Títeres y muñecas.

Eléctrico blanco azulado.

-...No entrara...-

(La sonrisa de Cheshire)


Antinatural. Un turbulento silbido se prolonga y azota los cristales, estos pueden quebrarse de un momento a otro, lo sabe. A lo lejos el obscuro cielo se ilumina de un color entre blanco y azul eléctrico. Una a una, las nubes, van encendiendo el camino intermitente que sólo en noches como esta se podría ver. Una a una sin una sincronía fija rasga, entre aleteo y aleteo de la blanca lechuza, el negruzco horizonte

La tormenta ha causado un apagón, y el departamento se ilumina antinaturalmente, piensa –confirma-; y luego, en la obscuridad rugue el monstruo que por años lo ha acechado –es la cara de su miedo-. Ríe de sí, y de sus pensamientos absurdos, mientras niega frenéticamente y de sus ojos resbalan gruesas lágrimas de terror. Esta es la realidad. Aterrado trata, porque le es imposible -el miedo lo ha estancado en su sitió-, de echarse para atrás. No puede y son vanos sus intentos.

El transparente cristal, con su uno punto cinco de grosor, no podrá contenerla.

Eléctrico blanco azulado.

Lechuza intermitente de alas extendidas vueltas al cielo; ramificaciones del rayo.

Silbido prolongado............................................................................................... El cielo llora.

Obscuridad........................................................................................................... Gorgojeo de saetas líquidas.

Gozones de puerta violentados........................................................................... Trueno

Espacio ínfimo....................................................................................................... Trueno.

Bramido de cristal roto por impacto...................................................................... Saetas carmesí.

Caída.................................................................................................................... Tormenta.

Tiempo fugas............................... Obscuridad...................................................... Lluvia impetuosa.

Vacio.................................................................................................................... Murmullo de gota contra gota concreto y asfalto…

Tiempo líquido…

Silencio.

Distancia inalcanzable…

Obscuridad........................................................................................................... Murmullo de gota….

ELÉCTRICO BLANCO AZULADO.

Lluvia y viento…, restos de cristal.

.

.

.

-¡Arnold! – un hombre moreno (negro) se apeo junto a la puerta del conductor, junto a él, y parecía sorprendido.

El oficial Gerald Jhosansen alargo un chiflido agudo.

Frunció el ceño.

- Hazme un favor, Arnold… vuélvete a casa y procura visitar a tu abuela, quieres…

No le expidió una multa y lo dejo marchar, así de simple.

Y así lo hizo él. Y mientras regresaba al centro de la ciudad, donde se alojaba en el piso ochenta y cuatro de una bonita zona departamental, relegaba sus inquietudes a lo más profundo del olvido.

No se pregunto de dónde conocía al oficial Gerald, cuyo nombre leyó en la placa de este. Si se hubiera esforzado por recordar, se habría dado cuenta que en sus vida lo había visto. Tampoco se cuestiono como es que lo conocía, Gerald a él; su trato había sido bastante familiar. Gerald parecía conocerlo bastante bien. Y ni siquiera necesito ver sus papeles de conducir para llamarlo por su nombre de pila.

Tenía años que no visitaba a su abuela; tenía quince en aquel entonces…, su abuelo había muerto.

Ahora tenía 23 años recién cumplidos.

Y un secreto.

Terrible.

Siendo aun muy joven tanto que a la fecha debería serle difícil recordad, desgraciadamente tiene memoria de paquidermo para ese… suceso. Lo recuerda perfectamente como si tuviera cuatro años… Sus padres marcharon a una nueva expedición, nunca lo llevaban por miedo a que algo malo le pasara.

Cuando cumplió doce años su tía abuela Mitsy le propuso ir a vivir con ella con la intensión de darle la mejor educación posible, de la que seguramente habría gozado Arni, su primo, de no ser porque él y sus padres llevaban seis años de fallecidos, en aquel entonces, a causa de un terrible accidente.

Quizá la tristeza de ver partir a su único nieto, aunada a la prolongada convalecencia de su abuelo tras una fatigosa lucha contra una gripa "sin importancia", habían acabado a éste, su abuelo, tres años después de su partida.

A veces se sentía terriblemente egoísta. Pero su abuelo no le culpo en ningún momento, incluso parecía comprenderlo. Quizá nunca lo comprendió, nunca lo supo.

Así que ahora, estando en su departamento, sin aun haberlo decidido, empacaba unas cuantas prendas para un viaje sin destino. "Estas huyendo", canturreo la vos de su conciencia, irritablemente parecida a la de Phoebe, su entrometido vecina de piso.

Y probablemente era así, nunca lo admitiría. Cuando estuvo listo tomo las llaves de su carro y las de su departamento. Y al salir de él, le pareció ver la entrometida y menuda figura de Phoebe, La cuatro ojos, recargada en el marco de su puerta juzgándolo reprobatoriamente.

Se marcho. Tal vez encontraría respuesta, tal vez no.

Nunca creyó que su reconfortante refugio, en una de las ciudades más ajetreadas, se derrumbaría en cualquier momento. Pero lo hizo.

No pensaba regresar a la casa de los Stone. Nunca le gusto, ni a los vecinos en realidad. Y tampoco le traía buenos recuerdos de infancia. Ni siquiera tenía mejores recuerdo de cuando comenzó a vivir con la tía abuela Mitsy, era una mujer bastante estrafalaria para su gusto, más incluso que su propia abuela, sin embargo la vida con ella en la gran y ajetreada ciudad era mucho más tranquila que en un pueblito olvidad allá muy lejos de… ¡Eléctrico blanco azulado...!

El sueño. Otra vez el maldito sueño. Lo seguía a todos lados como si fuera su sombra.

Y luego esa gente que parecía conocerlo de tiempo atrás. Primero la entrometida de Phoebe, luego el oficial Gerald, el novio de Phoebe. Su abuela y las pesadillas y…. Le había gritado a Phoebe hace no más de una semana. Resultado, Gerald le partió la cara.

Se había prometido no dormir y ahí estaba él, sobresaltado por los rayos y truenos que lo encontraron con la guardia baja, se había quedado dormido.

Se echo bruscamente hacia atrás; el sonido de la puerta cayendo en burdos pedazos resonó por el pasillo durante un eterno instante, amortiguado por el rugido del trueno.

- ¡Phoebe! – Llamo Gerald- ¿Qué demonios haces?- Pero no le dio tanta importancia a lo que ella hacía- seguramente se le cayó una cacerola a causa de los truenos-, porque siguió ocupado en sus asuntos.

- ¡No vayas!- susurro ella. El chico con cabeza de balón, que miraba a todos lados evidentemente desorientado, había salido del armario y ahora estaba abriendo la puerta del departamento.

-¡Abre la maldita puerta!- amenazo. Esta estaba cerrada con llave.

Al abrir la puerta se quedo petrificado. Allí delante de él, Phoebe había abierto la puerta de su propio departamento ("Phoebe", llamo Gerald desde el interior de este), lo miraba ceñuda.

- No entrará si no la dejas, Arnold- sentencio

- Pheb's, qué…. ¡Ah, tú…! ¿Qué quieres?- Le puso su bata sobre los hombros a Phoebe, para cubrir lo que el fino camisón de esta no cubría. Arnold en tanto siguió atontado y con su expresión herida.

- Y-yo-o…

- Iba a contestar el llamado- explico Phoebe.

- ¡¿Qué?! – se abalanzó protectoramente sobre Phoebe, echándola tras de sí- ¡¿Pero qué te propones idiota?! – Él no entendía que rayos estaba pasando- ¡Bien! Si quieres morir, es tu problema, pero mantente alejado de nosotros- sentencio el oficial para luego cerrar de un portazo el departamento.

Trueno. Eléctrico blanco azulado.

Le tenía miedo a la noche. Ese era su secreto.

Tenía miedo a soñar. Por eso acepto irse a vivir con Mitsy Stone, la media hermana de su abuelo, Phill Stone. Porque de alguna forma, sabía que lejos de Villa Hillwood no tendría sueños ni pesadillas que lo atormentaran. Y es que esos sueños o pesadillas eran tan reales…

Pero nadie lo comprendía.

Y por diez años, casi once, no le atormento la hora de dormir y por diez años supo que este momento llegaría, sin embargo lo ignoro y ahora no sabía qué hacer.

No sabía qué hacer. Dejarlo ir o

-¡Abre la maldita puerta, Phoebe!- exigió él al tiempo que la atrapaba por los brazos para zarandearla levemente - ¡No la dejes entrar, Will!- pidió con un susurro ahogado.

- ¡Abre la puerta, tengo que ayudarlo!

- No ella puede matarlo… ¡Es terrible!

- Tú no entiendes… No comprendes - Eléctrico blanco azulado- ¡¡Abre-la-puerta!!

Obscuridad. Trueno

Gozones de puerta violentados. Trueno

Trueno.

Bramido de cristal roto por impacto.

Caída.

Tiempo fugas. Obscuridad. Lluvia impetuosa.

Vacio. Murmullo de gota contra gota concreto y asfalto…

-¡Gerald! ¡Gerald! ¡Ven rápido!

- ¿Phoebe? Dónde rayos te metiste…

Silencio.

Obscuridad.

-¡Oh por todos los cielos qué…!

Murmullo de gota….

ELÉCTRICO BLANCO AZULADO.

Lluvia y viento…, restos de cristal.

-¿Quién eres tú?

Y después de lo que fue una interminable luminiscencia que lo cegó, no supo por cuánto tiempo… la vio…

Aguzaba el oído, y para ello cerró los ojos, de esa forma tenía una mejor percepción del mundo; se dedico a escuchar.

En los pliegues del espacio, donde danza el viento, cabalgaba el coro de cascabeles -a galope de murmullo, porque proviene de muy lejos-; ella está escuchando.

Se reclina hacia el frente como si próximo a ella su amante diciendo una confidencia amorosa estuviera, escucha atenta y sonríe porque lo que escucha le causa deleite. Sonríe aun más y suspira soñadora y... ¡de golpe se levanta! Y aquella quien fue por un lapso robado al tiempo, ya no es.

Las penumbras comienzan a rodearla, las mariposas escapan navegando sobre los rayos del sol y se marchan.

- Arnold, soy Arnold- Tenía cuatro años la primera vez

-Hola- dice la curiosa creatura luminiscente

- ¿Por qué lloras?

- Me duele…

- ¿Dónde? – se angustia él a su vez… Siente el dolor de ella o él, lo que sea que sea.

- Aquí- solloza llevándose las palmas a la altura del corazón.

Y ahora 19 años después, en medio de la tormenta, suspendida sobre el horizonte, la menuda y gigantesca, como su dolor, figura luminiscente, y el suyo propio, se alza ella:

Doliente y angustiada.

Su corazón es lo que más le aterra. Antes era la fuente de aquella luminosidad, hoy como una rosa negra abriéndose de par en par.

Allí siempre estuvo ella, en sus sueños. Él no pudiendo hacer nada, era sólo un sueño. Ninguno podía escapar…

Y el dolor, y la muerte, y el odio, y la envidia y… y toda clase de sentimientos malos los estaban consumiendo…

Dolía, en verdad dolía…

Él no era capaz de soportarlo, tenía que hacer algo ¡¿Pero qué?!

No podía ir hacia ella, porque era un sueño, sólo eso… Su pequeña y frágil criatura luminiscente.

El transparente cristal, con su uno punto cinco de grosor, no podrá contenerla.

Eléctrico blanco azulado.

Lechuza intermitente de alas extendidas vueltas al cielo; ramificaciones del rayo. Los truenos, su queja.

Obscuridad.

Gozones de puerta violentados.

-¡William!- Lo llama Phoebe

Bramido de cristal roto por impacto.

- ¡ARNOOOOOOOOLD!

Caída.

Vacio.

ELÉCTRICO BLANCO AZULADO.

Murmullo de gota contra gota concreto y asfalto…

Lluvia y viento…, restos de cristal.

.

.

.

-¿Es usted Familiar de Arnold Stone?- inquirió la enfermera

- Eh- vaciló- …pues…

- Es, o no es familiar del señor Arnold Stone. Ninguna persona puede pasar a ver al paciente si no es familiar de este- Sentenció ella.

- Lo siento, es que esto están… que no sé ni cómo me llamo

- Comprendo, comprendo…- le tendió la hoja de admisión del paciente.- Mire, Arnold ha perdido mucha sangre y necesitara una transfusión, y realmente no hay tanto problema con ese asunto, aunque la sangre él es bastante rara… Si es pariente de él y tiene el mismo tipo de sangre, el proceso se puede agilizar…

.

- …Sí… Una de las peores tormentas en los últimos años- dijo al oficial que lo entrevistaba por el extraño caso de Arnold Stone- Mi familia tiene la creencia de que uno no debe asomarse a las ventanas cuando hay tormentas eléctricas, se atrae a los rayos…- afirmó a manera de explicar los sucesos- Sí, sí, ya veo; pobre hombre… En otras circunstancias diría que quiso suicidarse. Alcanzado por un rayo en su propia casa…¡Válgame!- .

Y mientras los oficiales hablaban Phoebe y Will observaban el vació horizonte…

- Arnold tiene que regresar a Villa Hillwood… Su abuela ha muerto.- dijo William.

- ¡Oh!- Comenzó a marcharse…

Y luego de que Phoebe saliera de su habitación en el hospital, pues no lo dejaban ir hasta que no se recuperar del impacto que recibió de lleno –tuvo suerte de que el rayo no lo matara allí mismo, decían los médicos-, se arrebujo en bajo sus mantas, esperando que el dolor mitigara.

FIN


Notas: Espero que les haya gustado. Sean felices y comenten.