Réquiem.

(mentre t'allontani stai con me forever…*)

.

Por: La Sonrisa de Cheshire.


Notas: Negación de derechos de autor, salvo la idea de la historia. ¡Todos: pecho tierra, se viene la bomba atómica!

Pido disculpas por esta fatal dilación -pero conste que avise…- en la que me he mantenido, pus si no es una cosa, es la otra. Y por último, no había querido subir el capítulo porque en mi desesperación no hago las cosas bien y no siento que sea lo correcto entregarles algo mediocre. Así que he esperado hasta estar a gusto con el resultado. Y ¡aquí esta!

Otras notas (abreviadas):

Semi- AU y OOC, pero no muy exagerado.

Habrá muerte de personajes. Aviso desde ya por aquello de "linchen al autor(a)".

Me voy a tardar años en actualizar esta historia, pero he de acabarla. Así es amigos la escuela deja pocas horas para los pasatiempos.

¡A leer se ha dicho!


Andando, deje mis pasos detrás…

Ahora, mi maleta de recuerdos comenzare a llenar.


El profesor Simmons vio salir por último a Pipood armando barulla con sus amigos de curso, y con él el pasillo quedo silencioso. Y mientras se alejaban, él pensaba en lo hambriento que se sentía, y que se le antojaba almorzar pudin para el postre, pasta y la ensalada que servirían ese día en el comedor.

Así que se apresuro para guardar los trabajos que quince minutos antes había estado calificando mientras su clase realizaba un ejercicio individual. Realizando esta actividad su mano golpeo una carpeta y esta cayó al suelo con sonido fuerte y seco.

Pero ni esto logro despertar a Arnold, que a mitad del ejercicio se había rendido por fin al sueño. Y Simmons tampoco noto que Arnold permanecía en el aula.

Cuando recogía los documentos de la carpeta su vista se encontró con la lista de asistencia del grupo. Hoy habían faltado cinco alumnos, para su consternación. Repaso la lista una vez más, como lo había hecho luego de tomar asistencia y contemplar las faltas anotadas en ella, haciendo un gesto de disgusto, tal vez por lo feas que se veían ahí las marcas.

Al quitar la vista de la hoja, por fin se percato de Arnold, que seguía durmiendo plácidamente con los brazos sosteniendo su cabeza sobre el escritorio a modo de almohada.

Por un momento se sintió avanzar para despertarlo y mandarlo a tomar el almuerzo, pero luego desistió diciéndose que lo mejor era dejarlo descansar, pues por la forma en que lo hacía parecía que por fin estaba realmente relajado. Por el bien del chico lo dejo olvidar unos minutos su estresante rutina.

En lugar de ello, tomo una hoja para notas y escribió, a excepción del apellido Pataki, cuatro de los cinco nombres de sus alumnos faltantes. Por Helga no tenía que preocuparse, ya que estaba al tanto del motivo de su inasistencia, pues sus padres se lo habían informado prontamente.

Un minuto después, se encontraba saliendo rumbo a la oficina de asuntos escolares, para que las secretarias llamaran a las familias de los chicos y preguntaran la razón de su ausencia. Y obviamente, su almuerzo se tendría que retrasar un par de minuto.

Se volvió a frotar los ojos que le pesaban de sueño. Había creído escuchar un estruendo a su espalda, y la voz de Helga, que no sabía de qué dirección provenía, llamándolo. Así que había girado bruscamente, desconcertado.

- ¡Oye, Arnold!-la alegre y risueña voz de Helga reverbero en la estancia.

Miraba contrariado el fondo del saló, no había compañeros haciendo ejercicios ni… nada en realidad, no había nadie.

- ¡Ey, Arnold!- susurro Helga distrayéndola de su atolondrada y pasmosa inspección- Estoy aquí…

Y efectivamente, Helga estaba al frente, recargada contra la puerta del aula. Dicha puerta estaba cerrada, y en su pose podía saber que lo tenía atrapado. Pero el tenía demasiado sueño como para prestarle atención. Aunque claro que estaba feliz de verla después de varios días de ausencia.

- ¿Una noche fatal, eh, Arnold?- dijo, aún sin moverse de su lugar.

Arnold, que se había recostado nuevamente sobre sus brazos cruzados y con la cara vuelta hacía la pared, giro el rostro para ver a Helga o medio verla. Al menos con estar en esa posición él quería hacerle ver que la escuchaba. Pero no respondió. En verdad tenía mucho sueño.

- Alabo tu elocuencia…- bromeo Helga.

Arnold alzo la cabeza y recargo su mejilla izquierda contra su palma de su mano izquierda. Helga lo observaba atentamente abrir y cerrar los ojos tratando de evitar el sueño. Ella miro hacia otro lado, todo en rededor sin perder detalle del aula.

Frente a ella estaba el escritorio del señor Simmons, anteriormente ocupado por Hans van Nistelrooy, repleto de carpetas y hojas, y más trabajos que seguramente habían realizado la semana anterior.

Había un portalápices decorado con conchitas de mar, algunas tenían rayos obscuros sin ser negros y pinceladas de un color claro; el portalápices contenía una regla y un compás, así como dos lápices y un bicolor. La pluma probablemente se la había llevado prendida en la bolsa de la camisa o estaba sepultada debajo de los documentos.

Había un retrato también, uno con toda la clase reunida. La foto había sido tomada unos días antes de vacaciones de fin de curso, del quinto curso. Asumiendo que ya no estarían juntos. En el mismo portarretratos el maestro había colocado fotos tamaño infantil de los miembros de su familia.

Sin ver a Arnold poso la vista en la ventana, los alegres colores del medio día se colocaban silencios, dándole un aire confortable al salón. Lo que más le gusto a Helga de aquella escena fueron los destellos dorados que le arrancaba el sol al cabello de Arnold, las sombras de las bancas desparramándose por el suelo. Y las medias figuras de los retratos de los presidentes de la nación que se ocultaban a sus ojos por causa del sol.

Arnold adormilado la contemplo a ella. Y a su parecer ella observaba con detenimiento el armario al fondo del salón. Allí había una maqueta del sistema solar y un mapa del mundo suspendido cinco centímetros por arriba de éste. Había algunos libros, materiales varios para trabajar en actividades manuales, una pecera vacía y… algunos objetos y trabajos olvidados por las generaciones anteriores. O que precisamente por ser de generaciones anteriores es que estaban ahí, como recordando que alguna vez tal o cual alumno había tomado clase en esa misma aula.

En algún momento volvió a abrir los ojos, Helga no lo miraba a él sino a sus manos que jugaban con el dobladillo de su manga derecha. No lo había notado, ella había vuelto a usar su perpetuo vestido rosa y su camisa blanca, aunque la que usaba en esta ocasión era de mangas largas. El moño rosa estaba situado en su cabeza sosteniendo la media coleta de su peinado. Su fleco caía cubriendo sus ojos.

- ¿Sabes? Me alegra que estés aquí…- le dijo. Su voz sonó suave y parsimoniosa debido al sueño que aun no lo abandonaba.

- ¿Sí?... A mí también, tenía ganas de volver- le respondió ella quedamente, como si en realidad no sintiera la felicidad que trataban de expresar sus palabras.

- Me imagino… - Entonces hubo un silencio enorme que no pudo franquear. Se estaba volviendo a quedar dormido. Entre parpadeo y parpadeo, Helga le había regalado una sonrisa conciliadora, contario a lo que normalmente haría de verse ignorada.

- ¿Y cómo esta Olga?- le pregunto, sus ojos se habían vuelto a cerrar y tenía ganas de quedarse así hasta que el sopor se fuera.

- Recuperándose.

- Me… a-legra…- bostezo. Helga cambio el apoyo de su peso de un pie a otro, o quizá quería atravesar la distancia que los separaba.

- Arnold…- Pero, al parecer desistió. Por el momento.

- ¿M?-

- Yo…- forzó a sus ojos a permanecer abiertos.

- ¿Podemos hablar otro día, Helga? Es que en verdad tengo mucho sueño y…

- Quizá no sea posible, Arnold

- ¿Por…?

- Bueno… tú y yo…

- ¿uh?

- …como que no nos llevamos muy bien, ¿no?

- sí… como que eso… pero esta-mos hablando, ¿no podemos… otro día?

- sí, hablamos… Ahora no hay nadie, ves lo que digo…- abarco todo el salón con un movimiento de brazo al señalar. Arnold giro apenas el rostro, sus ojos medio cerrados.

- ¡oh!- pareció comprender… Helga se irguió sobre su eje y se corrió hacia la derecha mientras que su mano buscaba la manija de la puerta para abrirla…

- Tengo que irme…-¿te vas? Murmuro Arnold, sin voz-, la clase ya va a empezar… y me escape de casa ¿sabes?

- ¿Por qué?- Su cerebro embotado en cambio no pudo procesar y expresarle que era muy seguro que sus padres estuvieran preocupados por ella. Tal vez porque el hecho de que se iba no le parecía agradable. Después de todo, hacía tanto que no hablaba con ella de esa manera tan amena.

- Tenía ganas de verte- sentencio sin pena y segura de lo que decía. Arnold en cambio cerró los ojos y no por el sueño. Sentía que así no escuchaba una mentira, pues sus palabras más bien le sonaban a "te extraño". ¿Y cómo podía ser eso si ella estaba con Gerald?

- Lo siento…- esta vez si había pena en su voz. No pena de vergüenza sino de arrepentimiento. Arnold se sintió mal, dividido entre sus propios sentimientos y la lealtad que a pesar de todo le tenía a su amigo. No quería que Helga se retractara, aun si, de alguna forma, eso significara que ambos engañaran a Gerald. Tampoco quería aceptar la idea de que si Helga en algún momento le llegara a decir que lo quería, y que parecía era el caso, no fuera como él había anhelado. Se sintió mal por interpretar erróneamente los sentimientos de Helga, seguramente eso la mortificaba.

Temiendo que se fuera, pues tal vez su descontento la hacía partir, y que no tuvieran otra oportunidad de hablar por cualquier motivo, por su distancia principalmente dijo:

- No, no… yo lo siento- dudo un momento y en cuanto sus labios se despegaron para pronunciar unas cuantas palabras, un montón de disculpas por todas las cosas que habían pasado entre ellos a lo largo de esos mese, salieron sin proponérselo.

- siento… no haberte escuchado ni aceptado tus disculpas y ser un tonto y… tantas cosas Helga- había ocultado su cara entre sus manos, estaba demasiado avergonzado para verla de frente.

- yo también lo siento, Arnold, nunca debí decir aquellas cosas, ni hacer tantas otras… Nunca debí lastimarte- dijo ella al tiempo que él.

Ambos siguieron disculpándose sin escuchar al otro realmente. Ambos derramando lágrimas conciliatorias. Disculpándose por sus actitudes, por sus malos pensamientos, por las palabras dichas, por las que se callaron. Por no haberse perdonado…

- Yo estoy segura que- estaba diciendo ella, cuando Arnold realmente escucho, pues ella hablaba de sus padres- tus padres te quieren y donde quiera que estén estarán ansiosos de volver a verte, Arnold- él sabía que tenía que responder a ese gesto, pues el día que pelearon al argumento contrario al que había dicho ella, ahora, él había respondido que los padres de Helga no la amaban. Pero no supo que decir…

No por maldad, pero la verdad cómo podría refutarla.

Había alzado la mirada y murmuro un estrangulado gracias…Helga derramo unas cuantas lágrimas y quiso decir algo para contradecir lo dicho en aquella ocasión pero ella negó, él bajo la mirada apenado.

- No es que mis padres no me quieran…- lo excuso ella- a estas alturas no es secreto que mi familia sea disfuncional. Hablamos poco, convivimos menos. Cada quien está aislado por su propia soledad y… El miedo no es buen consejero…

- No. No lo es…

- Y no es que no me amen, lo acabo de descubrir…- ella avanzo hacía él, y Arnold se levanto torpemente de su asiento. Ahora él era unos centímetros más alto que ella- lo que pasa…- ella acerco su mano al rostro de Arnold sin llegar a tocarlo. El quiso inclinarse para obtener la caricia, pero en ese momento se le hacía inalcanzable, y no quería que Helga se alejara más de él.

- Lo que pasa es que no sabemos otra forma de amar… Así somos nosotros… Olga en su mundo tan perfecto para llamar la atención de papá y mamá… Mamá rebasada por su falta de ánimo y glorias perdidas… no sé por qué realmente. Papá buscando el amor en la gloria… Absolutamente equivocados, todos…

- Helga… - ¿Formas de amar? Reflexionaba él. Concluyo que efectivamente había formas de amar. La de los padres, por ejemplo. Los suyos lo amaban tanto que decidieron no arriesgarlo al peligro y dejarlo con sus abuelos, mientras volvían. Los de ella, que seguramente no había recibido una educación sentimental más adecuada y expresaban como podían sus propios sentimientos.

- Pero me aman- Helga sólo repetía un patrón equivoco de expresión sentimental. Él quería mostrarle otra forma de amar…

- Sí, te aman…- Quizá Gerald se la enseñara.

- A lo Pataki… pero me aman- tal vez en el futuro ellos pudieran por fin hablar de sus sentimientos. No lo veía adecuado en ese momento pues ella ya tenía una vida complicada.

- Claro- Iría paso por paso, y luego…

- Y yo…- ella lo miro directamente a los ojos, ambos se sonrojaron- tengo que…- dio un paso atrás- tengo que irme

- Yo te…- ella siguió alejándose. Era mejor así-, Helga… - había regresado imprevistamente y le había plantado un beso imperceptible sobre los labios.

Ahora sobre su asiento, Arnold se llevo los dedos medio e índice a los labios para cerciorarse que el beso seguía ahí. No sabía qué pensar, ni mucho menos que significaba.

Sí, pronto… Pronto descubrirían su particular forma de amar.

Parpadeo varias veces, desterrando así las lágrimas que insistían en salir.

- No llores más, Arnold… me gustas más cuando tus ojos claro me miran sin pena ni lágrimas, cuando ríes y tu sonrisa los ilumina…- aun sonrojado él asintió.

Quizás, una promesa.

- Ahora, vuelve adormir… Chico listo- susurro, su mano estaba sobre la manija otra vez. Él sonrió y Helga salió por fin.

Enterró su cabeza entre sus brazos… las puntas de sus dedos acariciaban el beso de Helga.

Cuando la puerta se volvió a abrir, supo que se había vuelto a quedar dormido, mientras meditaba que haría en adelante. Aun no se hacía a la idea de no confesarse de inmediato a Helga.

Los otros chicos fueron entrando en tropel al aula, sin prestarle mayor atención. Pero no le importo, mejor así a que le preguntaran a que se debía el fantasma de sus lágrimas…

El miro a Rhonda y Nadin platicando con Sheena en un grupo, a Lorenzo y Pipood y otros chicos en otro, a Sid, Stinky y Harold hablando con Eugin y Curly… Pero no le importaba ser excluido de sus conversaciones.

En cambio se perdió en el recuero del aquel efímero beso.

Algo paso a fuera que alerto a la clase. Miro aun sin comprender. Los chicos se habían arremolinado en la puerta después de haber escuchado un lastimero "¡no!"

- ¿Qué pasa?- le pregunto a Pipood, que era el más cercano a él.

- El profesor Simmons está llorando.

- ¿Qué…? ¿Por qué?

Cuando Pipood iba a responder, escucharon la voz triste de Warts llamándolos al orden.

- Niños, niños… por favor compórtense y vayan a sus lugares…- pidió. Todos tomaron asiento y el director por fin pudo entrar, detrás de él lo hizo Simmons.

La clase los miraba angustiada. ¿Qué pasa? Se preguntaban todos. ¿Por qué llora?

- Tengo que darles una terrible noticia- Simmons sollozó una vez más- está mañana… No…Durante la madrugada del día de hoy…- dejo de escuchar, sus ojos buscaron el lugar vacío. Ese día habían faltado Brainy, Helga, Gerald, Phoebe y Lila…- falleció…- un zumbido ensordecedor se instalo en sus oídos, no quería escuchar, no quería- … por falla respiratoria…-

No era verdad.

Estaba mintiendo.

¡No!

Su mente gritaba, no podía procesar lo que escuchaba.

No quería.

- … guardemos un minuto de silencio por nu-e-est-r-…


De este álbum, escogeré mis viejos pasos de los que no puedo llevar:

Los que están colgados en los retratos de nuestro momentos dichosos,

los que guarde en una caja chica y enterré en el jardín de nuestros pecados,

en tus memorias…


Días antes: miércoles, tercera semana de octubre

¡Gerald!

Salió huyendo.

Su voz todavía sonaba en sus oídos…

Suplicante.

- ¡Gerald! – le gritaba con desesperación.

- ¡Gerald!- …con terror impreso en cada uno de sus gestos.

… su imagen, ella, el desamparo personificado, grabada en un sus pupilas.

Aberrante.

Una vez miro hacia atrás. Y ante él se irguió la fachada de ladrillos y concreto de la P. S. 118, no eran Gerald y Helga aferrados en un abrazo tan…

Sólo un edificio, no ellos.

Phoebe lo vio irse. Lila aferrada a sus brazos lloraba con el dolor de la impotencia sacudiendo su delgado cuerpo. Tuvo ganas de abofetearla, no sin razón aparente. Pero contrariamente a sus furibundos deseos de hacerla callar, la apretujo en un abrazo. Porque de no hacerlo, cualquiera cosa, ella también rompería en llanto.

- ¡Es tarde, Phoebe! ¡Muy tarde!

Phoebe no quería pensar en el peso de aquella sentencia. Así que sólo arrastro a Lila hacía el suelo para sentarla, y sentarse junto a ella.

Y aunque ella sabía que lo que pretendía Lila terminaría así, no estaba preparada…, no tenía la más mínima idea del alcance de eso…, no sabía en verdad cómo los iba afectar.

Brainy las encontró así: abrazadas, sentadas al pie de la escalera que daba acceso al edificio principal de la escuela, él único. Phoebe dándole consuelo a Lila. Y por todo lo que había visto, porque él lo presencio todo, hasta el final, sabía que Phoebe no sólo consolaba a Lila sino a sus propias penas…

Y pensó que ambas eran egoístas.

Él era egoísta.

Pero ninguno de ellos lo hacía apropósito.

El chirrido de las llantas de un carro estacionándose al frete de la escuela, del otro lado de la calle, lo saco de su caótica introspección.

Big Bob Pataki avanzaba hacía le escuela. En su andar apresurado se sentía el frenesí desesperado de su urgencia por abarcar distancias en unos cuantos pasos. Brainy se estremeció bajo la mirada iracunda del hombre, mirada que los traspasaba sin hacerlo realmente.

Miriam Pataki, por su lado, como si fuera la sombre de aquella gran mole…, venía detrás de él. Parecía deshacerse en cada paso que avanzaba. O que sus nervios la desarmarían en cualquier momento.

Figuras antagónicas. Complementos perfectos. Proyecciones precisas del ánimo de cada uno: Mientras él era la fortaleza de Miriam, reflejada; ella era la incertidumbre de Bob, igualmente personificada.

Al verlos pasar tan excitados, Brainy se hizo a un lado, aun si no era necesario. Phoebe lo busco interrogante. Y Lila, que no los había visto llegar, pero que si los sintió cuando pasaron por su lado, por el sentimiento que desprendían, también los miro interrogante y pronto una sensación de opresión comenzó a bajar por su garganta.

No hizo falta que la pregunta de Phoebe abandonara siquiera sus labios, él contesto presto, aunque no gustoso.

- …tuvo una crisis- dijo a media voz. Nunca pensó que soltar aquello costara tanto. Pero al final lo hizo con cierta alevosía.

- La han sedado… será trasladada al hospital…

Los labios de Lila hicieron una o perfecta, al tiempo que los brazos de Phoebe se deslizaban inánimes por su espalda, entonces Lila trato de aferrarla.

- ¡Tú tienes la culpa!- acuso Phoebe que se revolvía en los brazos de Lila.

Brainy no dijo nada, pensaba que era justo lo que estaba pasando entre ellas. No se sentía satisfecho de todos modos. Lejos de eso, se sentía vacío y ni verlas pelear producía una mejoría en su ánimo.

Lila había soltado a Phoebe, como si esta quemara. Sí, quizás ella fuera responsable.

La tromba Pataki paso una vez más por su lado, la enfermera los seguía y detrás iba Gerald y el profesor Simmons. También se les unieron varios alumnos curiosos.

Phoebe sabía que Brainy se había acercado como los demás a la reja para verlos partir. Que Simmons trataba de razonar con Gerald. Y que a su lado, Rhonda u otras chicas arrullaban a una llorosa Lila.

Ella se llevo las manos a la boca y para luego abrazarse. Su pecho apenas separado de sus piernas por sus brazos, bajo hasta donde su cintura lo permitió.

En su mente se repetía una y otra vez la salida presurosa de la familia Pataki, pero el momento más duro e impresionante fue ver la languidez de su mejor amiga.


Lunes, tercera semana de octubre…

Phoebe la aparto de su camino sin mucho tacto, asiéndola del brazo con fuerte apretón, llevándola lejos de las miradas y oídos indiscretos. Lila podía saber que Phoebe estaba bastante enojada aun dejando de lado las señales evidentes en sus gestos.

- ¡Pero qué pretendes, Lila!- le dijo. El resto de la población estudiantil iba y venía sin prestarles mayor atención.

- Bueno, si va a haber un mártir, mejor que no sea uno, ni dos, sino tres, ¿no te parece?- dijo Lila molesta también. Evidentemente Phoebe trato de esconder el gesto de sorpresa, por la aseveración.

- ¡AH!- jadeo- En ese caso… - su cerebro no estaba procesando tan rápido como debía- ¿Y tú muy solicita, no?- dijo finalmente…

- No, en realidad… Helga me dijo…-

- ¡Pero es que Helga es una estúpida, eso es lo que es! - silencio, Lila miraba hacía los chicos que se juntaban para ir a casa –… y a estas alturas su palabra no significa nada…

Ese día, después de clases, el sol proporcionaba una caricia agradable después de tantos días grises.

- ¿Por qué eres tú quien le cuida las espaldas a Helga, Phoebe, si ha sido ella quien te quito a Gerald? No, no me respondas, yo te lo diré: Porque la quieres, ella es tu mejor amiga, a pesar de todo. Todos nos apreciamos y…

- Todo esto con Arnold, es por ella… ¿cierto?- Lila asintió lentamente; evitando pensar con disgusto que ya antes trato de decirle- ¡Pero qué tonta es!

- Sí, lo es… ¿Y qué vas a hacer al respecto, eh?- la confronto pues no desistiría en su propósito.

- ¿Tú qué vas a hacer?- Incrédulamente, Phoebe pensaba que confrontando a Lila, ésta dejaría de cortejar a Arnold tan tenazmente, por no decir descaradamente. Y este asunto se le hacía tan grotesco por el hecho de que hasta entonces Lila había demostrado ser dulce y comprensiva. Pero ahora parecía que era la temporada de "los patos tirándole a las escopetas". ¡Qué aberrante!

- Phoebe, por favor, no te entrometas… Arnold necesita…- Sí, se decía Phoebe. Él necesita, y no sólo él, a la ecuación podría sumársele Gerald, Brainy, ella misma con sus terribles deseos de llorar, y al paso que iba Lila, también ella se uniría al show… Pero de eso Lila hacía oídos sordos.

- ¿Qué sabes tú de lo que él necesita? ¡¿Qué sabe ella?!-


Segunda semana de octubre

Sábado.

Se despertó temprano y decidió que tenía que sacar todo los pensamientos que daban vueltas en su cabeza cual si fuera la ropa en la secadora. Así que tomo su diario y se dispuso a redactar las cosas más raras que vio o escucho durante la semana.

El viernes, no fue un día malo, en general. Fue un día de encontronazos, de cierta manera. La ironía estaba en que justamente la semana laboral terminaba en viernes, y ese viernes había sido la cereza de tan inusual semana.

Capitulando los eventos que redactaría en su diario se encontró viendo a la nada, sin saber que escribir a continuación.


Viernes.

- ¡Bob, estoy harta!- Ese viernes Arnold madrugo y cuando aún faltaba mucho para tomar el autobús que lo llevaría a la escuela, decidió que iría a pie. Así que no era extraño que en las inmediaciones de la escuela, se encontrara a algunos miembros de la familia Pataki, relativamente temprano.

La escena que presencio, en cambio, si se le hizo chocante. Más que nada porque no entendía de que iba el asunto. Los tres Pataki estaban fuera del automóvil de Bob Pataki. Olga estaba posicionada de tal forma que pudiera recibir el material escolar con que iba a trabajar con su clase, en el medio de Helga y Bob; los tres le daban la espalda a Arnold.

Pocos transeúntes caminaban por esa acera demasiado apresurados como para prestarles atención. Así que Arnold puedo acercarse cautelosamente sin ser visto.

- Olga, ya te lo dije, si quieres que esto continué, lo haremos a mi manera.- Al parecer Helga estaba teniendo uno de sus típicos berrinches. Mientras Bob, con toda la paciencia del mundo la escuchaba.

Él sabía que escuchar conversaciones ajenas no era algo bueno, sin embargo su curiosidad era mayor que él. Y decidió parapetarse detrás de unos contenedores de basura. Y si alguien lo vio de mal modo, a él no le importo, porque simplemente el intercambio era por demás intrigante.

- ¡Bob, pero esto no es co-m…!- Helga se cruzo de brazos y no termino la frase de tan indignada que estaba. Olga, su hermana mayor, iba recibiendo sus pertenecías mientras Bob, su padre, las sacaba del carro.

- ¡Basta, Olga!- Exclamo el hombre al tiempo que cerraba la puerta del copiloto de un portazo.

- ¡Te odio, Bob!- Olga meneo la cabeza y acomodo mejor su portafolio y los folders sobre sus piernas. A pesar de estar viendo a la profesora Pataki en silla de ruedas no registro ese hecho. Ni lo asocio a los comentarios que circulaban por los pasillos, ni que eran propiedad, incluso, de los chicos de su clase.

Pero ellos tenían razón, Olga Pataki estaba desmejorando con el paso de los días. Tan drásticamente que ahora no se le veía un solo día sin su silla de ruedas.

- "¡Helga, es Helga, papá!", se dice, señorita…- Helga hizo cara de circunstancia y sus brazos se descruzaron de inmediato.

- ¿fue… fue a propósito?- El señor Pataki gesticulo alzando una ceja. Luego se situó detrás de la silla de ruedas de Olga y comenzó a empujarla para llevarla del otro lado de la calle, hacia el recinto de la P.S. 118

Por sorprendente que fuera, Helga se aferro a una de las hazas de la silla para cruzar la calle como si fuera una niña de no más de cinco años.

No obstante de estar molesta con su padre.

Y el simple acto lo conmovió intensamente.

Todo ocurrió sin que ellos voltearan hacia él.

Luego, aun pudo escuchar que le decía el padre a su hija y que respondía esta a continuación porque justo en ese momento el tránsito por esa zona era nulo.

- Recuerda que tu hermana Olga también viene a clases y que la escuela me queda de paso. Así que… ¡Un detalle!... Sólo eso… Dame cualquier otra excusa y este jueguito infernal se termina por el bien de todos, ¿comprendes?

- Gerald me llevara de regreso a casa, como siempre…- Arnold los siguió tan de cerca como le fue posible para no delatar su presencia. Atravesó la calle a una distancia prudente de ellos.

- Bien. Ahora vete a clases, jovencita.- Helga no espero que le dijeran nada más y se marcho corriendo. Cuando Bob se percato de él, pues Olga lo había saludado, Arnold, devolviéndole el saludo, fingía atar las agujetas de sus zapatos. Entonces el hombre ya no le prestó atención.

Inmediatamente después de que Bob ayudara a Olga a subir las escaleras de entrada, Lila lo intercepto. O… casi.

- ¡Wow!- dijo sujetándola para que no cayera debido al rebote que produjo su choque. Ella emitió un gritito de sorpresa.

- ¡Arnold!- dijo después- Lo siento no te vi…- recompuso su postura y lo saludo de beso en la mejilla, a lo que él correspondió con un saludo similar.

- Descuida, yo tampoco estaba prestando atención…- mientras ellos reiniciaban la marcha la calle recupero su bullicio habitual.

Grupos de tres y dos estudiantes madrugadores o alumnos solitarios se les adelantaron; uno de ellos corría desesperadamente, a saber qué era tan urgente para él.

Anduvieron su camino bastante callados hasta que Arnold le pregunto la razón de su evidente cansancio. Estaban en el pasillo donde se impartía su clase.

- No es nada, en cerio…- Lila parecía reticente a contarle y algo nerviosa- sólo cosas… cosas…- dijo.

- ¿Tienes problemas en casa?- insistió él.

- mm…- dudo antes de negar con un exagerado movimiento de cabeza, como si hubiera estado considerando mentir.- No, no Arnold. Sólo…sólo no puede dormir.

- Sólo… no… ¿pudiste dormir…?- Sopeso esa respuesta, pero antes de decirle que tenía los ojos demasiado hinchados para tratarse de la simple irritación debido a la falta de sueño, habían llegado a la puerta de su aula y sus especulaciones de que había llorado se esfumaron al reconocer la presencia de Helga.

Y la reacción que tuvo Lila en cuanto la vio.

Arnold frunció el ceño en cuanto Lila prácticamente se escondió tras él. Luego empujada por otros alumnos entro. Arnold la interrogo con una ceja alzada, pero ella negó y se fue hasta su pupitre.

- Bue-buenos día Helga- tartamudeo sin verla realmente.

Y a diferencia de otros días Helga respondió con un simple "buenos…"; porque de ser un día habitual, su vocero-novio, Gerald, habría respondido el saludo por ella. O Brainy en su caso. Pero hoy ellos no estaban presentes, todavía.

Y para Arnold era tan glorioso volver a escuchar su voz… (ya rara vez hablaba), que simplemente dejo pasar lo que sea que estaba aconteciendo entre las chicas. Miro a Helga por largo rato, sin conseguir, a fuerza de incomodidad, que ella volteara y le dirigiera su típico y casi olvidado "qué estas mirando Arnold-o/Cabeza de Balón/Melenudo/'Chico listo'/Zopenco/etc., etc., etc.…".

En cambio escucho fuerte y claro:

- ¿Qué se supone que estas mirando 'Zopenco'? – departe del novio ultra celoso, Gerald.

- Gerald…- Estuvo a punto de replicar algo más, pero el "oh… bueno" consternado de Lila lo interrumpió. Brainy estaba levantándose de la primera banca, tras la cual ella estaba sentada.

Enseguida entro el profesor Simmons.

- Buenos días chicos, veo que han madrugado hoy…

- Buenos días profesor- contestaron al unísono. Unos más entusiasmados que otros. Y conforme el resto de la clase iba entrando, cada uno repitió el saludo.

La jornada siguió como de costumbre. (¡Hazme el favor!) De vez en cuando la clase rompía en carcajadas por los ocasionales comentarios de Gerald (¿porqué a él sí se le pegaron los malos hábitos de ella y a mí no?), el vocero de Helga (…eso tiene sentido…); las instrucciones del profesor (…y si pregunto, no mejor no seguro se burla de mí…) y la cátedra en general (…una larga hora para almorzar…). Otras tantas, se veía interrumpida por las plumas rasgando el papel (¡¿cómo voy a saberlo?! Yo no estuve allí…¡siguiente-e!); sillas moviéndose, alumnos removiéndose sobre ellas (bueno si un tren parte a la misma hora de la estación del norte, y ambos se encuentran a la mitad del camino, sólo por unos minutos…; pero mientras el tren A llega, el tren B está por salir… ¡ah, que horro!...); la puerta abriéndose y cerrándose por las salidas de los compañeros, ya sea a los sanitarios o las supuestas salidas a los sanitarios, por los ruidos que éstas dejaban pasar del exterior(¡Por qué no dejan de salir, me desconcentro!); lápices o cuadernos cayendo al suelo, cuchicheos esporádicos, risitas; los pasos de Simmons llevándolo a recorrer el salón mientras ellos realizaban ejercicios y esas cosas (si mejor paso a comprar verduras, el frigorífico esta casi vacío…).

La hora del almuerzo pasó sin pena ni gloria. Excepto por el glorioso momento en que Gerald y Helga parecían discutir.

¡Ah! La dichosa ambivalencia… Arnold podía estar feliz por ese simple y minúsculo hecho. O, fustigándose por alta traición a su amigo de toda la vida…

¡Qué bella es la vida! Sí, es una ironía.

- ¡Bien, haz lo que quieras!- le dijo. Luego, entonces, Gerald se aparto de Helga, no muy lejos de todas formas. Brainy y Lila se acercaron a Helga. La chica de trencitas abrazo a La ama y señora de Betsy y Los cinco vengadores…

¡Oh, sí! Así es… Esa fue la reacción que tuvieron los más cercanos al grupo.

Lentamente se fue acercando a Rhonda y Nadin, Harold, Stinky, Sid… Quienes "discretamente" observaban el "inaudito" espectáculo, la primer pelea de Helga y Gerald. Y si ellos creían que ese noviazgo se acabaría ahí, se equivocaron.

Después de todo el hecho de Lila estuviera hablando con Helga de… vaya a saber qué cosa, cuando llegaron a pensar en sus mentecitas perversas de niños de sexto año, que Gerald tuvo un desliz con Lila (¡las cosas que se inventan!) o Phoebe, era la cosa más desconcertante del mundo. Obviamente no iban a cortar y "van muy en cerio, ¿no?".

Aunque por la forma en que Phoebe le daba palmaditas en el brazo a Gerald, podría parecer que lo podría estar consolando porque aun no podía terminar con Helga y debía resignarse. Por cierto, ¿de dónde salió Phoebe?

Sin embargo eso no era lo que veían, porque al instante siguiente Gerald se abalanzaba furioso sobre los metiches.

Arnold no lo vio venir porque al perderlos un momento de vista, habiendo girado al escuchar a alguien riendo de otro asunto a su derecha, y además estaba por detrás de sus compañeros de clase, se distrajo de lo que ocurría a tan sólo unos pasos de él.

Así que Phoebe no lo estaba consolando sino todo lo contrario, alertándolo de los mirones.

Simultáneamente Lila se retiraba de Helga, ésta a su vez buscaba a Gerald, y él al tiempo que gritaba "¿Se les perdió algo, 'Zopencos'?, quedaba cara a cara con Arnold…

Los ojos de Gerald se hicieron dos rendijas muy apretadas… Arnold en algún momento se envalentono pero dudaba que fuera capaz de llegar a los golpes con Gerald por una cosa de nada… ¿O, sí?

Trago pesado y si no fuera porque Helga intervino, sujetando la mano de Gerald, llamando su atención, quién sabe qué habría pasado.

Arnold supo que esa oportunidad de retirarse inmaculado se le estaba escapando de las manos y, sin embargo, permaneció clavado en su sitio, frente a ellos.

Así que estuvo en primera fila para ver como Helga buscaba refugio entre los brazos de Gerald…Como este la cubría sin mayor reparo y le prodigaba…

Se fue… No tenía por qué estar presenciando eso.

Más tarde, sin embargo, parecía que aun estaba frente a ellos sin, ninguno, haberse movido de su sitio.

La voz estrangulada de Helga, escapando amortiguada de entre ellos, seguía sonando en sus oídos como si la misma Helga se lo hubiera dicho a él al oído recientemente.

esta hecho…

Y en su pupila el abrazo cargado de significado de Gerald –en ningún momento lo vio a la cara-, abrazo que se había estrechado más,seguía grabado como con tinta indeleble.

Escena que sólo podía ser remplazada por otra más perturbadora que la de Gerald y Helga abrazándose.

Simmons sosteniendo a un gimiente Gerald.

Ambos lloraban con tanta desesperación que en aquella aula se podía palpar su dolor. Arnold no sabía cómo es que comprendía aquello, pero él lo sabía.

Pero esta vez no fueron las palabras de Helga las que se quedaron martillando sus tímpanos, sino las de Gerald.

mo s-si… co-como si, si… (gemido lastimero)… m-me 'stv'-era' dej-ej-jando-o…

¿Qué… qué significa esto?, pensaba luego de detener su atolondrada huida.

Necesitaba tiempo para meditar.

Porque todo el mundo andaba de cabeza y al parecer él era el único fuera de contexto.


Lunes.

Estaba enfurecido porque sus papás no querían llevarlo con ellos. Y a pesar de que se decía que ellos tenían razón, en ese momento no lo podía explicar. Una, incluso dos veces pensó que dejar a sus abuelos era un gran error, que era un golpe bajo…, que su partida les ocasionaría un gran dolor y la tristeza los podría consumir. Que si morían sería su culpa.

Aun así, se aferro a ir con ellos. Así que partirían apenas terminara el día. Sus padres le pidieron que hiciera las maletas mientras ellos arreglaban lo de su viaje.

Subió presto a su cuarto.

Del cajón de su escritorio saco cajas muy pequeñas y allí comenzó a guardar sus pertenecías. En una pequeña valija junto una muda de vestir, cepillo y pasta de dientes, un porta retratos de sus abuelos, el libro rosa, un lápiz, su pasaporte. Luego siguió amontonando cajas y cajas en miniatura y algunas del tamaño de una persona adulta. Todas ellas repletas de pertenencia que si se hubiera detenido a pensar, habría resuelto que era algo absurdo.

En algún momento debió de fatigarse porque se tendió sobre la cama revuelta y observo hacia arriba.

El enorme traga luz desbordante de atardecer, la claridad cediendo a las sombras y el ambiente templándose. Calma, silencio y la distancia con sus sonidos de ecos desvanecidos de motores ronroneantes que se alejan.

Quieto. Todo quieto… como él en sus reflexiones.

De pronto se abrió la puerta y Stella entro por ella. El cuarto ya estaba en penumbras. Y pensó… se dio cuenta de que se había quedado dormido.

El cuarto estaba a obscuras y sumido en un silencio tal que sólo era propio de la media noche.

- ¡se me olvido!- le dijo a su madre al tiempo que esta lo retenía para no levantarse.

- No importa Arnold…- levanto las sabanas para taparlo- Podemos viajar otro día- y lo arropo. Arnold se dejo hacer no muy convencido.

- …en verdad quería ir con ustedes, mamá- ella se sentó en la orilla de la cama

- lo sé, hijo; lo sé, amor…- por alguna razón sentía que la voz de su madre tardaba en desvanecerse horas enteras. Que persistía incluso ante la negrura de su inconsciencia.

Con el siguiente movimiento de balanceo, Arnold gimió quejumbroso. ¡Se había vuelto a quedar dormido! Estaba boca abajo, por lo que tuvo que girar para ver a su madre velando su sueño. Y no debió pasar mucho esta vez porque aun era de noche. Lo sabía por la penumbra del lugar. Sin embargo no era la figura de su madre quien lo observaba. Helga estaba sentada a los pies de su cama.

No supo porque le estaba preguntando –lo sabía aunque no escuchaba su voz- quién era el hombre del retrato.

-… ¿un… un hombre?-duda antes de contestar.

- sí…- dice Helga (que viste el uniforme de un medico, y que además aparenta la edad de un adulto), y gira el retrato para verlo ella misma, como si jamás hubiera visto el contenido del mismo- ¿sabes quién es este hombre?- le ha vuelto a mostrar el retrato, su paciente ha asentido.

Él se sabe su paciente. Aunque ignora por qué.

La Helga que está delante de él le recuerda vagamente a la psicóloga que los visito hace algún tiempo.

Bliss, cree recordar que así se llama.

- ¿Cómo se llama?- pregunta ella y espera con paciencia la respuesta.

- un hombre… ¿Papá?... Lo conozco- gira hacia la puerta cerrada y señala antes de añadir – está esperándome allá afuera.

Pero él sabe que ese hombre no es su padre. Más bien, por el semblante serio y gruñón, cree ver en la fotografía al señor Pataki, sin embargo tampoco es él, sino el profesor Hans.

- Muy bien, eso ha estado muy bien, cariño – dice con plena convicción de que nada está bien, aun así finge y Arnold lo sabe- Ahora probemos con otra lamina…- muestra el dibujo y pregunta- ¿Qué ves aquí?

Su paciente se exalta y se impulsa hasta quedar en la orilla del sillón donde ha permanecido toda la consulta. No se dio cuenta cuándo su cama dejo de serlo, pero no le causa mayor conmoción, contrario a lo que está pasando con él. Sabe la respuesta y ésta baila en la punta de su lengua.

En su rostro se ve que ha reconocido el objeto que se le muestra. Y también el esfuerzo que hace por recordar el término adecuado para definirlo.

Frunce el seño y dice: Son esas cosas blancas que están en la boca y que sirven para comer…

Ella asiente y anota algunas observaciones en su libreta.

¡Oye, Arnold!

Es lo primero que escucha al cobrar conciencia del lugar en que se encuentra. Estaba soñando. Aun con el reloj sonando, deja que esa idea penetre en su cerebro perfectamente. Se empapa de ese hecho porque el sueño ha sido tan desconcertante que no cree ver diferencia de la realidad.

¡Oye, Arnold! ¡Oye, Arnold! ¡Oye, Arnold! ¡Oye, Ar-uuunsl!

Al fin desconecta su despertador y se levanta listo para un nuevo día. Se apresura a la ducha, más tarde se lava los dientes, se peina y se viste. Pero a pasar de haberse bañado, siente la esencia de aquel sueño desprenderse de él.

Mas no le da importancia y se dice que si vuelve a tener un sueño así de desconcertante de inmediato acudirá a su abuelo, pues sabe por experiencia propia cómo la alteración de su sueño puede alterar su día a día y no quiere que las consecuencias lleguen al extremo, como la vez que Abner lo salvo de ser atropellado.


Y los días vienes…

Y los días van…

Y el rubor de tus mejillas me invita a probar

Y tus silentes labios serán fantasmas atormentando entre mis sueños.

Y Un día de estos me dirás "hola", aun sin pensarlo (cosas de la buena educación, parecidas a costumbre)

Y a otro me quedaré con el "Adiós" en una mano

y con el corazón estrujado en la otra…

Y un día de estos te sorprenderé con un "te quiero"…

Y al otro no habrá una razón para decir "Adiós"


Septiembre. Tercera semana

Despertó sobresaltada; su cabello, que enmarcaba su rostro, estaba empapado por el pegajoso sudor. Temblando se replegó sobre sí, abrazando su rodillas y escondiendo su cara llorosa en aquel hueco. Había sido sólo un sueño, se repetía. Sólo un terrible sueño, del que no podía escapar.

¡Grauuuu!

Giro hacia la izquierda. Y ese movimiento en espiral, que hacia el agua al bajar, la tenía en una especie de trance. Transparente líquido girando hacia la izquierda, en una espiral interminable…

Su cuerpo se recostaba en la estructura blanca, su brazo derecho servía de apoyo, su mano retraía en un puño a intervalos de tiempo marcado por los espasmos, y su cara prácticamente colgaba hacia el interior de la espirar del agua. Su piel pálida se estremecía por las brisas del aire acondicionado, su frente estaba surcada de perlas trasparente.

Lágrimas clandestinas abandonaban sus ojos al precipitarse. No había llanto porque técnicamente ella no estaba llorando. Era una reacción que acompañaba a las arcadas que constantemente agitaban su débil cuerpo.

El típico grauuuu del agua al bajar reverbero en la estancia. Con dificultad se incorporo y se dirigió hacia el lavamanos para asearse meticulosamente, pero había sido ingenuo de su parte creer que las molestias terminarían tan pronto cuando de hecho, con el paso del tiempo, era evidente que los episodios se prolongaban. Así que con resignación se volvió a encerrar en el cuarto de baño y se desplomo recargada contra la puerta esperando el nuevo ataque de nauseas.

El tanque se estaba llenando.

- ¿Lila, amor, mamá está aquí?... Lila mira hacia la puerta. Su habitación se va oscureciendo con los tonos ocres del sol. Las cortinas no se mece a causa de la brisa vespertina, la ventana permanece cerrada.

- La gotita gira lentamente hasta caer- Niega silenciosamente cuando ella no está bajo el dintel. Entonces gira parsimoniosamente y sigue dibujando sobre sus hojas de papel blanco, saturadas de figuras incomprensibles.

Y mientras dibuja, a veces se detiene, se mece y canta algunas estrofas sueltas.

- Cayendo sueña que es pétalo, que se mece entre el verde del mar y el azul del prado, que la arrulla la voz del viento y la cobija el calor del sol, y entonces sueña que es gota y cae- El silencio se prolonga, Lila se balancea adelante y atrás, lentamente; la noche está llegando.

Luego el proceso se repite y es un interminable monserga de "¿Lila, amor, mamá está aquí?" y silencios prolongados interrumpidos por el estribillo de una desconocida canción.

La gotita gira lentamente hasta caer

- ¡Olga!- La luz dilato sus pupilas en cuanto ésta entro por la puerta abierta, Helga también entro.

- Hermanita bebé… Qué… qué haces despierta a esta hora- Su voz vacilante apenas formulaba algunas cuantas frases. Helga paso sus dedos por la frente sudorosa de Olga, apartando el cabello de la frente para sujetarlo mientras Olga volvía el estomago.

¿Había pasado la mayor parte de la madrugada ahí, sola y enferma?, se preguntaba Helga.

- Tú… qué haces levantada, con estos malestares y sola, Olga- Ella podía sentir a Helga moverse a su alrededor desenvolviéndose perfectamente, aparentemente sin una pisca de terror, o al menos eso es lo que ella percibía.

Helga por su parte contrasto su temperatura con la de Olga, ella estaba helada.

- Los medicamentos son muy agresivos- dijo Olga, luego de un prolongado silencio, en el que Helga sólo se ocupo de pasarle una tolla que estaba a la mano, y seca, por lo hombros para abrigarla.

- Supongo… Llamare a Bob para que te lleve a tu habitación…


Septiembre; miércoles, segunda semana.

Con tanto alboroto nadie se fijaba en él. Así que nadie lo cuestionaría por no participar en aquella actividad. Entonces él podía hacer lo que más le agradaba, observar a Helga. Tan minuciosamente que luego podría escribir un reporte detallado de cada segundo en la vida de la chica, podría aventurarse a conjeturar, incluso, lo que pensaba.

La observo largo rato. Riendo y aprovechando el cese a las hostilidades que existían entre ella y Arnold. Jugando a odiarlo y amándolo en secreto. Siendo simplemente Helga. Y por un momento fue ella, la chica que conoció tantos años atrás en el preescolar.

Pero… todo ocurrió tan rápido. Helga se desvaneció y él no había podido hacer nada por retenerla… Y no podía hacer nada por retenerla. Como no podía evitar que la briza le agitara los rubios cabellos de un lado a otro. Ni que el sol los hiciera brillar cual oro, o que en el claro-obscuro de la línea marcada desde la base de la cabeza hasta más allá de los hombros, toda la trayectoria de su cuello, esos hematomas, que no terminaban de desvanecerse, parecieran más amoratados.

Él la sostuvo y eso pareció confortarla.

Cuando regreso de la enfermería, la clase estaba en orden nuevamente y trabajaban con las raíces cuadradas. Todos se sorprendieron al verla entrar, puesto que nadie se había percatado de su ausencia, incluso Arnold que desde que había visto entrar a Brainy lo miraba de tanto en tanto, como si comprobara algo que estaba más allá del entendimiento de Brainy, quien daba por sentado que Arnold sabía de la ausencia de Helga.

Pero fue Gerald el que había sonreído al verla entrar.

De haberlo visto Brainy, habría hecho una mueca en desacuerdo, como hacía a todo lo referente con Gerald y Helga. No, definitivamente no le gustaba lo que veía venir.

El profesor Simmons, que había tomado el puesto como titular del grupo luego de haberles anunciado que la madrugada del día anterior el profesor Hans Van… de apellido difícil de recordar, había fallecido, continuó la clase con normalidad.


Martes, segunda semana.

Helga había vuelto a llorar tanto ese día, como el día que Arnold busco a Gerald en la biblioteca; tanto como lo haría en el momento que le diera la oportunidad a Lila de conquistar a Arnold, sin que esta última lo supiera, claro. Porque Helga amaba a Arnold tan profundamente que antes de perderlo definitivamente y a manos de alguien no digna de él, lo cedería a una persona capaz de hacerlo feliz. Ella pensaba que Lila era la chica correcta. Pero ahora sus lágrimas eran por temor a perderlo.

Algún día, en un futuro no tan lejano, ella finalmente desistiría de Arnold y aceptaría su pérdida. Pero eso ahora no lo sabía. Y ella esperaba secretamente que Gerald cumpliera su palabra, aunque no lo manifestara, porque tenía tan pocas esperanzas a que aferrarse que Gerald y su promesa eran mejor consuelo que una realidad imperiosa e inamovible, tan triste...

Gerald, por su parte, hacía un buen rato que había dejado de sentirse en un mundo subjetivo en el que sólo ese tipo de situaciones pasaba. Pues, su sanidad le dictaba que no había mundos subjetivos, ni sueños, ni otra cosa que la realidad. De lo contrario el sería un ser desalmado, inhumano y carente de sentimientos. Pero no era así y los problemas de Helga se habían abierto una brecha en su corazón hasta conmoverlo y por fin inclinarlo a favor de Helga.

Tan lentamente como lo hace el amor. Porque ninguno se daba cuenta de que entre sus heridas y su cada vez más notoria empatía se estaba colocando un sentimiento inesperado. Nunca lo notarían. Salvo cuando fuera demasiado tarde.

Amar también lleva tiempo, muchos aprendieron de esta experiencia, Gerald por supuesto.

Y el amor surge en las más diversas circunstancias, Helga no podría negarlo.

Si ellos lo hubieran sabido, tal como las cosas marchaban, quizá abrían tenido más cuidado, quizás abrían objetado… Quizás Gerald se habría alejado.

Quizá.

- ¿Quién es? – le había dicho ella, cuando la histeria embotaba su mente.

- Arnold – le había contestado él simplemente, un tanto exasperado por aquel juego tonto de Helga.

Pero no era un juego. Helga lo miro un minuto, dubitativa, luego molesta. Aun así, volvió a insistir. Para ella era clara la pregunta que le hacía a Gerald, pero para él no era tan evidente lo que la Pataki quería saber.

Helga miro una vez más el relicario entre sus manos; lo acerco y lo alejo de su vista como si tratara de enfocarlo mejor y exasperada soltó un bufido de irritación. Frunció el ceño. Sin apartar la vista del retrato volvió a preguntar:

- ¿Quién es?- Gerald sentado junto a ella por fin se digno a mirarla. Sujetaba el relicario con ambas manos, su mirada baja, le temblaban las manos y respiraba con dificultad. Se estaba hiperventilando.

Pero antes de interpretar todas las señales, ya había soltado su respuesta malhumorada.

- Arnold, ¿quién más, si no?- su rostro de pronto se volvió lívido. Él no estaba preparado para pasar por lo mismo otra vez.

- ¡Maldita sea, Gerald! Sé que es Arnold…lo que…- Gerald no necesitaba que ella terminara esa frase. Él comprendía.

- …lo que…- la voz de Helga quebrada y sus ojos se volvían lacrimosos, al punto del llanto

- … ¡Quiero decir que!- había intentado parecer ruda y controlada, pero eso que había salido de su boca era una patética excusa de voz.

Antes de hablar le restregó el retrato de Arnold, él apenas hizo una mueca, ya superada la primera y lejana impresión que el primer encuentro con ese objeto le había causado. Helga retrocedió un paso.

- ¿Por qué está aquí?- logro articular.

Luego de ello y al mismo tiempo que Helga emprendía la huida, algo a la altura del corazón de Gerald se desgarro.

Esa pregunta se podría interpretar de muchas maneras. ¿Por qué está en mi corazón?, literalmente hablando, tal vez no tanto, tomando en cuenta que un ser humano no cabe en un órgano tan pequeño, mejor dicho, ella se refería a por qué razón portaba una fotografía de Arnold en un relicario en forma de corazón. Donde por supuesto que cabe la imagen de una persona y entonces se cumple la premisa de porqué está en mi corazón.

Claro que en una interpretación más profunda "por qué está en mi corazón", podría significar "por me interesa él", "por qué parece que lo amo". Parece que lo amo, siendo el quid del asunto. Eso es lo que cuestionaba ella.

Y él también había derramado unas cuantas lágrimas y no porque no lo conmoviera el pequeño gran drama preadolescente de Helga, al contrario, se decía que alguno de los tres, o cuatro o cinco -ya no le importaba por dónde iba la cuenta-, tendría que mantenerse cuerdo en esta ruleta de la vida. Porque el hecho de que Brainy estuviera haciendo de payaso alrededor de Helga no le parecía correcto. Que Phoebe se las diera de detective lo ponía contra la espada y la pared. Que Arnold en su "dramática" crisis de "soy un mártir y me subo por las paredes si está Helga y si no me tiro al río más cercano… porque está saliendo con Brainy" – porque… ¡ah! A él no se le había olvidado cómo se puso cuando los chicos habían hecho un comentario al respecto, instalando así la duda en Arnold, y sus posteriores alicaídas del quinto año y aquel ridículo delante de toda la escuela y Lila-… ¿Quién más? Ah, sí, si había que mencionar a otros no acabaría nunca.

Las caras estaban echadas y el veneno comenzaba a corre por sus venas: Y entonces tal vez todo comenzó por compasión, ninguno de los dos lo sabía realmente. Y aunque en el fondo su -¿eh…?- relación estaba cimentada en eso, para ellos dos todo era cuestión de voluntades. Pero si le pidieran a Gerald que dijera cuál fue su primer acercamiento como amigo –más que amigo y menos que novio- real hacia ella, él diría que fue ese. Cuando la había seguido por todo el parque y la había vuelto a abrazar hasta que ella se desahogara y él le prometiera que cada día en adelante le recordaría la razón de por qué Arnold estaba en su corazón, aun si él no conocía las verdaderas razones de Helga.

Ahora, Helga dormía recostada sobre su pecho, tan apacible que podría jurar, si no la conociera ya, que no era ella la gruñona del grupo. Sus dedos contrastaba contra la blanca piel de ella y los mechones rubios que le caían hacía la sien, mientras éstos revoloteaban acariciando su pelo.


Agosto.

Lunes, segunda semana.

- Buenos días alumnos- dijo el profesor

- Buenos días profesor Hans- respondió la clase a coro.

- Como les comentaba la clase pasada, lo primero que vamos a hacer hoy, será sortear las parejas para el trabajo final. Así que pongan sus nombres en un papelito y pásenlos al frente.

La clase estallo en murmullos de expectación. Aunque ya se conocían y la mayoría se llevaba bien, lo cierto era que no todos se compenetraban para trabajar dando un resultado poco satisfactorio. Todo era cuestión de caracteres, cosa que el profesor Hans quería cambiar.

Helga contemplo al hombre molesta. A pesar de haber tocado para ingresar, y no que la puerta estuviera cerrada, él la ignoro. La clase indiscreta, por supuesto, la miraba de soslayo sin dejar de realizar la actividad que se les había asignado hasta el momento.

- Señorita Pataki…-dijo el profesor irritado cuando Helga ingreso al aula, derecho a su lugar habitual.

- Señor "Helsing"…- contesto la chica. Los alumnos miraron y murmuraron, después de eso la jornada prosiguió.

Lo siguiente fueron los quince minutos más largos a esperar dentro del aula, todos a la espera de su pareja de trabajo. Helga simplemente observo por la ventana, sabía que no muchos desearían ser su pareja de trabajo.

En el patio, Olga observaba a sus alumnos realizar los ejercicios que el entrenador… ese hombre que se había casado con su amiga, la señorita…

- Y por último- El profesor Hans van Nistelrooy interrumpió sus contemplaciones.

- Nadin y Rhonda- las chicas que estaban más adelante chillaron de emoción, sobre todo Rhonda, porque se había librado de Helga, por casi nada. Gerald, una fila a su derecha y dos lugares por detrás de ella, intercambio una mirada de pena con Arnold.

- Bien, ahora que ya están los equipos, tomen una copia y pasen el resto a sus compañeros. Esta son las rubricas con que debe contar el trabajo y espero la entrega del primer reporte para la fecha acordada. Ahora si me hace el favor…-paso la vista por el aula, por un momento se detuvo en Helga- señor…-pero no le eligió a ella- Thadeus… lea las instrucciones.


- Hay una diferencia enorme entre: quién fui por él y quien soy por ti


Quinto año.

Escapo de los brazos de su hermana apenas sentir que se ceñía sobre ella. Olga a veces era tan pesada, empalagosa, cursi y tan, pero tan ñoña que no sabía por qué aun no cometía suicidio o como mínimo le daba la loquera.

- Pues te hubieras quedado allá en el ártico, si querías obsequiarme algo- murmuro no tan sutilmente y Olga se echo a llorar.

- ¡Helga!- Tremendo coscorrón se llevo la susodicha.

- ¡Phoebe!- Giro con pánico, si la descubrían ahí su plan se echaba a perder.

Obviamente la obligaron a disculparse con su hermana, cosa que hizo no de muy buena voluntad. Y de no ser por que puso pies en pólvora, la abrían dejado castigada sin salir. ¡Tonta Olga! Helga no entendía por qué razón había ido de visita si aún faltaba mucho para su cumpleaños.

- Es de pésimo gusto espiar las conversaciones ajenas, Helga- le recrimino yendo hacia ella con los puños cerrados y los brazos en jarras. Helga se levanto de su escondite sobándose la parte posterior de la cabeza y pidiendo silencio a su amiga para no alertar a los chicos.

- ¡¿Helga?!- Aclamaron al unísono Arnold y Gerald.

- ¡Nos estabas espiando!- acuso Gerald.

- ¿A ti? – dijo Helga con tono de "y quién es su sano juicio quisiera espiarte a ti". Gerald hizo una mueca de disgusto al sentirse ofendido por el tono despectivo de la chica, los otros chicos también la miraron disgustados; pero también hizo una mueca despectiva por lo implícito de la pequeña frece.

De lo cual Helga se dio cuenta inmediatamente, porque se corrigió.

- No te equivoques…- estuvo a punto de decir Gerald, pero pudo contenerse al final. Aunque por descontado todos sabían que se dirigía a él- ¿Quién querría enterarse de las aburridísimas vidas de Geraldo-Pelos de escobeta y su inseparable amigo Arnoldo- Cabeza de Balón?

Gerald ahora le dio una mirada de suficiencia, como diciéndole "es tan obvio"; Arnold hizo gesto de ofendido; y Phoebe entorno los ojos a l cielo, suplicando paciencia.

- Eso tendrías que decírnoslo tú, Helga, si no por qué razón estarías metida ahí- dijo al fin Gerald al tiempo que señalaba un arbusto que estaba detrás de la banca metálica, tras del cual había un árbol grueso con un hueco que lo atravesaba de lado a lado y de sombra abundante.

- ¿Qué no es obvio?- Gerald y Phoebe quisieron replicar, porque uno creía que tal vez no fuera posible, y la otra no lo creyó prudente – Meditando, por supuesto- incluso Arnold vio la mentira, pero todos fueron condescendientes con ella y lo dejaron pasar como verdad absoluta.

- ¿Allí adentro?- Arnold se inclino hacía el apretujado hueco del otro lado del arbusto, prefiriendo seguirle el juego aunque sospechaba que algo se traía entre manos, seguro un broma muy pesada, por suerte Phoebe los había alertado, sin querer (si le preguntan a ella).

- No es mi problema que hagan ese tipo de confidencias en un lugar público – Al instante ambos chicos se horrorizaron. Qué tanto y qué tan comprometedor era lo que estaban hablando-, además yo llegue primero, no es mi culpa si no se fijaron si tenían audiencia o no.- Claro que estaba mintiendo, pero eso ellos no lo sabían, y en caso contrario, no podían comprobarlo.

- Helga- reprocho Phoebe. ¿Es que esa niña no tenía decencia? ¿Acaso no habría sido prudente alertar de su presencia y ser honesta en lugar de escuchar conversaciones ajenas y privadas? No, evidentemente, no.

Aprovechando la interrupción de Phoebe, Gerald y Arnold se retiraron del árbol para emprender la retirada antes de que Helga usara sus propias palabras en su contra o se inventara unas cuantas.

- ¿Qué? Es la verdad, Pheb's…- Y ellas también se retiraron del árbol para tomar su propio camino.

- ¡Uy, que pesada eres!- recrimino Gerald yéndose del lugar, pero Helga, que tenía buen oído, lo escucho.

- ¡Anda, vete Geraldo! ¿O quieres que grite a los cuatro vientos tu idilio con…?- no alcanzo a decir con quien pues tres estridentes vocecitas la hicieron callar con un sonoro y angustiado ¡NO!

Los pajarillos cercanos a ellos piaron indignados y se marcharon, los transeúntes los quedaban mirando raro y se alejaban; incluso un ciclista fue distraído de su ruta y se fue a estampar con una fuente cercana.

- ¡Vaya, vaya! Alguien no quiere que se sepan sus secretitos…- se siguió burlando. A Gerald le dieron unas terribles ganas de estrangularla, y ocultar su sonrojada cara en cualquier hueco, tal vez en el del árbol; Arnold entonces lo jalo para no tener problemas con ella.

Phoebe permaneció expectante hasta que se fueron los chicos.

- ¡Uf! Por un momento creí que me descubrían

- Helga, eso ha estado muy mal

- Si mamá…- fueron a sentarse a la banca que minutos antes ocuparan Arnold y Gerald- Ya no me regañes, ¿quieres, Pheb's?, ya tengo suficiente con Miriam y Bob… ¡Seguro me castigan hasta el final del curso! Todo por su tonta hija Olga.

- ¿Llego ya?

- Sí, esta mañana, según que para mi cumpleaños

- Aun falta

- Eso es lo que dije yo y la muy cursi se puso a llorar como una magdalena, ¿puedes creerlo?

- Bueno… Así le habrás contestado.

- Ay… No le puedes decir nada porque ya se pone a llorar por cualquier tontería

Febrero de aquel año no estaba siendo tan inclemente. Pero eso a Helga no le importaba mucho. Tenía mucha vida por delante para preocuparse por esas minucias. Ahora lo que le atañía era el regalo que deseaba comprarle a Arnold para su siguiente cumpleaños.

- Y entonces ¿por qué estás aquí?- Phoebe pregunto por fin. Se habían quedado en un estado de contemplación. Más por Phoebe que buscaba, Helga prefería hacerse la tonta y decir que no sabía qué cosa o a qué persona, silenciosamente. Helga también busco… nada en particular.

- Um, bueno… Logre escaparme de las garras de mis padres y de Olga.

- ¿Y se puede saber qué hacías espiando conversaciones ajenas?- Helga rio con suficiencia.

- Pensé que nunca lo preguntarías mi estimada Phoebe- la aludida sonrío con benevolencia.

- Estaba buscando el regalo perfecto para…- miro a todos lados- "Mantecado"- susurro al oído de Phoebe.

- No se te hace que aún falta mucho para su cumpleaños.- dijo retirándose de Helga

- Puede, pero quiero estar lista para la ocasión. ¿Qué tal si me toca comprar algo muy caro? No creo que Bob me quiera prestar después de "ultrajar a su alteza serenísima, Olga".

- Creo que un regalo hecho por ti misma le gustara más…

- Yo también lo pensaba, pero ve cómo quedo el anterior… No voy a pasar por lo mismo

- Como quieras, Helga… ¿Vas a regresar a tu casa a comer?

- No, mejor que no me aparezca por allá, por ahora…

- ¿Vienes a la mía entonces? Aquí ya está haciendo frío…


El trac, trac de la caja musical va girando e inunda el mar

Y cuando pensamos que nada podría ir mal, entonces todo va mal

El diabólico sonido nos va enmarañando y con sus pinzas nos teje en la red…

Esta araña nos va a comer.

Esta araña nos va a comer.

Esta araña nos va a comer…

Yo te golpeo tan fuerte, creo que te he sacado la vida del cuerpo.

No me respondas igual.

Enmarañados y torcidos nos amamos y su infernal sonido nos va a comer…

Gira y gira, el traca trac, el mecanismo de esta vida no va a parar…

Entonces todo está mal, aunque pensamos que nada malo podría pasar.

Yo pienso que si tú me amas, nada podría ir mal…aunque todo vaya mal

(Y aun si pensamos que puede mejorar, ¿qué estamos haciendo para mejorar?)

No me has dicho que me amas, y yo jamás lo confesare.

La bailarina en su tutu rosa me mira con sorna y vuelve a girar.

Se sonríe y me dice: "Cuando la música pare esa araña te va a comer…"

Y sus tuercas gimen oxidadas, parece que se va a romper.

Su ritmo imparcial marcha con nosotros sobre el hilo, pero se está quedando atrás.

Vayamos de la mano o separados y nunca dejes de escuchar la dulce melodía infernal del traca trac…


- Arnold, escúchame…- Arnold sin embargo no escucho. Giro y comenzó a ir en dirección contraria. Helga se quedo con la palabra en la boca.

Phoebe miraba la escena un poco más atrás. Pasados unos minutos de privacidad creyó conveniente acercarse a su amiga. Helga comenzó a caminar cuando Phoebe estuvo a la par. Y no comentaron nada, fue Helga quien decidió hablar del tema.

- Crees que algún día me perdone…

- Sí, tal vez no pronto, pero lo hará. Después de todo, Arnold no es de esas personas que tienden a guardar rencor…

- Mm, no estoy segura, ya pasó una semana

- Recuerda que no fuiste muy amable con él- Helga iba a decir algo al respecto, pero Phoebe no la dejo- De hecho ninguno de los dos fue amable con el otro. ¿Qué esperaba que pasara?

- Definitivamente esto, no. Ojala él lo supiera…

- Lo sabrá… Sólo deja que se le pase y ya verás que te escucha.

Esa noche, Arnold volvió a soñar que estaba con sus padres teniendo aventuras por el mar. Pero al cabo de un rato, el sueño se torno en pesadilla y la tormenta azoto su apacible y relajado viaje en bote. Cuando todo se calmo, sus padres habían desaparecido.

Entonces despertó negando las palabras de Helga.


La música nos está abandonando, me aferro a la idea de ti porque no estás aquí.

¿Hemos decidido caminar por rumbos separados?

Entonces voy contra reloj a un encuentro irreal y mientras sus fauces me muestran la negrura de mi olvido yo ruego:

.

Antes de que se marchite el sol vespertino;

antes de que se derrame la noche sobre nosotros

y sus dedos brunos acaricien nuestros rostros…

- ¡no mires como se inclina y me besa la sien…!-

Antes de que la aurora cubra mis pasos…

…Antes del nuevo día…

.

(La melodía nos está agonizando)

.

Antes quiero decirte (el sol aún no palidece).

Antes de que no haya tiempo, y sus labios ocupen los míos.

…Y su eterno silencio mi voz, por siempre.

Unas cuantas palabras, antes… -Los besos después-.

Antes de que la eternidad me encuentre entre sus brazos, quiero decirte…

Antes de que te olvide y que…

.

.

.

Una a una las maletas de viaje fueron desparramándose. Y las prendas de vestir, y los otros artículos que consideraron prudente llevar, iban marcando el curvo camino de todo lo que se quedaba atrás.

Una vorágine de colores descendentes, un arco perfecto. Un instante alargado en la eternidad del infinito…

El carro descendió por el barranco dando estrepitosos tumbos y volteretas. El grito desgarrador de su madre desvaneciéndose entre las múltiples capas del espacio intangible y la tormenta, y el persistente eco del rechinido de las llantas del tráiler descarrilado, y el estruendo de la colisión y el desesperado llamado de su padre en la distancia…, todas y cada una de esas voces eran como hilos finísimos de telaraña rompiéndose por la fuerza de la gravedad...

La Parca cortando los hilos de sus frágiles vidas con su filosa oz.

Sus gritos y los de ella entre mezclados. Los cristales rotos. Trozos de vidrio cortando sus carnes. Olga golpeando contra los sillones, el volante y la guantera; torcida en ángulos impensables para el elástico y frágil cuerpo humano.

Rocas y ramas, y los colores opacos de sus pertenecías, y las puertas arrancadas de pronto como si de hojas se tratara, y la lluvia, y sus lágrimas, y su propio cuerpo golpeando contra ella, hiriéndola… Descendiendo cuesta abajo…

Y de pronto ella ya no estaba más en el carro.

.

.

.

(Las oxidadas tuercas del carrusel musical no suenan más.

Los engranes explotan alrededor, pero no sabré si tú los has percibido igual que yo…

-en su eco pasado, mi mano extendida a qué se aferro-

Como un eterno silencio avasallador)

.


Continuará…


Notas finales:

35 páginas… y está historia se acaba en uno o dos capítulo más. Me gusto el resultado que obtuve, porque bueno estaba como en un bloqueo y con tantas cosas que hacer para la escuela… Pero ya está aquí por fin.

Antes de irme, recuerden todas mis recomendaciones –sean cuales sean esas- y no olviden dejar comentarios si les gusto y sino también, y por cualquier cosa que quieran decir de la historia, serán bienvenidos.

En la medida de lo posible iniciare el siguiente cap.

Pero, antes de actualizar Réquiem, me voy a dedicar a Títeres y muñecas porque la tengo muy olvidada. Así que voy a tardar en actualizar esta historia.

Por lo pronto me despido deseándoles un buen inicio de semana.

Les mando un gran abrazo y me deshago ante ustedes en mil y un gratitudes por leerme.

¡Gracias!

Hasta pronto.