Notas: "¡Gracias por los reviews en el Capítulo Catorce! Este capítulo muestra algo más de las consecuencias de las acciones de Draco. Tendré respuestas más detalladas a los reviews en mi LJ momentáneamente.

Y también, hm, este capítulo tiene la aparición especial del Malvado Final de Suspenso. Lo lamento, pero de otro modo el capítulo se hubiera vuelto demasiado largo para dejarme subirlo hoy. De por si ya es el capítulo más largo."

Capítulo Quince: Una Navidad Muy Malfoy

"Pero no puedes," dijo Connor, por veinteava vez, como si esperara convencer a Harry por simple repetición.

Harry tenía que admitir que se estaba acercando a ello. Lanzó lo que quedaba de sus ropas al baúl y se giró hacia Connor con un suspiro. "Tengo qué," dijo. "Draco me obligó con la deuda de vida. No tengo ninguna opción." Le había dicho a su hémelo lo que había pasado en el bosque – la mayoría. Hacer que Connor supiera el alcance de su magia era peligroso. Hacer que Connor supiera que había tenido una pelea con Draco, lo había perseguido hasta el bosque, y lo había rescatado de los centauros no lo era. Claro, hubiera significado más si Connor hubiera prestado la mas mínima atención a lo que decían o su padre o Sirius sobre los rituales mágicos de los sangre pura. "Prometo que regresaré a salvo de la Mansión Malfoy, Connor. No puedo hacer nada más.

"Pero te perderás la Navidad conmigo," Connor susurró. "Nunca nos hemos perdido una Navidad juntos."

Harry sintió su boca curvarse en una sonrisa genuina. "Lo sé," dijo calladamente. "Pero prometo que pasaremos la siguiente Navidad, y el resto de ellas, juntos. ¿Muy bien?"

Su gemelo lo miró por un largo momento, y entonces asintió. Esa voluntad y determinación de hierro que Harry usualmente veía enfocada en la Snitch brillaban en sus ojos marrón mientras decía, "Pero si no regresas con vida de la Mansión, entonces voy a cazar y matar a los Malfoy yo mismo."

Harry dejó que su hermano lo abrazara, y entonces dejó la habitación. Ignoró las miradas de todos los Slytherins en el camino, de una forma impresionante – de mejor forma, Harry pensó, que como él mismo ignoraba las miradas de los Gryffindor cuando visitaba la Torre. Claro, él ya había ido a la Torre varias veces, y este era el primer viaje de Connor a las mazmorras. Tal vez simplemente estaba menos consciente con sus alrededores.

"¡Finalmente! El idiota se ha ido."

Harry giró los ojos mientras Draco regresaba; se había estado escondiendo en el sanitario, rehusándose a estar en el mismo cuarto con Connor sin insultarlo. "Él no es un idiota, Draco," Harry soltó, metiendo el último pantalón en su baúl y mirando alrededor. No podía ver nada que necesitara venir con él. Estaba la gran pila de cartas junto a su cama, las que habían llegado de sus padres, su padrino, y Remos casi inmediatamente después de que les escribiera diciéndoles que iba a ir a la Mansión Malfoy. Harry no había abierto ninguna excepto por los vociferadores, con los cuales no tenía opción. Mientras sus padres no vinieran a la escuela y lo forzaran a ir a la Cueva de Godric – y no podían, no cuando se trataba de una deuda de vida – entonces estaba a salvo, y se encargaría de las cartas después de Navidad.

"Sí, es un idiota," Draco insistió, regresando la atención de Harry hacia él. "La primer cosa que hizo cuando entró a la sala común fue insultar nuestro esquema de color. Es un plebeyo."

"Draco," Harry dijo con esfuerzo, mientras encantaba a su baúl para que levitara tras de él. "si tú fueras a la Torre de Gryffindor, insultarías su esquema de color."

"Sí, pero su esquema de color merece ser insultado."

Consciente del hecho que Draco no vería absolutamente nada hipócrita con lo que estaba diciendo, Harry se rindió. "Vamos," dijo, asegurando su bufanda alrededor de su cuello. "Tendremos que apresurarnos si queremos alcanzar los carruajes a Hogsmeade."

Draco, por supuesto, descubrió que solo había terminado de empacar la mitad de sus cosas, y voló por el cuarto preparando sus cosas. Harry se inclinó contra el muro y observó. Draco tarareaba bajo su aliento mientras empacaba ropas, libros, fotos, y pequeños objetos que Harry no pensaba que necesitara traer. Dobló todas las ropas limpiamente, y envolvió los objetos más frágiles con tela. Habría sido cada centímetro del heredero Malfoy—

Si no fuera por el tarareo.

Harry cerró los ojos. Draco tararea. Si él puede hacer eso, yo puedo sobrevivir un par de semanas en la Mansión Malfoy.


-

"Vamos, Harry!"

Harry gimió mientras el grito de Draco llegaba hasta él. El otro chico corría al frente como un niño, riendo y haciendo que la nieve por la que pasaba saliera volando. Harry caminaba tras de él mucho más decorosamente, su baúl tan afinado a sus movimientos que se agitaba y asentía en el aire cuando levantaba el pie para pasar sobre un cúmulo de nieve que era más alto de lo que parecía. Harry había aprendido que era un buen método para hacerse a si mismo caminar más lentamente, y para hacerse a si mismo aprender paciencia.

Había asumido que tomarían el Expreso a la Estación King's Cross, donde los padres de Draco se encontrarían con ellos, pero Draco había reído ante la idea de ir a Londres para las vacaciones. No, le había dicho a Harry pomposamente, ellos iban a caminar a las afueras de Hogsmeade, más allá de los escudos anti-Aparición de Hogwarts, y su madre vendría con un Traslador que los llevaría de regreso a la Mansión.

Entonces Harry le había preguntado a Draco porqué tomaba el Expreso para llegar a la escuela. Draco había comenzado un discurso sobre tradición al cual Harry no le prestó la más mínima atención. O él ya sabría sobre las tradiciones sangre pura a las que Draco se refería, o Draco las estaría inventando.

Este no era un mal clima para dar un paseo, Harry pensó. Estaba lo suficientemente frio como para ver su aliento frente a él, pero no tan frio que pudiera sentir el invierno penetrando sus ropas y haciendo que se le congelara la médula. La risa de Draco no era tan ruidosa a distancia. Los magos y brujas que los pasaban llevaban colores Navideños en sus bufandas y túnicas, y las casas mismas de Hogsmeade tenían decoraciones, en su mayor parte copos de nieve que estaban encantados para no derretirse y piñas de pino encantadas para que brillaran de diferentes colores, colgando de las ventanas y techos.

"¡Harry!"

Harry volteó la cabeza al frente, parpadeando. Por un momento, no pudo ver de donde venía el grito, pero entonces Draco sacó la cabeza de detrás de una casa y le hizo gestos rápidos para que se acercara. Harry apresuro el paso, y dio vuelta a la casa para encontrar a Draco fuertemente sosteniendo la mano de una bruja increíblemente hermosa.

"Harry Potter," dijo Draco orgullosamente, "esta es mi madre, Narcissa Malfoy. ¿Madre, puedo presentarte a Harry Potter?"

"Puedes," dijo Narcissa, y tomó un paso al frente, una mano sostenida en el aire. Era blanca, Harry observó, casi tan pálida como el bulto de espeso cabello que usaba suelto alrededor del cuello. El brillo de encantamientos calentadores proveniente del collar de plata alrededor de su cuello explicaba su falta de un sombrero o bufanda. Su rostro era de huesos finos, las facciones elegantes, de un modo que le recordaba a Harry a Sirius, o al menos lo habría hecho si Sirius alguna vez se vira como un adulto. Sus ojos eran azules, muy claros, y no parpadearon cuando ella regresó su mirada. "Estoy muy complacida de conocerlo, Sr. Potter."

Harry inclinó el cuello en lugar de tomar su mano, usando la tardanza para escanear su mano y buscar signos de un Traslador oculto, un anillo envenenado, o un amuleto. Un brazalete plateado en su muñeca izquierda irradiaba poder, pero tenía el brillo rosado que señalaba magia defensiva latiente; solo tendría que preocuparse por eso si la estaba atacando. No encontró más signos de algo que pudiera ser un peligro, y voluntariamente presionó sus labios contra el centro de su palma.

"Sra. Malfoy," murmuró él. "Es un placer conocerla. Vengo como un invitado, dispuesto a convertirme en amigo, y a comportarme según las leyes de hospitalidad."

Dio un paso atrás. El rostro de Draco estaba en blanco. Harry no estaba seguro de lo que significaba, pero pensaba que Draco probablemente no había reconocido las cortesías que había usado.

El rostro de Narcissa Malfoy era completamente distinto – vivo, sus ojos azules conteniendo esa mirada fiera, intensa de un depredador. Ella tenía una ligera sonrisa en sus labios, una que Harry estaba casi seguro significaba aprobación y admiración. "Nadie ha usado esas palabras conmigo en un largo tiempo, Sr. Potter," dijo ella. "Creo que la última persona que lo hizo fue mi tátara-tío Black, y él murió cuando yo era una niña."

"Prefiero las viejas tradiciones, Sra. Malfoy," dijo Harry. Tenía alta la adrenalina, resonando en sus venas. Forzó a su manos a estirarse frente a él, intensas y relajadas, dedos sueltos para mostrar que no podría estar sosteniendo una varita. Por supuesto, él no necesitaba una varita, pero dudaba tener la necesidad de protegerse si este juego funcionaba. "Entiendo que usted va a llevarnos a la Mansión Malfoy con un Traslador. ¿Tengo su palabra de que este Traslador nos dejará fuera de la Mansión, para que yo pueda aceptar su invitación personal para entrar?"

"Harry," Draco lo regañó. "Eso no tiene sentido."

"Silencio, Draco," dijo Narcissa. Ella no lo dijo en un tono alto, o a forma de amenaza, o con algún otro tono en su voz, pero Draco instantáneamente enmudeció. Narcissa no apartó la mirada de Harry mientras se sacaba una pequeña piedra de la manga. "Le juro que este Traslador nos depositará fuera de la Mansión, Sr. Potter. Cuando lleguemos, lo invitaré a entrar. Le juro que ningún daño caerá sobre usted durante el viaje, o al llegar si usted no confía en mi promesa de hospitalidad."

"Se lo agradezco," Harry dijo, y esperó hasta que Draco y Narcissa hubieran tomado el Traslador antes de colocar su mano sobre el mismo. Narcissa le sonrió en los cortos momentos antes de que el mundo girara, Harry sintió que algo lo tomaba por la cintura, y saltaron al aire a través de la nada giratoria que un Traslador generaba.

Llegaron a un campo de nieve, sin huellas y sin marcas en tres direcciones. Harry podía sentir el tarareo de enorme magia a su espalda, y no estuvo sorprendido cuando se giró y vio la Mansión.

La casa no se esparcía, a pesar de que era lo suficientemente grande para hacerlo. Cada parte de este edificio había sido cuidadosamente planeada, Harry había aprendido cuando estudió a los Malfoy, y esa era la impresión que daba. Las ventanas apuntaban a todas direcciones, pero las que miraban en la misma dirección siempre eran del mismo tamaño. La piedra gris que la formaba variaba en cuidadosos, hermosos diseños, cambiando de un color oscuro y sombro cerca de la base de la casa a un tono que era casi plateado en el techo, haciendo que pareciera que la Mansión estaba bajo el efecto de una ola de luz. La puerta de la mansión estaba pintada de un color discreto que Harry sabía imitaba a la cresta Malfoy más antigua, la cual simplemente había sido una serpiente plateada en un campo de azul grisáceo.

Y los sellos de protección estaban por todas partes, masivos y enlazados con sangre e intensidad y poder mágico y media docena más de factores que Harry no pudo desenredar en el momento antes de que Narcissa hablara.

"Por sangre esparcida en la tierra," dijo ella, y Harry se giró justo a tiempo para verla dejar caer tres gotas de sangre en la nieve con una diminuta daga plateada, "Le doy la bienvenida a nuestro hogar. Tendrá libre uso sobre la piedra de nuestros pisos, la ropa de nuestras camas, y el fuego que arde en nuestras hogueras. Puede comer libremente de nuestro pan y nuestra carne. Y si algún daño llegara a usted bajo nuestro techo, entonces pediré que la tierra misma sienta la traición en mi sangre y se levante para destruirme."

Harry tragó saliva. No había sido el juramento que él hubiera pedido de ella, siendo el más formal en lugar de el segundo más formal, pero evidentemente la había impresionado lo suficiente para ganárselo.

Por supuesto, si rompía alguna de las leyes-de-invitado, o atacaba a un Malfoy, entonces sería justo atacarlo.

"En el nombre de Merlín," respondió él, "acepto su declaración. Le prometo por mi parte dejar la piedra tan limpia de sangre como las encuentro, la ropa sin manchar por indiscreción, y el fuego sin apaciguar por algún error. Honro al pan y la carne, y las manos que las hicieron. Y pediré que la tierra se estire a mi propia sangre y la convierta en roca en mis venas, si rompiere mi palabra al respecto."

La herida de Narcissa se cerró con una luz blanca, y ella inclinó la cabeza. "En el nombre de Merlín," dijo ella, "acepto su declaración.

"Bien," dijo Draco, golpeando un pie contra el piso. "Ahora, ¿podemos ir adentro? Está asquerosamente frío aquí afuera."

"Draco, lenguaje," dijo Narcissa en el mismo tono apacible que había usado antes, y Draco murmuró una disculpa antes de apresurarse a la puerta. Harry lo siguió. No pensaba estar preparado para estar a solas con la madre de Draco justo entonces.

Podía sentir los sellos y escudos cerrándose a su alrededor, aceptándolo y evaluándolo. La mayoría se alejaron de inmediato; esos eran los que estaban diseñados para mantener fuera a los Muggles o Squibs, o los que buscaban intenciones hostiles contra la familia. Otros se quedaron sobre sus hombros como serpientes sospechosas, al menos hasta que se dieron cuenta del poder de su magia y la promesa de sangre que lo cuidaba. Entonces se relajaron y se alejaron, y dejaron a Harry, parpadeando, y siguiendo a Draco.

La puerta se abrió antes que la alcanzaran. Un alto, delgado hombre estaba parado en el umbral, mirándolos fijamente.

"¡Padre!" Draco gritó alegremente, y se apresuró hacia él, los brazos abiertos ampliamente.

Harry tensó los hombros e inclinó la cabeza hacia atrás. Estaba a punto de tener su primera presentación formal con un Mortífago. Por supuesto, había conocido a Bellatrix Lestrange en circunstancias mucho más intimas. Pero no lo habían presentado.

Debería de estar riéndose. No lo hacía. La formalidad importaba. Los sangre pura habían usado juegos como este – o danzas, como Sirius le había dicho una vez era la terminología que le daban – por siglos para sacar a los menos inteligentes, a los torpes, a los que carecían de talento mágico, y a los rebeldes, y para mantener la paz entre y dentro de las familias. Esta tonada de estrictos modales tenía que ser escuchada, tenía que ser seguida, o los otros bailarines se volverían viciosos.

Draco giró y le presentó a Lucius a Harry justo como lo había hecho con su madre. Harry a penas lo escuchaba. Estaba muy ocupado mirando los ojos de Lucius Malfoy.

Lucius se veía como su hijo se vería si Draco primero hubiera envejecido y luego se hubiera congelado. Cabello pálido y ojos grises, sí, pero Harry pensaba que él debió de haberse puesto una máscara de hielo durante la primera guerra con Voldemort y nunca se la había quitado. O tal vez esta era su máscara especial para los invitados no deseados.

Harry frunció el seño ligeramente cuando sus ojos se fueron al brazo izquierdo de Lucius y un ardor correspondiente viajó por su cicatriz. Sí, yo sé que él fue un Mortífago. No hay necesidad de tener sueños proféticos al respecto.

Lucius, sin embargo, lo sorprendió. Después de esa mirada fría, hizo una reverencia y dijo, "Estoy complacido de que mi hijo sugiriera un modo en que pudiéramos conocernos, Sr. Potter. He escuchado tanto sobre usted por él, y espero que podamos tener un intercambio beneficioso."

Harry dio un profundo respiro. Había trampas en esas palabras. Él sabía como evadirlas. "Su esposa ha sido bastante amable al otorgarme derechos de huésped con una promesa de sangre, Sr. Malfoy." Estoy seguro aquí. "Y asumo que su hijo le ha dicho la razón por la cual accedí a venir en primer lugar." La deuda de vida de Draco me protege. "Ante ambos factores, no veo razón alguna por la cual no podamos hablar con alegría amistosa." Sé que podrías intentar lo que sea, y estoy preparado para ello.

Con una ligera sonrisa en los labios, Lucius se apartó del camino y usó su bastón para señalar al interior de la casa. "Bienvenido a la Mansión Malfoy, Sr. Potter."

"Gracias, señor," Harry respondió, y entró a la casa, con su baúl rebotando ligeramente tras de él. Draco ya se había adentrado a la casa, gritando incomprensible y gloriosas tonterías sobre cuál cuarto Harry tendría. Harry caminó tras de él, bajo la mirada de retratos desaprobadores.


-

No era realmente el tamaño de la casa, Harry pensó la tarde siguiente, o siquiera la presencia de antiguos y poderosos artefactos, lo que hacía este lugar tan distinto a la Cueva de Godric. Era la danza – esa música formal muda que tocaba en el aire, excepto cuando Draco y Harry estaban solos, que guiaba los movimientos de todos y lo hacía a él o ella híper-consciente de cada pequeño gesto, cada mirada, cada palabra.

Harry había esperado encontrarlo cansino. Para su gran sorpresa, lo estaba disfrutando.

Había dormido en un bello cuarto sin retratos, claramente hecho para huéspedes, con ventanas que miraban al este para mirar el amanecer y un pequeño panel de techo encantado que mostraba cualquier constelación que él pidiera. Un elfo domestico lo había despertado con jugo de calabaza esa mañana, y él y Draco, después de un desayuno tan sólido que Harry estaba sorprendido que Draco no fuera tan pesado como Vince o Greg, habían corrido afuera para tener una pelea de bolas de nieve, andar en trineo, volar en el Campo de Quidditch enterrado en nieve, y pelear constantemente sobre pequeñas cosas que eran olvidadas en cinco minutos. Draco se había reído y reído, lo suficientemente duro para que se le resquebrajaran un poco los labios y su rostro se volviera rojo con el esfuerzo, y Harry se encontró a si mismo devolviendo las sonrisas, sin ser capaz de extrañar a Connor o a sus padres demasiado con alguien que tan claramente disfrutaba su compañía.

El almuerzo había sido parecido al desayuno, y entonces se habían sentado a escuchar a Narcissa tocar el piano y cantar viejas canciones de historia mientras el viento y la nieve volaban alrededor de la Mansión. Harry había leído las canciones, el antiguo método de mantener la historia mágica viva antes del esparcimiento común de la literatura, pero nunca las había escuchado, y se sentó temblando aún peor que cuando había estado afuera mientras Narcissa cantaba, de principio a fin, la historia de los Cuatro Fundadores de Hogwarts – su niñez, y cómo decidieron, juntos, crear un centro y corazón para la educación mágica. La canción terminaba en una nota triunfante pero solitaria, con Salazar Slytherin parado fuera de la escuela después de la creación de un hechizo impresionante, justo antes de su legendaria pelea con Godric Gryffindor. Harry cerró los ojos y se sumergió en los últimas notas flotantes de la música por mucho tiempo después de que hubieran terminado.

Harry había inclinado la cabeza cuando la canción hubo terminado, y escogió sus elogios de la larga lista de cumplidos formales aprobados pos magos sangre pura por generaciones, y la familia Black en particular. Narcissa los había aceptado con disfrute mayor, Harry sospechaba, al que hubiera sentido si él hubiera inventado sus propias palabras originales para elogiarla. Narcissa parecía, en su propia forma, apreciar si presencia aquí tanto como Draco lo hacía.

Lucius era – más enigmático.

Harry levantó la cabeza. Estaban sentados en el cuarto de estar de los Malfoy, el lugar que la familia usaba para reuniones específicamente con huéspedes invitados o familiares apreciados a los que no deseaban traer a su confianza más intima. Los retratos en los muros eran todos lo bastante refinados para no mirar a Harry fijamente, y los muros estaban tapizados con libros. Draco estaba sentado en la silla en el lado izquierdo de la chimenea con un libro sobre la teoría de magia sin varita, Harry en una silla en el lado derecho con un libro sobre la historia de la Casa de Slytherin que Draco le había empujado en las manos con una mirada fulminante que prometía la muerte si él objetaba. Narcissa se sentaba en el lado opuesto a Draco en un diván, agitando su varita y lanzando encantamientos no verbales que Harry no reconocía a un collar plateado.

Lucius estaba sentado en una silla opuesta a Harry, lo suficientemente pesada para ser un trono, y miró a Harry fijamente todo el tiempo.

Harry regresó la mirada por un momento. Lucius tomó un trago de su vino. Asintió hacia Harry, como si se hubiera anotado un punto o un asunto se hubiera resuelto, pero no dejó de mirarlo fijamente.

Harry se encogió de hombros y regresó a su libro. Sabía que la confrontación entre ellos no tardaría mucho, pero por el momento, él iba a leer, y aceptar, incluso sentir suspenso, en un extraño modo, ante el sentimiento de fríos, calculadores ojos sobre él.


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"¡Harry, despierta!

Harry parpadeó los ojos, cansadamente, y levantó la cabeza. Estaba oscuro más allá de su ventana, pero alguien estaba golpeando su puerta y llamando su nombre.

"¡Despierta, Harry!" vino la voz ahogada de Draco. "¡Es la mañana de Navidad! ¡Vamos, Harry!"

Harry lanzó Lumos sin varita, para que pudiera ver donde estaba su varita, y entonces uso eso para encontrar sus anteojos. El cuarto se volvió un poco más claro después de eso, pero aún estaba oscuro, aún alrededor de las cinco de la mañana, y aún lo suficientemente temprano para que los retratos gruñeran y se movieran ligeramente en sus cuadros.

Harry abrió la puerta, y Draco prontamente tomó su mano y lo arrastró por las escaleras.

"Draco," Harry intentó protestar, mientras Draco lo llevaba hacia el cuarto que no se les había permitido visitar el día anterior. "¿No deberíamos esperar a tus padres? No creo que sea apropiado entrar a esta hora—"

"Feliz Navidad, Sr. Potter," la voz de Narcissa dijo suavemente. Harry levantó la mirada y la vio inclinándose por la puerta frente a ellos, usando una sonrisa que le habría hecho crédito a un dragón.

"Ya están aquí," dijo Draco, y empujó a Harry delante de él. "En la Mansión hacemos Navidad muy temprano."

Harry se encogió de hombros sin poder hacer nada, y entonces pudo ver el árbol en el centro del cuarto. Todo el aire dejó sus pulmones en un instante.

La única luz provenía del árbol invernal que quemaba en la hoguera, y el árbol mismo. Copos de nieve capturados colgaban de sus ramas, encantados, como en Hogsmeade, para que no se derritieran, pero también brillando con una pizca de chispas plateadas y doradas que trazaban las esquinas exteriores de sus diseños, brillando y entonces desapareciendo de nievo. Otros, o tal vez otros encantamientos, brillaban de entre las ramas. Harry vio guirnaldas de luz pura moviéndose y agitándose entre los copos de nieve, cambiando sus posiciones de momento a momento. En la cima estaba una estrella, un copo de nieve hecho de muchos más pequeños, el centro con la apariencia de un laberinto enredado, y la parte externa brillando con fuego plateado que parecía unirse más allá de la estrella, haciendo que brillarla como la luna.

"Es como si Slytherin estuviera de nuevo con nosotros," Harry susurró, el único elogio en el que pudo pensar en ese momento, y el que estaba más presente en su mente mientras recordaba la igualmente fría, hermosa canción del día anterior.

"Gracias, Sr. Potter," dijo Narcissa, y entonces asintió a la enorme pila de regalos bajo el árbol. "Los tres más cerca de la orilla son de nuestra parte."

Harry parpadeó. "Sra. Malfoy, no tenían que—" Él había traído obsequios para ellos, como era el deber de un invitado, pero eran regalos absolutamente tradicionales: anillos de plata que brillarían si alguien hostil estaba cerca. Se los había dado la primera tarde de su llegada, y los Malfoy los habían aceptado con graves agradecimientos. Había recibido sus regalos de Connor y sus padres antes de venir, y también le había dado a Draco su obsequio, un suéter que lo calentaría o lo enfriaría si así lo comandaba. No había esperado nada de los Malfoy, simplemente observar y estar en el mismo cuarto que ellos.

Narcissa se inclinó hacia él. "Y no lo habríamos hecho," dijo ella suavemente, "si usted no nos hubiera impresionado tanto."

Harry asintió dudosamente, y entonces se unió a Draco, quien ya estaba rasgando rápidamente el papel de su primer obsequio. Dejó salir un alegre grito cuando lo descubrió. "¡Un libro sobre magia sin varita! ¡Gracias, Padre!"

Lucius, sentado al otro lado del árbol, asintió su respuesta. Harry, mirando de un lado para otro de su rostro frío y el rostro sonriente de Draco, finalmente se dio cuenta de la respuesta a algo que lo había estado confundiendo – como Draco podía venir de un hogar donde la música de la danza formal sangre pura tocaba tan fuertemente y sin embargo actuar como lo hacía con sus padres. Él podía hacerlo porque sabía, con perfecta confianza, exactamente cual era su lugar. Era entusiasta sobre cosas por las cuales se le permitía ser entusiasta, y de tal modo propias. Cuando se pasaba de la raya, como lo había hecho con Narcissa hace dos días, ella lo corregiría de inmediato, y Draco la obedecería al instante.

No se parecía nada a la relación que Harry y Connor tenían con sus padres, pero Harry sospechaba que trabajaba igual de bien.

"Bien, Sr. Potter," dijo Narcissa, "por favor abra sus regalos."

Harry llevó su atención a su primer obsequio, el cual, cuando lo abrió, probó ser de Draco. Lo sostuvo frente a si y contuvo el aliento. Era una bola de cristal, y dentro de la bola flotaba un modelo en miniatura del sistema solar, el sol siento una mota radiante demasiado brillante para verla en el centro, mientras que alrededor suyo surgían nueve planetas y sus lunas. Harry gentilmente tocó el vidrio, y la rotación se apresuró. Alejó su mano, y regresó a la misma velocidad que había tenido antes, para cada planeta excepto el pequeño Mercurio, que continuaba volando alrededor del sol como un Buscador tras la Snitch.

"Gracias, Draco," susurró. No tenía ningún interés en especial por la Astronomía, pero era la belleza del obsequio lo que contaba, y era muy bello. Draco, a la mitad de abrir otro regalo, le sonrió ampliamente.

"Ahora el mío, Harry," dijo Narcissa, y Harry registró el cambio de nombre, el ligero aumento de calidez en su voz. Ella sabía que tan impresionado estaba con el regalo de su hijo, y eso le había ganado puntos a sus ojos.

Harry, lleno de alegría escalofriante, desenvolvió en regalo con el papel limpio y plateado. Sonrió al encontrar una copia del libro que había estado leyendo el día anterior, sobre la historia de la Casa de Slytherin.

"Draco me dijo que no tenías ningún conocimiento previo sobre Slytherin, ya que habías esperado ser Sorteado a Gryffindor," Narcissa explicó. "Pensé que tal vez te gustaría este libro."

"Es muy considerado de su parte, Sra. Malfoy," dijo Harry. "Gracias." Giró hacia el último regalo, consciente de los ojos de Lucius sobre él.

Desenvolvió lo que parecía ser una pieza de vidrio en blanco al principio; pensó que era un espejo, pero cuando movió su mano frente a él, nada pasó. Entonces pudo ver una sombra en él, localizado cerca del rincón más cercano al árbol, y figuras mucho más distantes y sombrías localizadas en lo que parecía ser la parte trasera del espejo.

Harry parpadeó, y entonces tembló un poco al reconocerlo. Era un espejo anti tenebrismo, un espejo que reflejaría a sus enemigos. Si comenzaban a acercarse, mostraría sus rostros.

"Gracias, Sr. Malfoy," dijo lentamente, y levantó la mirada para reconocer la de Lucius. "Estoy seguro que lo encontraré útil."

Lucius inclinó la cabeza, y no dijo nada.

"¡Oh, Madre!" Draco exclamó, súbitamente levantándose. "¡Lo olvidé! El sol casi ha salido."

Narcissa parpadeó, y entonces se levantó. "Discúlpanos, Harry, por favor," dijo ella, asintiendo la cabeza. "Draco y yo siempre hemos visto el amanecer en la mañana de Navidad. Es una tradición familiar." Lanzó el Encantamiento Convocador, y un par de chaquetas, una grande y la otra pequeña, volaron al cuarto. Cubrió bien a Draco, luego a si misma, y entonces dejaron el cuarto, mano en mano. Draco se medio-inclinó hacia su madre mientras caminaban.

Harry los miró partir, imaginando cómo debían verse mientras miraban el amanecer juntos, y entonces volteó mientras escuchaba un ligero sonido detrás de él. Lucius se había levantado.

"Me encuentro en necesidad de más luz," dijo. "Mi estudio tiene velas que se encienden solas. ¿No vendría conmigo, Sr. Potter? Aún no hemos tenido tiempo privado para hablar, y lo apreciaría mucho."

Harry asintió lentamente. Estaba a solas con Lucius Malfoy, y podía adivinar algunas de las cosas que pasarían en esta conversación. Lucius había mantenido sus garras guardadas hasta este momento, por el bien de su hijo y su esposa. Estaba a punto de extenderlas ahora.

Harry notó, con un tipo de diversión distante casi escondida detrás de todas las memorias de tradiciones sangre pura en las que estaba pensando, que la sombre en el lado izquiero del espejo anti tenebrismo adquirió un rostro mientras Lucius pasaba junto a él y hacia la puerta.