Disclaimer: Craig Bartlett es el creador y él y Nickelodeon tienen los derechos del programa.


33. La ambigüedad de los hermanos mayores

Querido hermano:

¿Cómo van las cosas? Tengo que decir que tu hermanita estuvo muy complicada, siempre intentaba participar en mis citas con Phoebe o cuando pasaba un rato con Arnold, ella siempre está cerca de mí… exceptuando a Timberly, todo es genial.

Oh, probamos el restaurante de hamburguesas del que me hablaste la última vez, no le hiciste justicia, ¡su hamburguesa con queso es increíble! Tal vez la próxima vez que me visites, cuando papá y mamá te hablen de nuevo, podamos ir juntos.

Bueno... tengo que ir a casa de Arnold. Nosotros y las chicas estamos hablando sobre el baile de graduación... por favor, escribe pronto.

El joven Johanssen cerró su computadora, suspirando con tristeza.

- Tal vez hoy sea el día… debe estar ocupado.

El moreno revisó su cabello alto en el espejo, y decidiendo que se veía increíble, salió de su casa, caminando por su nuevo camino favorito. Llamó a la puerta y recibió una sonrisa a modo de bienvenida.

- Hola joven, Phoebe ya casi está lista, ¿te gustaría pasar?

- ¡Gracias, señor Heyerdahl! - Entró a la casa de su chica, siguiendo a su papá a la sala. Luego de 6 meses de la partida de Reba de casa, Phoebe y su papá decidieron remodelar un poco su casa, para darle un nuevo aire diferente.

- ¿Todo está bien en la escuela? - El señor Heyerdahl se sentó, ofreciéndole al chico que hiciera lo mismo.

- Sí, mis notas son mejores ahora, Phoebe es una excelente tutora.

- Sí, ella es increíble. ¿Y tu familia? ¿Y qué hay de tu hermano? Él todavía está en Grecia, ¿verdad?

- Creo que sí, digo, sí, está trabajando en ese Hotel con su novia… pero…

- ¡Estoy lista! - Phoebe se unió a la habitación.

- Wow princesa, ¡te ves increíble!

- Gracias Papá. Volveremos a la hora de la cena. Es mi turno hoy.

- No te preocupes hija, lo puedo hacer hoy. ¡Diviértanse!

La joven pareja salió de la casa y se dirigieron hacia el cine.

- Entonces, ¿cómo me veo? - La chica de rasgos asiáticos posó un poco para su chico, en tono de broma.

- Perfecta como siempre.

- ¿Gerald? ¿Está todo bien? Pareces preocupado.

- Para ser honesto… es Jamie O… Todavía no tengo respuesta de él. Ni mis cartas ni mis emails y llamadas, menos.

- Oh, ya veo… ¿Crees que está en problemas?

- No sé, cuando se fue del país en enero, siempre respondía todos mis mensajes, éramos más unidos que cuando éramos pequeños, pero, tengo casi 4 semanas sin respuestas. No se que puedo hacer? No conozco a nadie allí.

- ¿Y su novia?

- No tengo su número...

- Lo siento Gerald, si quieres, podemos volver y…

- Oh no, lo siento nena, no te preocupes, tengo muchas ganas de ir al cine, necesito un poco de relajación…

- Ok, pero si necesitas ayuda, sabes que estoy aquí para ti.

- Por suerte para mí… sí, lo sé. - Se sonrieron, se tomaron de la mano y caminaron hacia su destino.


Después de dejar a su chica en casa, el joven Gerald decidió caminar para disfrutar de los cielos rojizos de Hillwood, preocupado pensando en su hermano mayor.

Como siempre decía Helga, la vida podía ser bastante irónica cuando quería, hace un par de años hubiera estado encantado de que Jamie O hubiera desaparecido de la tierra y ahora… lo único que quería era volver a escuchar su voz...

A punto de llegar a casa, vio a un par de hermanos persiguiéndose en sus bicicletas.

- Parece que fue solo ayer...

Cerró los ojos por un momento, disfrutando de la melancolía de sus recuerdos. Cuando un fuerte ruido en su casa llamó su atención.

- ¡Te lo advertí! ¿Recuerdas?

Esa era la inconfundible voz de su padre.

Preocupado por lo que podría estar pasando, Gerald corrió apresuradamente y entró en su sala. Para su sorpresa, la causa de su mortificación estaba siendo procesada por sus padres.

- Jamie O… ¡estás bien! - Corrió a los brazos de su hermano y comenzó a llorar, sintiéndose aliviado por primera vez en semanas.

- Ahora no Gerald, estamos hablando con este… joven.

- Martín, basta, no es "un joven" es NUESTRO hijo… y te necesita.

- Ah no, claro que no, le dije, cuando vino a enfrentarme y me retó, si dejaba la universidad y esta casa, ya no era mi hijo.

- Tal vez para ti… pero es MI HIJO y esta es mi casa también, y si la necesita, volverá aquí.

- Pero…

- ¡Dije MI ÚLTIMA PALABRA! - Gritó la mujer tan fuerte como una leona.

Su esposo y sus hijos la miraron atónitos, decididos a no decir nada más, por su propia seguridad.

- Iré a subir tus cosas hijo, todo saldrá bien. - Su madre acarició el hombro de su hijo mayor mientras recogía unas maletas de la entrada.

Martín suspiró molesto y se fue a su habitación.

- Jamie O... ¿cuándo volviste? ¿Por qué?... No me respondiste y estaba preocupado... ¿Dónde está Charly?

- No sé... y no me interesa... Ya no estamos juntos.

- ¿Qué pasó? Gerald pudo ver la amargura y la decepción en los ojos marrones de su hermano.

- No importa... Digamos que papá tenía razón todo el tiempo y ya está.

Sin decir una palabra más, el joven se dirigió a su antigua habitación, dejando atrás a su hermano herido.

Cuando se fue con su novia, Jamie O se veía totalmente emocionado y con muchas ganas de trabajar, lo que vio ahora no tenía nada que ver con ese chico.


La noche llegó rápidamente, cubriendo la ciudad de neblina, unos relámpagos lejanos se vieron en el cielo, anunciando una posible tormenta cercana.

Jamie O respiraba con dificultad, había un montón de botellas a su alrededor en la cama.

Tomó su celular y miró una foto de la culpable de su tristeza.

- Te encontraré... y pagarás por todo...

El chico se levantó como pudo y tomó sus llaves y la botella que aún tenía algo de licor dentro.

Sin llamar la atención de su familia que estaba cenando, tomó las llaves de su auto y se fue.

- Mamá, ¿cuándo puedo saludar a Jamie? - La niña comió el puré de papas de su cuchara y miró a su madre.

- Pronto hija, tal vez mañana. Hoy se sintió algo mal

- Pero no para ir a la tienda a comprar quién sabe qué.

- No empieces Martin. - Su esposa lo interrumpió. - Sólo él sabe lo que pasó.

- Y fue su culpa, yo le di techo, comida, educación, la certeza de un futuro, y lo rechazó todo. Tiene lo que se merece.

- ¡No permitiré que hables mal de mi hijo! - La mujer afroamericana se levantó golpeando la mesa y se dirigió a las escaleras.

- Papá, creo que deberíamos apoyar más a Jamie O...

- Basta Gerald, no quiero hablar más de...

- Martín! ¡Jamie O se fue!- Gritó aterrorizada su esposa, antes de que su esposo subiera las escaleras sonó el teléfono. - Sí, soy Martin Johanssen. ¿QUÉ? Ya voy. ¡Janet ven aquí! ¡Ahora!


– Clínica Médica Drymon –

Sentado en su cama, el joven moreno miró sus golpes y sintió el dolor de su cuello magullado. De lejos, escuchó al oficial de policía hablar con sus padres.

- ¿Te sientes mejor? - La enfermera Suzie entró para ver cómo estaba el paciente.

- Lo mejor que puedo estar , supongo.

- Eres un Johanssen, ¿verdad? Viví en Sunset Arms con la familia de Arnold, conozco a tu hermano pequeño. Me alegro de que estés bien.

- No se moleste señora, pero quiero estar solo.

- Jamie O, sé amable con la enfermera, ella solo te está cuidando. Ya hablamos con la policía. - Su madre suspiró exhausta.

- Y aunque no quería, pagamos la fianza, pero tendrás que cubrir un servicio comunitario de 150 horas de trabajo.

- ¡No haré nada y tú no puedes obligarme!

- ¡Basta joven! - Su padre se paró muy firme frente a él. - Querías ser hombre, pues bienvenido a la adultez, la adultez es hacer lo que quieras y saber que hay consecuencias, quisiste manejar borracho, chocaste y ahora le pagarás a la escuela y a mí lo que nos hiciste perder. De una u otra forma.

Su padre salió de la habitación totalmente molesto y sin que nadie más que su esposa se diera cuenta, las lágrimas caían de sus ojos.

- Ojalá pudiera aliviar tu dolor, hijo, como cuando de niño te caíste de la bicicleta…- Su papá pensó, tristemente.


– PS 118 – Pasillo

Todos los estudiantes estaban hablando de las últimas noticias, cómo el hermano mayor de Gerald chocó su auto en el salón de segundo grado y cómo ahora estará trabajando allí.

- Todo el mundo está hablando y mirándome… ¡es incómodo! - Gerald cerró su casillero, totalmente enojado.

- No te preocupes Gerald, sabes que se olvidarán de todo en unos días. - Su mejor amigo trató de ayudarlo, pero cada estudiante que caminaba por allí lo señalaba y murmuraba. - Bueno, tal vez la próxima semana.

- Buen intento Arnie, pero sé que no.

Sonó el timbre y los alumnos se dirigieron a su clase.

Jamie O se tiró al suelo, molesto por el collarín que le impedía moverse.

- ¡Escuela estúpida! ¡Estúpido servicio comunitario! ¡No sirve de nada!

- Esas no son palabras para un joven que debe venir a servir.

- ¡Oye quién te crees que eres…!

Jamie O se levantó para encarar a la persona que lo estaba regañando, hasta que se encontró con la joven y hermosa maestra Pataki quien lo miraba enojada y ofendida por cómo le había respondido. El joven se quedó sin respuesta por unos instantes y se cruzó de brazos molesto, desviando la mirada.

- Vaya, si es el destructor de escuelas recién remodeladas. Encantado de verlo de nuevo, Sr. Johanssen.

- Director Wartz, te ves mejor sin pelo.

- No estás en posición de bromear joven, estarás reparando todo el salón y apoyando en lo que sea necesario. Usted, señorita Pataki, estará enseñando en el auditorio por ahora, gracias a este joven criminal.

- Creo que es suficiente Sr. Wartz. - Intentó susurrar, pero aun así las palabras alcanzaron al joven Johanssen. - Ya debe haber pasado por bastantes cosas malas.

- Como digas, vamos. - El director escoltó a la clase y a la maestra, pero Jamie O no podía dejar de mirarla, por alguna razón, su voz y sus ojos le resultaban tremendamente familiares.

- Ya escuchaste al director, empecemos a reconstruir. - Ernie Potts era el destinado a dirigir la obra y no pensaba ser nada manso con el chico.

Sus primeras 35 horas de servicio fueron un dolor de cabeza. Ernie había sido tan estricto como prometió, y el director Wartz lo traía de un lado a otro. Jamie O juró que si escuchaba su nombre una vez más... se arrancaría las orejas.

- ¡Maldito gordo! ¡La próxima vez que lo vea!...

- Así no saldrás pronto de aquí. - La suave voz de Olga apareció frente a él.

- Lo siento, pero no puedes estar en la zona de reparación.

- Lo sé, lo siento, pero uno de mis chicos no puede encontrar su cuaderno y este es el único lugar en el que no hemos buscado, no me llevará más de un minuto.

La maestra se deslizó entre los escombros y se dirigió al único mueble que había quedado intacto. - ¡Lo sabía! ¡Aquí estaba!

Olga estaba a punto de irse cuando su talón se enganchó en una grieta, casi haciéndola caer. Jamie O arrojó el material en sus manos y la sujetó por la cintura, mirándola directamente a los ojos.

- Lo... lo siento, tenías razón, era peligroso.

- ¡Yo... te recuerdo!

- ¿De qué estás hablando?

La mente del moreno viajó a su primer día de escuela primaria, el peor de todos. En ese entonces usaba frenillos y era un desastre total. Recordó cómo una niña de séptimo grado que estaba de visita para una asamblea se enfrentó a algunos matones y lo defendió.

- Esa chica del premio que me defendió... eras tú...

- ¡Ay, te recuerdo! ¡Eras tan pequeño entonces! - Olga sonrió dulcemente y volvió a levantarse, liberándose de los brazos del chico, quien no salía de su aturdimiento. Juguetonamente, le pellizcó la mejilla, haciéndolo sonrojar al instante.

- ¡Eres mucho mayor ahora!

- ¡No lo hagas! - Gritó groseramente.

- Oh lo siento, no quise molestarte, mejor me voy...

- No, espere señorita Pataki, lo siento... es solo que...

- Lo has estado pasando mal últimamente, ¿no?

- Sí... más que eso.

- Me imagino, hace unos meses mi mamá también tuvo un accidente y... fue como tocar su punto más bajo.

- Puedes apostar que es el mío también.

- Bueno, faltan 15 minutos para que termine el almuerzo, si quieres hablar conmigo, adelante.

Ambos tomaron asiento en el suelo. Sacó su sándwich y le ofreció la mitad.

- ¡Gracias! Es que... yo... tenía un plan... conocí a una chica, nos llevamos de maravilla... la vi como la madre de mis hijos, mi pareja... era mi mejor amiga, yo ... Habría hecho cualquier cosa por ella. Incluso me enfrenté a mi familia por ella.

- ¿Y qué pasó?

- Bueno, decidimos dejar la escuela y viajar juntos a Grecia, y los primeros meses fueron un paraíso... hasta que la descubrí con el gerente del hotel.

- Ya veo... Y tuviste que regresar exhausto a casa de tus padres, derrotado y avergonzado, como un completo fracaso.

- ¿Te estás burlando de mí? - El chico se levantó molesto, pero ella le dijo que se sentara.

- No, no, lo siento, es que yo misma lo viví hace poco... Quería dejar la docencia para ser actriz de Broadway.

- ¿Qué?

- Sí, sí, suena patético, lo sé... lo dejé todo y lo intenté... incluso comprometí a mi familia, que dependía de mí económicamente... y por mucho que lo intenté, a pesar de que me mantuve firme con mis padres, fracasé...

- Vaya... somos un fracaso.

- Parece que sí, ¿verdad?

Ambos rieron un poco juntos y suspiraron.

- De lo que estoy segura. - Continuó la chica rubia. - Es que el fracaso es parte de la vida y debemos vivirlo para aprender de él... Tal vez las cosas no salieron como queríamos, pero... al menos lo intentamos, eso es mucho, ¿no?

- Supongo que sí... No sé cómo seguir sin ella ahora.

- Te costará al principio, pero mira que ahora puedes pensar en ti, en lo que quieres y que eres libre. Fue lo que me animó cuando mi prometido me dejó en mi boda.

- Que mujer, te ha pasado de todo y... no pareces tan vieja.

- Ni tú, y mira que tú también tienes tu propio viaje.

Ambos se sonrieron hasta que la campana los devolvió al presente.

- Tengo que ir al último período, pero... anímate, todo irá mejor, no estás solo.

- Gracias... Olga, por ser la única persona que no me juzgó.

- Para eso estamos los perdedores. - La joven maestra le sonrió y se fue a su habitación.

Jamie O miraba hacia el salón que iba a ser reconstruido, optimista y con un nuevo enfoque.

- Tendrá el mejor salón, el que se merece. - Y se puso manos a la obra, aunque tenía un par de minutos más de descanso.


– Cocina de los Johanssen - 2 meses después —

El Sr. Johanssen estaba a punto de terminar de leer su periódico, cuando una boleta oficial firmada y aprobada apareció frente a él y su esposa.

- He cumplido, padre... Mi servicio está completo.

- Era lo mínimo que podías hacer. - Respondió secamente el hombre.

- Estamos orgullosos hijo. Bien hecho.

- Yo... - Suspiró para armarse de valor. - Sé que te decepcioné, que te lastimé y te preocupé... Lo siento mucho, pero... Tenía que intentarlo, tenía que saber de lo que era capaz. Y ahora lo sé. Pero ahora también sé lo que quiero y yo... voy a volver a la universidad, pero aquí en Hillwood... Me prepararé para ser el mejor maestro.

- ¿De verdad hijo? - Su madre estaba estupefacta. - Pensé que odiabas a los niños.

- Estar de vuelta en casa me hizo darme cuenta de lo vitales que son y de lo mucho que ayuda tener la ayuda adecuada en el momento adecuado... como te tuve a ti. - Y mi chica especial. - Pensó para sí mismo.

- Los haré sentir orgullosos.

Sin dejar que dijeran más, subió las escaleras y suspiró sonriendo ante la foto de la rubia que ahora posaba en su mesita junto a la cama. Tomó su sudadera y se dirigió a sus hermanos - ¡Chicos, vamos a tomar un helado, yo invito!

- ¡Claro!- Gerald entró en su habitación y miró con curiosidad la foto de la hermana mayor de su amiga. - Oh no... - Alcanzó a decir, mirando a su hermano y esa mirada estúpida que le había visto antes.

FIN


Y ahora Jamie O ha caído en el encanto de Olga... pobre Gerald, necesitará la ayuda de Betsy y sus 5 amigos para que vuelva en sí...