CAPÍTULO IV

"INTENCIONES"

-Puck ¿estás loco? –exclamó Quinn ahogando un sollozo. Lo empujó sin mirarlo y se puso de rodillas al lado del cuerpo derrumbado de Finn. Un hilillo de sangre salía desde su sien. Con rapidez, su mejilla y ojo comenzaban a obtener un color rojo oscuro e hincharse.

No escuchó la réplica de Puck. Se giró a mirarlo con cierto rencor pero ya no estaba en el mismo lugar. Había retrocedido hasta el rincón más oscuro de la habitación y apenas podía ver su perfil, quieto como una estatua.

Esperaba que Puck dijera que Finn se lo merecía. Que se había comportado de manera muy sucia al tenderle una trampa como esa. Pero no lo hacía y ya no sabía cómo reaccionar hacia ambos. Se volvió hacia el cuerpo inerte del jugador de fútbol con desesperación. Un golpe de Puck no era cosa de juego antes, y menos ahora. Mientras lo empujaba había logrado ver que la mitad de su mano se había vuelto acero.

Las lágrimas se le caían confundiéndole la vista así que optó por cerrar los ojos, logrando que su cara se empape más. Colocó su mano sobre la hinchazón y se concentró como nunca antes lo había hecho. Solía obviar su "don", jamás había pensado en utilizarlo adrede, generalmente se presentaba de forma inoportuna. Pero ahora lo necesitaba.

Entonces lo sintió. El frío distante que se concentraba en la mano que sostenía la mejilla de Finn. La temperatura descendía con rapidez y se extendía por todo su cuerpo. Comenzó a temblar. Un pensamiento fugaz le recordó a su bebé. Pero no tardaría mucho. Tenía que ayudar a Finn. El frío le desinflamaría la magulladura, y podían hacer como si nada hubiera pasado.

-Demonios, Puck –soltó sin abrir los ojos ni soltar a Finn-. Tienes que hacer algo. ¿Y si le has roto algún hueso?

Pero no escuchó movimiento, no escuchó rezongos. Parecía que estaban sólo ellos dos ahí.

La mejilla había vuelto casi a la normalidad y el rojizo se había reducido al borde del ojo derecho. Parecía que había resultado.

Entonces se puso en pie. Puck estaba comportándose más idiota de lo normal.

Él no se había movido de la penumbra. Su cara estaba completamente escondida.

-¿Qué pasa contigo? –preguntó exasperada. Quizá le había afectado haber reaccionado así contra su otrora mejor amigo. Hizo el ademán de avanzar hacia él y entonces reaccionó.

-¡No! –gritó él-. Quédate donde estás. No te acerques.

-¿A qué te refieres? –Los pies de Quinn se encontraban justo en el borde del halo de luz de luna que se filtraba por su ventana.

-Simplemente no lo hagas…no quiero que…No quiero que me veas.

Y entonces comprendió. El grado de furia de Puck había sido tanta que no sólo sus puños se habían transformado, sino también parte de su cuerpo. Y dedujo que su cara también.

No comprendía el porqué de su vergüenza. Sacudió la cabeza. ¿Creía acaso que no lo aceptaría sólo por ser el hombre de hierro? Vamos, que ella Ice Quinn, como la habían bautizado en el Glee Club a sus espaldas. Ninguno era normal ya.

-No seas tonto, Puck –y quiso dar un paso al frente cuando oyó el gemido débil de Finn a sus espaldas. Cerró los ojos. Finn había despertado y juzgó más importante su estado de salud que los problemas de Puck. Suspiró. Y se dio la vuelta.

Fue sorprendente lo que vio. Sabía lo que Finn era capaz de hacer pero no lo había visto hasta esa noche y no en esa forma,. Su cuerpo comenzó a cambiar con rapidez. Del entrenador Tanaka, a Sue Sylvester para luego terminar en Mr. Shue y volver a ser él mismo. Entonces se dio cuenta que a cada cambio, la herida se había cerrado y el moretón se había hecho menos evidente.

-Hey, Puck. Finn puede… -se dio la vuelta hacia el rincón en el que el muchacho andaba metido pero supo más que vio que él ya no estaba. La puerta no había sido cerrada. Hizo una mueca triste.

Brittany cogió su bolsa de la escuela y salió lentamente de su habitación. En la cocina la esperaba su madre, junto con sus pensamientos, preocupaciones y miedos. Había aprendido a soportar eso. De hecho, siempre era casi lo mismo. Diferente sería en la calle. Se estremeció de sólo pensarlo. Incluso desde allí podía sentir a sus vecinos. Era como una radio vieja pero lo sentía. Y mientras más cerca estuviera se haría más fuerte. Era como un detector de metales que vibraba más en cuanto encontraba una moneda. Claro que ella se veía mejor que un palucho de esos…

-Tostadas, cariño-, su madre interrumpió la línea de sus pensamientos mostrándole un platillo con un par de tostadas recién hechas.

Asintió tomando una y apenas masticándola. Luego bebió un poco de zumo de naranja y se quedó mirando a través de la ventana de la cocina. El jardín estaba brillante por el rocío mañanero. Le pareció que pequeñas estrellitas destacaban de cuando en cuando. Sonrió ensimismada.

-Cariño, ¿estás segura…?

Su madre volvió a traerla de vuelta a la realidad. Se puso en pie, le dio un beso en la mejilla con vivacidad, haciendo mover su coleta.

-Me voy a la escuela, mamá –dijo con presteza.

-Aún estás pálida, Brit –sus ojos reflejaban su preocupación, pero eso ya lo sabía.

-Mr. Shue dice que mientras más rápido…, mientras más rápido…

-¿Enfrento?

-Sí, eso. Mientras más rápido enfrento esto, mejor.

Su madre la miró con ternura.

-Está bien. Pero si no puede más, vuelve a casa al instante, ¿ok?

Brittany le sonrió y se dio la vuelta hacia la puerta, alisando su uniforme de porrista.

Ya fuera, se dirigió hacia su auto sin darse cuenta del otro que estaba aparcado frente a ella. Al lado de ese, su auto no era más que un escarabajo. Se rió aunque no sabía bien por qué.

-Hey, rubita –dijo una voz suave y arribista a la vez. Se llevó otra sorpresa al notar la figura apoyada sobre la camioneta. Generalmente a nadie se le pasaría por alto una persona como aquella, con todo ese aire vintage, y gay como recalcaba Santana. La confusión se impregnó en su rostro. Pero no por ver a Kurt allí, sino por el hecho de no haberlo "sentido". La voz interior de Kurt (le gustaba pensar que era una psíquica como esas de las ferias) era muy familiar para ella, habiéndola sentido casi todos los días de su internamiento. Pero ahora el silencio era pleno. Y no sabía qué era lo que pasaba porque aún podía escuchar a su madre. Y la abuela de la esquina que buscaba su siempre huidizo gato. Entonces, ¿qué hacía a Kurt diferente? ¿Y por qué ahora?

-¿Te llevó? –siguió él sin perder su altivez, abriendo la puerta del copiloto. Él no la miraba a los ojos, sino a algún punto en su frente, lo que la desconcertaba aún más. Habñia sido tan sobreprotector cuando estaba enferma. Nunca había usado su "receptor" para forzar el sentir a otra persona pero no pudo evitarlo. Tenía que saber.

Avanzó hacia él sonriéndole de una manera que todos habrían calificado de estúpida, pero Kurt no dijo nada y rodeó su auto para subirse en él.

-Todos te han extrañado en el club. Y supongo que las porristas también –comentó él mientras arrancaba. Brittany lo miraba con los ojos entrecerrados para lograr obtener un pensamiento siquiera, pero se distrajo por el perfil de la nariz del muchacho, respingada como la de ella pero más pequeña, acorde a su cara, y en perfecta simetría con su boca…- ¿me escuchas?

-La entrenadora Sylvester tiene siempre un reemplazo –dijo cabeceando y volviendo a concentrarse- Becky lo hace tan bien como yo.

-¿Mencioné el Glee Club?

Usualmente hubiera sentido la seriedad y el agravio, pero esta vez sólo lo hizo al procesar sus palabras, con bastante lentitud, mientras doblaban una calle y luego se detenían ante un semáforo en rojo. Quizá no pudiera penetrar en él, pero la culpa se le salía por los poros. Desde los días había sentido esa culpa yendo y viniendo. Ahora sabía que era él exactamente. Pero ¿por qué? Y no puedo evitarlo…

-¿Por qué te sientes tan culpable?- el frenazo que dio Kurt no pudo ser más escandaloso, pero él no se dio por aludido al oír los diversos bocinazos.

-Tú… ¿tú me has leído?

Ella negó inocentemente.

-Sólo lo sé.

Kurt la miró por fin directamente a los ojos, de forma bastante penetrante, como si la observara por rayos X. ¿Vería sus huesos? Él pareció temblar antes de soltar esas cuatro palabras que no llegaría a entender para nada y continuaran la marcha hacia la escuela.

-Lo siento por todo.

Pero Kurt si entendía y su mente bullía de recuerdos que quisiera borrar.

*-*-*-Flash Back-*-*-*

Las afueras de Ohio no eran opacas. La lluvia persistente lograba que los prados reverdecieran continuamente pero que también se vieran como una masa mojada encima de barro. Él miraba por la ventana ajeno al alboroto que hacían sus compañeros del club. Mr. Shue los había llevado a St. Marys para una competición amistosa con el club de esa ciudad. Resultó bastante fácil, a decir verdad. Pero el verdadero objetivo de Mr. Shue era sacarlos de Lima a tomar otros aires antes de las regionales. Y se llevó a Ms. Pillsbury de paso. Parecían bastante cercanos. Sonrió maliciosamente ante ese pensamiento.

En fin, Figgins se había negado a ponerles chofer así que Mr. Shue cogió el volante e hizo todo el viaje, y ahora lo hacía de regreso. Sus compañeros andaban felices por el triunfo y por los lugares que habían conocido, así que el profesor puso música y se pusieron a bailar y cantar en el pasillo. Finn y Puck no tuvieron mejor idea que cantar "Everybody" a lo Backstreet Boys. Él no participaba del alboroto. No le gustaba particularmente esa canción.

Notó a Mercedes dejarlo sólo en el asiento doble para participar y a Santana y Brittany bailando entre asientos. Ellos cuatro se sentaban al último. Pudo escuchar la voz melodiosa de Shue participar y las risas de Rachel y Quinn.

Se concentró más en el paisaje campestre. Y fue entonces cuando lo vio. Un rayo de luz que en ese momento se le antojó amarillo verdosa cruzó el cielo y fue a parar Dios sabe dónde, según pensó al principio. Lo tomó como una anécdota y ya que Mercedes se hallaba ocupada no se lo contó a nadie. Siguieron el camino durante un minuto más antes de cruzar un pequeño estrecho que alzaba la carretera.

Y fue cuando todo comenzó a temblar. Parecía un terremoto. Escuchó varios gritos y sintió un cuerpo cayendo sobre él. Brittany no parecía saber qué pasaba pero aunque Mr. Shue trató de frenar el bus empezó a ir de un lado a otro. Y la muchacha fue expedida hacia el otro lado del bus, pero él la sostuvo contra sí a tiempo, mientras las yemas de sus dedos se volvían más blancas de lo habitual de lo fuerte que se sostenía a la barandilla del asiento. El otro brazo lo tenía alrededor de Brittany. Y aunque todos lo fastidiaran por ser gay, tenía tanta fuerza como cualquiera de ellos. Brit lo miraba asustada todo lo que podía porque la fuerza del movimiento la pegaba a su cuello o la alejaba. Escuchó a Mr. Shue pedir calma y sostenerse bien de los asientos, pero los aullidos de dolor no se hicieron esperar hasta el bus empezó a girar como trompo por quién sabe cuál causa para finalmente salir disparados. Las ventanas ya estaban rotas antes de que ellos salieran volando, Kurt había cubierto a Brittany de tal forma que ella no recibió ningún vidrio. Pudo ver a los demás saliendo disparados también y se perdían a la distancia, a pesar del viento que le obligaba a entrecerrar los ojos. Entonces se escuchó algo parecido a una explosión y la misma luz que había visto aunque algo más verde los cubrió como un halo.

Por la fuerza de la caída, Brittany se separaba más de él. Estaba aterrorizada. Sólo sus manos aguantaban unidas hasta que finalmente no pudo más y se soltaron.

Cayeron al suelo mojado relativamente cerca. Su mirada nunca la había perdido y pudo comprobar que no tenía ninguna herida a pesar del golpe, lo que lo desconcertó. Él estaba magullado pero ella parecía tan incólume como cuando bailaba despreocupada. Se le acercó corriendo antes de desmayarse y que todo se volviera oscuridad.

-¿Te ayudo? –apareció Finn a su lado derecho casi de la nada, camino del aparcamiento hacia la escuela. No la miró directamente, apenas pudo ver su media sonrisa de perfil. Le cogió la manija de la mochila a ruedas y siguió caminando. Rachel sonrió agradecida pero le parecía que algo andaba mal, podía sentirlo.

-Eh… ¿pasa algo?

El muchacho sonrió otra vez negando rápidamente y sin mirarla aún.

-Nada, nada. Digo, ¿qué podría haber pasado? De hecho, eso debería preguntártelo a ti. ¿Puck no te dejó varada antes de llegar casa?

Fue eso lo que le confirmó su teoría. Su insistencia de que todo andaba bien y el aire adusto que adquirió cuando mencionó a Puck.

-Me dejó en casa. Fue algo rápido para mi gusto pero llegamos sanos y salvos. Él se fue inmediatamente salí del auto.

Finn asintió como confirmando algo obvio pero entonces se distrajo mirando un cartel sobre una nueva oferta de burritos con extra del comedor. Y fue entonces cuando Rachel pudo ver la pequeña magulladura de su mejilla, cerca al ojo. No parecía grave. Pero ¿qué la había ocasionado? Se detuvo, cogiéndole del brazo y obligándoles a mirarla de frente. Él suspiró derrotado. Rachel le dirigió una mirada que claramente le exigía explicaciones.

-Mira, Rachel. Me caí, eso es todo. Nada más.

Pero claro, ella no se tragó nada. Volvió a suspirar. Era inútil mentirle más y aunque sabía que se metería en un gran problema con ella le contó lo sucedido la noche pasada.

-…así que desperté. Puck no estaba, sólo Quinn, que parecía haberme hecho algo, porque el golpe fue lo suficientemente fuerte como para sacarme el ojo.

-¿Y por qué te golpeó? –dijo ella con bastante rencor.

-Tú sabes, todo eso del bebé y Quinn. Nada es lo mismo. Yo lo inicié ¿ok? Eso es todo- dijo incómodo-. Dejemos esto, ya pasó. No estoy grave y esto curará en un par de días. Deja de hacer tanto drama. Vamos o llegaremos tarde a clase.

Rachel le miró desconfiada pero optó por no decir nada más. Entraron a la escuela en completo silencio.

-¡Shue!

Will se giró sorprendido ante la voz particularmente irritada de Figgins.

-Eh ¿sí?

-Las Regionales se acercan peligrosamente, Will. Y no he visto el habitual alboroto de tus chicos en el salón de coro. ¡El auditorio está empezando a juntar polvo! No lo han usado por semanas. Y el pianista, eh…

-¿Brad?

-Lo que sea, fue a preguntarme si tenía que seguir viniendo. Al parecer no le gusta sentarse en otra cosa que no sea su taburete frene al piano.

-Figgins, escuche. Mis chicos han sufrido un accidente y…

-Hace un mes. Y ninguno salió herido de gravedad –el director subió el tono de su voz-. Incluso tu porrista ha regresado y parece estar perfectamente bien.

Will resopló. En parte, Figgins tenía razón pero é l no sabía la mitad de lo que sucedía allí.

-No están heridos físicamente pero psicológicamente sí. Me he dedicado a apoyarlos para que lo superen.

-Para eso tenemos a Ms. Pillsbury, Will. Dedícate a lo tuyo y deja a los demás trabajar según sus deberes-. El profesor se reprimió para no rodar los ojos-. Deja de creerte psicólogo y prepara a esos niños para las Regionales o el Glee Club se termina.

Y Figgins se alejó sin esperar respuesta, lanzándole una última mirada de advertencia. Qué frustración. Hacer cantar y bailar a los chicos no parecía adecuado aún, eso sería no tener en cuenta sus estados de ánimo. ¿Qué podría hacer?

-¿Will?

Emma salió del rincón en el que estaba con aire de sentirse inadecuada.

-¿Escuchaste todo eso?

Asintió con timidez sin dejar de míralo con sus grandes ojos pardos.

-No sé qué hace, Emma…-dijo con cierto tono desesperado, acercándose a ella.

Los ojos der la mujer vagaron adquiriendo de a pocos un brillo extraño.

-Podemos hacer algo –empezó a emocionarse-. Algo que ayude a todos con esta situación y los prepare para las Regionales.

Y sonaba tan confiada y excitada que Will no pudo más que sonreír con esperanza.

Se sentó sobre su taburete frente a los chicos, observándolos con atención. Mercedes y Rachel conversaban discretamente aunque la última lanzaba miradas de preocupación hacia Finn de tanto en tanto. Tina sostenía inconscientemente la silla de Artie mientras este le hablaba. Matt y Mike se reían. Finn miraba al suelo tratando de ocultar su moretón sin mucho éxito. Quinn ya le había explicado algo y hablaría con ellos más tarde. Ella se sentaba a dos sillas de Puck y o miraba con insistencia, tratando de obtener su atención pero él parecía demasiado ensimismado para darse cuenta.

Santana se limaba las uñas con indiferencia, como era usual. Brittany sonreía sin ocultar muy bien una mueca de molestia. Y Kurt…ya no era tan raro que sucediese pero no dejaba de sorprenderle. Su atención hacia Brit se había notado desde el mismo momento en que llegó con ella en brazos a la orilla de la carretera. Estaba sentado una grada más arriba, separado de todos, pero su miraba estaba posada discretamente en ella, casi sin parpadear. Aunque a simple vista pareciera tan altivo como siempre.

Carraspeó para obtener la atención de todos.

-¿Cómo les va, chicos?

Las muecas no se hicieron esperar excepto aquellos que se habían adaptado con rapidez, o Artie que parecía el más feliz de todos.

-¿Saben? Se acercan las regionales –empezó con cautela. Sintió, más bien palpó el temor que les recorrió a todos. Decidió no detenerse.- Y no hemos practicado demasiado que digamos. Incluso Figgins se ha dado cuenta. Me ha advertido. Saben cuál es el trato.

-¿Cancelará el club? –soltó Rachel alarmada.

-No, si ganamos. Pero sin ensayos eso será prácticamente imposible. Esto no es las Locales.

-¿Usted quiere que yo cante? –intervino Mercedes desafiante.

El profesor suspiró. Pidió calma con las manos.

-Sé que todos no están listos. Por diversas razones. –Su mirada se detuvo en Brittany antes de continuar-. Es por ello que una maravillosa idea venido de Ms. Pillsbury. Recuerden que ella también está metida en esto. Y les preocupa ustedes tanto como a mí. Así que hay una solución a esto. Los veo el sábado en el aparcamiento. Será una sorpresa inmensa.

Un gran almacén abandonado se abrió ante ellos. Había seguido el destartalado auto de Mr. Shue en su camioneta acompañado de Brittany en el asiento del copiloto. Ella se había subido sola allí. Atrás estaban Mercedes, Tina y Artie. Más atrás, en el camión de Puck venía Quinn, Santana, Matt y Mike. Con Mr. Shue habían llegado Ms. Pillsbury, Rachel y Finn.

Fue Ms. P la que sacó las llaves para abrir los grandes candados herrumbrados. La zona parecía tranquila, aunque en tiempos pasados podría haber sido muy industrial, ahora mostraba un abandono casi total.

Cuando Shue abrió el portón pudieron ver un gran espacio lleno de máquinas viejas. Parecía haber sido una fábrica.

-Mi abuelo fundía acero aquí –dijo Ms. P con voz delicada-. El ruido era bastante, es por ello que las paredes tienen filtro. Es bastante discreto y…

-Pero, ¿cuál es el punto de esto? –preguntó Mercedes mirando desconfiada.

-Sí, no lo entendemos –intervino Finn.

-Escuchen, chicos –dijo Shue-. Nos hemos ocupado de ocultar y frenar nuestras nuevas "habilidades", todo de forma represiva, como si fuera algo para sentir vergüenza. Lo correcto es aprender a usarlas, manejarlas, de forma que se hagan parte natural de nosotros. De esa forma nadie tendrá que fingir, reprimir. Tan sólo pasar desapercibidos para que nadie lo descubra. Es por ello que Ms. Pillsbury nos ha prestado este lugar. Para entrenar y aprender a convivir con todo esto. Y claro, ambos nos incluimos en esto. Así que empezamos hoy mismo.

Durante la semana fue fácil observar a Mike enrollándose a un gran tubo con no poco esfuerzo, a Puck tratando de romper una de las máquinas viejas, a Mercedes encerrada en el área de cortado, que tenía el mayor aislamiento de sonido. Aun así, todos sintieron el retumbar de su voz, pero cada vez menos. Brittany se sentaba en un ladito con los ojos cerrados. Nadie sabía muy bien lo que hacía excepto Ms. Pillsbury hasta que Santana rompió a reír de forma inesperada. Sus ojos se mostraban aterrorizados pero no dejaba de reír. Entonces, Brit abrió los ojos y sonrió triunfante. Finn era asustado con frecuencia al igual que Tina para controlar sus reacciones. A Artie se le cronometraba cada carrera hasta que logró alcanzar niveles humanos, de forma que todos podían verlo correr y no sentir una ráfaga pasar. A Matt le dieron una gruesa plancha de hierro que trató de mover sin éxito por varios días hasta que pudo moverla un metro hacia atrás. Santana llenó las paredes de seda cada vez disparando con mayor precisión. Quinn logró congelar otra plancha de hierro hasta que Puck le dio una patada y se rompió en mil pedazos. Luego, ella calentó la superficie y corrió una pesada masa maleable por el suelo. Mr. Shue corría muy rápido siempre tratando de evitar dejar de tocar el suelo. Ms. Pillsbury dejó de usar guantes el día anterior del final de semana. Cuando practicaban canto, Rachel era vapuleada por orden de Mr. Shue hasta que los rayos y truenos dejaron de sonar. Generalmente esto lo hacían cuando caía la noche.

Mr. Shue se le acercaba todos los días.

-Kurt, aún no has sentido nada diferente.

Él negaba sin mirarlo.

-Oh vamos, debes tener algo –se burlaba Puck tirándole una madera. Casi le alcanza pero Matt la retiró con un movimiento de mano, al ver que probablemente caería en plena cara del muchacho y estén no podría hacer nada.

Mr. Shue lo miraba como intuyendo algo pero cada día le hacía la misma pregunta y no añadía nada más. Y Kurt se ocupaba de asustar a Tina, cronometrar a Artie y practicar su canto. Siempre sin dejar de permanecer vigilante.

-Bien chicos, la semana ha terminado con grandes avances para todos. Seguiremos aquí pero menos tiempo para concentrarnos en las Regionales. Sugiero trasladar los instrumentos acá. Mercedes ya está lista para intentarlo un poco, así que primero no traeremos a los chicos de la banda hasta que estemos seguros. Finn puede con la batería, Kurt con el piano, Puck la guitarra y yo me manejo bien con el bajo. Será un trabajo más exhaustivo, pero creo que todos estamos der acuerdo en que valdrá la pena. Hoy, pues, las cosas vuelven a la normalidad.

-Y es por ello que para inaugurar esta nueva etapa se las verán conmigo y una canción que he escogido…

-Eh…Mr. Shue –intervino Puck.

-¿Sí, Puck?

-Me gustaría empezar yo. Hay algo que quiero expresar desde hace días.

Finn pareció alarmado frente a la sorpresa de los demás. Shue, también con sorpresa, finalmente sonrió.

-Ese es el espíritu que quiero. Bien, Puck. Muéstranos lo que tienes.

Puck sacó su guitarra mirando muy serio a los demás mientras se sentaba en el taburete que había dejado Shue para ir a sentarse al lado de Ms. P.

Y los acordes comenzaron a sonar:

(Pueden escuchar la canción aquí:

Grooveshark: .com/#/s/The+Saltwater+Room/2B1tOC

Spotify: Owl City – The Saltwater Room)

Él miró directamente hacia Quinn cuando comenzó a cantar.

Puck: I opened my eyes last night and saw you in the low light
Walking down by the bay, on the shore, staring up at the planes that aren't there anymore
I was feeling the night grow old and you were looking so cold
Like an introvert, I drew my over shirt
Around my arms and began to shiver violently before
You happened to look and see the tunnels all around me
Running into the dark underground
All the subways around create a great sound

Quinn lo miraba con ansiedad, entendiendo cada palabra de lo que decía. Su mirada la cautivaba, como si le hablara directamente a su corazón, como si taladrara su pecho hasta llegar a él.

Puck: To my motion fatigue: farewell
With your ear to a seashell
You can hear the waves in underwater caves
As if you actually were inside a saltwater room

Sabía muy bien lo que hacía cuando se puso en pie yendo hacia él, rodeándolo. Y entonces canto con tristeza.

Quinn: Time together isn't ever quite enough
Puck: When you and I are alone, I've never felt so at home
Quinn: What will it take to make or break this hint of love?
Puck: We need time

Ambos: Only time
Quinn: When we're apart, whatever are you thinking of?
Puck: If this is what I call home, why does it feel so alone?
Quinn: So tell me darling, do you wish we'd fall in love?
Puck: All the time

Ambos: All the time

Y Puck luchaba por no llorar. No era usual en él sufrir de esa manera pero el tiempo pasaba y todo se volvía más brumoso. No estaba acostumbrado a eso. Es por ello que su corazón tomó lugar. Y se dio cuenta que ante el amor era como cualquier otro. No podía resistirse más. Tenía que decirlo. Que así de difícil que fuere, estaba allí por ella. Por nadie más que por ella.

Puck: Can you believe that the crew has gone and wouldn't let me sign on
All my islands have sunk in the deep, so I can hardly relax or even oversleep
I feel as if I were home some nights, when we count all the ship lights
I guess I'll never know why sparrows love the snow
We'll turn out all of the lights and set this ballroom aglow

Quinn caminaba lentamente a su alrededor, tocando su barriga. Sus cabellos colgaban libres cuando miraba al suelo.

Quinn: So tell me darling, do you wish we'd fall in love?
All the time.

Quinn: Time together isn't ever quite enough
Puck: When you and I are alone, I've never felt so at home
Quinn: What will it take to make or break this hint of love?
Puck: We need time

Ambos: Only time
Quinn: When we're apart whatever are you thinking of?
Puck: If this is what I call home, why does it feel so alone?
Quinn: So tell me darling, do you wish we'd fall in love?
Puck: All the time

Ambos: All the time

Quinn: Time together isn't ever quite enough
When we're apart whatever are you thinking of?
What will it take to make or break this hint of love?
So tell me darling, do you wish we'd fall in love?
All the time

Los aplausos no se hicieron esperar mientras Quinn miraba directamente a Puck y le decía sin palabras que sentía lo mismo que él.

En el fondo, Brittany había cogido inconscientemente la mano de Kurt que no la rechazó. Mercedes se giró a ver su reacción ante la canción, muy sonriente, y vio la escena.

-¿Qué estás haciendo?

Kurt no pareció escucharla porque al mismo tiempo, la rubia se había acercado a su oreja y le había susurrado:

-Lo hice. Ahora ya sé cuál es tu poder.

Su sonrisa confiada le traumatizó pero en vez de soltarla apretó aún más su mano.