Capítulo V

Choque

De pronto, una ráfaga.

Los ojos grises de Carl Gindelberger se quedaron fijos en la superficie de la mesa, como si una corriente eléctrica hubiese atravesado su cuerpo, y sin que nadie en la sala de reuniones lo notara. Sus músculos se tensaron y su respiración se tornó lenta y pesada. Algo había sucedido, algo que sólo él podía saber.

Alzó la vista lentamente, y observó al resto de los integrantes de la mesa. En ese momento se llevaba a cabo una exposición que explicaba cómo se desarrollaría la operación luego del éxito que habían tenido en la isla. Sin embargo, la expresión de terror que se dibujó en el rostro del entrenador del Alakazam al ver la tranquilidad de sus compañeros demostraba, sin dudas, que algo muy malo, tanto para todos ellos como para la organización entera, había sucedido.

—No...es posible— balbuceó, llamando la atención del mismísimo Giovanni, quien enarcó un ceja al notar la palidez del rostro del hombre.

—¿Sucede algo malo, comandante Gindelberger? —preguntó con voz tranquila y, sin embargo, bastante inquietante. Los demás se giraron hacia el hombre, observando sus ojos desmesuradamente abiertos y la oscuridad que rodeaba a los mismos. Algo no estaba bien, ese comportamiento era por completo ajeno a un comandante como él, quien se caracterizaba por ser frío y calculador y jamás demostraba temor ante nada, aun en la mayor desventaja.

—Se-señor —se puso de pie, juntó los talones y miró ahora, con una suerte de seriedad y abatimiento al líder del Equipo Rocket. —Le sugiero convocar al Escuadrón de Seguridad y salir de aquí inmediatamente.

—¿Qué está diciendo, comandante? —saltó un hombre que se encontraba a un lado de Giovanni. En contraste con los demás, su uniforme lucía pequeñas diferencias que de inmediato distinguía su rango. Tal y como el resto de los soldados, usaba un vestuario grisáceo, pero en la chaqueta, desde el cuello hasta los puños, una línea carmesí recorría sus brazos. Casi insignificante, sin medallas ni otro distintivo, así era como lucía el uniforme de soldado del Escuadrón de Seguridad, una sección del Equipo Rocket encargada solo y exclusivamente de la protección del Giovanni .Su nombre era Jean Bourgeois, y estaba a cargo de proteger al líder en ese momento.—¿Qué está pasando?— cuestionó, pero el comandante abandonó a toda velocidad la sala, ante la mirada atónita de todos los presentes.

Justo en ese momento, se escuchó una enorme explosión que estremeció toda la sala de reuniones. Varios comandantes se pusieron de pie, pensando que tal vez estaban bajo algún ataque del gobierno o de otra entidad. Otros imaginaron que una gran batalla se estaba desarrollando entre soldados en entrenamiento. No obstante, todos llegaron al mismo cuestionamiento ¿Por qué Gindelberger parecía saber lo que ocurría?

Bourgeois no perdió tiempo, y antes de que cualquiera pudiera aventurar alguna hipótesis, hizo que otros soldados del Escuadrón de Seguridad siguieran y detuvieran al comandante psíquico, al mismo tiempo que él y más subordinados, se encargaban de la protección de Giovanni.

El domo de Mewtwo ha hecho explosión—se escuchó por su radio, alertando a quienes alcanzaron a escuchar ¿Estaban atacando al principal pokémon de la organización?

Ninguno de ellos imaginaba los eventos que se desarrollarían a partir de entonces.

Por otro lado, Gindelberger ya se había alejado lo suficiente como para evitar a los soldados del Escuadrón de Seguridad y llegar pronto a su destino. Muy pocos lo sabían, porque el hombre no gustaba de mencionarlo demasiado, pero Carl Gindelberger poseía una peculiar habilidad. Debido a los años de entrenamiento con pokémon psíquicos, había desarrollado cierto sentido capaz de comprender a tales criaturas. Podía saber sus estados de ánimo, saber qué pensaban y hasta no necesitar del habla para ordenar en una batalla. Aunque sus habilidades las guardaba para ocasiones que consideraba realmente serias, en las que él como entrenador y su pokémon, debían mantener una sincronía tal, que en mente fueran uno solo frente al adversario. Y esa era una de ellas. Porque lo que había sentido en la sala de reuniones no era nada más y nada menos que el poder, la ira desatada de Mewtwo en contra de la organización. Y debía ser él, sólo él, quien lograra detenerlo.

Corrió por los pasillos, ordenando a gritos a los soldados el permitirle el paso. Sacó su pokeball y la lanzó al aire, ordenándole de inmediato a su Alakazam crear un campo de fuerza, desde la posible ubicación actual de Mewtwo a un kilómetro de diámetro. Acto seguido, se quitó la chaqueta y la lanzó lejos, arremangándose la camisa. Odiaba con fervor usar el uniforme formal de comandante.

Este es el momento que hemos estado esperando— le dijo a su pokémon sin articular palabra. —Sólo depende de nosotros lo que suceda ahora.— Y se detuvo repentinamente, en un recodo de los edificios del lugar, al tiempo en que Mewtwo aparecía desde la esquina, con un aura azul recorriendo su cuerpo y la mirada de un asesino.

—Llegó la hora— dijo.

...

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Mientras tanto desde lejos, uno de los soldados que Bourgois había enviado, logró dar con el paradero de Gindelberger con el fin de entender lo que sucedía, sorprendiéndose de sobremanera al descubrir al hombre y al principal pokémon de Giovanni frente a frente y en seria predisposición de batalla.

—No es posible— murmuró y tomó rápidamente su radio. —Comandante Lerman, se activa protocolo de seguridad. Mewtwo parece estar fuera de control. Inminente batalla entre él y el comandante Gindelberger. Espero orden.

Orden activa—dijo una voz femenina desde el otro lado. —Se activa protocolo. Traslado de Líder del Equipo Rocket a Zona Cero. Soldados y comandantes deben quedarse en donde están bajo completa vigilancia. Escuadrón de Seguridad toma el mando de la organización.

—Copiado, comandante Lerman— contestó con voz fuerte y de inmediato inició el proceso en todo el lugar.

Varios soldados, cadetes recién llegados y otros más avanzados, habían visto a Mewtwo pasar como un rayo a su lado, provocándoles de inmediato un inmenso terror. Pero llamados por la curiosidad, se habían atrevido a seguirlo. Sin embargo, más rápido que el mismo pokémon, los soldados del Escuadrón de Seguridad cerraron el paso y les ordenaron, a punta de cañón, el dirigirse inmediatamente a sus habitaciones y permanecer allí hasta nuevo aviso. Los jóvenes, sin comprender qué sucedía, mas notando la gravedad de la situación, obedecieron al instante a sus superiores, huyendo despavoridos hacia los edificios en donde se encontraban sus aposentos.

Mientras tanto, los comandantes aún en la sala de reuniones, se vieron también acorralados por aquellos que ahora tenían el control del cuartel. Sin importar el rango ni la ocupación, todos y cada uno de ellos se vio sentado otra vez en su lugar, como si de verdad estuviesen todavía observando la exposición sobre los avances en la isla.

No podían hablar, ni mucho menos hacer un reclamo sobre la situación, aunque a muchos de ellos les pareciera humillante. Si intentaban decir algo en contra del Escuadrón de Seguridad, éste tomaría estas palabras como una insubordinación y rápidamente se pondrían cartas en el asunto. Ni siquiera entre ellos podría suceder algo así. Bien sabían todos que, ante la más mínima sospecha de traición por parte de alguno de los integrantes, sus compañeros estaban plenamente autorizados a acabar con ellos sin previo aviso. Por suerte para los comandantes, al no pertenecer a este grupo de elite, esas leyes sólo se reducían a una amenaza y un proceso en el que Giovanni evaluaba su situación.

Así que no tuvieron más opción que quedarse tranquilos y a la espera de lo que sucediera.

...

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Mewtwo miró al hombre como si pretendiera asesinarlo, no obstante, el comandante se mantuvo calmo con su pokémon al frente, dispuesto a defender a como diera lugar al Equipo Rocket.

Quítate— ordenó el psíquico blanquecino.

—Lo siento, pero no puedo.

—¡QUÍTATE!—rugió y se lanzó al ataque, sin esperar respuesta alguna. Gindelberger no se dejó intimidar y manteniendo la misma seriedad mostrada, esperó. Entonces el cuerpo de Mewtwo se detuvo a sólo unos metros del hombre, como si hubiese chocado suavemente con un colchón. La confusión se dibujó entonces en el iracundo pokémon, cuyos ojos de inmediato se volcaron hacia el Alakazam del humano.

Gindelberger—siseó cuando comprendió la razón por la cual había perdido la movilidad. —¿Qué crees que estás haciendo?

—¿Qué parece que hago?—preguntó el hombre desde la lejanía, viendo al pokémon de una forma fría, casi indiferente. Tal parecía, la confianza que tenía en su Alakazam era absoluta y nadie, ni siquiera Mewtwo, podría vencerlo. —Estoy aquí para detenerte.

No tengo tiempo para juegos. ¡Quítate de mi camino ahora mismo!— pero el hombre por obvias razones no obedeció. Dio un pequeño paso hacia atrás, al mismo tiempo en que instaba a su pokémon a mantener la calma en tal situación. Si bien habían entrenado durante mucho tiempo, sabía que el enfrentamiento con Mewtwo, y más en estas condiciones, sería algo sumamente complejo. El choque con una presencia psíquica como esa para alguien relativamente normal, era el equivalente a quedarse esperando una avalancha con un paraguas como protección.

Pero él y su pokémon no eran alguien normal e iba a demostrarlo.

Se llevó la mano hacia atrás, para tomar una pokeball de su cinturón. No obstante, cuando pretendió lanzarla, sintió un fuerte dolor en la pierna, lo que lo sacó de cuajo de su hilo de pensamiento y de todo el plan que ya había armado. Rápidamente miró el objeto de su atención: un dardo clavado con limpieza en su pantalón.

Verdammt!— farfulló antes de sentir como todo su cuerpo de debilitaba en cuestión de segundos. Esto no podía estar pasando ahora, se dijo cuando sus piernas se vieron incapaces de sostenerlo, para luego dejarse caer de rodillas. Tomó a duras penas el dardo, con la intención de que ya no surtiera efecto, mas sabía que era demasiado tarde. El veneno inyectado sin duda era de una potencia extraordinaria.

Miró hacia adelante, a su Alakazam sosteniendo la ira de Mewtwo con maestría y se maldijo al verse en tal situación, reducido en tan sólo unos segundos por un miserable dardo ¿Cómo era posible que el entrenador de pokémon psíquico más fuerte del Equipo Rocket sucumbiera así?

Trató de hablar, de entregarle algo de calma al Alakazam, pero sus palabras no abandonaron la garganta. Su visión se tornó borrosa y el mareo se convirtió en algo constante y terrible. Poco a poco iba perdiendo control de sus acciones, solo quedando su mente al mando de un cuerpo inútil.

Entonces el lazo psíquico con su pokémon se rompió, provocando una suerte de vértigo en éste que a duras penas trató de sobrellevar. Al estar con su atención enfocada casi en su totalidad en Mewtwo, lo que pasaba a sus espaldas lo llenaba de preocupación. ¿Qué había pasado con su entrenador? Quiso voltear apenas dejó de sentirlo, pero la fuerza de empuje del clon era algo que no iba a permitírselo. Luego, cuando escuchó que el cuerpo del hombre caía, sintió que algo muy malo había pasado, pero su misión era clara.

Los ojos de Mewtwo seguían fijos en su adversario, en el animal rastrero que Gindelberger había entrenado para detenerlo, pero el Alakazam era tan fiel, que a pesar de la incertidumbre de lo que le había pasado a su entrenador, seguía firme en su posición, sin dejarse llevar por las emociones. La mente fría de pokémon de tipo psíquico lo mantenía con los pies firmes en el piso y la mirada fija en los violáceos ojos del clon.

—¡Suéltame!—bufó Mewtwo y su contrincante se negó, lo que lo llenó de aun más ira. No obstante, presa de su furia, no se dio cuenta de lo que estaba aconteciendo a su alrededor.

No notó que con cada segundo que pasaba, más y más soldados del Escuadrón de Seguridad hacían acto de presencia en el lugar. Tampoco cómo una suerte de camión blindado se estacionaba cerca para, tras abrir sus puertas, liberar seis esferas del tamaño de un balón de baloncesto, de un pulcro color negro, que se dirigieron hacia Mewtwo como si este se hubiese convertido en un imán.

Las seis se pusieron una a cada lado del pokémon, quien notó su presencia cuando la sexta se ubicó justo frente a sus ojos. Entonces, apenas ambas criaturas parpadearon ante esta intromisión, entre las seis se disparó un haz de luz, semejante a una corriente eléctrica, que finalmente se convirtió en aristas de un octaedro.

Qué...— alcanzó a decir Mewtwo cuando de pronto una descarga de energía se disparó por todo su cuerpo, en una potencia tal que le produjo un enorme dolor. Sintió que sus huesos temblaban aun dentro de sí mismo, que sus músculos se contraían y relajaban en desesperación y que cualquier proceso orgánico se veía irrumpido por este ataque. El pokémon dio un grito entonces, que hizo temblar a todos los presentes y al mismo terreno que pisaban.

El Alakazam, quien había dejado de ejercer presión sobre el clon al ver que su acción se había vuelto inútil, lo observó con perplejidad. Aquella criatura en extremo poderosa, ahora gritaba de dolor por la presencia de tal artimaña humana. ¿Qué eran los pokémon como él o cualquiera ante esto? ¿De verdad servía todo el entrenamiento para algo? No supo responderse, mas de algo sí estaba seguro. Ante este despliegue de poder, no servía de nada intentar revelarse. ¿De qué le estaba sirviendo a Mewtwo? Esto era algo que un pokémon como él jamás podría entender.

En ese momento, se volteó rápidamente hacia su entrenador, quien yacía inconsciente en el piso, con el dardo en la mano, pero sin lograr contrarrestar su poder. Intentó despertarlo desesperadamente, pero sin éxito.

—Él se encuentra bien— escuchó a su lado. — Sólo necesita dormir un poco.

Caminando con altivez, una mujer se acercó a la escena. Su cabellera rojiza se mecía como una capa tras ella, haciéndola notar por sobre todos los presentes. El pokémon la miró por un segundo, instante suficiente para que ella le regalara una dulce sonrisa que se tradujo en el mensaje de "todo estará bien, no te preocupes". El Alakazam entonces respiró tranquilo, consciente de que su entrenador ahora se encontraría en buenas manos.

La mujer entonces siguió caminando, mirando con seriedad a Mewtwo, quien presa del dolor, se las arregló para tornar su expresión al más puro odio.

Sáquenme de aquí—proyectó apenas pudo ver de reojo a varios soldados acercándose. —¿Qué creen que están haciendo?

—Vaya— dijo la pelirroja, cuyo nombre era Giselle Lerman, comandante del Escuadrón de Seguridad y encargada del Equipo Rocket hasta que el incidente con Mewtwo se solucionara.—Me sorprende el hecho de que aún puedas comunicarte. Durante los experimentos, todos los sujetos de prueba terminaron fuera de combate en un instante. Sin duda eres fuerte.

¿Qué estás diciendo?— preguntó de inmediato el pokémon, pero la mujer guardó silencio al tiempo en que el campo comenzaba a moverse. Estaban trasladando las esferas con él adentro.—¿Qué están haciendo?"

...

¡Responde!

...

¡RESPONDE!— y entonces el mecanismo se detuvo, lo que sorprendió a todos los presentes. Lerman de inmediato giró su rostro hacia el pokémon, para descubrir que, a pesar de la luminosidad del campo, acariciando con suavidad el cuerpo de Mewtwo, se podía distinguir la característica aura azul que emanaba cuando atacaba.

Los ojos de la mujer se abrieron desmesuradamente. Las esferas estaban diseñadas para mantener los poderes del pokémon encapsulados dentro de su cuerpo, sin permitírsele el movimiento . Bajo la influencia de éstas, la víctima quedaba inmovilizada, solo con sus signos vitales más básicos activos, como si se encontrase en un estado vegetativo. Al menos, recordó, así había funcionado en todos los experimentos, con una potencia muchísimo más baja.

Así, sin pensarlo dos veces, habían dado a las esferas el máximo de su poder y, para su primera sorpresa, Mewtwo no solo no había perdido la conciencia, sino que hasta podía mantener la comunicación psíquica.

Y ahora esto.

—¡Apresúrense!— ordenó a sus soldados, quienes otra vez pusieron la maquinaria en marcha.

¡No lo permitiré!— dijo Mewtwo, provocando un ligero temblor en el terreno.

—¡RÁPIDO!—gritó Lerman, obligando a sus hombres a poner a Mewtwo y todo el mecanismo, dentro de un camión que los esperaba a unos metros. —Llévenselo— ordenó ella con voz firme, por lo que rápidamente, las esferas comenzaron a moverse con el pokémon dentro. Lerman los siguió, pero se detuvo al comprobar que Gindelberger seguía en el piso, siendo custodiado por su pokémon.

—Llévenselo al hospital de inmediato y procuren vigilancia— gritó a sus soldados al tiempo en que continuaba su trayecto. El Alakazam solo siguió a los hombres, sin abandonar a su entrenador.

...

...

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Mewtwo no pudo contra el poder de las esferas y, aunque continuara intentando zafarse de éstas, le fue imposible. Sintió, a mitad del camino, un pinchazo en la cola y luego, cómo su cuerpo se tornaba más y más débil. Debía hacer algo. A ese paso quedaría inconsciente y harían lo que quisieran con él. No lo podía permitir.

¡Suéltenme!—gritó mientras el aura azul rodeaba su cuerpo y el viento golpeaba a todos los presentes. Lerman barrió con la mirada las esferas, esperando a que ninguna de éstas resultara rota tras ese ataque. —¡No lo permitiré!— y el camión y parte del terreno por el que pasaba, se estremecieron como un castillo de naipes. Los que estaban dentro del vehículo sintieron como les faltaba el aire y el calor los sofocaba. Pronto sus cuerpos se pusieron pesados y torpes, y el dolor de cabeza fue tan terrible, que varios cayeron de rodillas, presas del mareo y la angustia —¡No lo permitiré!—repitió el pokémon, al momento en que una grieta aparecía en una esfera.

Todos los que aún se mantenían en pie, sintieron como su respiración se detenía y su sangre se tornaba fría y pesada. Mewtwo había logrado lo impensado. Muy pronto el terror se dibujó en sus rostros al imaginarse encerrados en ese camión mientras eran testigos de la liberación del pokémon, quien sin dudas se encargaría de ser su verdugo. Sin embargo, en ese momento, la comandante se puso de pie y los miró uno a uno, de una forma tal, que todos se sintieron avergonzados de sus recientes pensamientos.

—No sean imbéciles— les dijo tomando un control remoto y presionando los botones a una velocidad espeluznante, con el fin de dar el máximo poder a las esferas. No comprendía cómo, a pesar de habérsele administrado sedantes, Mewtwo pudiera seguir luchando de esta manera y peor aún, haber afectado una parte de la maquinaria. Sin lugar a dudas, sus poderes solo podían ser comparados con su inmensa fuerza de voluntad.

Déjenme...te-tengo que...—seguía repitiendo a pesar de la alarmante disminución de sus poderes. Los humanos estaban ganando y, esta vez, ya no tenía fuerza para continuar. Sentía que sus párpados se cerraban y el doloroso calor seguía extendiéndose entre sus huesos.

¿Iba a ser derrotado?¿ Iban a borrarle la memoria? No podía permitirlo...pero...pero... ya no tenía energía para negarse.

Mis recuerdos...mi historia. Acabo de recuperarla y estoy a punto de perderla otra vez...—Y Lerman vio como el cuerpo del pokémon caía por su propio peso, solo evitado por el campo de energía de las esferas.

Por fin había cedido.

...

...

El camión se detuvo pronto y rápidamente se encaminaron hacia un laboratorio, donde otro grupo de agentes los esperaba.

—Fue más difícil de lo que creímos—dijo alguien mientras aplicaba otra inyección a Mewtwo. —Sin dudas, este es un hueso duro de roer.

—No pierdan el tiempo hablando y ejecuten el plan de una buena vez— dijo Lerman con voz firme. —Dudo que se mantenga inconsciente durante mucho tiempo. Después de todo, siguió luchando a pesar de ya habérsele administrado un sedante.

Entonces el resto de los agentes recostó al pokémon en una camilla y, sin saber si fue por el frío del metal o la certeza de lo que iba a pasar, la criatura se despertó e inmediatamente intentó levantarse, aun con las esferas ejerciendo fuerza sobre él.

No lo permitiré— susurraba mientras varios brazos metálicos bajaban para aprisionarlo contra el metal. —No dejaré que me conviertan en una máquina...yo...yo...¡yo voy a ser libre!—Y esta vez, frente a los ojos de todos, no sólo pudo sostener el peso de su cuerpo, sino que logró levantarse y hacer trizas la esfera agrietada. —¡Este no puede ser...mi destino!— dijo varias veces al tiempo en que veía claramente el recuerdo de sí mismo intentando acabar con Giovanni. Lo lograría. A como diera lugar.

Lerman, ya casi en la desesperación, sacó de su chaqueta el artefacto para detonar el aparato que el pokémon tenía en su pecho, mas al presionarlo, grande fue su sorpresa cuando en lugar de caer víctima del dolor, la criatura le sonrió como un demente.

Debes ser estúpida, mujer. Ya soy más fuerte que ese maldito aparato— y se preparó para atacarla, cuando ella levantó el brazo.

—Y tú muy confiado. ¡Máximo poder!

Y una descarga bajó por cada uno de los brazos metálicos y las esferas, inmovilizando cada reacción del pokémon. Sus poderes desaparecieron en un instante, a la velocidad con la que se apaga la pequeña llama de una vela. Cayó de rodillas sobre la camilla y luego su cuerpo completo se desplomó sobre ésta. Sus ojos estaban en blanco, y pronto sus párpados se fueron cerrando poco a poco mientras perdía todo control de sí mismo.

—Buenas noches, Mewtwo— dijo Lerman, dándole dos palmaditas en el hombro cuando por fin cerró los ojos.

No...—se dijo el pokémon en la oscuridad, mientras iba perdiendo la noción de la realidad, de su cuerpo y de su propia mente.—Yo...yo debo ser libre...yo quiero ser libre...co-como tú...como tú querías...Fu-Fuji...

Y se sumió en la espesa niebla de la inconsciencia

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