Disclaimer: Los personajes de Naruto y Boruto no me pertenecen. Hago uso de sus personajes con el fin de entretener.
Aclaraciones: Universo Alternativo. Modern Times.
Advertencias: Ligera escena insinuante.
Notas: Este trabajo fue inspirada por muchos proyectos, tales como: Buddy Daddies, el dorama coreano La Leyenda del Mar Azul y Entrenando a papá, así como otros más. Fuera de eso, la idea y situaciones sí son míos.
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Capítulo 2
Peso en el corazón
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Primero Himawari puso claras las cosas.
—No volveré a ese cuarto —señaló, segura de sí misma—. Huele horrible —recordó la pestilencia y ese hedor nauseabundo que por poco la hace toser, no dejándole otra opción que escapar.
Naruto miró a la niña ofendido de que alguien de ese tamaño viniera a decirle que su cuarto olía mal. ¿Buscaba pelea o qué? ¿No se daba cuenta de la situación en la cual se encontraba?
—Solo toma tu jugo —dijo Naruto, deslizando el pequeño cartón hacia ella, provocando que la menor frunciera sus cejitas.
—No, gracias —rechazó, regresando el jugo hacia la dirección del rubio—. Bebo jugo natural de naranja, esos jugos tienen mucho azúcar.
—¿Y no se supone que a los niños les gusta el azúcar?
—Me gustan los dulces, pero no la azúcar en grandes cantidades, todo tiende a darme muchas vueltas cuando consumo mucha azúcar. Mami dice que puede ser peligroso para mi salud —Himawari buscó entre las cosas de su mochila algo—. Aquí tengo una lista de todas las cosas a las que soy alérgica —se la pasó al rubio quien arqueó una ceja, viendo la actitud de la niña demasiado madura para su edad—. Puede leerla, no quisiera que me diera algo que me hiciera mal —luego observó el lugar, ignorando el gran desorden que aún no era limpiado—. Aunque dudo que haya algo que comer aquí —susurró.
—Para ser alguien que solo vino a empeorar las cosas, te estás tomando todo esto con demasiada calma.
Solo había pasado media hora desde que Menma se fue, dejándolos a ellos como los responsables de lidiar con la mocosa. Kawaki no dejaba de fruncir el ceño, manteniéndose al margen y sin querer involucrarse en los asuntos de Naruto. La mocosa se llamaba Himawari y algo, al parecer buscaba a Naruto porque éste era su padre o algo así, no tenía el contexto completo pero no iba preguntar. Solo quería que esa niña se fuera y los dejará en paz. El departamento de los gemelos no era un lugar para niños, hacían cosas peligrosas, misiones de alto riesgo. Tenerla ahí con ellos complicaría mucho las cosas.
Himawari observó al adolescente, notando de inmediato que no era bien recibida en el lugar. Ella quiso irse pero el hombre azabache, con una apariencia increíblemente parecida a quien llamaba papá —ahora diciéndole Uzumaki-san— la detuvo.
—El señor me dijo que me quedara —contestó, como si fuera lo más lógico—. Además pronto será de noche, no quiero andar sola en las calles —eso era súper peligroso, sobre todo para una niña como ella.
«Además necesito sacar dinero para conseguir el otro boleto a mi casa».
La tarjeta mágica que mamá le dio, solo para emergencias, aun descansaba en su llamativa cartera de gatitos. No planeaba usarla en la ciudad porque pensó que su plan sería un éxito.
Pero ahora estaba atrapada en esa casa, con gente que no la quería. Himawari estaba incómoda, quería irse, pero no quería desobedecer.
—Bien, entonces… —Naruto no sabía qué hacer con niños.
Cuando encontró a Kawaki y decidió traerlo a casa, como si fuera un cachorro abandonado, el chico ya tenía edad suficiente para entender cosas, entre ellas que tendría que hacerse cargo de sí mismo. Si bien le ayudaba, pero no actuaba como un padre amoroso, sino que era más bien una figura de hermano mayor; lo que nunca fue con Menma ya que éste siempre se mostró reacio a que él interviniera con sus asuntos y privacidad, alejándose demasiado de lo que un lazo fraternal entre gemelos significaba.
Pero ahora tenía a esa niña en su casa, sentada en la barra donde servía bebidas alcohólicas, pasándole una lista con cosas a las que era alérgica. ¿Camarones? ¿Crema de maní? ¿Loratadina? ¿Por qué mierda era tan larga esa lista? ¡Si la mocosa se veía bien! Nunca imaginó que alguien fuera tan enfermizo.
Empero, no tenía opción. Menma le ordenó que dejara a la niña quedarse, darle una habitación y comida. Punto. Y claro, que limpiara el lugar. Lo cual planeaba hacer, siempre y cuando la niña se quedara quieta en un lugar, no le estorbara y dejara de mirarle como si quisiera preguntar demasiadas cosas.
Era incómodo, molesto y confuso. Cuando Kawaki le despertó ese día él nunca imaginó que una situación tan loca se le viniera encima. ¿Él, padre de esa niña? ¡Por supuesto que no! Aunque tuvo sus aventuras íntimas con Hinata Hyuga —una mujer que procuraba dejar en el olvido, bien enterrada en el más oscuro rincón de su memoria—, eso no demostraba que era el padre de esa chiquilla. Que sí, se parecían, en especial por las marcas, toque distintivo entre él y su hermano, pero aun así ¡eso no demostraba nada!
—Vayamos a que duermas —lo mejor era darle una de las tantas habitaciones para que se quedara ahí en lo que Naruto se ocupaba de las tareas pendientes. Era obvio que no dormiría por andar limpiando todo, dejando el lugar organizado y reluciente de limpio como a Menma le gustaba.
Ese maldito paranoico de la limpieza.
—No tengo sueño —se quejó Himawari, viendo su reloj—. Apenas son las 7:00 —ni aun siendo días de escuela se iba a dormir a esa hora.
—No pregunté si tienes sueño —aclaró Naruto con una sonrisa forzada, intentando no explotar—. Ahora ven —quiso darle la mano para ayudarla a bajar del alto banco, pero ésta negó su ofrecimiento como una pequeña damita independiente.
—Gracias, pero puedo sola —dijo, tomando de su mochila y bajando de un solo salto—. Lo sigo, Uzumaki-san.
Él apretó los labios en una línea, desacostumbrado que alguien le llamara tan formalmente. Solía soportar a demás mocosos llamarle señor —pese a que todavía estaba en plena juventud— o viejo, este siendo más común de parte de Kawaki, pero nunca Uzumaki-san, especialmente con ese tonito de fría cortesía. ¿Qué pasaba con la mocosa? Momentos atrás, cuando recién se conocieron, ella le llamó papi, apuntándolo como la figura paterna que vino a buscar en todo aquel viaje que una niña tan determinada se propuso a hacer.
Pese a su edad y apariencia infantil, Naruto reconoció las agallas de ella.
«¡Que no es momento de halagos! Recuerda, Naruto, esta mocosa echará a perder tu vida si no haces algo».
—Kawaki, empieza a con las bolsas de allá —apuntó hasta el fondo de lugar, haciendo al adolescente bufar—. Yo me encargaré de… —miró a la niña, no recordando bien su nombre.
Ella infló las mejillas, ofendida.
—Himawari.
—Ah, sí —retomó la palabra—. Me encargaré de Himawari primero.
Avanzaron por el pasillo que anteriormente Himawari vio, descubriendo miles de cosas que le causaron curiosidad por tocar y preguntar qué eran, más Suigetsu-san le prohibió acercarse o siquiera pensar en tocar algo, teniendo que tomarle en brazos o ir detrás de ella por todos lados en aquel lugar que tenía la apariencia de un laberinto personal.
El lugar era grande, más que su casa en Konoha —su pueblo natal—. Pero estaba vacío. Además las paredes tenían pinturas raras y feas, parecían como rayones al azar que no significaban nada. Hacía frío y le fue imposible no abrigarse más, cerrando hasta el cuello el zíper de su chaqueta, preguntándose si podrían bajar el aire acondicionado, pero sabiendo que su visita no era grata, prefirió callarse.
—Aquí estamos —anunció Naruto al llegar una de las habitaciones desocupadas, las que no tenían nada peligroso que pudiera poner en riesgo a la niña. Sacó las llaves y abrió—. Puedes quedarte aquí, pero no toques nada —advirtió.
Himawari escuchó la puerta cerrarse, quedando sola en la enorme habitación. Era tan amplia que no sabía qué haría con tanto espacio.
—Oh —como si de pronto recordara algo de suma importancia, la niña sacó, apurada, el celular de sus bolsillos, viendo la hora—. Debo llamar a mami o comenzará a sospechar —se dijo, preocupada de que ésta hubiera contactado a sus tíos o éstos a ella. Sería problemático que descubriera donde estaba actualmente, seguramente la obligaría regresar al país y buscarla con desespero.
Fue hasta la cama, cayendo sobre el mullido colchón. Activó los datos y rogó para que el celular no mostrara un sinfín de llamadas o mensajes no leídos que eran de su madre. Suspiró con alivio cuando no fue así. Pronto su madre le llamaría por videocámara, debía fingir que estaba en lugar acordado para no levantar sospechas.
El celular comenzó a vibrar, era su mami.
—Hola, mami —saludó con una sonrisa, escabulléndose debajo de las colchas, refugiándose y de esa manera esconder la apariencia de la habitación que llamaría la atención de su madre.
—Hola, mi girasol —la voz dulce al otro lado de la mujer casi hace llorar a Himawari que tuvo que poner una sonrisa, diciéndose que mamá no debía descubrir nada y que cuando pudiera salir de esa casa iría directamente a Konoha—. ¿Ya estás en el campamento?
—Uhm —respondió, efusiva—. Lo estoy, ahora estoy con mis compañeras —dijo—. Pero están dormidas, todos llegamos cansados.
—Es de suponer —su madre pareció estar de acuerdo, mirándole a través de la cámara, notando la oscuridad rodear a la menor—. Está algo oscuro, ¿todo bien?
—Sí, solo me puse debajo de los cobertores —explicó—, no quise despertar a nadie.
—Eres una buena niña, Hima.
—¿Y-Y cómo te va a ti, mami? —cambió el tema rápidamente porque sabía muy bien que no era una buena niña o hija.
Estaba en Tokio, no en el campamento al cual le rogó a su madre que le enviara; no estaba con ninguna compañera, sino en casa del hombre a quien su madre no quería que conociera, razón por la cual no hablaba casi de él o se preocupara de explicarle los motivos del por qué no vivían juntos como cualquier otro matrimonio; si fuera una niña buena, ella no tendría que haberle mentido a sus tíos ni a su madre, como en esos momentos.
Himawari se sentía culpable.
—De maravilla —contestó Hinata al otro lado, sonriente de que su hija mostrara interés por su negocio—. Milán es hermoso, algún día te traeré para que lo veas tú misma.
—Uhm —la idea era genial y realmente quería ir de viaje con su mamá y Toneri-san.
Recordó al hombre de dulce sonrisa, ojos azules y cabello albino quien siempre acompañaba a su madre, incondicionalmente. Y quien, además, era el compañero de trabajo de su madre, así como actual pareja.
—¿Toneri-san está contigo?
—Tuvo que salir por un rato —respondió—. Pero no tardará. ¿Querías hablar con él?
—Ah, no… ¡Bueno, sí! Pero —no, no era buena idea alargar esa conversación. Por más que quisiera seguir hablando con su madre, debía colgar—. Tengo mucho sueño —fingió tallarse el ojo, bostezando—. Debo dormir ya, mami. Mañana iniciaremos con las actividades y no creo poder comunicarme mucho contigo, tendremos que dejar nuestros celulares con la directora del campamento. Es una regla.
Por un momento vio la mueca de su madre entristecerse pero después una pequeña sonrisa afloró en sus rosados labios.
—Entiendo, corazón —con ese tono maternal y exclusivo para Himawari, la mujer de ojos opalinos al otro lado de la pantalla entendió a su hija—. Diviértete entonces y disfruta mucho tus vacaciones. Cuando puedas comunicarte conmigo, no dudes en enviarme un mensaje, no importa la hora. ¿De acuerdo?
—Sí, mami.
—Y también no olvides enviarme los datos de tus instructoras y cualquier personal del campamento.
La sonrisa de Himawari se congeló. Olvidó esos detalles. ¿Dónde iba a conseguir eso? ¡Ni siquiera estaba en un campamento!
—Sí, mami, yo te envío todo eso. Ahora debo ir a dormir.
—Claro, lo siento, es solo que… —los ojos de su madre parecieron querer humedecerse—. Es la primera vez que nos separamos así, no estoy acostumbrada. Pero sé lo mucho que querías asistir a este campamento, así que no te preocupes y disfruta todo lo que quieras. Haz nuevos amigos y crea memorias, me muero de ganas por escuchar tus aventuras, Hima.
—Lo haré, mami —aunque los nervios la molestaban desde el estómago y ese peso plantarse en el pecho por estar mintiéndole abiertamente a su madre, Himawari sonrió—. Te contaré todo cuando nos veamos. Saluda mucho a Toneri-san. Los amo. Bye, bye.
Terminó la llamada, saliendo de entre las sábanas, suspirando con alivio, sintiendo el peso de todas las cosas aterrizar en su espalda, haciéndola sentir más pesada.
—¿Qué voy a hacer…? —se preguntó al darse la vuelta para quedar con la mirada fija en el techo de tonalidad blanca, lujoso y demasiado alto.
Era obvio que nada podría hacerse. Todo era desconocido, no tenía idea a dónde ir o cómo contactar a sus tíos sin que estos le reclamaran o adivinaran donde se encontraba.
Los tíos de Himawari eran los mejores amigos de su madre, siempre han estado ahí, desde que ella era un bebé. Los quería muchísimo, la hacían reír, le daban regalos, siempre la llevaban de paseos, tío Shino le enseñaba muchas cosas de los insectos cuando le acompañaba a su trabajo y tío Kiba le dejaba cargar los cachorros del refugio canino que fundó con Tamaki-san, la novia de éste.
Haberlos dejado en la central de autobuses, con la mayoría de sus pertenencias, sin palabra alguna, fue mucho. Apenas subió al autobús con el destino al que quería llegar Himawari les mandó un mensaje diciendo que todo estaba bien, que iría a Tokio a conocer a su padre y que volvería después de hacerlo.
Tal mensaje no aplacaría la preocupación o el enojo de sus tíos, pero al menos Himawari esperaba que estos estuvieran tranquilos de saber que no fue raptada o algo, sino que subió voluntariamente a otro bus.
Ya que era común ver a niños sin ser acompañados de sus padres viajar no le resultó complicado a Himawari moverse, mostrando su boleto, contando los minutos para llegar a Tokio, practicar lo que le diría a su padre cuando le viera por primera vez.
No obstante ahora solo era una mala memoria nacida de la decepción.
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La computadora notificó que una llamada se hizo desde el interior del departamento.
Menma terminó de secarse el cabello, abriendo la pestaña, notando por medio de las cámaras la pequeña figura de la niña meterse entre las sábanas, sin embargo, al no saber cómo apagar las luces volvió a bajarse, buscando el interruptor.
Hizo de lado aquel extraño sentimiento colarse en las entrañas y se enfocó mejor en estudiar la señal.
La niña tuvo un vídeollamada con alguien que estaba actualmente en Milán, Italia. No le extrañaba a Menma que pudiera tratarse de Hinata Hyuga, la mujer que en años pasados tuvo un impacto en su vida.
El tema de la basura en su departamento no le importaba mucho; antes sí, pero cuando vio esa niña, con esos ojos azules, marcas en las mejillas y cabello de un color único que solo había visto en una sola persona, todo pasó a segundo plan; incluso la furia que sentía hacia Naruto por ver, nuevamente, que otra vez ignoró deliberadamente sus indicaciones de mantener su lugar en completo orden.
Todo sobre la llegada de esa niña lo desconocía, pero mañana se encargaría de preguntarle a Naruto lo sucedido, sin que éste omitiera ningún detalle.
Decidió tomar asiento, anotando toda la información de la otra persona con la cual la niña contactó; datos como el hotel, dirección, número de cuarto y cualquier otra cosa quedaron registradas en su libreta de notas.
Estuvo tentado a contactarla, ésta era la primera vez que sabía su ubicación. Pudo haber hecho eso desde hace mucho tiempo, más Menma no encontró razones de por qué hacer tamaña idiotez. Hinata pidió tiempo para después alejarse en silencio, dejando en claro que no quería ser encontrada. Él respetó eso, mantendría aquella promesa hasta el final de los días. Pero se presentó esa niña y todo se fue al carajo.
Tenía un motivo para llamarle, decirle un: "Oye, tu hija está en mi casa. ¿Te importaría recogerla? Entorpece mi trabajo. Y no creo que quieras tenerla cerca de un par de asesinos" no sonaba para nada bien. Aunque era algo que su habitual yo diría. Pero no en esta ocasión.
Los días en que conoció a Hinata quedaron en el ayer, así como cualquier memoria de la personalidad de esa jovencita de mejillas rosadas, ojos felices y tímida sonrisa. Él se encargó de destruir esa imagen, dejando en su lugar la figura temblorosa, presa del llanto, de una chica destrozada. No sabía cómo reaccionaría si la contactaba y le contaba el paradero de su hija.
Una corazonada le decía que la niña no le contó nada a su madre, de ser así, ella no se encontraría en una de las habitaciones del departamento, brincando para intentar apagar las luces, mostrándose molesta de no poder hacerlo debido a su altura.
Y Hinata Hyuga jamás enviaría a su hija a ellos.
—Hija… —musitó con esa sensación rara expandiéndose en el pecho.
Miles de ideas inundaban la mente de Menma quien no podía hacerlas desaparecer. No podía quitar los ojos de la pequeña figura, pensando que era tierna, adorable, sintiéndose extraño por tener ese tipo de pensamientos relacionados con una niña que dio tremendo giro en su vida.
No sabía la edad que tenía, solo podía calcular, ir al pasado y tratar de recordar, de abrir esa caja prohibida y sacar los recuerdos que se juró jamás abrazar.
Desde que Hinata Hyuga desapareció voluntariamente de su vida, Menma se entregó a su trabajo. Como un asesino profesional la intervención de sentimientos o lazos eran considerados un estorbo, como Ibiki siempre le repitió en los duros entrenamientos a los que fue sometido cuando ANBU lo consideró un candidato perfecto para formar parte de la organización. No tenía permitido fallar en una misión, sobre todo si era directamente dada por la organización. Y aunque cumplió con su trabajo más reciente, el resultado no agradaba del todo a Menma.
Matar a Danzo era la salida, el punto final al caso. Ese hombre contaba con información valiosa de la organización al haber sido un ex miembro activo. Pero sus superiores no le dieron el permiso, limitándose a llevarles a un inconsciente Danzo hasta el lugar acordado, dejando todo en manos de Kakashi, otro asesino de alto rango, quien se encargaría de todo.
Luego llegó a casa, esperando tener algo de espacio para sí, tomar una ducha y descansar, cuando todo el caos comenzó.
Ahora estaba ahí, en una habitación del hotel, mirando con demasiada atención las acciones tontas de una niña cuyo nombre apenas supo hoy.
Quiso reír con sorna al darse cuenta que ese peso en su pecho no se iba a ir.
Si Ibiki supiera lo que sucedía con él, no dudaba de que éste le miraría decepcionado para voltearle la cara de un puñetazo, exigiéndole disciplina.
Cambió de cámara, ahora viendo a Kawaki y a Naruto discutir por algo. Tenía sus dudas de qué pensaba Naruto, si el rubio también estaría reaccionando como él lo estaba haciendo o simplemente estaba siguiendo la corriente.
Naruto, aun con su natural idiotez, era capaz de adaptarse a las situaciones menos impensables. Era un genio —podría decirse— en su propia materia. Pero en lo demás era un completo idiota.
Pero no era un desalmado con los niños. La prueba era el mocoso que trajo consigo hace años, en una noche lluviosa, pidiéndole que al menos lo cobijaran por esa vez, rogando, llevándolo a la infancia cuando pedía quedarse con un cachorro que escucharon llorar en los callejones, siendo Naruto tan débil y yendo a rescatarle, solo para tener que volver abandonarlo en una casa que pudiera cuidarle mejor.
La diferencia esa vez era que en ninguna casa cuidarían a un perro peligroso.
A pesar de que se negó innumerables veces, haciéndole entender a Naruto del por qué no podían tener a Kawaki con ellos, al final ese tonto lo terminó convenciendo al decirle que en el futuro Kawaki podría servir como un asistente o alguien en quien apoyarse debido a que ninguna autoridad le conocía; todo lo contrario a ellos que, a pesar de que sus identidades aun fueran un misterio, la policía estaba al tanto de la existencia de ANBU y sus operaciones tanto en la nación como en el resto del mundo, enfocados siempre en pescados gordos.
Ni Menma pudo argumentar contra esa lógica, viendo a Kawaki como una herramienta útil.
No obstante tenía sus dudas de cómo cuidaría a esa niña, viendo el rechazo que éste le tenía, sabiendo que si por el rubio fuera la llevaría de vuelta de dónde vino o ponerla en el primer taxi que viera.
Eso no lo podía permitir. Tenían enemigos afuera, si alguien encontraba una conexión entre esa niña y ellos, las posibilidades de que ella estuviera en peligro eran altas. Por eso le ordenó a Naruto dejar a la niña quedarse —se lo debía por aceptar a su cría—.
Era tarde, una hora inadecuada para andar pensando en todo ese lío. Menma necesitaba dormir, pensar claramente las cosas, reflexionar y crear un plan con el fin de saber qué hacer con esa sorpresa llamada Himawari Hyuga.
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Kawaki entró en silencio a la habitación, notando que estaba a oscuras y un bulto en la cama. Supuso que la mocosa estaba dormida.
Nadie le ordenó ir a revisarla, pero no confiaba en ella. Bien podría ser la hija de Naruto o no, más eso no quería decir que fácilmente iba aceptarle. Podría ser un espía y nadie lo sospechaba.
Revisó esa estúpida mochila, sacando las cosas, viendo atentamente a que la niña no despertara. No había nada particularmente interesante, salvo dinero, un cuaderno, colores, una tarjeta de crédito a nombre de Hinata Hyuga…
—Otra vez ese nombre —murmuró con voz baja, recordando que ya escuchó antes el apellido.
Ya que Kawaki no encontró un celular o algún aparato que pudiera brindarle más información, decidió empacar todo de vuelta, acercándose a la cama. Ella dormía cómodamente, como si no estuviera en una de las tantas habitaciones de dos personas peligrosas. Sí que era confiada. Aunque el cómo llegó hasta ahí era, como Naruto decía, la culpa de Jugo y Suigetsu quienes desaparecieron tras el ultimátum de Menma.
¿Sería hija de Naruto? El parecido era demasiado, sobre todo esas marcas en la mejilla. Aunque si era sincero Kawaki veía más de Menma en ella que de Naruto. Sí, los ojos azules confundían, pero la manera en que ella fruncía el ceño le recordaba tanto a Menma cuando se enfadaba por algo. Pero el meterse en problemas y ser inesperada también le resultaba parecido a Naruto. Todo era confuso.
Si ese idiota solo se hiciera una prueba de ADN solucionaría todo eso. Si era o no el padre, ¿qué más daba? Solo debía hacerse cargo de las condiciones que la mujer con la que se acostó Naruto ponía; si le daba dinero, estaba seguro de que no volverían a ser molestados.
Pero como siempre, a Naruto le gustaba complicarse las cosas.
No le convenía quedarse por más tiempo, esa enana podría despertar en cualquier momento y él no quería dar explicaciones, así que decidió marcharse.
Cuando llegó a la sala principal encontró a Naruto desplomado en el piso, con las manos a la altura del pecho, mirando al techo, perdido. Ignorando el comportamiento del rubio, Kawaki observó a los alrededores, sintiendo alivio de que nada de basura estuviera fuera de las bolsas, quedando limpio el lugar y con un aroma más tolerable.
Al menos Menma no les mataría.
—¿Pensando en qué hacer con la mocosa? —preguntó al llegar al lado del rubio quien apenas le dio un vistazo.
—No puedo hacer nada aunque quisiera —contestó con una inesperada seriedad que hizo al adolescente enarcar una ceja, extrañado por ese comportamiento—. Menma dijo que la dejara quedarse, no voy a enfurecerlo más.
—Es extraño que él se preocupe por otros —replicó Kawaki, diciendo la verdad sobre el Uzumaki menor—. Él no hace buenas acciones ni ayuda sin recibir nada a cambio —el ejemplo era Kawaki; lo estaban preparando para ser útil y ayudarles en sus misiones cuando tuviera una más aceptable—. ¿El llamado de la paternidad hace milagros?
—No bromees con esto, no es gracioso —gruñó Naruto, dándose la vuelta sin querer levantarse. No solo estaba agotado físicamente, también lo estaba emocionalmente—. ¿Ya se durmió?
Kawaki le miró sin comprender por qué le preguntaba eso precisamente a él.
—No sé, no soy su niñera…
—Vi que te metiste a la habitación, debiste verla. Así que… ¿Está dormida?
El adolescente bufó, rodando los ojos, pensando en que ese rubio era más perspicaz de lo que cualquiera imaginaría, aunque siempre gustaba comportarse como un idiota. Quizá era por eso que sus blancos se confiaban y nunca pensaban que un rubio idiota de sonrisa más idiota sería capaz de cortarles el cuello.
—Sí, como un tronco —contestó—. Me sorprende que pueda dormir con toda esta situación. Es ruda —la intención de Kawaki no era halagar a la mocosa, simplemente dar a entender que tenía demasiado cebo para irse a dormir teniendo en cuenta el problema en el cual estaba metida.
Ningún niño normal estaría bien quedándose en casa de unos completos extraños, por más que pensara que alguno de éstos era su padre.
—Debe estar cansada de viajar, si es que viene de un lugar lejos.
—¿Quién es Hinata Hyuga?
Preguntar por ese nombre fue clave. Kawaki observó cómo la espalda de Naruto respingaba, inesperado de que él fuera quien hiciera tal pregunta. Esperó la respuesta pese a que no era paciente, pero suponía que al tratarse de alguien importante —tanto en el pasado como ahora en el presente— el rubio necesitaba tiempo para encontrar las palabras para explicarle.
Los asuntos del pasado siempre eran una mierda.
—Nadie por quien debas preguntar —masculló Naruto, irguiéndose y mirando a Kawaki de una manera muy, muy seria; nada propio de él—. Así que no preguntes por esa mujer.
—Eso solo me hace creer que sí tiene importancia en todo esto. ¿Una chica que embarazaste hace mucho decidió vengarse contigo enviando a su cría a atormentarte?
—Ella ni siquiera podría localizarme. Es algo idiota —gruñó Naruto, poniéndose de pie, pensando que ya era hora de dormir y dejar de pensar tanto—. Aquí los únicos culpables son Jugo y Suigetsu por traerla. Si la hubieran dejado deambular por las calles, esto nunca habría ocurrido.
—Tienes un punto —estuvo de acuerdo Kawaki—, pero eso no quita que no sea peligroso tenerla aquí o que sepa tu identidad. Lucía muy segura al llamarte papá.
—¡¿Y eso qué?! Yo no soy su padre —gruñó, molesto, con temor de que cada vez esa pesadilla se volviera realidad. La niña no tenía culpa de nada, de eso estaba seguro, quizá si era todo un venganza por parte de Hinata Hyuga quien después de pasar tanto tiempo fuera de su radar, ahora decidía actuar, enviando a ese niña hasta las puertas de su casa.
Nadie podía encontrarles, eran buscados por las autoridades, pero una niña pudo dar fácilmente con ellos. Para no creérselo.
—Siempre me protegí —o eso creía. Con la aparición de Himawari, Naruto comenzaba a dudar eso—. Ella no puede ser mi hija…
—Entonces solo queda Menma —apuntó Kawaki con lógica—. Se parecen demasiado, hasta fruncen el ceño igual. Si tú no fueras una opción, diría con seguridad que esa niña es hija de Menma.
Una nueva luz alumbró a Naruto quien consideró las palabras del chico como decreto divino.
¡Era cierto! Él no solo tuvo ese tipo de acercamientos con Hinata Hyuga, Menma también. Las probabilidades de que esa mocosa fuera hija de su hermano aumentaban. Sí, eran gemelos y eso, pero el parecido —señalado por Kawaki— era innegable.
Por eso Menma le ordenó que se quedara la mocosa porque sospechaba. Y Menma no actuaba así porque sí, sin tener alguna idea de cómo sería el terreno del enemigo, tomando sus precauciones. De ser el Menma de siempre, aquel hermanito suyo que era un asesino despiadado habría corrido a la niña sin dificultades, echándole la culpa a él por no cuidar donde metía el pene.
No obstante la reacción del azabache fue distinta.
Menma sabía algo.
El nombre de Hinata Hyuga tenía un efecto muy diferente en Menma a comparación de él quien procuraba seguir con la vida que decidió escoger, olvidando atrás todo lo que le estorbaba.
—En un momentito vengo —dijo a Kawaki, yendo a correr hacia los corredores del fondo, teniendo una idea en la cabeza de cómo solucionar todo eso.
No entraba con frecuencia a la habitación de Menma, le gustaba vivir, pero era una emergencia. Trató de hacer memoria de cuál era la contraseña, pues el azabache tendía a ponerle clave a todo lo que le perteneciera. Puso varias veces lo que pensó era la clave correcta pero el aparato le decía Denegado, dejándolo con menos opciones y el peligro de que el sistema le avisara a Menma que alguien intentaba colarse a su habitación.
—Vamos, piensa, piensa —usó fechas de cumpleaños, pero nada; la fecha del primer crush que Menma tuvo, no sirvió tampoco; pensó que el número asignado por parte de ANBU podría funcionar pero con suerte Naruto se sabía el propio, desechando esa idea—. Ah, ¿por qué tiene que ser tan complicado? —masculló al recargarse en la pared, irritado.
Luego un pensamiento intrusivo lo asaltó. Era una idea estúpida, algo que no creía que funcionara. Era la última oportunidad antes de que recibiera una llamada por parte de Menma exigiéndole saber por qué carajos quería entrar a su cuarto. Pero no tenía más opciones.
Ya que la clave era cuatro dígitos, Naruto usó una secuencia de números que podrían tener un significado especial.
2712
Dio Enter y en lugar de marcarse error, la pantalla se pintó de verde.
Aprobado.
Tenía preguntas que hacerle a Menma, la principal de era: ¿Por qué escogiste la fecha de cumpleaños de Hinata Hyuga como clave? Pero ahora no importaban.
Cuando solucionara todo, tendrían una seria conversación.
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Estaba actuando como una pésima madre, preocupada y paranoica, pero había algo que no la dejaba descansar completamente.
Toneri, desde abajo, ocupado en masajear sus pies le observó.
—¿Ocurre algo? —preguntó suavemente, aplicando más aceite corporal.
—No —contestó, siendo sincera, aunque su mente estaba en conflicto—. Bueno, sí —puso una sonrisa avergonzada—. Extraño a Hima.
Él rio con suavidad, sin juzgarla.
—Es natural, la amas demasiado y nunca han pasado tanto tiempo alejadas. Ella debe extrañarte también.
—Sí, pero no quiero que esté triste en el campamento. Debe divertirse, pasarla bien, no ponerse triste por extrañarme. Sería eso muy egoísta de mi parte.
Toneri soltó una risa suave, como si aquel pensamiento fuera imposible. Hinata era todo menos egoísta.
—Estás actuando como cualquier otra madre amorosa, no seas tan dura contigo misma —le dijo, besando cariñosamente su pierna, terminando con su masaje—. Y si agregamos que es la primera vez que las dos están separadas, no encuentro nada de malo que te comportes así —después de guardar las cosas que utilizó para relajar a su pareja, Toneri volvió a mirarle—. Me esforzaré para que este contrato se termine pronto y así podamos regresar a Japón.
—Uhm —Hinata negó con suavidad, palpando el lado libre del sofá, invitando a Toneri a sentarse—. No hay razón para precipitarnos. Fuimos invitados a este evento, debemos aceptar la hospitalidad de nuestros anfitriones. Ino hizo un gran trabajo consiguiéndonos esta oportunidad, no debemos desperdiciarla. Hima estará segura en el campamento, Shino-kun y Kiba-kun me confirmaron que la dejaron en el lugar indicado, estoy bien, no es como si malo fuera a sucederle.
Toneri tomó la delicada mano de Hinata entre las suyas, donde el anillo de compromiso que le dio hace meses brillaba con intensidad. Ella tendía a preocuparse demasiado, dejar que los fantasmas la carcomieran, era en esos momentos que Toneri intervenía, trayéndola a su lado y hacerle ver que ninguna pesadilla saldría de su cabeza para comérsela; eso nunca lo permitiría.
Era consciente que Himawari era la principal prioridad de Hinata; amaba a esa pequeña más que a nadie. Todo su mundo giraba alrededor de esa princesita amante de los pandas y girasoles, con ojos brillantes de cielo soleado, marquitas que la hacían ver como un minino y sonrisa que opacaría al mismo Sol. Él también cayó encantado por la niña y en lugar de verlo como un obstáculo para hacer florecer su relación con Hinata, aceptó cargar con todas las responsabilidades. Uno de sus amigos y compañeros en el sector artístico, Sasori, siempre le decía que era un idiota por acceder a criar a un niño que no era suyo solo para quedarse con la madre.
A Toneri le daba igual.
Hinata y Himawari le daban un color menos gris a su vida, irradiaban felicidad y era una luz salvadora que le ayudaba a dejar el mundo opaco en el cual estuvo viviendo por tanto tiempo, solo.
—Nada malo le sucederá —calmó los miedos de Hinata, atrayéndola a su lado en un abrazo cálido—. Es Himawari, tu hija. Es fuerte, valiente e inteligente como tú.
Hinata soltó una risilla.
—Himawari es muy diferente a cómo era yo de niña —confesó—. Es todo lo contrario a lo que fui. Siempre con miedo, nerviosa, tartamudeando por todo, incapaz de mantener el contacto visual con cualquier otra persona… La idea de echarlo todo a perder me comía viva antes de que un evento se llevara a cabo.
—Se te olvido agregar que también es amable como tú, de buenos sentimientos, igual que tú, de una voluntad de acero que ni montañas o tormentas serían capaces de flaquear, así como tú. Y muchas otras cosas más.
—Aun así ella es más valiente —dijo Hinata, separándose de Toneri, viéndolo directamente a los ojos, a ese par de azules que distaban mucho del zafiro—. Eso no lo sacó de mí.
—Pero lo aprendió de ti —con cariño besó los nudillos de la mujer, repitiendo el gesto cuantas veces fueran necesarias hasta escucharla reír suavemente—. Eso está mejor —contento de verla así, Toneri se acercó a ella, juntando sus frentes sin perder ningún detalle de esos ojos pintados del más precioso tono opalino.
—A veces pienso que es injusto, Toneri-kun.
—¿Qué es injusto?
—Qué seas así de amable conmigo.
—Todos deberían serlo, no te mereces menos.
—No siempre fue así… —susurró con voz apagada, como si recordara algo que no era agradable y aquella película de tristeza impidiera el brillo opalino de su mirar existir.
—Y por eso estoy aquí, para cambiar todo eso. Para quitar ese peso en tu pecho, Hinata.
Pactó aquel juramento con un beso cálido en esos esponjosos labios rosados que lo recibieron gustosos, aceptando sus movimientos. Los brazos de Hinata dejaron de titubear al subir por el pecho amplio de Toneri aun cubierto por la tela de la camisa formal que él usaba y le hacía lucir tan bien, con ese aire maduro —a pesar de tener la misma edad—, provocando que sus amplios hombros lucieron tan atractivos.
El beso entre los dos se tornó apasionado al cabo de unos cuantos minutos de disfrute. Hinata pasó los brazos alrededor del cuello masculino, apegando más sus cuerpos. Toneri tomó aquella señal como una invitación y con gentileza tumbó a Hinata al sillón, comenzando a aventurar sus manos por debajo del pijama.
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—¡Sakura-chan!
Por más que quisiera ignorar aquel llamado, Sakura se vio imposibilitada de dar la media vuelta, fingir que no veía a esa figura correr hacia ella e ir rápidamente a la salida.
—Naruto —no saludó ni dijo buenas noches porque era demasiado tarde, apenas podía tener los parpados abiertos—. ¿Qué haces aquí? —no era común ver a Naruto en esos lares, siempre ocupado en misiones de las que prefería no saber y simplemente limitarse a hacer su parte.
No había recibido ninguna indicación por parte de Kakashi sobre realizar análisis o una búsqueda médica para reunir información sobre la salud de sus objetivos. Le resultaba más sencillo a ella hacerse cargo de tales encargos al encontrarse trabajando en el sector de salud.
Sakura no entendía la visita no tan deseada por parte del rubio. Aunque las autoridades no supieran el rostro de Naruto ni su conexión con ANBU, ella no quería que nadie sospechara que trabajaba con ellos.
—Qué bueno que te encuentro —soltó él al llegar, aliviado de alcanzar a la mujer de rosado cabello—. Necesito un favor.
—¿Y no puede ser mañana? —preguntó Sakura, cansada—. Estoy a punto de cerrar la clínica…
—¡Por fis! Juro que después te invitaré a cenar, hazme este favor.
—¿Debería considerar eso un premio o un castigo?
—Sakura-chan…
La médico bufó, volviendo a abrir las puertas de su clínica privada, dándole acceso a Naruto quien entró sin que se le repitiera dos veces. Nuevamente Sakura prendió todas las luces, dejando el bolso con sus pertenencias en la mesa del centro de la sala de espera.
—¿Qué quieres que haga? —alzó una ceja—. No he recibido ninguna orden de Kakashi desde semanas, eso significa que esto no tiene que ver con tus misiones.
—En eso tienes razón, pero no es sobre mí —explicó Naruto, sacando de sus bolsillos dos bolsas trasparentes de sellado fácil; la primera tenía un cepillo de dientes y la segunda una hebra de cabello.
Sakura no entendió ahora qué disparate quería hacer Naruto.
—Es sobre Menma.
—¿Menma? —el nombre trajo un mal humor de forma automática, pues su relación con el gemelo menor distaba de ser amistosa, a comparación de Naruto. Siempre peleaban y Menma nunca se cansaba de insultarle—. ¿Qué pasa con tu hermano? ¿Se enfermó por ser tan amargado?
—Eh, no así, pero lo que padece es una horrible enfermedad.
La médico no comprendió del todo las palabras de Naruto. Menma no podía estar enfermo, tenía un buen historial, estaba saludable, se alimentaba bien, se ejercitaba, acudía a sus revisiones puntualmente y siempre se cuidaba en cualquier ámbito, hasta en el sexual.
—Paternidad —confesó cuando vio los ojos jade de Sakura lucir confundidos.
Después de soltar aquella bomba Sakura se quedó quieta, demasiado, en especial cuando él sabía de las honestas reacciones de la doctora.
Más el silencio no duró mucho cuando Sakura se puso de pie, acercándose hacia Naruto como si fuera un tren a punto de arrollarlo.
—¿Qué dijiste? —exigió a Naruto repetirse, rezando a los cielos de que lo que escuchó fuera mentira.
—Sakura-chan, e-estás ahorcándome —se quejó cuando las manos femeninas tomaban con una fuerza monstruosa la zona del cuello de su playera de algodón.
—Deja de ser un debilucho y habla —pidió de nuevo Sakura, menos paciente que antes.
—C-Creo que Menma es papá —logró hablar, tratando de cortar el contacto para respirar bien y no morir.
—¿Menma…? ¿Menma siendo papá? —de la impresión Sakura soltó Naruto, permitiendo al otro respirar con facilidad—. Si esto es una estúpida broma… —pero tal idea era imposible, por eso fulminó a Naruto ante la posibilidad de que todo fuera una broma de mal gusto por parte del Uzumaki.
—No bromeo, Sakura-chan, menos contigo —negó Naruto, temeroso de volver a hacer enojar a la mujer—. Digo la verdad. ¿Piensas que haría una broma donde Menma esté envuelto? Me gusta vivir, no haría algo tan estúpido.
—Sí, creo que eso es cierto —de las cosas que más temía Naruto era la furia de Menma. No le culpaba, ese hombre daba miedo cuando estaba enojado.
Luego tomó las pruebas en sus manos, mirándolas como si fueran la cosa más rara que pudiera caer en éstas.
—¿Cómo conseguiste esto? —preguntó al alzar la segunda bolsa con la hebra de cabello.
—Ah —Naruto rascó su nuca, signo de nerviosismo que ella conocía muy bien—. Juro que te diré todos los detalles cuando hagas una prueba de ADN.
—So, este cabello pertenece al posible hijo de Menma.
—Hija.
—¿Tuvo una niña?
—S-Sakura-chan, prometo explicarte todo, pero en serio necesito la prueba —rogó Naruto al colocar las manos a forma de plegaria, suplicando con sus ojos—. Esto podría darme el descanso mental que tanto necesito.
—Espera…
La mente de Sakura fue abordada por muchos pensamientos, entre ellos el por qué Naruto se veía tan apurado por confirmar que Menma era padre. Podía entender que era un problema grave, descubrir que uno de los miembros activos de ANBU era padre no era una buena idea, sobre todo al tipo de trabajos que ejercían. Cualquier conexión representaba una debilidad no solo para el asesino, también para la organización.
Pero si no era Menma quien estaba pidiendo la prueba, sobre todo si él estaba involucrado directamente, lo que Naruto decía podría no ser del todo verdad. O que éste le estuviera diciendo la verdad a medias.
—¿Esto qué tiene que ver contigo? —miró con sospecha al rubio quien respingó—. ¿No debería ser Menma quien me pidiera todo esto en caso de sospechar de ser el padre…? —después otra posibilidad le llegó—. A menos que él no sepa nada de lo que éstas haciendo y te estés moviendo por ti mismo —con ojos entrecerrados vio a Naruto.
—Estoy haciendo esto por el bien de ambos —justificó Naruto sin querer dar más explicaciones—. Es fundamental que descartemos esto, Sakura-chan, o nos meteremos en un gran lío.
—Lo entiendo —asintió Sakura—, pero tu comportamiento me deja mucho que pensar —otro fruncimiento de cejas y una nueva mirada de desconfianza—. Dime, ¿tú también estás involucrado en todo esto?
—¡Claro que no!
—Mentira. Siempre exageras tus ademanes con las manos cuando mientes —Sakura suspiró, cansada—. Tú también sospechas que puedes ser el padre…
—¡Eso nunca!
—No nos hace mal descartarlo. Ahora vamos a tomarte una prueba de sangre para confirmar.
—¿S-Sangre? ¿N-No sería más fácil que te diera algo de mi cabello, Sakura-chan?
—Considera esto un castigo por ser un irresponsable y haberme impedido ir a casa a tomar un baño de burbujas, ahora mueve tu trasero, Naruto. No me hagas obligarte a llevarte.
