«No te preocupes de que el mundo se acabe hoy: Ya es mañana en Australia.»
—Charlie Brown.
Bueno, para empezar Yoruichi no se consideraba una persona celosa. En absoluto. Siempre había sido alguien bastante independiente que, si bien mostraba recelo con el hecho de que cualquier persona se acercase a las personas preciadas para ella —como las parejas de Kisuke por ejemplo— tampoco era tan intrusiva como para molestarse si estos decidían pasar más tiempo de lo normal con alguna otra persona aparte de ella.
No, no era celosa ¡Es que no era natural el tiempo que su pequeña abeja pasaba con ese chico!
No podían preguntarle a Yoruichi de dónde había salido aquél muchacho de brillante cabello azabache y ojos hielo. Pero un día había aparecido al lado de su novia y de ahí casi nunca se apartaba de ella. Se volvió casi una costumbre verlo visitando la tienda de Urahara sólo para ver a Soi Fong, y si no se la llevaba a quién sabe qué lugar se quedaba con ella toda la tarde. Los veía bailar juntos, hacer coreografías incluso, los veía reírse de quién sabe qué cosa que hubiese dicho el chico que se llamaba Jon. Incluso había llegado a ver cómo su Soi Fong usaba el hoodie que el muchacho solía llevar puesto, y cuando Yoruichi le preguntó al respecto la joven explicó que Jon se lo prestaba para que no se sintiese incómoda al mostrar tanta piel.
Soi Fong le había dicho que lo conoció en una academia de baile que estaba visitando en esos momentos, coincidieron en una de las excursiones y en palabras de la capitana no pudo quitarse a Jon de encima. En contra de todo pronóstico Jon logró que Soi Fong se encariñase con él y empezasen a citarse con cada vez más frecuencia. Demasiada para el gusto de la Shihoin.
—¡Soi Fon mira esto! —exclamó en una ocasión el muchacho, le mostró a la capitana algo en su teléfono, y ni siquiera un minuto de verlo la chica comenzó a reírse con fuerza, al unísono con Jon.
No la malentiendan, le alegraba un montón que Soi Fong estuviese relajándose y conviviendo con otras personas aparte de ella. Incluso llegó a alegrarle que la muchacha hablase con personas alejadas del círculo del Seireitei. Pero el problema era que ese jovencito de ojos azules se estaba tomando demasiadas libertades con su novia. Al punto de que incluso llegó a cuestionarse si Jon sabía que Soi Fong ya tenía pareja. No tardaba en responderse a sí misma que sí, porque conocía muy bien a su pequeña abeja, y sabía que si hubiese notado que Jon buscaba algo más que una amistad con ella su chica le habría dejado bien claro que no estaba disponible.
—¿A dónde vas? —dijo Yoruichi intentando disimular su irritación. Desnuda entre sus sábanas. Hace unos minutos ella y su chica sólo estaban mimándose en silencio después de haber hecho el amor hasta que el celular de la capitana en el suelo sonó y tras revisarlo la menor puso cara de susto, se levantó de un salto y empezó a vestirse a toda prisa.
—¡Hoy iba a practicar con Jon y lo olvidé!
Otra vez Jon. Yoruichi tuvo que contenerse demasiado para no soltar algún bufido o grito de fastidio.
—Si llego tarde no me dejará olvidarlo nunca —continuaba murmurando entre dientes la joven mientras se abrochaba el sostén y recogía su suéter del suelo.
—¿No puedes decirle que practicarán otro día? —se le salió a la mujer de cabello violeta. Puede que sonase posesiva o egoísta. Pero es que ya creía que era demasiado. Soi Fong la miró con algo similar a la comprensión mientras se levantaba del futón para ponerse los pantalones.
—Lo siento, Yoruichi. Yo misma le dije a Jon que tenía el día libre y luego como tonta se me olvidó en la mañana. Y luego me distraje contigo —la capitana ya vestida se llevó la mano a la cabeza avergonzada de sí misma, suspiró y se acercó para besar los labios de la otra mujer—. Regreso en unas horas y después seré toda tuya. Lo prometo —dijo con tal dulzura que Yoruichi casi acepta.
Casi.
—¿Puedo acompañarte? —preguntó antes de darse cuenta. A lo que la menor no disimuló su sorpresa. Pero tras pensarlo un momento contestó.
—Claro.
El lugar en el que Jon y Soi Fong practicaban sus coreografías estaba algo lejos de la tienda de Urahara. En un sitio considerablemente concurrido, pero que estaba algo oculto para la morena o cuando menos, era desconocido porque Ichigo ni los adolescentes ni los Vizards vivían por allí. Era un edificio grande con ventanas también grandes, típicas de una academia de baile moderno, pintado de gris y con una especie de puerta giratoria. Al lado de Yoruichi Soi Fong iba tranquila, pero algo sorprendida porque por lo general la morena no solía acompañarla a sus prácticas de baile. No porque no quisiera sino que Soi Fong nunca la había invitado, ni Yoruichi había mostrado antes deseo de ir con ella.
Jon las esperaba en uno de los múltiples salones de baile del lugar, que tenía un suelo de madera brillante que se repetía en los demás salones, las paredes pintadas de lila y blanco y sobretodo un gran espejo en la pared contraria a la puerta. El chico estaba vestido con ropa deportiva de color azul oscuro y blanco y en el suelo junto a él estaba su bolso, apenas Soi Fong abrió la puerta y antes de que la mujer de ojos dorados pudiese entrar al menos, Yoruichi tuvo que reprimirse de fruncir el ceño al ver que ya el jovencito rodeaba con un brazo a Soi Fong.
Para ser apenas un jovencito saliendo de la adolescencia era un chico muy alto, con músculos bastante definidos aunque sin ser exagerados. Junto a él su novia se veía todavía más pequeña de lo que era. Cuando Jon se dio cuenta —al fin— de la presencia de la ex-princesa puso una expresión curiosa, después esbozó una sonrisa mientras saludaba alegremente.
—Hola ¿Necesitas algo? —el tono tan cordial con el que Jon le hablaba llegó a poner incómoda a Yoruichi.
—Hola. Estoy bien, gracias —contestó simplemente.
—Jon, ella es mi pareja. Hoy decidió acompañarnos en las prácticas —dijo Soi Fong sin soltarse del abrazo de su amigo. Jon colocó una expresión de sorpresa.
—¿Ella es la famosa Yoruichi? —al instante los ojos hielo de Jon se iluminaron— ¡Un placer conocerte! Soy Jon. Soi Fong no deja de hablar sobre ti y...
—¡Jon, disimula! —gruñó Soi Fong. Jon en respuesta ladeó la cabeza confundido.
—¿De qué hablas? Si eso haces siempre —respondió Jon—. Siempre hablas de lo maravillosa que es y de lo bien que te trata, y de que cuando te besa sientes que se te doblan las rodillas y que en la habitación...
—¡Jonatan! —gritó Soi Fong roja al nivel de un tomate y ahí fue cuando la boca del muchacho se cerró, para luego comenzar a reírse a costa de su pequeña amiga, que sólo lo regañaba por imprudente.
En cuanto a la morena, su expresión era atónita tras escuchar todo lo que Jon había dicho que Soi Fong había dicho de ella. Su pequeña no sólo le había dicho a ese chico que ya tenía pareja. Sino que al parecer le había comentado un montón de cosas bastante interesantes acerca de su relación. Por un lado se le hizo de lo más tierno, pero por otro una sonrisa maliciosa se le salió a Yoruichi. Una a la que ni la capitana ni Jon prestaron atención por andar "discutiendo".
Lo de los besos le había dado una pequeña idea. Una que tal vez ayudaría a poner un pequeño límite a ese jovencito.
Después de eso Jon y Soi Fong comenzaron a ensayar mientras que Yoruichi solamente los observaba. Si bien la antigua comandante reconoció que se sincronizaban bastante bien y se daba entender que ya llevaban un buen tiempo planeando los pasos. Yoruichi apenas pudo prestarle atención al joven por centrarse en su novia. El control que la chica tenía de su cuerpo era increíble, la energía que le ponía a cada paso era notoria, y cuando bailaba tenía algún tipo de vibra que hacía imposible quitarle los ojos de encima. Aunque los movimientos de Soi Fong al bailar con Jon no eran exactamente sugerentes, la morena en algún momento tuvo que mojarse los labios. Le hacía tener incluso más ganas de hacer eso que estaba pensando hace un rato.
Se recordó a sí misma pedirle a Soi Fong que bailase para ella un día de estos.
De cualquier modo, permanecieron un buen rato bailando y la morena observándolos en silencio, un silencio algo extraño para Soi Fong considerando la naturaleza ruidosa de su pareja. Aunque más que el silencio la inquietaba la expresión de Yoruichi. La forma en la que la miraba y también la sonrisa que traía. Yoruichi estaba planeando algo o estaba pensando en cosas que, para bien o para mal, la involucraban a ella.
Cuando finalmente se cansaron, o mejor dicho cuando Jon pidió jadeando un descanso —cosa que le hizo recibir una breve burla por parte de la más baja—. Ambos tomaron agua de sus respectivos termos y Yoruichi habló al fin para halagar su trabajo. Soi Fong se echó a reír porque Jon, tan cansado estaba y tan distraído con la conversación con ambas mujeres que se acabó toda el agua de su termo. Luego de que Soi Fong lo regañara juguetonamente diciendo que ahora le dolería el estómago cuando volviesen a bailar Jon las dejó solas para ir a llenar su termo en los bebederos.
El momento perfecto para Yoruichi.
Soi Fong suspiró pesadamente mientras se abanicaba con una mano, estaba acalorada y de hecho tenía algunas gotas de sudor en su rostro, cuello y pecho. Aún con su termo en la mano. Yoruichi se levantó del banco en el que había estado sentada todo ese tiempo y se acercó a la capitana.
—¿Estás cansada?
—Sí claro —admitió la capitana—. Pero me alegra que hayamos podido avanzar tanto
Yoruichi sonrió.
—Normalmente no te cansas tanto cuando entrenas. A lo mejor lo que hicimos antes de venir aquí te tenía cansada de antemano —ese comentario sorprendió a Soi Fong de sobremanera, y no hacía falta mencionar que la avergonzó.
—¡Yoruichi! —se dio la vuelta de golpe, y casi salta cuando se dio cuenta de que su novia estaba mucho más cerca de lo que creía. Y de hecho se acercaba tanto que Soi Fong tuvo que retroceder hasta que su espalda chocó contra el espejo.
Una situación como mínimo comprometedora. Más aún cuando Yoruichi apoyó ambos codos en el espejo, acorralándola. Soi Fong observó nerviosa la puerta, esperando a que su amigo entrara en cualquier momento y la encontrase en semejante posición con la morena, y luego sus ojos volvieron a encontrarse con los ámbar de su antigua maestra.
—Yoruichi —murmuró Soi Fong con un tono que intentaba ser severo. Pero fallaba miserablemente.
—Así que mis besos te doblan las rodillas ¿Eh? —murmuró la morena mitad en burla y mitad en tono seductor. Soi Fong frunció el ceño, aunque sus mejillas coloradas la traicionaron.
—Jon dice tonterías. Se burla de mí todo el tiempo —intentó justificarse. Aunque calló porque ya Yoruichi estaba a un palmo de rostro.
—¿Ah sí? —casi ronroneó la morena— Veamos si es mentira.
Luego capturó sus labios sin dejarla responder. Más fogosamente de lo normal y tan profundo que la capitana sintió que la cabeza le daba vueltas. Aunque pensó en resistirse lo único que atinó a hacer fue a posar sus manos sobre la nuca y la cabellera violácea de la mayor, correspondiendo con toda la intensidad que podía. Yoruichi por su parte quitó uno de los brazos del espejo y con la mano sujetó la cintura de la capitana, justo a tiempo porque Soi Fong empezó a sentir sus piernas temblar producto del beso tan apasionado que la morena le estaba plantando. Por un lado se sentía eterno, y por el otro sentía que llevaban besándose apenas unos segundos.
Lo que la sacó del encanto fue el sonido de la puerta abriéndose —mejor dicho casi siendo azotada—. Soi Fong abrió los ojos como platos y por puro impulso, con ambas manos en los hombros de su novia la apartó de un empujón. Pero con tal fuerza que la pobre morena cayó de espaldas sobre el brillante suelo. Por otro lado Jon, que las observaba con su termo lleno en la mano, los ojos abiertos y expresión sorprendida se echó a reír.
—Vaya Soi Fong... Entiendo que la quieras pero... ¿No es demasiado? —decía entre risas el jovencito, a lo que Soi Fong corrió hacia él muerta de vergüenza.
—¡Ya cállate, Jon! ¡Yo no me burlo cuando besuqueas a Jay frente a mí!
—¡Cinco minutos más y alcanzaban el siguiente nivel!
—¡No digas estupideces!
Nuevamente Jon y Soi Fong estaban tan centrados en su discusión que se olvidaron de la mujer que se estaba levantando del suelo. Con un pequeño dolor en su espalda por la caída pero una gran sonrisa en su rostro.
Mató tres pájaros de un tiro. Comprobó el efecto de sus besos sobre Soi Fong, le dio una pequeña demostración a Jon de que Soi Fong ya tenía a alguien y encima descargó algo de "impulso".
