Réquiem.

(Páginas de octubre)

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Por: La Sonrisa de Cheshire.


Notas: Negación de derechos de autor, salvo la idea de la historia. Mm… estaba pensando… ¡pero mejor dejamos mis divagaciones para otra ocasión!

Hoy la dinámica del relato es la siguiente: La primer escena es posterior a cuando Arnold hecha su vida al viento, el final de este capítulo es una escena que he convenido conmigo misma en llamarla "laterales", es decir que la primera escena aquí presentada es el medio… No sé si me explico, ya veremos después. Y por último, todo lo que está en el medio, que no son la escena de entrada ni la final, son retazos de la historia como Dios manda, es decir en orden, hechos un tanto asilados y progresivos, o mejor dicho, hechos progresivos no consecutivos.

Otras notas (abreviadas):

Semi- AU y OOC, pero no muy exagerado.

Habrá muerte de personajes. Aviso desde ya por aquello de "linchen al autor(a)".

Me voy a tardar años en actualizar esta historia, pero he de acabarla.

¡A leer se ha dicho!


Un día del mes de octubre, cuando este ya terminaba, se presento hacia el medio día en la casa de huéspedes. Se saco la chamarra, bufanda y guantes, antes de siquiera dignarse a mirarlo a los ojos, dejándolos en el perchero que estaba colocado a la entrada de la estancia.

Ni siquiera hubo contemplaciones y sin más exigió ser escuchado. Estaba arto y preocupado. El preámbulo de esa entrevista había sido que:

Gerald creía que su estado, tan lamentable, era la prueba de que si no aceptaba la vida tal cual estaba sucediendo podría empeorar aun más.

- Necesitamos hablar...- le había dicho encarándolo por fin después de desnudarse de su ropajes para el frio. Él apenas le quiso prestar atención. Pero reconsiderándolo, en el estado frenético en el que se encontraba, su cabalidad poco hacía por lo razonamientos que elucubraba. Así que se lanzo a hablar por hablar.

- Yo no tengo nada de qué hablar contigo. ¡Y si quieres contarle algo a alguien, bien puedes hablar con Phoebe! ¡Ella entenderá perfectamente!- Gerald por mucho que comprendiere la exaltada respuesta de Arnold, hacía un gran esfuerzo por no írsele encima a golpes.

- ¡No digas sandeces, Arnold!

- ¡¿Es una sandez que ella no necesite de palabras para entender?!- Y ahí estaba la ironía, el reproche mal contenido. Gerald no creía que quisiera contenerse. Tal vez lo que Arnold necesitaba era correr tan lejos como pudiera y tan fuerte que… Pero ya lo había hecho y aun así la terapia no había funcionado.

- ¡¡Eres un idiota, Arnold!! Un estúpido idiota, cegatón de...- Tal vez necesitaba golpes.

- ¡Por eso mismo lárgate a... con ella, o con alguien más que no sea tan corto de luces!- Tal vez sólo necesitaba sacar todo lo que tenía dentro… Gerald negó, el movimiento de su cabeza, al hacerlo, era lerdo. Alzo las manos indicando que no pretendía discutir eso con él, no mientras Arnold no escuchara razones…

Y Gerald también comprendía por qué Arnold deseaba quedarse en la reconfortante negación.


Vacaciones de Verano.


Unas horas antes de las vacaciones de verano.

La familia Pataki viajaba por la carretera rumbo a una aventura de vacaciones. Se encontrarían con Olga a mitad del camino, un poco antes de lo esperado.

Y dado los acontecimientos recientes esto aliviaba a los tres ocupantes del automóvil.

No importaba que pasara luego de reunirse con la primogénita Pataki.

Miriam sonrió cuando vio por el retrovisor la mueca de asco que hizo su hija Helga cuando ella le viera sonreír a Bob de esa manera que sólo comparten las parejas. Y luego de ese entendimiento mutuo se reclino de tal forma, en el asiento, que le permitiera dormitar en tanto llegaban a su destino.

Suspiró.

Bob le dirigió una rápida mirada y sonrió levemente más satisfecho.

- No suspires... aun estoy junto a ti.

Esa mañana cuando entro al cuarto de Helga para avisarle que su desayuno se enfriaba, luego de que una apática - así lo interpreto él, irritado- Miriam, después de ir a levantar a su hija, distraídamente preparara el café ya preparado en la cocina.

Incluso se había dicho que era el colmo de los colmos que no pudiera dar muestra de energías al menos hasta el medio día. Pero luego de la visita al dormitorio de Helga, comprendió que Miriam no estaba por dormirse en cualquier momento.

- ¿Quieres qué...?- dijo en un hilo de voz cuando Helga apenas si había asentido evidenciando que había escuchado a su padre diciéndole "tu desayuno se enfría"- ...Te llevare a la escuela...- sentenció lacónicamente- Pero Helga apenas si daba muestras de vida.

El punto en que mantenía la mira puesta, sobra la alfombra, era más atrayente - desde el punto de vista de Bob- que cualquier otra cosa en el mundo. Pero él, interiormente, sabía que Helga estaba en un estado de ensimismamiento crónico.

La pudo describir como retraída, aburrida, enferma incluso... Pero ninguno de aquellos adjetivos iba de acuerdo a la sensación -la mezcla de sentimientos- que le provocaba.

Abandonada, se acercaba mucho.

Se marcho en cuanto esta asintió.

Y cuando él llego al comedor se negó a mirar a Miriam a la cara, aunque sus ojos corrieran al encuentro con los de ella. Deseaba que el entendimiento mutuo que ellos compartían no se reflejara en los ojos de ella, proyectado como el rictus de su propio semblante. Miriam pretendía lo mismo, con la misma dificultad que él. Comenzaron a desayunar, pero no terminaron.

Arnold era parte del sueño. Había soñado con él en repetidas ocasiones y jamás un sueño con él había sido tan... Ni siquiera sabía definir la intensidad de aquel sueño. Era diferente, por supuesto, al sentimiento que produce una fantasía onírica y también avasalladoramente distinto al sentimiento que produce una pesadilla.

Pero sabía que no se sentía feliz, no. Tampoco desdichada, para nada. Sólo no era feliz.

¿Cómo podía serlo de todas formas? Arnold la odiaba por aquellas cosas tan horribles que había dicho sobre sus padres y… Quizá no la odiaba. Que la odiara era mejor que eso que ahora pasaba entre ellos. Que Arnold no la odiara era un hecho, se había dicho, después de todo él era inmune a ella por tantos años de convivencia; pero que ella le fuera poco menos que indiferente y no grata, definitivamente, con ese único matiz de no grata que le adjudicaba a ella y sólo a ella, la hacía infeliz.

Tal era su abstracción del exterior que no vio que no sólo Bob la acompañaba a la escuela, sino que también Miriam estaba sentada en el auto, en el asiento del copiloto. La escena más curiosa del mundo se abría dicho, la más sospechosa.

Pero sólo tuvo plena conciencia de la presencia de ellos cuando estos dijeron al unísono:

- ...Esa canción me gusta...- "¡ash!" pensó ella cuando los vio sonreírse de manera cómplice y volverse el rostro sonrojado. Bob apenas quitó la mirada del camino.

Brainy pasaba por delante del carro, la luz roja estaba por terminarse. Se perdió de vista cuando siguió avanzando y se parapeto con la cara lateral del edificio... Una involuntaria sonrisa adorno el rostro de Helga.

Miriam y Bob a su vez, cada uno, mostró su comprensión de los hechos, la una con una sonrisa cómplice y el otro frunciendo el ceño y, al ver a su hija por el retrovisor, volteando la mirada a otro lado.

Helga también confundió las señales con coqueteos.

Este acto cotidiano del que nunca había sido participe le dio nauseas, porque a su edad cachar a sus padres de esa manera era lo más repugnante del mundo. "¡hiac!"

Y con esa última mueca plasmada en el rostro trato de fundirse con el asiento.

Todos los ocupantes del auto volvieron a quedarse sumidos en un sopor infranqueable.

Quizás el detonante fue un simple pensamiento y lo que este provocó.

- ¿Arnold y yo podríamos ser ellos?- pensó Helga...- ¡¡Arnold!!... ¡Arnold!... Arnold...-

A partir de ahí Helga volvió sobre ellos ese aire taciturno que los acompañaba desde que se despertara.

Si ella pidiera hacer algo para remendar su fatal error, tendría que ser enorme, algo así como traer de vuelta a los padres de Arnold. Como lo intento en el sueño.

Siguieron andando hasta situarse delante de la PS118. Permanecieron un rato más escrutando la fachada del edificio en espera de un indició que manifestara que las actividades en el plantel ya habían dado inicio; además, sopesando la posibilidad de no abandonar el carro nunca.

Se sentían intranquilamente confortados por el interior del vehículo.

Pero Bob rompió su burbuja de confortable e inquietante tranquilidad:

- Entraras a clases- No era una orden, sino una pregunta vagamente formulada.

- Es la clausura del curso- se justificó ella, Helga.

- Podríamos adelantar el viaje...- dijo tentativamente, casi como suplicándolo.

Helga aun no le quitaba la vista al edificio - Olga se alegrara. Podrá verte antes...- Helga volvió el rostro hacia él. Lo considero, no era como si tuviera tanta ganas de reunirse con Olga después de todo- Pero, ¿y...?- no tenía ningún pretexto para dilatar la partida. Y tampoco tenía grandes expectativas para quedarse. Tal vez debería alejarse un tiempo.

Miriam estaba pendiente de la "negociación" de padre e hija.- Puedo hablar con el señor Simmons para explicarle- y para terminar de convencerla añadió- y en tano, puedes recoger tus cosas del casillero- Ella volvió la mirada al edificio y por fin aceptó- Sí- con rotundidad.

Sí. Tenía que poner tierra de por medio y esperar a que los ánimos bajaran. A su vuelta intentaría disculparse con Arnold, una vez más.

Ambos se pusieron en marcha en cuanto los primeros alumnos ingresaron a las instalaciones, entre ellos vieron al profesor de Helga, pero no le dieron alcance. Mientras tanto Miriam los esperaría en el auto.

Cuando ellos ingresaron a la escuela, Miriam recostó la cabeza en el respaldo del asiento. Suspiró pesadamente. Entonces, negó febrilmente, como si espantara algún bichejo de su rostro.

- Te veo aquí mismo, no te muevas...- Le dijo Bob a Helga. Ella simplemente asintió para seguidamente comenzar a vaciar su casillero, su padre se alejo por el pasillo que lo conducía a mano derecha.

Y Miriam se aferraba a la insustancialidad del viento cuando se negaba a creer que ésa punzada en el corazón era un mal augurio. Podría ser cualquier cosa, incluso nada. Preocupaciones vanas.

Brainy pasó por su lado cuando ya había vaciado todo su casillero. Increíblemente él no la notó, por primera vez en su vida. El resto de los alumnos que entraban en horda tampoco la habían notado. Ironías de la vida, el chico salía de los lugares menos esperados en las situaciones menos esperadas, y ahora la pasaba por alto, como se hace con el aire.

- Hola Brainy- lo llamó en un impulso de ego herido.

- ¡Hel- Helga!- regresó unos cuantos pasos para saludarla. Casi cometía sacrilegio. ¡No la notó ahí parada! - Hola- y un poco desilusionado comento- Has llegado primero- ella sonrió sin maldad- Si te apresuras serás el primero, no he visto a nadie de la clase- dijo.

- ...y no cuanta hasta que no entres en el salón- aclaro sin mayor importancia.

- Entonces andando- animó él, pero ella no avanzo.

- ¿No vienes?- se volvió

- No, mi padre quiere que viajemos una horas antes, así que no me quedare para la clausura-

- ¡ah...! Pues...-

- ¿Puedes hacerme un favor?

- S-sí, sí.

- Despídeme de Phoebe y dile, por favor, que en cuanto llegue a casa de Olga, me comunicare con ella.

- Descuida yo le digo

- Bueno pues graci...-

Brainy la había sorprendido con un enorme abrazo de oso.

¿Cuánto más podía abusar de su suerte? Porque lo normal sería que como mínimo Helga lo hubiera empujado lejos de ella para luego hacer el ademan de quitarse mugre de la ropa.

Pero no ocurrió nada de eso.

- Te voy a extrañar mucho, Helga...- tomó una mínima distancia para poder enfrentarla.

Helga flaqueó e hizo el agarre, del que se sostenía, más fuerte. Había cerrado los ojos y respiraba acompasadamente. El carmín cubrió sus mejillas.

Él la observo todo el rato que se mantuvieron así, como en un mundo aparte, donde ella lo invitaba con sus labios ligeramente abiertos a besarla otra vez, con su cabeza echada hacia atrás y ahora con los ojos abiertos brillando con intensidad.

No era su primer beso. Dado al menos, no. Pero si el primero que recibía.

Los alebrestados alumnos que seguían llegando, con sus padres detrás, jalaron a Brainy con ellos y Helga lo despidió con un sencillo movimiento de mano.

Un instante después apareció Bob; padre e hija intercambiaron unas cuantas palabras y se marcharon.

Brainy, que se había zafado del ajetreado va y ven de alumnos, los vio marcharse hasta desaparecer en las inmediaciones del patio, entonces, cuando ya no vio más sus siluetas, pudo decirle:

- Adiós... Helga-


Días de agosto.


PS118.

El patio de la escuela después de las vacaciones.

Incluso el bullicio cotidiano se puede clasificar, según el origen de éste.

En esa ocasión se debía a esa efervescencia que circulaba a través de las venas juveniles, cuando cualquier sujeto entraba en contacto con otro de su misma especie y empatía.

No hacían falta los relatos extravagantes de las vacaciones, donde aquellos viajes se volvían las más grandes aventuras con los detalles más surrealistas, aun si las narraciones sólo eran referentes a la preparación de un emparedado.

El deseo de compartir -o presumir- saltaba de huésped en huésped hasta embriagar a todo el sector juvenil.

Las vacaciones habían terminado.

Algunos más, mostraban nuevos accesorios para iniciar el curso, tanto en su indumentaria como en lo referente a los útiles escolares. Lo importante era convivir con los compañeros y amigos, de los que se ha estado alejado por un extendido periodo vacacional.

Ese corto periodo ha causado tanto revuelo, y no es por demás. Los cambios ya se huelen en el aire, se notan, se viven... Y en ese momento era el punto exacto donde las conversaciones hacen hincapié.

Aunque en algunos casos…

- Pensé que no vendrías. ¿Cómo te sientes?- Pregunto en cuanto lo vio llegar, empujado por la multitud de estudiantes.

- Ya mejor, gracias- Hicieron su saludo habitual, y en cuanto este terminó le dio una rápida mirada al patio.

Lo conflictivo de cada año era que muchos de los padres de los alumno de primer año, algunos de segundo año incluso, acompañaban a sus pequeños hijos hasta las puertas de la escuela para asegurarse que entraban seguros sanos y salvos, recomendarles un buen comportamiento, darles ánimos y asegurarles que al terminar la jornada, estarían ahí por ellos.

Era en verdad un caos. Nada envidiable por cierto, no con unos abuelos tan… entusiastas como los suyos, y sobre todo su abuela.

- ¿Bien, nada más: bien? Tienes muchas cosas que contarme, Arnold- Esperaban a que un grupito de tercer año decidiera a quitarse de las escalinatas que daban paso al recinto.

- En realidad no fue la gran cosa ¿sabes?- Avanzaron.

- ¡Estuviste en coma! ¡¿Y me dices que no es la gran cosa?!- Arnold se encogió de hombros. Un tanto por la atención que estaban llamando; un tano porque con ello quitaba relevancia al asunto; y otro por los recuerdos que le traían ese hecho.

- Bueno... Viéndolo así... Sólo fue una semana y los médicos...- Los murmullos del cuerpo estudiantil se iban quedando atrás según su andar. Y el pasillo se le hacía interminable.

- ¿Saben cuál fue la causa?- Arnold negó silenciosamente. Pudo haber dicho que fue por agotamiento crónico… indirecto. Stres y agotamiento crónico y un poco de irritabilidad.

- No.- Mala concentración. Pero el detonante había sido una caída em… brusca. Se había golpeado la cabeza y… Abner le había salvado la vida.

- ¡Waw! Lo dices como si nada. ¿No te dio miedo?- Asco a decir verdad. Rabia contra él mismo.

Una semana y media atrás, cuando lo dieron de alta después de que recupero la conciencia, lo analizo detenidamente, aun estando en sus cinco sentidos, no habría podido hacer mucho por él mismo, ni por Abner. No era que no hubiera tenido miedo en el momento de ver como el camión se le venía encima, estaba reducido a una nula capacidad de reacción.

- ¿De qué?- Más que temeroso estaba impactado. Su cuerpo se tenso cuando escucho el grito de guerra. Definitivamente no daría pie a aquello.

- ¡Apártate de mi camino engendro!- ¡¿Por qué Helga no podía esperar a que iniciara el curso formalmente al menos, antes de incordiar?! ¡No, señor! No se lo permitiría.

- ¿Cómo que de qué...?- Gerald pareció no notarlo. Empezaba a subir las escaleras del primer nivel.

- ¡Te digo que te apartes!- Arnold se da la vuelta bruscamente sin ver a quien se dirige. ¡Porque si quería guerra…!

- ¡¡¡Ya te escuche Hel- Rhonda!!!!- Bueno quién podría culparlo. Esa tenía que ser una reacción instintiva en él al grito de ¡ataquen!

- ¡¿Cómo me has dicho, Arnold?!- Oh-oh. Rhonda no estaba nada complacida, juzgaba Gerald, Arnold a su lado permanecía con el semblante pálido y una risilla nerviosa, mediocre intento de disculpa.

- Lo siento te confundí... Ya sabes la costumbre...- intento defenderse. Estaban obstruyendo el paso en las escaleras, lo que no le gusto para nada a los chicos. Rhonda podría alegar que se resbalaron…

- Costumbre o no, un lo siento no ¡Ey, tú, engendro!- grito al instante de sentir que le arrebataban de sus manos un objeto que Gerald no pudo ver- ¡¡¡Vuelve aquí con mi pañoleta!!!- Curly se perdió como una mancha multicolor por los pasillos. Rhonda siguiéndolo a él.

- ¡Vaya con esos dos!- Meneo la cabeza y siguieron subiendo.

- Sí, Gerald...- Pronto alcanzaron su aula e ingresaron. Dentro se encontraba Rhonda, sacudiendo su pañoleta de suciedad invisible, en compañía de Nadin; Curly platicaba con Eugene y Sheena, él se miraba triste…

Se dirigieron a buscar el asiento libre que Gerald le aparto a él, porque a pesar de que no todos sus compañeros estaban en el salón, sus útiles se encontraban apartando sus bancas.

- Algunas cosas jamás cambiaran- le comento Gerald. Rhonda y Nadin salieron del salón. Rhonda los ignoro, mientras que Nadin agitaba su mano en dirección a ellos. Los chicos le retribuyeron el gesto.

- Que consuelo, Gerald- Eugene y los otros chicos no se habían fijado en ellos, más tarde los saludaría. Arnold estaba contento de que hasta el momento parecía que ninguno de sus compañeros había sido trasladado a otro grupo.

- Y hablando de eso... ¡Helga no ha cambiado casi nada, pero…!- Estuvo a punto de explicar que a pesar de que ahora utilizaba el cabello suelto hasta los hombros, aun así se le podían ver marcas muy parecidas a moretones y alguno que otro rasguño en la cara, pero su explicación quedo ignorada cuando Arnold lo interrumpió.

- ¿Ha llegado?- Hacerse lo saber en parte cumplía el objetivo de comprobar si el temperamento de Arnold aun explotaba con la sola mención de la chica. Y aunque la reacción no fue tan ex abrupta como toda la mitad del curso pasado, si hizo muestra de incomodidad. Así que como Arnold se estaba volviendo tan hermético con respecto a ese tema, no sabría decir a qué atendía dicha incomodidad.

- Sí y yo que tú me cuidaría... Está de un humor fatal, peor que el último día que la vimos.- Advirtió, no fuera a ser que en cuanto se vieran la chica le saltara a la yugular. Arnold sólo podía pensar "vaya así que ella está aquí" desempachadamente después de todo eso es lo que había deseado al final de las vacaciones.

- Hum... ¿Debería tener cuidado, no?- dijo distraídamente. Iban de regreso al patio.

- Sí, corta cabezas a diestra y siniestra desde entonces... ¡tuvimos una suerte!- Bueno Arnold ya no parecía tan reacio a ignorar a Helga tan contundentemente.

- ¿Cómo?- ¿se había perdido de algo? ¡De a cuerdo! Se perdió todas las vacaciones de verano.

- Es cierto, no lo sabes... Ella también falto a la clausura del curso- explico el chico a su lado. Estaban cerca al pasillo donde la dirección de la escuela tenía su sede.

- ¿En serio?- A su lado paso un Harold lloriqueando, pero realmente no prestaron mucha atención con tanto alboroto a su alrededor.

- Phoebe me comentó que tuvieron que salir con anticipación, por eso no vino. ¡Qué suerte!, ¿no? – Arnold a penas atino a contestar pues su atención fue llamada hacia unos escándalos alumnos de cuarto año, quienes le hacía burla a un niño al que no recordaba haber visto antes.

- Así que fue un gran día y me lo perdí- respondió al fin.

- Despreocúpate, ya habrá otros- Arnold asintió vagamente. Estaban por doblar una esquina, pero alfo que alcanzo a ver por el rabillo del ojo lo hizo detenerse, una pequeña familia iba de salida de la oficina del director Warts.

- ¿Esos no son los padres de Helga?- Gerald regreso sus pasos. Efectivamente, los Pataki en pleno se dirigían hacia ellos.

- ¡Con razón anda de tan mal humor...!- expreso Gerald. Tan sólo el rictus serio de Helga hacia evidente ese hecho.

- Hasta Olga vino...- murmuro Arnold a Gerald cuando los Pataki estaban casi a la par de ellos.

- ¡Apártate, Cabeza de balón!- Arnold podía jurar que lo veía venir.

El chico Cabeza de balón no supo ni a dónde fue a dar con semejante empujón. Ella, jamás... antes, lo había hecho con tanta saña. Miraba con rabia a sus padres, quienes miraban sorprendidos y al mismo tiempo dolidos, como demostrando que ese era su territorio y que no les permitiría entrometerse en su ambiente.

Luego giró para ver a Arnold, ahí dónde fuera que estuviera, y luego intento pero no pudo, no puedo...

Olga, la hermana mayor de Helga, prestamente y junto a Gerald, ayuda a Arnold a levantarse. Helga se escabulló por alguno de los pasillos.

- Lo siento mucho- dijo Olga, al tiempo que magistralmente discreta limpia una gruesa y punzante lágrima. Pero él se da cuenta, sin embargo, antes de que el hiciera comentario alguno, Bob Pataki dijo:

- No volverá a pasar, Alfred- para luego emprender la marcha. Madre e hija se van siguiendo los pasos de aquel derrotado hombre.


Dos semanas después, tanto Arnold como sus amigos sabían que el mal humor de Helga se bebía a que Olga había sido contratada por interinato, que era la maestra adjunta del profesor Simmons, quien se encargaba de un grupo de tercer año, y que estaba esperando la jubilación de uno de los profesores más veteranos para poder ser maestra titular de un grupo. Y que realmente habían corrido con suerte de que no fuera la maestra titular de su clase porque de lo contrario ellos habrían vivido en el infierno de Helga.

Y que pesadilla les estaba haciendo pasar.

Olga piadosamente, creían, no se acercaba ni siquiera a los salones de los años superiores a cuarto, porque respetaba el espacio de su "hermanita bebé". En realidad no podía. Físicamente estaba incapacitada a subir más allá del segundo nivel, por indicaciones medicas no debía sobre esforzarse, y sobre eso corrían un sinfín de rumores que eran cada vez más exagerado.

Como aquel que decía que Helga al fin había tenido la oportunidad de desquitarse de… En realidad no tenía ninguna escusa para la animadversión que sentía por su hermana mayor. Así que en la primera oportunidad que había tenido, la había empujado por las escaleras y ahora Olga padecía de la columna vertebral.

Rumor que estaba muy lejos de la realidad. Pero Helga no se iba a encargar de aclarar aquel suceso. Y mucho menos a dar razón de sus múltiples heridas, por las cuales había sido suspendida de la case de deportes. Todos creerían que Phoebe siendo su amiga, su mejor amiga, estaría enterada de lo ocurrido, pero Helga se mostro tajante al respecto y ni Phoebe tenía acceso a esa información.

Lo único medianamente bueno de todo aquello era que Arnold no había vuelto a ser molesta por la chica desde entonces. Ni siquiera un sobrenombre o bolitas de papel o cualquier otra cosa. Nada.

Aunque a decir verdad, esas demostraciones habían quedado atrás desde finales del curso anterior.

Arnold suspiraba. De alivio. Lo peor que podría haber pasado era quedar como pareja de Helga en el proyecto. Pobre de aquel que… estaba pensando cuando Nadin y Rhonda terminaron siendo pareja, así que sólo restaban Helga y Gerald…

Iban por las calles de Hillwood, después de clases. Arnold no veía como convencer a Gerald de que trabajar con Helga no podría ser tan malo. Pero en su experiencia sabía que podía ser muy malo. Así que sólo le restaba convencer a su amigo. Porque también sabía que, por experiencia, podría terminar bien.

- No te vez feliz, Gerald- le había dicho, Arnold cruzaba los dedos porque no insistiera en cambiar de pareja.

- ¿Hay alguna razón por la cual deba ser feliz?- le espeto éste de mala forma

- Vamos, Gerald, no es tan...- quiso animar a su amigo

- Si acabas la frase te mato- le advirtió, Arnold parecía muy alegre de su suerte.

- Ves ya congenian- dijo de broma

- ¡Ja-Ja! Que gracioso Arnold. Mira como me rio: Ja, ja- más sarcástico no podía ser

- Es sólo un trabajo, Gerald- sentenció él a su vez

- ¡Pero son muchos días!- acuso el moreno

- Exagerado- rebatió Arnold

- No dirías lo mismo si estuvieras en mi lugar, ¿a qué no?- lo encaró

- Al menos trata de sobrellevar la situación- le dio la vuelta rápidamente al argumento

- ¡Es Helga!, Arnold- se volvió a quejar

- Al menos intenta- rogó el otro por última vez antes de tomar rumbos diferentes y Gerald acepto a regañadientes.

Y entonces fue como firmar el pacto con el diablo porque a partir de ahí, Gerald y Arnold comenzaron a distanciarse paulatinamente, sin saber que la discordia se colocaba entre ellos en forma de mujer -niña en este caso-, pues ¿qué no fue que así que Troya ardió, por una mujer?


Mediados de septiembre.


Las notas del día son:

1.- Si quieres arruinarte el día, lee las noticias matutinas: injusticia, robo, mentira, envidia, sexo sin amor, muerte dolorosa... etc.

Ávido leía las noticas del nuevo día. Llevaba meses enteros leyendo noticias, costumbre que adquirió al término del curso pasado. Él mismo no podría decir por qué.

En el diario no encontró nada que le pudiera ser de interés. Estrictamente hablando, ninguna de aquellas noticas lo afectaba inmediata y directamente. Así que un poco consternado por el infierno de los adultos, dejó la seguridad de su casa para ir a la escuela.

- Ya me voy a la escuela ma'- dijo el chico antes de salir

- Que tengas buen día Brainy- lo despidió la mujer

PS118

Sexto grado.

Clase del profesor Simmons.

2.- Cuando sientas que de tu pecho brota un descontento inusual, generado por X o Y razón, pero que negaras fervientemente, o que ignoraras, aun si la tienes a un palmo de nariz, no cabra duda alguna de que hay una revolución de sentimientos resultantes del X o Y estimulo. Los expertos han llamado a este síndrome, El Síndrome de "El extraño sentimiento".

Surge de repente, hace que te hiervan las entrañas, que mil agujas se te claven en el alma y que todo te sepa a hiel, aparentemente el mundo deja de sonreírte. Y no hay mejor cura que la aceptación, la intervención o resignación...

En dicha clase reina el desorden bullicioso de los alumnos. Niñas y niños participan por igual.

El profesor se estaba ausentaba por un par de horas debido a una junta urgente de maestros. Motivo por el cual gobierna la intranquilidad en sus pupilos.

Salvo en Arnold, un chico extremadamente sensato en momentos como el que presenciaba, pues lo habían dejado encargado de la clase. Pero...

La turba desbocada arremetía una vez más contra el chico. En el acto cayó una lluvia de proyectiles húmedos. Helga ha tomado el control de la resistencia y, creyendo que tiene el control, es decir, el descontrol de la clase, indica a sus seguidores que no dejen de acribillar al enemigo: Arnold.

Pero el frente opositor recibe ayuda de algunos sublevados justicieros, y ahora el grupo de Helga se ve reducido.

Divide y vencerás, dicen.

Dentro de tal alboroto se dan las oportunidades justas para que ciertos acontecimientos se sucedan. E incluso, en semejante alboroto, hay quien encuentra la reconfortante soledad, el silencio y la paz interior.

Arnold logró escapar y esconderse tras el escritorio del profesor Simmons y, al observar que se ha reanudado la sangrienta batalla, se da cuenta que, en medio de todo ese relajo, Brainy permanece sentado en su pupitre sin participar de ningún bando.

Tal es su paz que divinamente las bolitas de papel la pasan de largo, no lo golpean ni una sola vez. A su alrededor se podía describir un circulo, un espacio fuera de aquella batalla campal.

Arnold considera que debe de acercarse a su compañero y averiguar por qué razón no participa de aquella ilícita actividad.

Mientras se dirige hacia él, logra pasar desapercibido por un momento más el contingente aliado ha sido aplastado y nada queda de él, y además él, Arnold, ha caído en una emboscada. Para él ya es inútil tratar de escapar.

Y antes de perecer bajo el yugo de sus captores, echa una mirada al chico ileso, pero allí donde se posa su mirada, Brainy, con paso firme, se dirige hacia su némesis - la de Arnold- declarada de tantos años...

Nadie pertenece a este mundo, a ese momento, salvo él, Brainy y... ella, quien mira algo oculto entre sus manos y ha bajado la guardia. Piensa que... que el chico tal vez sea una salvación, sin embargo...

Sin embargo, acuna entre sus brazos la cintura de la chica y le murmura algo al oído...

Ahora entiendo, estoy convencido de que mi vida nunca será igual...*

...ella reclina su cabeza sobre el hombro de él; el perfil de su rostro le es negado...

...Es doloroso, es como una espina que poco a poco atraviesa mi corazón...*

...Con la mueca de una temblorosa sonrisa ella niega diáfanamente y trata de alejarse de Brainy para volver a la acción…

...Es una pesadilla... *

Entonces...

...Pronto voy a despertar....*

Ambos se alejan de su campo visual, o mejor dicho, Arnold queda sepultado bajo una selva de piernas y sólo escucha el romper de las olas estridentes en que se han convertido las voces de sus compañeros.

Luego sólo es consciente del iracundo rostro del Profesor Simmons...

- ¡Arnold!-

Jamás en los años que lleva de conocerlo, él y ninguno de sus compañeros, le había visto semejante expresión, y no hay que olvidar que su enfado no es más que autentico.

Todos se repliegan y escuchan la decepción que siente por todos, pero especialmente por Arnold; o eso es lo que aparenta, porque en él se ha volcado debido a las circunstancias.

- ¡Jamás creí esto de ti... me has decepcionado, Arnold!- Mira en redondo y añade

- Espero que cuando regrese de la enfermería este todo en orden... No quiero ver ni una sola basura... Quiero encontrarlos trabajando y en silencio. ¿A quedado claro?-

Todos titubean pero asienten, se miran los unos a los otros y comienzan a limpiar el aula...

Ha pasado media hora de que el profesor se fue a la enfermería.

Cinco minutos antes de que entrara el señor Simmons, Brainy ingresa al salón alicaído, pero no dice nada y no hace falta que lo diga, al menos es el pensamiento general del grupo...

Brainy es sólo una de las mejores ejemplificaciones de esa consternación.

- Bien... confirmemos si las tereas están hechas- dice el señor Simmons al momento de entrar.

No lo soporto, han pasado horas y sigo solo en la obscuridad...*

-¡Creo que pasare el resto de las vacaciones sacándome esta basura!- dice animosamente Gerald, que estaba sentado a sus espaldas.

- Ni que lo digas- comenta Arnold


Sunset Arms.

Estaba tan seguro que este amor nunca terminaría...*

Este era uno de esos días por la tarde, de un fin de semana aburridísimo, en que la pandilla no se reunía. Como el juego se había cancelado, los chicos habían preferido aprovechar el tiempo que tenían juntos, sin intervención física de la archí enemiga de Arnold, todo el que habían estado perdiendo por esa causa.

Sin embargo y pese al propósito inicial, Helga, para variar, era el tema de conversación.

En serio, esto se estaba volviendo chocante para Gerald, o al menos lo fingía muy bien… porque desde lo ocurrido en la biblioteca una semana atrás, la revelación de los posibles sentimientos de Arnold y la subsecuente confesión de Helga… y otras tantas cosas más en torno a la chica, Gerald estaba más que curado de encontrársela hasta en la sopa.

Lo que si no podía pasar por alto, y que en definitiva molesto, era que Arnold volviera a la carga con el asunto de Brainy y Helga. Y por cómo estaba yendo la conversación Gerald aseveraba que aquella olvidada charla había caído en saco roto, pues a Arnold le había entrado por un oído y le había salido por el otro con más facilidad que un pez resbalando entre sus dedos.

- Ya te lo digo yo, Viejo- Gerald lanza una y otra vez una pequeña pelota de tenis al aíre.

- Nadie toca a Helga G. Pataki, sin salir ileso- dice el chico. Claro que él ya la había abrazado en un par de ocasiones más y en distintas circunstancias.

- Pero yo lo vi, Gerald. ¡Helga se dejo abrazar por Brainy! Y luego lo beso...- Arnold se deja caer de una sola vez sobre su cama. Gerald quiere saltar de alegría o no sabe de qué por lo evidente que resulta la atracción de esos dos. Y al mismo tiempo eso resulta tan deprimente.

Él es una mezcla de sentimientos y razonamientos en conflicto.

- ¿Estás seguro? Quizá viste mal o te confundiste... Seguramente fue el efecto óptico, es decir desde tu posición pudo parecer cualquier cosa.- Aseguro él. Ya no tan convencido de sus argumentos y resoluciones. Si no, ¿por qué otra razón se empeñaba en solapar ese tipo de encuentros entre ellos? Porque había pasado y no una sola vez, más de una en su presencia.

Pero Helga nunca era la que daba besos, esos siempre los daba Brainy. Helga solo era un mar de lágrimas porque estaba perdiendo al chico "Cabeza de Balón". Y más aun cuando prácticamente le dio permiso Lila de salir con él. Gerald solo quería descalabrarse contra la pared. ¿Dime tú si esto no es una jalada?, a veces le decía Gerald a Helga cuando ella estaba en pleno uso de sus facultades mentales, y más propensa a platicar con él sin terminar llorando a lágrima viva.

Por eso él no había hecho de Cupido y bueno para qué de todos modos esa no era su función. El triangulo amoroso entre Brainy-Helga-Arnold, era un tanto inestable, sobre todo por Helga.

- Gerald- Pero a veces estaba tentado a juntar a esos dos. Después de todo lo de Brainy era tan platónico que incluso el mismo chico lo sabía. A veces se preguntaba si lo de Brainy no era lastima. Una especie de consuelo para Helga.

Días atrás lo había escuchado decirle que los besos entre ellos era una constante invariable en la vida de ella, que por eso la besaba. Helga se le había quedado mirando por un largo rato para luego menear la cabeza. Y con eso el asunto se había zanjado.

Él no estaba muy complacido con la resolución. Helga, sin embargo, estaba conforme que ese fuera el único aspecto de su vida que no diera un giro de trescientos sesenta grados… Y le había advertido rotundamente que no metiera sus narices donde no lo llamaban o podría irse despidiendo de su calificación ese año. Esa, claro, era una sutil forma de decirle que no le quitara lo único que deseaba en la vida.

- No sé, Viejo. Es que es inverosímil. Además, creo que tantas volitas de papel ya te han afectado- Arnold lo miro largamente. Al fin hizo una mueca de disgusto.

- umm- Hacia varios días que sentía que Gerald le ocultaba algo. Pero aun no se animaba a comentárselo. Para él, que Brainy y Helga tenían algo era un hecho, no probado. Algo así como un miedo. Que Gerald le ocultaba algo y le rehuía… pues, lo comprendía de antes por el hecho de que su maestro anterior, el señor Hans Van... um…, era estricto, pero con el señor Simmons como titular de su curso, desde el fallecimiento de su precursor, no le veía motivo ya que las clase se habían suavizado considerablemente.

- Es decir... ¿Por qué tenemos que seguir hablando de esto? ¡Ya pasaron tres días!- Gerald estaba ofuscado. No quería ni imaginarse si le decía que él lo había visto en una actitud sospechosa con Helga y que ésta no lo había golpeado.

- Pero...- ¿Preguntarle o no hacerlo? Ese era el dilema.

- Sí, es increíble, pero no por ello menos imposible ¿no? Si fuera real, que no lo creo, yo estaría feliz por Brainy; es decir, tanto tiempo tras Helga... ¡hasta que se le hizo! Sólo que lo tenían muy bien guardadito...- Arnold considero no hacerlo.

- ¿Helga y Brainy?- Pues a la luz de los nuevos hechos… Aun así, una confirmación casi confrontada con los involucrados, lo sorprendía tanto como molestaba, y no lo estaba reconociendo. La revelación de ese hecho le había dado a su pregunta ese matiz de ingenuidad.

- Sí... Es extraño- Gerald le había dado la espalda nuevamente.

- No eso, bueno, sí pero... ¿A Brainy le gusta Helga?- Se sentó un tanto violentamente

- Sí. ¡No me digas que...! Olvídalo, siendo tú no me sorprendería.- Y eso si que estaba probado

- ¿A qué te refieres?- ¿Gerald le estaba diciendo tonto?

- Eres sumamente distraído para esas cosas, Arnold.- Gerald también se incorporó, sin verlo a la cara.

- ¿Lo soy?- Pregunto un ofendido.

- Sí. ¿O me dirás que has sabido de Brainy y Helga, y que esto sólo ha sido un lapsus?- Gerald se sabía cerca del límite de su paciencia pues no creyó que su tiempo libre lo utilizarían para eso.

- No, no lo sabía- Err… ¿lo intuía? Arnold estaba considerando que si decir eso era válido.

- Ahí está, eres todo un caso.- Podrían estar hablando de chicas… bueno, de otras chicas, consideraba Gerald

- ¿Desde cuándo él está interesado en Helga?- Y eso simplemente era curiosidad en su máximo esplendor

- ¡!... - ¡Por Dios bendito! ¿Y qué tal si se convertía en Cupido?- ¿Desde cuándo te interesa tanto el tema? ¿Te molesta?- O sí, o sí que dejaban de hablar de eso. Una confrontación con los hechos siempre asustaba a un negado total, y Arnold lo era.

- No, no es sólo que...- ¡Pero qué tonterías insinuaba Gerald! ¿Cómo podría molestarle eso?

Ahora sí que se miraban a las caras. Gerald se levanto y camino al frente. Luego se cruzo de brazos y decidió.

- Nada, Arnold, tú tienes algo... Sino por qué tanta insistencia.- Arnold palideció.

- Sólo es curiosidad...- dijo, pero algo en él no se lo creyó. Tampoco Gerald.

- Sí... lo que tú digas...- Entorno los ojos de manera suspicaz… Y considero darle tiempo a Arnold para que recapacitara su respuesta.

- En cerio, Gerald...- El aludido río de lado.

- Está bien... Yo no he dicho nada...- Arnold también se cruzó de brazos. ¡Su amigo no le creía!

- ¡Gerald!...- lo amonesto.

Sin embargo una semana más tarde ni Brainy en su amor platónico, ni Arnold en su eterna reflexión de sus sentimientos, ni las buenas intensiones de Gerald para que se aclara por tiempo indefinido, sus propios sentimientos por Phoebe, ni muchas de las expectativas que tenía el grupo en general, impidieron que Helga y él se hicieran novios.

Y más bien, Gerald era consciente que habían sido arrastrados por el grupo a ese noviazgo tan repentino.

...Hoy y siempre estaré a tu lado, o cuando menos eso cría yo...*


Días de octubre…


Esa mañana cuando despertó la causa de su mareo se debió al despreciable1 movimiento que realizo Gerti, su abuela, mientras le cambiaba el húmedo pañuelo con el que intentaba bajarle la fiebre.

- ¡Qué bueno que ha despertado, Coronel! Pensábamos que hoy tampoco nos acompañaría para desayunar- Bromeo su abuela, pero Arnold lejos de alegrarse por escuchar una voz familiar contrajo su noble semblante en un rictus de dolor y desprecio2.

- ¡Auh...! No tan fuerte abuela- Y ahí estaba el repiqueteante y estridente dolor de cabeza, producto de su propia y extraña voz, la cual le pareció seca y ajena. Tenía un terrible dolor de cuerpo, lo común de un cuerpo enfermo de gripa. No podía mover ni el meñique sin que le doliera el alma, incluso. Moverse era la pero tortura.

- En seguida traeré un remedio eficaz para esos sudores y temblores, Coronel: se deshará de la gripa en un santiamén- susurró. Y Arnold estaba deseoso de tomar cualquier cosa que prometiera mejorar su condición. Así que esperó en duermevela la vuelta de la medicina milagrosa.

Los pasos iban y venían detrás de su puerta y algunos incluso llegaban al umbral pero no lo cruzaban. Era su estado tan lamentable que no se dio cuenta que ya se había tomado dicho remedio, por lo que siguió expectante, dentro de ese sueño sin sueño, por la vuelta de sus abuela. Hasta que aprecio con claridad el trayecto del último motor que escuchara despierto, el rugido de éste aun zumbaba lejano en su atolondrada mente.

Pero él creyó fervientemente que, a pesar de todo, sólo estaba dormitando en la espera de una mejoría.


Ese mismo día por la tarde.

Gerald se largó de la casa huéspedes precipitadamente. Azotó la puerta en su... Por la forma en que se fue, cualquiera diría que estaba huyendo. Pero sólo Arnold sabía la razón, y en parte ese hecho lo indignaba.

Se volvió a la sala, después de asegurarse que la puerta de salida estaba perfectamente cerrada.

Entonces Arnold se pregunto si no había sido excesivo el comportamiento que había mantenido mientras su mejor amigo lo acompañaba. Carraspeó y, mientras se acomodaba en el sofá, rectificó:- Ex amigo-. Sí, Arnold llevaba una semana gritando a los cuatro vientos que ya no eran amigos, es más que ni siquiera lo conocía. Pero por obvias razones, salvo los inquilinos de la pensión, sus abuelos y él mismo, nadie estaba enterado de esta nueva.

Continuó cambiando los canales del televisor, aun sin encontrar ninguno medianamente entretenido, como había estado haciendo mientras estuviera Gerald en el cuarto con él. Había tratado de hartarlo hasta que se largara

- ¡marchara, marchara!- se corrigió mentalmente -al final dio resultado- Se engañaba, y la sospecha de su certidumbre lo fastidiaba más que cualquier cosa.

A Gerald le paso algo en el corredor. Evidentemente no una revelación, no. Algo altero su ánimo, le corto las carcajadas de tajo y las cambió por llanto. Y luego se marchó.

Arnold no tenía que ser adivino para saber que este incentivo no era otra cosa que la causa de su "enemistad" no reciproca. Pero esta suma de dos más dos lo amargo aun más que el amargo remedio que su abuela le diera para la gripa. Luego se avergonzó de sí mismo y lo infantil que había estado actuando; se cubrió con su manta y se removió en el sofá inquietamente: su culpa lo miraba sin necesidad de ojos, ¡vaya! no necesitaba ser corpórea para juzgarlo, desde el sillón, donde momentos antes Gerald miraba todos esos canales sin decirle que dejara por la paz el control remoto.

- ¡Vaya! Pero él no era mejor que yo- Se justificaba un minuto después de apagar el televisor. Y como vio que la única compañía que tendría durante un par de horas sería nada más y nada menos que su conciencia en su forma más severa, el remordimiento, encendió la tele nuevamente - ¡Gerald se largo a burlase de mi sin empacho alguno!- refunfuño.

Y así había sido. Arnold había estado diciendo indirectas tan directas contra su ex amigo, pero al no ser nada diestro en despreciar a la gente en muchos años, en toda su vida, pues se vio repitiendo el mismo repertorio de indirectas por más de dos horas, como "Huele a traición", o "la compañía de ciertas gentes me enferma" y cosas así. Resultado, Gerald se largo a reír.


Continuará…


Notas finales:

1.- No en el entendido de ruin, por malo; sino por imperceptible a los sentidos.

2.- A aquí si es en su sentido literal: no apreciar por hacer daño o ser malo.

* Sobakasu, tema –uno de tantos- de Rouroni Kenshin. Traducción y adaptación de sus respectivos traductores y adaptadores, de los cuales no encontré datos, pero a ellos se les agradece y se les reconoce su esfuerzo.

Y esto, señores y señoras, es –con una manita de gato- la mayoría del borrador que yo tenía originalmente, algunas escenas de la entrega anterior también, y creo que una o dos cosas que aun no han salido a la luz. Lo cual quiere decir que voy a trabajar mucho más para poder sacar la historia adelante.…

Por curiosidad, ¿cuántos de ustedes ya están tomando clases?...

Para finalizar, he de disculparme por no actualizar Títeres y muñecas, pero creo que ya había comentado que no ando muy creativa últimamente y que eso me pone triste. Así que es cosa de esperar a ver cuándo se le se ocurre aparecer a esa musa condenada.

Otra cosa: Gracias por leer y comentar, y muchos saludos y abrazos para ustedes público.

Hasta la próxima.