Notas: "¡Gracias por los reviews! Las respuestas estarán en mi LJ momentáneamente.
Este capítulo tomo un camino torcido. Aún así terminó donde quería que terminara, pero la acción seguro no fue como me la había imaginado."
Capítulo Catorce: Draco En Peligro
Harry empujó una pesada liana fuera del camino y pasó por debajo de ella, jalado por el camino en la dirección a la que la varita apuntaba. Al menos no tenía que ser tan silencioso como lo había sido cuando siguió a Quirrell, pensó él, y podía usar el encantamiento Lumos para alumbrar su camino sin preocuparse de que alguien lo viera.
A menos que Quirrell esté en el bosque esta noche.
O a menos que una criatura mágica lo vea y venga hacia mi, lista para devorarme.
Harry se recordó a la fuerza que Draco también podría ver la luz y ser atraído por ella. No era probable, pero la mayoría de las cosas que ayudaban no lo eran en el Bosque Prohibido. Eso no significaba que no fuera a pasar.
Harry suspiró. Hablando de eso, supongo que tendré que darme la vuelta y confrontarlos tarde o temprano.
Había estado escuchando algunos suaves sonidos por detrás y junto a él casi desde el momento en que había entrado al Bosque. Cuando no lo atacaron, decidió ignorarlos, con la intención de llegar a Draco antes de que algo pudiera pasarle. Pero los sonidos eran más fuertes e insistentes ahora, y él sabía que tendría que confrontarlos.
Se dio la vuelta y llamó, "¿Quién está ahí? Puedo escucharlos." Se preparó mentalmente, solo en caso de que las criaturas no fueran inteligentes después de todo y fueran a atacarlo todas a la vez. La encantación Protego esperaba en la punta de su lengua.
Hubo una larga pausa. Entonces los sonidos comenzaron de nuevo, aunque ahora más cercanos y más fuertes. Harry n o había sido capaz de descifrar lo que eran cuando se escuchaban como golpes ahogados, pero ahora claramente podía escuchar el golpeteo de pezuñas.
Un centauro trotó desde los árboles en el lado derecho del camino y se paró mirándolo. La luz de la varita de Harry ensombrecía su rostro y lo hacía ver ligeramente demoniaco. Tenía impresionantes ojos azules, cabello tan pálido como el de Draco, y un cuerpo ligeramente dorado, que cambiaba a un color dorado más profundo en sus flancos.
"Harry Potter," susurró el centauro. "Las estrellas te observan."
Harry medio-miró hacia arriba, pero no pudo ver las estrellas a través de la espesa capa de árboles sobre su cabeza. "Y también tú," dijo, regresando su atención al centauro. "¿Por qué?"
"Sabemos que viniste aquí tras un chico que entró al Bosque hace corto tiempo," susurró el centauro. "Sabemos muchas cosas al observar las estrellas. Tú destino está escrito en ellas, Harry Potter. Grabado en ellas."
No por primera vez en su vida – la primera vez había sido cuando había leído sobre ellos en un libro sobre criaturas mágicas – Harry decidió que los centauros daban miedo. Él simplemente sintió. "Gracias," dijo él. "Siempre es placentero el saberlo. Sin embargo, debo encontrar a Draco." Se giró para comenzar de nuevo a caminar.
Los árboles a su izquierda se separaron, y un centauro castaño galopó al camino frente a él. Este era más grande que el palomino, y tenía ojos oscuros y cabello que se lucía el color de bayas negras en la luz. Él cruzó los brazos y miró a Harry firmemente.
"Debes venir con nosotros, Harry Potter," dijo el centauro palomino. "Las estrellas son brillantes esta noche. Marte está en su gloria. Debido a eso, estamos dispuestos a dar gracias, y a escuchar a aquel que viene bajo la protección de Marte."
Harry ocultó su enojo. Había esperado continuar y encontrar a Draco, pero no pensaba que pudiera luchar contra dos centauros a la vez, y no tenía ningún deseo de mostrar que había estado aquí, lo cual revelarían centauros muertos o heridos. Forzó una sonrisa.
"Muy bien," dijo él. "¿A dónde vamos?"
"Por aquí," dijo el centauro palomino, y comenzó a andar por el camino. En centauro castaño salió del camino de Harry y agitó la cola como si estuviera dando su permiso. Harry agitó la cabeza y emprendió el camino detrás del palomino, escuchando el golpe de pezuñas mientras el castaño caminaba detrás de él.
El encantamiento Point Me seguía mostrando que Harry seguía en el mismo camino que Draco, lo cual calmó un poco su agitación. Estaba comenzando a esperar que Draco no hubiera huido en medio berrinche de ira después de todo, sino que hubiera sido lo suficientemente inteligente como para mantenerse en el camino y buscar algún lugar donde pudiera estar solo. Tal vez incluso iría de regreso al castillo antes de que Harry lo hiciera, dependiendo de por cuanto tiempo los centauros lo iban a distraer.
"Yo soy Firenze," el palomino anunció súbitamente.
"Y yo soy Coran," el castaño dijo.
Harry parpadeó. Una vez había leído que los centauros daban sus nombres al segundo encuentro, no al primero. Pero también observaban las estrellas y hablaban tonterías incomprensibles sobre ellas. Así que tal vez consideraban este el segundo encuentro, ya que habían avanzado un buen tramo del camino. ¿Quién sabe?
"Ya saben mi nombre," dijo, luchando por recordar las cortesías que había escuchado. Lily le había enseñado los saludos tradicionales para criaturas mágicas además de magos sangre pura, solo en caso de que Connor necesitara aliados algún día y Harry tuviera que servir como embajador., pero estaba muy por abajo en la lista del entrenamiento importante, y no estaba sorprendido de no poder recordar mucho al respecto. Sin embargo, una frase le parecía suficientemente segura. "Estoy gustoso de que me saluden en el nombre de las estrellas."
Firenze dejó de caminar y miró hacia Coran. Harry se detuvo también, por la fuerza, alejándose de la cola agitada del palomino. Los centauros unieron sus miradas por un largo momento.
Harry esperó. El hechizo Point Me aún indicaba, fielmente, que Draco estaba al frente. Quería empujara Firenze fuera del camino y comenzar a correr, pero no podía hacer eso, así que hizo las paces con su impaciencia y esperó un poco más.
"Él conoce las cortesías," Firenze dijo al fin.
"Y vino bajo la luz de Marte," dijo Coran.
"Eso es significativo," ambos dijeron al mismo tiempo, y entonces Firenze giró y resumió su trote hacia delante, esta vez forzando a Harry a seguirlo.
Harry encontró que el Bosque Prohibido cambiaba cuando estabas viajando a través de él con poderosas criaturas mágicas. Las sombras parecían menos amenazadoras. Los árboles se apartaban más seguid, y dejaban entrar la luz pálida y fría de las estrellas. Harry revisó una vez o dos, pero no pudo encontrar Marte. Tal vez el ángulo era malo.
O tal vez los centauros están locos, Harry pensó, temblando un poco mientras una brisa fría pasó por su cuerpo y casi se tropezaba sobre una raíz que no había visto hasta muy tarde. Adivina cuál elijo.
El camino finalmente engrandeció y luego se partió en dos. Uno de ellos se curvaba alrededor de la base de un pequeño monte, mientras el otro llevaba a su cima. Firenze solemnemente trepó el monte, y entonces miró hacia atrás mientras Harry lo seguía.
"Es posible que te vayas a encontrar molesto," dijo en una voz distante, sin sonar como si realmente le importara. "Pero debes comprender que todos los destinos sirven al balance, y todas las cosas están escritas en las estrellas."
Harry entrecerró los ojos. Habían llegado a un lugar que parecía significativo, y el encantamiento Point Me aún indicaba justo al frente...
"¿Te llevaste a Draco, o no?" preguntó, sin molestarse en ocultar la acusación de su voz.
"Estaba escrito," dijo Firenze, y entonces caminó hacia algo que Harry no podía ver. Harry apresuradamente trepó los últimos pasos que debía avanzar.
Encontró un grupo de piedras acomodadas en la parte más alta de lo que parecía ser nada más ni nada menos que una imitación de Horca. Draco estaba parado en la plataforma, temblando, su cabeza baja. Una liana estaba atada alrededor de su cuello y alrededor de la roca que servía como barra transversal. No había una trampilla que Harry pudiera ver, pero él sabía que no tenía que haber una. Una patada de las poderosas pezuñas del centauro harían que la liana se agitara y mandaría a Draco volando hacia el costado, donde su cuello se rompería o se ahogaría hasta morir. O tal vez solo se rompería el cráneo contra las rocas.
De cualquier modo, no es una muerte sencilla, Harry pensó, mientras miraba fijamente y luchaba desesperadamente para recordar lo que sabía acerca de los centauros. Ellos eran educados, observaban las estrellas, se mantenían fuera de las guerras la mayor parte del tiempo – aunque habían luchado en contra del Señor Oscuro Grindelwald, quien los había amenazado con la extinción – y generalmente no iban por ahí secuestrando estudiantes en bosques y colgándolos en horcas de piedra.
Draco se movió entonces, y decidió hacer todo aún más complicado. "¡Harry!" gritó, comenzando a correr por la plataforma.
Firenze lo atrapó por la liana alrededor de su cuello y lo sostuvo en su lugar. Draco se tambaleó hasta detenerse, ahogándose. Harry tomó un tenso paso al frente, pero Draco finalmente recordó la soga y dio un paso atrás. Su respiración volvió a la normalidad en un momento. Fulminó con la mirada a Firenze, y luego cambió la dirección para incluir a Coran, quien había llegado detrás de Harry.
"Esta es una prueba," Firenze le dijo a Harry, su voz profunda y sombría como los ecos en una fosa sin fondo. "Tú la superarás, o Draco Malfoy morirá. Él no usará la magia de ninguna forma, inclusive para ayudarte, o morirá."
"¿Por qué?" Harry preguntó.
"Esta es la prueba de aquel que viene bajo Marte," dijo Coran, y su voz era más estricta que la de Firenze. "No puedes cuestionarlo. Debes hacerlo."
Harry estranguló su impulso de gritar con frustración, e incluso logró sonreír. "Entonces díganme lo que debo hacer, honorables centauros."
Coran se movió frente a él, sintiendo el suelo por un momento para buscar algo. De enderezó con una piedra en forma de huevo, que bajo la luz de Lumos se veía de un color entre purpura oscuro y negro.
"Debes quebrar esto—"
Harry asintió, y levantó su varita.
"Usando magia sin varita," Coran continuó. Si hubiera sido humano, hubiera tenido un aire satisfecho al decir aquello, pero solo sonaba implacable. Le ofreció la piedra a Harry.
Harry la miró intensamente por un largo rato. Podía realizar un Hechizo Explosivo con su varita, pero no lo había estudiado sin ella. Dudó por un momento y miró hacia Draco. Draco se había decidido por mirar fulminantemente a los centauros, a la liana alrededor de su cuello, y a Harry – aunque, para ser absolutamente honestos, las miradas que le enviaba a Harry parecían estar rogando también.
¿Podría cortar la liana, tomar a Draco, y huir? Pero Harry sabía la respuesta a esa pregunta casi desde el momento en que la hizo. La liana se movió y se colocó posesivamente alrededor de la garganta de Draco en un movimiento que ningún viento permitiría. Estaba viva, y tal vez era inteligente. Suponía que tendría que serlo; Draco ya se hubiera liberado a si mismo si fuera tan simple.
Lo cual dejaba el pasar la prueba como su última opción.
Harry regresó a la piedra y frunció el ceño. Había aprendido magia sin varita antes por duro deber y necesidad incesante; se había imaginado a Connor muriendo, y cada vez, le daba la fuerza para continuar. Y cuando había pensado en que Connor podría morir en una semana, en seis días, en cinco días, en cuatro días, nada se interpuso en su camino. Ni siquiera había sentido la falta de sueño hasta que el agotamiento por encantamientos lo golpeó.
¿Podía convocar la misma emoción por Draco?
No, se dio cuenta, después de un momento de intentarlo. Se sentía preocupado de que Draco pudiera morir, y ciertamente sentiría culpa si eso sucedía, pero aún no había amor ahí, nada para enviar la magia por los canales bien-usados en el centro de su ser. Tendría que usar algo más.
¿Qué?
"Tienes hasta que las estrellas se oculten, Harry Potter," Firenze entonó calmadamente justo entonces, sorprendiéndolo.
Harry lo fulminó con la mirada. "No dijiste que tuviera un límite de tiempo."
"Aquél que viene bajo la luz de Marte siempre tiene hasta que las estrellas se oculten para pasar su prueba," dijo Coran, como si Harry debiera de haber sabido eso. Continuó sosteniendo la piedra, firme y derecha. Su brazo no se había movido aún.
Harry rechinó los dientes. El enojo llegó como olas de dentro de él, y lo concentró en la piedra, esperando que eso funcionara. ¡Quiébrate, estúpida cosa! ¡Draco y yo tenemos que regresar al castillo y lejos de estos lunáticos antes de que nos extrañen!
La piedra no hizo nada. Si las piedras pudieran ser pedantes, Harry estaba seguro que esta lo habría sido.
Harry continuó sacando su ira, pero no dio frutos. Nada pasó, ni siquiera una fina línea que rompiera la superficie de la roca, mientras que él tenía sudor bajándole por la ceja por la fuerza de su concentración.
"Falta una hora para que las estrellas se oculten," dijo la voz de Firenze, regular como el sonido de un reloj.
Harry cerró los ojos y desapareció su enojo. Así que el amor no servía, y tampoco el enojo. ¿Qué lo haría?
Pero esas eran las fuerzas que siempre habían impulsado su magia sin varita. Harry posiblemente podría aprender nuevas formas, pero le tomarían más tiempo del que tenían. Y entonces Draco moriría.
Harry no pensaba que podría soportar eso. Él había causado la pelea. Era su culpa el que Draco estuviera aquí afuera en primer lugar.
¿Preocupación?
No, esa es una pequeña y molesta emoción. Necesito algo más.
Bien, ¿había algo que su amor y su enojo tuvieran en común? ¿Acaso brotaban de alguna semilla compartida que él pudiera usar para liberar a Draco?
Tal vez no era una emoción.
Y entonces Harry se pudo haber reído en voz alta por el alivio. Por supuesto. Era la misma cosa por la que Snape siempre lo regañaba, la misma cosa que había puesto a Connor impaciente con él, la misma cosa que había causado que continuara la pelea con Draco en lugar de simplemente rendirse y decir que Connor no lo dejaría ir a la Mansión Malfoy para Navidad.
Fuerza de voluntad. Terquedad. Pura y maldita obstinación.
Harry concentró su fuerza de voluntad en la piedra. Se la imaginó quebrándose. Él quería que se rompiera. Creó una cuidadosa imagen de la piedra quebrándose, tan intensa que se formaron manchas oscuras frente a sus ojos y tenía un silbido en los oídos, y la sobrepuso en la piedra. Aún podía ver la superficie purpura entera debajo de la piedra quebrada, pero solo un poco. El silbido en sus oídos se volvió un rugido.
Quiébrate. Tú vas a quebrarte.
No era nada como el enojo, nada como el amor, sino la raíz y la fuente de ambos. Harry llamó a la determinación y la indeleble, inmovible falta de cooperación para ayudarlo. Se concentró, y empujó, y comenzó a sentir los bordes exteriores de la solidez de la piedra como un irritante zumbido por un costado, a penas audible bajo el torrente de su magia.
Quiébrate. Tú vas a quebrarte.
La piedra empujó contra él. No tenía fuerza de voluntad propia – lo pedante que Harry se había imaginado no era real – pero tenía la misma resistencia que tendría si él estuviera intentando romperla contra el borde de una mesa al simplemente golpearla. Existía, y era dura, y no se quería quebrar.
Harry cuidadosamente formó su fuerza de voluntad a una punta aguda, un cincel, y entonces puso toda su magia detrás de ella al mismo tiempo.
Quiébrate. Su ser resonó con la palabra, y confiaba en que tenía la magia y fuerza de voluntad suficiente, ambas, para lograrlo. Vas a quebrarte porque yo digo que lo harás. Y ahora, vas a—
¡Quebrarte!
Harry parpadeó, y se tambaleó hacia delante mientras su fuerza de voluntad empujaba a través de algo que ya no existía, como el fumo disipado de Fumo. Paró su caída con sus manos y alzó la mirada.
Coran sostenía pedazos de piedra quebrada en su mano, pero solo unos cuantos fragmentos, no más grandes que pedazos de una cascara de huevo. Algunos mas aparentemente le habían dado a su cara y hombros en su rápido paso, pero a Coran no parecía importarle la sangre. Miró su palma, como si se preguntara a dónde se había ido la piedra, y entonces asintió gravemente, solemnemente, hacia Harry.
Harry miró hacia Firenze. El centauro rubio estaba desatando a Draco, sus movimientos veloces y eficientes. Draco hizo un sonido de tomar aire cuando la liana se soltó que Harry estaba seguro era exagerado, o el chico habría estado teniendo dificultad al respirar cuando de hecho lo estaba agarrando.
Harry lentamente se levantó. Debería de haberse sentido cansado; usualmente lo hacía, después de usar magia sin varita. En lugar de eso, se sentía extrañamente refrescado, como si hubiera pasado una rápida caminada a través de aire frío. Y el sonido silbante, rugiente que su magia había hecho aún no se había desvanecido por completo. Harry probó el aire alrededor de si, aún rico y vivo con poder juguetón y vivaz, y se encontró sonriente.
"Aquel que viene bajo Marte ha pasado la prueba," Firenze dijo, y parecía que le hablara a las estrellas.
"Cuando llegue el momento," Coran entonó, "lo seguiremos."
Firenze trotó hacia Coran, y entonces ambos, para el completo desconcierto de Harry, estiraron una de sus patas delanteras en su dirección y se inclinaron sobre ella. Harry regresó la reverencia torpemente, luchando para recordar la frase que cerraba una conversación cordial entre un centauro y un mago. Debía ser capaz de recordarla, si tan solo porque había sido tan extraña – una de las frases menos complicadas que cualquier criatura mágica usaba en comunicación formal.
Oh, sí.
"Bajo la estrella y sobre la piedra que su camino los guíe," dijo. "Bajo la oscuridad y sobre el agua."
Firenze asintió en su dirección. Coran dijo, "Bajo la luz de Marte seas guiado," lo cual no estaba en el libro que Harry recordaba, y entonces ambos centauros se dieron vuelta y galoparon a la oscuridad.
Harry dejó salir un pequeño aliento, parpadeó, y entonces giró de regreso a Draco. "Tendremos que cubrir esas marcas en tu cuello, a menos que quieras que todos sepan que estuvimos fuera después del toque de—" comenzó.
Se detuvo. Draco lo estaba mirando intensamente.
Harry gimió. En la lucha por salvar a Draco y la emoción de lograr triunfar, se había olvidado de por qué Draco había venido aquí en primer lugar.
"Sí, lo sé," dijo. "Actué como un idiota. No tenía ningún derecho de decir esas cosas en ese tono de voz. Una vez que me di cuenta que no lo sabías, debí hacer sido más gentil. Lo lamento." Sostuvo su aliento y esperó, esperando que las próximas palabras que salieran de la boca de Draco fueran de perdón. Podría hacer la vida de Harry mucho más difícil de lo que ya era si no lo era así.
Sin mencionar que realmente extrañaría las conversaciones de Draco, incluso si había resultado tan auto-absorto que no le había dicho a Harry casi nada sobre Lucius o sus movimientos. Draco era una de las pocas personas en su vida quien no era parte de la elaborada ilusión que jugaba alrededor de Connor. A diferencia de Snape, no era hostil, y a diferencia de Lily, era cercano a la edad de Harry. Draco simplemente – existía en la vida de Harry, y a pesar de que eso ciertamente cambiaría después, cuando Voldemort regresara y Draco eligiera sus lealtades hacia los sangre pura, por ahora él podía parlotear, y Harry lo escucharía.
Draco cerró los ojos y agitó la cabeza. "Harry..." comenzó, y se detuvo.
"¿Qué?" Harry tragó. Tal vez ya había pasado su oportunidad de obtener el perdón de Draco. Simplemente tendría que vivir con eso si lo había hecho, pero deseaba que Draco le dijera algo y le mostrara por qué.
Draco abrió los ojos. "Harry," dijo él, "me salvaste la vida. Te debo una deuda de vida."
Era el turno de Harry de mirarlo fijamente.
Entonces agitó la cabeza y empezó a alejarse, asegurándose de que su voz permaneciera calmante. "Draco, has tenido una dura noche. Una pelea, escapar al Bosque Prohibido, y casi morir. No sabes lo que—"
Draco se sacó la varita de la manga y la sostuvo sobre su palma. "¡Diffindo!" dijo claramente, y una cortada apareció en su mano. Se giró hacia Harry, su rostro extraño y demasiado solemne bajo la luz de Lumos.
Este es el hijo de una familia de magos sangre pura, Harry pensó. Puede que no sepa sobre el pasado de su padre, pero conoce los rituales.
"Yo así me comprometo a mi deuda con Harry James Potter," Draco dijo, aún en esa clara voz que habría dejado pasmados a los maestros si la escucharan, "a voluntad realizando cualquier servicio que pida de mi, hasta que le salve la vida o la deuda sea borrada." Movió su mano sobre la cortada, y la línea se volvió plateada por donde pasó, viéndose primero como hielo y entonces como una cicatriz muy vieja. "Esto lo hago," Draco añadió suavemente, "en el nombre de Merlín, y en agradecimiento por mi vida."
Miró a Harry expectantemente.
Harry suspiró. No sabía de ninguna forma de negarse a aceptar una deuda de vida sin matar al mago que la ofrecía, pero al menos le podía dejar el pago de la deuda a Draco.
"Yo, Harry James Potter," dijo él, "así acepto la deuda ofrecida, en el nombre de Merlín, y agradecido al saber que quien la ofrece sigue con vida."
El aire entre ellos brilló color plateado por un corto momento. Entonces la luz se volvió el aire frío que Harry veía cuando respiraba en invierno, y flotó lejos hacia las estrellas.
"Nombra mi servicio," Draco dijo, aún imposiblemente claro.
"Draco—"
"Hazlo, Harry."
Harry agitó la cabeza. "Dejaré que tú lo nombres," dijo. "Yo puedo hacer eso, y elijo hacerlo. Sírveme en la forma que más te complazca." Cuidadosamente lanzó un Encantamiento de Ocultación a las heridas en el cuello de Draco, y estuvo aliviado cuando desaparecieron. No había estado seguro de que su alta de magia después de quebrar la piedra fuera a durar. "Ahora vamos, Draco, tenemos que regresar."
Draco comenzó a caminar junto a él, pero parecía estar pensando. No habían llegado al punto medio del camino cuando él dijo, "Ya pensé en algo, Harry. Yo puedo elegir la forma que toma mi pago, ¿cierto?" Él miró a Harry cuidadosamente, como si pensara que Harry lo estaba engañando.
Harry asintió.
"¿Y protegerte en un lugar peligroso sería una forma aceptable para el pago?"
"Por supuesto, Draco, ¿pero qué lugar-?"
"Entonces," dijo Draco, "yo elijo pagar mi deuda al protegerte en la Mansión Malfoy. A donde vendrás a visitarme. En Navidad." Su sonrisa era deslumbrante.
"No," dijo Harry planamente.
"Tú me dejaste elegir la forma de pago," Draco le record, saltando un poco al caminar.
"Yo no dije que pudieras-" dijo Harry, y luego se detuvo. De hecho, él lo había hecho, y el momento cuando pudo haber reclamado la deuda ya había pasado. Se la había ofrecido a Draco, y Draco había elegido la forma que tomaría su pago. Incluso había usado las frases correctas para sellarlo. Y justo como no había opción sobre aceptar una deuda de vida en primer lugar, tampoco había opción sobre aceptar la forma que el pago tomaba si se dejaba al deudor escoger.
A menos que matara a Draco, y esa aún no era una opción, aunque Harry tenía que admitir que se veía algo más tentadora que antes.
"Lo prometo, Harry."
Harry giró hacia Draco, quien le había tomado la mano y se había detenido en el camino. So rostro era duro, sus ojos brillantes, como los de un fanático. Perturbaba a Harry, quien se imaginaba que esta era la forma en que los Mortífagos mirarían a Voldemort.
"Creo que estás equivocado sobre mi padre," dijo Draco, reafirmando su agarre en la muñeca de Harry. "Pero te prometo, te lo prometo, que no dejaré que te dañen mientras estés en la Mansión, ni mi padre ni nadie más. Lo prometo. Tendrán que matarme primero."
Harry suspiró. Realmente ya no tenía otra opción, y también tendría que vivir con las consecuencias de esto.
"Te das cuenta de que mis padres y mi padrino aún así van a tirar el techo a gritos," dijo, mientras comenzaban a caminar de regreso a Hogwarts. "Y mi hermano."
"No conozco a tus padres" dijo Draco, resoplando. "Y mi madre me dijo que tu padrino es un idiota. Y yo sé que tu hermano es un idiota. Así que eso lo arregla todo." Le dio a Harry otra hermosa sonrisa.
Harry, sin poder hacer nada, forzado a recordar que al menos Draco estaba aquí para sonreír en lugar de estar ahorcado o pateado hasta la muerte, regresó la sonrisa.
