El fabricante de muñecas.

(La sonrisa de Cheshire)


Escondida por los rincones.

Temerosa de que alguien la vea.

Platicaba con los ratones

la pobre muñeca fea.

.

Su carita está llena de hollín.

Y al sentirse olvidada lloró

lagrimitas de aserrín.

(Cri-Cri, F.G.S., La muñeca fea.)


Todas las mañanas desde que Helga volvió, le arregla el flequillo y los holanes. Y ella permanece muda y tiesa. Observa a los peatones cruzar la calle y la puesta de sol.

Pero en sus ojos hay una eterna penumbra que no apartan los rayos del sol. Tuvo una amiga, él no debería saber cómo se llama y lo sabe.

"¿Cómo…?" La silenciosa muñeca pregunta, es su angustia proyectada.

Eleonor se llama la nena.

Sus ojos azules, como los de su madre, un amor de infancia, contemplan con nostalgia a los niños que miran con ilusión desde el exterior. Nadie la quiere, ella no quiere que la quiera nadie.

Ella desea quedarse allí hasta que venga Eleonor por ella.

Su pobre y querida Eleonor, ahora está sola en la gran mansión.

Él no debe saber, por eso no pregunta y Ella, Helga, aunque quisiera no puede responder o abrirse el corazón, donde oculta la causa de sus pesares.

Y entonces, allí en Londres, cuando la niebla se instala, cosa común de la región, la muñeca Helga parece anhelante.

Él no lo sabe, pero Eleonor andaba hacia el despacho de la dama solitaria -hacia la hora en que baja la niebla-, la esposa de su padrino, donde estaban sus aposentos, los de Helga la muñeca; y juntas las tres pasaban la tarde. Cosa prohibida a ojos de su madre.

Vienen las niñas, los coleccionistas, las madres y los padres y un montón de deseos que se quieren expresar con cara de muñecas, blondos rulos, chapitas y holanes.

Ninguno la ve a ella, siempre se llevan a las más bonitas. Ella es bonita, pero no quiere marcharse.

Papá lo expresa bien. – Otro cliente más, Helga… No te preocupes bonita, ya vendrá alguien especial. O quizá, quisquillosa, no te quieres marchar…

¿Por qué? Él no pregunta, se limita a aceptar y seguir adelante… Pero ella quiere saber la respuesta de su propia pregunta: ¿Por qué?

Eran felices las tres, Ella, la mujer solitaria, Eleonor le decía "Nana", Eleonor y ella.

Entonces espera en el último peldaño de los mostradores, muy alto, para que nadie la lleve más lejos de su Eleonor.

¡clin, clin, clin! ¡clin, clin!

De frente al dependiente se hallaba un comensal muy singular, por sus ropas se podía ver que era un hombre de dinero. Un hombre alto, trigueño y de una pomposa actitud pedante bien disimulada en su falsa sonrisita de comercial de familia feliz. Detrás de él estaba una mujer elegante, blonda, de ojos azules ella, y más bien pálida, enfundada en una gabardina color beige.

Era la víspera antes de navidad.

Más atrás otra pareja. El hombre de sombrero amplio y gabardina del color del cuero sostenía la puerta a fin de que su compañera entrara; rubio él, ella castaña. Tras entrar la castaña se cerró la puerta sin dejar posibilidad a que el caballero entrase. Él tampoco hizo el intento por pasar.

-¡bienvenidos!

Era invierno. Esa tarde se sentía un frío especialmente abrumador allá afuera. El frío invernal se colocó junto a los clientes, o tal vez ya estaba allí amortiguando la desazón que siempre acompaña el momento antes de una despedida.

La primera de ellas curioseaba discretamente el lugar con cara de fastidio, y él podría jurar que había captado, al momento de cruzar miradas con la blonda, un destello de desesperación en sus ojos.

- ¿En qué puedo ayudarles?- les pregunto al fin, después de un largo minuto; el hombre de la gabardina negra se había quedado parado al centro del local observando al expendedor.

- Una muñeca- se apresuro a decir la castaña, que estaba al fondo mirando despreciativamente todo a su alrededor, de forma impertinente; la blonda la encaro por pocos segundos, forzándose a no responder al tono grosero de su acompañante.

- eh sí, vean sin compromiso y escojan la que más les guste-

Las dos mujeres al menos hicieron el intento de fingir interés por una que otra muñeca, sin embargo el hombre de la gabardina negra inmediatamente dirigió su mirada a Helga, sonriendo de lado se dirigió a tomarla.

Por breves segundos su corazón dejo de latir, se llevaban a su Helga. Ella la viva imagen de la utopía de una infancia lejana; el hombre hablaba después de prolongar un jadeo irónico.

- ¡Cariño...! Hel…- La tal Hel apenas volvió la cabeza, no la pedían a ella, y siguió en lo suyo- es decir, Leila. Esta muñeca... ¿No se te hace familiar?

- Sí. ¿Esa le vas a regalar a tu viejo "amigo"?- se mofo la castaña.

-¿Qué muñeca?- pregunto la rubia, con premuroso interés.

-¡Ésta, querida Helen!- la aludida volvió el rostro al estante tras de sí, el rictus tenso, y desde su posición preguntó- ¿A quién se la vas a regalar?

- Hoy estamos muy curiosos, no te parece...

- Has lo que se te venga en gana.

- ¡Puff!- se mofo Leila

- ¡Oh, amor! por favor aquí no, no se ve nada bien ese tipo de numeritos ¿sabes?- volviendo su atención al dependiente y con el mismo tono meloso y falso, dijo- Nos la llevamos...

Allá iba su hija preferida.

No podía hacer nada para evitarlo, así se había acordado que sería...

.

La bella dama extendió los brazos hacia su eterno amante y las mil promesas de amor ella escucho, y las mil promesas en su corazón abrazó y, sin embargo, ninguna correspondió.

¡Oh, que desdichado él! Su amada no lo podía amar, en su corazón ya no hay lugar, está ocupado por un caballero cortés de abolengo ingles.

Y lloró y lloró, pues su estimada dama el amor de su señor cambio al ogro por la vida de aquel, al que la muerte quería arrancar de su tierna piel…

"... quiero esa rosa, dijo el ogro de facciones burlesca, señalando la rosa más bella de aquel jardín- ...a cambio de la vida del príncipe, concluyo. La princesita no pudiendo negarse ante la petición del extraño ser, accedió... "

Y esa, una rosa roja, era el amor de él.

El ogro devoró la rosa y a la damita en la torre más alta ocultó. Y allí está él, Amante, que escalo las cumbres del infierno para buscarla y rescatarla, que desea amarla…

Y ella, la pobre sufre, no le puede corresponder.

¿Dónde está su señor? Muy lejos y la tiene olvidada.

-¡Mi sombra fiel!- susurro la dama

-mi señora- hablo el súbdito en vos ahogada, derramando lagrimas de impotencia.

- me... me... ¿amas?- le pregunto al fin, como tantas veces lo hizo en su imaginación

-...se-señora...- tan duras palabras lo doblegaron ante ella y en el acto la dama lo acurruco en su regazo -yo...yo…-

- ¡shiii! no lo digas...- pidió ella- sabes que yo no…-él se separo bruscamente de ella, en un intento inútil de negar la realidad

- ¡No importa, yo estaré para vos, siempre...!-

.

Mira por última vez a su padre.

El padrino de su Eleonor la ha encontrado, ¡volverá con ella! Ahora regresara a la gran mansión. Donde Eleonor le leerá un cuento infantil, "El favorito de Helga (la muñeca)". O eso cree ella, pero "Nana" sabe que el voluble ánimo de Rex es cosa peligrosa, hasta para una muñeca de porcelana.

Y luego mira a "Nana" y quisiera decirle: "Me guardare bien tus secretos en el corazón, los de Eleonor y Brainy".

Sí, el viejo y cansado Brainy, su padre, el fabricante de muñecas, era como cualquiera de sus muñecas, un cofre lleno de tesoros, un siervo destinado a guardar silencio por voluntad propia, como Amante el personaje del cuento, "El favorito de Helga".


Tengo una muñeca vestida de azul,

con su camisita y su canesú,

la saque a pasear y se enfermo,

ahora la tengo en la cama con mucho dolor....

FIN


Notas: ¿Qué tan rara esta esta historia? ¿más, menos?... Lo dejare a su criterio. Gracias por leer, y si comentas que mejor. Um! Algo se me olvida... Ah, Si! Este, para Azrasel, si llegas hasta aquí: Por ahora no hay continuación de La Quinta esfera, pero si para una o dos, o tres, historias cortas de Titeres y muñecas, todo depende de que tan peliagudas se pongan y si tengo tiempo de actualizar, si mi musa no se va de parranda, tú sabes...

Bueno, hasta la proxima.