Títeres y muñecas.

Alter ego: La otra tú.

(La sonrisa de Cheshire)


Notas: Totalmente OOC, ya esta advertidos.


Evasivos, ojos azules, los mismos de antaño, secos ahora.

Navegando expectantes cerúleos iris la negra mascara van;

Juzgan sin voz, y me condenan con esa risa cantarina...

simpatía para ajenos: respetuosa, prudente, lenta y medida-.

.

Corazón palpitas y el tiempo vuelves –recuerdos ausentes-;

Corazón pacifico, lacerado de culpas, ¿a quién agitas?

No llores sangre pasada, iracunda y no derramada;

Corazón por qué te estrujas levantando nostalgias dormidas.

.

Túnel carmín perturbante vorágine no revuelves

Y tu color líquido llevas, rojo, en paz, porque

A salvo de los años marchaste, te ocultas lejana

-sesera, refugio y cárcel abstracta-, allá limbo de la razón.

En pos vengo de la circunstancia un cascaron vacío a encontrar.

.

Formas que se encuentran no se saben en reciprocidad,

Ausentes, ojos azules, que mis arrugas no saben leer.

No me adivinas de antes sabido, de antaño buscado.

¿Qué te paso corazón? Eres un cascaron no' más.

.

¿Quién sepulta un botón y exhuma una flor?

Sepulta el olvido, la culpa y el tiempo -¡aquí está la flor!-.

El gris no brilla, seco te mira el botón –no hay lágrimas que derramar-,

Es olvido, es culpa y es tiempo -¿dónde quedo el botón?-.

.

La nostalgia se esconde en tus cerúleos orbes…

-El recuerdo y el amor, aun hoy confrontados, se abrazan,

Es el consuelo que encontró el ultraje para la amistad-

Juzga sin voz, y me condena su risa cantarina.

.

Que el botón en la flor de fragancia de rosa, sonríe,

Y, que el olvido se mese en tu sien, también, reconozco.

Que el amor y la fatalidad acunados en tu regazo descansan.

Que la otra tú, la que se oculto del mundo real, no me amará ya más.


Un clamor gutural burbujea en la cúpula de gris esponja, un suspiro calmo la desliza por el ocre manto y tras unos minutos de aliento invernal el mar vuelve a bajar, sus líquidas saetas perforan la tierra. Dicen que el cielo está llorando.

Las silenciosas puertas se abrieron y no sabe porque el corazón se le ha estrujado.

Su primer impulso fue pararse y correr hacia el hombre, mas se mantuvo quieto en su sitio. Él no debería estar allí, le recuerda el desbordante desconcierto del padre, pero está allí, a unos metros de él, pendiente de cualquier noticia, y cómo él, con el corazón en un puño.

El médico avanza entre los murmullos declinantes de las otras personas, que para él no tiene rostro. Todos se vuelven hacia el galeno ávidos de noticias, buenas o malas; él no saben si suspiran de alivio o consternación cuando las deja atrás. Pataki lo esperaba con la pregunta en los labios, violentando su ser y su entorno; los murmullos se alzan y franquean el espacio que los separa, no hay noticias para ellos quienes su angustia disfrazan de charlas banales.

Es una película de cine mudo: "¿Cómo está ella,…?", quiere decir, igual que Pataki, pero se atraganta con la saliva y las palabras. Cuestiona con los ojos -él está expectante a cada gesticulación de los hombres-, los del galeno observan impasibles el dolor del padre ("¿…doctor, se va a recuperar?"). Y cuando cree que ha pasado una eternidad –no ha sido capaz de observar al médico dando su resolución- el hombre se derrumba.

Ahí está él, que niega lerdamente, no atina a llorar –las pesadas lagrimas resbalan por su rostro- y caer, o gritar –boquea aspirando desesperadamente el aire para no morirse ahí- y golpear… Va de un lado a otro –el galeno se ha ido- dando tumbos, reprimiendo el impulso de arrancarse los cabellos y sabe que como él, Pataki trae atorado el dolor en el pecho.

- ¿Ahora te preguntas qué he hecho?- William lo arrastra fuera del hospital, a pesar de sus años; Pataki es ya sólo un débil recuerdo contra el que no podrá pelear, que lo atormentara cuando el tiempo lo vista de años, o cuando el silencio venga a besarle los labios y las culpas le acaricien la sien.

- Helga-susurra para llamar su atención, la muchachita se estremece. El hombre de cabeza prominente esta al pie de su cama velando su sueño; jamás antes lo había visto.

-¿Por qué lloras, cariño?- entre espasmos e hipidos baja de la cama y se hecha en los brazos de aquel.

-¡Tío, Will! Soñé u… u… un sueño holibleee… ¡Buaaa!...- el hombre la carga y la mece para tranquilizarla- Jea… Jea…-se deja dar besitos en los parpados que de a poco la van calmando.

- Gerald... ¡Buuu!...- él canta una nana en su oído.

- ¿Qué le ha pasado a Gerald?- William desconoce la identidad de este hombre, o niño, o mascota… mas persiste en su afán de consolarla.

- Está muy triste tío… y, y…

- Calma, cariño…Pronto se alegrara…

- Yo no podre decirle que no se este triste… no podré…

- Yo se lo diré…- ella asiente con un puchero de reproche

- te vas tío- el hombre la ha colocado en la cama. Lo sabe, tiene que seguir su camino.

- si tengo que irme, Helga- la arropa y le da un beso en la sien. Se pregunta cuándo se volverán a ver, no lo sabe.

Helga lo observa con su carita empapada en lágrima, sabe con la certeza de que mañana al amanecer saldrá el sol que en su próximo encuentro no lo recordara. Y él, William, conoce las incertidumbres de la pequeña como si fueran las suyas propias. Son estas ocasiones en las que quisiera no sentir nada, absolutamente nada por nadie. No sentirse abrumado por las penas del hombre.

Sabe que Helga llora las penas de Gerald, más que las suyas propias; que ahora sufre la crueldad de Phoebe cuando a la vuelta de los años la habrá de olvidar; que ahora Lila no conoce a Arnold, pero que algún día ella y los hijos de ambos lo esperaran para cenar…

También él sintió al mundo derrumbarse a sus pies. -¿Qué he hecho?- se reto y mansamente se fue siguiendo los pasos del hombre que le respondió:

– Pretender el cielo sin mirar el infierno; acariciar la gloria, tomar entre tus manos la presea de un te quiero… Llevar entre estas, celoso móvil de la muerte-.

Esa era la primera vez después de cinco años en que le dirigía la palabra; hacía tiempo trato de abordarlo, era un hombre de charla amena, mas lo miro de hito en hito con su evidente cara de fuchi -era la primera persona que no le agradaba-, raro en el venerable anciano, y se desembarazo de él diciendo: "Ya charlaremos después… ya será tiempo".

Irritante se dijo, era un hombre irritante. Antes era curioso a su interés, ahora infinitamente irritante. Recordaba haberlo visto un par de veces por los corredores del inmueble. Andaba a sus anchas día, tarde y supuso que también de noche, como si fuese el dueño del lugar –"Tan humilde, no puede ser", concretó-, tal vez lo era.

¿Quién no conocía a aquel viejito de cabeza prominente? Humilde, sencillo, carismático, decente y bondadoso; un poco embustero, entrometido, cabeza dura también, para que negar; coqueto con las mujeres –tenía al menos tres novias por cada departamento-, pero respetuoso –claro de mentiritas, como dicen sus sobrinos-. En el "Susent Arms: si usted no lo puede hacer, nosotros lo ayudamos" – o al menos hacemos lo mejor que podamos-, no había alma que no lo conociera.

William Stone, decían, vivía en la azotea – pues qué otro lugar queda por ocupar, ni siquiera los que salen a fumar van a la azotea-, o en el armario de las escobas, o en el sotano, en el desban, cualquier rincón podría ser su hogar y nadie en el mundo podría adivinar.

A veces iba sólo, otras, acompañado. Por detalles como esos era que se preguntaba si realmente era que vivía ahí, y como nadie lo veía entrar o salir, quedaba la duda.

-¿Es usted pariente de Arnold?- fue lo primero que se le ocurrió decir cuando cruzaron el umbral de lo que antes, en la infancia del citado, fuera una pensión de huéspedes, la casa era de sus abuelos. Lleva tiempo preguntándose lo mismo.

-Arnold- saboreo el nombre con parsimonia – Hay millones de hombres con ese nombre, cualquiera de ellos podría ser pariente mío- medito, sus pensamientos volcados al aire- sí, por qué no, entonces sí, somos parientes técnicamente- A veces era un hombre desconcertante, por qué no preguntar simplemente ¿Quién es Arnold, o cuál Arnold? Pero con este hombre…

- Conocí un chico- explico- un amigo entrañable de la infancia, ahora anda supervisando las otras cedes… Arnold… no recuerdo su apellido-

- Cómo se olvida la esencia de un ser entrañable- inquirió más que curioso, reprobador.

- No siempre fuimos amigos, entre nosotros se acabo la amistad, cosas que pasan- explicó y no sabía por qué, pero con William sentía la necesidad de explicar, de redimirse –tonterías de chicuelos-.

-¿Acaso tiene esencia de torpeza aquello que mata una amistad? No lo creo… No lo siento así, Gerald. Y tú no te dejaras mentir, para qué engañarse uno mismo, que es por demás absurdo. Una tontería no te hace hervir la sangre ya de adulto, no te atormenta y despedaza de a poco la culpa. Una tontería no fue; un poco de vanidad, sí…; un tanto de incredulidad y certeza…; nada de paciencia.

¿Cómo no huir de los recuerdos y ahogarse en el llanto? Baila su fragancia juvenil en la memoria, está canta, qué canta, declama, qué dice… Hay algo familiar en ese hombre, algo que remueve el amargo sabor del ayer. Llorar es un consuelo y un castigo.

Un par de niños que tienen entre cinco y siete años, se ven por primera vez en sus vidas, o al menos fue la impresión que tuvo él cuando ella se le acerco aquel verano. No la conocía de nada aunque ella aseguraba tercamente que sí.

Sus amigos comenzaron a reírse de él, por lo que decidió enfrentarla...

- ¡Hey cejotas! deja de molestarnos- dijo el niño.

Sin ofenderse por el apelativo que le dio, ella dijo:

- Yo no los estoy molestando, ni siquiera te he insultado, tan sólo te estoy siguiendo-

Esto ocasionó otra ronda de carcajadas de sus amigos. - Pues... pues...- Intento deshacerse de ella lo más rápido posible, la incomodidad que sentía iba en aumento.

- Entonces deja de seguirme que yo no te conozco- espeto.

- Pero yo a ti sí. Y no me voy hasta que seas mi amigo-

- Pero yo no quiero ser amigo tuyo-

- ¡Pero yo sí!

Los otros niños empezaron a gritar y a cantar:

-¡Gerald tiene novia! ¡Gerald tiene novia!

¡Gerald tiene novia! ¡...se toman las manos y...!

- ¡No!

- ¡Sí!

- ¡NOoo!

- ¡Siiiii!

- ¿Para qué quiero ser amigo de una niña?- le dijo ya harto de no llegar a ningún lado. Ella parecía encantada con la pequeña discusión. Y obviamente los amigos de él la estaban pasando bien a costa suya.

- Porque así ya no me podrás hacer daño- dijo y Gerald se quedo desconcertado.

- Si eres mi amigo- dijo ella- yo no me burlare de ti, ni de tu peinado... Porque, porque...-

Parecía buscar la respuesta en el aire- Porque los amigos se quieren y no se insultan- dijo al fin, mirando sus manos que se enredaban en su vestidito naranja pastel.

Los otros chicos estaban muertos de la risa. Incluso uno lloraba, pero al contrario que los otros, que reían de la niña y Gerald, lo hacía porque se había mojado los pantalones de tanto reír.

Gerald se había puesto rojo y no atinaba a decir nada, y tampoco logró hacerlo porque ella se hizo a un lado, para luego volverse a él.

- Mi mamá me está buscando- dijo de pronto. Pero Gerald no vio a nadie al final de aquella calle, hacia donde la niña dirigió la mirada.- El próximo verano, cuando tu mamá venga a mi casa y te traiga con ella... Entonces seremos amigos.- dijo. Rápidamente, y antes de que Gerald pudiera hacer cara de fuchi y partarse, ella le había plantado un beso en la mejilla.

Se fue corriendo por la dirección que antes había seguido con la vista y desapareció tras doblar la esquina.

-Phoebe la odiaba- explico-…a mí me gustaba ella- dijo luego

- ¿Quién, Phoebe o Helga?- Ambas, era una respuesta inteligente y nada fuera de la realidad, que no dio. Y, sin embargo, contesto:

- A esa edad nadie esta cien por ciento seguro. Me gustaba Phoebe desde que la vi por primera vez, era una chica tierna, inteligente, gentil y muy bonita… Helga era diferente; yo quería ser perfecto… No había cavidad para Helga en mi vida si quería que Phoebe no me tachara de raro. Fui infantil y vanidoso. A ella no le importo.

- Pero Helga era tu amiga…

- Pero Helga era mi amiga, ese era el problema… Entonces volcó al grupo en pleno contra ella… ¡Yo no hice nada!- aseguro fervientemente

- Hacer nada también es una acción, muchacho.

- Lo sé y cuanto me arrepiento de ello. Los maestros, ningún adulto en realidad, se dio cuenta de lo que ocurría- explico al captar la pregunta no hecha de William.

- Por algo era Phoebe la cabeza del grupo, fría y calculadora cuando quería. Solía consolarla después de las bromas pesadas… eso era lo que más enfurecía a Phoebe, que le dignara la más ínfima mirada.

- ¿Por qué discutiste con Arnold?- pregunto esta vez William

- ¡Ese ingenuo! Su novia, Lila, también participo en aquella bufonería, todos en realidad, pero él jamás aceptaría ni una sola palabra en contra de la señorita perfección. Ella era otra que parecía rabiar cuando Arnold le dedicaba alguna muestra de cordialidad a Helga…

Y al final, porque Helga no era ni de cerca una santa, mal hablada, gruñona, arisca, pedante, irónica, mordaz, sarcástica ¡tenía el genio de los mil diablos!...Y él… Un chico con más hormonas que neuronas y con el ego herido, pues… Le colmo la paciencia.

- Así fue como se perdió mi pequeña Helga…- murmuro el aciano, una amarga certeza raspaba en su garganta.

- ¡Hey, Cabeza de Baló!- grito Gerald. El niño miro hacia todos lados pero no vio a nadie. A la sombra y cobijo de un automóvil olvidado dos niños, de la misma edad que el increpado, se escondían tratando de no reír muy fuerte.

Cada vez que pasaba por aquella calle ocurría lo mismo. El niño siguió caminando como si nada.- ¡Sí tú el de la ridícula gorra azul en eso que llamas cabeza!

Volvió a girar para ver a esos chicos tan molestos, pero halló a nadie. Al final logro salir de esa cuadra sin más percance.

Gerald y Helga estaba muertos de la risa al rememorar aquella escena, ocurrida un año después que Helga y su madre se mudaran al mismo vecindario en que vivía Gerald, cuando regresaban a sus casas.

Helga lo detuvo a la entrada de su casa, la de él.

- ¿Cuándo me lo piensas decir, Gerald?

- ¡¿Qué?!- se alarmó- Yo no tengo nada que decirte...

- Te vas a mudar en un mes, Gerald. ¿Y no tienes nada que decirme?

- Eso aun no esta... ¿Cómo lo....?

- Vamos, Gerald. Tenemos cuatro años y medio de conocernos y ¿no te has dado cuenta? No lo creo.

- ¿Qué? No sé de lo que me estás hablando, Helga.

- Tú sabes que yo sé...

- Sabes muchas cosas que no deberías saber Helga, es lo único que sé.

- Cierto. Bueno, ya que es evidente que no quieres hablar de ello me voy.

- Como quieras...

- Si era una especie de don… Lo que la hizo más rara para el resto de los chicos, un tanto temible. Aunque solían mofarse de eso e incluso le gritaban "¿acaso no lo previste, fenómeno?"

Y al finalizar el mes de aquel cuarto año, religiosamente las palabras de Helga se alzaron como la realidad inamovible que era. Ese día era temprano en la mañanita cuando se vieron para jugar un rato.

- ¿Por qué me dices adiós? Tu nuca dices adiós, Helga. Siempre sales con algo como: "el próximo estreno del mes asistirás a ver la tercer función del día, tú te sentaras en la penúltima fila y le tiraras el refresco a la señora que este a tu lado y entonces, cuando salga para evitar su furia, nos veremos." Pero nunca dices adiós, a menos que...- Ella le dio una media sonrisa

- Puedo equivocarme, de hecho me voy a equivocar. También soy humana ¿Sabes?

- Helga... Ojala no tuviéramos que mudarnos... Te voy a extrañar.

- Cuando seas amigo del chico al que le gritábamos ¡Hey, tú, Cabeza de Balón!

- Aquél al que espera una esposa y dos hijos de mata castaña...

- Sí, él. Cuando eso pase yo asistiré a la misma escuela que tú

- Entonces por qué te despides.

- ¿No es lo que hace la gente cuando alguien se marcha?

- Supongo.

Ella entre lazo sus manos con las de él.

- Gerald, hay una cosa más que quiero decirte.

- ¿Es malo? No quiero saberlo.

- ¿Recuerdas cuando nos conocimos?

- Cómo olvidarlo, fui la comidilla durante un mes en mi clase.

- ¿Recuerdas lo que te dije en aquel momento?

- S- sí...creo.

- No lo olvides ¿quieres...?

- Hora de irnos- anunció el señor Johansen.

- Te quiero Helga- dijo una pequeña de no más de cinco años

- Te voy a extrañar Timberly

- Pórtate bien mocosa- se despidió Jeime O.

- Lo tendré en cuanta, Casanova-

- Espero que vengas a visitarnos algún día- dijo la señora Johansen.

- Claro.

- Bueno, Gerald, despídete que nos vamos- dijo el señor Johabset- Hasta la vista Helga

- Hasta la vista señor.

- Helga- ella sólo lo había soltado de una mano para despedirse del resto de la familia. Luego lo volvió a sujetar con ambas.

- La primera que te tome ésta mano- él no supo a cuál de las dos manos se refería pues lo tenía sujeto por ambas- me arrebatara la vida...-

Luego de aquella extraña despedida La familia Johansen se marcho.

- …la culpa, quizá buscan la redención, inconscientemente, porque nunca lo aceptarían a viva voz

Y esa era la ironía más grande del mundo, ellos que nunca tuvieron para Helga una buena palabra, como ella no la tuvo para ellos, habían levantado los cimientos de su filantrópica organización sobre los escombros de un ser humano.

Nada más aberrante a decir verdad, una organización de asistencia social –"Sunsent Arms: acogemos a los desvalidos, alimentamos al hambriento; si usted no puede hacerlo, nosotros lo ayudamos; busca a su gato-perro-pareja-hermano y no lo encuentra, nosotros lo encontramos; no tiene para pagarnos, no se preocupe nosotros tenemos facilidad de pagos"-

Y era tan lucrativa la asistencia social que "Sunsen Arms: no importa cómo usted ha de pagarnos" tenía sucursales por todo el país.

El Alma Mater, evidentemente, era "Susent Arms" en Hillwood, allí donde los demonios atormentaban hasta el más valiente –pensaba Gerald- que ninguno había sido capaz de durar más de un año en ella. Eran dichosos trabajando en cualquier otra localidad que no fuera Hillwood.

- Me lo he preguntado, hay tantas cosas que me he preguntado, ¿es usted el director de la central?- Afuera el sol había menguado hace media hora

- No- fue su respuesta llana- Nunca me gustaron los hospitales- comenzó su monologo, ¿a qué venía esto? Dicho sea de paso, William es un hombre fuera de lo común o al menos esa es la sensación que produce al verlo y más específicamente al escucharlo hablar con uno como si no lo hiciera- Hay tanto sufrimiento en ellos… ¿Nunca te preguntaste por qué razón no platicaba contigo? Cinco años desde que trataste de charlar conmigo… En cambio este lugar siempre me gusto, la felicidad esta aquí…

- ¿Aquí? Pero si este es el lugar más miserable que haya visto…

- Aquí, muchacho, porque no importa lo mal geniudos que sean tus compañeros de trabajo… A fin de cuentas lo que pretenden es procurar la felicidad de los demás…

- Y en los hospitales no se pretende lo mismo…

- He visto que curan el cuerpo, pero y qué hay de las almas… ¿Qué hay de Helga?

Al siguiente verano. Como la niña había previsto se encontraron.

El padre de Gerald y la madre de ella se habían hecho socios y estaban pensando abrir una sucursal allí en Canada, por lo que la madre de su amiga había invitado a la familia Johansen a cenar. En esa ocasión asistieron los padres de Gerald, Gerald y su único hermano, que era mayor que el por diez años, Jeimi O.

La familia Johanset estaba en el recibidor cuando, antes de que su anfitriona llamara a su hija, ésta bajó e inmediatamente dijo- ¡Hola, Gerald! - efusivamente. - Te estaba esperando.

- ¡Qué sorpresa!- dijo la señora Johansen- Ya se conocían, ¿eh, cariño? - le dio un leve empujoncito a Gerald para sacarlo de detrás suyo. Él estaba muy cohibido, por volverla a ver.

- No. Yo no la conozco- dijo vehementemente.

- Pero ella parece conocerte a ti. Una niña tan linda no puede estar mintiendo.- dijo el señor Johansen.

- Nos conocimos personalmente el verano pasado- hablo ella. El resto de los presentes los miraba alternativamente con la sonrisa plasmada en el rostro, excepto la madre de la niña, quien enseguida hablo.

- Les presento a mi hija, Helga Geraldin- dijo la madre.

- Mucho gusto, Helga- dijo el señor Johansen.

- Hola- dijo apenas apartando la vista de Gerald

..

- Hija no moleste al niño...- le dijo su madre mientras cenaban

- No lo estoy molestando Ma', sólo quiero jugar con él- le dijo a su madre e inmediatamente se volvió hacia Gerald, otra vez - ¿Quieres jugar "Arranca cráneos X"?

Después de la cena tanto Gerald como Helga subieron al cuarto de ella para jugar con su consola y matar algunos zombis. Lo que encanto a Gerald.

Hubo un momento en que Helga se distrajo y Gerald por fin gano la partida. Hizo su baile de la victoria, por lo que no se percato que Helga se sostenía el costado. Pasado unos minutos el giro hacia ella, que tenía unas cuantas lagrimas en los ojos.

- No es para tanto, sólo es un juego- dijo creyendo que se había molestado con él por ganarle.

- Tengo sed, vamos a tomar un vaso de agua-

- Bueno.

Cuando bajaron, en la sala se oían las risas de los adultos. Jeimi O veía la tele en la cocina. Gerald y su hermano intercambiaron algunas palabras y cuando se dieron cuanta Helga ya estaba en la sala interrogando a la señora Johanset.

La niña había puesto su mano en el vientre de la mujer, sorprendiendo de paso a todo el mundo- ¿Cómo se va a llamar su bebé? ¿Es niña verdad?-

Los adultos se desconcertaron un tanto al principio, pero luego soltaron sonoras carcajadas y no le dieron mayor importancia al asunto.

Gerald y Helga volvieron a lo suyo.

Cuando faltaba una hora para que la velada terminase Helga dijo que ya no quería jugar pues de seguir la partida se alargaría y tendrían que dejarla pendiente por mucho tiempo.

- Pues les pido a mis papás que me traiga otro día.-

- No, no me vas a encontrar. Mi mamita se ha puesto grave y tenemos que partir después de que te vayas. Y yo no voy a volver sino hasta dentro de seis meses


- Pero, bueno... eso pasó hace más de veinte años- dijo el oficial.

- Veinte años en realidad-

- Pero me va a decir que Helga Geraldin Pataki sufrió de acoso por parte de compañeros que aun no la conocían-

- No claro que no...

- ¿Entonces?

- Deje que me explique

- Adelante Hombre.

- Yo conocí a Helga a la edad de seis años. Y fue ahí cuando considero que la historia comenzó, aunque evidentemente los hechos ocurrieron ocho años después.

- Aun no comprendo del todo... ¿Qué tiene que ver que la conociera años antes con lo ocurrido ocho años después?

- Evidentemente, para usted, nada. Para mí en cambio, resulto trascendental pues, de algún modo ella era consciente de la gran pena que mi actuación nos provocaría. Y desde ese primer encuentro trato de consolarme, como si ella supiera que por mucho que estuviera enterada de algunas cosas, no podría cambiarlas.

La verdad es que no me imagino, ni quiero hacerlo, pero de sólo pensar la en la posibilidad de imaginarlo me estremezco... Se imagina usted que no hubiera sido mi amiga... Habríamos terminado matándola...

- Es decir que si ella no hubiera buscado su amistad desde el primer momento...

- Sí, ella sabía... No me pregunte cómo le sé. Es intuición si quiere verlo así... Ella siempre busco, no cambiar los hechos tan sólo hacerlos más llevaderos...

Fin


Notas: Se que esta muy raro, lo sé...Pero que se le puede hacer, ahora bien, me gustaria que comentaran y por otro lado quisiera decirles que esta tiene una especie de segunda parte, aunque no lo es propiamente.

Bueno sólo me resta darles las greacias por leer, y si dejan reviews por eso también.

Hasta la proxima.