La mano que mece la cuna.

1ª parte:

Voz de infancia.

En la camper del abuelo

(la sonrisa de Cheshire)


Antes que nada quiero darles mis mejores deseos por las festividades pasadas. Ya sé que es tarde pero tengo una razón de peso y que, bueno, es algo que estuvo fuera de mis posibilidades controlar.

Felicidades a todos.

Por otro lado quiero contarles algunos detalles respecto a este pequeño proyecto. Primero que nada, está historia surgió como una idea de un sólo capítulo, ya saben un universo alterno y bastante surrealista. Pero que mientras trabajaba en él, la historia fue creciendo hasta contar con tres partes, porque había sucesos que tenían que explicarse y que en la historia original no entraban. Al menos no si quería que se entendiera.

Y he aquí la primera de ellas.

Al principio tendrá una clasificación baja pero he decidió que el segundo y el tercer capítulo deben recibir la clasificación más alta, así que esperare una semana o un poco más antes de colgar lo otros dos capítulos, más que nada para que conozcan la historia y que a aquellas personas que les haya interesado no se espante si de pronto ya no la ven, y sepan dónde está y qué paso con ella.

Este relato era para el compendio de Títeres y muñecas pero creo que es algo pesado para dejarlo allí, por lo que decidí ponerlo aparte.

Con forme avance la historia iré haciendo las advertencias pertinentes aunque creo que no esta de más que decir desde ya que si no son personas de mente abierta es mejor que se abstengan de leer.

Y contrario a lo que siempre digo, que se animen a comentar ya sea que les agrade o que no, no quiero quejas de que no advertí.

Siendo eso lo que tenía que decir, lean con discreción y si quieren comenten que al fin y al cabo su silencio también dice mucho de la historia.

Gracias por su atención.

A leer.


- Ale...- El típico coro de quién y los respectivos ceños fruncidos fueron desechados en un prolongado y pasivo silencio. Su amonestación quedo flotando en la extensión de una suavidad silenciosa de la media tarde, sin recibir respuesta.

Tanteando con el dorso de la mano libre hacia el asiento del copiloto e intentando, en el proceso, no perder de vista el camino, buscaba una franela para limpiarse el dulce que alguno de sus olvidadizos nietos había dejado en la guantera. Resignado llevo su mano pringosa de una sustancia acaramelada, por lo que pudo oler, de vuelta al volante y dio un rápido vistazo sobre su hombro.

Y con la sonrisa plasmada en su rostro regreso su total atención al camino delante de ellos.

La cabeza de Alexis iba cómodamente recargada en el hombro de Alexander, quien apoyaba su mejilla sobre los rubios cabellos del otro niño. Ambos niños profundamente dormidos.

Era el final de las vacaciones antes de su sexto cumpleaños. Un final de vacaciones un tanto apagado, para su disgusto. Hecho que hacia evidente la tristeza generada por "hacer lo correcto".

Olió una vez más su mano y la curiosidad por el olor desprendido le hizo llevarse los dedos cubiertos del dulce derretido a la boca . Caramelo picoso y ácido que le hizo arrugar el entrecejo en una mueca graciosa.


-Ale...- Cuando los dos niños acudieron a él y se miraron feo, supo que debía dejar de llamarlos Ale para evitar futuras confrontaciones. Generalmente visitaba a sus nietos por turno, así que el apelativo no causaba mayor conflicto. Pero cuando toda la familia se reunía otra era la historia.

- ¡Abuelo!- dijeron al unisono, también, bastante coordinados, alzaron los brazos hacia él, al mismo tiempo. Y arrugaron el ceño.

Ya habían descubierto que eran idénticos aunque no tuvieran los mismos padres en común, como dos gotas de agua. Y aunque les despertó curiosidad, siendo muy pequeños, ese hecho no les causo conflicto, para ellos era algo bastante normal.

Tenían casi los mismos gustos, misteriosamente las mismas dolencias y hasta los mismos miedos. Por ejemplo no les justaba estar solos durante la noche, lo cual sacaba un par de canas a sus respectivos padres porque no los podían mandar a dormir con facilidad.

Cuando los adultos se reunían, y ellos se iban a jugar con sus primos y primar, hermanos y hermanas, todos juntos, y por casualidad pasaban cerca de ellos, escuchando así las conversaciones de los adultos, no que lo hieran a propósito, y justamente balaban de ellos, comparándolos siempre, podían escuchar a la tía o al tío diciendo Alex, también...

Se miraban detenidamente para luego alzar los hombros. Un claro tú o yo.Y se encontraban a sí mismos devolviéndose el mismo gesto, como si estuvieran delante de un espejo. Los adultos reían y hacían ademanes de afirmación. Ambos inclinaban la cabeza, hacia el mismo lado. Y era algo curioso de observar, para ellos, entre ellos, porque cuando sus padres hacían eso era porque compartían un conocimiento consensuado y velado para ellos.

Alex, Ale, Al... eran los diminutivos con que se les solía llamar a ambos, por desgracia. Eso no les agradaba. Ya era bastante malo que en las reuniones familiares se les soliera confundir, como para que también perdieran ese poco de identidad que dichos apelativos les confería.

Ahora, también era una catástrofe que ambos cumplieran años el mismo día, con una pequeña diferencia de minutos.


- Alexander...- dijo uno

- Alexis...- dijo el otro.

Estaban tomados de las manos, izquierda y derecha, lado a lado.

Ellos no sabían expresar que cuando los separaban se sentían tristes. A pesar que la mayor parte del tiempo se la vivieran peleando por el simple hecho de que eran idénticos. No lo decían con palabras pero se les veía alicaídos un par de días antes de que esa muda tristeza se les pasara.

Había algo extraño en eso estar juntos. La mayoría de la veces, si no se les daba motivo para pelear, se apartaban del resto de su familia y terminaban jugando en su circulo cerrado y exclusivo de ellos dos, o bien coordinados para hacer una buena travesura. A veces, era cosa de mirarse, y saber qué cosa le tocaba a quién no tenía que ver con palabras sino con silencios y sonrisas.


Se habían inclinado hacia el frene, como muchas veces habían visto a sus padres hacer entre ellos, o como ellos mismos o sus hermanos hacían cuando decían adiós a sus padres a la entrada del jardín de niños.

No eran diferentes en muchas cosas, eran pocas cosas en las que no coincidían, por ejemplo, no tenían a los mismo padres, no tenían el mismo apellido, y no tenían los mismos hermanos. No tenían el mismo nombre.

Acostados de pansa al suelo, debajo de la cama del abuelo junto a ese beso dejaban escondido el secreto:

Una foto de una mujer que no conocían cargando en su regazo a una niña un poco mayor que la hermana de Alexis y el hermano de Alexnder. Que en el reverso ponía Miriam y Helga Pataki.

Una foto con los compañeros de curso de Helga, todos de la edad de Constantine y Peter.

Y en ella un niño idéntico a ellos: Risos rubios, sonrisa encantadora, ojos del mismo color, el tono de piel mas claro en el chico de a foto, pero fuera de eso hasta la forma graciosa de su cabeza era igual a él.

Todas fotos muy viejas.


- ¿Hermanos?- preguntó Alexis con la queja y el llanto atorados en la garganta. Un entendimiento tan pérsicas como el de cualquier otra persona.

- Pero...- dijo Alexander, fuertemente prendando de la mano a su primo Alexis.

- ¡No!- se quejaron al unísono y perfectamente coordinados, como si llevaran tiempo practicándolo y no que les saliera de forma natural, bombardearon con un millón de preguntas a Bob.

- ¿Mis papás no son mis papás?- Esa es una historia larga de contar, se dijo Bob. Y, no sabiendo si era lo correcto, decidió decir la verdad.

- ¿Quienes son mis papás?- ¿Habría sido adecuado dejar que ellos les dijeran la verdad? Bob sabía que eso sólo le correspondía a él, después de todo fue él quien decidió separarlos.

- ¿La tía Olga es mi mamá?- No, la tía Olga no es tu mamá.

- ¿La tía Gretel es mi verdadera mamá?- Y no, tampoco la tía Gretel es tu mamá.


Gemelos idénticos.

Cuidar de un bebé no es cosa fácil.

Cuidar de dos bebés, resulta aun menos fácil.

Cuidar a dos bebés mientras huyes de la justicia es por mucho la cosa menos fácil de hacer.

Quizá fue esa la razón por la que decidió, acertadamente, dejar a sus nietos al cuidado de sus hijas.

Olga y Gretel, gemelas idénticas, serían buenas madres, puesto que ya tenían a sus propios hijos, uno cada una.

Él sabía que era lo mejor, que Helga también lo creía, que ella jamás regresaría como nunca lo hizo Miriam cuando lo dejo al cuidado de sus gemelas, llevándose a Helga consigo.


Esas vacaciones habían sido planificadas para contarles ese gran secreto que guardaba bajo las sabanas.

Lo tomaron mejor de lo que había esperado.

- ... no supe que paso con su madre... la última vez que la vía estaba herida de gravedad...

Ellos habían llorado y con el tiempo se habían repuesto. Conformes y en paz con todas esas dudas y curiosidad.

Contentos porque a pesar de no ser hijos consanguíneos de sus progenitores, él les había explicado y sus padres habían puesto especial empeño en la despedida, al inicio de las vacaciones, en que no importara lo que pasara ellos siempre serían sus hijos, y el abuelo se los había recordado a cada instante.

Un padre no es el que engendra solamente, también lo es aquel que ve por uno.

Pese a eso no dejaron de interrogar por aquel hombre que estaba ausente.

Y el simplemente pudo contestar:

- esa es otra historia...


Fin 1ª parte.


Notas finales:

Uh las notas de inicio fueron más largas que toda la historia. Ups!

Eso es todo por hoy. Hice una aclaración en mi perfil que me gustaría que vieran si no es mucha molestia. Sigo con el mismo problema sin embargo he publicado. Como ven, no me he esforzado mucho por que sea algo decente y corregido. Y es que trabajar en la computadora de mis tíos no me da mucha libertad de tiempo. Lo siento por eso.

La sonrisa de Cheshire se despide. Adiós..