HAYMITCH
Hace 10 días desde que habíamos llegado al distrito 13. El resumen de los últimos días era: Cinna, Portia y el equipo de preparación de Peeta estaban muertos. Effie al parecer la tenían como prisionera en el Capitolio. Peeta, Johanna, Enobaria y Annie los tenía el Capitolio aunque no sabíamos en qué condiciones o si ya alguno estaba muerto. El distrito 12 había desaparecido, solo 800 personas lograron salvarse. Katniss estaba en el hospital medicada y mentalmente inestable. Nuestro reencuentro en el aerodeslizador fue explosivo y lleno de reproches, aún tenía vestigios de sus rasguños marcados en mi cara. Me lo merecía de todas formas, había abandonado a Peeta.
Al día siguiente de llegar, Plutarch organizó una reunión para que conociera a todos los líderes de los distritos, aliados y altos mandos del distrito 13.
"Estábamos en la sala de comando, algunos rostros conocidos y otros no tanto. Luego de las presentaciones, Plutarch tomó la palabra para hablar del estado en que se encontraba cada distrito y cuál era el paso a seguir. Contaban con que Katniss aceptaría rápidamente ser la cara de la rebelión, pero estaba seguro que no sería tan fácil, especialmente desde que no salvamos a Peeta. Las conversaciones siguieron, apenas prestaba atención, no sabía cuál era mi papel en todo esto.
-Me han informado que la cirugía de Leila Brightlock ha salido bien. Ella será un buen elemento para tener de nuestra parte- intervino la presidenta Alma Coín.
-No contaría con ella, no nos va a ayudar. No a menos que tengamos algo para presionarla a hacerlo- le respondió Plutarch
- la hemos salvado y a su familia también, creo que estará agradecida con nosotros- intervino Fulvia, la asistente de Plutarch.
-no lo suficientemente agradecida para colaborar contra Snow- volvió a decir Plutarch con voz cansina
-Su familia era bien conocida en el distrito por ser fieles partidarios del Capitolio. Estoy de acuerdo con Plutarch, a esa chica hay que mantenerla lejos de nuestros planes.- dijo tajante la comandante Paylor.
- Estando las cosas de esta manera, ella y su familia serán tomados como prisioneros de guerra. No podemos arriesgarnos a tener un partidarios del Capitolio entre nosotros- decidió Coin
- porque no dejan que la chica se recupere y tome la decisión, al fin y al cabo pudo haber arruinado nuestros planes en la arena pero no lo hizo, qué más da darle una oportunidad- intervine yo. Lo hacía para pagar la deuda de Chaff, ella le perdonó la vida dos veces y le ayudó con los insectos. No era su culpa que Brutus le haya matado. Veía la duda de todos y la cara de preocupación de Plutarch. Sabía que él escondía algo con respecto a ella.
- concuerdo con Haymitch, le daremos una oportunidad, quizás logremos que nos ayude en algo. si me permiten yo me encargaré de darle instrucciones al personal médico a cargo de ella para que la vigilen apropiadamente.
- adelante Plutarch, pero si la chica comete un error contra algún ciudadano del 13, te haré responsable.- sentenció Coin. Esto no le agrado a Plutarch pero aceptó.
Una vez terminada la reunión, Plutarch me pidió hablar en privado y vaya sorpresa la que me tenía. Al parecer en el distrito 13 estaba prohibido tanto la fabricación como consumo de alcohol y yo tendría que someterme a una desintoxicación. Muy a mi pesar tuve que aceptar, no tenía otra opción"
Sentí una nueva arcada venir, corrí al baño a vomitar bilis, ya no me quedaba nada en el estómago. Mi nueva vida se resumía en tener mi cabeza metida en el excusado, temblar descontroladamente, fièvres constantes y terribles alucinaciones. La abstinencia me estaba matando y los medicamentos que me daban para ayudarme con los síntomas, no me servían de mucho. Lo peor de todo era lidiar conmigo mismo, los recuerdos y todos los sentimientos negativos que los acompañaban. Estaba casi aislado, tenía una habitación para mí solo, sólo contaba con la compañía del personal médico y Plutarch que venía constantemente a visitarme y contarme las novedades.
Ahí venía una nueva arcada cuando sentí un par de manos frías en mi cuello y otra que apartó mi cabello de mi cara. Cuando terminé de vomitar vi por el rabillo del ojo quien estaba a mi lado. Leila. Se levantó y mojó dos pedazos de tela y luego los puso en mi cuello y frente.
-Recuestate contra la pared. Estas compresas te ayudarán a bajar la fiebre.- me dijo suavemente
-Aparte de mutilar personas, el capitolio te enseno primeros auxilios?- le dije con sarcasmo. Pero ella no me respondió nada. Salió del baño y volvió unos minutos después con un vaso de agua.
- Bebe pequeños sorbos - me dijo entregándome el vaso.
- también eres experta en vómito? - volví a responderle en el mismo tono. Ella solo me miro y suspiro. Me irritaba tenerla aquí, ¿quién se creía ella actuando como buena persona? Quizás Plutarch ya le había mencionado las condiciones para no encerrarla en una celda y todo esto era teatro, como en la arena. La mocosa empezó a salir del baño pero en la puerta se detuvo, y mirando al suelo habló.
- Lo lamento Haymitch.
-¿Qué cosa?
-La muerte de Chaff, el chico, y bueno el resto de tus amigos.
-Peeta no está muerto.
-No, lo se, es peor porque está en las manos del Capitolio.- habló sombriamente y se encogió de hombros
- sabes lo que es peor, verte a ti aquí a salvo y no a Peeta.- le dije con rabia contenida
-lo se y lo siento.- me respondió ella en un susurro y se fue.
Dia 12 desde que llegamos al distrito trece. El estado actual de Katniss seguía siendo el mismo y según Plutarch se rehusaba a colaborar con ellos. Algo que tenía frustrado a más de uno. Yo seguía retorciendome en mi miseria, soñaba con una gota de alcohol, no me importaba de qué clase. A veces veía pasar a Leila por mi puerta, recorriendo los pasillos, no duraba mucho antes de verla volver por donde vino acompañada de una no muy contenta enfermera. Por lo que se escuchaba en los pasillos, todo el mundo le tenía miedo y no estaban felices de tenerla en el distrito. Sí, al contrario que en el capitolio, Leila aquí era odiada.
Día 15, suponía que ya era medianoche, no había mucho movimiento fuera del cuarto. Estaba temblando incontrolablemente y tenía demasiado frío. No quería llamar a ninguna de las enfermeras, detestaba depender de alguien y no me agradaban del todo las personas de este distrito. Ahí la vi pasar de nuevo. Leila. Esta era la quinta vez que pasaba.
-Me tienes mareado con tus ires y venires, no se supone que tienes que estar en tu cuarto.-le dije en voz alta para que me escuchara. Quizás con eso volvería a su cuarto en lugar de dar rondas, me tenía los nervios de punta. Pero logré el efecto contrario, entro a mi cuarto.
-No puedo quedarme ahí, me estoy enloqueciendo en este lugar- se quejo
-bueno mejor esto que ser torturada como otros deben estar padeciendo.-le respondí mordaz, ella bajó la mirada con culpa. Era un canalla por hacerla sentir culpable de algo que ella no tuvo control pero que me importaban sus sentimientos.
-lo siento- se disculpó. Que irritante verla no defenderse. Levantó su mirada hacia mi y se acercó alargando su mano para tocarme
-ni te atrevas - la amenace
-tienes fiebre otra vez -susurro
-No me digas, descubriste que el agua moja. -le dije con sarcasmo nuevamente.
-puedo ayudarte?-me pregunto
-si, largandote de mi cuarto- ella asintió pero antes de irse atrapó una de las cobijas que había en el armario y me la dio. Que molesta era, nadie le estaba pidiendo su ayuda.
Hoy se cumplen 18 días desde que abandoné a Peeta. Plutarch acababa de salir de mi cuarto, sin contarme muchas novedades, todo seguía igual, los distritos en guerra, Katniss escondiéndose en cualquier rincón y nada de Peeta y los otros. Me había percatado de que sus visitas siempre las hacía en diferente horario, jamás repetía, y pude darme una idea del porqué cuando Leila entró una vez más a mi cuarto más tarde en el día.
-¿Entonces cómo te sientes Haymitch? - me pregunto con una sonrisa nerviosa
- De maravilla como puedes ver - le respondí - que quieres? por qué no me dejas en paz- termine cansinamente. Ella me miro con culpa antes de hablar
-Un favor, por favor - me dijo suplicante. No pude evitar soltarme a reír con ganas. Que descaro el de esta chiquilla. Le salvamos la vida y aun se atrevía a pedir más - si, lo se. No me debes nada y no tienes porqué ayudarme pero es importante- volvió a suplicarme
-Y qué es eso tan importante que la perfecta Leila quiere?-le pregunté con sorna
-Hablar con Plutarch. Sé que él te visita pero nunca se a que hora y es importante que hable con él. Cuando he intentado mandarle un mensaje, creo que no se lo han dado porque no ha venido a verme -me dijo seria. Así que Plutarch estaba evitándola.
- y de qué es eso tan importante que quieres hablar con él? - le pregunté curioso. Ella me miro dudosa antes de contestar
- De mi familia, eso es todo. - sabía que estaba siendo honesta. Extraño que quisiera hablar de su familia si ellos estaban aquí en el 13 y aún más extraño que Plutarch la estuviera evitando solo por eso.
-Vere que puedo hacer, no prometo nada- le dije indiferente
-vale, gracias- iba a decir algo más pero se callo y se fue. Bueno no era gran cosa lo que me estaba pidiendo y la entendía, si mi familia estuviera aquí también querría saber de ellos. Aunque es bizarro el hecho de que no los haya visto aún.
Al día siguiente cuando Plutarch vino a verme le pase el mensaje de Leila, aunque pareció restarle importancia sabía estaba siendo evasivo con la chica. Bueno, ya no podía hacer nada más si él la estaba evitando sus razones tendría. Era de madrugada y sabía que no iba a dormir, estaba cansado de estar en esta cama, y no me sentía tan mal como otros días, así que decidí levantarme y salir a ver otra cosa que estas cuatro paredes. Todo estaba silencioso y con una luz tenue, los pacientes de los cuartos contiguos al mío dormían. Que lujo, uno al cual yo había renunciado hace muchos años, a menos que tuviera un buen licor en mi mano. Seguí caminando por los pasillos cuando vi a Leila, sentada en el piso, con los ojos cerrados, parecía estar meditando porque vi que estaba murmurando algo.
-Hey! le pase el mensaje a Plutarch, y dijo que vendría a verte en estos días.- solte. Ella se sobresaltó, bueno al parecer no estaba meditando sino durmiendo. Me miró confundida así que le repetí lo que le acababa de decir.
-Gracias Haymitch- me encogí de hombros, no había hecho gran cosa de todas maneras.
-Te han quitado la cama que ahora duermes en el suelo- le dije un poco hosco
-No me di cuenta que me había quedado dormida-dijo sonriendo - y tú? no deberías estar durmiendo.
-nah, ya he pasado mucho tiempo en cama
-¿te van a tener mucho tiempo aquí?
-quien sabe. y tú? se suponía que tu operación había sido un éxito, porque aún te tienen de paciente deambulando por todas partes?
-aun estoy en recuperación y reeducación de mi pierna. Al parecer en 10 días me van a volver a operar para asegurarse de que todo vuelva su estado anterior. Así que no hay caso de que me liberen del hospital.- finalizó ella encogiéndose de hombros. Me senté a su lado, no había caminado mucho pero me sentia agotado.
- ya veo.- guardamos silencio por un rato. Era extraño estar hablando con ella. había muchas cosas que me cuestionaba de ella, pero no estaba seguro que ella fuera a contestar todo, así que empecé por lo fácil- ¿Cuál va a ser tu plan una vez te liberes del hospital?
-¿A qué te refieres?- me miro confundida
-bueno, a algunas personas les gustaría que tú hicieras parte de la causa y ayudaras en ella.- le dije. Ella abrió sus ojos verdes en horror y negó- A que le temes? ya no estás en el capitolio y tu familia está aquí a salvo.
- Haymitch, yo no voy a ser parte jamás de esto. Todo esto está mal. Lo que ustedes hicieron estuvo mal. Ir en contra del capitolio es una completa locura.- me dijo con nerviosismo evitando mi mirada. Yo solo podía mirarla con incrédula rabia. que clase de persona podría pensar de esta manera después de ver los horrores a los que el presidente Snow nos tenía sometidos.
-Como puedes pensar así? acaso te parece bien todo lo que el presidente le ha hecho a tu distrito. La gente se muere de hambre en todas partes mientras ellos viven en la opulencia. - estaba intentando controlar mi voz para no gritarle, ella de verdad era el perro faldero de Snow. Leila se puso aún más nerviosa y empezó a tener ese tic que ya había visto en ella muchas veces, alisar la arrugas invisibles de su ropa de hospital.
-No me parece bien, pero hay un orden en las cosas por algo. Las consecuencias van a ser peores cuando el capitolio vuelva a someter a los distritos- me contestó. Vaya, le habían lavado bien el cerebro.
-Esta vez el capitolio no va a ganar- le dije firmemente. Ella me miró a los ojos con angustia e inconscientemente empezó a despellejarse los dedos de la mano derecha. Ahora que me fijaba sus manos eran un desastre, estaban en carne viva alrededor de varias uñas.
-Eso no lo sabes. El capitolio nunca pierde. El presidente Snow es muy poderoso y tiene personas con mucho poder e influencia, nadie puede escapar de ellos- dijo Leila aún angustiada. No se porque pero le di un manotazo suave en sus manos para que parara con lo que estaba haciendo, se iba a arrancar un dedo si continuaba así. Ella dejó de verme y se concentró en mirar sus manos fijamente.
-Entonces, ¿qué deberían hacer todos los distritos? arrodillarse, pedir perdón y clemencia. Seguramente Snow será misericordioso, olvidara todo y mejorará para el futuro- dije con sorna
-Yo no lo sé, Haymitch. No se nada de revoluciones, solo se que muchas vidas inocentes están siendo sacrificadas en esta guerra y no se si de verdad al final valdrá el sacrificio. y tu porque piensas que si los rebeldes ganan las cosas van a cambiar? y si es peor que Snow?
-No será así, Leila. Los rebeldes entienden y han vivido en opresión, no vamos a repetir los mismos errores.
-¿De verdad confías completamente en esas personas?
-No, sería muy ingenuo confiar completamente en ellos.
-Bien porque no debes.
-¿Tú confías en Plutarch verdad?
- No del todo pero al menos cumplió su palabra.
-a que te
-Señorita Brightlock que hace aquí?!- chillo una enfermera no muy amable del distrito 13-los doctores han gastado grandes recursos contigo para que arruines todo, malagradecida, ya te he dicho que te quedes en tu habitación. -Leila se levantó de un salto y debió dolerle bastante por la cara que puso y el siseo que se le escapó. No le respondió nada a la enfermera, solo asintió y tomó el camino hacia su habitación.
Yo decidí también volver a mi habitación. La charla con Leila me había irritado lo suficiente para agotarme. Plutarch tenía razón con respecto a ella, era una fiel seguidora del capitolio y aun estando aquí segura no haría nada en contra de ellos. Qué mujer más frustrante. No entendía cómo alguien podía ser tan ciego. Solo concordaba con ella en una cosa, muchas vidas estaban siendo sacrificadas en esta guerra y cuanto más pronto reaccionaramos mejor, y para eso necesitábamos a Katniss.
