Entrada la madrugada pudieron retirarse a su habitación matrimonial, la sangre se empezó a congelar, los temblores parecían de una enferma, se repetía que estaba sola y que Sasuke era su único aliado, que era hora de rendirse, parte de ella se había dado por vencida, pero ver que él la había buscado con el ánimo de rescatarla le conmovía, le hacía pensar que podía haber amor entre ellos, pero luego de firmar el papel sintió que la cuchilla pasó y le arrebató la cabeza. Las mujeres de la familia la vistieron para la ocasión, su primera noche de bodas, nunca pensó que sería tan triste, nunca pensó que sería con otro hombre que su gran amor.

- Ten - soltó Mikoto, su ahora suegra.

- ¿Qué es? - parecía una especie de píldora, pero ninguna mujer, salvo las criadas la miraban.

- Tómala de una vez y no des problemas - dijo una mujer mucho mayor, la miraba con desprecio a pesar de tener un mucho mejor rango.

- Ya hiciste a uno de mis hijos miserable, pero no toleraré que a Sasuke lo dañes - Mikoto siempre había sido su referente, una mujer dulce, ¿por qué ahora parecía detestarla?

- Pero - la anciana tomó la píldora y la introdujo en su boca con fuerza.

- Traga - la joven obedeció y cuando la soltaron tosió con sus ojos vidriosos mientras la dejaban sola.

- Señorita - susurró una criada - es para que esta noche sea más fácil - la respuesta la dejó fría, era para que no se resistiera.

No sabía si la iba a sumir en un sueño profundo, en una parálisis que permitía que él hiciera su voluntad, muy lejos de la realidad, era un medicamento que aceleraba la ovulación y con ello quedar embarazada lo más pronto posible, con ello sería más receptiva a su marido. Ahora tenía tantas preguntas, ¿había ingresado a la familia que quería? siempre pensó que sería bien recibida, pero no había razones para que la quisieran, pasó de un hermano al otro a ojos de los demás, como cualquier interesada que deja al anterior sumido en la miseria por la fama y fortuna del otro.

Sasuke por su parte estaba dispuesto a satisfacer sus más bajas pasiones, sus amigos le habían dado ánimos y de lo divertido que sería, una parte de él estaba ansioso, no sabía qué vería al otro lado de la puerta, era deprimente saber que luego de tenerla en un papel no podía conquistarla del todo, pudo ver a Itachi coger con otra y no la detuvo de amarlo, pudo perder su prestigio y lo recuperaba para ser digno, pero no lo suficiente como para detenerlo de casarse con ella, no le daría el mínimo espacio para separarlos, no sería igual de estúpido que su hermano mayor. Al entrar ella se asustó y con el cabello ocultó lo evidente, que estaba sumamente asustada de lo que venía, además de que lo que estaba absorbiendo su cuerpo le preocupaba por su contenido.

- No te escuché entrar - ¿en qué momento la noche se sintió tan fría? al verlo se sintió indefensa, su imagen se veía imponente, mucho más que al momento de aceptarlo en la ceremonia.

- ¿Acaso no espera la novia impaciente a que llegue su marido? - le dijo con sorna mientras se quitaba su traje nupcial.

- Estaba pensando - no podía ser más específica con él, ni que le repugnaba estar con un hombre como él y que ya no tenía razones para negarle sus derechos conyugales.

- ¿Qué puede tener tu cabeza tan ocupada? - finalmente, tras el biombo, pudo ponerse una yukata mucho más cómoda.

- Sólo estaba recordando este día - era demasiado horrible, pero en realidad pensaba en su pobre Itachi, en su amado Itachi, cómo quisiera hablar con él antes de acostarse con Sasuke y jurarle con el alma que era todo por él, que estaba dispuesta a todo para protegerlo y que en su interior él siempre sería su gran amor.

- Sí que fue un gran día, pensé que Sakura haría algo estúpido, pero me equivoqué - al verla pudo notar su molestia, a fin de cuentas ella le hizo sentir que su condena no era tan mala, siempre estuvo a su lado para apoyarla, como una verdadera amiga.

- ¿Qué? ¿que me dijera que se había acostado contigo? - un fuerte sonrojo apareció en las mejillas del joven - cariño, sí, lo dijo, pero eres ingenuo si crees que me importa - un suspiro de alivio se coló en su pecho.

- No debería, fue antes de que nos comprometiéramos - se le acercó y tomó sus manos - no significó nada para mí - Hinata no dudó en ser mucho más cruel con él si podía.

- Tampoco para ella - Sasuke la miró sorprendido - vamos, que no pasas de un buen polvo para ella - luego de ese comentario vio un dejo de molestia en su mandíbula apretada.

- Nunca paso de un buen cuerpo para nadie - chasqueó la lengua y se apoyó en el hombro de su esposa - pero sé que me ves como algo más que eso, sabes lo que soy por dentro - un absoluto monstruo alejado de dios.

- Lo sé, pero no puedes culpar a los demás si tú no te muestras tal cual eres, te pones una máscara y esperas que veamos tras ella, no es justo - ¿por qué lo aconsejaba? era mejor que se mantuviera tal cual era, no necesitaba que cambiara, ya conocía su razonar en los meses que llevaba viviendo en ese apartamento.

- No quiero que me vean débil, siempre lo fui en comparación con mi hermano - con una mano temblorosa le acarició el cabello, largo y sedoso, quizás lo que más le gustaba de él, le hacía sentir que se parecía a Itachi.

- Más débil es el que se oculta de los demás, hay que tener valentía para dejar te conozcan más allá de lo que te gusta que sepan de ti, no todo, pero sí algo más que un hombre sin falencias - él la abrazó conmovido, incluso se podía notar por sus leves temblores.

- Gracias, se siente bien que alguien se preocupe por mí - ella le siguió con suavidad, Sasuke entendió por qué Itachi no la soltaba, porque quería que él estuviera bien en todo sentido, le cuidaba su corazón con dedicación.

- Hay mucha gente que se preocupa por ti - soltó para quitarse la responsabilidad y desviar la conversación a otro tema, no quería que fuera meloso con ella, a cada palabra que decía sentía que se enredaba en hilos que no podía cortar.

- ¿Eso crees? - se separó para verla directamente a los ojos - dime, ¿quién? - su semblante era serio y no permitía que se le escapara ninguna expresión que hiciera.

- Pues - tragó grueso y quedó muda lo que hizo que su marido soltara una carcajada.

- No te esfuerces, sabemos muy bien que apenas deje de servir quedaré en el olvido - al verla pudo notar unas lágrimas acumuladas en sus ojos que lo sorprendieron.

- ¿Así te sientes? - alzó su mano para acariciar su mejilla, no sentía dolor por Sasuke, sino por seguir el mismo destino que Itachi, él debió sentir la misma melancolía en su corazón, aunque esperó que nunca hubiera sido consciente de su condición.

- Hina... - tomó su mano sin quitarla de su mejilla.

- ¿Cómo algo prescindible? - esta vez dio un paso más y lo besó con ternura - qué tristeza debes sentir - él negó con fuerza.

- No, sé que me van a olvidar, pero si no estuviera en la cima nunca hubiera podido convertirme en tu esposo, en verdad, mi único interés es que la persona a mi lado siga ahí cuando los demás me abandonen - la joven asintió y lo abrazó con fuerza.

- No sabía que tenías miedo de estar solo - el joven aumentó el agarre.

- Ya no, ahora estás conmigo, no necesito más - se le apartó sólo para besarla profundamente, no había tenido un solo momento para estar juntos, a pesar de las celebraciones, lo único que esperaba era poder estar a solas y consumar el matrimonio.

- E-Espera - le dijo empujando sus hombros aunque no lograba apartarlo.

- ¿Esperar qué? - preguntó entre suaves besos hacia su esposa.

- N-No aquí - fue a lo que pudo atinar a decir, pero el joven soltó una carcajada.

- Hina, nadie nos va a escuchar, aunque eres ingenua si piensas que los demás creen que sólo vamos a dormir - en comparación a la familia de su esposa, los Uchiha eran mucho más libres con su sexualidad, no lo veían como algo de lo que no se debía hablar, sino como algo conocido y que incluso podía ser divertido.

- E-Es mejor dormir un poco - con sus manos temblorosas empujaba su pecho.

- No me interesa si los demás saben lo que estamos haciendo, ya no quiero esperar - decidió atacar su cuello hasta dejar una marca, pudo sentir en su interior un palpitar que no conocía.

- S-Sasuke - sus manos cayeron a su lado y permitió que él la abrazara con una mano y con la otra acariciara su pierna.

- Mi querida esposa - pudo tocar su ropa interior mientras escuchaba su pesada respiración casi sin poder moverse.

Cada caricia de sus manos era mejor que la anterior, como si su piel fuera más sensible con el pasar de los minutos, esa apariencia no le parecía tan repugnante, ni su brutalidad aterradora, con dificultad alzó sus manos para sostener las mejillas de su amante y poder besarlo quizás de la misma manera que él quiso desde que era un chiquillo. Procedió a abrazarlo y con sus manos tocar su espalda, no importaba lo que pensara de él, sino buscar aquella sensación que sólo él podía darle, fue aún mejor cuando él quitó el cinto de su ropa dejando una blanca ropa interior con los tirantes del sujetador a medio caer.

- Hi-Hina - llamó buscando recuperar el aliento, pero no pudo romper su concentración ni el vaivén de sus caderas contra él estando colgada de su cuello.

- T-Tócame - le susurró para besarlo con una necesidad que él no conocía.

Bajó sus manos con un poco de dificultad, no parecía tener miedo, sino ansias, usualmente era tímida y trataba de no tener contacto con él, ahora se sentía con la libertad de tocarla como siempre lo deseó, bajó su ropa interior y quitó el sujetador quedando él con una yukata y ella completamente descubierta. Pudo tocar el busto, escuchó su suspirar en su oído, lo estrujó con fuerza y ella arqueó la espalda. Se detuvo a pesar de las protestas de la chica para quitarse lo que quedaba de ropa, pues ella le había removido la prenda y dejó marcas en su piel que vería a la mañana siguiente con bastante orgullo.

Se dejó caer en el futón esperando a que su esposo estuviera listo, no fue mucho tiempo, lo vio con detenimiento, su cuerpo estaba marcado y su largo cabello le daba una apariencia atractiva, eran largos y oscuros, al igual que esos ojos que miraban fijamente su rostro, bajó la mirada para ver lo que tanto ansiaba, no quería esperar con juegos previos, sino sentirlo completamente dentro de ella. Le abrió las piernas sin pudor alguno, él se le acercó para besarla mientras lo introducía, con su mano, le hizo algo de gracia la expresión de sorpresa que hizo al sentirlo por completo.

- ¿Entiendes que ahora no hay vuelta atrás? - no se movía un centímetro, esperaba una respuesta.

- Hace mucho que no hay vuelta atrás - movió sus caderas y él le siguió.

- Hina, quiero ser gentil, pero si te mueves - gruñó al sentir cómo ella se impulsaba con dificultad.

- Hazlo como quieras - su consentimiento le bastó para arremeter contra ella haciendo que gritara.

Podía quitar su máscara de preocupación y ser el monstruo que era, se irguió para tomar sus caderas y moverse con una energía que generaba sonidos más allá de los quejidos y jadeos que ella producía de su boca sin pudor alguno, era mejor conocerla desinhibida, honesta; por eso no la iba a dejar con las ganas de darle la cogida de su vida, podía sentir que su cuerpo era ligero y que no tenía problema en aceptarlo, lo disfrutaba, lo deseaba, si se acercaba devoraba sus labios y se colgaba de su cuello, le dejaba en el cuerpo varias marcas, removía su centro de una manera que no podía creer, cada estocada tocaba ese punto preciso que la hacía tocar el cielo. No era mentira que era bueno en la cama, no era sólo el físico, había algo en su mirada que la perturbaba, pero no lo suficiente como para apartarse de él, no, disfrutaba cada momento con él. Tocaba su pecho y lo besaba cada vez que podía, estaba hambriento de ella, era incluso halagador, luego de varios minutos dejaron que la situación les nublara la cabeza hasta que cayeran rendidos.