Fue un placer haber escrito todo esto. Se los juro que sí. Pero cada historia debe tener un final. Y, a pesar de que yo no lo planifique así en 2021, esto fue lo que la mayoría decidió. Bienvenidos al epílogo.
Un epílogo, que así debía ser escrito. Porque, lo que empezó en "Victoria", terminó en que nunca termine de ver esa novela jaja (Y alguien se enteró de un final alternativo). Así que, como debe de ser, el final debe ser como "Mirada de Mujer".
Aunque, me gustaría pedirles un favor. Un favor a todo aquel que haya leído esta historia hasta el final. Por favor, déjame saber que te pareció este capítulo. Si es que piensas que el final fue apresurado, si estuvo bien, si fue muy largo. Cualquier cosa que se te ocurra. No temas de escribir incluso en cada párrafo si quieres.
Incluso de la historia. Si te cansó que fuera tan lenta, si los "slice of life" estuvieron bien. Todo.
Tal vez sea una tontería, pero eso me ayudará a mejorar. Sea que edite esta misma historia después. O para futuras historias que escriba.
—
Cuando abrió los ojos, no sabía bien en donde estaba. Había un gran ventanal, que dejaba ver una ciudad concurrida e iluminada.
Michiru intentó ubicarse en el lugar, que le resultaba muy familiar, solo que no podía averiguar exactamente…
Había un gran armario. El premio de F1 estaba a su lado…
Entonces, unas manos se posicionaron en su cintura, estremeciendo todo su cuerpo. Aquella persona besó su clavícula.
—¿Qué es lo que tienes, mi amor?— Aquella voz hizo que todos sus sentidos se despertarán. Extrañaba tanto esa voz.
—¡Haruka!— Michiru volteó a verla, mirando fijamente a los ojos azules de su amada. Los había extrañado tanto…— ¡Tuve una horrible pesadilla!— La abrazó con todas las fuerzas que tuvo, deseando sentir su calor.
—Ya, solo fue eso. Una pesadilla— Haruka la sostuvo entre sus brazos— ¿Quieres contarme que era?
Michiru estaba tan aliviada de que todo hubiera sido un simple sueño, que solo empezó a hablar— Estábamos en Imola, la carrera estaba en sus primeras vueltas, y te accidentaste. Darien te atendía, pero todo era un plan… Luego Setsuna nos abandonaba, Rei entraba en crisis, y yo tenía que decidir…— Sintió un escalofrío de pensarlo, y negó con la cabeza— No importa. Después de todo, nada de esto pasó.
Haruka alzó una ceja, con esa sonrisa coqueta que siempre la volvía loca.
—Entonces, ¿Qué fue lo que pasó ese día?
Michiru sintió un escalofrío, e inmediatamente dejó de sonreír.
No podía recordarlo. No sabía qué había pasado ese día.
—Tú… Ganaste el campeonato del mundo. Lo recuerdo perfectamente, recuerdo a tu ingeniero decir, "Haruka, tú eres la nueva campeona del mundo. Eres historia".
—Siempre has sido una mala mentirosa…
—¡No es mentira!— Michiru se empezó a alterar— Ganaste esa carrera, porque Max abandonó por las fallas de su motor. Fue una carrera tranquila, y luego fuimos a firmar los contratos con Ferrari…
Haruka negó con la cabeza— ¿En serio fue así?
Michiru estaba temblando, incapaz de aceptar la realidad. Tomó la mano de Haruka, sintiendo el calor de su cuerpo. Era real. Todo eso era real.
Debía de serlo.
—¡Claro que sí! Festejamos con las chicas a lo grande, y ahora estamos en Roma…
Entonces, el escenario cambió totalmente, y la ciudad tecnológica y oscura que había, llena de luces neón, ahora se mostraba como un amanecer en la bella ciudad romana, con los rayos del sol anaranjado en su esplendor.
—No…
—Mi amor.
—¡No! ¡Esto no puede ser un sueño! ¡Esto es real! Tú no te accidentaste, y nada paso, puedo sentir tu pulso…
Haruka, rápidamente, tomó la mano de Michiru. Y, suavemente, colocó sus dedos en la parte posterior de su muñeca.
Ahí no había pulso.
Michiru contuvo la respiración, y Miró a Haruka por última vez.
—¡Haruka!— Michiru despertó. Estaba sudorosa, producto del sueño, y el sol ya estaba cruzando por detrás de la ventana. Sentía todo el calor de la mañana.
Había tenido una oportunidad de volverla a ver, siquiera, una vez más.
Después de todo, ella siempre volvía en cada sueño que tenía.
—
Michiru se encontraba sola en el departamento que solía compartir con Haruka. Desde que había tomado esa decisión, no había salido de allí.
Todo le recordaba a ella, cada rincón, cada objeto. El dolor era insoportable y sentía como si una parte de ella se hubiera ido con Haruka. Estaba segura de que así había sido.
Las chicas, a excepción de Setsuna, habían intentado contactar con ella de miles de formas. Después de todo, y tras los días de luto, Michiru se había desaparecido totalmente.
No sabían si seguía en Japón, había regresado a Italia, o donde estaba. Pero Michiru no tenía ánimos para ver a nadie.
Sentada en el sofá, sostenía una de las camisas de Haruka, la había encontrado en el armario, y todavía conservaba su olor. Era como si pudiera conservar una parte de ella para siempre.
"—¿Sabes qué es lo que más adoro de esta ciudad?
—¿El mal olor o la farsa de la comida elegante?
—Que puedo compartir a la ciudad del amor contigo"
Michiru caía en la red de Haruka, una y otra vez. Recordando los buenos momentos que habían compartido juntas, Michiru sabía que tardaría en curarse de ella. Pero, ahora, todo se sentía tan vacío, tan sin sentido. ¿Cómo podía vivir sin ella? Habían pasado semanas desde que Haruka se había ido, pero el dolor era tan agudo como el primer día.
No podía comer, no podía dormir, no podía hacer nada más que pensar en Haruka. Las emociones la abrumaban, y la angustia no la dejaba en paz. Una y otra vez, se preguntaba por qué esto tenía que pasarle a ella, por qué la vida podía ser tan injusta.
Sus manos ya estaban manchadas de sangre. Todo era su culpa. Ella era quien había dado la orden.
Michiru se levantó del sofá y comenzó a caminar por la habitación, observando los objetos que alguna vez habían compartido juntas. Todo parecía tan inerte, tan sin vida. Y ella se sentía igual, como si una parte de su alma se hubiera ido con Haruka.
Las lágrimas comenzaron a fluir nuevamente y Michiru se dejó caer en el suelo, abrazando sus piernas y llorando desconsoladamente. El dolor era insoportable, pero parecía imposible dejarlo ir. ¿Cómo podría seguir adelante sin Haruka?
—
Cuando llegaron al departamento, Mina y Mako sintieron pesadez. Tenían escalofríos de estar en ese lugar.
Pero era el único punto pendiente. Era espeluznante pisar ese piso, pero debían encontrar a Michiru.
Si Michiru no estaba ahí, el resto de posibilidades era cada una peor que la otra.
Al escuchar los golpes en la puerta, Michiru, sin ganas, se levantó a abrir. Por unos instantes, se alegró de ver a sus amigas. Sin embargo, esa emoción desapareció casi tan rápido como llegó.
Estar junto a ellas le hacía sentirse incómoda.
—¡Micchi! Dios, te hemos buscado por tantos lados, ¿Cómo estás? ¿Por qué te fuiste así?
Mina había intentado abrazarla, pero Michiru se alejó.
—¿Sabes? Por un momento, pensamos que los aliens te habían secuestrado y tendríamos que buscarte en Marte…— Mako intentó hacer una broma, pero Michiru apenas reaccionó. No estaba de humor.
—Lamento haberlas preocupado, pero no estoy de ánimo ahora.
Michiru había intentado ser lo más amable posible. Sin embargo, no lo había logrado.
Mina y Mako se miraron una a la otra, sin saber qué hacer. No estaban acostumbradas a ver a Michiru así, tan triste y apagada.
Mina jamás lo admitiría, pero, Michiru no había estado en ese estado, incluso cuando la había conocido. Ni siquiera cuando lloraba por no sentirse suficiente para Haruka.
—No tienes que fingir que estás bien con nostras. Sabemos por lo que estás pasando. Nosotras…
—Ni se te ocurra decirlo.
—Michiru…— Mina intentó hacerla reaccionar, viendo su repentina molestia.
—No se te ocurra decir que ustedes sienten lo mismo, porque eso es mentira. ¡No tienen la menor idea de como me siento en este momento!
Michiru no quería escucharlas. No quería salir de su dolor. No quería hablar de Haruka. No quería nada.
Lo único que deseaba, era quedarse sola en el departamento de Haruka, rodeada de los recuerdos de su amada.
—Lo siento— Dijo Mako. Bajando la mirada.
—Váyanse. Por favor, váyanse— Michiru les dio la espalda, evitando que ellas vieran las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos.
Mina y Mako asintieron con tristeza. Comprendían que, por mucho que lo desearan, no iban a poder hacer nada más. Michiru no se los permitiría.
Las dos sabían que Michiru no estaba bien. Que su amiga necesitaba ayuda. Pero, aunque sea, seguía con vida.
—Llámanos si necesitas algo.
En ese momento, cuando la puerta se cerró, Michiru volvió a quedar en completo silencio, con el peso de su dolor, abrumándola.
Inconscientemente, tomo su muñeca. En ella, todavía reposaba la pulsera a juego que Charles Leclerc les había regalado en Mónaco. Una que habían prometido jamás quitarse.
Si ella pudiera pedir un deseo, en ese momento, mientras caminaba en círculos dentro de esa habitación. Pediría regresar a ese momento.
Definitivamente, no le reclamaría a Haruka por tomar demasiado.
—
¿Por qué había salido ese día? Realmente no estaba segura.
El día y la noche se le habían vuelto indiferentes. El tiempo se había vuelto subjetivo y monótono. No le importaba que tan mal podía verse, porque ya no le importaba su apariencia.
Quizás eran las fechas próximas. Aunque la Navidad ya no le importó, el Año Nuevo era muy distinto.
Haruka le dijo que ese Año Nuevo sería único. Sin duda, no había faltado a esa promesa.
Estaba tan absorta en sus pensamientos, que solo pudo distraerse, al notar a la figura que le daba la espalda. La figura era alta y delgada, tal y como era Haruka.
Un nudo se formó en su garganta mientras se acercaba. Con su mente completamente nublada, suplicaba esa ligera esperanza de que fuera ella. Pero, cuando la figura dio la vuelta, Michiru se encontró con los ojos de un extraño.
Su corazón se hundió en su pecho, como su le hubieran arrancado algo en el interior.
Siguió caminando por todo el centro comercial, pero ya no le prestaba atención a nada, todo le recordaba a ella.
La tienda de muebles donde ella le había llevado a comprar esa sala. La primera vez que había probado la comida rápida en años… Todo era como ella.
Incluso el parque en el que había terminado, le recordaba a ella.
"¿Sabes? Tengo mucho que agradecerle a esta rosa…"
"¡Un parque! Hace años que no vengo a uno, ¿Sabes?"
Incluso al caminar, viendo a los niños jugar. Ahí estaba ella.
"—¡Hay columpios! Haruka, por favor, vamos a uno.
—¿Quieres que te empuje? ¿Y si te caes?
—¡Por favor!"
Por cada vez que ese columpio se balanceaba, Michiru sentía escalofríos.
"Te amo, Haruka."
En un mundo donde no estaba, no podía sonreír, ni siquiera en Navidad.
Entonces, su teléfono empezó a vibrar. El mismo teléfono que Haruka le había regalado, hacía un par de años atrás. Todo era de ella. Su vida misma le pertenecía.
En la pantalla, el nombre de Mina salía a relucir. Suspirando, Michiru pensó que debía contestar, después de todo, tenía que cancelarle la cena de Año Nuevo.
Y, seguramente, también la de su cumpleaños.
—Mina.
Lo que mina estaba por decirle, no se lo esperó de ninguna manera.
—Michiru, ganamos.
—
Sentadas en el sofá del departamento, y mientras tomaban una taza de té caliente, Michiru estaba recargada en el abdomen de Haruka.
—¿En qué estás pensando, princesa? —Preguntó Haruka con una sonrisa. Ansiosa por saber que era lo que tenía en la mente.
—Estoy reflexionando que haremos cuando ganemos el juicio a Darien.
Haruka levantó una ceja, intrigada.
—¿Y qué tienes en mente?
Michiru se encogió de hombros.
—No lo sé. Sé que dejaré a alguien a cargo de los negocios del hospital, o tal vez venda esas acciones. Pero el resto… ¿Qué harías tú?
Pero Haruka negó rápidamente con la cabeza. — No te lo voy a decir, porque no podría imaginármelo, no es mi dinero.
Michiru rodó los ojos— Sabes bien que lo mío es tuyo.
Pero Haruka volvió a negar— No. Estoy segura de que, si yo te lo pidiera para abrir una academia de automovilismo, no dudarías en hacerlo. ¿Me equivoco?
Michiru se quedó en silencio. Haruka tenía razón.
—Mi amor. Ese dinero es tuyo. No tengo derecho alguno a tocarlo. No cometamos los errores del pasado. Tú lo usarás en lo que creas conveniente, pero no debe estar influenciado por mi opinión.
Michiru no podía terminar de entenderlo. Toda su vida había considerado que lo que tenía, debía de compartirse para siempre.
Sin embargo, quería hacerlo.
—Si…
—Entonces, ¿Qué es lo que quieres hacer con ello?
Haruka y ella habían hecho muchos planes para cuando aquella respuesta llegara.
Donar una parte a la caridad. Comprar una casa, remodelar. Abrir una escuela de música, tal y como ella siempre lo había soñado.
Todavía podía recordar aquel humillante momento, donde Darien había cortado sus tarjetas de crédito.
Ahora, volvía a ahogarse en dinero. Sin embargo, todo ese dinero no le podía comprar una máquina del tiempo. No. Nada por el estilo.
Michiru podría llevarse la vida entera, gastando en instituciones, escuelas, maquillajes para ocultar su dolor, joyas que resplandecieran mucho más que ella. Pero no podría reemplazarla ni con un millón de anillos. No. Haruka era irremplazable.
Kousei podría hablar todo lo que quisiera. Pero ella no contestaría a su oferta.
Las estaciones habían pasado, y la primavera estaba por llegar. De aquel bien cuidado departamento de lujo, limpió y ordenado, solo quedaba el recuerdo. Más temprano que tarde, ese departamento había regresado a ser tal y como Michiru lo había conocido. Sucio, desordenado, y lleno de polvo. Como a Haruka siempre le gustó.
En ese momento, la temporada de Fórmula 1 debería estar empezando.
En ese momento, Haruka debía estar en Baréin. Corriendo con el resto de sus compañeros. Disfrutando del auto rojo que siempre había anhelado. Dispuesta a defender el título que siempre había deseado.
Pero nada de eso pasaría. Ante el accidente, Ferrari había ido a buscar a un nuevo piloto por la emergencia, ni por asomo tan bueno como Haruka. Ninguno de los mecánicos contratados por Haruka, había llegado a trabajar en Maranello, por lo que la falta de personal, hizo que el auto fuera un desastre.
Pronto, el campeonato de Haruka no sería más que un recuerdo, opacado ante la llegada del próximo campeón, y del que siguiera. Nadie recordaría sus hazañas, y los pocos récords que había roto, serían nuevamente superados.
Haruka quedaría en el olvido.
En ese mundo en el que Haruka no estaba, tal vez tenía una razón. Pero un mundo sin ella, era como el mes de agosto, sin las vacaciones de verano. Y Michiru no podía comprenderlo.
—
Durmiendo en la mitad de una tarde de verano, Michiru recordó algo. La primera pelea que habían tenido Haruka y ella.
"Sí, eso es lo más fácil para ti, ¿Verdad? Porque entonces, sería muy doloroso para ti que aún estuvieras a tiempo para que el mundo no te dejara atrás, porque entonces tendrías que cambiar el estilo de vida que siempre has tenido. Pero no vaya a ser que un deseo irresistible de vivir la invada y le dañe sus planes."
Después de esa pelea, habían llegado muchas otras, era cierto. No todo había sido miel sobre hojuelas. Pero lo había disfrutado tanto…
Michiru no había querido amar a Haruka. Simplemente, había sucedido. Y ahora no entendía la vida sin ella.
Cuando Michiru había estado en la soledad, presa de sus propias inseguridades, Haruka le había ayudado.
En las tantas noches que la despertó por las diferencias horarias, conversar con ella le aliviaba.
Incluso, en las propias peleas, sus palabras le daban una razón para seguir. En sus comentarios ácidos, llenos de ira y coraje. Haruka tenía razón.
Ni siquiera se había dado cuenta, cuando volvió a quedarse dormida en el sofá.
—
Cuando abrió los ojos, se encontró en un lugar extraño. No había nada a su alrededor, excepto una figura borrosa en la distancia. A medida que se acercaba, Michiru se dio cuenta de que era Haruka.
Sintió una enorme mezcla de emociones. Sorpresa, alegría, confusión, miedo. ¿Cómo era posible que Haruka estuviera ahí? ¿Es que acaso ella…?
Al perderse en su mirada, era como observar el cielo azul tras de la tempestad.
Su corazón anhelaba tanto la paz, esa paz que solo Haruka podía entregarle… Al recordar su tierno sonreír, las lágrimas empezaron a caer, aunque, al tenerla tan cerca, no pudo soltar una pequeña risa.
Michiru se acercó a Haruka, y la abrazó. Pero, en lugar de que la rubia le correspondiera al abrazo, Haruka la empujó con fuerza.
Michiru cayó al suelo, aturdida y sorprendida. Haruka no hacía eso. Nunca pudieron hacer algo peor.
—¿Qué estás haciendo, Michiru?— Preguntó Haruka, con una voz severa— ¿Por qué estás desperdiciando toda tu vida de esa forma?
Si algo la había enamorado de Haruka, era su sinceridad. Incluso cuando le dolía de esa manera.
Michiru sintió un dolor agudo en su pecho. Seguir adelante le parecía imposible. Había trago lágrimas, cosa que seguiría haciendo hasta que la pudiera superar.
No podía dejar de pensar en Haruka, en ese amor perdido que no se iba a mover, incluso al terminar todo ese dolor. En todo lo que podría haber sido.
—¿Cómo puedes creer que podría seguir adelante sin ti?— Michiru respondió, herida.
—Como tantas personas lo hacen— Respondió Haruka, impasible— No puedes seguir así, tienes que seguir adelante con tu vida. No voy a permitir que sigas perdiendo el tiempo, cuando tienes todo por delante.
—Eso no es cierto.
Por primera vez en todo ese tiempo, Haruka la miró fijamente a los ojos, tomándola del brazo.
—¿Y por qué no?
—Yo ya no tengo e…
Pero Haruka no la dejo terminar, presionando la más.
—No se te ocurra decirlo, ¡A mí no! Tienes toda la vida por delante, puedes hacer lo que quieras. ¿Supones que me gustaría estar a tu lado y ver cómo te marchitas y te dejas morir?
Michiru no podía escuchar todo eso.
—¿¡Cómo quieres que lo haga!? Tú eras mi vida, Haruka. Sin ti, todo es oscuro y sin sentido. ¡La vida no es nada! ¡No era nada como pensaba, no es nada!
El sol se empezó a sumergir en un anaranjado atardecer que empezó a aparecer en el horizonte, tal y como esa noche fatal…
—¡Eso no es cierto!— Exclamo Haruka, enfurecida— Esa no es la Michiru que yo amo y adoro. Ella es solo un pequeño gato asustadizo, que todavía supone que vive al lado de Darien.
Michiru sintió un golpe en el estómago. No se sentía nada bien. Haruka no…
—La Michiru que yo amo es una mujer fuerte e independiente, que no se deja consumir por el dolor. Que sabe que debe continuar, y encontrar nuevas formas de felicidad. La Michiru que yo amo, ¡No cerraba todas las puertas que se le abren!
—Pero yo…
—¿No crees que ya fuiste suficientemente egoísta? ¿Piensas que solo tú sufres, Michiru?
Incluso ese pequeño detalle, como que Haruka no le dijera "amor", le dolía. Le quemaba por dentro.
—¿Cómo consideras que se siente Mina, MI mejor amiga? ¿O Makoto? ¿Rei? Dígame, señora Michiru, ¿Alguna vez pensó en ellas?
—Ellas no pueden sentir el dolor que yo siento por ti.
—¿¡Y quien le asegura eso?! ¿Por qué le cuesta tanto admitir que sientes como se sienten? Y aun así, ellas están aprendiendo a vivir con el dolor, seguir adelante, señora Michiru.
—Basta, Haruka. No me digas así, no regresemos al inicio, por favor…
—Pues pareciera que eso es lo que quiere.
—¿Cómo quieres que encuentre la felicidad sin ti? Es imposible, Haruka. Tú eres mi única felicidad— Dijo Michiru con la voz temblorosa, mientras su mente intentaba negar la realidad.
—No lo soy. Y no quiero que te quedes atascada en el pasado. Debes seguir adelante y encontrar nuevas formas de ser feliz. Tal y como lo habíamos prometido— Insistió Haruka, con una determinación inquebrantable— Así que, a partir de ahora, ¿Cuál será el camino que tomaras?
Michiru quería correr de nuevo a los brazos de Haruka y refugiarse. Refugiarse de todo ese miedo e incertidumbre que sentía. Pero algo le decía que Haruka la volvería a alejar.
No debía refugiarse de nuevo. Debía tener valor y enfrentar las cosas.
—Yo… No se hacía donde es que seguiré… Sin embargo… Sé que debo hacerlo. Desde ahora seguiré.
Por primera vez en todo ese momento, Haruka sonrió genuinamente.
—Hay una carta muy interesante que puede darte una idea. En todo caso, siempre puedes preguntarle a Rei que es lo que pasó en mi primer año de F2. Tal vez te dé un par de ideas.
Michiru alzó una ceja, viendo que la tensión había bajado.
—¿Ese primer año del que nunca quisiste contarme nada?
—Ese primer año del que nunca quise contarte nada, exacto— Rio—Hazme sentir que puedo creer en ti. Si no es así, ya no podré seguir.
Y al fin, Haruka extendió sus brazos para que Michiru pudiera darle un abrazo.
Michiru se aferró a Haruka con toda la fuerza que tenía— Sé que, por lo menos, debería olvidar lo amable que eras. Pero te extraño tanto.
Haruka le acarició el cabello y la sostuvo mientras lloraba. Sabía que Michiru lo necesitaba, para que fuera una última vez— Lo sé, mi amor. Yo también te extraño. Pero no te rindas, no te debes dejar vencer por el dolor. Debes encontrar la fuerza para seguir adelante.
Michiru asintió con la cabeza, sintiéndose renovada y fortalecida por las palabras de Haruka. Sabía que no sería fácil, pero se esforzaría por vivir una vida plena y significativa en honor a su amor perdido.
Cuando abrió los ojos, su frente estaba empapada de sudor. Sus respiraciones eran largas y cortadas, y parecía haber despertado de un letárgico sueño. Seguramente, así había sido.
Tal y como se lo había prometido a Haruka, Michiru iba a limpiar el sudor de su frente, y se juraba a sí misma, que, con sus propias manos, iba a terminar con todo ello ese mismo día.
Sin pensarlo mucho, y tampoco sin arreglarse, Michiru tomó una de sus chaquetas. Y a pesar de que estaba el pleno calor del verano, se subió, por primera vez en meses, al auto de Haruka. Aquel Ferrari amarillo que tanto le fascinaba a su amada.
Al prender la radio, la canción favorita de Haruka pasaba en la estación. Tantas veces le había hecho daño oírla… y ahora le emocionaba.
Cuando llegó al apartamento de Mina, no espero encontrarlo en tan mal estado… y a ella tampoco.
Pero, tampoco esperó que, al verla ahí enfrente, esta le diera un abrazo tan cariñoso.
—
Durante todo el tiempo que había perdido, muchas cosas habían cambiado. El mundo no se detenía en lo absoluto.
Por ejemplo, que no había sido solo Setsuna quien se había alejado de todo su grupo de amigos. Rei también lo había hecho, incapaz de soportar lo que había pasado aquella noche.
—Sé que tarde o temprano nos volverá a hablar, y todos podremos reírnos de estas situaciones, no tienes nada de que preocuparte, Michiru— Hablaba Mina con naturalidad, mientras le ayudaba a guardar toda su ropa en cajas.
—Claro. Además, ya te lo dijimos, ese año Haruka no hizo nada relevante. No tenemos por qué recordarlo.
Pero Haruka quería que ella supiera qué había pasado ese año.
Mako, que había retomado el gusto de regresar a su país por vacaciones, también estaba ahí, ayudando a guardar cajas.
—¿Estás segura de esto? Irte tan lejos… Es muy repentino, y te lo digo por experiencia.
Michiru se sentía menos angustiada, al ver la preocupación de sus amigas por saber que ella estaría bien.
—No te preocupes. No es repentino. Kousei me había ofrecido esto desde meses atrás, es solo que acepté hasta ahora. Me quedaré en su casa un tiempo, en lo que consigo algo por ahí, por lo que no estaré sola.
Aun así, Mina no estaba convencida.
—No estoy segura. Voy a extrañarte mucho.
Michiru asintió. Ella también iba a extrañarla. Pero, si quería cumplir un sueño, debía juntar las piezas necesarias para cambiarlas por su deseo.
No sería capaz de salir adelante, si seguía viviendo en el departamento de Haruka. Ese lugar estaba destinado a ser nada más que una residencia pasajera, en lugar de un hogar.
—Sabes que siempre podrás venir a visitarme. Es solo un vuelo de distancia.
Al limpiar el último cajón de la repisa, Michiru encontró algo que hubiera deseado jamás volver a ver.
"¡Entrevista con Darien Chiba! ¡Reconocido y atractivo médico soltero! ¡Descubre la realidad de su matrimonio en la página 16!"
Había vivido tantos momentos felices en todo ese tiempo, que olvidó por completo el dolor de la tristeza.
En sus ojos apareció algo que nunca había aparecido en su rostro. Ira.
Incluso cuando las había recibido por primera vez, Michiru siempre tenía presente todos esos momentos donde fue feliz al lado de Darien. En algún punto de su vida, había jurado amor eterno a él.
Sin embargo, todo eso había terminado. Ella le había entregado su alma, y Darien lo había echado a perder.
—Voy a salir. Vuelvo en un rato— Dijo, tomando la revista con fuerza en sus manos, y caminando a la salida.
Maldecía el nombre de quien estaba detrás de todo eso.
Maldecía el nombre de Darien Chiba.
—
Michiru no era fan de los titiriteros. En general, desde que era pequeña, le habían dado escalofríos. El miedo de ser controlado por alguien más, sin voluntad propia, era horripilante.
Aunque, al final, pareciera que se hubiera caído en ese juego. En ese momento, Michiru tenía el miedo persistente de que alguien estaba moviendo los hilos de su destino.
Hacía un par de meses atrás, todavía llegaba a sentir nostalgia por el lugar al que tanto tiempo llamó hogar. Ahora le arremolinaba el enojo y la ira creciendo en su interior.
Hubiera deseado jamás tener que volver a verlo. Pero era necesario, tenía que cerrar ese ciclo para siempre, y no podía existir una mejor manera.
Con un fuerte golpe, Michiru abrió la puerta de la casa. Le importaba un bledo todo lo que los empleados pudieran decirle, o si estaba el mismísimo presidente en la sala.
Claro, ella sabía perfectamente bien por quién era que le querían impedir la entrada. Pero si llegaba a estar esa tal Usagi ahí mismo, sería mucho mejor.
Ambos le habían enseñado lo que era el odio, a odiarlos. Y no podían quedarse tan campantes.
Para su desgracia, solo era Darien quien estaba sentado en el sofá, con una copa de whisky en la mano, claramente desmejorado. Pero a Michiru no le podía importar menos el estado actual de Darien.
Al voltear a verla, Darien le sonrió sarcásticamente— ¡Vaya! Pero si el centro de mis pesadillas decidió aparecer al fin, ¿Ahora qué es lo que quieres?
—¿Qué fue lo que hicimos para que condenaras nuestro mundo? ¿Crees que eres el cazador y la presa? Se que provocaste el accidente de Haruka.
Darien frunció el ceño y rodó los ojos, antes de darle otro trago a su whisky— No tengo ni idea de lo que estás hablando.
—Si lo sabes— Michiru entrecerró los ojos, conteniendo su rabia— Recuerdo perfectamente tu amenaza. Ayrton Senna, ¿No? Qué casualidad… ¡Habla!
—No tienes ninguna prueba. Ni siquiera de que tuvimos una conversación— Darien se mofó— En todo caso, habla con esa niña abogada que tienes, y demándame. Eres muy buena en eso.
—Tú y yo sabemos cuál es la verdad. Así que dime, ¡Ahora!
—Vaya, siempre supe que eras dramática, Michiru. Pero esto es un nuevo nivel, incluso para ti.
—¡Cállate!— Gritó, enrojecida del coraje— ¡No tienes derecho a burlarte de mí! ¡No después de sembrar esta anarquía y todo lo que conlleva! ¡No después de todo lo que me has hecho!
Darien se encogió de hombros— No solo me culpes a mí, Michiru. Tú también tienes la misma culpa que tengo. Aunque te cueste admitirlo.
—¿Yo? ¡¿Yo tengo la culpa!?
—Si tan solo no me hubieras engañado…
—¡Mira quien lo dice! ¡Tú me engañabas desde hace más de tres años!
Darien sonrió, recordando esos dulces momentos— Si me hubieras hablado con la verdad.
—Tú jamás me hubieras dado el divorcio, Darien. Si lo hubieras querido, lo hubieras hecho desde que conociste a tu amante, Usagi— En aquel nombre, escupía todo el veneno que guardaba en su interior.
—Esa mujer por la que tanto me desprecias, me ha enseñado lo que es verdaderamente el amor.
Michiru quería reírse— No, Darien. Tú no tienes ni idea de lo que es amar. No lo sabes desde qué vives con la noticia de los hijos que nunca tuvimos. No comprendes ese concepto. Yo no quería amar a Haruka, ¡No fue algo que planeé! Pero tú, Darien. Tú me enseñaste a odiarte.
—La verdad duele, Michiru— Darien tenía una sonrisa sarcástica en la cara— Parece que eres muy buena para hacer daño a los demás, pero no tan buena para aguantar el tuyo.
—Vas a caer, Darien. Recuerda mis palabras. Te vas a arrepentir de todo— Susurró— No puedo creer que alguna vez me enamoré de una persona tan egoísta y cruel.
—¿Eso es una amenaza?— Los ojos de Darien se oscurecieron, molestándose.
—Sí, lo es.
Y antes de que Darien pudiera soltar cualquier cosa, Michiru caminó hacia la puerta, y se fue. Marcando de inmediato al número de Mina.
"Micchi, ¿Dónde estás? ¿Sabes? No tenemos ni idea de si te vas a llevar los cascos de Haruka y queremos saber si…"
—Pon a uno de tus malditos abogados al frente de mis acciones en los hospitales Chiba, y que saquen a Darien de ahí, ¡Ya!
—
Michiru se sentía realizada mientras tocaba en el concierto de Viena. Había trabajado duro durante meses para ese momento. Su trabajo al lado de Kousei había obtenido sus frutos, y su carrera como solista empezaba a sobresalir.
Las primeras noches habían sido muy complicadas para ella. Tan acostumbrada a dormir con alguien al lado, la cama era demasiado grande para ella. La almohada y ella no se podían mentir.
Pero con el tiempo, esa sensación se iba desvaneciendo. Tal y como había pasado con el miedo a los grandes escenarios.
Su música era tan única, que se salía totalmente de las partituras. Que su violín fuera un stradivarius, había ayudado mucho a crear nuevos sonidos, a envolver hasta al público más crítico.
A veces estaba bien salirse de la rutina. Explorar nuevos límites, para conocer el alcance de la misma música.
O aunque sea, a Michiru le gustaba pensar que a Haruka le gustaría eso. Que así lograba que se quedara junto a ella.
Su actuación había sido perfecta, y la multitud le había respondido con una ovación de pie. Mientras bajaba del escenario, no podía evitar sentirse totalmente satisfecha con ella misma.
Y cansada también.
Al llegar a su camerino, al fin pudo relajarse, y empezar a quitarse todos los ostentosos adornos que tenía. En eso, tocaron a su puerta, era su asistente.
—Disculpe señora Kaioh. Pero hay una chica de cabello rubio que insiste demasiado en hablar con usted.
Michiru alzó una ceja. ¿Una chica de cabello rubio? Solo podía ser Mina. Aunque era raro que no le hubiera escrito desde antes.
Después de todo, Mina ya había dicho que iba a visitarla en esos días.
—Déjala pasar, no pasa nada.
Su asistente cerró la puerta, asintiendo. En unos segundos la puerta se volvió a abrir.
—¿Por qué no me dijiste que llegarías hoy? Te hubiera preparado un palco especial.
—Lo siento, no soy la persona que piensa.
Aquella voz aguda hizo que todos sus sentidos se pusieran en alerta, e impulsivamente, girara la silla para ver a la puerta.
Era la primera vez que veía a esa persona de frente, y no pudo evitar dejar caer el arete que tenía en la mano.
—Usagi Tsukino.
Michiru pensó en las múltiples sensaciones que había pensado que sentiría, el día que conociera a la amante de Darien en persona. Ira, Coraje, Enojo, Tristeza, Depresión. Inseguridad.
¿Qué tendría esa chica que le había quitado a su marido tan fácil? Sabía que su juventud había sido una de las razones. Pero, ¿Habría algo más?
Ahora que la tenía de frente, no podía sentir nada más que indiferencia.
Siendo honesta, la chica era muy linda, su piel estaba muy bien cuidada, y su cabello largo, amarrado en dos coletas, la hacía resaltar.
—¿Se puede saber qué es lo que…?
—¡Lo siento tanto! ¡Por favor! ¡Perdóneme!
Michiru se quedó de piedra, al ver a la chica arrodillarse a sus pies, a la luz de la luna, gritando, pidiendo su perdón.
—
Usagi siempre supo que lo que hacía estaba mal.
Pero, ¿Alguien podía culparla? ¡Ella solo era una chica que se había enamorado! Se había enamorado del hombre incorrecto, era cierto, ¡Pero su amor era real!
Cuando entró a los hospitales Chiba, jamás se le pasó por la cabeza, que todo eso pasaría. Ella era apenas una enfermera con unos años de experiencia, recomendada por el pequeño hospital en el que había empezado su carrera.
¿Qué iba a saber que el Doctor Chiba podía ser un hombre tan misterioso y atractivo?
Además, salir con alguien mayor a ella por unos años tampoco era el fin del mundo. No sería la primera, ni la última mujer en hacerlo.
Lo que ella sentía por Darien, era amor verdadero. Y sabía perfectamente que era correspondido.
Si tan solo se hubieran conocido un par de años antes, Darien jamás se hubiera casado con su esposa. O al menos, eso era lo que le juraba.
Usagi siempre había carecido de todo talento y gracia que pudiera caracterizar a una mujer aristocrática. Pero era justamente eso lo que parecía encantar al doctor Chiba.
Claro que sentía un poco de remordimiento cada vez que Darien la invitaba a un restaurante, en donde normalmente iba con su mujer. ¡Pero Darien siempre era tan atento con ella!
Además, Darien le había contado lo horrible de su matrimonio. Esa mujer, simplemente, no podía ser la esposa de su príncipe.
Alguien tan seria, aburrida, y desinteresada de la vida, como la contaba Darien, simplemente no podía ser su mujer. Michiru Kaioh era una mujer demasiado en su mundo, plana y gris, que entendía perfectamente por qué Darien se alejaba de ella.
Y claro que sabía que estaba mal que, cuando compró el libro de la autobiografía de su novio, hubiera tachado todas las veces que aparecía el nombre de "Michiru", para reemplazarlo con el suyo. Pero, ¡Hey! Ella se merecía más estar en ese libro que la verdadera esposa.
Si Darien había vuelto a sonreír, era en gran parte por ella. Aunque claro, ella jamás buscaría reconocimiento por ello.
Cuando Darien le había propuesto tener una relación un tanto más seria, fuera de lo profesional, Usagi no había pensado mucho en ello. Claro que había aceptado.
Sus padres estarían muy decepcionados si se enteraran de que, la persona que le robaba los suspiros, en realidad estaba casado, claro. Pero esa otra razón por la cual, ellos no tenían que enterarse de nada.
Darien le había prometido que pronto encontraría una manera para poder divorciarse de su mujer. Y Usagi tenía la plena confianza de que ese día llegaría.
Además, la adrenalina de sentir que estaba haciendo algo prohibido le daba una razón adicional para vivir, y Darien sabía cómo mantenerla contenta con lujos, detalles y salidas. Entre esa relación secreta y una relación abierta al mundo exterior, Usagi ni siquiera notaba la diferencia.
Jamás había sentido remordimiento por lo que pudiera sentir la esposa de Darien. Debería estarle agradecida porque su marido era tan feliz. O al menos, eso era lo que decía Darien. Al final de cuentas, incluso si la gente pudiera decir que ella era la segunda mujer de su novio, sabía perfectamente que era la primera que estaba en su corazón.
Había pasado tantos años siendo la segunda mujer de Darien, que ya estaba totalmente acostumbrada a ello.
Hasta que entonces, su novio empezó a tomar acciones.
Jamás se le había ocurrido que Darien pudiera ceder a su capricho de ir a aquella fiesta. La misma fiesta en donde estaría su mujer.
¿Cómo sería? Darien decía que ni siquiera era hermosa físicamente. Y Usagi, por muchos esfuerzos que hacía, no podía encontrar una foto de ella. Darien no guardaba ninguna foto en su despacho, y la mujer no parecía muy devota a la idea de salir en las revistas de farándula.
Aunque su curiosidad tuvo que esperar. Michiru ni siquiera había soportado la fiesta entera al lado de su marido. Eso era lamentable. Había excusado cansancio, y se acababa de retirar justo en el momento en que había llegado.
Su encuentro tendría que esperar.
—Vendrás a vivir conmigo mañana. Empaca tus cosas— Le dijo Darien una mañana.
Su rostro estaba serio, sin expresión. No parecía estar especialmente feliz por la noticia. Mientras que Usagi rebosaba de felicidad.
—¡¿Cómo dices!?
—Que de ahora en adelante, tú y yo no tenemos que ocultarnos de nada. ¿No era eso lo que querías?
Y claro que sí, eso era lo que Usagi había soñado toda su vida. Vivir al lado del hombre que amaba, formar una familia, ser feliz…
Pero, Darien empezó a actuar muy extraño. De una manera especialmente inusual para él.
Usagi siempre había sido una mujer independiente, desde pequeña. Venir de una familia carente de lujos, y ser la mayor, había influido fuertemente en ello.
Recoger la ropa sucia de donde la encontrara, le parecía un concepto básico para la vida.
No podía entender que su novio estuviera tan molesto de que ella ayudara en las labores domésticas de la casa.
—Para eso está la mucama. Tú no te esfuerces por absolutamente nada.
—Pero, si no quieres que haga labores domésticas, ¿Qué quieres que haga entonces?
Darien se tocó el puente de la nariz— Dios mío, no me recuerdes a como era Michiru. ¿No tienes casos del hospital que atender?
Michiru… ¿Se estaba pareciendo a ella?
Además, su novio cada día le quitaba más casos bajo la excusa de que no debía esforzarse.
—
Michiru la miró con el ceño fruncido y desprecio. ¿Cómo se podía atrever a hacerle todo ese espectáculo?
—¿Qué dices?
—¡Era una tonta! ¡No puedo cargar más con la culpa! Lo siento tanto… Jamás quise que todo esto pasara… ¡Yo solo estaba enamorada!
Michiru no podía creer lo que estaba oyendo.
—¿Cómo te atreves?— La tomó de los brazos, obligándola a levantarse— ¡¿Tienes una idea de todo el daño que me hiciste!?
Usagi era totalmente consciente de ese dolor. Porque a ella también le quemaba.
—Lo sé— Susurró— Es por eso que estoy aquí, sin el permiso de Darien. Necesitaba verte en persona, decirte que lo siento. Yo pude detener a Darien de su plan y…
—¿Plan? ¿Qué plan?
—
Usagi se había dado cuenta de que su sueño, rápidamente, se había convertido en una pesadilla.
Lentamente, el nombre de Michiru Kaioh empezó a meterse en lo más profundo de su mente.
Aquella mujer a la que había visto como un demonio… empezaba a tener empatía por ella.
Darien no era el marido perfecto que ella había pensado. Seguía perdidamente enamorada de él, era cierto, pero… No le gustaba… su forma de vivir.
No sabía exactamente dónde había quedado aquel Darien listo, atento, inteligente y misterioso a quien siempre había admirado. Ahora, solo quedaba una ligera sombra de ese recuerdo.
Había pensado que, cuando se mudaran a su nueva casa, Darien y ella empezarían una nueva vida, juntos. Pero Darien no estaba especialmente cooperativo en ello.
Usagi estaba bien con eso de cambiar el 'status Quo'. ¡Pero no con dejarlo ir para siempre! Lo que antes parecía extraño, ahora se había vuelto habitual.
Desde que Michiru lo había dejado, Darien se había convertido en alguien irreconocible. Ya no era el hombre dulce y cariñoso que había conocido, ahora se pasaba los días bebiendo y fumando, obsesionado con su ex.
Ahora su mundo estaba siendo destruido.
Cada vez que Usagi intentaba acercarse a él, recibía un trato frío y distante. Él la hacía sentir como si fuera una molestia, una carga en su vida ya complicada. Incluso había comenzado a tratarla mal, a veces incluso de manera cruel, como si ella fuera la responsable de su dolor.
Había llegado al punto en que Usagi no podía soportarlo más. Había renunciado a su puesto como jefa de enfermeras del hospital, ya que Darien la había hecho sentir incompetente y sin valor. Ahora se encontraba en la sala de descanso, sola y pensativa.
¿Era así como se había sentido Michiru? Le estaba haciendo lo mismo que a ella…
—¿Qué es lo que pasa?—Preguntó, viendo que Darien ni siquiera se había molestado en voltear a verla.
Su oficina, a la que se había acostumbrado a ver ordenada, era un total y absoluto desastre. Los papeles estaban por ningún lado, la botella de whisky estaba medio vacía, y Darien solo observaba fijamente a una pantalla.
—Al fin regresó. Michiru regresó.
Verlo de esa manera… Parecía un psicópata.
—Mi amor, no hagas esto de nuevo, por favor…
Usagi intentó tomarlo de los hombros, que desviara su atención, que solo se concentrara en ella. Pero no era posible. Darien se concentraba fijamente en la pantalla de su oficina.
La primera vez que Usagi había visto a Michiru Kaioh desde tan cerca, había sido detrás de una televisión.
Y no se parecía en nada a la mujer que su novio le había jurado que era.
Hermosa, atractiva, tenía una sonrisa radiante, y parecía estar disfrutando de la preciosa carrera que se disputaba en ese momento. Sus ojos brillaban de una manera tan especial…
A Diferencia de Darien, que se había olvidado de todo, y que ahora era capaz de hasta descuidar su trabajo, Michiru parecía ser una persona llena de vida.
Ese día, Usagi supo que su novio tramaba algo malo.
—
Michiru estaba en shock absoluto. Usagi no había podido calmarse en su totalidad, pero sí lo suficiente como para poderse sentar y poder tomar un café. El frío en Viena era fuerte. En especial en esa época.
—Yo… Yo lo sabía. Pero, ¿Qué podía hacer? No podía moverme en lo absoluto.
—¿Sabías qué?
—
Un día, Darien le dijo que haría un viaje.
—¿Nos iremos a otro país?— Los ojos de Usagi se iluminaron. ¡Un viaje era lo que necesitaban para restablecer su relación!
Pero Darien solo le dio un beso en su frente— No. Yo haré un viaje.
Usagi bajó los hombros, decepcionada— Ah. Y, ¿A dónde vas?
—Italia— Sonrió— Tengo que hacer un par de… negocios por allá.
¿Negocios? ¿Qué clase de negocios podría tener su novio allá?
Entonces, una idea pasó por su mente.
—¿No es en Italia la última carrera del campeonato que compite la novia de tu ex?
—¡Justamente!— Cuando Darien reía de esa forma, Usagi sentía escalofríos— Tengo que hacer un par de tratos por ahí. Alguien tenía que aprender la lección.
Usagi no había entendido el poder de esas palabras en un inicio. Algo le decía que nada bueno podía salir de ahí.
Una parte de ella, incluso, le gritaba porque le advirtiera a alguien sobre sus miedos. Sin embargo, ella no podía moverse en lo absoluto.
Pero, lo que vivió días después, era demasiado.
Primero, era la noticia de que había ocurrido un accidente en esa última carrera. Luego, las agravantes noticias sobre el estado de salud de Haruka Tenoh. La misteriosa llegada de Setsuna Meioh a Japón, junto con ese extraño nombramiento como jefa general del centro de investigación en Hokkaido.
Todos esos extraños meses donde Darien había actuado tan extraño, tan distante… Hasta que tuvo el valor para preguntar lo que tanto sospechaba.
—Sí, Usagi. Yo pagué para que ese accidente sucediera. Y gaste una buena cantidad, asó que me alegro de que no fuera solo un accidente mínimo.
Si tan solo le hubiera sido posible caer de rodillas, Usagi lo hubiera hecho. Pero no podía. Caer ante Darien era peor que caer ante la mismísima muerte.
—¿Cómo pudiste?
—Era lo que debía hacer. Se lo tienen bien merecido.
—¿Cómo puedes decir eso? ¡Mira a la Doctora Meioh, Darien! Hiciste que renunciara a su amiga, la llenaste de inseguridades. ¡Mira cómo está ahora!
Desde la elegante oficina, se podía apreciar a la mujer de cabello verde, observando una pantalla. Al parecer, se estaba festejando a un nuevo campeón mundial de F1. Un chico de Mercedes.
Setsuna Meioh no había sido la misma desde aquella noche. Parecía que los gritos de un amor prohibido todavía resonaban en su cabeza.
—¿Es que acaso todos somos un trampolín para que recuperes tu trono? ¿Qué es lo que planeas?
—Recuperar lo que es mío, ¡Por supuesto!— Exclamó— La tonta de Michiru me ha quitado todo lo que me importa. Es hora de recuperarla.
¿Todo lo que le importaba? ¿Eso quería decir que ella no valía nada para Darien?
Era todo una terrible catástrofe, interpretada por la sinfonía de Darien. La obra de arte más aterradora que había visto.
Esta vez era suficiente. No podía quedarse de brazos cruzados.
—
—Vete de aquí— Fueron las únicas palabras que Michiru pudo decir. Sin siquiera poderla mirar a los ojos.
—Por favor, Michiru, yo no…
—¡Qué te vayas!— Gritó, con todo el dolor que podía existir en su corazón. No podía creer lo que estaba escuchando. No podía creer la confesión que se presentaba ante ella.
—¡Por favor! No puedo cargar con esta culpa, ¡No puedo dormir en las noches! Sé que he cometido muchos errores en mi vida, que te he hecho la vida miserable, ¡Pero necesito tu perdón!
Michiru se limpió las lágrimas en sus ojos, para poder ver a Usagi. —¿Mi perdón? ¿Cómo supones que puedo perdonarte por eso? ¡Haruka no está a mi lado por su culpa! ¡El dolor llenó mi corazón y es su culpa!
—¡Por eso es que vine hasta aquí! Vine a escondidas de Darien, ¡Pero es porque voy a abandonarlo! He intentado hacer las cosas bien, por favor, Michiru, perdóname.
—Tal vez no fuiste la de la idea. Pero sí fuiste cómplice. Lo sabías todo, y callaste. ¡Callaste por tanto tiempo! ¿¡Dónde estabas cuando las autoridades investigaron el accidente de Haruka?! ¿¡Por qué no hablaste con la FIA en ese entonces!?
Usagi se sintió tan impotente en ese momento. Había venido a buscar la ayuda de Michiru, pero, en cambio, se encontró con su ira y su desprecio. Sabía que lo que había hecho era imperdonable, pero no podía soportar el hecho de que Michiru la tratara así.
—¡Por favor! Tú sabes cómo es Darien, ¡Es como una carta a muerte! No puedo soportar, vivir con esta culpa el resto de mi vida.
—Lo único que puedes hacer es irte. No quiero volver a verte nunca más. —La voz de Michiru era totalmente fría, carente de escrúpulos — Deja de hacerte la víctima y enfrenta las consecuencias de tus acciones. Darien y tú merecen estar en la cárcel por lo que hicieron.
La cárcel… verdaderamente, eso era lo que se merecían.
Usagi se levantó del sillón, y camino a la puerta, con los ojos llenos de lágrimas.
Pero no tantas como las que guardaba Michiru, una vez que se cerró la puerta.
—¡Haruka!
—
Cuando Michiru había donado su dinero para la fundación de los hospitales Chiba, Darien le había regalado un pequeño paquete de acciones que había quedado a su cargo.
Eso, sumado a todas las acciones que había ganado por las demandas de divorcio, y el uso indebido de sus bienes, habían terminado muy mal para el hombre de cabello azabache.
Hasta hace poco tiempo, Darien Chiba poseía el 80% de todas las acciones del hospital, mientras que el 10% estaba dividido entre los tres hermanos Kou y el resto pertenecía a accionistas minoritarios.
Ahora, con la repartición de bienes, Michiru tenía el 50% de todas acciones del hospital. Una acción más, sería suficiente para que Michiru tuviera la mayoría absoluta.
Aquella junta de consejo estaba siendo feroz. Darien luchaba con uñas y dientes su puesto, pero no podía defenderse.
No, teniendo la minoría de las acciones.
—Estos números no son satisfactorios para mi cliente.
—Si su cliente estuviera interesado en lo más mínimo en este hospital, estaría aquí. Pero, ¿Dónde está? Nadie lo sabe.
—Eso no le incumbe, doctor Chiba— El abogado era totalmente inexpresivo— Yo estoy aquí en representación de ella, y para la protección de sus bienes. Y los números que me presenta, son simplemente lamentables.
—Los hospitales Mizuno nos han superado en todo, hemos perdido el estatus y la calidad. No hay ideas para poder combatir contra ellos— Yaten soltó un comentario. Ahora, la mirada fulminante de Darien no podía hacerle nada.
—¿Qué es lo que sugieren entonces?— Preguntó el representante de todos los socios minoritarios— ¿Qué se puede hacer?
El abogado de Michiru entregó, discretamente, una carta a Darien.
Era una carta de retiro anticipado.
—Creo que es hora de que nuevas generaciones ocupen los cargos importantes de este hospital. Sangre fresca, ideas innovadoras.
Darien empezó a sudar frío, ¿Cómo podían atreverse a ofrecer tal cosa?
—¡Jamás! ¡Yo no voy a dejar de ser el director general!
—¿Por qué no lo sometemos a votación? Levante la mano los que deseamos el retiro anticipado del doctor Chiba.
Evidentemente, el abogado de Michiru levantó la mano.
El representante de los socios minoritarios también lo hizo.
Desesperado, Darien volteó a ver a los hermanos Kou. Sus amigos. Él les había dado esas acciones por la misma amistad, no podían traicionarlo.
—Lo siento, Darien. Pero hace tiempo que pienso lo mismo. Es momento de cambios— Y Yaten levantó la mano.
—Taiki…
Taiki negó con la cabeza— Hace mucho tiempo que este hospital dejo de importarte. Todos aquí lo vimos. Lo único que te importaba era Michiru, y Michiru. Esto podría ayudarte, amigo. Despejar tu cabeza, ver nuevos horizontes, ¿Y quién dice que no? Tal vez puedas regresar algún día. No de director, pero como el excelente cirujano que eres, sí.
Y Taiki levantó la mano.
Darien volteó a ver a Seiya. Seiya y él eran mejores amigos. Si uno de los hermanos Kou no estaba de acuerdo, nada de eso se haría. Era por eso que ponerse de acuerdo era tan difícil. Podría impugnar la decisión y…
—¿Recuerdas ese día que descubriste el engaño de tu mujer? Ese día, tu amigo te ayudó, y solo esperaba que fuera recíproco. Pero eso nunca pasó. Esperé mucho tiempo por esta venganza, amigo.
Y Seiya también levantó la mano.
—No… Ustedes no pueden hacerme esto, ¡Yo soy el dueño de este lugar! No lo acepto y…
—No puede hacer eso, Doctor Chiba. Somos mayoría, firme su renuncia, por favor.
Pero Darien no quería irse de esa forma, no podía. Tomó a Seiya de la bata de doctor, dispuesto a destruirlo.
—¡¿Por qué!?
—Porque, Darien, estamos cansados. Años tuvimos que aguantar tus abusos, tus gritos, y que el crédito fuera para ti. Esos días terminaron. Tu reinado se terminó. No vamos a soportarlo más, así que llévate tu tiranía de aquí.
Por primera vez en, tal vez, toda su vida, Darien Chiba se sintió derrotado.
Nadie dentro del complejo, sabía lo que había pasado en esa junta de consejo. Mientras Darien caminaba por los pasillos, la gente seguía viéndolo como su jefe.
Pero Darien ya había firmado la renuncia voluntaria. A su edad, estaba completamente acabado. Terminado.
Su carrera iría en picada, y pronto todo el mundo le olvidaría. Sus descubrimientos serían superados, y no sería nada más que un nombre en los libros de medicina.
Y todo era culpa de Michiru.
Estaba por llegar a la salida, derecho al estacionamiento, cuando ellos le detuvieron.
—¡Oh! Miren, aquí está— Escucho decir a una de sus enfermeras… O antiguas enfermeras— Doctor Chiba, estos hombres quieren hablar con usted.
Darien no tenía humor para atender a ninguna persona. Pensaba en rechazarlos, cuando noto que eran la policía.
—¿Qué es o que desean ahora?— Preguntó tajantemente.
—Darien Chiba. Queda arrestado por los delitos de Fraude Deportivo, Sobornos, Corrupción y lesiones graves.
Darien palideció por primera vez en su vida, preso del pánico.
No podían hacerle eso, no enfrente de toda su gente.
—Debe ser un error. No tiene ninguna prueba de lo que dice.
Pero los policías no querían hablar mucho. Simplemente, y enfrente de todos, lo esposaron, para llevarlo directo a la patrulla.
Darien estaba en shock. No podía creer que su carrera, su vida, y su reputación se estuvieran demorando de esa manera.
¿Quién podría haber hablado? Ninguno de los idiotas del fraude soltaría palabra, porque ellos mismos saldrían embarrados del asunto, la FIA había cerrado el caso tras la culpabilidad de Matia, y la disolución del contrato entre Haas y Porsche. No había comentado sus planes con nadie, era imposible…
Cuando entro en la patrulla, se dio cuenta de que no estaba solo. Había una persona de cabellos rubios, cuál oro, y sonrisa radiante, que le acompañaba.
Una mujer que él conocía muy bien.
—Hola, mi amor.
—
Hacía muchos años, Michiru había visitado ese sitio.
En ese entonces, iba acompañada de la persona a la que más había amado en ese mundo.
El Hotel Lungarno de Florencia, era, como era de esperarse, el hotel más lujoso en la ciudad.
No sabía exactamente como había encontrado las fuerzas para poder volver a pisar ese lugar. Incluso, tener el valor para pedir la misma habitación en donde se había hospedado en ese entonces.
Lo atribuía al paso de los años. Ese dolor jamás desaparecería, pero iba atenuándose, hasta volverse algo habitual. Era el momento, tenía que recordar.
Cuando Michiru se sentó en la cama, no podía evitar pensar en su amor perdido. Todos los besos que se había imaginado, todas esas aventuras, esa vida, había regresado al lugar donde crecieron.
Una propuesta de matrimonio en Florencia, era lo que había iniciado todo. Era momento de terminarlo.
Había decisiones que marcaban la vida, que parten una historia en dos. Y cuando uno se encontraba con esos momentos, en la vida, en donde las posibilidades parecen estar tan lejos la una de la otra, es imposible que uno no se detuviera a reflexionar, ¿Qué hubiera pasado si elegía el otro camino?
Durante toda su vida, Michiru había tenido que tomar muchas decisiones fundamentales. Su carrera, o la vida que Darien le había proporcionado. Darien, o la felicidad y aventura que vivió al lado de Haruka.
Mientras visitaba la Puerta del Paraíso, no podía evitar pensar en ello. Querer una vida tranquila o emocionante, ser independiente o no, quedarse sumida en la tristeza y desgracia de su pérdida o salir adelante.
Tener que elegir el destino de la vida de la persona que más amaba.
Con 49 años, Michiru era la violinista de música clásica más famosa del momento.
Su música resonaba dentro de todos los eventos más importantes. Era la nueva forma de ver algo tan aburrido y monótono. Tampoco pensaba detenerse ahí.
La escuela de música que había fundado, estaba rindiendo sus frutos. Cuando el tiempo y la agenda se lo permitían, adoraba ir y enseñar a los alumnos, algo que siempre había anhelado. Porque, al final de cuentas, no podía evitar preocuparse por ellos.
Cuando la noche había llegado, Michiru no podía estar más contenta de pasar un buen rato con sus amigas. Mina, Mako, y tras un largo tiempo de superación, incluso Rei.
Todas estaban contentas de verse. Con el paso del tiempo, encontrarse era cada vez más complicado, coincidir no era fácil. Pero lo estaban sobrellevando. Michiru disfrutaba pasar el tiempo con sus amigas, que la llenaban de alegría todo el tiempo.
Cuando lograban juntarse todos sus amigos, como Kousei y Kaori, las fiestas se hacían todavía mejores. Jamás hubiera esperado que eso fuera posible.
Y sí, Michiru seguía siendo una mujer. Incluso, cuando disfrutaba del bello paisaje nocturno, en un café, al lado del ponte vecchio. La misma que había vivido el momento más feliz de su vida junto a una mujer que le había enseñado que, ni los años, ni las arrugas importan.
No sabía dónde se encontraba Haruka en ese momento. Quizás todavía estaba atada a esa cama y todo esto no era más que una ilusión de su mente. Tal vez, disfrutaba de ir a molestar a Darien a la prisión. Tal vez estaba en Texas, ganando su tercer campeonato del mundo con Ferrari. O tal vez estaba en un lugar mejor, esperando su reencuentro.
Pero, en esa noche, antes de irse a dormir, Michiru estaba genuinamente feliz. Porque lo único que realmente contaba, era el alma.
Besó, por última vez, la foto que tenía de Haruka, enmarcada, y a la que no dejaba ni a sol, ni a sombra. Era momento de dejar ir.
Michiru era ahora una mujer que estaba segura y confiada en que lo que le esperaba el resto de su vida, también podía ser el tiempo más maravilloso del mundo.
Con esa idea en mente, apagó la luz de la mesa de noche, y cerró los ojos.
Porque, al final. La soledad, no era lo mismo que estar sola.
