Mamá te quiere.

Inconciliable.

(La sonrisa de Cheshire)


Notas: Sin comentarios.


No soportaba el revoloteo de Christopher a su alrededor. Mucho menos la sonrisa bobalicona que siempre esbozaba cuando ella andaba cerca. Mucho tenía que ver que ella fuera su madre y él su hijo, decían aquellos que también la rondaban. Era cosa de ese lazo íntimo que sólo una madre y un hijo podrían compartir. Tonterías. Ella tampoco gustaba de esa gente. Pero lo que más la irritaba es que la mueca, que otros insistían era la prueba de salud, belleza y felicidad, plasmada en su rostro, no denotara otra cosa que retraso mental. Era su pequeño retrasado. Y la irritaba.

- ¡Christopher! – Lo amonesto. O llamo. No había onomásticos afectivos puesto que ella no tenía afecto. No para él. No para su sonrisa bobalicona. No para su complejo de Edipo. No para nadie en general.

- ¡Christopher, detente de una buena vez!- La primera llamada de atención paso desapercibida; la segunda, un grito fuerte y seco, lo hizo sobresaltar.

- ¿Mami?- pregunto él, siempre curioso y aventurero, sin ninguna señal del retraso que su madre le imputaba inconscientemente. Porque de todas las cosas que aborrecía del niño, esa sería la primera en su lista de "cosas que aborrecer de Christopher".

- Compórtate, por el amor de Dios. Este no es el lugar para correr y gritar.- El pequeño asintió y con los ojitos lacrimosos se acerco a su madre, temeroso de recibir una zurra.

- ¿Me quieres mami?- Su mirada anhelante fue correspondida por el silencio de su madre y con la gesticulación de una medía mueca que él no podría interpretar como un sí definitivo u otra muestra de cariño. Con el tiempo, quizá comprendería que era una de sorna mal disfrazada.

Christopher se dirigió a la silla contigua a la de su mami. Con sus piernitas cortitas no podía alcanzar el asiento de la silla. Con su corta edad aún necesitaba ayuda para realizar algunas cosas, decía ella. Defecto que evidenciaba lo tonto que era ese niño aborrecible, porque a esa edad ella ya era independiente, nada que ver con Christopher. Limitación que con los años superaría, pues sería un hombre grande, saludable y fuerte manifestaban… otros.

Así que ella se levanto tan aristocráticamente como su alcurnia le pedía; Christopher ya la esperaba con los brazos extendidos hacia ella, y del mismo modo lo coloco en la silla. ¡Upa! Habría dicho de ser su padre quien lo levantara en volandas, pero no se le veía cerca. Rara vez llegaba a verlo.

- ¿Me quieres mami?- insistió él. Se removía inquieto en su silla, quizá esperando una respuesta, quizá buscando una posición cómoda que lo hiciera ver como su mami quería.

- Te querré si te comportas, Christopher.- fue toda su respuesta. Siempre era la misma. Siempre la misma. Una promesa. Falso juramentos que ahora complacían los deseos del niño.

En otro tiempo quizá… Pero el amor era tan relativo como la subjetivad de la verdad. Hace muchos años cuando era joven, y por qué no, un tanto ilusa, deseaba encontrar a su alma gemela, amarle tanto como le amaría, tener hijos y ser por siempre feliz. Pero esos eran otros tiempos.

Ahora se daba cuenta día con día que cometía las atrocidades que sus padres habían cometido con ella, cuando le juro al mismo infierno que no sería así. Pero era esa, esa era la suma de sus sueños y sus pesadillas. Delante de ella, figurativamente hablando, tenía la representación del caos de su vida: Christopher.

- Ma…- Ella lo mando callar con una sola mirada. Él era un tanto inquieto, como todos los niños a su edad. Así que no podría estar por cinco minutos seguidos sentado sin hacer nada. Pero ella le pedía lo imposible y él trataba de complacerla a cambio de su amor.

- Si quieres estar conmigo debes permanecer en silencio, Christopher, ya lo sabes.

-Sí mami.

Volvió a su lectura. Ahora satisfecha de que el silencio volviera a imperar en la habitación. Pero la irritación de la que era presa no se iba. Christopher seguía ahí, con ella. Y él la miraba con sus ojos grandes y expresivos. Cada movimiento que ella hacía, incluso el sencillo parpadeo involuntario. Todo, todo era observado con gran fascinación como si con ello accediera a algo que ella no comprendía. Y le fastidiaba ser objeto de estudio. Esos años ya habían pasado. Estaban muy lejos de ser recordados, quería creer, pero el exhaustivo examen del que era objeto era un constante recordatorio de que esos años no eran escenas de películas que se mezclaban con sus temores en pesadillas, sino una contundente realidad no tan empolvada, como fingía que era, en los pasillos bifurcantes de su memoria.

- ¿Qué tanto miras, Christopher?

- Eres bonita mami… Eres la mami más bonita que tengo de todas…– dijo con sentimiento.

- ¿Acaso tienes otra madre?- Pregunto ofuscada por un error irrelevante de parte del niño.

- No. Tu eres mi mamá, sólo tú, mami.

Después de un prolongado silencio ella asintió con lo que a él le pareció aceptación y un seco "Bien". Le habría gustado decir "Mentiroso" en lugar de su escueto "Bien".

Aparto la mirada tan pronto como sintió fluyendo el odio que sentía. Otros labios ya le había dicho lo mismo, y habían mentido. Labios tan parecidos… tan llenos de mentiras y maldad que envenenaban.

- ¿Yo soy bonito, mami?- quiso saber, saberse correspondido.

Lo miro por un inquietante minuto antes de contestar con lo que a su padre le parecería crueldad - No- Y todo era culpa de él, ahora que lo pensaba…

-¿No?- el llanto estrangulado en su pequeña gargantita que en más de una ocasión, muy al principio, habría estado dispuesta a cortar. La maternidad no estaba hecha para ella, no al menos si cargaba un hijo de él. Así que mediando en los contrastes de su vida… La primer semana pos parto había huido de los berridos de Christopher. Tampoco tenían que obligarla a que lo alimentara. Pero ella, como muchas madres, sabía que era lo conveniente y lo que necesitaba el niño. Su hijo.

Con el tiempo el amor se fue desvaneciendo.

Christopher era la suma de todos sus desprecios.

Y ella termino por romperse.

Y la suma de todos sus anhelos.

Lo inconciliable.

Su Christopher.

- No, Christopher- ella no sentía remordimiento al decir la verdad, lo que ella creía que era verdad –algo tan insoluto y efímero… relativo-, no importando el dolor que ésta puede causar- Aun eres muy joven para ser "bonito", Christopher.

Y limpiándose una lágrima continuó con su interrogatorio- ¿Pero lo seré? – su voz estrangulada la remontaba a otros tiempos…

Christopher era el pasaje de otro tiempo.

- Cuando seas mayor.- dijo lacónica.

- Como papá.- Otra lágrima derramada y la voz quebrada.

Como papá… Ese ser despreciable que la orillo sin remordimientos a ese punto.

- Espero que no. No te soportaría si te pareces a ese adefesio.- Entonces él no pudo contener el llanto. La tía siempre decía que era la viva imagen de su padre. Y lo era. Los ojos del mismo color, más adelante, seguramente, incluso el tono de la piel, el color de cabello y los ademanes que no dejaban de evidenciar quien era su padre. Y tantas otras cosas que se podría afirmar que únicamente él era su progenitor y que ella no había tenido nada que ver en el asunto.

- Contrólate- Le ordeno pero él siguió en su llanto silencioso.

Así que era una contradicción. La gran disyuntiva de su vida. Ella no lo soportaba. Y a veces le pedía cosas como esas, que quizá él no comprendía, ella se encargaba de lo contrario, por algo era su madre. No dejaría que nadie lo tratara como a un imbécil, que lo engañaran. Cosas tan complicadas como no ser, no existir, porque ella había querido que no existiera, pero él estaba ahí.

Christopher había nacido.

Y ella lo había cuidado durante todo el embarazo, a ella misma. Leyó sobre la maternidad, la lactancia y todo lo que pudiera necesitar después. Hizo planes casi hasta para veinte años hacia el futuro… Pero el amor se estaba desvaneciendo como el agua lo hace entre las manos. Rápido.

Y canto para él… Como si en verdad lo deseara.

Como pudo bajo de su silla. Fue a esconderse tras los cortinones y sentarse contra la pared con las piernas recogidas hacia su pecho y con sus brazos, sobre sus rodillas, envolviendo su rostro trato, pero aun así el llanto y la desilusión fluían.

Dejarlo ir había sido el momento más duro de todo el embarazo. Y no lo tocaba a menos que él o su familia quisieran hacerlo. Tuvo ayuda de las enfermeras, asistentes, niñeras e incluso de las sirvientas. Más trascurrido el primer mes algo en ella se había renovado.

Nadie más volvió a tocarlo hasta que fue necesaria e imprescindible la convivencia con otros aparte de ella. Lo había leído.

Pero el amor se estaba marchitando.

- Levanta, Christopher, ahora.- Ella había ido tras él.

- ¿Ya no me querrás más ahora?- hipo. La miraba desde su posición. Ella lo llevaba en brazos y él le envolvía el torso con sus piernitas. Ella fruncía el ceño.

- ¿Quién te ha estado metiendo ideas en la cabeza, Christopher? ¿Acaso esa mujer?-

El se sostenía de ella con una de sus manitas apoyada en su hombro y con el dorso de la otra se limpiaba la cara empapada. Asintió. Lo cual sólo significaba que él había pasado un rato con "esa mujer" sin su presencia delante. ¿Cómo podría evitarlo?

- Di-dijo que me parecía a papá y que… que- Se sentaron, Christopher sobre su regazo.

- Quiero que comprendas una cosa en definitivo. Tú eres MI HIJO. No te pareces a él. No, rotundamente no.

Pero a quién engañaba. A ella, sólo a ella. Por qué. Porque no soportaría vivir con realidades inconciliables.

- Entonces…- Poco a poco se iba calmando y al parecer de ella la esperanza renacía.

Que agridulce ambivalencia.

-No quiero que vuelvas a hablar con esa mujer si no estoy yo presente. No me desobedezcas, Christopher. No quiero enojarme contigo.

Promesas vacías.

Juramentos al aire.

- ¿No me querrás si…?

- Soy tu madre….- dijo ella simplemente.

- Y las mamis quieren a sus hijos- concluyo él.

- Exacto.

Por qué ella no podría quererlo con esa resolución tan aplastante.

Por qué.

La puerta fue abierta de pronto. Christopher se estremeció entre los brazos de su madre y se aferro a su cuello, al mismo tiempo ella lo estrecho.

- Helga-

- Arnold-

Siempre la misma entusiasta bienvenida.

- Canta para mami, Christopher….- pidió ella.

Su rostro pétreo y su mirada severa. El rostro de Christopher escondido en el hueco entre su hombro y su cuello. Su miedo apretado en el pliegue de sus ojos fuertemente cerrados.

Christopher tenía miedo.

Helga también.

Y luego de que Arnold acariciara los cabellos de su hijo, el cual se encogía bajo su tacto, él comenzó a cantar una débil melodía. Helga podía sentir los labios húmedos de su hijo haciéndole cosquillas en la oreja. Lo jalo más hacia ella, como apartándolo del camino de Arnold; sostenía con su mano la cabeza de su hijo y sus mejillas se tocaban.

- ¿Qué deseas, Arnold?

- No te quitaré mucho tiempo, Helga. Sólo vengo por el niño. Vamos Chris…-

- No.-

- ¿No?

- No irá contigo a ningún lado.

Y Christopher lo deseaba con el corazón estrujado en su pequeño puño. Cada que papá venía a visitarlo le gustaba y no. Tenía la oportunidad de pasar horas en los brazos de su madre y correr y gritar alrededor y bajo su escrupulosa mirada, sin que ésta lo llamara a guardar la compostura. Le gustaba porque podía ver y jugar con su padre, y a veces incluso los tres salían a pasear.

Pero temía los días como este en el que ese hombre venía a arrebatarlo de los brazos de su madre.

- Vamos Chris, es hora de irnos- lo llamo

- Mami- lloriqueo el niño

- Arnold- advirtió a su vez.

-… Mi amor todo lo que fui y lo que soy…

En otro tiempo… En otro tiempo yo te amaba… Te podía escuchar esas palabras manchadas, manchadas… Cerrando los ojos te amaba… En otro tiempo que tus labios borro. ¿Qué es la verdad? Son palabras manchadas… Manchadas que en el tiempo tus labios borro… Lo borro…

Todo mi amor, quien fui y quien soy, lo borro… El tiempo y la verdad… ¿Qué es la verdad?

Cerrando los ojos te amaba y podía conciliar tus palabras manchadas con el hecho de amar…

En otro tiempo esto era lo que anhelaba… Y tus labios se mezclaron con mis esperanzas y tus palabras falas. Pero la verdad lo borro… Mi amor… todo lo que fui y lo que soy…

- ¡¿Qué haces aquí, Helga?!

- Duu-u… Dormir, qué más-

- ¡Vete, vete, Helga! ¡Sal de mi cama!

-¿Arnold? Pero qué…

- ¡Qué! ¡Oh, por todos los…! ¿Acaso no escuchaste ninguna de las palabras que hoy se dijeron?

- ¿Vas a creer, Arnold?

- ¿Tú no?

- NO

- Pues yo sí, así que vete. AHORA

Muchos años antes, cuando todo empezó, no eran él y ella, eran él contra ella y su variante, ella contra él. Y ahora era todo igual a antes de… Una frialdad diplomática. Igual que las groserías y los malos tratos y el odio mutuo. Pero…

Hubo un tiempo en que se amaron con locura desbordante. Por encima de la razón, la familia de Arnold la detestaba y él no podía comprender por qué esa hostilidad tan evidente. Hasta que lo comprendió.

La verdad estaba sepultada.

Se decían que pronto aceptarían su relación y que de lo contrario tendrían que mantenerse al marguen y no mirar si no les gustaba. Era un mundo lleno de felicidad y miel a borbotones y… Una fantasía.

- ¡Arnold! ¡Arnold!

- No, Helga, no

- ¡Por favor, por favor!

- Compréndelo: NO TE AMO

- No-o… Es mentira. ¡No me mientas, Arnold! ¡Yo sé que me amas!

- Jamás te he amado, así que deja de engañarte… Eso se acabo. Nunca te ame. Así que continua con tu vida, Helga y…

- ¡Por favor…por favor, Arnold! Arnold… Arnold, no… No me dejes… Arnold

- Entra en razón, Helga: tú no me amas, todo fue una ilusión… Nada de esto fue verdad. Ni tú ni yo sentimos nada por el otro.

- … En otro tiempo… Cerraba los ojos y te amaba…

¿Qué es la verdad?... Con un canto fuerte y mi pecho a mil… Tus labios y mis esperanzas se marchan… Mira lo que hay… Dile "Mira, ya se va"… Todo lo que fui y lo que soy… mi amor y tus palabras falsas…

- ¡Arnold…! Aquí no…

-¡Quítate mi camino idiota…!-

- Nadie está viendo, cariño…

- ¡Ah! Un camino idiota como la persona que camina en él, "señorita"

- Vamos a otro lado…

- ¡Qué ingenio, Arnold-o! Parece que tienes menos aire en esa cosa que llamas cabeza.

- a mm… de…cuerdo…-

El amor llego de súbito… Como la locura y el torbellino de emociones inconciliables y esa realidad aplastante de lo que fueron. Y luego la cruda realidad al encontrarse acurrucados, piel contra piel… En una carrera psicodélica de irrealidades.

El amor era falso.

Nunca se amaron.

Él a ella no.

Fue falso.

Ella a él…

Fue falso.

Mentira.

Irreal.

…no lo amaba.

Cuando era joven aun deseaba tener la familia que de niña nunca tuvo. Ser lo que su madre no fue. Dar de lo que careció. Y recibir en reciprocidad. Pero no con él. No para él. No de él.

Y el amor se desvaneció.

- …Mi amor… todo lo que fui y lo que soy…

- Helga, por favor, ya hemos hablado de esto… Nosotros nunca…

- ¡Shhh! – el trato de irse…- No por favor… Si para el final de este día nada entre nosotros ha cambiado yo no insistiré más…-

Ambos miraron el reloj del buro…

- Quince minutos escasos para que el día acabe- dijo ausente…

Refunfuñando la acogió entre sus brazos y eso era tan incomodo… Pero con tal de que no volviera a repetirse… Muchas lágrimas empañaron su vista. Todo había sido una mentira. Helga se estremecía entre sus brazos, incomoda también. Sería tan fácil seguir fingiéndose amor. Seguir en la mentira y continuar sus vidas, olvidar todo lo demás, el hecho de que apenas se conocieron siendo niños y ya se odiaban a muerte… que el resto del tiempo, los años subsiguientes se les fueron en pelear e insultarse, en odiarse y desearse lo peor mutuamente. Que lo único que podía aceptar el uno del otro era el contundente desprecio y nada más porque eso entre ellos era lo correcto. No esto.

No ésta seudo-realidad. Ellos no se amaban. Era algo que él no podía conciliar. Un error. La suma de un todo contrastante. Y lo que más lo molestaba de todo, lo que le era más inconciliable, era ella.

Ella quien le rogaba un amor que en principio de cuentas era falso. Ella que le juraba amarlo. Ella.

Ella que se negaba a aceptar que la fantasía había terminado.

Ella que era consciente de lo que estaba pasando.

Ella quien le daba una alternativa tan retorcida.

- Vamos levántate. El tiempo se está acabando, no quiero que esto se prolongue más.-

Helga se removió de su pecho y su fleco le hizo cosquillas… En otro tiempo eso...

- ¿Estás seguro de que no… de que no…? ¿Quieres esto?... Arnold.

- Muy seguro- Ella asintió y envolviendo sus brazos alrededor de sus piernas aparto la vista.

- Ya es hora…

- Queda un minuto- lloriqueo

- Un minuto- bufo él

- Arnold… ¿M-me quieres?- Llanto amortiguado.

- No

-Comprendo.

-¿Si comprendes por qué haces esto?- dijo con sorna. Siempre supo cómo manejar la hostilidad entre ellos.

- Y-yo… Yo comprendo… Que no me ames… Que las cosas entre nosotros están mal… Que no puedes conciliar dos realidades cuando nos odiábamos, odiamos a morir… Que esta es tu forma de lidiar con lo ocurrido… Y te envidio… Y te suplico ¡Por favor, por favor!.... No me hagas esto…

- No me pidas algo que no te puedo dar…

- ¡Sí puedes!

- ¿Cómo, fingiendo? No, definitivamente no.

Helga busco su mano a tientas y reacio él dejo que ella lo guiara hasta su vientre…

- Yo si puedo fingir, no me importaría….

- Pero yo no, compréndelo…- quito su mano bruscamente

- ¡No me dejes caer…! De los dos tu eres el más fuerte… pero yo… ¡No lo hagas por favor!

- Tu tiempo se acabo, Helga. Vete- Se puso de pie al lado de la cama.

Ella lo miro. A él, directo a los ojos. A su brazo extendido señalándole la puerta.

- Cuando era niña… deseaba una familia tan diferente a la mía. Un esposo que me amara y al que yo pudiera corresponder… Hijos a los cuales amar y educar como yo lo necesite… y… Definitivamente tú no eras parte de mis planes. Aborrecía todo de ti. Perdón lo hago.

Yo comprendo cómo te sientes. Comprendo que quieras golpearme hasta borrarme del mapa… Y estos sentimientos tan confusos. Y tú piensas y piensas y… Solo sacándome de tu vida es cómo puedes conciliar esta realidad porque entonces sería cosa del pasado.

Y eso está bien. Por mí está bien. No quiero recordar… Nada, absolutamente que tenga que ver contigo. Y te pido… - Llevo su vista al rojo neón de la pantalla del reloj electrónico- …Pero ya no hay tiempo- dijo yendo hacia la puerta. Con el rostro empapado en lágrimas- Al despuntar el alba me habré ido… Nos habremos ido…

- Me parece bien, te pediré un taxi… - al reflexionar aquellas palabras frunció el ceño.

- Bueno si quieres llevarte a una de las muchachas, pues…

- No me llevare a un tercero...

- Bueno, entonces no digas que te llevaras a alguien más-

- Arnold ¿Cómo lograste conciliar lo inconciliable?

- Mira, Pataki, lo que pudo ser entre nosotros ya se termino. Ahora deja de tutearme y no me vengas con tus lloriqueos existenciales.

- YO No PUEDO… Arnold… - se llevo las manos al vientre, otra vez. Y eso tuvo que significar algo para él- ¡Hel!

- Aquí está la suma de mi vida entera… Todo lo que deseo esta aquí… Mi familia…

- ¡Helga!- Trato de acercarse. ¡Oh, por Dios! Qué le estaba diciendo. Ella se alejo

- Y también es la más temida de mis pesadillas….- ¡Un hijo! ¡Por Dios!

- Helga- intento de nuevo, pero ella rehuyó a su vez.

-¡No me toques!

- ¡Helga, Helga! Por todos los cielos ¡¿Qué es lo que piensas hacer?!

- ¡Aléjate, engendro! Mi vida no es nada que te incumba

- No Helga, por Dios. Ese también es mi hijo- Pedía desesperado. Su mayor ilusión era tener un hijo. Y temía por aquel que se engendraba en el vientre de esa chica, quien le rogo, imploro, suplico por no alterar sus vidas… ¡Oh, queridísimo señor! ¡Qué hizo!

Entonces comprendió en la inflexibilidad de la distancia de Helga. Quince minutos. Tiempo que se convertiría en el eterno infierno de Arnold. Días. Tiempo. Esos quince minutos. NO. El último. Ese último minuto.

Estaba condenado por costumbres arcaicas… Su hijo no podía ser un bastardo. La tradición impediría que Helga hiciera cualquier locura, incluso abortar al bebé. Ella también estaba condenada. Jamás podría abandonar el ceno familiar al que ahora pertenecía. Ni él ni ella podrían formar la familia que tanto deseaba. Ya no eran libres. Ya no se amaban. Ya no eran nada.

-… Mi amor… todo lo que fui y lo que soy… Cerrando los ojos te amaba… conciliando tus palabras falsas… Todo se marcha ¿Qué es la verdad?... Y el amor…

No soportaba el revoloteo de Christopher a su alrededor… Pero…

-También es mi hijo, Helga. Vamos Chris… Vamos a pasear con tus primos y tus tías y- había comenzado a quitar las manos férreas de Helga.

- ¡No, no es tu hijo!- Y el niño se aferraba a ella. Porque anhelaba el amor de ella. Y ese era el único momento que Helga parecía amarlo como nunca lo haría en el resto de sus días.

- Vamos, Helga. Estas asustando a Chris…

- ¡No lo llames así! ¡NO es un retrasado! ¡Se llama Christopher!

- ¡Porque lo llame así no se vuelve un retrasado y es un niño, Helga!

- ¡Es grande, no es un bebé!

- ¡Tiene cuatro años, por Dios!

Había logrado quitárselo de los brazos.

- ¡Mami! ¡Mami!

- ¡Christopher! ¡Devuélvemelo! ¡Christopher!

- Estaremos de vuelta al atardecer.

Mentiroso, quiso decir. Conocía las mentiras de sus labios. ¡Te odio y te detesto! Pero no puedo emitir más que un estrangulado: ¡No!

- ¡Christopher, suelta a mamá!- pedía Arnold

-¡Mami! ¡No me dejes! ¡No me dejes!-

Sus deditos se escaparon de sus manos y la puerta se cerró tras ellos.

… Pero… Pero el silencio era aun más agobiante.

Más prolongado.

Más…eterno.

¿Cuándo volvería Christopher?

¿En un año?

¿Quizá dos?

Tal vez nunca.

A Christopher le gustaba cuando venía papá… y no.

¿Cuán volvería ver a mamá?

¿Cuándo?

No soportaba el revoloteo de Christopher a su alrededor…

…Pero más que nada, odiaba sus silencios.

Porque el amor entre ellos…

… se estaba desvaneciendo.


Notas Finales:

Gracias por leer. Comenten si les ha gustado y si no también. Y si pueden y quieren.

Hasta la próxima.

Y si gustan y tiene tiempo dense una vuelta por Réquiem.

=)