Notas: "Este capítulo es más oscuro (como si no pudieran adivinar por el título). Explica un poco más del modo en que Lily educó a Harry, y por qué.

Esa parte es más triste de lo que pensé que sería."

Capítulo Nueve: Unicornio de Sacrificio

Había tomado una eternidad para que los otros chicos se durmieran. Harry había dormido en el mismo cuarto que Connor en casa, y hasta ahora nunca había apreciado lo lujoso que había resultado, el compartir espacio solo con otra persona más. Además, Connor era de sueño bastante pesado, no propenso a despertar si Harry quería practicar hechizos bajo su aliento o leer un libro bajo las cobijas y con la luz de Lumos.

Pero podría soportar el ruido, pensó, si tan solo pudiese confiar en que el ruido significaba que los otros chicos no despertarían por el resto de la noche.

Después del cuarto mascullar-balbuceo que puede o no haber sido un ronquido de Blaise, Harry había tenido suficiente. Lanzó Consopio en los cuatro chicos, y escuchó sus respiraciones deslizarse a un suave, relajado ritmo. Harry suspiró y salió a hurtadillas del cuarto. Debería estar de regreso antes de que el hechizo se consumiera; era un gentil Encantamiento que Lily había usado con él y con Connor cuando eran niños y habían estado despiertos por más de doce horas seguidas.

Tenía otro Consopio listo en los labios cuando llegó a la sala común de Slytherin, pero por una vez nadie se había quedado dormido ahí. Aumentó su velocidad al llegar a la puerta de la sala común. El Profesor Quirrell tal vez ya se había retirado a su habitación. De hecho, Harry reflejó mientras deslizaba la puerta para abrirla y miraba a ambos lados del corredor, eso sería típico del tipo de suerte que había tenido hoy.

¿Podría ser Marcus Flint aun más idiota? Harry pensó indignantemente mientras caminaba por el pasillo vacío. Solo porque no atrapé la Snitch en los primeros diez minutos no significa que sea un incompetente. Normalmente, estaría complacido de que alguien más pensara que su desempeño era menor al del promedio, pero no cuando Marcos podría quejarse con el Profesor Snape y conseguirle a Harry una detención.

El solo pensarlo hacía que Harry quisiera lanzarle un maleficio a Snape, aunque preferentemente de una distancia segura. Lo que estaba haciendo era importante. Podría costarles vidas, incluso más que la de Connor, si el Profesor Quirrell estaba haciendo algo peligroso. Podría ser un Mortífago, y no uno que se hubiera reformado como lo había hecho Snape. Podría simplemente ser un ayudante o un aliado de Voldemort. Pero los sueños de Harry sugerían que era más oscuro que incluso eso.

Y eso es otra cosa, Harry pensó, mientras rondaba por las escaleras de las mazmorras y se encaminaba a la oficina del profesor. ¿Confío en mis sueños? Ni siquiera sé por qué los estoy teniendo. No es como si mi cicatriz fuera algún tipo de marca proveniente de Voldemort, como la de Connor.

Él y Lily habían intentado desarrollar su habilidad para soñar proféticamente, a pesar de que Lily hacía ruidosos y comunes comentarios sobre qué montón de tonterías era la Adivinación, pero no tuvieron éxito. La verdadera habilidad de la Visión era innata, Lily había decidido, como ser un Metamorfomago, y Harry simplemente no la tenía.

Harry se sintió de humor para lanzar a alguien otro maleficio mientras consideraba aquello. Era injusto que no pudiera ser capaz de desarrollar cualquier habilidad que podría ser crucial para proteger a Connor, ahora o en el futuro.

Pero tal vez al fin lo hice. Y sería un torpe al ignorar estos sueños.

Harry se detuvo cerca de la puerta de la oficina de Quirrell y escuchó cuidadosamente. No escuchó ni un sonido. Por supuesto, el profesor probablemente ya se había ido a la cama. Con un suspiro, Harry se sentó cerca de la puerta.

Me voy a quedar dormido, pensó, pellizcando su brazo para mantenerse despierto cuando sus parpados comenzaban a caer. Son las malditas clases. ¿Por qué nos dan tanta tarea? Tengo mejores cosas que hacer que escribir un ensayo de un metro sobre por qué nunca deberías Transfigurar una perilla en una canica.

Estaba tan convencido de que no encontraría nada ese día que casi no se quitó del camino a tiempo cuando la puerta se abrió. Quirrell trastabilló fuera mientras Harry se ocultaba a la vuelta del pasillo, y entonces se giró y cerró la puerta de su oficina con llave detrás de él. Por un momento, se paró ahí, temblando como una hoja en el viento. Harry frunció el ceño. No se ve tan amenazador cuando actúa así.

Entonces Quirrell volteó y comenzó caminar por el corredor, su rostro tenso mientras pasaba a Harry. Harry sonreía mientras lo seguía. Aquí vamos.

Era una danza peligrosamente difícil, el asegurarse de mantener a Quirrell a la vista sin dejar que se diera cuenta que lo seguía. Hogwarts, con lo propensa que era a mover las escaleras y muros en un segundo, lo hacía más difícil. Y aún estaba el aterrador dolor en su cicatriz, algunas veces, y un ocasional murmullo de Quirrell frustraba a Harry porque estaba demasiado lejos para entender lo que decía.

Aún así, después de la tercera escalera, Harry tuvo que admitir que se estaba divirtiendo. Pensó en ello lo mejor que pudo mientras aún miraba a Quirrell y buscaba el siguiente escondite que usaría.

Finalmente estoy dándole un buen uso a mi entrenamiento, decidió al fin, mientras se agachaba detrás de una armadura cuando Quirrell lanzó una mirada sobre su hombro. El trol era diferente. Atacó demasiado rápido. Simplemente reaccioné con ira. Pero este es el tipo de cosa para la que entrené, esconderme y espiar y ocultar cosas para que Connor no sea marcado por ellas. Creo que se me permite ser feliz.

Había una diferencia entre "feliz" y "peligrosamente maniático," por supuesto, y Harry se concentraba para asegurarse de que no era la última. Cuando tuvo que quedarse detrás de Quirrell en un truculento pedazo de corredor donde la luz de luna que llegaba de las ventanas pudo haber revelado su ubicación aún mejor que la luz sombría de las antorchas, dejó al profesor avanzar por mucho antes de seguirlo. E incluso cuando sabía perfectamente que Quirrell se estaba dirigiendo fuera del castillo, se resistió a la tentación de adelantársele y tomar una ruta más corta. Quirrell podría tener una razón para ir por este camino. Si era así, Harry la descubriría.

Pero no parecía que la tuviera; tal vez había tomado la ruta más larga a propósito para tener más oportunidad de atrapar a alguien que lo estuviera siguiendo, Harry pensó. El Profesor Quirrell dio un paso fuera de Hogwarts y esperó por un largo momento, como si le agradara la sensación de la fría brisa de Noviembre en su rostro. Harry, agazapado contra el umbral de la puerta, apretó los puños y sintió un delicioso toque frio en el corazón. ¿Se dirigía el profesor a una reunión secreta? ¿Estaba él a punto de verla?

En lugar de eso, Quirrell se giró y se dirigió rápidamente a través de los terrenos del colegio. Harry dio una mirada al amplio estiramiento de tierra vacía entre él y su presa, suspiró, esperó, y entonces tomó el riesgo y se lanzó a si mismo un Encantamiento Desilusionador.

Tembló ante el sentimiento que pasó a través de él, como si alguien le hubiera roto un huevo en la cabeza, y entonces esperó un poco más. Quirrell no lo miró. Parecía que podía usar magia, mientras no fuera muy obvio al respecto.

Harry trotó cuidadosamente por el campo, dejando que el Encantamiento reflejara lo que fuera que estaba detrás de él en ese momento. Lily le había dicho que alguien que estuviera prestando atención podría distinguir los efectos de el Encantamiento al notar una onda, como glamor caluroso, donde fuera que la persona se estuviera moviendo. A pesar de que era improbable con la luna y en campo abierto, Harry no iba a arriesgarse.

El Profesor Quirrell fue más allá de la cabaña de Rubeus Hagrid, el guardabosques, y a la oscura masa del Bosque Prohibido.

Harry siseó. Él odiaba los bosques para ocultarse en ellos. Siempre lo había hecho horriblemente en los que estaban cerca de La Cueva de Godric. Y ahora era otoño, y con la cantidad de hojas en el piso y las que se podían soltar de las ramas...

Harry agitó la cabeza. No sabía de ningún hechizo que lo protegiera de hacer ruido sin también obscurecer su habilidad de escuchar. Y él definitivamente quería ser capaz de escuchar, ya que asumía que el Profesor Quirrell estaba probablemente encontrándose con alguien muy interesante en el bosque.

Decidiéndose en pedirle a su madre que le enseñara encantamientos ahogadores de sonido así como magia médica, Harry se apresuró un poco y siguió al profesor al Bosque.

No había esperado que estuviera tan oscuro, admitió para sí después de su primer tambaleada en un súbito obstáculo en el camino. Seguro, era de noche, pero el Bosque parecía tragarse la luz viva, y exhalaba oscuridad. La vida estaba alrededor de ellos, pero respiraba lenta y cuidadosamente, y Harry sintió el sobrenatural sentimiento en la piel que venía de la presencia de poderosas, mágicas creaturas no humanas.

Hay centauros viviendo aquí, al menos, pensó él, mientras se forzaba más y más profundo, deteniéndose para evadir ramas y tratar de descubrir la mejor manera para rodear hojas secas. ¿Qué más?

El hecho de que no pudiera recordar, exactamente, le molestaba, y lo ponía más nervioso. Y entonces el Profesor Quirrell empezó a avanzar más rápido, y Harry tuvo que seguirlo sin hacer ningún sonido, y rápido, y en la oscuridad.

So el Profesor Quirrell no se hubiera estado hablando a sí mismo, aparentemente absorto en una conversación privada de algún tipo, Harry no pensaba que hubiera sigo capaz de lograrlo. De este modo, finalmente, finalmente, se acercó lo suficiente para escuchar lo que Quirrell estaba diciendo.

Nada sorpresivamente, sonaba como parte de un complot de Mortífagos.

"—y entonces lo verán, los que se rieron, los que le dieron la espalda, ¿o no? ¿O no?" Quirrell demandaba como si alguien estuviera debatiendo con él, usando una fuerza que nunca había mostrado en clase con sus estudiantes. "Los que pretendieron que estaban bajo Imperius, o espías, o trabajando con Dumbledore todo el tiempo. Les enseñaremos. Ellos sabrán el castigo por abandonarnos."

Harry agitó la cabeza. El profesor sonaba como un loco, pero tampoco había titiritado ni una sola vez. Y la forma en la que hablaba sonaba como si estuviera hablando sobre los Mortífagos que habían jurado su propia inocencia, usualmente con la útil excusa del Encantamiento Imperius, después de la caída de Voldemort.

No lo entiendo. Dumbledore solo contrató a Snape porque era un Mortífago reformado. ¿Cómo pudo Quirrell haberle escondido algún tipo de afiliación a los Mortífagos? ¿Dumbledore no habrá revisado primero para asegurarse de que se había reformado?

Pensando arduamente, Harry casi se catapultó sobre sus propios pies cuando el camino se inclinó. Gimió, y luego vio a Quirrell darse la vuelta. Harry tomó un profundo respiro y se tiró al piso, girando de lado, para quedar medio-escondido detrás de un amplio arbusto que se agitaba amenazadoramente. Harry esperaba que solo se estuviera agitando por el viento.

"¿Quién está ahí?" dijo Quirrell, y su mano fue por su varita. Harry puso la mano en la suya propia, preguntándose si estaba a punto de tener su primera batalla oficial con un Mortífago.

"Animales."

Harry se estremeció. Esa voz definitivamente no era de Quirrell, aguda y fría y espantosa. E hizo que Quirrell se acobardara y se girara, con la cabeza en las manos. Su turbante se movía y se tambaleaba mientras lanzaba un alarido.

"¡Lo siento, mi señor!"

"Animales," la voz repitió. "Toma lo que vinimos a buscar y sal. Alguien nos extrañará pronto."

"Sí, mi señor," Quirrell susurró, y entonces sacó su varita y lanzó un tipo de encantamiento complicado que Harry nunca había visto antes, que incluía al menos siete movimientos separados de varita. Harry frunció el ceño. ¿De qué serviría ese tipo de encantamiento en batalla? Alguien probablemente te mataría antes de que pudieras lanzarlo.

Así que no debe ser un encantamiento que tenga nada que ver con batalla.

Y no lo era, como Harry vio un momento después, cuando la primera luz verdadera en aquella oscuridad horrorosa brilló entre los árboles, y el unicornio se les acercara.

Harry lo miró fijamente. Había visto imágenes de unicornios en libros de historia, y había pensado que estaba preparado; después de todo, los magos se parecían bastante a sus mismos retratos, así que los unicornios deberían, también. Pero nada lo había preparado para el pelaje pálido, o el puro brillo del cuerno, o la forma en que las patas se doblaban y estiraban, más parecidas a las patas de un ciervo que a las de un caballo.

El unicornio se detuvo a unos pasos del Profesor Quirrell, y olfateó el aire. Harry se preguntaba si podía oler el ajo que el profesor usaba para mantener alejados a los vampiros. Pero el profesor realizó el encantamiento de nuevo, el cual Harry pensaba era alguna variante del encantamiento convocador, y el unicornio continuó, caminando mansamente hacia Quirrell, moviendo la cola de vez en cuando.

Harry tragó saliva. Había algo espeso en su garganta, y no pensaba que Quirrell estuviera pensando en hacer algo bueno con el unicornio, cualquiera que fuera su razón para convocarlo.

Podría detenerlo para que no lo mate, o lo lastime, o lo que sea que quiera hacerle.

Y entonces le revelaría que estoy aquí, y la vida de Connor estaría n peligro sin mi. Creo que él podría matarme. Se supone que solo observe.

Harry consideró apartar la mirada mientras el unicornio se detenía frente a Quirrell y el profesor estiraba una mano había el cuello del animal. Pero tragó saliva de nuevo y continuó mirando. Su madre le había dicho que solo los cobardes apartaban la mirada de la muerte, que muchos de los Mortífagos habían matado gente con los ojos cerrados. Él sería un testigo, ya que no podía rescatar al animal.

El profesor estiró la mano y susurró un hechizo que Harry no pudo escuchar, y no estaba seguro de querer hacerlo. Al instante una cortada inmensa y sangrienta brotó en el costado del cuello del unicornio, haciendo un desastre en el pelaje plateado, esparciendo luz azul-plateada y vida que ardía como la luna. El unicornio se alejó levantándose en sus patas traseras, gritando, y Harry tiritó, apretando sus dedos tan fuerte contra sus propias manos que por un momento temió que fuera a romper su propia varita. Pero no hizo ningún sonido, y estuvo agradecido cuando el unicornio calló al piso, las pezuñas doradas golpeteando como meteoros cayendo. Habría parecido irrespetuoso el eliminar el sonido de su muerte.

Quirrell se arrodilló junto al unicornio, evadiendo las pezuñas, y bajó la cabeza. Su boca se fue a la herida en el cuello del unicornio, y comenzó a succionar.

Harry luchó furiosamente para no sentirse enfermo. Su madre le había dicho sobre gente que bebía sangre de unicornio. Era un crimen espantoso, y no solo bajo ley del Ministerio. Había algo extraño, mágico, y puro sobre los unicornios mismos. La sangre hacía a cualquiera que la bebiera inmortal por un tiempo, pero encerrado fuera del mundo, escondido tras horripilantes telarañas grises que ocultaban todas las emociones y la humanidad.

Al final, no pudo mirar. Se dio la vuelta y se agazapó contra el piso, y esperó hasta que el sonido de succión se detuvo. El unicornio estaba muerto para entonces – al menos, eso esperaba. Cerró los ojos y escuchó.

"¿Cuándo?" Quirrell preguntaba, aparentemente declamando a su audiencia invisible. "¿Cuándo podemos esperar que el insulto sea vengado, que los infieles sean castigados, y que el mocoso Potter se traiga ante nosotros?"

Los ojos de Harry se abrieron de golpe de nuevo. Connor. Están hablando sobre Connor. Él y—y quien sea que está con él.

La voz fría habló, y en el mismo momento un dolor ardiente vino a la vida en la frente de Harry. Se quedó muy quieto mientras empeoraba aún más, porque lo que esa voz tenía que decir parecía más importante que cualquier agonía por la que pudiera pasar.

"No falta mucho, ahora. No falta mucho. Destruiremos su esperanza ante todos ellos, y usaremos a los que son leales para hacerlo. Hay una persona que puede ayudarnos. En él confía el viejo torpe. Él vendrá a nosotros."

Harry contuvo la presencia mental para quitarse del camino a gatas mientras el Profesor Quirrell comenzaba a caminar de regreso. Nunca miró a sus lados. Su voz había regresado a su constante mascullar en tonos bajos. Harry no intentó seguirlo, simplemente arrodillado donde estaba hasta que el dolor en su cicatriz había pasado.

Y, todo el tiempo, consideró lo que había escuchado, y lo que iba a hacer al respecto.

Era la primera vez que seriamente había considerado ir con los profesores por ayuda. No sabía si podía ir contra un Mortífago – o quien sea que fuera la persona con la que Quirrell estaba hablando—por si solo. Estaba más allá que inseguro sobre lo que podría pasar si atacaban a Connor, en cualquier forma que lo estuvieran planeando. Tal vez no estaría en el lugar correcto, en el momento adecuado. Gracias a Draco, ya casi nunca lo estaba.

Y realmente debería contarle a alguien sobre ver al unicornio asesinado.

Pero dos cosas lo detenían. La primera era, que tendría que revelar que había estado aquí afuera, y que había estado espiando a Quirrell debido a sus sueños, y eso atraería atención no deseada hacia él, de los profesores y eventualmente de los Mortífagos. El mero propósito de entrenar como lo había hecho era mantenerse detrás, desanimar a cualquier persona de pensar que él era en cualquier forma algo más que un ordinario, ligeramente tristón niño mago impresionado por la reputación de su hermano. Destruiría cada ventaja de ello si iba con los profesores ahora.

Y la otra cosa...

"Hay una persona que puede ayudarnos. En él confía el viejo torpe. Él vendrá a nosotros."

¿Quién era ese?

Harry estaba horriblemente asustado de que la fría voz se estuviera refiriendo a Dumbledore, y eso significaba que alguien en quien confiaba era un traidor, alguien que podría conspirar para cazar a Connor. Dumbledore no era infalible, como demostraba el hecho de que contrató a Quirrell. E incluso si Harry iba con él personalmente, en lugar de con un profesor, Dumbledore podría decirle las noticias al traidor bajo la impresión de que él ayudaría a defender al Niño-Que-Vivió.

Me temo que es Snape, Harry admitió para si, pero no tengo ninguna prueba además de mi disgusto con él. Y Dumbledore confía en demasiadas personas.

No. Tendría que confiar en sí mismo, como había entrenado.

Y el unicornio era una baja de guerra.

Harry se forzó a dejar su cerrado espacio bajo el arbusto, y se forzó a si mismo a caminar hacia el unicornio muerto en lugar de retirarse por el camino de inmediato. Miró al animal muerto por un largo rato, y deseó fervientemente que siguiera con vida. Quería decir algo, pero no podía pensar en ningunas palabras que pudieran estar a la par con lo que había pasado.

"Adiós," dijo al final.

Se dio la vuelta y se fue, escuchando la charla que su madre le había dado el día antes de que se fueran a Hogwarts una y otra vez en su cabeza.

"La guerra requiere sacrificios, Harry, sacrificios de todos nosotros. Requiere tiempo, y sangre, y sudor, y vidas. Y, más que todo, requiera una parte de las almas de aquellos que participan en ella." Lily había cerrado sus ojos, viéndose enfermiza, y Harry sabía que estaba recordando algunas de esas cosas que ella había visto y hecho durante el tiempo de la primera venida de Voldemort. Entonces ella abrió los ojos, y estos quemaron los suyos, intensos, y de verde opaco. Estos eran los ojos que ni su esposo ni su hijo menor habían visto jamás, la mirada que reservaba solo para Harry.

"Hay gente a tu alrededor que va a morir, Harry," le había dicho calladamente. "La gente se va a lastimar, y les van a quitar la vida, y van a tener pedazos de su alma arrancados cuando sus amigos se lastimen o se mueran, o cuando maten. Creo que lo último es lo peor. Manchó a Voldemort. Podría manchar a Connor."

Había estirado la mano y lo tomó de las manos, tomándolas firmemente, su nueva varita atrapada entre ellos. "Te estoy pidiendo que no dejes que eso le pase a él, Harry. Tiene que crecer de un modo tan normal como sea posible, a pesar de que es el Niño-Que-Vivió. Si se acostumbra a matar, a pelear demasiado joven, entonces no va a retener la pureza esencial y el amor que necesita para vencer a Voldemort. Sé que te estoy pidiendo que sacrifiques tu propia inocencia, y estoy muy apenada por ello. Pero esto es la guerra, Harry."

Harry había asentido entonces, y asentía ahora, mordiéndose el labio. El unicornio era un sacrificio. Él había sido un sacrificio, en términos de Lily, aunque él no pensaba sobre si mismo de ese modo; él simplemente se estaba asegurando de que Connor pudiera disfrutar una oportunidad bajo el sol que de otro modo le sería arrebatado, y de modo injusto.

Y él amaba a su hermano lo suficiente para mentir por él, y para quemar a un trol por él, y para dejar a un unicornio morir por él.

Lo amaba lo suficiente para jugar Quidditch en contra de él—

Harry se congeló entre un paso y el otro, recordando el resto de lo que había dicho la fría voz.

"Destruiremos su esperanza ante todos ellos..."

Ellos iban a atacara Connor en el campo de Quidditch, durante el juego Gryffindor-Slytherin, en frente de toda la escuela.

Harry ahora se apresuraba desesperadamente hacia el castillo. No podía ver ni un signo de Quirrell por ningún sitio, y él tenía que mejorar incluso aún más que ahora en su magia sin varita para cuando llegara el Sábado.