La batalla de la rosa.
(Por: El Hacedor de Universos)
Notas:
Las notas al final. ^-^
¡A leer se ha dicho!
Hay en un jarrón puesto en un pedestal,
de la oficina más recóndita del viejo edificio,
una rosa pinta que encandila su corazón...
"Inmersa en una densidad insustancial.... taciturna yace la durmiente que presa del sueño se dejo sumir en el olvido... Sobre sí un haz de luz descansa.
Su piel se refleja áspera y fría... Fría como la fez plateada de la grisácea luna, como los colores que bañan a los muertos serenos y apacibles... pero... ¿esta muerta?...."
Deja eso ya, ¿quieres, Arnold?
Pidió Gerald cuando por más que trato de captar la atención del rubio sobre sus asuntos no pudo.
Ahora voy...
Dijo lacónicamente éste, sin quitar la mirada del teclado.
Gerald rodó los ojos y resoplando decidió echarle un vistazo a la habitación que pretendía ser una oficina.
La "oficina" se encontraba en el sótano del edificio y más bien era como un pequeño cubícalo. El cuarto de limpieza, que estaba en frente, era más grande que aquel cuchitril, al que habían relegado a su amigo.
El editor no te va a pagar más por que termines eso.
Le advirtió mientras observaba una mancha de dudosa procedencia y que permanecía medio oculta tras el archivero.
Lo sé, Gerald.
En la voz de Arnold se asomaba una nota de amargura.
...Pero quiero hacerlo.
El foco volvió a parpadear y la intensidad de la luz bajó aun más, dejándolos en penumbra.
¡Esta porquería!
Se quejó Gerald.
Al menos es suficiente para ver lo que escribo.
Dijo Arnold.
Y oculta el desorden que hay aquí, Viejo.
Bromeo Gerald
Y eso también
Concordó él con una pequeña sonrisa en su rostro. Su ánimo de escritor avivo y prosiguió.
¡Clak-H-! ¡Clak-E-! ¡Clak-L-! ¡Clak-G-! ¡Clak-A-!
Lo cierto era que aquel lugar era un absoluto desorden. Las carpetas mal acomodadas dentro del archivero; las pilas de documentos por aquí y por allá; cajas de cartón amontonadas en el lugar donde debería estar el bote de basura; y por extraño que pareciera, había unas cuantas prendas regadas por todo el lugar.
Sin embargo, el sitio de Helga estaba impecable.
Situada en la repisa más recóndita, y cerca de una pequeña ventana, por donde apenas se colocaba un rayo de luz.
Helga
Murmuro Arnold.
Amaba a su rosa pinta. Rosa y blanca.
La chica tiene carácter. Es botita, pero embustera.
Gerald le había comentado cuando Arnold le presento a "su chica". Gerald había querido olerla más de cerca, para captar su fragancia, y al intentarlo, las imperceptibles espinas lo habían rasguñado.
Arnold al respecto había comentado que "Ella" no tenía la culpa, puesto que esa era la forma en que se defendía.
Lo cierto era que Helga sólo permitía la cercanía de Arnold.
Arnold volvió a suspirar.
¡Ey, viejo! Es para hoy.
Lo apremió Gerald. A él le gustaba molestar a Helga, así que luego de meterle prisa a su amigo, una vez más, le dio una sonrisa socarrona a la rosa. Ella permaneció serena e imperturbable en su sitio.
Sin embargo, Gerald tenía la extraña certeza de que esa planta tenía conciencia propia, y que, si fuera posible, ya lo habría golpeado un par de veces por molestar a Arnold.
He terminado
Anunció Arnold. Presto, tomó su saco y avanzó hasta la salida, y antes de cerrar la puerta, se volvió para despedirse de su amada.
Hasta mañana querida Helga.
Sin más salió de su cuchitril, como Gerald había, muy amablemente, bautizado a su oficina.
"El haz de luz, situado por en cima de ella parpadeo un par de veces hasta restablecerse, irradiando un poco más de su potencial.
Los parpados serenos de Helga se movieron de un lado a otro, sin embargo nadie, nisiquiera ella podría dar fe de aquel suceso, pues lo ignoraba.
Nadie supo que aquello ocurrió."
FIN.
Gracias por el tiempo que te has tomado querid lectr para leer esta historia.
Ya saben, lo que no es mío, no lo es… La idea, en cambio, sí.
Si gustan pueden dejar comentarios, ya saben que yo respondo en el perfil.
¡Hasta la vista!
