Títeres y muñecas.

(Un estúpido Drama adolescente)

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Por: La Sonrisa de Cheshire.


Sus labios se curvan grácilmente, y sus ojos también. Le dice a su corazón agitado que si no quiere que culpen a aquel, el dueño de la sonrisa más bella que jamás pudo ni podrá existir, de asesinato, entonces debe calmarse.

Para ella pasa una eternidad, una efímera eternidad, y todo el tiempo que se aglomero en esa ínfima expresión sigue su curso y el pasillo se ve inundado de caras sonrientes y faltas de "ese no sé qué…"o llenas de otras mil emociones que no, definitivamente no le interesan, y que por supuesto no hacen sentir a su corazón tan intensamente.

Entonces ella sigue su propio camino que, sin embargo, ya no recorre en atención a cuestiones meramente académicas como era su intención primera.

- ¡Phoebe! ¡Phoebe! ¡Qué crees! ¡Qué crees!... ¡Me sonrío, me sonrío, me sonrío…!

Phoebe saca la vista de su revista para mirar a Helga, y está tentada a comprobar la eficacia de las sopas instantáneas, pero lamentablemente ella ya se acabo su poco nutritivo almuerzo y no piensa gastar un céntimo de más en su parlanchina amiga. Ella prefiere seguir ahorrando para comprarse el nuevo disco de su ídolo, ya que su padre, tajantemente, se ha negado.

Y ella, Helga, es toda dicha y felicidad. Una chica tan irritante, se dice a veces Phoebe, otras ya lo tiene asumido… Una tonta soñadora.

Sin recibir invitación para seguir hablando, Helga comienza a relatar aquel suceso tan extraordinario, en el que ese chico de último año, llamado -¿…ahm?-... bueno, ese chico que le gusta a Helga, le sonríe. O al menos eso dice Helga. Y Phoebe mentalmente se preparo para la siguiente media hora de detalles.


Si ha comido o no, no lo noto, en su momento. A veces, comer personas es más satisfactorio que comer alimentos, pero eso está fuera de la jurisdicción de Helga; y si ha comido personas, como ha sido en ese descanso, no lo ha hecho con la intensión de criticar al amor de su vida, sino, por el contrario, de alabarlo.

Y toda su clase por supuesto se ha enterado: Que sus ojos brillan en la obscuridad de la noche como antorchas de esperanza infinita, iluminando su cara perfecta; y sus labios sonrosados finos y besables… y su piel de terciopelo, blanquísima como la nieve…

Cuando van a su siguiente clase -¡gracias "quien quiera que seas", haya arriba, que no tenemos esa materia con ella!-, todos se hacen a un lado pues ya han tenido suficiente de su parloteo de veinte largos minutos, mientras ella sigue rememorando el momento del encuentro.

Los alumnos de otros cursos se sonríen al verla pasar y mueven la cabeza. Pero ella en ningún momento se ha dado por aludida, ni lo hará. Algunos de sus compañeros de curso se han rezagado cuando no han podido abandonar la cafetería antes que ella. Y antes de querer, y más que querer, intentar rebasarla, prefieren atrasarse unos cien pasos y evitar que los aborde, como si fueran íntimos amigos. Porque para su pesar, Helga es una chiquilla realmente extrovertida y amigable que le encanta compartir su felicidad-por desgracia para muchos- con todo aquel que tenga dos orejas y guste de hablar poco, aunque también se da el caso contrario: que no deja hablar a la gente, aun si esta es tan parlanchina como ella.

A veces preferirían que Helga fuera más parecida a su hermana Olga. Pero es realmente raro, como una interpelación altisonante y verdaderamente ofensiva agresión verbal, idealizar a Helga como alguien gruñona y explosiva, además de agresiva, como lo es la antisocial, antipática, gruñona y vulgar Olga Pataki.

Más atrás, muy atrás. Arnold y compañía se han rezagado. Sin embargo no es porque… ¡No hay caso, para qué mentir! Ni ellos soportan la verborrea de Helga, y eso que son sus amigos más cercanos… Pero, ellos no sólo se han retrasado por el continuo parloteo de la Pataki, y de no poder seguir el paso de sus sinsentidos. Sino que lo han hecho por solidaridad con Arnold.

Algo tiene que ver que ninguno de ellos comparta la siguiente clase con ella, por cierto.

Así que la ven alejarse con una chica de nombre Gloria, que tiene tendencias de estilo góticas y antidepresivas.

Arnold teme por la integridad de Helga. Aunque Brainy ha insistido que debe condolerse por las victimas y no del agresor, como muy bien opina el chico. Esa tal Gloria se ve altamente dispuesta a golpear a Helga en cualquier momento, con tal de que se calle.

Así que no ha escuchado lo que sus amigos van diciendo.

-…..- el que había hablado lo miro largamente, como esperando una respuesta.

-…es Helga… Qué más quieres… si no fuera porque su amor por Arnold murió en ese revelador juego de cartas…- dijo Phoebe, que respondía por Arnold.

- ¿el juego de…?- decía Lila, que estaba un tanto fuera de contexto. No así Arnold, que se vio interrumpido de lo que fuera que sea que iba a argumentar.

- ¡Ay no…!- gimió Gerald con pesar.

- ¡Pero fue un accidente!- se quejo Arnold, ya libre de la turbación momentánea.

- ¡Ah, cuando Gerald y tú…!- recordó Lila en ese momento.

- Sí- le contesto Phoebe-, desde entonces, Helga cree que Arnold es gay.

- ¡¿Qué?! ¡Pero si sólo fue un beso!- reclamo Arnold

- ¡NO! Eso no fue un beso. No se puede catalogar como beso- aclaro Gerald

- Cierto, fue un accidente ¡y no soy gay!

- Como sea, eso es lo que dice Helga, no yo.

- ¿Por eso ya no le gusta Arnold?- pregunto Lila con total incredulidad y en su voz se manifestaba la evidente mofa.

- Sí, así es- confirmo Phoebe

- Está bien tonta…- murmuro Gerald.

- ¡Oh, no…! Voy a quedar traumado de por vida…- iba diciendo Arnold, a nadie en particular.

Patty, una chica que vivía en el vecindario, no muy lejos de algunos de ellos, entorno los ojos hasta ponerlos en blanco. Porque ya era suficientemente malo tener a ese grupo de fenómenos pululando por todos lados, ahora, peor si era un grupo de traumados encabezados por la babosa que andaba tras su novio -¡Qué gente, por Dios!-.


Después de "Temas selectos de Biología", el grupo de Arnold y el de Helga coinciden, pero no todos sus amigos comparten la hora libre que ellos tienen. Así que a Arnold le toca lidiar un rato con Helga.

- Hola, Helga

Es decir, a Arnold le toca seguir a Helga por todos lados, dependiendo del humor de su enamorado. Porque él cree que es necesario cuidar a Helga de ella misma. Es que es una chica tan ingenua que se mete fácilmente en problemas, aun si ella lo ignora.

- ¡Ay! ¡Tarado…, me asustaste!

Le da un golpe no tan leve con el puño cerrado en el hombro. Arnold se soba mientras Helga ve de reojo hacía atrás, o eso pretende.

- Perdón… No fue mi intención… y a quién espiamos…

- ¡¡¡Qué!!! Je, je, je a nadie…- gira bruscamente y trata, inútilmente, de aparentar.

-Sí como no… y mi abuelo compro un lechón al que le puso Abner y me lo dio de mascota, ¿no? –le rebate Arnold.

- Arnold, lo que haga tu abuelo con los cerdos no es mi problema –dice al tiempo que junta sus cosas de la mesa- y tan poco tus gustitos extravagantes…- se va alejando- ¡mira que tener un cerdo de mascota!....

Arnold se queda con la boca abierta. Estupefacto. ¿Qué rayos tiene esa chica en la cabeza, que ni siquiera entiende la ironía? ¡¿Qué rayos tiene él en la cabeza para amarla con locura aun sabiendo lo loca que esta ella?!

Entonces sale tras ella.


Rhonda sale corriendo del aula para llegar a la siguiente clase y apartar un lugar detrás, si no queda más remedio –y el lugar de junto-, de Gammelthorpe, el chico tímido y súper simpático de la clase de química, su amor secreto. Ella está segura que si él quisiera serlo, sería un muy buen actor, pero él no gusta de la actuación y menos de las presentaciones ante un grupo de más de veinte persona.

En su andar atropellado empuja a Gerald, que se ha despedido de Phoebe, que por ese día ha terminado el día escolar y va a leer a la biblioteca, la hemeroteca específicamente, revistas de moda y chismes (ya que no, definitivamente no piensa gastar nada de dinero si puede leerlas gratis). Y gracias a esa intempestiva distracción es que Gerald puede ver a Arnold no muy lejos de él.

- ¿Qué haces Arnold?- pregunto un extrañado Gerald. Arnold seguía pegándole a la pared con la cabeza-, y… ¿Por qué siento que esto ya lo vivimos antes?

- Helga…- contesto simplemente

-¡Ah! Arnold… en cerio, por tu salud mental, Viejo… no trates de comprenderla, sólo quiérela…

- Phoebe dijo lo mismo y…- Arnold alcanzo a ver el gesto de condescendencia que hizo Gerald.

- Ya sé, ¿piensa que algún día crecerá?- dice al fin.

- ¡Ah! Por qué pones esa cara, Gerald…

- Bueno, tomando en cuenta que es la única que tengo…- rio entre dientes por la mirada elocuente que le dio Arnold- Supéralo, es el sueño guajiro de Phoebe… ¡Cualquiera puede tenerlos! ¿Recuerdas? ¡Se vale soñar! - le dice jalándolo para ir a su siguiente clase.


Todo había estado muy tranquilo, hasta que Helga y Lila se encontraron. A sola. Y… ¡oh, por Dios: sálvese quien pueda…! Juntarlas sin un supervisor de por medio era… catastrófico.

Desgraciadamente no podían demandar a los profesores por fracturarse algún miembro y dejar a sus alumnos sin clase, dándoles así la oportunidad de juntarse, y más, encima, a solas. Dicho sea de paso, profesores a los que no les importaban los estúpidos dramas preadolescentes de sus discípulos…

En la medida de lo posible los amigos de Lila y Helga, que no frecuentaban los mismos círculos, fuera de sus amigos en común, y que tenían un acuerdo tácito de supervivencia trataban de no permitir semejante barbarie.

Pero ese día había sido irremediable. Así que cuando descubrió lo que estaba pasando, no pudo más que retroceder cautelosamente y alejarse de la entusiasmada voz de Helga y las estúpidas reacciones de Lila.

- Otra tonta…- murmuro Phoebe al irse.

- y luego…- le contaba Helga a Lila- me lo volví a encontrar en la cafetería… Seguro que me estaba esperando, porque en cuanto pase…- relataba Helga y Lila asentía emocionada y se exaltaba gusto en los momentos en los que Helga hacía énfasis en su relato.

Phoebe creía fervientemente que si Lila fuera un poquito más tontita… bueno, no, ya lo era… lo bueno es que Nadin y Sheena, y las otras chicas, la jalaban hacía la luz. Por Helga no había nada que hacer, era un caso perdido.


- Oye, ¿ese no es el novio de Helga?- dijo Arnold, señalando al susodicho, a través de la ventana del gimnasio que da hacia los jardines del colegio.

- ¿Eso anda diciendo ahora?- pregunto Gerald corriendo un poco por detrás de Arnold.

- ¿Cómo…? ¡Ah, sí! Pobre cuando se entere.- están haciendo ejercicios de calentamiento para luego practicar balón-cesto.

- Mejor que no, se va a poner insoportable- dice y luego lo rebasa.

- ¿Más?, ¡por favor, Dios, no lo permitas!- dijo Brainy al pasar cerca de ellos


Es el final del día. Eugene ha apostado con un alumno nuevo, de nombre Gino, que era todo un tahúr en los juegos de azar. Pero nada tonto, Eugene no ha apostado sin estar seguro que ganara. Él no le ha dado más de una semana al predecible desencanto de Helga.

Y dicho y hecho…

- Creo que me engaña, Phoebe…- estaba contándole sus penas. Y Phoebe, sólo la palmeaba en el hombro. Siempre ocurría lo mismo: Helga se entusiasmaba con algún chico, se hacía ideas en la cabeza y luego se desilusionaba.

Fin.


Notas:

¡Volví!

Au… Pues sólo quiero comentarles una cosa antes de irme, y eso es que a las personitas que han sido tan amables de dejarme un comentario pero que no son afiliados a FF, les respondo en mi perfil. Eso es lo que tenía que decir. Aplica para Réquiem y Títeres y muñecas.

Por lo demás, gracias por leer y comentar.

Que tengan bonito día.

Sayonara…