Hola espero guste este segundo campitulo, T.T me rompo la cabeza con Virgilio, pero igual lo quiero, espero os guste Alexia, T.T tus criticas (constructivas, k luego me deprimo) seran bien recibidas.
VIRGIL.
Capitulo 2 "De corazón":
Ángela, corría por aquel camino en medio del frondoso follaje playero; no llevaba paraguas, jamás espero a que lloviera; todos los días caminaba una hora para llegar al pueblo, y lo mismo de regreso, vivía sola cerca de la playa, no había nadie que pudiese acompañarla a casa, o que al menos la acercara, era una especie de ermitaña, viviendo en la soledad, entre la naturaleza; tenia pocos amigos, y muchos conocidos, en su familia, prefería no pensar en ellos, su vida era transitoria, basada en una esperanza, una fuerza que le hacia levantarse todas las mañanas.
Disminuyo su paso, pues debía pasar por lugares resbalosos del camino, y prefería mojarse a tener accidente alguno, sabia que tardarían días antes de encontrarla si algo le pasaba; en su lento caminar pensaba en aquel hombre de la playa, elegante y apuesto, cuando lo conoció su cabello estaba desarreglado, se percibía tierno, pero al verlo en el pueblo, con el cabello recogido hacia atrás se veía apuesto; aquel hombre se notaba perdido, le había ofrecido su casa, haciendo lo que ella tanto rogó hicieran por ella alguna vez, pero seguramente aquel hombre ya se hubiese marchado; estaba distraída, y no visualizo a unas personas caminando cerca, de pronto escucho una voz, de una mujer tal vez.
- ¡PECADORA! ¡SUCIA!
Ángela busco de donde provenía aquella voz, encontró a varias mujeres caminando, y una de ellas se detuvo, posiblemente aquella que le gritaba, sin dudarlo mas aquella mujer de facciones duras, y cuerpo frondoso, lanzo una roca directo a la cabeza de la joven, sin reaccionar Ángela recibió la piedra que hizo una herida un poco profunda en su frente, otras mujeres la siguieron, lanzándole piedras a la joven mujer, quien no hizo mas que huir lo mas pronto que pudo, mientras lo hacia lloraba, incesante, se sentía tan sola… camino hacia la playa, mientras acariciaba su vientre, ya estaba totalmente empapada, no le importaba mojarse poco mas; sentía cada vez mas abultado lo que una vez fue un vientre plano, sonrió feliz.
Llego al mar, y lentamente comenzó a limpiar aquella herida, por desgracia perdía demasiada sangre, eso le preocupo, parecía profunda, saco de su bolsillo su pequeño celular.
- ¿Gian podrías venir?, creo que tengo una herida profunda –dijo la joven preocupada- gracias –dijo al escuchar la respuesta, lentamente se fue caminando a su casa, se cambio las ropas y puso unas gasas limpias sobre la herida, ya le preocupaba bastante pues no paraba de sangrar. Pasaron unos minutos, y entonces tocaron a su puerta, abrió lentamente, y sonrió ante el hombre de cabellos negros, que estaba frente a ella- me alegro que ayas venido –dijo la joven dándole el paso.
- esa herida, déjame revisarte –dijo el hombre que traía un pequeño maletín- siéntate –la joven lo obedeció y entonces el comenzó a examinarla, la impío con agua oxigenada y unas gasas, después saco aguja e hilo quirúrgicos y comenzó a zurcir la herida- vaya te e puesto ocho puntos, es una herida bastante grande, ¿Qué paso?-dijo el hombre mientras comenzaba a guardar todo.
- cuando venia de camino, me lanzaron una piedra.
- Ángela, cuando decidirás mejor irte al pueblo, se que hablan de ti, pero al menos no son tan anticuados como para apedrearte y menos en tu estado.
- Estas son mis tierras, y se que si las dejo, aprovecharan para destruirlas, no las dejare –dijo la joven con firmeza.
- esta bien no te alteres, pero por favor cualquier cosa llámame… y no empieces… no es nada, somos amigos, por estos servicios no me debes de pagar, suficiente me siento mal que tengas que pagar tus gastos médicos por el embarazo –dijo antes de que la joven siquiera hablara, entonces se acerco a ella acariciándole el pequeño vientre- este bebe cada día crece mas, se que será muy sano y muy feliz.
- gracias Gian.
- sabes algo… del…
- ¿del padre?, si se cosas de el, pero no quiero que se acerque a mi, lejos de nuestras vidas esta mucho mejor.
- ¿ya le odias?
- ni le odio ni le amo, nada, me es totalmente indiferente… hablando de otras cosas, hoy parece se marcho el hombre que te dije.
- Ángela –dijo en tono acusador- de verdad te vas a meter en líos, por andar ayudando a las personas sin juicio alguno, si no piensas en ti piensa en tu bebe, no es correcto que andes dejando a desconocidos entrar a tu casa, y menos viviendo tan lejos y sola, es riesgoso.
- ese hombre se veía afligido y perdido, me recordó a mi… quería darle mi ayuda, pero parece que ya se a marchado.
- ay Ángelita, de verdad tu eres única, pero ten mas precaución de ahora en adelante.
- la tendré –dijo mientras observaba al hombre guardar todo- ¿te vas?
- si, tengo el trabajo en el centro comunitario.
- cuando pueda iré ayudarte.
- no Ángelita, tu mejor descansa, ya te he dicho que en unos meses deberás hacer algo, pues no podrás caminar toda la distancia hasta el pueblo, tienes que pensar mejor las cosas.
- prometo hacerlo.
Ángela acompaño a Gian hasta la puerta, observo como su amigo, se marchaba en su camioneta, después miro el cielo, estaba nublándose, se acercaría una fuerte tormenta, decidió cerrar todo en casa, puso el refuerzo de las ventanas, y cerro bien la puerta, ya había tenido el accidente que los vientos fuertes, habían roto el cristal de sus ventanas. Después de cenar, se acostó en su cama, comenzó a leer aquellas revistas que compraba cada semana sobre la crianza del bebé, pero al estar recostada, percibió el aroma de aquel hombre, se sonrojo al pensar en el, no pudo evitar mirar lo apuesto que era, su cara se sintió arder cuando recordó que lo había desnudado… en su vida solo había tenido una experiencia de esa forma, y el era el segundo, y la verdad tenia un cuerpo 1000 veces mejor que el… digámosle, el padre de su bebé. Después de darse cuenta como sus pensamientos divagaban, decidió mejor regresar a pensar en lo mas importante de su vida, su bebe.
La noche llego pronto y con ello trajo una fría tormenta, Ángela ya descansaba en su casa, tranquila, cubierta de la intemperie, pero cerca de ahí, un hombre perdido en todos los sentidos, caminaba; estaba desesperando buscando la puerta del infierno por la cual cayo, ahora se sentía mas torturado, mucho mas que el seguir hundido en la nada, ahora estaba lleno de confusión, ira, coraje, no sabia que demonios hacer, prefería ir al infierno, el único lugar donde… sentía podía estar desde hacia tanto tiempo.
Virgil, seguía su camino, pero no sabia por que no encontraba aquella puerta, de pronto una voz brutal, lo distrajo.
- mira nada mas, Sparda, tan desdichado –el mencionado dio media vuelta para encontrarse con una figura espectral- te has vuelto humano Sparda, ¡JAJAJAJA! Ahora eres un simple… humano.
- ¿eso piensas? O acaso ¿es lo que te gustaría pensar para poder imaginar que me vences? Solo eres una basura parlante.
- ¿crees que te tememos Sparda? Ahora eres un simple mortal débil y frágil, como tu madre – El demonio lanzo un poderoso rayo de energía oscura, entonces cuando Virgil, lo recibió, blandió su poderosa espada estilo árabe, pero de gran tamaño, Virgil, apenas y logro sacar a Yamato- lo vez… humano.
Virgil, había perdido su habilidad de recuperarse, su velocidad, e incluso su manera demoníaca, pero eso no lo mostraba, su temor trataba de ocultarlo lo mas profundo de su corazón, mas el demonio lo saboreo.
- al salir del tu infiero, tus poderes se han bloqueado –le contesto el demonios mientras ambos seres se entregaban a una lucha, Virgil, tenia aun sus habilidades, limitadas al cuerpo humano- tu sangre de Sparda, esta ahora nula, eres humano, fuiste revivido esa es la consecuencia temporal, pero no te preocupes Virgil… pues volverás a tu infierno- la lucha encarnizada siguió, se escuchaban las espadas, la lluvia, seguía cayendo… pero entonces, Virgil cayo al suelo, aquella gran espada, ya había herido su hombro, pero ahora estaba incrustada en su abdomen, el joven peliblanco cayo a la arena, pero no sin antes sonreír- ¿Por qué sonríes ante tu muerte? –dijo el demonio.
- por que tu te iras primero –dijo Virgil triunfante mientras el demonio se desvanecía por la gran herida causada en su cuerpo, por otra parte el semidemonio, cerro los ojos esperando la muerte.
La mañana llego limpia, como si el cielo esperara un gran día, Ángela, abría su casa, como siempre después de las tormentas, entonces cerca, volvió a observar una figura peculiar, pensó que era Virgil, pero sonrió ante aquella idea, le parecía tonto, sin embargo siguió observando, dándose cuenta que en verdad era aquel hombre, dejo sus labores y corrió hasta aquel cuerpo, había rastro de sangre en la arena, aun cuando el mar había estando limpiado constantemente, lo reviso, eran profundas, y le preocupo mucho; regreso a su casa, y tomo algunas mantas, también su numero celular.
- ¡Gian, es una emergencia, por favor ven rápido! – precipitadamente colgó no dijo nada mas, guardo su celular, y comenzó a oprimir las heridas del hombre con las mantas; Virgil apenas y respiraba, sus latidos de corazón eran débiles, temía que muriera.
El medico llego pronto, juntos llevaron al hombre al hospital mas cercano, Ángela, paso cinco horas en la sala de espera, estaba preocupada y triste, cuando su amigo llego a su lado.
- se a salvado, es prácticamente un milagro… pero a mi me preocupan los gastos Ángela.
- yo los cubriré –dijo la mujer- tengo los ahorros del bebe, no te preocupes.
- esta vez no me preocupo, seguramente Dante te lo regresara al saber la situación, sin embargo es muy extraño que Dante no sane rápido.
- ¿Dante? –Pregunto la joven confundida- su nombre es Virgil.
- ¿Cómo?, no puede ser, si son idénticos, no te abras confundido, es idéntico a Dante.
- ¿Quién es Dante?
- es un cazador que conocí antes de venir a este lugar, viva cerca de su casa, de hecho una vez fue contratado por la señora que me rentaba el departamento, Dante destruye a todos los espectros malignos que se atraviesan en su camino… pero si dices que el no es Dante, son idénticos, tal vez sean hermanos. Creo buscare su numero para darle aviso.
- no –dijo la mujer apresurada- deja que el decida.
- Ángela perderás tus ahorros, los de tu bebé.
- el dinero es solo eso, dinero Gian, viene y va, no te preocupes, lo importante es la vida de ese hombre.
- tienes un corazón de pollo –la joven le sonrió con dulzura- bien, como eres una terca de primera, aremos esto, lo llevaremos a tu casa, para que no pagues tantos días de hospital, y yo le iré a revisar totalmente gratis ahí.
- gracias –decía la joven mientras lo abrazaba.
- pero de verdad, no se porque haces esto por un desconocido.
- me lo dice el corazón.
Al día siguiente a pesar de estar herido, Virgil fue trasladado a la casa de Ángela, donde ella lo cuidaba, excepto cuando tenia que ir a trabajar, pasaba las mañanas y las noches atendiéndole, fue una suerte que el hombre era fuerte, no le atacaron las fiebres, ni se infecto, simplemente estaba demasiado débil debido a la perdida de tanta sangre.
Habían pasado tres días, Ángela tenia que colocar le a Virgil suero para que no se deshidratara, además era la forma que daba sus medicamentos, el hombre se había quejado la noche anterior, pero seguramente solo era incomodidad, y el que recuperaba la conciencia de su cuerpo, también había comenzado a hablar, parecía le hablaba a personas de su familia, la joven prefería no pensarlo, ni molestarlo; ella guardaba con cuidado a Yamato, y limpiaba el cuerpo de Virgil, trataba que estuviera cómodo, y esa noche mientras lo hacia, el hombre parecía abrir lo ojos, sin embargo inmediatamente los volvía a cerrar, los esfuerzos debieron agotarlo mas de lo debido, pues cayo rendido y no volvió a despertar. Ángela durante todo ese tiempo, mantenía rezos para que el hombre se curara, a veces tomaba su mano, la entrelazaba con las suyas y oraba con fervor a los cielos.
- cúrate… por favor, Dios cúralo…
