"…Nena, no camines en la obscuridad"

"No me arranques el corazón"


Ojos Verdes.

Títeres y muñecas

(La sonrisa de Cheshire)

.


Los suaves acordes de la guitarra suenan en el recinto de columnas de blanco mármol, y de alfombrado de terciopelo verde recubierto de rocío, y cúpula de satín azul cielo.

Y como si fuera la exhortación que hiciera falta, miles de mariposas de colores claros elevan el vuelo entre el azul y el verde.

Tan alto.

Tan lejos…

¿Y nuestros pequeños recuerdos, dónde irán?

…Mis labios modulan quejas vanas; absurda futilidad que sus frágiles aleteos desarman desnudándome de luz, dejándome sin nada, lentamente…

Y en el medio, años de blancos negros. Eternos abismos de lo que somos. Murallas y torres que alzamos con nuestros sueños, nuevos hijos alumbrados en el inmaculado ceno del tiempo…

¿Y nuestros pequeños recuerdos, donde fueron?

Y en el centro de todo esto, donde las reminiscencias hacen eco y reverberan, y los años nos bañan de olvido e indiferencia:

No te recuerdo.

Es un sueño que golpea recurrente la tranquilidad de los años después. Como recurrente son nuestros encuentros en medio de las noches sin lunas, rodeada de fuegos fatuos, perpetuos de terror, vida y muerte.

Mil callejones nos separan durante esas noches de caza.

Un sol luminoso, difuminado entre la bruma, abriga sobre un cielo limpio de nubes. La brisa que arrastra el follaje de los árboles baja al ras del suelo y revuelve los pétalos florales. Murmullos multicolores se alzan y se esconden.

Es un día resplandeciente.

De fragancias dulzonas.

De sensaciones febriles y…

…Otra vez estamos aquí, esa persona y yo. Ella, sea quien sea, hombre o mujer, se relaja contra el muro de la ventana, justo debajo de ella, o se inclina hacia delante en un gesto de mansa irritación. A veces, alertada por los ruidos del exterior o simplemente porque es presa de la impaciencia que provoca esta espera absurda, vuelve la mirada hacia la puerta.

A fuera es de noche.

Sé que es de noche.

Sin embargo, la realidad se me muestra como lejana… emborronada por el sueño.

Ella parlotea sobre infinidad de cosas que no logro comprender. Su voz deforme se repite a intervalos de tiempo informe… Exhorta, ordena, calla, reclama, espera, aconseja, tal vez sólo habla o murmura, yo no lo sé y, sin embargo, sé que no es ella quien emite la vaga melodía que se alza por encima de su voz y transgrede los efectos soporíferos del sueño que nubla mis ojos…

Su torso erguido en elegancia acorde... Sus blancas manos repasan las cuerdas. Sus rosados labios se relajan en una sonrisa y…

Las calles de la ciudad aguardan, calladas, expectantes. Mudas testigos de los más cruentos actos. Sus flores incandescentes parecen un consuelo engañoso como los oasis de los secos desiertos… Acogedor bajo mundo en el que me escondo. ¿De qué sirve si detrás de mí vienen tus labios?

y sus ojos verdes…

Es imperceptible el momento. La tranquilidad que lo rodea se rompe (…y sus ojos verdes…).

Entonces mis parpados encierran toda la obscuridad que lo contiene. Las calles se destiñen, se empapan de nuevos colores, y mi corazón agitado y furibundo se aletarga en esta búsqueda sin sentido que me arrebata días y lágrimas. Cuando despierte, seguiré buscando…, me digo. Hasta que un día ya no hay nada que buscar.

No sé qué estoy buscando…

Pero me abraza y no me deja caer. Porque sé que, a pesar de todo, puedo confiar en él. Que no me lastimaría, aun si insiste en estos estúpidos juegos de perseguirme hasta acorralarme, hasta no dejarme salida.

- … cazador cazado…- murmura la criatura contra mi cabellos rubios, e inclino el cuello para darle acceso al vital líquido que lo mantiene con vida. No hace falta que utilice sus artimañas para convencerme.

Sus ojos de luna pocas veces me adormecen.

- S… Stin-ky…- lo advierto antes de tocar el borde del no retorno. Él desase su agarre a penas un poco para sostenerme en un abrazo posesivo y poco a poco en una tortuosa danza sus colmillos carmesí dejan mi piel perforada.

Él siempre ha sabido cómo y dónde encontrarme.

La nuestra es una relación de perfecta simbiosis.

- ¿Qué haces aquí?- escucho que pregunta oscamente, después de beber mí sangre, en una pasividad estremecedora.

- No sé…- Sin embargo no me altera sus bruscas y molestas maneras, él tiene la respuesta, siempre ha sido así.

- ¿No lo sabes…?- En un movimiento sorpresivo pasa su brazo por debajo de mis piernas y me alza en vilo, luego nos encontramos rozando el cielo, zarandeados por el viento, y cayendo y volviendo a alzarnos.

Los edificios de plomo nos cubren, los ríos de chapopote que guían al centro nos acercan a un destino extraño que no estoy buscando.

Salta de techo en techo a través de la obscuridad de la noche.

- El fin del mundo…- murmuro aprensivamente. Muchos de los sucesos que acontecen en mi vida no tienen explicación. Que de pronto me encuentre a mí explicándome cada una de las situaciones y los lugares en que se desarrollan, tampoco lo tiene. Quizás es una habilidad inherente a nuestra simbiosis, y sus conocimientos sean los míos propios.

- ¿Por qué me has traído a aquí?- exijo una explicación más clara.

- Más allá del muro…- señala hacia la salida del sol. Stinky, que aun me mantiene aferrada a él, me mira con sus ojos turbios de anhelo y furia lunar que me hacen estremecer…

Luego en un susurro que acaricia mis mejillas, continúa:

- …No quería eso y volverá…-

Las calles convulsionan en rojos sangre y lluvia lateral de acero negro, allá en el horizonte, más allá del fin del mundo, lejos de estas murallas.

Hay cosas que no entiendo.

Quizá debí preguntar quién era la persona que volvería y qué era eso que no quería… Pero sus labios sobre los míos…mi cuello escociendo, y el cansancio que invade mis miembros luego de alimentarlo me arrastran a la inconsciencia, a la placentera inconsciencia.

Una danza lenta de resplandores verdes… una ronda interminable de voces… Todas a voz de una.

¡No entiendo!

Y la fría caricia de mi amante reclamándome…

- umm-

…la briza helada del invierno acariciando mis brazos desnudos…

- …has llegado tarde, cariño- dice la voz masculina que me incita a despertar por completo. ¿Dónde estoy? Me exige conocimiento la parte razonable de mi ser.

Mi visión borrosa me muestra la silueta recortada contra la luz lunar de mi esposo.

- ¿Lorenzo…?

- ¿Quién más, Helga?

Cuando algo lo inquieta, Lorenzo suele abrir las puertas del balcón de par en par, no importando la estación del año, para fumarse un cigarrillo mientras contempla el firmamento.

Esta no es la excepción. ¿Pero… cuál es su preocupación?

- ¿Qué hora es?- él, aun sin mirarme, alza el brazo en el que está acostumbrado a usar su reloj de pulsera, lentamente retira el puño abierto de la manga blanca que utilizo para la jornada.

- Tres menos cuarto…- dice. La habitación está en obscuridad, total obscuridad como el resto de la ciudad, sin embargo la luz de la luna ilumina perfectamente el umbral de la estancia.

- Esta vez con quién me engañaste, Helga

¿Qué? Mi mente grita y mi cuerpo lánguido se impulsa en furibunda protesta. Cómo es posible que piense eso de mí.

- ¿Disculpa?

- Mientras duermes…- bota la colilla del cigarro por la ventana como si la contaminación del medio ambiente no fuera grave. Mi ceño se frunce y él dice- no estás conmigo… ¿con quién sueñas?

Mi nariz se arruga graciosamente y me cruzo de brazos.

- No entiendo que es lo que tratas de decirme…- reclamo.


- …dice…- su voz suena estrangulada por las inmensas ganas de llorar que le provoca su penosa situación- dice que, dice que…- siente que no puede expresar todo lo que los atormenta

- dice que esta recordando…

- um- la enfermera del hospicio lo mira largamente y trata de entender, comprender y estructurar sus pensamientos para darle un consejo que lo ayude a enfrentar el dolor por el que pasa.

- Quizá sea la razón que, en primer lugar, la trajo aquí

- ¿Crees que ese es el motivo? ¿Qué este recordando su vida antes de mí?

- Sólo es una posibilidad…

- ¡Oh, por todos…! ¿Está enloqueciendo? ¿Eso es lo que tratas de decirme?

- No lo sé Lorenzo, en verdad lo siento… no soy yo a quien

- lo sé, lo sé… De todas formas, gracias, Lila…

Y ella lo ve irse rendido, agotado. Rebasado por las circunstancias y a punto de perder la poca cordura que la decadencia de su esposa le causa.

Sus labios se aprietan en una recta línea de la que escapa el color. Le parece que es como una historia que su abuela le ha contado cuando era niña, y que a su vez alguien más le ha contado a su abuela, y así como a ellas, a otras niñas que puede remontar en un sinfín de generaciones años atrás.


**Hace muchos años llego un joven a la pensión, era bello y de cualidades que maravillaban hasta al más despistado de los mortales. No era humano.

No completamente humano. Había llegado a ese recóndito lugar para ser olvidado por las personas a las que había dañado. O eso fue lo que dijo al ser ingresado.

Su amante, después de mucho buscarlo, día tras día lo visitaba. Quería hacerlo recapacitar y volver a ella, pero cada día transcurrido era más difícil. Era el olvido que los separaba.

Y un día, él simplemente se desvaneció sin más. Ella siguió viniendo, aunque no sabía la razón de ir a ese lugar.


- ¿has escuchado esa historia?- dice, el vaho de mi vida que exhala, extrañamente, no es carmesí… Lo miro sin comprender, y si él me viera sabría que hay incertidumbre en mis ojos, que lo cuestionan insistentemente, ¿por qué estamos aquí?

Sus parpados amarillento como la fría cera blanca, cenicienta, cerrados, impermisibles.

A veces siento que no me importa lo que pueda suceder más adelante. A veces enfurezco revolviendo en mis entrañas la aplastante convicción de que me manipula a través de nuestro vínculo. Y esa calma pasiva de no querer saber nada, él la induce.

Inconvenientemente para ambos, supongo, las cuestiones revolotean sobre mi almohada durante mis noches de insomnio. Trato de empujarlas fuera de mi cama y sólo el abrazo cadencioso de mi amante logra apartarlas.

- Su último vínculo con el mundo eres tú- me dice

Mi risa escala desde lo profundo de mi garganta y escapa, sin embargo, débil y amarga.

- ¿qué busca de mí, Stinky?

- ¿Esta noche…?- resuelve esquivo darme la vuelta, figurativamente- algunos besos…- se inclina y busca mis labios- llevarte a la cama, quizá…- entonces su orbes grises me enfocan.

Son tristes como el añejo amargor que los corona.

Aparta la mirada para que no me ahogue en esos pozos verdes de olvido…

¿Qué fue eso?

Susurra de lejos y es tarde para que un simple abrazo me retenga a su lado, languidezco humedeciéndome de las márgenes de los orbes verdes, en su recuerdo… Es tarde, le digo.

- Volverá… tu abres la marcha

Pero insiste en llamarme.

- …ojos verdes…- Lorenzo le escucha murmurar.

- Helga, ¿me prestas atención?

-eum… ¿eh?... ¡oh! Sí, sí…- y Lorenzo la ve tomar apresuradamente la revista con las muestras de los estampados que hay para escoger para decorar la habitación del nuevo integrante de su pequeña familia.

- ¿has dormido bien anoche, amor?- ella hace un puchero y arruga la nariz

- Pavel estuvo muy inquieto…- Helga tiene cinco mese y… Y casi puede decir con satisfacción que ya no ha perdido la noción de quién es ella y cuál es su realidad.

Pero no está tan seguro que mientras duerme le sea tan fiel como lo es cuando tiene plena consciencia de ella misma. No es algo que le angustie, sin embargo, como para que el monstruo de sus celos lo rija en acto abominable contra ella.

Pero es, a pesar de todo, una situación inevitable. Un monstruo angustiante que lo consume. Ella es de otro en sus horas de sueños, salvo cuando la retiene el insomnio.

Él odia a su amante nocturno. Porque le hace daño, más que por el hecho de que la reclame su compañera unas cuantas horas. Su mente desvaría luego de sus furtivos encuentros.

Temió perderla por siempre cuando esos desequilibrios nocturno ocurrieron con frecuencia. Noche tras noche, sin tregua.

- O, Karly- dice él, para que no se le olvide que a pesar de los avances de la ciencia, su hijo se ha negado a mostrarse, quiere ser sorpresa para a ellos.

Pavel-Karly puedo no ser su hijo. Pero recuerda la noche de insomnio en que fue concebido.

- O, Karly- repite ella enfatizando su despiste…

Teme sin embargo que una vez nazca su primogénito, él la reclame y que entonces la pierdan sin ellos poder hacer nada para retenerla.

- Me gusta este fondo de nubes y ositos.- le dice Helga y Lorenzo que ve desde atrás, sobre su hombro, le sonríe cuando ella busca su mirada.

- Lo supe desde que lo vi…- asegura y su mano alcanza la página para doblar una esquina y así marcar el fondo que Helga escogió. Así como los otros cinco anteriores. El cielo, el mar, un prado, conejos y trenecitos.


...Tonto el que no entienda...

...Cuenta una leyenda que...

...una hembra gitana imploro a la luna...

... que llegado el día...(3)

.

…Y sus ojos Verdes…

.

**Rosados pétalos inmaculados, ¡derramados!...

Botones rojos brotan, caen a tu cano ser…

¡La macula, la macula! ¡Roja! ¡Despreciable!

Tu lirio líquido no los blanqueara.

Tu piel ya no cándida…

Los muros se caen.

.

Cortinas de arena vienen, gimientes esperan,

ecos tintineantes de un dorado resplandor verde…

Ojos verdes…

Ojos verdes…

Ojos verdes…

.

¡Ira! ¡Furia! ¡Ultraje!

¡Despreciable! ¡Culpable! ¡Justicia!

¡Justicia!

¡Justicia!

¡Justicia!

Venganza…

.

De la pirámide terrosa, amarilla, y del llanto de fuego del volcán.

A ti Diosa consagrado el cervatillo albino quedo…

Muros altos, florecientes obsequios le obsequiaste:

verdes mares, azules campos, frutos y animales…

larga vida a su progenie…

¡Larga vida, Ojos verdes!

.

¡Muerte!

¡Muerte al traidor!

¡Muerte a la estirpe!

¡Muerte al hombre!

.

Llorando pétalos de rosa marchita por el siervo blanco…

Por el siervo de pecho de rosa, roja como la sangre…

¡Perdónalo!

¡Perdónalo!

¡Perdónalo, te lo suplico, oh, Señora!

¡Te lo suplico!

.

¡Mortal impertinente se hará lo que la voluntad del dios disponga!

Ojos verdes, a su amor le debes la ciada de tus torres…

.


Hoy lo desconozco. Se relame con el dolor que me quema desde las entrañas. Y me mira desde su altura, derrumbada e inútil, temblorosa.

Pero me arrulla un consuelo espantoso, y su cantico inunda las calles desiertas y obscuras. Y ellas presencian otro más, otro cruento acto más.

- Ss…sti…n…ky- le suplico desde el acuoso dolor que fluye de mis ojos.

Sus labios son letales, sus palabras son armas que me desgarran y se complace en desgarrarme…

- Hace mucho, los antiquísimos Ojos Verdes, temiendo su pronta extinción, suplicaron a los dioses que no permitieran la muerte de su gente.

**Los Ojos Verdes eran un pueblo infértil, enfermo, muerto. Si nacían niños, estos tenían pocas esperanzas de vida… Sus campos secos no abastecían sus tripas y sus aguas no los saciaban.

Los dioses escucharon el ruego de los ojos verdes. Y dijeron a estos que un día nacería un niño sano y fuerte y que con él la prosperidad, la salud y fortuna para el pueblo.

Así fue, cuando este niño nació en pocos meses aquellas personas gozaban de excelente salud. Todo les era prospero.

Pero, llegado el momento, aquel joven tendría que desposar a una de las diosas más jóvenes, y ésta era bella, dulce y gentil...

- Stin…Stinky…- me preguntaba si toda la suspicacia de Lorenzo era mal infundada. Dijo: "esta noche no salgas" Ni siquiera puse un pie fuera del balcón.

La ciudadela nunca se había visto envuelta en una ráfaga de violencia como la que presenciaba. Nunca antes había sido tan consciente de que la guerra estaba a tan solo unos pasos de la muralla. Tras un refugio endeble como una hoja de papel mojada por la lluvia torrencial de verano.

Sin embargo, la gente de los ojos verdes no comprendió que, desde el momento en que aquel niño fue alumbrado, él ya era esposo de la Diosa.

Pasaron los años y los dioses no reclamaron al joven para desposarlo con la diosa. Y él, ignorante de la ira de los dioses, se enamoro de una joven y yacio con ella.

Ellos prometieron estar juntos por siempre y amarse incluso en la muerte.

Cuando los sacerdotes de los ojos verdes se dieron cuenta de esta unión ya era muy tarde para aplacar la ira de los dioses.

-Sti…nky…- Fue imperiosa la necesidad de refugiarme donde sea. No estábamos a salvo. Ocho meses acuesta no me daban la seguridad de veinte años de vida. Temía perderlo, fuera o dentro.

Lorenzo no volvió.

Y su furia fue tal que en un parpadeo la gente de los ojos verdes murió sin que él nada pudiera hacer por ellos. Y lo que él más temía era que le quitaran a su amada, ella temía lo mismo. Y puesto que, hasta ese momento, no los había separado, sabían que su castigo sería el peor de todos.

El joven imploro pero sus ruegos no fueron escuchados a causa de su afrenta. Y entonces la joven imploro a la Esposa de su amado, que fuera benévola con él, pues este ignoraba el contrato que su gente había adquirido con ellos.

La magnánima diosa concedió perdonar al joven, pero a ella no. A él lo salvo de la ira de la diosa, pero ella pagaría en carne propia la afrenta que le habían hecho por el resto de la eternidad.

- S…ti…- Los ruidos explosivos de los proyectiles impactando me retraían en espasmos angustiantes y yo no sabía qué más podía hacer para permanecer con vida. El fuego nos rodeo, allá, muy lejos. No había escapatoria.

Me parecía escuchar su voz entre las olas de llanto y fuego cruzado. Decía Helga de una forma desgarradora. Me lloraba que no me fuera, que no lo dejáramos…

No me sé capas de abandonarlo. Entonces me pregunto la razón de su suplica. Pero no, no puedo discernir por qué habría de irme…

Si me abrazara un poco más… Si el frío de esta guerra se escurriera de mis dedos… Si su nauseabundo olor me infestara las fosas nasales, entonces no estaría tan segura de que fuera un sueño. Una pesadilla.

Prefiero, casi con satisfacción, ver la figura blanca y etérea de luminiscente ojos verde. No a Lorenzo llorándome y abrazándome en un sus brazos fríos.

Cada vida en que ellos se alumbraran, la diosa le arrebataría a ella el amor de aquellos que la rodearan… Y amaría a su amado pero nunca más podría ser suyo. Y él jamás sabría de ese amor tan grande que la consumiría hasta el final de los tiempos.

-…- ¡Helga!... ¡Helga!... ¡Helga! La llame, no recuerdo cuanto tiempo paso antes de encontrarla tendida en el suelo detrás de la cuna de Pavel-Karly. Una bala perdida dentro de una lluvia que azoto nuestra ventana, le había perforado el tórax. Me encontré llorando un hilo continuo y extenso de "oh, Dios mío…"

Así no quiero perderte… cuantos amantes vengan, pero nunca la muerte…

Sin embargo… Él prometió que, habiéndose enterado de la decisión de los dioses, pasará lo que pasará, jamás la dejaría de amar.

Incluso en la muerte.

Y ellos fueron separados.


- y entonces qué paso señorita Lila…- Andaba tomados de las manos por los senderos rústicos de una comunidad alejada de los estruendosos caminos de la gran ciudad.

- ¿Ves esa colina?- dijo ella al tiempo que se inclinaba hacia él para quedar mejilla contra mejilla. Su dedo índice de la mano que no lo sostenía, porque en ningún momento deshicieron su agarre, señalaba lo alto de una verdosa subida.

- Sí…- dijo él cuando ya había asentido con un entusiasmado cabeceo, su rostro se giro hacia ella para mostrarle la felicidad de sus ojos.

- La última vez que vieron un ángel, fue sobre la punta de esta colina.- ¡OH!, fue la respuesta asombrada del pequeño niño. Lila está de pie junto a él y sabía que el pequeño tenía unas ganas enormes de acercarse y constatar con sus propios ojos que no le mentían.

- ¡Se lo voy a contar a mamá…!- Lila, finalmente, unos pasos por detrás de él, hizo una mueca para sí.- ¡…cuando vuelva, que he visto un ángel!


La historia de Arnold y Helga.

Arnold no era completamente humano.

Eran tiempos de guerra en los que su existencia fue abrigada. Y a él le tocaron los residuos de las olas de las confrontaciones humanas. Un penoso escenario para un ser tan lleno de luz. No conoció a su padre y su madre había muerto en los embistes de la locura terrestre.

Sin embargo fueron años prósperos, incluso cuando la conoció. Se amaban.

Y la guerra se estremecía alrededor de ellos y retumbaba bajo sus pies desbaratando los cimientos de un mundo de ficticio rosa.

Cualquiera podía unirse a la guerra, siguiendo sueños prefabricados. Y Helga constantemente argumento que era mejor a ser forzados a sostener un arma entre sus blancas manos de niños, como ocurría en países distantes. Que era mejor a que violaran su infancia y les arrebataran un futuro.

Hombres y mujeres desfilaban hacia una caja sin salida, directo a la muerte.

Él quería su felicidad. Y su propio legado la dañaba. A ella y a miles más. Porque la guerra era una desquiciada carrera para encontrar un poder tan sublime que nada en el orbe terrestre dejaría de doblegarse ante él.

Lo buscaban a él. Y no lo comprendía. Era mitad humano. Sin padres, sin pasado. Sin maestros.

Un día por fin la guerra salpico el espíritu de Helga y pronto su mente se lleno de deseos por terminar con tanta masacre y se unió a la desquiciada carrera de salvar vida a costa de otras.

Y en medio de la guerra se fueron distanciando.

La felicidad de Helga era la felicidad de Arnold. Y la guerra empañaba todo eso.

Arnold debió comprenderlo. Arnold decidió ponerle fin a una búsqueda destructiva y absurda. Él trato de hablar con ella, pero para ese momento la guerra había dominado el pensamiento de Helga y era inaccesible.

Decidió entregarse ante el líder de la facción contraria. Se llamaba Stinky y estaba arto de la monotonía horrorosa de la muerte. Estaba deseoso de alzarse victorioso ante sus enemigos y de humillarlos y de regirlos bajo su yugo.

Pactaron un prospero gobierno para él, por siglos y siglos y muchos siglos más allá que no se pueden contar. Siempre y cuando la paz reinara, que fuera un hombre justo y humilde, que la vida de sus enemigos fuera respetada. De lo contrario Arnold le arrebataría todo de las manos y cada uno de los hijos, de aquellos que cometieran la afrenta, engendrados bajo su estirpe sufriría los males que causaran.

La guerra llego a su fin. Y ante el asombro y el pasmo de la gente Arnold dejo en manos de Stinky el poder de regir el mundo tanto tiempo como Stinky lo procurara.

Arnold dejo su cuerpo atrás para poder velar un mundo reinado por la paz y la igualdad.

Arnold dejo a Helga. La olvido como ella lo había olvidado durante la guerra. Porque la amaba…

Y para borrar el dolor del mundo hizo olvidar la causa del mismo. Hizo que lo olvidaran.

Helga se quedo hueca al fin, sin un rumbo a seguir en una búsqueda desesperada que para ella no tenía sentido.

Lo había olvidado a él, a su amor y…

Aunque de continuo, porque sí, visitara la colina donde un día se encontró con un singular personaje.

…a sus ojos verdes…


"…Nena, no camines en la obscuridad1"

"No me arranques el corazón2"


Notas:

1.- Nevill Roberts, Soy leyenda.

2.- Anónimo

3.- Mecano, Hijo de la luna.

Hola chicos y chicas ya estoy de vuelta con una nueva entrega. Tan rara como todas las historias precedentes que les he compartido. Y en vista que una de las más normalitas que les he presentado (sí, el capítulo 12) ha sido acogida con nada de entusiasmo pues me regreso a mis rarezas.

También quiero comentarles que lo que dije en mi perfil es cierto, sin embargo sería muy mala onda de mi parte no resaltar que a pesar de la nula respuesta para Títeres y muñecas, si recibí gratos comentarios (dos, que valen oro) para Réquiem. Sólo era eso.

Yo los seguiré esperando con ilusión de todas maneras. Así mismo los invito a comentar todo lo bueno que le encuentren a esta cosa, o todo lo malo, sugerencias, dudas, lo que sea.

Ahora que estoy aquí aprovecho para mandarles abrazos por la próxima navidad ya tan cercana y el aun más cercano fin de año. Espero que pasen felices fiestas.

Después de esto me resta decirles gracias a ti querido lector o lectora anónimo (a) por seguirme acompañando: Gracias.

Adios.