor que dejaba húmedos sus rubios cabellos.

-Anthony… - Le decía Candy realmente exhausta por el dolor que estaba sintiendo.

-Aquí estoy pecosa… - Le decía besado su frente en repetidas ocasiones.

-Una vez más. – Decía el ama de llaves lista para recibir al pequeño ser que quería ser libre. –Vamos señora Candy… - Le decía esperando que Anthony continuara con sus palabras de aliento.

-Vamos amor, tú puedes, es por nuestro hijo… - Le decía Anthony aguantándose las ganas que tenía por comenzar a llorar. – Falta poco amor… falta muy poco. – Le decía nuevamente al ver que la señora Smith le hacía señas para que la tranquilizara.

-De nuevo señora Candy… - Decía la mujer quien al igual que Candy comenzaba a sudar por la presión que sentía en ese momento.

Se escuchó un grito en la habitación, un grito que salía de los labios de Candy en respuesta del esfuerzo que realizaba para el nacimiento de su hijo, mientras se aferraba con fuerza a las manos de Anthony quien la sostenía desde su espalda animándola a continuar.

-¡Así pecosa! ¡Así mi amor! – Le decía Anthony con la angustia estrechada en su garganta, con el dolor de ver sufrir a su esposa por traer a su hijo al mundo. Se sintió pequeño en ese momento al ver el mérito que tenía una mujer por dar vida.

-¡Llegó el médico! – Habló Dorothy repentinamente, al llegar George quien abría de pronto la puerta de la habitación.

El llanto de un bebé se escuchaba con fuerza al momento que el médico entraba a la habitación, el llanto de un nuevo ser que ha abandonado el cálido refugio del vientre de su madre, el inocente llanto de un pequeño que llega a este mundo con temor por no saber qué está sucediendo en ese nuevo entorno que lo recibe.

-¡Es un varón! – Gritó el ama de llaves quien sostenía en brazos al pequeño rubio que lloraba con fuerza buscando consuelo en ese momento.

-¡Un niño pecosa! ¡Es un niño mi amor! – Decía Anthony besando repetidamente el rostro de Candy, quien sonreía entre lágrimas al ver a su pequeño frente a ella, deseando tomarlo entre sus brazos y consolarlo de aquel primer llanto que este tenía.

-¡Un niño…! – Decía Candy agotada sin dejar de sonreír y abandonarse en los brazos de su esposo.

El médico entró en el momento justo para tomar al pequeño y comenzar a evaluarlo, haciéndose cargo de la situación antes de poder entregar al bebé a sus ansiosos padres, quienes deseaban poder besarlo por primera vez.

Anthony miró a George quien se había quedado conmovido en la puerta, respetando la privacidad de la rubia, pero esperando también conocer al primogénito de su pupilo.

-Es un niño. – Dijo George visiblemente emocionado. Anthony asintió con una sonrisa genuina, una sonrisa que delataba en su rostro la felicidad y el orgullo que sentía por ese hecho. George sonrió a Anthony y se giró para salir de la habitación y poder darle privacidad a la pecosa.

-Pueden salir por favor. – Pidió el médico, permitiendo que solo el ama de llaves que había salvado la situación se quedara para auxiliarlo. Anthony observó a Candy, quien lo miró más tranquila después de todo lo sucedido, permitiendo que el rubio abandonara la habitación con la impaciencia de ver de cerca a su hijo. – En un momento podrá entrar. – Le dijo de nuevo el doctor al ver la indecisión que tenía por abandonar la pieza, sin embargo tenía que terminar el trabajo que había comenzado la señora Smith. Anthony abandonó la habitación seguro que entraría en cuanto terminaran su labor.

George estaba afuera de la habitación con las manos unidas como en una oración, era evidente para Anthony que estaba agradeciendo porque todo hubiese salido bien. En cuando sus cansados ojos divisaron al rubio dejó caer las lágrimas contenidas en ellos.

-¡Soy papá! – Le dijo Anthony con una gran sonrisa en sus labios. George extendió sus brazos con una gran sonrisa, mientras sus ojos se nublaban por la abundante lluvia que salía de ellos.

-¡Muchas felicidades Anthony! – Decía George recibiendo al rubio, quien al igual que él comenzaba a derramar sus ojos víctima de las emociones que había contenido en el interior de su habitación.

George lo abrazaba consolando todo aquello que llevaba dentro. Anthony lloraba conmovido, temeroso, sintiendo como era la primera vez como adulto que tenía aquel temor tan grande en su pecho. Él que siempre había demostrado en los negocios arrojo y determinación, él que alguna vez había sido implacable con las personas que debía serlo, él que había manejado al clan Andrew desde los tiernos quince, se veía envuelto por primera vez en el temor, en la indecisión y en la agonía de ver sufrir a su esposa, su esposa, la única mujer que él había amado en su vida y que había temido por un momento perder al no saber a lo que se estaba enfrentando.

-Tranquilo… - Le dijo George al sentir que su cuerpo comenzaba a temblar por el temor vivido. – Ya pasó… todo está bien ahora. – Decía de nuevo el administrador sin dejar él mismo de llorar conmovido por saber el nacimiento de aquel pequeño.

-Gracias George… - Dijo Anthony una vez que se tranquilizó. George le sonrió al ver que una vez más era el mismo chico valiente que siempre había sido, pero que una vez más tratándose de Candy se había desmoronado por un instante.

-Eres padre… - Le dijo George con orgullo, feliz por saber que su pequeño ahora se convertía en padre por primera vez.

-Eres abuelo… - Le dijo Anthony en respuesta a sus palabras. George abrió los ojos sorprendido y emocionado por las palabras que Anthony le decía.

-¿Abuelo…? – Preguntó con la voz quebrada por la emoción, recordando una vez más a su amada Rosemary, cuánto hubiera dado él por haber sido el padre de aquel que estaba frente a él, cuanto deseó él haberlo engendrado y haber vivido los pocos años que Vincent había tenido el honor de vivir y compartir con ella y que había desperdiciado, tanto como había desperdiciado a su único hijo de sangre. Anthony asintió con una sonrisa sincera, hablaba en serio cuando le decía que él: George Johnson era el abuelo de su hijo. - ¡Soy abuelo! – Decía George incrédulo del honor que Anthony le daba. - ¡Soy abuelo! – Decía con emoción, mientras Dorothy sonreía feliz y emocionada por ver la escena que habían protagonizado aquellos nobles caballeros.

-Pueden pasar. – Dijo en ese momento la Sra. Smith quien abría la puerta con una gran sonrisa en su rostro al anunciar por segunda vez en su vida el nacimiento de uno de los integrantes más importantes para el clan Andrew, un pequeño que se convertiría en el nuevo patriarca.

-Ve…- Dijo George limpiando su rostro de las lágrimas derramadas, esperando unos momentos antes de entrar a conocer a aquel que habían proclamado como su nieto. Anthony sonrió impaciente por entrar.

El médico observó como aquel padre primerizo se acercó a su esposa quien sostenía al pequeño rubio que momentos antes lo había asustado tanto.

-¿Cómo están doctor? – Preguntó antes de llegar a ellos.

-Perfectamente bien señor Andrew. – Dijo el médico con una gran sonrisa, satisfecho por haber llegado justo a tiempo para terminar la labor del ama de llaves. – La Sra. Smith hizo un excelente trabajo. – Dijo el galeno reconociendo que la buena señora había hecho un trabajo limpio y eficiente. – Fue una bendición que ella estuviera familiarizada con los partos. – Dijo de nuevo, ya que la Sra. Smith le había contado rápidamente que su madre se había dedicado muchos años a recibir a los hijos de familias influyentes en la región y que había aprendido cómo hacerlo a pesar de que no era su trabajo.

Anthony se acercó a Candy, quien le sonreía radiante, feliz, atrás había quedado el rostro angustiado y temeroso que había visto cuando inició todo, atrás había quedado el dolor y sufrimiento que había sentido en labor, ahora su sonrisa adornaba su bello rostro y sus ojos brillaban como dos esmeraldas de las más costosas, para él aquella imagen fue la más hermosa que tuvo de Candy frente a él.

-Nuestro hijo. – Le dijo la pecosa sin dejar de sonreír, esperando a que Anthony se acercara a ella para que por fin conociera a ese pequeño que ambos habían formado aquella noche, su primera noche en la mansión de Chicago. Anthony sonrió feliz, mientras se disculpaba con el médico para acercarse a ellos.

-Es maravilloso. – Dijo Anthony emocionado, sentándose enseguida de Candy para abrazarla con sumo cuidado con su mano izquierda, mientras acercaba su derecha a la pequeña y tierna mano que estaba descubierta de su hijo. El pequeño al momento de sentir aquella caricia, abrió por instinto su manita y atrapó uno de los dedos de Anthony, quien sintió que en ese momento aquel pequeño ser fruto de su amor lo atrapaba para siempre en su corazón. Una lágrima rodó de los ojos de Anthony, era una lágrima de la felicidad que comenzaba a desbordarse de su pecho.

-Gracias… - Le dijo Candy con una sonrisa de enamorada, observando el rostro de su príncipe con detenimiento, admirando cada detalle de él, admirándolo como nunca jamás lo había hecho antes. Anthony la miró con una interrogante en sus ojos. – Gracias por permitirme conocer lo que es el amor de madre. – Le decía conmovida. – Te aseguro que me has dado el mejor regalo que puede tener una mujer en la vida. – Le decía comenzando a llorar y a refugiarse en su pecho. Anthony la abrazó conmovido por sus palabras, él sabía bien el dolor que Candy pudiera llevar en su pecho por el abandono de sus padres.

-Al contrario pecosa. – Le dijo Anthony besando su frente, para después levantar su rostro y enfocarse en sus gemas. – Te puedo decir que yo soy el que está más que agradecido por haberme dado esa familia que tanto anhelé a tu lado. – Fueron las últimas palabras que le dijo antes de acercarse a sus labios y besarla con la mayor ternura que tenía contenida en su pecho.

Candy se dejó besar por su príncipe, cerrando sus ojos para disfrutar de aquel cálido y romántico beso que él le ofrecía y que ella tomaba con la misma emoción que había tomado el primero de todos.

Continuará…

Y nació el primer heredero! ¿Cómo ven? Espero les haya gustado este capítulo, la verdad me emocioné al escribirlo. Muchas gracias por leer, espero sus comentarios al respecto.

TeamColombia: Hola hermosas cómo están? Sé que todas ustedes son unas golosas, así que creo que este capítulo les ha gustado a todas, ¿O me equivoco? jijijiji sé que no. Muchas gracias por leer hermosas, espero sus comentarios. Saludos.

Rose1404:

Bonjour ma belle, je suis content que tu ailles bien, je suis content de l'entendre. Je suis également ravie de savoir que le chapitre précédent vous a plu, vous avez raison il y a beaucoup d'engagement entre le couple et ici ils continuent leur activité sans repos. Les blondes sont très occupées hihihihi. Je pense que je vais écouter les voix des personnages en français, ça me semble une langue assez romantique et j'adore écouter même si je ne comprends pas ce qu'ils disent hahahaha. Merci beaucoup d'avoir lu ma belle, je t'envoie un gros câlin.

María José M: Hola hermosa, me alegra que escribas. Y Neal se fue a la cárcel y aquí se encargaron de darle una sopa de su propio chocolate, pobre pero quien le manda bien dicen que "quien a hierro mata... a hierro muere..." aún así creo que la sentencia es leve jajaja. Aquí continúa el amor entre la pareja principal y la boda de los Cornwell tendrá un apartado especial para ellos, ya preparé su noche de bodas y espero que les guste. Muchas gracias por leer amiga, saludos.

July-Andley-00: Hola hermosa, siento mucho que estés enferma, espero que al día de hoy ya estés mucho mejor. Gracias por leer y dejarme un comentario, descansa para que te recuperes más rápidamente. Te mando un fuerte abrazo y mis mejores vibras y deseos.

Mayely León: Hola hermosa, aquí hubo más pasión para tu deleite jajaja. En la historia original Candy hace escena de celos a Terry, así que nos están diciendo que es muy celosa con el rebelde, por consiguiente sería celosa con Anthony también y pues nuestro rubio a pesar de no estar encima de los escenarios también llama la atención del sexo femenino y pues tenía que haber alguien que le echara un ojito para ver si pegaba chicle. Muchas gracias por leer amiga, te mando un fuerte abrazo.

P.D. Intenta reestablecer tu página para que agregues la historia a tus favoritos, creo que esta es la única que te falta. Te lo agradecería mucho.

Mía Brower Graham de Andrew: Hola hermosa, un honor la verdad que leas y comentes, la verdad no sé como le haces para leer tanta historia comentar y estudiar, es algo difícil, pero me encanta que me dejes un comentario. Te mando un fuerte abrazo hermosa, cuídate y ánimo en los finales que creo yo ya se acercan.

lemh2001: Hola hermosa, cómo vas? Verdad que sí! yo también digo que la relación entre ellos fue muy rápida, hubo una química muy especial, todo fue muy intenso desde el principio, así que no me pueden negar cómo sería Anthony de adulto! por Dios pura candela el guapo! jajajaja Tiene esa mirada tan profunda que derrite los polos y hasta adivina lo que piensas jajaja. El chico perfecto que no existe solo en las historias snif! Y siguió sin negarse hasta que rompió la bolsa jajaja se nota que el médico nunca les advirtió lo que podía pasar, eso sucede cuando no llevan los controles mensuales jajaja. Creo que Anthony fue el responsable de tranquilizarla, porque si no no sabemos qué hubiera hecho la pecosa, tal vez un berrinche? Muchas gracias por leer amiga, me encanta que te encante el capitulo, espero este también haya sido de tú agrado. Te mando un fuerte abrazo hermosa.

Muchas gracias a todas las lectoras que se toman la molestia de esperar cada día un capítulo nuevo, gracias por estar al pendiente de cada actualización y darse un tiempo para leer. Les mando un fuerte abrazo, espero me dejes un comentario.

GeoMtzR

05/05/2023.