Inglaterra, Reino Unido. 17 años atrás.
Dicen que la naturaleza del hombre mismo, yace en el seno de un hogar conformado por la ideología de la dualidad. Albert Einstein solía decir, que la luz y la oscuridad no existen realmente. La luz, es la ausencia de la oscuridad. Y la oscuridad, ausencia de luz. Algo así como un perfecto equilibrio en donde coexiste el bien con el mal. Pero que, si llegase a faltar uno de ambos, da paso sin duda al "caos". Pero ¿Qué es el caos realmente? Bueno, el caos para algunos es meramente el desorden o confusión misma de los absolutos. Para otros, esta palabra es mucho más que solo pragmática. Es un estado originario y confuso de la materia que se supone anterior a la ordenación del universo. En lo personal, para mi nunca significó ninguna de ambas. Para mi…siempre fue una pugna de poderes entre lo que pensaba y sentía. Y nunca lo tomé como algo malévolo. Por el contrario, era mi "state of mind" constante en la línea temporal por al cual transitaba desde que nací. Es que caos no es solo destrucción, vamos. Para mi caos era…vivir con Amelie y Colt. La hermosa conjunción, a proporción entre la demencia y la sanidad mental.
—¡Que buena carrera, joder! —carcajea Colt, entrando en la mansión con una botella de Whisky en la mano— ¡Vamos a celebrar!
—¡Buena racha, Fathom! —festeja uno de sus amigos.
Son las 3:40 de la madrugada y el mal llamado padre de familia ingresa a la casona con amigos, trabajadoras sexuales y uno que otro pobre diablo que conoció en algún bar. Colt Fathom, el "yankee" como le llaman sus ilustres, es popular por ser reconocido como un ludópata empedernido. Tras casarse con una mujer de la aristocracia británica, ha pasado la mitad de su vida mal gastando la fortuna de la familia burguesa en buenos negocios, pero malos tratos con el mundo decadente de la bebida y la juerga. Actitud que su desolada y sumisa esposa ha tenido que aceptar, obligada. Por supuesto que reprocha el comportamiento de su cónyuge. Para darles contexto de la historia, Amelie Graham de Vanily se casó con Colt Fathom en un matrimonio arreglado por sus padres. Lo único que esperaban de ella, era que tuviera hijos a destajo. Por esas cosas de la vida y la biología atómica de su naturaleza, no tuvo éxito. Mismo caso para su hermana gemela. A duras penas, ambos lograron concebir un hijo solamente. Machistamente, varones ambos. Y de entre tanto "caos" yo era uno de ellos.
Nunca supe a ciencia cierta si realmente yo era una bendición una maldición. Mi madre se esforzó hasta los últimos días de hacerme sentir como un milagro de la humanidad. A diferencia de mi progenitor, que me hizo profesar todo lo contrario, al punto de odiar el simple hecho de respirar. ¿Saben que era lo que odiaba el de mí? Es una tontería. Pero el hecho de que yo no vine al mundo a imagen y semejanza de él, lo irritó de sobremanera. Mi padre era norteamericano. Proveniente de una familia de Siux al norte de California. De cabello oscuro; grisáceo de viejo y bigote prominente. En cambio, yo era más Graham que Fathom. ¿Me explico? Vamos, estoy haciendo conjeturas. Pero en serio creo que le molestaba muchísimo que yo fuese casi caucásico que norteamericano. Así me hacía sentir, cuando comparaba ambas naciones. Cuando estúpidamente Norteamérica fue colonia británica en algún momento de la historia. ¿Pero yo que culpa tenia de eso? Ridículo. Me críe con el yugo de su potestad y subyacente decadencia. Soportando a corta edad mis primeros indicios de injuria, que solapadamente no iban hacia mi persona. Yo tenia 5 años…cuando este hombre sembró la semilla del mal en mí. Joder, yo era un crio. ¿Les parece que supiera algo de la oscuridad y la luz en el alma de los hombres? Ignorante, desconociendo el maltrato previo de este varón…pequé de inocente.
—Mami —murmura un Félix de 5 años, sentado sobre su silla en el comedor— Quiero jugar contigo. ¿Podemos jugar hoy?
—Félix…—se queja Amelie, malograda. Se soba la sien con dolor— Tengo una jaqueca terrible ahora mismo…no creo que sea posible.
—Vamos, Amelie —carcajea Colt, apuntándole con el cuchillo de mantequilla— Tu hijo quiere jugar contigo. ¿Cómo te vas a negar?
—No quieras hacerme ver mal delante de el —protesta la rubia, fulminándolo con la mirada. Un claro moretón en su mandíbula, lo delata— Eres un animal…
—¿Un animal? —pregunta, casto el menor— ¿Cómo un perro?
—Si —rezonga la ojiverde, dotando sus palabras con recelo— Tu padre es un carroñero.
—¿Qué es un carroñero? —inquiere insistente el rubio menor.
—¡VAMOS A JUGAR, FÉLIX! —el señor Fathom se levanta de su silla y le entrega una pistola de juguete— Vamos. Mami es la víctima. El objetivo del juego es dispararle hasta que muera. ¿Entiendes? —sonríe.
—¡Mamá, juguemos! —brama jovial el pequeño, apuntándole con el arma de plástico— ¡Será divertido!
—No, hijo —reniega la progenitora, aterrorizada— No es correcto que apuntes a mujeres con pistolas. Menos si son de broma.
—Pero, mamá…—bosqueja triste.
—Ay, Amelie, por favor —se mofa su marido, con dejo y aires de soberbia irónica— Es solo un juego. Anda, juega. Por favor, hazte la muerta.
—Si, mami por favor —pide Félix— No te quiero matar de verdad. Es un juego.
—¡Ya basta! —se queja Amelie, levantándose violentamente de la mesa— ¡Deja de decirle a Félix que me dañe! ¡Ni si quiera sabe lo que es matar a alguien!
—Pero lo sabrá…—balbucea el norteamericano— Aprende tu lugar, malcriada.
—¡Bang! —Félix le dispara un dardo en el brazo.
—¡Félix! —se queja Amelie, consternada— ¡No quiero jugar!
—¡Le has dado! —berrea Colt Fathom, golpeando el pecho de su prole con orgullo— ¡Dale! ¡Dispárale hasta que muera! ¡JAJAJA!
—¡Bang-Bang! ¡Mami! —vocifera Félix, soltando mas dardos contra ella— ¡Muere!
—¡Félix! —la británica hace una pausa, sujetando a su pequeño de los hombros. Lo mira a los ojos, certera, tajante, repleta de lágrimas— Jamás dañes a una mujer ni a los niños. ¿Me oyes? Nunca, jamás. Promételo.
—Lo prometo…—asiente, estupefacto. No entiende un carajo, pero asiente— Nunca, mami…
—Protégelos…—le suplica— Con tu vida.
—Con mi vida…—acata el pequeño.
Mi madre se aleja de mi…no puedo soportarlo…mamá, no te vayas. No me abandones. Te amo…
—Con mi vida…te protegeré, mamá…
[…]
—¡AAAH!
Volvemos al presente. Dios santo… ¿Qué fue eso? Me desperté de golpe. Que horrible pesadilla. Me inclino sobre la dura cama, si es que se le puede llamar así, porque es una tabla de estuco de la mierda. Me tendrán que reconstruir la columna después de esto, carajo. Mis compañeros de la celda contigua me observan obnubilados. De seguro están pensando: "¿El pequeño Kenji teniendo pesadillas? Pero si es un monstruo sin corazón" Al demonio, pendejos. ¿Qué les pasa? Los asesino con la mirada. Todos desvían los ojos hacia cualquier parte. No sé que tan fuerte habrá sido mi grito, pero se asustaron bien cabrón. Se espantaron todos, a excepción de Iván quien me sigue sosteniendo la mirada con ímpetu. ¿Qué quiere acaso? Se aferra a los barrotes de su cubículo y me examina como si quisiera revelar algún secreto.
—¿Qué pasa, gordo? —espeta Félix, frotándose los parpados con azarosa intención— ¿Me quieres cantar una canción de cuna acaso?
—Te escuché gritar el nombre de tu mamá —confiesa Bruel, con actitud mustia— "Amelie" decías. ¿La extrañas?
—¿Y a ti que te importa, cara de puerco? —protesta Fathom, furibundo— Metete en tus asuntos, carajo.
—Pequeño Kenji —confiesa el corpulento hombre, con expresión melancólica— Aquí todos somos hijos de una madre. No tengas miedo en decirnos que extrañas la tuya.
—¡¿Quién te dijo que-…?!
—¡Buenos días, animales! —espeta el guardia de seguridad de la prefectura. De un momento a otro, saca un manojo de llaves y se dirige a la celda contraria— Se van a casa, pendejos. Nadie levantó cargos contra ustedes y acaban de pagar sus fianzas—añade, abriendo la jaula— Lárguense, putos Yakuzas de pacotilla.
—¡Somos libres! —exclama jovial uno de los Yakuzas.
—¡Me voy a casa! —dictamina otro.
—¡Espere! —protesta Iván, observando a Félix del otro lado del patíbulo— ¿Qué hay del pequeño Kenji? ¿No se va con nosotros acaso?
—¿De que hablas, cerdito? —ironiza el policía— Nadie ha pagado su fianza. Y mucho menos, quieren defender a un, mata niños.
—¡¿Qué dijiste pen-...?! —Félix no alcanza ni a reaccionar, que Iván lo acaba de hacer por él. Estrangula con sus manos al guardia, azotándolo contra la pared— Iván…
—¡Pequeño Kenji no mato a ese niño! —grita Bruel, con toda la fuerza de su porte. Lo golpea contra la pared— ¡FUE TANAKA! —sentencia, seguro de su declaración— ¡Les dijimos a todos, joder! ¡Pequeño Kenji ama a los niños! ¡No lastima mujeres ni menores! ¡SACALO DE AQUÍ!
—¡IVAN! —intervienen sus compañeros, en un intento por calmarlo.
No sé que mierda está pasando. De lo único que estoy seguro, es que al parecer Tanaka tenia razón. Esta jodida situación fue una trampa. ¿Me quisieron meter preso? ¿Por qué? ¿Habrá sido Colt? Lo mas probable. ¿Quién mas si no? ¿Se inventaron una historia sacada del ano para inculparme? Sabían que nadie podía matar a Satoshi y aun así me mandaron a mí. Cabrones…gilipollas, maricones. Los haré cagar a penas descubra esto. ¿De quien fue esta idea? Si es tuya, Gabriel, Colt, Tanaka, los haré mierda. ¡LOS HARÉ MIERDA!
[…]
—Cobarde.
—Kagami…
Kagami Tsurugi le da una bofetada certera a Adrien Agreste, en la soledad de su habitación. Le ha volado el rostro de derecha a izquierda. El francés no emite juicio alguno sobre su represalia. Entiende a la perfección su enojo. Si. Lo entiende. Pero joder, que no lo dimensiona. Y desde el ángulo o punto de vista de Kagami es la muerte misma. Siente ganas de matarlo. ¿Cómo es posible que permitiera disimuladamente el enjuiciamiento de su propio primo hermano? Traidor…
—Eres un debilucho, Adrien —sentencia Kagami, sin premuras ni miramientos. Ni si quiera le deja hablar o defenderse— Es tu familia. Pero es mi hombre también. Te casaste conmigo en papel, pero ahora demuestras que jamás estarías a la altura de ser mi marido. Claramente no tienes los pantalones bien puestos. Eres de esos a los que les gusta complacer a todos menos a el mismo.
—¡Kagami! —intenta defenderse el rubio— ¡La ley no funciona así!
—¿La ley? —frunce el ceño— No me hables de leyes, mira que yo trabajo en esto y las he estudiado a fondo. Solo que como siempre, tu técnica es pobre. Por eso estás con Marinette —rezonga Tsurugi, caminando hacia la salida del cuarto— No quiero volver a verte por mi casa. Piérdete. Yo me encargaré de este tema. No tienes huevos para ayudar a tu propio primo hermano.
—¡Espera! —la detiene sobre el marco de la puerta, apretando su muñeca con desazón. La mira melancólico— Lo que ocurrió con Félix no es una mera coincidencia. Aquí hay gato encerrado.
—Te acabo de insultar. ¿Por qué no muestras algo de rencor si quiera?
—No voy a discutir contigo —niega Adrien, abatido. La suelta— Porque tienes razón. Eres la mujer de mi primo hermano. Y yo realmente no pude hacer nada. Sin embargo, presiento que hay una nube de mentiras detrás de este acontecimiento.
—Explícate —Kagami se cruza de brazos, esperando una respuesta valida o al menos que la convenza de no odiarlo.
—Estuve con él. Yo lo interrogué personalmente —revela el Agreste— Todo indica de que le tendieron una trampa. Quiero decir, vamos. Félix es la mano derecha de la señora Tsurugi. Lo mandaron a matar a Tanaka, cuando sabían que eso era una locura.
—¿Qué insinúas? —la nipona empequeñece la mirada, con aires de suspicacia— ¿Qué mi madre es la responsable de todo esto?
—Puede ser…—desvía la mirada, avergonzado— Escucha. Se que Colt tiene problemas con Félix. A pesar de que es su propio hijo, todo sabemos que el es capaz de cualquier cosa, ya que se llevan como el perro y el gato. Pero… ¿Meterlo preso? ¿Para qué? ¿Qué gana Fathom con esto? —añade— Aunque no le guste, es su hijo. Su primogénito. Su único heredero.
—Eso da lo mismo. ¿Desde cuándo a Colt Fathom le importa la vida de su propio hijo? —Kagami se gira a medio cuerpo, evitando su mirada inquisitiva— No nos leamos la suerte entre gitanos. Todos estamos conscientes del maltrato que le daba a su esposa. Incluso al mismo Félix. ¿Qué cambia ahora?
—Piénsalo…—solicita el ojiverde, angustiado— independientemente de todo eso. ¿En que le molesta a Colt todo esto? Ustedes llevan casi cuatro años de un amor clandestino. ¿Crees que a ese hombre le importa un sentimiento como ese? Si apenas se quiere a si mismo.
—Bueno, tú eres el detective —farfulle la fémina— Cotéjame tu teoría, comisario.
—Ya te lo dije…—agrega el francés, juntando el entrecejo— No te confíes, Kagami. Esto no fue sacado de la mente de un hombre. Aquí…hay maldad de una mente femenina —manifiesta— Llevo tiempo estudiando a los Yakuzas y si algo aprendí, es que los varones son mas de golpes que trifulcas.
—¿Y tú conclusión es…?
—Mi conclusión…—determina el caucásico, gesticulando un mohín amargo— Es que tu madre ya sabe de tu relación con Félix.
—Imposible —niega Tsurugi, cerrada a cualquier posible indicio de duda— No hay forma de que supiera. Félix es casi idéntico a ti. No podría sospechar de nada.
—No hablo de las veces en que se hizo pasar por mi —el policía la toma de los hombros, sosteniendo su mirada— Kagami…por favor, confía en mí. Tsurugi-san…ya lo sabe. Y ha tomado represalias.
Inequívocamente y por mucho que reniegue de esa "descabellada" posibilidad, la semilla de la duda se siembra en la muchacha. Se ha anidado en su pecho, la incertidumbre más afanosa de una posible venganza por parte de su progenitora. Pero ¿Por qué razón? Si de igual forma, eso no le atañe realmente. Sobrelleva una mentira casi perfecta justamente para darle en el gusto. ¿Qué necesidad de sacarlo de su vida justo ahora? Kagami no es una mujer sumisa que pueda quedarse de brazos cruzados a una afrenta. Colérica, sale del cuarto en dirección al despacho de su madre. Pretende encararla con todas las de la ley, incluso sopesando la idea de revelarle por fin la verdad. Pero en cuanto se ve parada frente a la puerta, vacila.
¿Por qué titubear ahora? ¿A que le teme realmente? ¿Al hecho de que Tomoe sea la verdadera responsable de todo este montaje? ¿O el haber sido descubierta en su ficticia historia? Un dilema sin respuesta. Oscilando entre desafiarla y callar, por unos instantes, indecisa, ingresa igual.
Tomoe está en su escritorio, tecleando sobre una pantalla de lenguaje braille. La menor no ha pedido ni si quiera una audiencia. Pero por alguna razón curiosa, ella no se inmuta. Por el contrario, la recibe cordial y por unos segundos, se muestra comprensiva. Solo hasta que…toque el tema.
—Madre.
—Kagami, bienvenida —saluda la mujer, concentrada mas en sus asuntos que en su visita— ¿Cómo vas con tu tesis?
—La tesis va bien…—contesta, desorientada— ¿Qué pasa? ¿Por qué parece estar tan tranquila? No creo que no sepa que el ataque de anoche salió de la mierda —traga saliva antes de aclarar la voz— Pero no vengo por mis estudios a hablar contigo. En realidad, hay otro tema que me preocupa.
—¿Necesitas dinero? Te lo transfiero ahora mismo a tu cuenta.
—No, madre —niega, decisiva. Como nunca antes, se tienta incursionando a enfrentarla— Todos en el clan están hablando del ataque fallido hacia Tanaka, anoche. Y estoy-…
—No te preocupes, Kagami —interrumpe brutalmente la mujer, restándole importancia— Ya lo resolví.
—Murió un niño…—sisea.
—Y está zanjado —menciona como ultimo veredicto— Ya he hecho los arreglos para dejar esto en cero. Esta mañana fueron liberados los inculpados.
—¿En donde está Félix Fathom? —inquiere Kagami, frunciendo el ceño.
Silencio incomodo en el ambiente. ¿Qué fue? El rostro de Tomoe se desfigura de un momento a otro, casi como si le hubieran metido una cuchilla en el culo. Para todo lo que estaba haciendo, girándose hacia ella, aunque "no la vea"
—¿Qué pasa con Félix Fathom? —arquea una ceja.
—No has respondido mi pregunta.
—¿Tengo que responderla acaso?
—Si.
—No —censura— No es de tu incumbencia. Félix es mi mano derecha. Su situación es meramente contractual.
—No puede ser…Adrien tenía razón. Mi madre…—aprieta los puños en respuesta—Liberaste a todos menos a Félix —gruñe— ¿Por qué?
—Félix cometió un error garrafal —explica con parsimonia, Tomoe— Sus actitudes altaneras comprometieron al clan. Lamentablemente se vio involucrado en la riña con Tanaka —Tsurugi le enseña un expediente digital en la pantalla. Se muestra al rubio, detenido en la comisaría— Le pedí que lo acabara. Pero en vez de eso, terminó enfrascado en un forcejeo en donde dispararon un arma de fuego y asesinaron a un menor de edad.
—Vale. Lo entiendo —simula entender, la nipona— ¿Pero eso que tiene que ver con que lo dejes a su suerte? Tu misma lo tienes ahí. Fue un accidente. Félix no lastimaría jamás a un niño.
—Hablas como si supieras todo de el —profesa su progenitora, empujándola al abismo de la verdad— ¿Por qué tanto interés en el británico?
Vale. Ella solita se lo buscó. La estaba provocando e incitando hace tiempo de contarle la verdad. ¿Con que finalidad? Si, de todas formas, las conclusiones de su marido son claras. Tomoe Tsurugi siempre supo de su infidelidad. La pregunta del millón de dólares no era ahora, el cómo. Si no ¿Por qué? ¿Cuál era su objetivo? ¿En que le afectaba? ¿Era un tema meramente de orgullo u…?
—Estoy enamorada de Félix Fathom Graham de Vanily —confiesa Kagami Tsurugi, con voz amarga y mirada templada— Llevo cuatro años saliendo con él, a escondida de todos. Sobre todo, de ti —la mayor no mueve ni un solo musculo ante tal declaración. Por el contrario, se muestra impávida. Eso les ha dado todas las respuestas a sus inquietudes— Pero ya lo sabías. No te sorprendas ahora. Ya que estamos hablando con la verdad. Dime. ¿Por qué le tendiste una trampa tan vil? Félix lleva tiempo trabajando para ti. Obedeciendo malamente tus órdenes y misiones. Te rinde tributos y te respeta, con honor. Él ha sido fiel a ti.
—¿Y que te hace pensar que, porque me es fiel a mí, te será fiel a ti?
—¿Disculpa?
—Félix Fathom no es un hombre digno de ti, Kagami —Tomoe se levanta de su silla y se desplaza hacia su hija, tomándola de los hombros con ímpetu de soberbia— Es cierto. Ya lo sé todo. Obviamente tu aventurita no iba a durar mucho. Si juegas con fuego, te quemas al final. Eres tan ingenua, hija —añade la mayor, con la verdad absoluta en sus labios— Cuando te casaste con Adrien Agreste, lo hice seguir. Y descubrí, que no era el la mayor parte del tiempo. Pero eso es algo absurdo de relatar ahora.
—No puedo creerlo…—refuta Kagami, agraviada. Le quita las manos de encima; con la mirada humedecida— ¿Desconfiabas de Adrien Agreste? Él es un niño de bien. Tu misma lo elegiste para mí.
—Desconfío de todos, Kagami —sentencia Tomoe, injuriada— Es verdad. Yo lo elegí para ti. Pero como ya te dije anteriormente, son solo transacciones de un mercado. Su unión fortificó el trato con mi socio comercial Gabriel Agreste. ¿O que pensabas? ¿Qué el matrimonio es un tema del amor? —se mofa con ironía— Los matrimonios son una empresa, pequeña tonta.
—Bueno…yo no pienso eso —contradice a regañadientes la menor, caminando hacia la puerta de salida— Ya veo. Entonces esto fue idea tuya ¿No? ¿En serio crees que metiéndolo preso me vas a alejar de el? No tienes idea…
—No me provoques, niña insolente —discute Tomoe, prohibiéndole hablar demás— Tu juventud no te deja ver la realidad. Ese hombre es malo para ti. Abre los ojos. Lo hago por tu bien.
—¿Mi bien? —carcajea Kagami, esbozando una mueca maquiavélica de paso— ¿Pero a ti quien carajo te dijo que yo soy una buena persona? Por favor —se retira de la habitación.
—¡¿Kagami?! —brama la cabecilla de la familia, apuntándole con su Bokken— ¡Detente ahí! —la escena se congela delante de sus ojos, dando paso a un ultimátum— Yo no voy a pagar la fianza de ese imbécil. ¿Me oyes? Y tú, no puedes hacer absolutamente nada para evitar que sea procesado como el asesino que es. Que te sirva de moraleja. A mí, nadie me engaña. Se burlaron suficiente. Es hora de que pague. Tómalo como una lección de vida.
Kagami Tsurugi aprieta los puños con una impotencia desmedida que le dan ganas de matarla. En ese plan. Con dos venas sobresaliendo de su sien, se mira así misma sola en esta contienda. Pero a pesar de transitar por un camino insidioso y azaroso, se arriesgará a tomar una chance por muy mínima que sea. Ella aun no se titula como abogada. No hay forma de que pueda ejercer su profesión, ahora mas que nunca. De igual forma, apuesta todas sus cartas de manera alarmante. El sentimiento de despojo la invade con levantismo. No se cree ni por un segundo, que el amor de su vida acaba pudriéndose en prisión. En contra de todo pronóstico, casi como una muerte anunciada, ella luchará. Es hora de batallar por lo que realmente le importa.
[…]
—Pequeño Kenji —anuncia el gendarme, abriendo su celda— Tienes una visita. Ven acá, que te voy a esposar.
Maldita sea. Con un demonio. ¿Pero que carajos significa esto? Me encadenan como un perro a un poste y no hay nada en esta vida que odie más, que me den ordenes y encima me coarten de mi libertad de expresión o acción. Como no me queda de otra que obedecer, acato solapadamente y me trasladan hasta una sala de paredes blancas y sin ventanas. Mientras aguardo pacientemente, cráneo en mi mente una y otra vez las miles de posibilidades de como mierda escapar de aquí. Si me fugo…
La puerta se abre de par en par. Y lo que presencio delante de mí, es casi un jubilo del mayor bálsamo para mis ojos esmeralda.
—¿Mi amor?
—Félix…—musita Kagami, con dolor.
Fue en vano intentarnos besar. Me había conmovido la escena, al punto de abalanzarme a ella para comerle la boca en un beso ardiente. Pero el maldito pendejo del guardia nos separa, como si estuviera evitando la tercera guerra mundial. Reciamente, jala a mi mujer de los brazos para apartarla de mí. Enloquezco, enardecido, envuelto en llamas. ¡¿Por qué la toca así?! ¡TE VOY A MATAR, PERRO! Tiento lincharlo delante de todos, pero es la propia Kagami quien me contiene, con un gesto pacifico, impropio de ella. La conozco, si fuera por ella, lo masacramos entre los dos y yo hago desaparecer al cadáver. Pero por primera vez, se muestra sosegada; calmada. Vale…acato a su voluntad y me siento en la silla. Ella hace lo mismo. Solo para cuando el bastardo nos deja a solas, recobro la cordura. Deslizo mis manos encadenadas sobre la mesa y ella las toma con sus suaves dedos femeninos y dóciles. Un toque que me sobre estimula demasiado. Puedo percibir como le atormenta el verme esposado. Independientemente de lo que me pase, incluso si muero, no quiero verla nunca mas así de preocupada. Mi prioridad en la vida, es hacerla feliz. Punto final.
—Kagami…—musita Félix, angustiado— Yo no maté a ese niño…
—Todos lo sabemos, cariño —confiesa Kagami, esbozando una mueca triste— Tranquilo. Vine porque ya me he enterado de la verdad. Mi madre te tendió una trampa.
—Joder…yo ya lo sospechaba —rezonga el rubio, ofuscado— No pudo haber sido mi papá o mi tío. Mierda. Carajo. Que asco…llevo años sirviendo a tu familia y-…
—Y te cogiste a la hija de tu jefa —interviene.
—No digas eso…
—Pero es la verdad —Tsurugi se quita la culpa de encima, agasajando sus dedos sobre sus manos— Da lo mismo lo que piensen. Ellos lo ven así. Pero tu y yo sabemos que no es la verdad real de los hechos. ¿Lo sabes?
—Te amo…
—Yo igual, gringo tonto —se mofa, quitándole algo de tensión al asunto— Pero ahora mismo, debemos encontrar una forma de sacarte de aquí.
—¿Me extrañaste?
—Cada vez que respiro, lo hago —confiesa.
—Yo sueño contigo a diario…
—Félix…—Tsurugi desvía la mirada, ruborizada— Eres el "pequeño Kenji". No dejes que te vean vulnerable.
—Perdón —rezonga, avergonzado.
—Mírame —la fémina toma su mentón, sosteniendo su mirada con determinación, atosigada de cariño— No sientas nunca culpa, pena o vergüenza de esto. ¿Sí? Vine de manera clandestina, para decirte que te sacaré de aquí. No me preguntes como, pero lo haré. ¿Ok?
—Kagami…—argumenta Fathom, frustrado— No sé como funciona la ley en tu país. Pero me dieron derecho a guardar silencio y a un abogado. Y, demonios…tu aun no te gradúas. Si pudiera elegir, tu serias mi abogada predilecta.
—Lo sé —asiente consciente de sus palabras— Y por lo mismo quiero que sepas, que cuando nadie mas te puede prestar ayuda, el gobierno de mi país te asignará un abogado.
—¿Cómo?
—Lo que pasa, es que, si nadie paga tu fianza o te asignan un abogado privado, el estado te da uno —aclara— Pero nadie toma casos de Yakuzas.
—Tengo a los Yakuzas encima, casi respirándome en la nuca —advierte Félix— ¿Cómo me vas a ayudar con eso?
—No importa —niega con la cabeza, segura de si misma— Encontraré la manera. Solo quiero que sepas que te vendré a ver cada vez que pueda ¿Ok? Aunque no lo creas, tengo mis contactos también.
Todo intento de romantizar la situación, se incinera mediante una promesa que yo mismo veo imposible de cumplir. Seamos sinceros. ¿Quién podría defender casos de mafiosos en Japón y salirse con al suya? Es una tontería arriesgar su licencia de abogacía para algo tan banal. Es mi cuarto día en la prefectura de Shibuya, comisaria #3. Comienzo a enloquecer. No doy ni un segundo mas encerrado aquí. Empiezo a pensar en azotar mi cabeza contra el paredón de la celda, solo para erradicar pensamientos nocivos como el suicidio. ¿Por cuánto tiempo más debo esperar mi sentencia? Al menos díganme los cargos de los cuales fiscalía me imputan, carajo. Porque les juro que no sé que será de mi vida a partir de ahora.
De vez en cuando veo pasar algunos detenidos. No escatimo en burlas, pero más de alguno me llega a examinar y rehúye de mi mirada, atemorizado a posibles represalias. Aunque sean conocidos míos, no duran más que solo la noche. A lo más, dos días. ¿Por qué tardarse tanto en al menos decirme si iré preso o no? Dios…me estoy volviendo loco. Me muero por un vaso de whisky. Recuesto boca abajo sobre la endurecida tabla que me pusieron de cama y cierro los ojos por unos momentos. Ahora que lo pienso…¿Por qué me gusta el Whisky? Podría ser adicto a cualquier otra bebida alcohólica, al menos mucho mas efervescente. ¿Desde cuando realmente comencé a beber? En algún momento…me quedé dormido otra vez…
Volvemos a Londres, pero hace solo 8 años atrás. Hipódromo Real.
—¡Y el ganador por solo un céntimo de cabeza es Rayo Azul!
—¡Estúpidos caballos de mierda! —berrea Colt, azotando un puñado de papeles contra el suelo. Se quita los binoculares y se deja caer sobre su asiento. Coge una botella de Whisky y se sirve un trago—
—Me quiero ir a casa —rezonga Félix, aburrido a su lado— Este lugar apesta a cigarro y a sudor de animales.
—Mala suerte, mocoso —espeta el señor Fathom, en lo que quema la punta de un puro habano— Tu mamá tiene una reunión con "amigas" de ideas liberales o algo así. Y fue especifica en decirme que no quería verme en casa antes de las 22.
—Que mamá no te quiera ver a ti, no significa que eso me incluya ¿Sabes? —su hijo se cruza de brazos, refunfuñando— Era cosa de dejarme a solas en mi cuarto y ya. Yo no saldría de él. Soy callado.
—¿Si eres tan callado, por que no te callas ahora? —su progenitor le alcanza la botella de brebaje— bebe un poco.
—Papá, tengo 14 años —frunce el ceño.
—¿Y eso que? Yo a tu edad ya trabajaba incluso —protesta el bigotón, chasqueando la lengua— El problema de la gente actual, es que infantilizan mucho a los hombres.
—No deberías proyectar tu realidad con la mía —chista el rubio, tomando la botella solo para dejarla a un lado— Que tu hayas sido miserable no quiere decir que yo tenga que correr el mismo destino.
—Estas cagado, Félix. Reniegues lo que reniegues, eres mi hijo. Sangre de mi sangre —decreta el varón, poniéndole atención a la siguiente carrera— Te guste o no, tu destino está atado a mí.
—No estoy de acuerdo y no me lo creo para nada…—piensa hacia sus adentros el ojiverde, observándolo con desprecio.
—¡Fathom! —interrumpe un caballero de porte gentil, acompañado de dos muchachas en cada lado— ¡Que sorpresa!
—¡Charlie! ¡Viejo lobo de mar! —carcajea Colt, saludándolo con un apretón de manos violento— No te esperaba hoy en las carreras. ¡Y vaya! No vienes solo, jeje.
—No podía perdérmelo por nada del mundo —expresa jovial el amigo— Vine acompañando a estas dos hermosas mujeres. ¿Te acuerdas de Sophie? Fue tu secretaria cuando estuviste en el servicio de impuestos internos.
—Vaya que si me acuerdo —el padre de familia se quita el sombrero y besa la mano de la chica pelirroja, con dejo de morbosidad— No me olvido jamás del rostro de una hermosa chica.
—¿Colt Fathom? —murmura la segunda acompañante, cabelleras rubias. Se ha sorprendido al ver que no viene solo— ¿No me vas a presentar a ese pequeño señorito? ¿Quién es?
—Es mi hijo Félix —Colt le patea la silla, para que se pare— Saluda.
—Tsk…—Graham de Vanily hace amago de displicencia y saluda escueto— Hola.
—No sabía que tenias un hijo —sonríe con lascivia la mayor— Es muy guapo, la verdad.
—¿Qué esperabas? Tengo buenos genes, después de todo —se jacta con petulancia.
—Ni me parezco a ti…menos mal —el adolescente se encoge de hombros.
—Me agrada que quieras invitarlo mas seguido a nuestras reuniones —insinúa inquisitiva la pelirroja.
—Colt es un padre ejemplar, sin duda —halaga Charlie totalmente ignorante al tema. Acto seguido, toma el hombro del lozano y le guiñe el ojo— Sin duda está a portas de convertirse en un hombrecito.
—¿Qué dice este tipo?
—Estaba pensando llevar a las chicas a lo de Margarette —le invita de paso— Vamos todos, ahora que vino tu hijo. Sería bueno que conociera a las muchachas.
—¿Muchachas? ¿De que hablan estos dos?
—Cierto. No se me había ocurrido antes —acepta Colt, jalando a su hijo del brazo para obligarlo a que tome sus cosas— Trae tu chaqueta. Nos vamos.
—¿A dónde? —examina Félix, desconfiado.
—Tranquilo, pequeño Fathom —sonríe con femineidad la rubia, acariciando de paso sus mechones dorados— Es un lugar increíble…lo pasaremos bien.
¿Pero que mierda…? Este lugar es…
Rossi House Night Club. 21:30PM.
—¡Bienvenidos! ¡Uy…señor Fathom! —le saluda una mujer voluptuosa, tan solo vistiendo un bikini casi transparente. Le hace un alcance, susurrando en su oído— Usted sabe que no está permitido traer menores de edad a mi club.
—Tranquila, Margarette —Fathom le resta importancia, empujando a su prole hacia adelante; como quien manda al frente de batalla a alguien inocente— Félix ya está en edad suficiente para venir aquí. Además —agrega, depositando un fajo de billetes entre medio de su escote— Se que tienes chicas de su misma condición trabajando aquí. No te hagas la estúpida y atiéndenos por favor. Quiero un trato preferencial para él.
—Eh…cla-claro que sí, señor Fathom —la mujer acepta el dinero, guardándolo solapadamente en el interior de la misma prenda— Solo…no se confunda. Por supuesto que quiero atenderlo y darle lo mejor, pero aquí…no hay nadie al nivel de un Graham de Vanily, la verdad —expone, observando a un tímido Félix detrás de él— ¿Si me entiende? Es el hijo de Amelie…
—Se que encontrarás a la indicada —Colt le toca el hombro simulando ser amable, pero en el fondo, se lo estruja ligeramente. Se gira hacia el escenario y ve como una jovencita sube al teatro con un micrófono en mano— ¿Qué hay de ella?
—Esa…—traga saliva la fémina, estupefacta— es mi hija, señor. No está en discusión.
—Mi hijo es una piedra preciosa y la tuya, una piedra a punto de serlo…—sentencia el mayor. Le ha dejado muy en claro sus órdenes. Toma asiento junto a su hijo— Haz tu trabajo.
—¡Margarette! —chilla Charlie, junto a las chicas— ¡Una botella de Whisky, vino y algo para comer! Ten —le lanza su tarjeta de crédito— Cárgalo a la cuenta como siempre y prepara las habitaciones.
—A la orden…señor Delaway —asiente frustrada la dueña, cogiendo de mala gana la tarjeta.
No entiendo que cojones está pasando. Mi papá me trajo a un burdel, disfrazado de un bar de lujo. Se que en el fondo no es lo que aparenta. Mi suspicacia me lleva a notar que, en las otras mesas, hay hombres de renombre, incluso ministros y decanos de sociedad, drogándose y bebiendo. Comiendo como puercos y riendo como depravados en compañía de mujerzuelas que les complacen en todos sus caprichos de mierda. Es un asco. Me quiero ir a casa. Quiero levantarme e irme a la mierda. ¿Por qué tengo que pasar por algo como esto?
—Papá —murmura Félix, con expresión nauseabunda— Me quiero ir.
—Será mejor que bebas ahora —determina Colt, sirviéndole un trago de Whisky. Se lo acerca— No irás a ningún lado.
—¡Pero! —Fathom junior aprieta los labios, frustrado— ¡No quiero!
—Escucha, pedazo de mierd-…
En el mismo instante en que Colt me había agarrado del cuello de la camisa, las luces se apagan y se encienden tenues, de un color carmesí. Justo delante de mí, estas dan de lleno sobre una muchacha de cabellera rubia y ojos verdes, tes morena y actitud muy atrayente. Se presenta así misma al publico con un nombre de fantasía, que no logro distinguir muy bien. El publico enmudece. Parecen conocerla. ¿Será una estrella de cine o algo así? Es realmente hermosa, he de admitirlo. Y no parece ejercer la misma profesión que las demás de por acá. Una banda de jazz la acompaña.
—Espero disfruten del show —balbucea la fémina.
En cuanto la melodía llega a mis oídos, me profeso cautivado por su voz. Nunca había asistido a un "concierto" en vivo, si así podría llamarse. Ella viste un vestido rojo ceñido. No se ve mayor que yo. Me atrevo a sopesar que tiene casi mi edad. La música es suave y muy seductora. Danza, deslizándose por los tablones a pies descalzos como si flotara por la tarima. Reconozco el ritmo de la canción que canta melodiosamente. Es un cover de Careless Whisper pero en versión acústica y vociferada por un sublime tono de voz soprano.
En algún punto, me hipnotizó. Y se que mi padre lo notó con creces, pues me acerca el vaso nuevamente.
—Te dije que lo necesitarías —sugiere Colt, gesticulando una mueca soberbia.
Tenía razón. Estaba tan obnubilado con su presentación, que instintivamente mi garganta se agrietó como un desierto seco y sin agua. La sed me inundó, conforme la temperatura de mi anatomía se elevaba y no rechacé el consejo. Bebí entonces el vaso de solución alcohólica. Me quemó, como los mil demonios. Jamás había consumido algo que lacerara mi tráquea y que, a los dos segundos, la adormeciera como una medicina adictiva.
—Arg…—carraspea Félix, arrugando la nariz— Dios…esto es gasolina. ¡¿Pero que carajos?! ¡Puta mierda!
Hasta la lengua se me soltó. No recordaba haber blasfemado así delante de ningún adulto. Cuando caí en cuenta de lo que había dicho, me ruboricé hasta minimizarme en el asiento. Pero lo que creí sería un regaño o un putazo, fueron solo risas y halagos. ¿Acaban de normalizar mi vulgaridad? Qué raro…
—¡Eso es, Félix! —lo alienta Charlie, dándole una palmada en la espalda— No te atragantes. Trágalo.
—Demonios…—inquiere el pequeño Fathom, asqueado y a la vez encantado con la sensación— Se siente bien…con la música de fondo…
—¿Te gusta, verdad? —le comenta la pelirroja, a escasos centímetros de su oído.
—No —niega el rubio, con actitud hosca— Sabe mal.
—No me refiero a eso, tontito —ríe con audacia la mayor. Le toma del mentón con grácil suavidad y lo voltea hacia el escenario— La chica…
La chica…
Si. Me gusta. En el preciso instante en que asentí con la cabeza, todos se enteraron de mi cruda realidad. Se que en el fondo se estaban burlando de mi virginidad. Pero a mi me valió mierda. El puto vasito de Whisky ya había hecho estragos en mí. Después del primer sorbo, la jodida cosa comienza a pasar como agua por el esófago.
Tras finalizar el show, el publico enardeció. Se levantaban a aplaudir algunos y otros, solo le lanzaban flores o dinero. Ella se despidió finalmente y se retiró tras un velo de cortina morada.
—¿A dónde fue? —inquiere Félix, confundido— ¿Eso fue todo?
—Imagino que la chica cobra por hora sus talentos —esboza la pelirroja, levantando su copa de vino— Un brindis por esta hermosa velada y precioso reencuentro —la choca contra Colt Fathom, con sutileza— Y por la increíble compañía…
—A tu salud…Sophie —corresponde el americano.
22:45PM.
Realmente no sé cuanto he bebido ya. Quizás tres o cuatro vasos. Para los adultos que me acompañan seguro es una basura. Pero yo, ya estoy bastante entumecido con la bebida. Es la novatada mas grande de todas, ya que de un momento a otro he perdido la noción del tiempo. A pesar de que comí y tengo el estómago repleto de alimentos salados, el alcohol circula por mis venas con la misma fiereza con la que mi corazón bombea sangre a toda mi anatomía. El sonido húmedo de unos besos me alcanza por el lado derecho y noto que es el socio de mi papá, Charlie Delaway quien se besuquea con la rubia. Hastiado por la escena, me levanto alertado por mi vejiga. Quiero orinar. Alcanzo a dar dos pasos, en modo de retroceso. Ahora es Colt quien tiene a la pelirroja a la cual llama "Sohpie" sentada en sus piernas y descaradamente, la desvergonzada le soba el bulto del pantalón.
¿Qué significa esto? Me choquea la imagen por unos intervalos de segundos. Mi progenitor, acaricia sus cabellos sin si quiera quitarse la argolla de matrimonio del dedo. ¿Colt es un hombre infiel? No me extrañaría. Las peleas que tenia con mamá de mas pequeño cobran sentido, dándole cabida a todas sus sospechas. Entonces era verdad…que asco.
—Voy al baño —advierte Félix.
Nadie se molestó si quiera a escucharme. Por estas horas, todos a mi alrededor parecen un collage de Picasso. Mas distorsionados que una puta pintura surrealista. La música de fondo es ligera y mis movimientos fantasmales como un lince. Logré dar con el baño de varones. Gracias a dios no entré al de chicas. Hago ingreso a él, me desplazo hacia uno de los urinarios y vació litros impresionantes por la uretra. Les juro que no tomé tanto como lo que expulsé. ¿Qué le pasa a mi cuerpo? Fue infinito. Hay tres chicos jóvenes más, haciendo lo suyo también. Gemidos obscenos resaltan por dos de los cubículos. Están follando. Parece irreal. Ebrio y todo, me subo el cierre y me lavo las manos. Pulcro, ante todo. Cuando salgo del lavado, la imagen de la chica cantante me asalta de golpe. Me observa desde la escalera que da al segundo piso.
No quiero darme ínfulas de nada…pero les juro que pareciera que me está llamando con el dedo. Torpemente me señalo a mi mismo.
—¿Yo?
—¿Quién más?
Me responde con la mirada. Me parece un sueño. ¿En serio se fijó en mí, entre el público? ¿Cómo sabía que me gustó? El neófito ser en mi interior me invita a seguirle el juego y la acompaño al cuarto de arriba. Ella cierra la puerta y me jala hacia la cama. Es un cuarto limpio, con sabanas blancas, olor a vainilla y mucha ostentación. En cuanto accedo sumiso a sus insinuaciones, se aproxima a quitarme el cinturón del pantalón. Al comienzo, mi reacción natural es asustarme. Es mi primera vez con una mujer, vamos. Le sujeto de las muñecas, reteniéndola. Ella me mira decepcionada y suspira.
—Está bien —comenta la fémina— Ya entendí. ¿Es tu primera vez?
—Creo…que debería irme —murmura abochornado e incomodo el rubio— No me siento bien…—observando la puerta con tentativa de escapar.
—¿Entonces huirás, así como así? —espeta la chica, arqueando una ceja con desazón— Que desperdicio.
—¿Disculpa? —la observa ofendido.
—Eres un Graham de Vanily ¿No? —revela.
—¿Cómo sabes quién soy?
—Por favor —ríe con sarcasmo— Mírate. Eres la viva imagen de Lady Amelie. Tienes la belleza adónica de tu madre y el carácter errático del señor Fathom. ¿Quién más serias si no?
—¿De qué modo es que…? —parpadea, atónito el británico— ¿Te pagaron por esto? ¿Es eso?
—Jajaja…—carcajea con dulzura la ojiverde, gesticulando una mueca febril— Que lindo eres… ¿Cómo te llamas?
—Creí que me conocías.
—Solo tus apellidos —aclara.
—Te diré si tú me dices quién eres.
—Vaya…—musita suspicaz, escondiendo una sonrisita nerviosa detrás de su mano— Eres un juguetón.
—Dímelo —ordena.
—Si. Sin duda eres un "señorito" de la corte —ironiza— Me llamo Natasha —miente, revelando su nombre artístico— Y para que te vayas enterando, no eres el único virgen aquí. Somos dos.
—¿Tu también…? —se congela, estupefacto— No te la creo…
—Hagamos algo —propone divertida la muchacha, retomando sus pretensiones de antes. Le quita el cinturón y le baja el pantalón— Yo te diré quien soy si tu me dices quien eres. Y por cada verdad que me digas, te haré sentir bien.
No supe que decir. Sentí como la prenda se había resbalado hasta los pies y ella, masajeaba mis calzoncillos blancos con intención de quitármelos también. Nunca sentí nada igual. Estaba ebrio. Si le habían pagado o no, me importó poco. Mi cabeza superior se desconectó de la de abajo. Obscenamente admito, que me dejé llevar. Llevé ambas manos a su nuca y la empujé a mi anatomía con toda potestad de concretar el acto.
—Me llamo Félix.
—Mucho gusto, Félix…—manifiesta la ojiverde, alzando la mirada— Me llamo Lila —revela, despojándolo finalmente de su ropa interior— No temas. Todo lo que pase hoy, quedará en el olvido. Lo que pasa aquí…se queda aquí.
—En el olvido…
[…]
¿Qué hora es?
Me despierto. Ha amanecido en esta apestosa celda. Joder. ¿Qué fue eso? ¿Por qué soñé con esa mujer justo ahora? Me lleva la que me trae. Me refriego los ojos y camino hasta el lavamanos para mojarme la cara. Me siento febril. Creo que tuve un sueño vivido muy húmedo con esa persona. ¿En qué momento enterré esa situación en mi mente? Mi subconsciente quiso que yo no añorara remembrar una escena como esa, para no manchar mi relación con la hija de los Tsurugi. Pero en realidad, sin restringirme en bizarrías absurdas, esa chica fue mi primera experiencia sexual. Mi primera depravación social. Y como lamentaba que no hubiese sido con amor…porque ahora que me siento dueño de una mujer como Kagami, me pesa.
Veo pasar al guardia. Me abre la celda y me llama a las duchas. Como es costumbre, obedezco de mala gana. Me baño bajo vigilancia de algún voyerista de closet y me llevan al comedor a desayunar. He de admitir que la comida en las comisarías de japón no son malas. Ojalá sea igual en la cárcel…
Estaba yo, terminando mi café. Cuando uno de los gendarmes me llama para trasladarme hacia la sala de interrogatorios. Cuando hacen esto, suele ser Kagami quien me viene a ver. Por lo regular, viene una vez o dos por semana para comentarme el avance de mi sentencia. Naturalmente me senté a esperarla como era habitual. Pero para mí extrañeza…fue lo más similar a un regalo de cumpleaños sorpresa. No era ella. En su lugar, había una muchacha de cabellos marrones delante de mí. Vestía ropa formal y una maleta con una carpeta pesada. ¿Y ella quien chucha es? El guardia cierra la puerta.
—Tienen 10 minutos solamente —sentencia el varón.
¿Quién es ella y que significa esto? Se sienta frente a mi y me observa con naturalidad, como si me conociera de toda la vida. Lo primero que hace es abrir esa carpeta en la mesa y me muestra todos los antecedentes míos. Literal, tiene la historia de mi vida ante mis ojos. Desde que me fui de Londres hasta mis pasos de 4 años en japón. ¿Pero qué? ¿Me estaba espiando o algo así? Mi primera impresión: Rechazarla.
—¿Quién mierda eres?
—Hola, Félix Fathom Graham de Vanily —esboza la mujer, con parsimonia— Un placer conocerte. Soy tu abogada.
—¿Mi, que? —recapacita, tras escuchar su propuesta. Se relaja por unos instantes— Ah…dios. Discúlpame. Es que he pasado unos días muy tensos aquí, ni te imaginas. ¿Kagami te mandó para que me defendieras?
—¿Kagami? —cuestiona la muchacha, mostrándose embrollada— No, para nada. No sé de que hablas —le expone una foto sobre la mesa— Fui contratada por la familia Graham de Vanily.
—¿Qué dices…? —Félix se congela de golpe. No entiende un carajo lo que dice— ¿Cómo que la familia Graham…?
—Así como lo oyes —agrega— Amelie Graham de Vanily y Colt Fathom me contrataron para defenderte en este caso. Me llamo Iris Verdi. Un placer —le estira la mano.
No. Paren todo. ¿Mi madre se enteró de que estoy preso? ¿Colt la contrató? Indiscutiblemente examino su mano con detalle y algo en ella me hace recordar a alguien en particular. Vamos, no creo que sea verdad ¿O sí? ¿Es una broma? Ahora que la veo bien, se parece mucho a…
—¿Lila…? —sisea Fathom pasmado— ¿Lila Rossi? ¿Eres…tu?
—Que memoria, Félix —admite Lila, siendo descubierta a todas luces— No quedé en el olvido como dijimos. ¿Eh?
—¿Qué sucede…? —el británico se paraliza en su asiento, ruborizándose hasta las orejas. No se cree el hecho de que soñó con ella la noche anterior y ahora aparece como si nada como abogada— ¿Cómo es posible? ¿Es una broma?
—No es ninguna broma —la muchacha de aspecto italiano bosqueja una mueca soberbia— ¿Qué pasa? ¿Te sorprende que desempeñe esta profesión? —se burla— Vamos, no iba a trabajar en el burdel de mi humilde madre para siempre —agrega— Soy una mujer ambiciosa. Tuve buenos mecenas, que me pagaron los estudios. Agradécele a Colt. Fue el primero en apoyarme, luego de saber que te hice hombre.
—Disculpa —rebate el rubio, entrejuntando el cejo— No confundas. Eso quedó en el pasado. Lo pasamos bien esa noche, pero creo que estas aspirando a mucho. Yo ahora-…
—No me interesa lo que te haya pasado en los últimos 8 años —le intercepta, interrumpiendo cualquier forma de alegato en su contra. Acto seguido, extrae una petaca de whisky y se la muestra— Estoy haciendo mi trabajo. ¿Quieres un poco? Te traje un regalito…
—Mierda…—traga saliva— Si quiero…—desvía la mirada— ¿Qué quieres?
—No seas tan orgulloso por favor —Lila le entrega la botella. Observa detenidamente como su compañero se la bebe de golpe, como si necesitara un vaso de agua en pleno desierto. Sonríe satisfecha— Rico ¿No?
—Escucha…—gruñe Graham de Vanily, limpiando la comisura de sus labios con el dorso de su mano derecha— Ok. Te agradezco tus servicios. Al igual que esa vez, te están pagando. No me imagino cuanto, pero sigue siendo de la misma forma. Haz tu trabajo.
—Lo sé, tranquilo —Rossi se encoge de hombros, restándole importancia a sus lacerantes palabras de amenaza— Soy super profesional. Que no te quepa duda alguna. Voy a sacarte de aquí.
—¿Lo harás?
—Dalo por hecho —inquiere, haciendo amago de un mohín morboso— Mi contrato es especifico. En dos semanas es tu juicio. Finalmente te citaron a ser juzgado ante un tribunal. Ahora que eres mi cliente, harás todo lo que yo te diga. ¿Me oyes?
—Vale…—asiente, receloso— ¿Qué debo hacer?
—¿Tu? Nada realmente —la muchacha cierra la carpeta y guarda todo, levantándose de la silla— Solo lo que mejor sabes hacer. Obedecer como un buen niño —satiriza.
—¿Cómo que dos semanas? —rezonga colérico el ojiverde— ¡¿Tanto?! ¡Yo no puedo pasar ni un segundo mas aquí! ¡Me estoy volviendo loco!
—¡Oye, mocoso! —lo increpa el guardia, amenazando con dispararle un dardo tranquilizador— ¡Animal! ¡Quieto, con la abogada!
—Tch…—Félix le escupe los pies.
—¡¿Cómo te atreves?! —vocifera eufórico el varón, apuntando con su pistola— ¡Bastardo! ¡Te voy a-…!
—Basta —sentencia Lila, reteniendo al policía con un toque sincero en su antebrazo. Le sonríe natural— Déjalo. Gracias por la oportunidad —concluye, depositando un fajo de dinero en sus bolsillos— Hasta la próxima semana.
¿Qué fue eso? Lo vi, tan claro como el agua. ¿Lila acaba de comprar al guardia? No me lo creo. De un momento a otro, me agarra a golpes con su luma y me azota, hasta llevarme a la fuerza de vuelta a mi celda que ahora me parece una puta jaula. En el interior, me sigo cuestionando la inverosímil aparición de Lila Rossi. ¿Qué la vincula a mi familia y por qué aceptar un trabajo como este? ¿Qué clase de trato firmó con Colt para que me ayudara? Incluso cuando la misma familia Tsurugi me dio la espalda. Tomoe es una traidora, por si acaso. Me vengaré de ella a penas pueda. Pero vamos, ya me encargaré de ella. Por el momento esto me inquieta aún más. De mi padre espero siempre lo peor. No me hago ilusiones. ¿Ahora qué?
Pasaron dos semanas. Dos jodidas semanas y Kagami Tsurugi no vino a verme ni un día. Fue como si se la tragara la tierra. El aire la esfumó. ¿Qué significa esto? Llegó el día del juicio y Lila Rossi me defendió delante de los abogados de Tanaka y la fiscalía japonesa. Por alguna razón que desconozco, todos se retractaron y actuaron como maricas cobardes. El cabecilla del clan retiró mis cargos "mágicamente". La trabajadora sexual cambio su declaración y la adornó con un "accidente" de otros pendejos que nada que ver conmigo y Satoshi. La mierda terminó con mi absolución majestuosa y muy cuestionable, libertad condicional. Mi sentencia se redujo de cadena perpetua a un par de firmas mensuales y arraigo nacional. ¿Alguien cuestiona el hecho de que yo estaba enterado de algo? De nada. Les juro, que estaba en blanco. Solo pude limitarme a obedecer como me pidió la abogada que Colt contrató para mí, amparado supuestamente por mi madre.
Para el 13 de agosto, pleno verano caluroso japones, me liberaron. Aunque no quedé limpio, pues mi hoja de vida quedó manchada por ese incidente, lo único que me estaba cuestionando día y noche, era el hecho de que increíblemente Kagami se desapareció de japón. Así, como lo leen.
Esa mañana que Lila me fue a buscar al tribunal, yo solo pedí una cosa. Ir a ver a la mujer de mis sueños. Cuando el auto finalmente aparcó a las afueras de la casona de los Tsurugi, enloquecí de zozobra. No supe como reaccionar. Se habían…ido…
—¿Qué mierda significa esto? —cuestiona Félix, en la entrada— ¿Cómo que se mudaron?
—Perdón, pequeño Kenji —comenta el jardinero de la mansión— Tsurugi-san se fue de vacaciones.
—"¿Cómo que de vacaciones?" —Fathom lo agarra del pecho; por las ropas— ¡¿A dónde fueron, bastardo?! ¡Dime!
—¡Se fueron a Rusia! —revela el pobre y amedrentado trabajador— ¡Perdón, Kenji! ¡Yo no tengo nada que ver! ¡Por favor no me mates! ¡Se que sueles-…!
—A ti no, estúpido —lo suelta el Yakuza, sosteniéndole la mirada— ¿La dirección? Y más te vale que no me mientas.
—No le miento cuando le digo…—confiesa, melancólico— Que no me la sé.
—¿Cómo mierda no te la sabes?
—No lo sé, señor.
—¿Lo juras?
—Lo juro —revela, casi cagandose en los pantalones— ¡No me mate!
—Tsk…—lo suelta.
¿Por qué putas se fue Kagami a Rusia? No. Ella nunca se iría lejos de mí. De seguro es una estrategia de su madre. La misma que me tendió una trampa para meterme preso. Curioso que a los dos días de que mi padre contratara a Lila se desaparecen del país. ¿Qué pretenden? ¿Qué yo me crea el cuento? Cogí mi móvil y le marqué. Su teléfono suena apagado, como si hubiese cambiado de número. Incluso había cerrado su única red social. Desinstaló el Kakao Talk (que es el similar al Whatsapp) y el número de Tomoe también estaba fuera de servicio. Con la ansiedad a tope, llamé a mi primo. Si hay alguien que debe de saber sobre el paradero de Kagami es el ¿No? Quiero decir, es su esposo.
A los pocos segundos, saltó su buzón de voz; informando que estaba ocupado y que le dejara un mensaje. Al menos sabía que continuaba en Tokio, por lo que asumí que Kagami se había ido sin él y reforzaba aún mas mi teoría. ¿Y si su madre la secuestró o algo parecido? Joder…yo si la creo capaz. Entré en colera. Un profundo sentimiento iracundo, me atiborró los sentidos. Tenia muchas ganas de matar a alguien. ¿Pero en quien iba a canalizar mi ira justo ahora? ¿Y si mato al jardinero para desquitarme?
—Félix —Lila le toca el hombro para que voltee.
—O podría solo matarte a ti —redunda Fathom, con la visual tentativa a asesinarla. Sin embargo, su compañera no ha caído en su juego. El truco de miradas que sostiene, solo la estimula a interesarse mas en el— No. Veo que ni si quiera temes morir —suspira— ¿Qué quieres?
Ella me señala un segundo al cuidador, quien carga consigo una carta. Me la entrega ligeramente temeroso. De seguro ya captó mis intenciones. Tiene el sello de la familia Tsurugi. En cuanto lo abro, mi primera reacción es aguantar la respiración. Lo veo y no lo creo…
—Es la letra de Kagami…
"Se que en estos momentos debes de estar preguntándote, por qué me fui de esta forma tan repentina. Y te pido una disculpa de ante mano por ello. No es honorable de mi parte. Quizás no era la manera correcta. Es solo que no hallé la voluntad para enfrentar esta situación por más tiempo. Mi madre tenia razón, Félix. No eres un hombre que pueda cumplir con mis expectativas de vida. Ahora mismo, debo enfocarme en terminar mi tesis y mis estudios para ser una abogada exitosa, que le traiga orgullo a mi familia.
No quiero que pienses que jugué con tus sentimientos o tu corazón. Mis sentimientos por ti eran reales. Y estos 4 años fueron increíbles para mí.
Pero debo avanzar. En estos momentos eres un criminal siendo procesado y si me involucro contigo, mi licencia peligrará. Espero puedas entenderlo.
Gracias por todo.
Cuídate mucho.
Kagami"
…
¿Pero que mierda es esto? ¿Cómo es posible que de pronto me escriba esto y tan solo se marche? ¿Kagami se desenamoró de mi en dos semanas o algo así? Quisiera creer que es una broma. No. Me niego.
—No es verdad —desmiente Félix con la cabeza, anonadado con lo que ha leído. Aprieta el trozo de papel con ímpetu— Esto no pudo haberlo escrito ella. Me parece ridículo.
—¿Qué ha pasado? —consulta Rossi.
—Kagami ha roto conmigo…—sentencia Graham de Vanily, pasmado— Pero no me lo creo.
—¿Cómo estás tan seguro de eso? —insinúa Lila, bosquejando una mueca dudosa— Has dicho que es la letra de ella.
—Si, claro que es de ella. Pero…no —reafirma su negativa ante semejante declaración— Tal vez fue obligada a escribirlo, yo que sé. Esto no puede ser verdad…
—El primer paso siempre es la negación
—¿Qué insinúas, mujer? —gruñe el británico, frunciendo el ceño— ¿Crees que lo mío con Kagami vale mierda? Tu ni si quiera la conoces. No te atrevas a meterte. Tsk…—por unos segundos, pretende romper la carta. Pero se detiene, reculando. La guarda en el bolsillo de su chaqueta— Me largo de aquí. Tengo que hablar con mi primo —se da media vuelta en dirección hacia la calle principal.
—¡Espera! ¡Félix! —la joven abogada lo retiene, sujetando su muñeca— Escucha…tienes razón. Puede que yo no sepa nada de ella o de ustedes. Pero incluso si mi ignorancia no me da cabida para entenderlo, quiero que sepas que no estás solo en esto ¿Sí? —deliberadamente la fémina le introduce su tarjeta de presentación en el pantalón— Consérvala. Y llámame si necesitas de una amiga que te escuche. Te noto molesto.
—¿Cómo no voy a estar molesto? —rezonga el ojiverde, cortando todo vinculo de sopetón con ella— Que tontería. Adiós, Lila.
Félix abandona la escena, tras caminar solitariamente cuesta abajo por la calle. Lila, quien al principio se mostró comprensiva y honesta, esboza una sonrisa ladina dotada de ignominioso propósito; ceñido de un oscuro comentario.
—Se que me vas a llamar…estúpido —musita, sacando su celular para marcarle a uno de sus contactos. Una voz irreconocible contesta del otro lado de la línea— Todo marcha como lo planeado. Se ha enterado de que Kagami se fue a Rusia con la señora Tsurugi. Ya leyó la carta que ella le dejó —aguarda unos segundos más, recibiendo instrucciones de su siguiente movimiento— ¿Realmente cree que funcione? Félix se ve enganchado de la japonesa hasta los huevos. No creo que renuncie a ella tan fácilmente.
—¿Quién habló de renunciar? Tu solo has lo que tengas que hacer y ya hablaremos del resto.
—Espero no se olvide del trato que hicimos —demanda la fémina, determinada con su objetivo— Yo ya lo saqué de la cárcel. Mas le vale que me de lo que quiero.
—Tu solo limítate a obedecer, mujerzuela —rezonga del otro lado de la línea— O te devolveré a las cloacas de las cuales te saqué —corta.
Fiscalía de Shibuya, a esa misma hora.
—No, no puedo simplemente limitarme a esto —confiesa Adrien Agreste, caminando molesto por los pasillos en lo que inspecciona unos informes— Necesito mas redadas en el sector norte.
—Hemos agotado toda la fuerza policiaca, comisario —comenta uno de los sub alternos—
—¡No me importa lo que tengas que hacer, Miyato! —reverbera ofuscado el rubio— El fiscal nos está presionando en encontrar el paradero de esas armas, y yo no-…—su celular comienza a repicar en su bolsillo— Mierda… ¿Quién? —lee la pantalla— ¿Félix…? ¿Cómo es que…?
—¿Señor? —lo mira preocupado el muchacho.
—Si, si —el francés lo despacha— Solo…has lo que tengas que hacer. Debo atender esta llamada —añade, metiéndose en una de las oficinas privadas del lugar. Contesta— ¿Félix? ¿Cómo es que me estás llamando?
—¿Por qué te sorprende, tonto? —reclama Fathom del otro lado— Me liberaron esta mañana.
—¿Cómo dices? —parpadea, atónito con su revelación— ¿Cómo pasó eso?
—¿Qué pasa? —frunce el ceño— ¿Acaso no te alegra saber que tu primo favorito salió de la cárcel?
—¡N-no! ¡No! Nada de eso —ríe nervioso, apretando los labios en el proceso— Es solo que…ah…es muy repentino. Discúlpame, no estaba enterado de nada.
—Créeme, yo tampoco sé que mierda pasó, pero —traga saliva— Necesito hablar contigo. Es de suma urgencia.
—Va a preguntarme por Kagami…
—Es Kagami —revela el británico— ¿Podemos juntarnos un momento?
—Félix, yo-…—Adrien mira el reloj sobre la pared, dubitativo. Realmente, no esperaba tener que enfrentarse a el ante una verdad amarga. No tan pronto. Pero tras varios segundos de criminal silencio, accede finalmente— Si, claro que sí. Este…—se aprieta el puente de la nariz con los dedos— ¿Qué te parece a las 16:30 en el Bar de Tatsuya?
—Vale. Ahí estaré —cuelga.
Tut tut tut tut tut…
—Mierda…
[…]
Distrito de Shinjuku, 16:30PM.
Como buen inglés chapado a la antigua, ha llegado primero que su familiar. Sentado en la barra, ya lleva por lo menos dos tragos de whisky a las rocas. Y la impaciencia comienza a comérselo por dentro. Extrae su móvil solo para cerciorarse de que no ha recibido ningún mensaje o alguna llamada perdida. Ensimismado, divisa a lo lejos como Adrien Agreste hace ingreso por la puerta principal. Aunque, solapadamente se cubre parte del rostro con el cuello de su chaqueta; como si quisiera ocultarse de alguien. Graham de Vanily no comprende del todo su expresión en un inicio. Se vio tentado a llamarlo con la mano, pero de un momento a otro a captado la idea. Vale…así que, las cosas están así. Le ordena al cantinero una botella completa y dos vasos. El joven detective pasa de largo por su lado, apostándose en una de las mesas más alejadas y lúgubres de todas. La cosa, no pinta bien. Y solo para cuando logra alcanzarle y sentarse frente a él, le aclara el panorama.
—Está bien, Adrien. No hace falta que hagas esto —exhala frustrado el yakuza, sirviéndole un trago— Se que estás molesto conmigo, por como pasaron las cosas.
—No es eso, primo. Es solo que…—el menor de los Agreste hace amago de suspicacia, recibiendo su vaso con trémula intención— No lo entenderías.
—Si, claro que lo entiendo. No soy estúpido —confiesa el pequeño Kenji, tomando un sorbo de su brebaje— Te da vergüenza que nos vean juntos en público. Después de todo, soy un ex convicto. Y tú, un respetado comisario de las fuerzas laicas de japón.
—Ojalá solo fuera eso —manifiesta el rubio, acongojado— En realidad, tengo ordenes explicitas del prefecto de no acercarme a ti. En la comisaria creen que no es conveniente que mezcle mi trabajo con la familia. Saben de nuestra relación.
—Y, aun así, estás aquí —Félix arquea una ceja.
—Si. Y, aun así, estoy aquí —suspira derrotado. Le regala una sonrisa ladina a su compañero, tal como en los viejos tiempos— Quizás para un japones sea natural acatar ordenes, incluso si estas te llevan a separarte de lo que mas amas. Pero para mí, no lo valen —choca su vaso con el suyo— Perdóname si te di una mala impresión. En el fondo, si estoy contento de que por fin te hayan soltado. Siempre supe que eras inocente. Y por lo mismo igual, te debo una disculpa. Por no haber podido hacer nada al respecto.
—Tranquilo —murmura Fathom, grácil— Solo intentas darle honor a la posición laboral que te han encomendado, en un país xenofóbico como este —acto seguido, extrae una carta desde su pantalón— Pero, hablando de japoneses y decretos honoríficos…creo que Kagami le hace distinción a su raza —le extiende el sobre por la mesa— Esto me lo ha escrito ella.
—Ah…sí. Kagami es…muy "japonesa" para sus cosas —bufa bajito el ojiverde, permitiendo que aquel papel descanse sobre sus dedos. Aprovecha el impulso para beber otro sorbo— Después de todo, es una Tsurugi.
—¿Qué sucede?
—¿Eh?
—¿No vas a leerla acaso? —inquiere Félix, clavándole una mirada penetrante en respuesta. Dado que su primo ha guardado silencio, ya se imagina la respuesta que dará. Recoge el sobre— Tu sabes lo que dice ¿No es así?
—Yo…—el comisario desvía la mirada, avergonzado— Si…ya sé el contenido de ella. Aunque de seguro, tu ya lo sospechabas. ¿No? Es por eso que me has citado hoy.
—¿Quieres saber la verdad? —el mafioso frunce el ceño con dejo de malestar— No lo sospeché ni por un segundo. Eres la ultima persona de la cual podría desconfiar o recelar, ser cómplice de algo…primo.
—Félix, por favor no me mal interpretes —Adrien se horroriza con sus palabras— No soy ningún traidor o encubridor. Las cosas no pasaron así.
—En realidad, vine a ti porque tu eres su marido en el papel —narra Fathom, bebiendo de golpe lo último del vaso para rellenarlo con potestad— Supuse que nadie mejor que tu sabría, que está pasando. Te juro que no entiendo nada…
—Dios santo, Félix…—instintivamente y tras verse acorralado por sus propios sentimientos, Adrien coge de lleno la botella y colma su vaso hasta arriba. Empina el codo, casi bebiendo hasta la mitad de golpe. Tan solo, busca adormecerse lo mas que pueda para tomar valor y, en definitiva, revelarle la verdad— Yo jamás te mentiría a ti. Eres como mi hermano. Pero debes creerme cuando te digo esto. Esto fue idea de mi suegra. Bueno, de la señora Tsurugi.
—¿Por qué no me sorprende? —rueda los ojos, con ironía.
—Verás, hace dos semanas aproximadamente…yo la escuché hablar en la mansión…—Adrien se frota los dedos, jugueteando con ellos de manera nerviosa— Como bien ya sabes, ella…descubrió ya tu romance con Kagami.
—Flashback—
—Se acabó, Kagami —gruñe Tomoe, azotando su bastón contra el suelo— Estoy cansada de escucharte quejar todos los días por las decisiones que tomo. Tu única prioridad en estos momentos, es acabar tus estudios para ser una mujer profesional, exitosa y digna.
—¡Mi prioridad también es Félix, madre! —refuta Kagami, con lagrimas en los ojos— ¡¿Qué no te das cuenta que yo amo a ese hombre?!
—¡No hay cabida para esos sentimientos, niña ilusa! —chilla su progenitora, con violencia— ¿Desde cuando piensas que los Yakuzas tienen permitido tales regalías? ¡Eso no existe! Tu único amor, debería ser por y para esta familia.
—Pues lamento decepcionarte —revela la menor, adolorida— Pero eso, no pasará. Mi corazón está dividido ahora. Y es una decisión que nadie puede arrancarme —aprieta los puños, decidida— Yo me encargaré personalmente de sacarlo de la cárcel en donde tú, lo metiste.
—¡¿Qué estás insinuando?! ¡Insolente! —Tsurugi le da una bofetada, mascullando entre dientes— ¡Ese muchacho irreverente cavó solo su tumba! No debió meterse con la mujer de Tanaka, por lo demás. Sus ordenes eran claras y se las pasó por el culo.
—¡Es que Félix no es un asesino, madre! ¡El no mata mujeres ni niños inocentes! —brama la nipona, sujetándose la mejilla inflamada que ahora se carga— El solo estaba siguiendo tus pasos. Quería darle honor a nuestra familia. ¡¿Qué no te das cuenta, que se ha esforzado mucho por ganarse un lugar?!
—¡Y lo perdió! ¡En el momento en que pensó engañarme, acostándose contigo a mis espaldas! —sentencia la mayor, frunciendo el ceño, iracunda— La decisión está tomada. Ese inglés no saldrá de ahí. Y no permitiré que sigas en una relación con un delincuente de poca monta. Te has rebajado demasiado, Kagami. Tu lugar, no es estar con un convicto —le avienta una hoja y un lápiz— Escribirás una carta. Vas a terminarlo.
—Eso…jamás —bosqueja soberbia la peliazul, rehuyendo de aquel trozo de papel— Primero, muerta.
—No necesito que mueras, para que lo hagas —determina Tomoe, con voz altiva— De igual forma, vendrás conmigo.
—¿Ir contigo? ¿A dónde?
—Nos vamos a Rusia. Tengo todo listo —Tsurugi camina hacia la salida y arrastra la puerta corrediza. Dos hombres vestidos de terno negro, la acompañan— Ya he preparado tu traslado. Terminarás tus estudios allá. Lejos, de ese gringo bueno para nada.
—¡Madre! ¡Yo no iré! —con valentía, desobedece— ¡Y no escribiré nada!
—Ya sabía que responderías eso. Eres muy predecible, niña —esboza la cabecilla de la familia, chasqueando los dedos. En un abrir y cerrar de ojos, un hombre de avanzada edad ingresa al cuarto— Este es el señor Morita. Profesor de caligrafía y lingüística en la universidad de Tokio. Le he enseñado un par de textos escritos por ti. El redactará la carta, en caso de que te sigas negando.
—¡¿Acaso has perdido la cabeza?! —Kagami da un paso hacia adelante— ¡Yo no-…! ¡Arg…!
Ni si quiera alcanza a terminar la frase. Uno de sus cómplices, le ha inyectado una jeringa con suero de coloración gris, para dormirla. Cae desplomada entre sus brazos, siendo arrastrada hacia la salida; completamente inconsciente. Tomoe ordena que el hombre que ha contratado, haga su labor. Y no cometa, ni un solo jodido error.
—Ya te entregué la evidencia suficiente —demanda la mafiosa— Hazlo lo mas real posible. No me defraudes.
—S-si…Tsurugi-san —asiente, humilde y dócil.
—Preparen el auto —la mujer sale por el pasillo— Partimos en 20.
—Tsurugi-san —Tojo Matsuhito, su mano derecha, le interrumpe preocupado— ¿Qué hacemos con el francés?
—¿Te refieres al esposo mediocre de mi hija? —ríe, irónica— No es problema alguno. Solo es un trato comercial que hice con su padre. Dile que nos fuimos de vacaciones. Que todos en la mansión lo repitan. No tienen…por qué enterarse de nada.
—¡Hai! —asiente, en una reverencia— Como usted ordene, señora.
Pero lo que ninguno de ellos sospechaba, es que justo detrás de una de las habitaciones que separaba el cuarto principal con un biombo de género, se encontraba Adrien Agreste. Testigo audiovisual de toda la conversación. Y que, con amago de culpa y pavor, solo se limitó a cubrirse la boca, temiendo lo peor. No es que no le preocupara Kagami, aunque estuviera enamorado de Marinette y todo fuese solo una farsa mediática. Si no mas bien…temía por su integridad física. Esa mujer, la que ahora se hacia llamar malamente su suegra…era cruel y despiadada. Si tan solo intentaba impedir sus planes, acabaría sin preámbulos durmiendo con los peces en algún rio. Sin duda, Tomoe era una persona de armas tomar. Nada le costaría pasarse por la raja el pacto con su padre y…hacerlo desaparecer.
Ahora solo…le restaba observar y callar. En esos momentos, solo podía darse el lujo de pensar en una sola persona: Su primo Félix. ¿Cómo se tomaría la noticia? Estaría devastado…
—Fin Flashback—
—Y eso…—finaliza Adrien, ligeramente ruborizado producto del alcohol corriendo por sus venas— Eso fue lo que pasó, primo…
—Lo sabía —Félix aprieta el vidrio de su vaso con desgracia, aminorando cuanto puede lo mal que se siente— Esa maldita perra…
—Pe-perdóname…realmente no pude hacer nada para avisarte antes de sus planes —relata el comisario, malogrado— Estabas preso. Y desde que todo pasó, los hombres de Tomoe me siguen día y noche. Ja…como si no tuviera suficiente ya con mis propios colegas —reanuda el ritual alcohólico, sirviéndose otro trago— Esto, es una jodida mierda. ¿Ahora entiendes por qué me oculto? Solo estoy tratando de disimular todo. De hecho…me atrevería a confesar abiertamente, que esta mujer también sabe de mi relación con Dupain-Cheng. No tiene ni un pelo de tonta. Desde que Kagami se fue, Marinette me contó que de vez en cuando, autos negros con vidrios polarizados se estacionan cerca de su casa. Estoy seguro…de que son sus secuaces —Adrien también estruja el vaso, agraviado— Por motivos de seguridad, extra oficialmente he ordenado a algunos de mis hombres vigilar la calle. Pero si quisiera hacerme daño…ni, aunque apostara militares en la entrada de su morada, evitaría una masacre. Tu…ya sabes como funcionan los Yakuzas. Tienes experiencia en el tema. No les importa nada…
—Lo sé. Sé cómo actúan en base a una psicología retorcida y enferma —gruñe Fathom, mosqueado— Y ahora, mas que nunca comienzo a odiarla más. Porque te ha involucrado a ti. Conmigo, que se metan todos los que quieran. Pero ni se le ocurra tocarte un pelo, porque yo la…la…—golpea la mesa, irritado— Yo la mataré. ¿Me oyes?
—Lo sé, primo. Eres un hombre tan valiente —el joven detective se soba el cuello por la parte posterior— Y yo…tan miserable. Como siempre, tenias razón. Acabaste cuidándome como de costumbre.
—Hey. No digas eso de ti. Mírame —decreta el británico, fulminándolo con los orbes encendidos de determinación— Eres un buen hombre, Adrien. Jamás dudes de tus capacidades. Yo no olvido lo que hiciste por Dupain-Cheng el día del baile. Querías ayudar. Y eso, es digno de un Graham de Vanily. Lo llevas en la sangre —pequeño Kenji recarga la espalda en su asiento, encendiendo un cigarrillo en el proceso— Las cosas están así. Gracias por aclarármelo. Aunque ya debes de saber de ante mano, que no me quedaré de brazos cruzados. Y ella tampoco ¿Sabes? Conozco a mi chica. Ella es una mujer samurái. Una luchadora —añade, confianzudo— Si tiene que pelear, lo hará con garras y dientes. Que no te quepa duda alguna.
—Félix…temo que Kagami no va a volver a Japón —determina su familiar, melancólico— Luchadora y todo, no hay forma de que escape. Deben de tenerla encerrada o amenazada, en Rusia.
—No me importa —sentencia el rubio, exhalando humo por los labios— Si ella no viene a mí, yo iré por ella.
—¿Qué pretendes? —ríe, sarcástico— ¿Secuestrarla acaso?
—Si es imperativo y no me queda de otra —esboza, con voz varonil— Claro que lo haré. Ella y yo nacimos para estar juntos. Y ni su madre ni una tropa de amarillos de mierda, me lo van a impedir. Cortaré cabezas, de ser necesario.
—Te admiro primo, no sabes cuanto —carcajea jovial el Agreste, observando pensativo el liquido sobre su vaso— Se que Tomoe es una mujer peligrosa cuando se meten en su camino. Pero tu…vamos, no te quedas atrás.
—Es lo que un hombre hace, Adrien —revela, estoico— Sobre todo cuando se meten con su mujer. Salud por eso —choca su vaso y bebe.
—Jejeje…y encima cursi —balbucea para si mismo, ruborizado con su declaración. Toma otro sorbo— Cambiando de tema. ¿Cómo demonios lograste salir de la cárcel? Hasta a mi me negaron las visitas.
—¿La verdad? —bufa el británico— No tengo la más puta idea. Una mujer de mi pasado se me apareció un día. Dijo ser abogada. Movió un par de hilos y mágicamente salí. ¿No te parece una cagada?
—¿Cómo que una mujer de tu pasado? —parpadea, atónito— ¿Ya te conocía de antes? —su camarada asiente, fumando— ¿Y quién le pagó?
—Asumo que mi madre —Félix se encoge de hombros— No pensarás que al cabronazo de Colt le bajó lo paternal y me quiso ayudar. A ese bastardo nunca le importé. Mucho menos ahora.
—Bueno…—Adrien no está del todo convencido con su relato— No lo sé, primo. Suena medio turbio todo ¿No crees?
—Me da lo mismo —comenta, despreocupado— Lo importante es que ya salí y que todo irá bien. No dejaré que nadie mas me manipule ni tire de mis hilos. Es mi vida. Yo decido como llevarla.
—Y salud por eso —brinda otra vez— ¡Hasta el fondo!
—Joder, primo —ríe jovial el británico— Jamás te vi beber así. Ni en tu nefasta noche de bodas. ¿Marinette te está tratando bien?
—Ay, cierra la boca estúpido —carcajea de vuelta— ¡Tu estás mas borracho que yo! ¡Jajaja!
—Cierto —asiente, bosquejando una sonrisa blanquecina— ¡Pero yo nací alcohólico! ¡Vamos a acabarnos esta botella!
Distrito de Minato, 02:50AM.
—Buenas noches, Kogoro.
Un ebrio Félix, pasa tambaleante por la entrada de su edificio; saludando a duras penas al conserje. Desea llamar al ascensor. Pero debido a su aparente estado etílico, le cuesta presionar el botón para subir. Es en ese momento, en que el hombre canoso de mediana edad, lo intercepta a lo lejos.
—¡Disculpe, Fathom-sama! —berrea el varón, liado— Hay una señorita que lo espera en recepción.
—¿Señorita? —Graham de Vanily se gira hacia la derecha. Y reconoce fehacientemente el rostro familiar que lo aguarda sobre uno de los sofá— ¿Lila? —pestañea, extrañado. Se encamina hacia ella— ¿Qué haces aquí? ¿Cómo sabes dónde vivo?
—Soy tu abogada, Félix —murmura escueta la fémina— Yo…lo sé todo, de ti.
—Bueh…—farfulle, tranquilo— Cosas de abogados. No es momento para trabajos. Ya me dejaste tu tarjeta y si te necesito, te llamaré —se regresa hacia su lugar.
—Lamento la hora, Félix —advierte la morena, bosquejando una mueca endeble— Pero no me dejaste otra opción. En dos días tenemos el juicio para sacarte los cargos de encima. Sería bueno, repasar la coartada.
—¿Aun continua el proceso? Bueno, lo resolveremos otro día ¿Sí? —Graham de Vanily simula un teléfono en la oreja con los dedos— Te llamo yo.
—No —espeta Rossi, sujetando su muñeca en lo que cargaba el dedo sobre el botón del elevador— Tiene que ser ahora.
—Abogada —el inglés, hace una pausa con los sentidos mas adormecidos que otra cosa— Estoy ebrio ¿Sabes? No es el mejor momento. Además, he tenido un día de mierda.
—Lo sé —señala serena la ojiverde— Por lo mismo…—sube la mano hasta su hombro, recorriendo desde su antebrazo hasta el final de la extremidad— Creo que necesitas ayuda…
—…
¡Tin! El ascensor llegó. Félix exhala derrotado y se monta en el cubículo de metal, sujetando la compuerta para que lo acompañe. Ella percibe su mirada y lo sigue. La puerta, se cierra delante de sus ojos.
[…]
—Santo dios…—musita la experta en leyes, cubriéndose los labios— ¿Es un piso 65?
—¿Qué pasa? ¿Te dan miedo las alturas? —chista Félix, atascando la puerta con llave detrás de él. Teclea un par de coordenadas en el cierre centralizado de seguridad que yace sobre la pared. Ahora, no hay forma de entrar o salir, sin su permiso— No te creí tan tímida.
—No juegues conmigo —sisea Lila— No soy tímida. Solo…precavida.
—Relájate, mujer. No te voy a tirar por el balcón —bromea el inglés, dandole ínfulas a su negro humor, en lo que se encamina hacia el mini bar— A menos claro, que me encabrones.
—Buen intento, Fathom —chista la fémina, depositando su cartera sobre un perchero en la entrada— Tienes fama de muchas cosas, pero se que no lastimas mujeres.
—Jajaja —Félix saca una botella de Whisky y una cubeta de hielos— Que mal para ti ¿No?
—Chistosito…
Lila se pasea indómita por su piso, examinando cada cuadro, mueble, estatua, aroma ambiental, incluso plantas de decoración. Todo le parece de mucho lujo y calidad. Está claro, que no se asemeja en nada a los vulgares japoneses que ella conoce. Es un inglés, aunque reniegue de sus raíces. El rubio le ofrece un trago y se deja caer de lleno sobre el sofá de cuerina blanco que yace sobre su living. Con la ayuda de un control remoto, baja las luces y enciende algo de música relajante. Lo suficiente, como para darle un ambiente ameno al asunto "profesional".
—¿Y bien? —añade el yakuza, echando marcha al extractor de aire; pues ha prendido un cigarro— ¿Me dirás que quieres de mí?
—¿Disculpa?
—Vamos, no te hagas la tonta —arquea una ceja, con suspicacia— Dices jactarte de saber todo de mí. Pero yo no se una mierda de ti.
—Pero si ya me conoces.
—"Te conocí", querrás decir —aclara— Está claro que las circunstancias no son las mismas. A menos claro, que ahora me digas que te vendes en japón, como lo hacías en Inglaterra.
—Eres un vulgar —refunfuñe, ofendida. Se sienta a su lado, tomando distancia considerable de el— Estás ebrio, está claro. No soy la misma que conociste de antaño, Félix. Ahora me dedico a cosas más nobles.
—"Cosas mas nobles" —suelta una carcajada sonora y sarcástica— ¡Los abogados son todos unos mierdas! ¡Solo bailan por dinero! No quieras hacerme ver como un imbécil —bebe un trago certero.
—Que irónico que te refieras así a una profesión, que la misma Kagami profesa —comenta solapada la muchacha, bebiendo escuetamente un sorbo.
—No confundas —amenaza, furibundo— Kagami es una mujer decente.
—Dios, Félix —exhala rendida ante sus prejuicios. Lila coge una carpeta y la abre frente a el— ¿Vas a seguir humillándome o me dejarás hacer mi trabajo?
—¿Quién te paga?
—¿Eh?
—¿Estás sorda o la altura te está afectando? —frunce el ceño— Responde. ¿Para quién trabajas?
—Sigues siendo tan directo como siempre —manifiesta Rossi, soltando un bufido endeble— Tu madre, Félix. ¿Quién más? Lady Amelie me ha contratado. Pero eso, supongo ya lo sabes.
—Vale…lo siento —confiesa Fathom, desviando la mirada, ofuscado— No me mires como si fuera un monstruo ¿Sí? Últimamente…ya no se puede confiar en nadie.
—Bueno —su compañera se encoge de hombros— Quien te manda a ser Yakuza. Habiendo tantas profesiones mas honestas.
—¿Es lo que te solías repetir cuando te hiciste prostituta?
—Ya está —Lila deposita su vaso en la mesilla de centro y toma su bolso— Me largo.
—¡Espera! —Félix la alcanza, sujetándola del ante brazo. Vale, admite su descortés tratos y de alguna forma, busca apaciguar las aguas— Está bien…—rehúye de su mirada— Lo siento…creo que…te juzgué mal. No soy un canalla, como piensas. Por favor, no te vayas…
—Bien…—agrega la profesional, elevando una ceja con nostalgia— ¿Me vas a tratar bien? —su compañero asiente— Genial, entonces —abre la carpeta, reanudando el asunto— Repasemos…
03:20AM.
A la mierda. Lo ultimo que hicieron esa noche, fue trabajar…
—¡Jajaja! ¡No me digas! —berrea Félix, entretenido con su relato— ¿Y entonces que pasó?
—¡No lo dejé! Por supuesto que no —admite Lila, bebiendo mas Whisky, mientras su acompañante rellena el vaso— Le dije que, si no iba a recitar al menos una estrofa, no le daría lirica.
—Es lo que llamábamos en Inglaterra: ¡Un soprano de huevos! —chiste interno inglés, del cual la mujer se jacta y ríe al unísono— ¡Que la reina lo ampare! No se lo veía venir ¡Jajaja! Que buena historia, mujer —se sirve otro trago.
—Lo sé. Es casi como mi caballito de batalla —Lila lleva parte de su cabello detrás de su oreja, cómoda con su risa— Félix…creo que has bebido suficiente por hoy ¿No crees?
—Ya da igual —se encoge de hombros, despreocupado— Kagami me dejó y ahora mismo, no quiero pensar en mis problemas. Beberé hasta dormirme. Así que dime —se lanza al sillón, entusiasmado con sus relatos— Cuéntame más. Dioses, en ese antro de perdición había muchas historias que-…
—Shhh…—Rossi lo acalla de golpe, posicionando su dedo índice en los labios— Está bien, Félix. No hace falta que digas más. Ha sido…mucho por hoy…—le quita el vaso de la mano, renuente y dócil con su expresión facial— Ha decir verdad, mis historias son banales en comparación a la que tengo contigo. Desde esa noche que la pasamos juntos, nunca dejé de pensar en ti. Qué curioso que el destino nos haya unido de nuevo, en circunstancias adversas ¿No crees? —confiesa, con lascivia— Por esas épocas, tu necesitabas mucho de mí. Y ahora yo…—se arrima a sus labios— Yo…
—¡Eh! ¡Jejeje! —Félix se levanta de sopetón, dando cuatro pasos hacia atrás— Lila…yo no creo que sea prudente-…
—Cállate ya, estúpido —refuta la mujer, sobando su entrepierna con la mano derecha— Es como remembrar esa noche. Estás, tan duro como aquella vez.
—Lila…no te confundas —traga saliva, embrollado— Yo estoy enamorado de Kagami ¿Sabes? Y-…
—¿Y si estás enamorado de ella, por qué, esta erección?
—Es el alcohol —se defiende, a duras penas. Mas rojo que antes, la aparta con las manos— Lila, basta. No-…
—Kagami no va a volver, Félix. Entiéndelo —sentencia, lujuriosa— Pasaste cinco meses preso. ¿No extrañaste esta sensación? ¿Eh? —aprieta su bulto con fuerza— Estas…muy vigoroso —sisea contra su oído— Vamos…Kagami no tiene que enterarse…
—Mu-mujer…yo no soy un hombre infiel…
—¿Cómo vas a ser infiel, si estás soltero? —esclarece— Ella te dejó. Tú lo has dicho.
—S-Si…pero n-no-…
—¿No te lo han dicho ya? —balbucea Rossi, arrodillándose ante él, para quitarle el cinturón del pantalón— Hablas demasiado…
—L-Lila…—despabila a duras penas— Digo, abogada. No-no —tiembla— me-…
—Esto siempre te gustó…—murmura, metiéndolo en su boca de lleno— Mhm…lo recuerdo. Eras adicto a ello…
—A-ah…ah…—jadea Félix, entrecerrando los parpados en el instante— Y-Yo-…—se estremece, instintivamente llevando sus manos hasta su nuca, empujándola contra su miembro— Ohhg…mierda. No…pares…así…
—Se que te encanta…—susurra, entre labios— Sabe tan rico…ya lo extrañaba…
Desconectado de todos sus sentidos, entre el alcohol, la soledad, el desamor y la poca cordura que le quedaba, Félix la jala hacia arriba para tomarla en brazos y llevarla hasta el cuarto. La puerta se cierra tras ellos.
Es hora…del plan que Lila, ha trazado y ciñe con la perversidad maligna misma de tenerlo entre sus brazos. ¿Ahora? Ahora solo, el destino sabe que mierda…los depara. Pues al final del día, la colera de la insuficiente estirpe puede más que su propia naturaleza. Si. Aquella…que una vez, Amelie declaró con ira un domingo; antes de exponer la guerra oficial a su marido.
—¡Eres un mal hombre, Colt! —berrea la Graham de Vanily, entre lágrimas— Malo…como la malevolencia misma. Y temo, que nuestro pequeño, haya sido contaminado con tu gen de la misma calaña enferma.
—¡Amelie! ¡¿Qué dices, mujer?! —refuta Colt.
—Tu…has plantado esto en mí. Y será tu propio hijo, quien pague por tus pecados…—advierte, acongojada— El gen de la maldad.
