Los personajes de Naruto no me pertenecen.
Aclaraciones: Universo Alternativo. Modern Times.
Capítulo 2
Flores no deseadas
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El ruido de una máquina la despertó. Con lo primero que Hinata se topó fue una habitación en sombras, pero con el latente aroma a limpio. Observó a los costados, sintiendo un peso desagradable en la nuca, obligándose a moverse con cuidado sobre aquella camilla.
Reconoció rápidamente que estaba en un hospital. No entendía cómo ni por qué pero el debilitamiento en todas sus extremidades así como aquel mareo invadirla explicó la razón.
Buscó sus pertenencias para contactar con alguien ya que nadie estaba acompañándola, o pensó en llamar a alguna enfermera para que le contextualizara sobre qué ocurrió con ella, más la puerta abrirse la hizo desistir de la idea para observar la silueta de su querido primo.
—¿Hinata? —de inmediato el hombre con semejante parecido a Hinata acudió a ella, aliviado de verla despierta—. No te muevas tanto —aconsejó al verla sentada en la cama, ayudando a la mujer a recostarse nuevamente sobre la almohada—. Sufriste un desmayo.
—¿Un desmayo…? —hacía tiempo que no padecía uno de esos, le pareció irreal que volviera a suceder—. No recuerdo muy bien…
—No te preocupes, Tenten te acompañó todo este tiempo. Ella me llamó cuando te trajeron al hospital. Pensé que era mejor que viniera yo en lugar de tío Hiashi.
—Gracias, Neji-niisan —por mucho Hinata prefería a su primo que a su progenitor.
Luego de un rato en silencio, contestando las preguntas del castaño sobre cómo se sentía, ella sintió curiosidad de saber qué hora era y por cuánto tiempo había estado en la recámara. Neji le explicó que solo llevaba unas cuantas horas, pues cuando Tenten le contactó había sido cerca de las 10:00 PM. Ella se sintió mal por molestar a su primo en tan incómodas horas pero Neji negó y dijo que no le molestaba en lo absoluto; que su bien era más importante.
—De cualquier modo estaba despierto —dijo Neji al acomodarse cerca de ella en el sofá cercano a la camilla—. Estaba revisando unas propuestas.
—Aun así…
—No te disculpes y trata de descansar, ¿de acuerdo? El doctor te hizo unos cuantos estudios para descartar infecciones, anemia o cualquier otro padecimiento. Según su diagnóstico, estuviste bajo un ataque de pánico —Neji observó a su pequeña prima preocupado.
Estaba al tanto de la enorme presión que representaba ser la hija de Hiashi Hyuga. Neji lo había visto en primera persona. Hinata era tan frágil y de buen corazón, aceptar hacerse cargo de un puesto tan exigente ponía un enorme peso en su espalda. Pero estaba ahí con ella para ayudarle, ser el apoyo que ella necesitaba. Sin embargo con las actividades de cada uno, trabajando en oficinas separadas y con horarios que no coincidían como antes, los encuentros entre ambos habían disminuido al punto que solo se veían en determinadas ocasiones, siendo éstas en eventos a los cuales estaban obligados a asistir para mantener las conexiones con el círculo empresarial.
Tenten era de las pocas amigas más cercanas a Hinata, por ello no le preocupaba que Hinata pasara peligro alguno, no obstante quería pensar el por qué ella habría tenido un ataque de pánico. La vida de Hinata no había sido demasiado estresada, o eso quería pensar Neji. Ahora que ya no pasaban tanto tiempo como antes debido al trabajo y que cada uno ahora llevaba una vida independiente, él no estaba enterado de todo aquello que rodeaba a su prima por respeto a la privacidad de ésta. No quería parecer un entrometido o sobreprotector, sobre todo con Hinata que ya era una joven adulta.
Pero no dejaba de preocuparle porque era como una hermanita para él.
—¿Algo te ha estado preocupando estos últimos meses?
—No, Neji-niisan —contestó en automático, sonriendo para no generar más tensión dentro de la habitación o levantar sospechas—. Todo ha estado bien. H-He tenido más trabajo de lo habitual, pero nada que no pueda arreglar. Creo que solo me estresé por un momento, solo eso.
Claro que tenía preocupaciones, la más grande de todas era que su relación clandestina con Minato Namikaze quedara descubierta. Pero confiaba en la sutileza de Minato quien no hacía movimientos riesgosos, procurando cuidar la imagen de ella por encima de la propia. Ellos estaban bien, siempre platicaban sobre lo que les hacía sentir cómodos o incómodos, nadie obligaba a nadie a quedarse en esa relación y habían sido innumerables las veces que siempre conversaban acerca de terminar si se requería; afortunadamente nadie sospechaba de absolutamente nada.
Hinata realmente disfrutaba de la compañía de Minato. Él era tan amable, serio y maduro, su toque siempre la tranquilizaba y el sonido de su voz le brindaba seguridad; ese confort que hace mucho tiempo no encontraba en ningún lado.
Sin embargo nunca imaginó que sus peores pesadillas pudieran regresar a espantarle nuevamente. Las relaciones del pasado deberían quedarse así, enterradas, especialmente cuando sus ex tenían una conexión directa con su actual pareja.
El miedo de ser descubiertos era diminuto a comparación de que fueran precisamente los hijos de Minato, Naruto y Menma, quienes descubrieran todo. No tendría manera de explicar ni mucho menos la seguridad de verles a los ojos; a los tres pares de ojos azules mirarle. Ni siquiera quería ponerse a pensar en la mueca de Minato cuando se enterara que también había dormido con sus hijos, pensando probablemente que ella tenía una insana obsesión. Sería doloroso.
Por eso no soportó la presión en el bar. Tener a Menma a pocos metros de ella con Minato a su costado la pusieron en un mal estado que no pudo soportar. El diagnóstico del doctor fue acertada, tuvo un ataque de pánico por el miedo de que todo se destruyera, que la cómoda relación que había mantenido con Minato en los últimos meses se terminara.
A ella de verdad le gustaba mucho Minato Namikaze.
Quizá demasiado para sentir tanto miedo a terminar su relación no tan formal.
—Hinata.
La voz de Neji la trajo de vuelta a la realidad, observando los analíticos ojos de su primo. Ella carraspeó para no ser leída con facilidad.
—¿Sí?
—Trata de descansar en lo que queda de la madrugada, el doctor me avisará cuando se te pueda dar de alta. No pienso moverme hasta que eso suceda —Hinata iba a replicar pero no se lo permitió— y no, no pienso irme aunque eso quieras. Mi asistente podrá encargarse de cualquier asunto que ocurra mañana. Un día sin mí en la oficina no llevará a la empresa a la ruina, eso te lo puedo asegurar.
—Mi padre no piensa lo mismo —comentó con una triste sonrisa que Neji hizo desaparecer al acariciar el cabello de ella, entrelazando sus dedos gentilmente con las hebras de tono noche nocturna.
—Por hoy no quiero que pienses en tu padre o en alguien más. Quiero que te centres en ti y en tu recuperación. Dependiendo de lo que el doctor diga, te llevaré a casa para que tomes más días de descanso.
—Neji-niisan…
—Ahora duerme —tomó la mano delicada de Hinata, dando un suave apretón y dándole esa mirada de que hiciera lo que le dijera—. Te veré en unas horas.
Dejó a Hinata atrás al salir hacia los pasillos. Agradecía que fuera una clínica privada, no quería que miles de personas sin un oficio anduvieran metiendo las narices donde no les importaba. Ya le dio aviso a Hiashi sobre lo que ocurrió con Hinata, diciéndole que lo mantendría actualizado según los diagnósticos del médico, aunque le dejó en claro a su tío que el estado de su prima estaba bien y no era grave, al menos en la percepción del hombre mayor, pues Neji sí opinaba que Hinata necesitaba más ayuda.
Caminó hacia donde se encontraban las salas de espera, rodeado de una tranquilidad que era exclusiva en esos espacios. La figura de Minato Namikaze, el hombre que ayudó a Tenten a llevar a Hinata hasta la clínica, aguardaba, tranquilo, con las manos entrelazadas en el regazo.
Tuvo que carraspear para hacerse notar, provocando que los ojos azul claro de éste le miraran.
—Neji-san —Minato se puso de pie, mirando al castaño—. ¿Todo bien con Hinata-san?
—Sí, acaba de despertar —anunció al rubio quien se mostró aliviado de escuchar aquello.
—Me alegra escuchar eso.
—Gracias por preocuparse por mi prima, Namikaze-san —hizo una educada reverencia al hombre que no solamente era alguien importante dentro del círculo de socios de su padre, sino también de la economía del país—. Le agradezco infinitamente por haberla auxiliado, estaré en deuda con usted.
—No tienes que ser tan formal, Neji-san —Minato rio apenado por esas muestras formales de gratitud, especialmente por alguien menor que él—. Ayudar a Hinata-san no fue ningún problema, yo de verdad estaba preocupado —confesó—. Si no es mucha indiscreción de mi parte, ¿podrías decirme qué dijo el médico sobre su estado?
—Claro —Neji asintió, interpretando la preocupación del rubio como auténtica—. No es nada grave, afortunadamente, pero el doctor señaló que Hinata tuvo un ataque de pánico.
—¿Ataque de pánico?
—Sí, desconozco cuál fue la razón pero lo que el doctor dijo es que ella seguramente estuvo en una situación estresante que orilló a su cuerpo a comportarse de esa manera y hacerla desmayar. Hinata padeció desmayos durante su juventud, aunque esos síntomas se fueron retirando con el tiempo. Pero ahora… —Neji suspiró. Minato podía ser un hombre confiable pero discutir los asuntos privados y de salud de su prima no era adecuado decirlos a una persona ajena a su familia y que no tenía ninguna relación con su prima, salvo de pura cortesía—. Lo lamento, no quiero preocuparlo. Estaré atento al estado de mi prima y ayudaré en todo lo que pueda para que esto no vuelva a repetirse.
—Que estés con Hinata-san me hace sentir aliviado, Neji-san. No dudo que seas el indicado para hacerlo. Por favor, sigue cuidando a Hinata-san.
El Namikaze hizo una reverencia a Neji que lo desconcertó, sintiendo el apuro de imitar el gesto.
—No, yo soy el que le agradece, Namikaze-san, por ayudar a mi prima.
Minato se irguió, ambos quedándose mirando a los ojos. Él le sonrió al castaño.
—No es nada que debas agradecer —dijo con un brillo peculiar en sus ojos del cual Neji no sospechó nada—, no podía dejar a la señorita Hinata en el bar.
—Aun así no debió quedarse tanto tiempo —Neji se sintió un poco mal de que el rubio hubiera estado sentado todo ese tiempo solo para saber cuándo su primera despertaría—. Me disculpo si se sintió obligado a esperar…
—Para nada —Minato negó, teniendo todavía la sonrisa amistosa, tan propia de él—. No fue ninguna molestia. No me podría haber ido sin saber si Hinata-san estaba bien o no. Eso me habría mantenido despierto —confesó, mirando por un momento al suelo—. Pero ahora que dices que está todo bien me ha hecho sentir más aliviado. Gracias, Neji-san.
Consciente de que ya era demasiado tarde y que seguramente no tenía más motivos por los cuales quedarse, especialmente cuando Neji —un familiar directo de Hinata— ya estaba ahí, Minato tomó aquello como la hora de marcharse. Hinata estaba bien, ya despertó y debería quedarse en la clínica por más tiempo.
Estaba aliviado de escuchar que no fue nada grave.
El miedo que sintió cuando la vio desmayarse opacaron por completo el asombro y la sorpresa de toparse con la joven Hyuga en el bar que su hijo menor acordó verse después de que éste regresara de su largo viaje de Europa. Tuvo que actuar rápido y llevarse a Hinata en brazos hasta su coche, con aquella joven de nombre Tenten quien acompañaba a la joven Hyuga antes de siquiera permitir que alguien llamara a la ambulancia. Condujo como loco hasta la clínica que Tenten, entre tartamudeos por la preocupación, era donde toda la familia Hyuga acudía.
En cuanto vio con seguridad que el personal médico llevaba a Hinata en camilla, perdiéndose en los pasillos donde no tenía acceso debido a que no era un familiar directo —aun cuando su relación con la joven lo unía más de lo que cualquier imaginaría—, tuvo que esperar en la sala, nervioso del resultado de la joven.
Mientras se quedaba en la sala de espera, le envió un mensaje a Menma disculpándose por todo lo sucedido, que podrían retomar su salida cuando toda la situación se calmara. Lo que quizá desconcertó a Minato fue que el menor le preguntó si Hinata estaba bien, dejándolo por un momento en blanco al no saber si su hijo conocía a Hinata en alguna otra parte o simplemente estaba curioso por cómo ella cayó desmayada, sin razón aparente, en el bar.
[Hinata-san está bien. Solo me quedaré hasta que algún familiar llegue].
Recordó escribirle, solo recibiendo un: "Entendido. Maneja con cuidado, ya hablaremos después, papá" de parte de Menma, sin indagar más pero dejando a Minato confundido.
Camino a casa, por las desiertas calles de Tokio —debido a la hora—, Minato pensó en la posibilidad de que sus hijos conocían a Hinata. Y era algo normal, sobre todo si los jóvenes interactuaron en la escuela o durante los eventos sociales a los que tuvieron que acudir.
La Editorial Namikaze siempre estaba en los eventos más importantes. Aunque Minato fuera el dueño de ésta, le gustaba ir personalmente a entrevistar a ciertas celebridades para tener contenido que usar en sus futuros proyectos o ganarse alianzas con compañías farmacéuticas que estuvieran interesadas en publicar sus proyectos bajo el nombre de su editorial, ayudando a publicarse y darse a conocer por todo el país y en Estados Unidos. Hacía un año abrió una sede en Washington, teniendo el propósito principal de traducir obras japonesas al Inglés y de esa manera dar a conocer más su cultura, además de enfocar el mercado a la venta del producto más popular del país: el manga.
Y les estaba yendo bien.
Por eso procuraba llevar a Naruto y a Menma, aunque el primero se veía más interesado en los deportes. Menma no tenía en problemas trabajar en la editorial ya que gustaba de encargarse. Justamente había regresado de Europa de hacerse cargo de un trabajo que le solicitó, tratar de contactar a una mujer japonesa que escapó a Europa con su amante italiano, llevando consigo el diario de su querida hermana que tardíamente sería conocida como una importante escritora en una de las épocas doradas del país del Sol Naciente.
Menma era uno de los principales que estaban desarrollando el proyecto para publicar, quizá a finales de año si todo salía bien, una compilación con las obras de Aoka Kito, seudónimo que la mujer siempre utilizó al firmar sus escritos. Precisamente por eso le citó para compartir con él todo lo que reunió en ese viaje de casi un año. Además de que Minato se encontraba ansioso de reencontrarse con su hijo menor después de estar separados por tanto tiempo.
Al detenerse en un semáforo rojo Minato pasó la vista hasta el asiento del copiloto donde observó el pequeño bolso de marca. Eso le hizo suspirar pesadamente al olvidar entregarle el objeto personal de Hinata a su primo. Seguramente lo necesitaría, sin embargo no quería seguir importunando a la joven, por ahora ella necesitaba descansar.
Después de haber escuchado el diagnóstico del médico por boca de Neji, Minato comenzaba a conectar cabos sueltos. Hinata no sufrió un ataque de pánico porque sí, intuía que él tuvo mucho que ver. Se sentía culpable de haber orillado a esas circunstancias a Hinata debido a su presencia.
Sin embargo, si ella descubrió que no solamente era él quien estaba en el bar, sino también su hijo menor, podía entender por qué reaccionó así.
Tener al hijo menor de tu amante en el mismo lugar podría generar mucho miedo, especialmente cuando éste era de la misma edad.
Mañana, cuando intuyera que era una hora adecuada, visitaría de nuevo a la clínica para entregarle a Hinata su bolso y quizá, un ramo de girasoles a modo de disculpa por todo.
—Duerme bien, mi linda señorita.
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Lo que el doctor le recetó fue descanso, mucho descanso, que encontrara una actividad que le ayudara a relajarse y presentarse con un especialista emocional con quien pudiera compartirle sus problemas cuando sintiera que estos la sobrepasaban.
Hinata estuvo tentada a soltar una risa; no, nunca podría decirle a otra persona que estaba saliendo con un hombre mayor.
Neji nunca se fue de su lado, incluso él personalmente la dejó en su departamento. De forma inmediata recibió una llamada de Hanabi, quien se encontraba al otro lado del mundo cursando su maestría en Finanzas, preguntándole si se sentía bien.
—Estoy bien —calmó a su hermanita al otro lado—. No deben preocuparse tanto, fue un simple desmayo.
—Neji-niisan, por favor, dale un pellizco por decir eso.
—No puedo hacerlo, Hanabi, estoy conduciendo. Pero no te preocupes, me encargaré de que vea al especialista cuando pueda regresar a su rutina.
—U-Ustedes dos se preocupan demasiado. Me siento bien.
Fue mala idea hacer a Hanabi ser participe de todo, aliándose con Neji. Siempre hacían eso cuando ella padecía algo como aquello, provocándole sentirse mal por verles tan preocupados.
Hinata no podía evitar sentirse culpable por no saber controlar sus emociones. Sí, tuvo miedo de saber que Minato y Menma estaban en el mismo lugar; desconocía el por qué, pero no dudaba de que aquello fuera accidental, una simple coincidencia hecha por el destino sin que ella pudiera quejarse. Lo único que Hinata nunca esperó es que Menma le mandara aquella bebida, mirándola desde su mesa, con ese particular brillo en sus ojos que la hizo sentir nerviosa.
Para su mala suerte no traía consigo sus pertenencias, salvo su celular. Minato le mensajeó esa mañana, cuando despertó y desayunó, preguntándole cómo se sentía en su chat privado con él. Hinata le respondió, antes que nada, que se disculpaba por toda la conmoción que ella creó, para luego Minato ser quién le dijera que no debía sentirse así, que haberse desmayado no fue su culpa.
También le dijo que él tenía su bolso, que se lo entregaría a Neji, pues ya se había puesto de acuerdo en verse en un lugar común para hacerle llegar sus cosas. Un nuevo miedo se implantó en Hinata.
—Neji-niisan.
—¿Sí? —contestó el susodicho sin perder de vista el camino.
—¿Q-Quién me trajo al hospital? —preguntó, temerosa de preguntar viendo el mensaje de Minato que no contestaba todavía—. ¿F-Fue Tenten, verdad?
—No fue la única —contestó Neji, mirando a través del espejo retrovisor la figura de Hinata quien quería hundirse con los asientos traseros—. ¿Recuerdas a Minato Namikaze, el dueño de la Editorial Namikaze?
—Uhm —cómo podría olvidarle si era precisamente él quien le mensajeaba y tenía su bolso.
—Él estaba en el bar y te trajo antes de que alguien llamara a una ambulancia. Tenten dijo que le sorprendió la rapidez con la que actúo, pero lo vio normal considerando que siempre ha actuado así. Es un hombre muy amable.
«Demasiado» pensó, tentada a sonreír, pero se recordó que estaba con Neji en el auto, no podía andar actuando como una colegiala enamorada. Neji era increíble para leer el comportamiento de las demás personas.
—L-Lo es —susurró—. Ahora me siento más avergonzada —confesó porque de verdad era su sentir; que Minato le viera en ese estado, incapaz de controlarse sola le hacía querer ir a esconderse debajo de su cama—. ¿Namikaze-san te dijo algo acerca de mi bolso…?
—Oh, sí —Neji recordó el mensaje de Minato Namikaze comunicarle que debido a las prisas él se quedó con el bolso de su prima, el cual le entregaría cuando tuviera un espacio en su agenda a la hora de comer. Acordaron verse en un restaurante cerca del famoso cruce de Shibuya—. De eso me ocupo yo, no te preocupes.
—Uhm —volvió a asentir, con su atención en el teléfono, contestando al mensaje.
[Muchas gracias, por todo. Lamento ser así de débil. Espero no haberte metido en problemas] —escribió.
No tardó mucho en que Minato le respondiera.
[El que debería disculparse soy yo, te hice pasar por esto, al punto de que tuvieras que ir al hospital. En serio lo lamento mucho. Prometo remediar este error].
Hinata rio con ternura por la manera en que Minato siempre era tan honesto. Para él no existía el orgullo que debía cuidar en todo momento o elegirlo por encima de todo, siempre asumía la culpa de cosas de las cuales no debería.
Por supuesto que él no era el culpable. Minato no tenía una obligación con ella en decirle a dónde iba, igual que ella. Cada uno era libre de hacer lo que gustase, siempre y cuando no le hiciera daño al otro. Aunque no fuera una relación formal, de aquellas que podían dar a conocer a todos sus amigos o conocidos, cuidaban de respetarse mutuamente y darle el lugar que se merecía cada uno, eso incluía la privacidad de cada quién.
Ella se sentía con cierta responsabilidad, quizá si hubiera convencido a Tenten ir otra noche a tomar un par de copas o ir a otro bar probablemente nada de eso hubiera ocurrido.
Ni se hubiera reencontrado con Menma.
En cuanto llegaron al complejo departamental donde Hinata venía viviendo los últimos dos años, Hinata lo primero que hizo fue acostarse en su cama, sintiéndose cansada. La estadía en el hospital fue cómoda, hasta cierto punto, pero no pudo descansar como hubiera deseado a comparación de comodidad de su hogar.
—Iré por algo ligero para que comas y compraré unas cuantas cosas. ¿Necesitas algo más?
—No, Neji-niisan —contestó desde la cama, escuchando a su primo alejarse.
Tomó de nuevo su celular, abriendo el chat con Minato, no sin antes contestar los mensajes de Tenten que quería saber cómo seguía, pues ella no pudo quedarse con ella por tener que salir rápido a un viaje a Hong Kong. Le aseguró a su amiga que todo estaba mejor y que no debía preocuparse por nada, que tuviera suerte en su negocio y regresara con bien. Tenten le dijo que le llevaría un presente y algo que la hiciera sentir bien.
Hinata no supo cómo interpretar aquello último, Tenten solía ser impredecible con sus regalos.
El tono de notificaciones desvió su atención, era un mensaje de Minato, le había enviado una foto. No entendió al principio porque él enfocó la lente del celular en lo que parecía ser una florería, enviándole un emoticón que daba a entender que estaba en un lugar secreto. Hinata rio por cómo el mayor usaba los emoticones, recordando que tuvo que enseñarle qué significado tenía cada uno cuando éste, por accidente, le envió el emoticón de berenjena pensando que era para decirle que comiera saludable.
Hinata tapó el rostro por lo abochornada que se sentía de traer aquel recuerdo, pero luego soltó una risa al recordar también cómo Minato se avergonzó completamente, escondiendo su rostro detrás de las manos sin atreverse a verle el rostro por lo apenado que se hallaba de haber cometido tal error.
Ella replicó con un "?", pero Minato simplemente le respondió con otro emoticón que guiñaba, dándole a entender que ahora era todo un profesional en el manejo de los códigos de comunicación modernos.
Por un momento tuvo la impresión de quedarse dormida, debido a las medicinas que tomó antes de ser dada de alta. Quería darse una ducha, seguramente con eso despertaría, pero la cama se encontraba tan cómoda que no quiso moverse.
No obstante el timbre de su puerta la hizo despertar. Hinata bufó silenciosamente al levantarse, pensando que podría tratarse de algo importante, o quizá Neji que olvidó algo, aunque éste último tenía una copia de sus llaves para casos de emergencias. Usualmente no recibía muchas visitas que no fueran de Tenten o de su hermana menor, pero ya que éstas dos estaban fuera de Japón, Hinata no tenía idea de quién podría tratarse.
—¿Hai? —preguntó por el intercomunicador que le permitió ver a un hombre vestido con uniforme, mostrando su identificación que confirmaba que trabajaba para una empresa de mensajería.
—Un paquete especial para la señorita Hinata Hyuga.
—En un momento abro.
No esperaba nada en especial. Abrió la puerta, peinando un poco sus cabellos e intentando no verse mal con el pijama que Neji le compró. Cuando abrió la puerta un hermoso arreglo floral la recibió junto con la sonrisa cordial del mensajero que extendía dicho detalle hacia ella.
—Entrega especial para la señorita Hinata.
—Oh —recibió las flores de tonalidad blancas, eran claveles blancos, hermosos y recién cortados—. Muchas gracias —susurró conmovido por ese gesto.
Las mejillas se le sonrojaron al recordar la foto que Minato le envió estando en la florería. Él siempre era tan encantador y caballeroso.
—Solo debe firmar aquí —le comunicó el mensajero en amable tono, a lo cual ella ocupó el bolígrafo que él le extendía.
—Uhm —ella firmó la sección de recibido y el mensajero hizo un movimiento con su gorra, despidiéndose y deseándole un bonito día.
Hinata cerró la puerta, abrazando con cuidado sus flores, llegando hasta su comedor para dejarlas por un momento ahí en lo que iba a buscar un recipiente donde dejarlas. Al regresar Hinata notó que algo extra venía del ramo, era una tarjeta.
—Siempre tan romántico, Minato-san —dijo con una sonrisa amplia, casi doliéndole las mejillas por sonreír tanto, pero ese era el efecto de Minato Namikaze en ella.
Al abrir la tarjeta, la sonrisa de Hinata desapareció abruptamente.
No sabía que mi encuentro provocaría tal efecto en ti, Hyuga. Debí ser más sutil, espero me disculpes. Para recompensarte este mal momento, espero que las flores ayuden. ¿Claveles blancos, no? Una vez dijiste que eran de tus flores favoritas. Te dejo mi número personal para que puedas contactarme, quizá pueda remediarlo.
Menma Namikaze.
