Peter voló por el mar hacia el Jolly Rogers, fue fácil localizarlo, estaba anclado cerca de la costa este de la isla, como de costumbre, casi todo el barco estaba a oscuras a excepción de la popa, donde se encontraban los aposentos de capitán, Campanilla relucía al lado de la cabeza de Peter siendo la segunda fuente de luz en aquel espacio.

-Tú rodea el barco en busca de pistas.- dijo Peter.- yo sobrevolaré la cubierta para intentar buscar a Thalía, que no te vean Campanilla.-

El hada asintió con la cabeza y se dirigió veloz y en silencio hacia el barco unos metros por delante de Peter, el pequeño ser fantástico se posó en la punta del mástil mayor y dirigió sus ojos azules hacia abajo, nada, no había nada en el exterior, bajó al suelo de la cubierta, nada, Thalía no estaba allí, sin embargo algo llamó su atención, una luz interior amarilla se filtraba por el ojo de buey hacia el exterior del barco, Garfio estaba despierto, algo extraño en él. Campanilla se asomó por el ojo de buey al lado de la puerta y lo que vio la dejó horrorizada, era un hada, sí, un ser fantástico que debía ser inocente y puro, pero era un hada adulta, adulta y sabía perfectamente lo que estaba ocurriendo, pegó su oreja al cristal para verificar lo que estaba ocurriendo, gemidos, gemidos de un hombre y quejidos de una mujer que por el tono se notaba que no disfrutaba o que estaba ocurriendo, se sobresaltó y un leve tintineo salió de su garganta, salió volando de nuevo hacia arriba para encontrar a Peter sobre el puesto de vigilancia del mástil.

-¿Y bien?- susurró Peter. Campanilla voló en círculos un par de segundos, cómo se lo explicaba, Peter era un niño, no comprendería. Empezó a explicarle de la forma más censurada posible lo que había visto en el camarote del capitán. -Thalía está en el camarote del capitán, ¿segura?- preguntó Peter, Campanilla asintió.- ¿piernas? ¿Transformada en humana?, por eso no pudimos encontrarla.- dedujo el pelirrojo.- Tenemos que sacarla de ahí, pero … en el camarote de Garfio... tendremos que esperar a que el bacalao se duerma para poder sacarla.- Campanilla se horrorizó, negó con la cabeza y le replicó. -Campanilla, tú y yo podemos huir fácilmente, ella no, debemos planear bien como actuar.- dijo vigilando que ningún pirata saliera a cubierta y miró de reojo el camarote desde arriba, la luz de las velas traspasaba los cristales iluminando levemente el barco.

-Garfio apagará las luces cuando vaya a dormir, esperaremos unos minutos y nos aseguraremos de que esté dormido.- Peter se rascó la cabeza por debajo del sombrero, él era sigiloso y hábil, pero en un espacio tan cerrado sus habilidades contra el capitán se veían reducidas.- Tú entrarás, sacarás de allí a Thalía.- Campanilla saltó señalándose a sí misma. -Sí, tú, eres pequeña si no haces ruido Garfio no te verá y podrás buscar la forma de sacarla de allí. -

Campanilla suspiró entrelazando los dedos de sus manos antes de mirar de nuevo hacia el camarote, la aterraba meterse de nuevo en el dormitorio del capitán, no quería ser encerrada en una lámpara de nuevo, pero Thalía estaba allí y después de lo que había visto no quería dejarla en ese lugar, si ella estuviese en esa situación desearía que la sacaran de allí. El hada de vestido verde tomó una respiración profunda y voló hacia abajo sin llamar la atención bajo la atenta mirada de Peter, que la vigilaba por si ocurría algo, tenía que haber alguna forma de entrar en ese dormitorio, miró de nuevo por la ventana circular, Garfio aún seguía moviéndose encima de ella soltando gemidos obscenos, eso le rompió el corazón a Campanilla, dios, ¿cuánto tendría que esperar? Se posó encima del techo del camarote, sería más seguro vigilar por el espacio entre los tablones que desde la ventana, ya que el pirata podría verla también. Estuvo así varios minutos más, cada segundo que pasaba era un infierno, a los dos minutos empezó a escuchar los gemidos de Garfio que no tardaron en silenciarse poco después cuando el pirata llegó al orgasmo liberándose dentro de su prisionera. Campanilla notó que la luz del interior se desvanecía, miró por el hueco una vez más ahora su resplandor se notaba más en completa oscuridad.

El hada volvió a subir hacia la posición de su compañero.

-Entremos ahora Campanilla.- dijo él al ver regresar a su eterna compañera. La rubia negó con la cabeza. -¿por qué no?- Campanilla suspiró poniendo sus manos en sus caderas y tintineó de nuevo.- ¿estás segura de que puedes entrar por la cerradura?- la chica de ojos azules asintió.- Pero Campanilla, tú sola no...- La pequeña mujer tintineó de forma amable al pelirrojo. -Sí, confío en ti campanilla, pero…- Peter vio la necesidad urgente en los ojos de su amiga.- está bien, te dejaré hacerlo a ti sola, pero si pasa algo bajaré enseguida. Supongo entonces que no nos queda otra que esperar.-

El hada reluciente se posó en el hombro izquierdo del chico y observó el camarote desde arriba, solo quedaba esperar y desear que nada en el plan saliese mal. Pasó una hora, tal vez un poco más, cuando Campanilla decidió que ya había pasado tiempo suficiente, nadie había salido a cubierta y la luz del camarote no se había encendido de nuevo, era un buen indicio de que muy probablemente todos en el barco estuvieran dormidos.

El hada bajó en silencio hasta la entrada del capitán. Asomó su cabeza por el ojo de buey, Garfio estaba dormido en el extremo exterior de la cama, detrás de él estaba Thalía, tal vez dormida, quizá despierta, Campanilla no pudo saberlo, tenía que entrar allí, ¿pero cómo? La escotilla estaba cerrada con dos seguros, uno por dentro y otro por fuera; los huecos entre tablones en el techo con los que había observado a ambos anteriormente eran demasiado pequeños para que su cuerpo entrase por ahí sin quedarse atascado y hacerse daño. Pensó en otros huecos en los que podría entrar y en ese momento agradeció hacerse quedado atrapada en el cajón de la casa de Wendy, el cerrojo de la puerta, entraría por allí, asomó su cabeza por agujero, vía libre, se introdujo hasta la cadera sin problema, pero como ocurrió en la casa de los Darling, su trasero quedó atascado, no, ahora no, ella tiró apoyando sus manos en la madera de la puerta, maldita sea, tiró una última vez saliendo disparada antes de frenarse en seco en medio de la habitación, seguían dormidos, no sabían que estaba allí, sobrevoló lo más sigilosamente posible la cabeza de Garfio, estaba completamente dormido, el artilugio metálico que le daba su apodo estaba apoyado en una pequeña mesita de noche. Aterrizó en la almohada al lado de la cara de Thalía, se notaba que había estado llorando, se agachó a la altura de sus ojos y acarició el puente de la nariz de la joven, ella inconscientemente y aún dormida se llevó una mano a la zona y Campanilla repitió la acción de nuevo un par de veces antes de que Thalía apretara sus ojos para después abrirlos, desvelando dos orbes azules apagados debido al llanto. Al principio Thalía solo vio un resplandor de luz y tuvo que dejar que sus ojos se ajustaran a la luz, fue entonces cuando reconoció la pequeña figura que tenía delante.

-Campanilla.- susurró, el hada la tapó los labios con sus brazos haciendo una señal con la cabeza para que se levantara.- ¿cómo?- preguntó Thalía señalando al capitán, sumido en un profundo sueño.

Thalía lo miró con la luz que emitía el ser fantástico que tenía delante, estaba girado hacia ella y su mano estaba apoyada en sus caderas, con cuidado, posó sus dedos sobre la mano del hombre con miedo a que despertase. Retiró lentamente su mano y levantó su torso del colchón quedando expuesta, estaba desnuda sin nada que la cubriese más que las sábanas; observó el cuerpo del capitán, había un pequeño hueco en el otro extremo del colchón, posó su mano sobre la superficie vigilando atentamente que el pirata siguiese dormido, después hizo lo mismo con su rodilla, quedando sobre él, apoyada en sus manos y rodillas, deslizó el pie a los tablones del suelo y pasó la otra pierna sobre el capitán, inmediatamente después retiró los brazos de la cama, estaba libre, más o menos, lo más difícil había pasado, el capitán seguía dormido. La sirena miró a Campanilla antes de que el hada se dirigiera a la puerta señalando la cerradura.

-No sé donde está la llave, Garfio la lleva encima siempre no sé dónde la oculta.- Campanilla flotó hasta la mesa de Garfio, mapas, un candelabro apagado un par de libros, una copa, pero ni rastro de una llave, Thalía se movió hacia el lado contrario al de su rescatista intentando ayudar, miró por una de las estanterías, pero ahí solo había libros y pergaminos. -¿Garfio?- susurró la muchacha cuando notó que Campanilla la llamaba.- Sí, él controlaba la llave, la tenía siempre encima.- La rubia se posó entonces sobre una camisa blanca tirada al lado de la cama. Thalía se agachó y palpó la prenda de ropa, pero nada, no estaba allí. -Mira por el suelo, tal vez encuentres algo.- pidió la sirena.

Campanilla descendió posándose en la madera, caminó alrededor cuando su brillo iluminó algo bajo la cama del capitán, Campanilla se metió bajo el colchón para descubrir que eran los pantalones de Garfio, salió de allí para señalar su hallazgo a la muchacha. Thalía rápidamente se metió bajo el colchón y sacó los pantalones de allí, empezó a rebuscar en la prenda dando con lo que buscaban, la llave del camarote, la joven lloró de alegría, se acabó, se marcharía de allí. Campanilla se apresuró a iluminar el cerrojo de la puerta, Thalía se levantó y se acercó a la puerta, metió la llave en la cerradura y la giró provocando un click, sin embargo ese sonido despertó al capitán que aún somnoliento preguntó.

-¿Smee qué demonios...?- sus ojos se abrieron de golpe al ver a Thalía levantada frente a la puerta.

Garfio se apresuró a coger sus pantalones para salir tras ella, Thalía salió corriendo de allí cerrando la puerta.

-¡Thalía!- dijo Peter bajando hacia la cubierta.- Vamos deprisa.-

-¡Peter!- la muchacha se apresuró a abrazar a su amigo llorando de alegría.

La puerta del camarote se abrió dejando ver al capitán con sus pantalones púrpura, la camisa a medio abotonar y sin zapatos.

-¡Tú!- exclamó al notar la presencia de Peter.- ¡Maldito mocoso!-

-Rápido huye de aquí.- Peter sacó su puñal del cinturón de su atuendo y se abalanzó sobre Garfio, empezando una batalla.

Thalía se apresuró a ir hacia estribor, pero estaban demasiado lejos de la costa, apenas sabía andar con sus piernas, se ahogaría antes de llegar a la isla, notó unos puntos brillantes caer sobre ella, Campanilla la rociaba desde arriba con polvo dorado.

-"Vamos, - pensó- solo necesitas algo feliz para volar."- pensó en su madre, en como quería volver a abrazarla, en sus compañeras, y en cómo Peter la había salvado, puso un pie sobre la barandilla de estribor y saltó.

-¡NO!- exclamó el capitán pirata antes de verla saltar por la borda y empezar a flotar lejos del barco.

-Se acabó bacalao, me mentiste, dijiste que no estaba aquí. ¿De qué te servía una sirena?-

-Oh, muchacho insolente, no lo entenderías, después de todo solo eres un crío estúpido.-

-Tal vez sea un crío, pero no soy un monstruo como tú.- Peter le propinó una patada en la nariz al capitán al alzar el vuelo, provocando que la sangre empezara a brotar escurriendo por su barbilla. Garfio se agarró la nariz con su mano mientras veía al muchacho alejarse volando.

-Esto no ha acabado Pan, algún día no podrás salir volando.- Peter se alejó del barco y siguió en la distancia a Thalía, que guiada por Campanilla, estaba lista para regresar a su hogar.

En la laguna de las sirenas, Martha observaba desde la roca la luna y el mar, desde que desapareció su hija no dormía bien y solía subir a la superficie para observar el exterior con la esperanza de que Thalía regresase junto a ella, pero esta noche no parecía ser distinta, nada había sucedido bajó al cabeza apenada cuando escuchó a alguien llamarla con una voz que pensó que nunca volvería a escuchar.

-¿¡Thalía!?- dijo mirando a su alrededor.

-¡Mamá! ¡Aquí Arriba!- dijo moviendo los brazos.

Martha alzó la mirada para ver a su hija flotando en el cielo, algo demacrada pero con una sonrisa en su rostro por volver a casa.

-¡Oh Thalía!-La rubia bajó hasta la roca y se arrodilló para estar cara a cara con su madre.- Te he echado tanto de menos.- lloró la mujer más mayor.- Ya creía haberte perdido.-

Martha miró hacia abajo dándose cuenta de que su hija tenía piernas.

-Mamá, lo siento...-

-No te preocupes por ello Thalía, no pasa nada.-

-Pero ahora no podré estar contigo, soy humana.- Martha miró al cielo, la luna estaba en un cuarto menguante.

-No, aún puedes volver, todavía no hay luna llena, rápido al agua.- ordenó.

Thalía no la cuestionó, se zambulló en el agua enseguida y una luz azul celeste empezó a brotar del estanque rodeando su silueta bajo el agua y algo mágico ocurrió: cuando la luz se desvaneció sus piernas se habían transformado, volvía a tener su cola de azul celeste. Nunca se había sentido mejor, subió a la superficie para abrazar a su madre.

-Vámonos a casa Thalía, deberías descansar, han sido unos días muy duros.-

-Oh, mamá, ni te imaginas, solo quería volver.- lloró.- pensé que no volvería a salir de ese barco nunca.-

La madre de Thalía alzó la mirada a Peter.

-Gracias por todo Pan, ya puedes marcharte.- el chico asintió y se elevó junto a Campanilla desapareciendo en la selva.

Ambas sirenas se separaron y Thalía miró a los ojos a su madre.

-¿estás herida?-

-En la espalda, un corte del garfio del capitán, pero... me ha hecho mucho daño, mamá, yo...-

-Tranquila Thalía, no digas nada si aún no estás preparada.-

-Me ha robado lo que más me importaba.- Martha era una mujer, conocía a su hija, cuando la chica rubia apartó la vista de ella comprendió lo que quería decir y en respuesta la abrazó con fuerza. -Escúchame Thalía, no importa lo que te haya hecho o lo que hayas pasado, soy tu madre y te querré pase lo que pase.-

-¡Oh, mamá!- ella lloró sobre el hombro de su progenitora durante un rato. -Deberíamos meternos en la laguna, es peligroso estar aquí.-

Las dos sirenas se sumergieron en el agua y desaparecieron en la oscuridad.

(EPÍLOGO, 5 AÑOS DESPUÉS)

Ha pasado un lustro desde que Thalía regresó a la laguna, fue recibida con cariño por sus compañeras que la curaron y cuidaron hasta que se recuperó de las heridas de su cuerpo, aun así ella seguía temiendo a Garfio, por lo que paso mucho tiempo hasta que se atreviese a salir a la superficie incluso de los límites de la laguna, y si lo hizo no fue por gusto. Una mañana Thalía, ya recuperada de sus heridas, un par de meses después de regresar, sintió náuseas y tuvo que salir para vomitar en la superficie, era la tercera vez esa semana, sin embargo no se dio cuenta de lo que ocurría hasta pasado un mes más cuando su vientre empezó a crecer, se asustó terriblemente, su madre y ella no habían comentado nada de lo ocurrido al resto de las sirenas y Thalía la había contado todo apenas hacía un mes después del rescate. Cuando supo que estaba embarazada se deprimió, su madre la apoyó cuando la contó sus sospechas, entonces ambas sugirieron un plan, en unos días un grupo de tritones acudió a la laguna para la época de celo, Thalía fingió irse con uno de ellos escondiéndose un par de horas al día del resto de las sirenas hasta que la semana de cortejo terminó y los tritones abandonaron Nunca Jamás; el plan funcionó a la perfección, cuando la barriga de Thalía se empezó a notar todos asumieron que estaba embrazada de uno de los tritones. Nueve meses después nació una niña, de ojos azules, piel blanca y una cola de azul celeste como la del resto de sirenas, sin embargo, lo que más llamaba la atención y más preocupaba a Thalía era su cabello, voluminoso y de un negro tan oscuro y profundo como el alquitrán, obviamente heredado de su padre, sin embargo nadie sospechó quien era el verdadero progenitor de la niña.

Hoy se cumplían cinco años del nacimiento de Meredith, nombre que significaba "la guardiana del mar", la pequeña joven nadaba alegremente por el fondo de la laguna agitando su cola pequeña y aún algo torpe por el fondo del mar cuando su madre la llamó.

-Meredith, ¿qué te he dicho de alejarte de los límites de la laguna? No me gusta que estés tan cerca del inicio del fondo marino. –

-Pero madre no hay nada en la superficie hay vía libre.-

-No puedes estar segura, los piratas pueden haber puesto trampas bajo el agua.- regañó Thalía a su hija antes de mirarla con amor.

Se parecía mucho a Garfio, su cabello negro era igual al de su padre, pero también era su hija, la amaba y quería protegerla para que la inocencia de sus ojos azules se mantuviera con ella, al contrario de lo que había ocurrido con ella hacía ya muchos años.

-Vamos Meredith, regresemos a casa.- Thalía cogió la mano de su hija y la guio de regreso a casa, a su hogar.