Notas: "Es lo suficientemente tarde aquí para no intentar responder a reviews al capítulo 16 por hoy. ¡Lo siento! Estarán en mi LJ mañana.

Este capítulo es más una serie de escenas desconectadas que otra cosa, pero dan a conocer situaciones necesarias (y cubrir un tiempo necesario)."

Capítulo Diecisiete: Entre Hermanos

Harry se tambaleaba entre corrientes opuestas de aire, sus ojos fijos en el brillo dorado frente a él. Sabía que iba a caer en picada un instante antes de que lo hiciera, y él estaba debajo de la pelota, atrapándola y sosteniéndola confortablemente en su palma.

El comentador, quien había anunciado cada uno de los movimientos de Harry con un tono de desconcierto que casi llegaba al asombro, ahora parecía estar pasmado en silencio. Pasó un momento antes de que pudiera toser y anunciar, "¡Y Potter atrapa la Snitch! Slytherin derrota a Ravenclaw, 250-100."

El vitoreo que surgió de los asientos de Slytherin hizo que Harry se sintiera bien. Casi era lo suficientemente bueno como para ahogar el siseo de los asientos de Ravenclaw y Slytherin, y la caída correspondiente de su corazón. Aterrizó, cuidadosamente, en el lado más alejado del campo, y dejó su escoba para estirar las piernas. Se sentía – bastante bien, realmente. No le molestaba derrotar a un equipo en el que Connor no estaba. Solo tendría que observar lo que pasara en el juego Gryffindor-Hufflepuff para asegurarse de que no iba a quitarle la Copa de Quidditch a Gryffindor.

Solo tuvo un momento para relajarse antes de que el resto del equipo de Quidditch de Slytherin cayera sobre él con rugidos triunfantes. Harry parpadeó mientras Marcus Flint de hecho lo levantó del piso para agitarlo, antes de cubrirlo en un abrazo que podría haberle roto los huesos. Rió y susurró alegremente en el oído de Harry, "Eres bueno, Potter, en verdad," antes de abrir los brazos y lanzar a Harry a los Golpeadores, para que ellos pudieran abrazarlo también y darle unas toscas palmadas en la espalda.

Harry parpadeó e intentó protestar, pero no estaban escuchando. Slytherin y Ravenclaw habían estado empatados con cien puntos cada uno, y el resto de los equipos habían estado, aparentemente, observando a los Buscadores como halcones, todo mientras intentaban robarse la Quaffle de los oponentes con la misma cantidad de puntos. Nadie le había enviado las Bludgers a los Buscadores, demasiado asustados de darle al equipo opuesto la oportunidad de obtener control de las pelotas y golpear a su Buscador en turno.

Harry no había estado consciente de aquello. Había evadido al otro Buscador, buscado la Snitch, mantenido a la vista, y atrapado en cuando tuvo la oportunidad. Tenía un distante sentimiento de agradecimiento. No le habría gustado la presión.

Caminó de regreso a los vestidores con el resto del equipo, escuchando chistes a expensas de los Ravenclaws con una expresión pensativa. Los Slytherin nunca lo habían tratado de este modo antes. La mayoría de las veces, lo veían como el pequeño y extraño compañero de Draco, y lo trataban como a una extensión de Draco, o como a una extensión de Connor cuando los Gryffindors habían hecho algo para molestarlos. Harry se había acostumbrado a que Draco fuera su único amigo en Slytherin, una situación que solo lo convencía más de que realmente pertenecía a la Casa de su hermano.

Ahora se quitaba las túnicas verdes por primera vez en confortable camaradería, e incluso sonrió cuando Marcus Flint realizó una "interpretación" del Buscador de Ravenclaw, agitando los brazos y con los ojos exageradamente abiertos, que tuvo a los otros miembros del equipo riendo intensamente.

"Um, Harry. ¿Puedo hablarte por un minuto?"

La risa se detuvo al instante, y Flint se giró, metiéndose entre Harry y la puerta. "No se permite maldecir a nuestro Buscador, Gryffie," soltó. "Ganamos, justo y simple. Lárgate."

"Es Connor," dijo Harry, empujando los hombros de Flint. "Él no me va a maldecir."

Flint se quedó justo donde estaba, bloqueando el acceso y también vista de Harry hacia Connor. "No creo que los Gryffindors sean incapaces de ello," gruñó desdeñosamente. "Estaban molestos porque sus preciosos Ravenclaws no pudieron derrotarnos. Luego, van a estar diciendo que lograron ganar el partido que tuvimos en su contra por algo más que suerte tonta."

Harry se podía imaginar como se enrojecería el rostro de Connor ante eso. No le había revelado el secreto de la derrota de los Lestrange a manos de Harry a nadie más, pero sí gemía cada vez que alguien mencionaba su espectacular victoria de Quidditch.

"Déjame hablar con él, Flint," Harry dijo, tan calmadamente como pudo. "Estoy seguro de que solamente quiere felicitarme por el juego."

Flint miró a Connor desdeñosamente una vez más, y entonces le dijo a Harry, "Cinco minutos. Entonces vamos a tener una fiesta en las mazmorras, y será mejor que estés ahí, o te encontraremos, te convertiremos en tortuga, y romperemos tu caparazón." Él y el resto del equipo salieron, dejando el cuarto en un súbito silencio que era perturbador. Harry parpadeó y se frotó las orejas, agradecido de que pudiera sentirlas. Había estado volando por más de una hora en el aire frío de Enero, con velocidades y alturas que no podían evitar robar el calor del movimiento.

"Harry," dijo Connor. "Felicidades por ganar el juego." Su voz era extrañamente formal.

Harry asintió, sin tener palabras. Habían estado de regreso en la escuela por algunas semanas, y hasta ahora su promesa de pasar más tiempo con Connor era una que no había perseguido. Draco lo mantenía ocupado, y también lo hacían las horriblemente largas y difíciles y frecuentes practicas de Quidditch antes del juego con Ravenclaw. Varias veces Harry había visto a Connor mirándolo a distancia en el Gran Comedor, pero siempre había un Slytherin en el camino cuando intentaba ir a hablar con él. Después de esta victoria, Harry sospechaba, habría más que antes, tanto por camaradería genuina como la necesidad de entrenar o una dedicación a mantenerlo alejado de los Gryffindors.

Connor se movía de un lado para otro. "Padre recibió respuesta de Dumbledore," dijo después de un largo momento. "La petición para Re-Sortearte falló."

Harry logró dar una sonrisa. "Pensé que pasaría."

Connor se inclinó hacia delante, súbitamente intenso. "Solo tengo una cosa que preguntarte, Harry," dijo él. "Pensé que sería más, pero tienes una fiesta a la que ir en cinco minutos, después de todo." Su tono al decir aquello hizo que Harry gimiera.

"Adelante, Connor."

"¿Acaso te gusta estar en Slytherin?" Connor le preguntó, directo como un martillo. "¿Realmente te gusta ir a fiestas en las mazmorras y pasar todo tu tiempo libre con Draco Maldito Malfoy?"

Harry gimió de nuevo. Su sugerencia de que Draco y Connor debían llegar a conocerse el uno al otro después de las vacaciones Navideñas había ido bastante mal con ambos chicos. La única conversación larga que Harry había tenido con su gemelo antes de esta había sido para rogarle para que no hechizara las orejas de Draco fuera de su cabeza, después de que Draco hiciera un comentario en un mal momento sobre Hermione.

"No se trata de que me guste, Connor," dijo silenciosamente. "La mayoría son bastante indiferentes conmigo la mayor parte del tiempo, y yo sé que solo soy un juguete para Draco, un premio que puede presumir. Creo que se cansará pronto de mi, tal vez antes del año que viene. Entonces tendré más tiempo para pasarlo contigo." Sonrió, esperando que eso fuera lo que su hermano quería escuchar.

"Pero no lo odias activamente, y no estas a favor de Gryffindor como lo estabas al inicio del año," Connor sumarió.

"Connor..."

Pero su hermano se estaba alejando, con una mueca de disgusto en el rostro. "Eso es todo lo que quería saber," dijo, y se fue.

Harry comenzó a ir tras de él, pero un borrón de luz verde que no reconoció bloqueó su camino, y entonces Flint y los otros vinieron a arrastrarlo a la fiesta. Harry recordó muy poco de ella después, con lo abrumada que estaba con su tristeza y confusión respecto a Connor, excepto que Draco había presentado una recreación del juego que incluía un montón de chicharos, representando a los Ravenclaws, cayéndose por toda la mesa de sorpresa cuando un salero, representando a Harry, atrapaba el grano de sal que había encantado para que brillara de un color dorado como la Snitch.

Lo que le molestaba más a Harry de la memoria es que recordaba haberse reído, con todos los demás, y entonces se preguntaba lo que le esperaba en el futuro.


-

Harry siseó bajo su aliento mientras Snape examinaba su poción. No era la misma poción limpia-vidrio que los otros chicos de primer año estaban haciendo. Snape le había signado una complicada poción para dormir que Harry privadamente sospechaba era otra parte de los pasos preliminares en la mejora para la poción Matalobos. Harry no se atrevía a hacer menos que lo mejor, no solo porque eso podría terminar costándole a un inocente hombre lobo su vida, pero también porque Snape sabría. De hecho, Snape sospechaba que cualquier cosa menos que perfecta significaba que Harry no estaba dando lo mejor.

"Muy bien, Sr. Potter," Snape pronunció. "Ya veo que alguien de su familia finalmente ha sido dotado con algo de talento. Cincuenta puntos a Slytherin."

Harry tembló y bajó la cabeza, escuchando los murmullos que provenían del lado Gryffindor del cuarto. Era la mayor cantidad de puntos que Snape jamás había dado en una sola clase, e incluso dado el hecho de que le había estado regalando puntos a Harry desde que comenzó Febrero, era algo ridículo.

Connor dirigía la objeción. Harry lo amaba por ello, incluso mientras temía lo que le pasaría a su gemelo por exponerse a si mismo a la ira de Snape. Pero su hermano había guiado a Gryffindor a la victoria en el partido contra el equipo de Quidditch de Hufflepuff la semana pasada, y Harry dudaba que hubiera sido capaz de detener a Connor ahora con cualquier cosa menos potente que un encantamiento Stupefy. "¿Por qué hace Harry una poción diferente a la del resto de nosotros, Profesor Snape? Nadie más entre nosotros sabe cómo hacerla. Tal vez solo está ahí hirviendo agua y echando ingredientes al azar en el caldero, y usted le esta dando puntos para sentirse bien consigo mismo."

Eso logró sacar unas cuantas risitas sorprendidas de los Gryffindor, las cuales duraron precisamente hasta que Snape se giró hacia Connor.

"Darle puntos a Slytherin es la única cosa que hace esta horrenda clase tolerable para mi, Sr. Potter," Snape dijo, su voz más fría y más suave que cualquier momento que Harry la hubiera escuchado. "Me recuerda que los estudiantes de Pociones competentes realmente existen en el mundo, y que no necesito cometer suicidio debido a que ninguno de mis estudiantes puede comprender las bases de mi arte. Sí tengo estudiantes talentosos, simplemente no son aquellos que están convencidos de que saben todo lo que hay que saber sin mi enseñanza—" una mirada apuñaló a Hermione "—o que añaden cualquier ingrediente que les parece sin molestarse en leer las instrucciones—" una mirada fría a Ron "—o quienes cuestionan e interrumpen al resto de la clase para distraer atención lejos de su propia incompetencia." Ahora estaba mirando fijamente a Connor. "Detención conmigo por una semana, Sr. Potter, y la cumplirá a las ocho en punto cada noche."

"Pero—" Connor dijo, y entonces cerró la boca de golpe. Regresó a la poción limpia-vidrio, sus movimientos furiosos. Harry gimió cuando lo vio realizar tres errores en el siguiente minuto.

Las ocho en punto en la noche era el tiempo que el equipo de Quidditch de Gryffindor había tomado para practicar los Martes y Jueves.

Harry alzó la mirada para ver a Snape observándolo, su expresión sin una pizca de piedad. Objeta, sus ojos decían, y le agregaré más tiempo.

Harry alejó la mirada y embotelló su poción, consciente de los ojos de Snape sobre él, complacidos, y también de los ojos de su gemelo, grandes y traicionados.


-

Harry se estaba desesperando.

Eran mediados de Marzo, y aún así ni ron, Hermione, ni Connor se le habían acercado respecto a la Piedra Filosofal. Oh, había atrapado algunas miradas de costado, algunas conversaciones entre los tres que se silenciaban cuando Harry entraba a la Torre de Gryffindor, y algunos murmullos entre Ron y Hermione cuando pasaba por los corredores, pero nada como el esfuerzo coordinado para sacarle sus secretos que Harry había esperado hasta ahora.

Ellos tenían que moverse pronto, Harry pensaba. El final del año escolar estaba solo a unos meses. Cuando llegara el verano, Dumbledore tendría el tiempo y oportunidad para moved la Piedra a otro sitio, y probablemente lo haría; Harry sentía que mantener la Piedra en donde estaba había sido una medida improvisada en el mejor de los casos, pensada para ser temporal. Entonces Connor perdería una oportunidad fácil al heroísmo, y una victoria que realmente sería suya.

Así que Harry decidió mentir, de nuevo. Sabía que el silencio de su hermano a su alrededor, sus sonrisas débiles y sus tiempos de visita deliberadamente más cortos con Harry, nacían de la sospecha de que Harry estuviera realmente disfrutando las atracciones dudosas de la Casa de Slytherin. No debería ser demasiado difícil trabajar con eso, y hacer que Connor se sentara y prestara un poco de su maldita atención a lo que estaba haciendo.

Así que, una noche de Miércoles justo antes del toque de queda, Harry subió a la torre de Gryffindor. Le dio a la Dama Gorda la contraseña de la semana pasada – fortaleza del alma – y ella abrió. Harry miró rápidamente alrededor de la sala común, asegurándose de respirar lo suficientemente fuerte para que todos voltearan a verlo.

"¿Dónde está Connor?" preguntó.

"Arriba," dijo uno de los gemelos de cabello rojo quienes eran los hermanos mayores de Ron. Entonces él sonrió. "Oye, Harry - ¿te gustaría un dulce?" Le estiró una bandeja de dulces cubiertos en encantamientos que brillaban de manera extraña. Harry hubiera sabido que no debía tomar ninguno incluso si Connor lo le hubiera advertido empáticamente que nunca se comiera nada que los gemelos de ofrecieran, jamás.

"No, gracias," dijo, y entonces corrió escaleras arriba a los dormitorios de los chicos de primer año.

Connor estaba solo, gracias a Merlín, leyendo su libro de Transfiguración. Levantó la mirada y le dio a Harry una sonrisa distante.

"Harry," dijo. "¿Qué pasa?"

Harry exhaló ruidosamente, se movió de un pie al otro, y se mordió el labio. Tenía el presentimiento de que estaba sobreactuando, pero si era demasiado sutil, entonces Connor podría pensar que no pasaba nada malo. Al menos logró obtener la atención de su hermano, mientras Connor dejaba su libro de lado y se inclinaba hacia delante.

"Harry," dijo. "¿Qué ocurre?"

"Nada," dijo Harry, agitando la cabeza. "Creí que podría hablar contigo, pero – no, esta fue una mala idea. Me iré." Se volvió hacia la puerta.

Connor encantó la puerta para cerrarla con llave antes de que pudiera marcharse. Harry sintió un momento de orgullo extraño. La situación le recordaba a su charla con Lucius Malfoy, aunque sospechaba que esta terminaría de una forma muy distinta. Para empezar, Harry estaba en completo control de esta conversación.

Eso lo hacía sentir extraño, tan extraño que se perdió de la siguiente pregunta de Connor, y solo regresó a la realidad cuando su hermano agitó su hombro. "Harry, creo que deberíamos ir con la Profesora McGonagall," dijo, viéndose casi asustado. "O, al menos, con Hermione."

"No," Harry susurró. "Tengo que hablar contigo. Eres el único en quien confío."

Connor se alegró considerablemente. "¿Qué es lo que sucede, Harry? Sabes que te ayudaré como pueda."

Harry miró los ojos de su hermano y dijo, "Connor, hay susurros en las mazmorras. Creo que alguien planea algo. Tal vez no los Slytherins, pero todos ellos saben al respecto. Dejan de hablar cuando entro a la habitación." Se aseguró de no poner ningún énfasis en las palabras, para no insinuar que pensaba que los Gryffindors estaban haciendo lo mismo.

Connor se inclinó más de cerca, ojos redondos como platos. "¿Y de qué crees que están hablando?"

"La Piedra Filosofal," Harry susurró. "Lamento no haber venido a hablar contigo de esto antes, Connor, pero – pero supongo que pensé que estaría traicionando el honor de Slytherin. Lo lamento. No estaba pensando."

Connor se sentó frente a él. "¿Y qué te hizo cambiar de parecer?" preguntó. "¿Por fin te diste cuenta de que no hay tal cosa como el honor de Slytherin?"

Harry lo miró fijamente. Eso no se lo había esperado. Suponía que Connor había estado pasando más y más tiempo con Ron, ya que no lo pasaba con Harry, y eso lo había influenciado.

Por solo un momento, sintió la gran urgencia sin sentido de insistir que sus compañeros de Casa también tenían honor.

Harry se la agitó de encima. No podía permitirse tonterías como esa. Tenía que apresurarse y darle a Connor las pistas que necesitaba, y entonces regresar a las mazmorras antes de que alguien lo extrañara. Snape siempre revisaba los túneles alrededor de las mazmorras al menos una vez a la semana, para asegurarse de que todos sus protegidos estuvieran a salvo en la sala común, y no lo había hecho aún esta semana.

"Podrías estar en peligro," susurró. "Eso es lo que me hizo cambiar de parecer."

"¿Por qué?" Connor preguntó, y su rostro se volvió escéptico. Esa era una de las cosas que Harry amaba más sobre él, lo abierto y maleable que era su rostro. Sus expresiones cambiaban de momento a momento, y siempre era posible saber lo que estaba pensando. Él no ocultaba sus emociones bajo las capas de engaños que usaban los Slytherin, que Harry mismo había aprendido a usar antes de venir siquiera a Hogwarts. "No pienso que la Piedra tenga mucho que ver conmigo, Harry."

"Pero piensa en quién podría querer la Piedra," Harry susurró. "Y piensa en la forma en que dejan de habar cuando estoy cerca."

No le tomó a Connor más de un par de momentos el hacer la conexión. Su mano fue hacia arriba y se posó sobre su cicatriz, y él gimió, poniéndose pálido. "Voldemort," susurró él.

Harry asintió, su segundo impulso. El primero había sido corregir a Connor sobre el uso del nombre de Voldemort para usar el "Señor Tenebroso", lo cual realmente era una señal de que había estado entre los Slytherins por demasiado tiempo. "Creo que eso es. Y creo que necesitas tratar de encontrar la Piedra. He estado buscando, pero no tengo muchas pistas." Podría revelar las pistas después, dependiendo de otra mentira, si Connor realmente las necesitaba.

Connor se mordisqueó el labio. "Podríamos encontrarlas," dijo. "Ron, Hermione, y yo."

Harry agachó la cabeza. "No confías en mi. Lo entiendo."

La mano de Connor le tocó el hombro, y Harry alzó la mirada. "No es eso, Harry," Connor dijo seriamente. "Te juro que no es eso. Pero – bueno, Hermione es buena investigando, y Ron es bueno en decirme cosas que nunca supe sobre historia mágica y la historia de Gryffindor y lo que piensan todos del Niño-Que-Vivió, y yo soy bueno en decidir qué hacer. Y Ron no confía en ti ni le agradas tanto ahora, y Hermione no está segura. ¿Por favor? Solo es por un rato. No hay razón por la que debas involucrarte, ya que no eres el Niño-Que-Vivió, y estarás en peligro, ahora que la Casa de Slytherin esta hablando al respecto, si tú muestras demasiado interés."

Harry sintió que su corazón saltaba un poco. Ahí estaban la independencia y la actitud Gryffindor que había estado esperando alentar. "Muy bien," dijo. "Lo que creas que es mejor, Connor."

Su gemelo lo abrazó, fuerte e inesperadamente. "Gracias, Harry," dijo. "Por venir a decirme, quiero decir. Sé que no pudo haber sido fácil para ti, incluso si el honor de Slytherin no existe."

Harry regresó el abrazo, y apresuradamente salió de la Torre, ya que casi era hora del toque de queda. Se aferró a la memoria del abrazo para si, y el hecho de que Connor confiaba en él, y trató de ignorar el ridículo dolor que nació cuando Connor dijo esas cosas sobre la Casa de Slytherin. ¿Eran verdad, o no, para cualquiera que no estuviera en la Casa?

Y, además, Harry podía reconocer los signos potencialmente peligrosos en si mismo. A veces pensaba que podía alejarse del lado de Connor, para encontrar amistades y causas propias en Slytherin. Y eso era algo que no podía permitirse. Había nacido y había sido entrenado para pelear al lado de Connor, para defenderlo de Voldemort hasta que tuviera edad para salvar al mundo.

No podía darse el lujo de tener otras alianzas, otras lealtades. Tenía que recordarse eso a si mismo.


-

Snape esperaba fuera de la puerta de la sala común. Dio media sonrisa cuando vio al chico solitario regresando hacia ella, su rostro viendo al piso, así que realmente no veía a donde estaba caminando. Pero su cabeza subió de golpe cuando aún estaba a una buena distancia de Snape, y sus ojos eran amplios y sospechosos por un momento antes de que su rostro se cerrara incluso más de lo que lo hacía en clase.

Snape estaba orgulloso de eso. Harry era mejor en controlar sus emociones ahora que cuando había llegado por primera vez a la escuela, y eso ya era impresionante. Alguien - ¿Lily? – le había enseñado muy bien sobre el tema. Snape pretendía seguir empujándolo hasta que el chico pudiera mentir con su rostro, lo cual aún no le era posible. Lo mejor que podía hacer era mostrar una falta de emoción que volvía difícil el decidir lo que estaba sintiendo.

"Bien, bien," Snape dijo, separándose del muro. "¿Qué tenemos aquí, Sr. Potter? Insiste en rondar los pasillos por la noche. Uno se preguntaría por qué."

Harry estaba quieto, y ni siquiera el sonido de su respiración era audible. Esperaba a que Snape dijera lo que quería decir para poder marcharse.

Snape se acercó un par de pasos, subiendo aún más sus escudos. Sabía que era imposible. Todas las leyes de la magia insistían en que era imposible. Pero si no fuera imposible, hubiera dicho que el poder de Harry había crecido desde que empezó a estudiar en Hogwarts. Snape ciertamente debía elevar sus escudos más y más alto cada vez. Por supuesto, eso podía ser el efecto de la familiaridad con Harry.

"Esta semana próxima," le espetó, "comenzará a trabajar con pociones de quinto-año en nuestra clase."

Harry inclinó la cabeza, pero no dijo nada.

"También comenzaré a prestarle libros extra sobre el arte de las pociones," Snape continuó. "Va a leerlos. Va a dominarlos antes de que se termine el año escolar. No pretendo dejar que se lleve los libros con usted a casa en el verano, para que un perro los mastique a pedazos en su ira-de-luna y que el otro les orine encima."

Los hombros de Harry subieron un poco, pero simplemente asintió.

"Y finalmente," Snape terminó, ahora susurrando, "en lugar de escabullirse a las áreas desiertas de la escuela para practicar sus encantamientos, vendrá conmigo. Es muy bueno en magia defensiva, Sr. Potter, pero sus encantamientos ofensivos necesitan práctica. Debe ser capaz de atacar, no solo defender. Le costará mucho a su hermano algún día si no sabe cómo hacerlo. Usted vio eso con los Lestrange."

Los ojos de Harry sí mostraron algo de sorpresa esta vez antes de que se cerraran con resignación. Entonces asintió de nuevo. Pasó junto a Snape, susurró la contraseña, y se desvaneció a la sala común de Slytherin.

Snape lo miró partir, bastante contento. Harry había actuado considerablemente más Slytherin desde que había regresado de las Navidades con Draco Malfoy. El que hubiera sobrevivido a Lucius era testimonio suficiente del carácter del niño – o, como aún insistía en verlo, la falta de – pero Harry también se había acostumbrado a mantener secretos, a hablar más seguido con los otros estudiantes de Slytherin, a caminar y pararse como Draco, y reaccionar en clase como un heredero sangre pura. Snape se preguntaba si el chico se daba cuenta.

Entonces soltó un resoplido. Claro que no. Si se diera cuenta, se apresuraría a rechazar tales costumbres.

Era cansado a veces, Snape pensaba, el que no pudiera simplemente decirle a Harry lo que deseaba hacer – elevar la reputación de la Casa de Slytherin una vez más – apelar a la ambición del chico, y enlistarlo como a un aliado. Pero sabía que Harry se alejaría si sospechaba sobre esa verdadera razón, y se negaría completamente a actuar en contra de su hermano si pensaba que Snape podría ultimadamente hacer algo mucho peor contra Connor que darle detenciones durante la práctica de Quidditch.

No, primero tenía que romper las lealtades de Harry antes de que pudiera explicar por qué las había roto, y sacarlo de la sombra de Connor antes de que pudiera mostrarle lo que esa sombra le había hecho.

Snape regresó a su oficina con las túnicas flotando tras él. Paciencia, se aconsejó a si mismo. Paciencia. Ya has esperado hasta ahora. Ya tienes a tu candidato. Ya lo estas entrenando. Antes de su séptimo año, todos verán a Slytherin elevarse una vez más.

Eso es lo suficientemente pronto.