Alexia espero os guste, gracias por los capitulos que cargaste del fic. Lamento la tardanza.

VIRGIL.

Capitulo 3 "Solo un ángel":

Virgil corría incesante, jadeaba, se tropezaba y una fuerza lo hacia volver a levantarse, huía desesperado, pequeñas lagrimas brotaban de sus intensos ojos azules, "sálvanos padre" pensaba mientras trataba de huir de aquellos mortales espectros que le perseguían. Corría por un cementerio, y entonces caía, se levantaba como podía, apoyándose de una lapida, y lo que veía le asustaba, su nombre grabado, trato de huir, pero entonces su mano rozo con algo, "Yamato" dijo al reconocer esa espada, que siempre se le dijo le seria entregada por su padre, a lo lejos un incendio, el fulgor llegaba al cielo, "Dante" gritaba su corazón mas sus palabras no salían, aquellos espectros le habían dado alcance, y sentía el dolor de las filosas armas perforar su cuerpo, entonces aquella voz, le repetía que se alimentaban de sus sentimientos, Virgil se levanto luchando, pero era inútil, sabia que el los alimentaba y lo seguirían hasta matarlo, y rápidamente su corazón, sus emociones fueron encerradas en una dura coraza, de la cual quiso olvidarse… su humanidad.

Abrió los ojos, y miraba a su madre, le ponía compresas frías en la frente, su mirada dulce y preocupada, sus ojos habían mostrado lagrimas, pero entonces se dio cuenta que no era su madre, los ojos que le miraban con tanta tristeza y preocupación no eran el azul que el heredo, eran verdes y cautivadores, el cabello rubio de su madre no enmarcaba su rostro, esa persona tenia un cabello negro azabache que enmarcaba, un rostro diferente, pero tan bello, lleno de ternura, como si fuera otro ángel en su vida; cerro los ojos, mientras en sus labios se dibujaba una sonrisa de burla, "¿acaso se están cayendo los ángeles del cielo?" se pregunto a si mismo, mientras sus fuerzas menguaban, dejándolo dormir, pero antes de perder la conciencia, sentía como tomaban sus manos, escuchaba una voz, era dulce, le inducía al sueño escucharla aun cuando no sabia que decía, sus palabras le traían tanta paz.

Entonces un recuerdo olvidado entre la oscuridad, un hombre alto, y de cuerpo marcado, fuerte, y rostro duro, su cabello blanco, sus profundos ojos, sentado en aquel sofá, "mi padre" recordó Virgil, veía como un espectador, aquellos momentos, su padre siempre serio, fuerte, y su madre delicada y amorosa, Dante, juguetón, hiperactivo, incluso saltando sobre mi padre, al cual no perturbaba, parecía hacerlo feliz, y la otra mitad de Sparda, entregada a los estudios; aquel hombre, "por el jamás nos atacaron, por el vivimos tranquilos, pero entonces… cuando se fue, todos aquellos seres de oscuridad llegaron a nuestras vidas… estamos malditos, envidio a los humanos, ellos no son perseguidos, mi madre, amorosa, sacrificada, yo hundido en la oscuridad, Dante llenándose de rencor contra el mundo oscuro, y yo aprendiendo a vivir en el para no ser jamás débil, para no volver a sufrir…"

Y sin saber si era un recuerdo, o una ilusión, aquella calidez conocida abrazaba el corazón duro de Virgil.

- Virgil –decía esa voz conocida de su nacimiento.

- lárgate mujer.

- Virgil, aprovecha tu oportunidad.

- lárgate, te maldigo, desprecio la herencia que me diste

- Virgil –decía aquella voz femenina, dolida, destrozada, su voz tomo el tono de dolor tan profundo que golpeo la coraza del corazón de Virgil- hijo mió, solo vive, por favor, ódiame pero vive.

- ¿Por qué no vas con Dante?

- no eres un demonio Virgil tampoco un humano… vuelve a la vida Virgil.

Virgil dejo de escuchar aquella voz, pero un recuerdo muy antiguo que intento bloquear por siempre en su ahora vida de demonio, renació, como si fuera el castigo de las palabras dichas. Virgil se observaba a si mismo, recordando aquella noche fatal, donde fue separado de su miad, donde su madre perdió la vida, aquel demonio, lo había tomado, y su madre se había aferrado a su brazo, sus fuerzas humanas eran pocas, pero no lo soltaba, su cuerpo era magullado, y ella seguía aferrada a su cuerpo, derramaba lagrimas, y la sangre de su cuerpo humano se derramaba, el mismo, le gritaba a su madre que lo soltara, que se escondiera junto a Dante, pero no lo hacia, y ella gritaba que jamás lo dejaría, que jamás lo soltaría, escuchaba sus rezos, le pedía a Dante que no saliera, y sus fuerzas claudicaban sujetándolo, y a pesar del dolor, no dejaba que la oscuridad lo absorbiera, fue solo un segundo, cuando los ojos de su madre se apagaron, sus fuerzas duraron poco y lentamente le fue soltando; el corazón de Virgil lloro incesante, su humanidad estaba saliendo de aquella oscuridad donde la oculto para sobrevivir en el infierno, pero ahora regresaba con mas fuerza, dispuesta a buscarse un lugar, y el ya no podía detenerla, todos aquellos sentamientos resguardados, ocultos en la profundidad de su alma, estaban cada vez mas afuera, la desesperación inundaba su cuerpo, regresaba su alma… Dante llego a sus pensamientos, lo único que le quedaba.

Ángela comenzaba a limpiar el sudor de Virgil, tenia la fiebre alta, no sabia porque, si había estado muy estable, era ya de madrugada, no había dormido nada, pero seguía poniendo compresas frías al cuerpo abatido en la cama.

Antes del alba, Virgil abrió los ojos, estaba vivo, confundido, pensaba que aquellos recuerdos eran parte del infierno que se abría de nuevo a recibirlo, pero eran las puertas de la vida, dispuesto a torturarlo, intento moverse, pero le dolía el cuerpo, toco su pecho, las heridas estaban latentes, pero había sido curado, había vendas limpias cubriendo sus debilitado cuerpo, se quedo quieto un minuto reconociendo aquel lugar, sonrió con ironía, aquella mujer le había vuelto a salvar la vida, "¿acaso es obra tuya madre?" se pregunto en la mente, y entonces sintió una opresión en su pierna, se movió un poco para verle, era aquella mujer junto a la cama, dormida en el suelo, solo apoyando su cabeza sobre su pierna, había una vasija con agua y algunas compresas, miro alrededor, medicamentos, y vendas secas, debía irse de ahí, antes de deberle mas a esa humana, se levanto como pudo tratando de no despertarla, pero al ponerse de pie un mareo le hizo casi caer al piso, volvió a ponerse de pie, y usando toda su fuerza, levanto el cuerpo de la joven para acostarlo en la cama, no sabia porque lo hacia, pero al final lo hizo, comenzó a vestirse, aunque aquella ropa casi estaba ya inservible, miro alrededor, y sobre la mesa una revista de maternidad llamo la atención, prefirió ignorarlo, no era de su incumbencia, y antes del amanecer el hombre se dirigía sin rumbo dispuesto a marcharse lo mas lejos posible.

Ya había amanecido, cuando un hombre detuvo a Virgil en un camino aledaño al pueblo.

- no debería estar caminando –dijo Gian preocupado- ¿Dónde dejo a Ángela? –Esto lo menciono mas preocupado, pero a Virgil no le importo y siguió su camino- Ángela gasto todo el dinero que tenia guardado para el nacimiento de su bebe en usted, debería agradecérselo por lo menos.

- yo no le pedí que me ayudara.

- y seguramente nadie le abría ayudado, mas que esa alma caritativa que usted a dejado sin nada.

- no es mi responsabilidad, es de ella por ser tan ingenua.

- es verdad… usted no es Dante –dijo el hombre haciendo que Virgil se sorprendiera, Gian por su parte enfadado, subió a su vehiculo y condujo alejándose pronto de ahí.

- ¿Dante? –menciono para si mismo. Un sentimiento comenzó a apoderarse de Virgil, odiaba cuando eso pasaba, y sabía que era- ¿remordimientos?... maldición madre, ¿Qué me quieres enseñar ahora? –dijo enfadado- seguramente el viejo también esta implicado en esto, tu no eres tan maliciosa… Eva.

La mañana despertó a la joven de cabello azabache, miro confundida todo, el hombre se había marchado de nuevo, se enfado demasiado, tantos cuidados para que una persona que no era el mínimo agradecida tuviera cuidado, pero si volvía a encontrarlo moribundo ahí lo dejaría, esas palabras eran las que se repetía en la cabeza la joven, mientras limpiaba su pequeño hogar, decidió hacer limpieza profunda así que comenzó abriendo todas las ventas y que la brisa limpiara el ambiente, también quito las sabanas y mantas, las lavaría el fin de semana, fregó todo el lugar, y sacudió el polvo. Una vez terminada con la casa comenzó con ella misma, dispuesta a lavarse e irse a su trabajo, se sentía complacida, al final había ayudado a alguien, aun cuando esa persona no quería ayuda.

El día paso rápido, y Ángela como siempre regresaba a su hogar, tomaba el mismo camino de siempre, y de nuevo aquellos insultos comenzaron a llegarle.

- ¡PROSTITUTA! –gritaba unan varias mujeres, y su ira fue tal que comenzaron a lanzarle varias piedras de tamaño considerable.

- ¡Basta! –pedía la joven en suplica, cuando trataba de huir, pero aquellas mujeres eran demasiadas, y sus ataques nadie los detenía, de nuevo aquella herida que apenas se cerraba en su cabeza fue abierta, junto con tras en su rostro, sus hombros, y la peor en su abdomen, cuando esta ultima ocurrió la joven no acertó nada mas que hacerse un ovillo protegiendo a su criatura, aun cuando con eso ponía en riesgo su propia vida, no deseo pensar en nada, simplemente se abrazaba a su vientre, mientras su sangre corría por su rostro de nuevo, no supo cuando termino todo, no se dio cuenta que no volvieron a golpearla, y menos vio al hombre que la protegía.

- levántate, te llevare a un hospital –dijo aquella voz árida, pero hermosa. La joven miro al hombre, aquel cabello blanco de nuevo arreglado hacia atrás, vestía las ropas rasgadas con las que le había encontrado.

- tengo miedo a levantarme, me han pegado en el vientre –Virgil se giro hacia ella, se inclino dispuesto a levantarla en brazos aun cuando sus heridas aun dolían, pero ella lo sujeto de las manos- no, usted esta herido, no se preocupe de verdad –saco el celular de su bolsillo, y marco el numero conocido de su gran amigo- ¿Gian? Necesito ayuda, me e golpeado el vientre… estoy camino a mi casa, pero no deseo levantarme, tengo miedo… gracias. –La joven volvió a guardar el teléfono miro a aquel enigmático hombre- ¿Por qué sigue aquí?

- no me gusta deberle nada a nadie, y a usted le debo ya mi vida dos veces –dijo el hombre serio- le pagare lo que ha hecho por mi y me marchare.

- no es necesario –dijo la joven tranquila- usted me a salvado la vida de esas mujeres, no se apure por esas cosas, no lo ayude para que me debiera nada, esta en libertad de marcharse.

- no lo are, le pagare… dígame ¿Qué es lo que quiere? –dijo con seriedad.

- lo que yo mas quiero en este mundo no puede dármelo, pues ya lo tengo aquí en vientre –la mujer se abrazaba a su cuerpo, y Virgil sintió una punzada de dolor y curiosidad "¿acaso así pensaba mi madre cuando estuvo en cinta?" se pregunto intrigado aquel duro hombre, pero una voz lo saco de su ensueño- de verdad no tiene porque preocuparse, váyase tranquilo, no ay problema alguno.

- bien, si no quiere decirme nada, are mi voluntad, le daré lo que yo crea conveniente –dijo serio.

- este bien –lo acepto la joven.

- ¿por que solo acepta las cosas –dijo mirando que nadie mas se acercara- por que no pide, o exige?

- por que aprendí desde muy joven a no esperar nada de nadie, si me lo dan, estará bien, si no me lo dan, también –dijo ahora ella con un poco de seriedad- aprendí a no depender de nadie, y no pedirle nada a nadie, pero no por ello dejare de ayudar a otros… las personas somos muy complejas.

- tu eres el ser humano mas complejo que e conocido –dijo sinceramente.

- mmm, pues es extraño que me nombres como ser humano, siendo que tu también eres uno, pero… la verdad no se que contestar ante esas palabras, jamás me e considerado compleja… aunque así debe ser como cada persona se considera, uno debe pensar soy muy fácil de entender y la realidad no es así, tal vez por ello nos frustramos cuando los demás no logran ponerse en sintonía con nosotros.

Entonces una camioneta apareció cerca del lugar, Gian corrió hacia la joven, estaba preocupado, miro las heridas superficiales, le habían vuelto a abrir la frente, pero le preocupaba mas su embarazo, primero tomo signos vitales, e hizo todo el procedimiento, reviso que no existiera hemorragia vaginal, y al estar todo bien, por fin dio un profundo respiro de alivio.

- tu bebe es muy fuerte –dijo al final el hombre- veo que volviste –se dirigió al peliblanco.

- el me ayudo con aquellas personas que me lastimaron… no se como, pero me ayudo –dijo sonriéndole gratamente- además se quedara en casa conmigo hasta que se recupere de sus heridas –dijo la joven mientras se levantaba lentamente- así que no te preocupes que al menos estos días no estaré solita.

Nadie más dijo nada, y Virgil pues no tenia lugar a donde ir, y no quería marcharse sin pagar aquellos favores, Gian los llevo hasta la pequeña casa, pero no quedo muy convencido, aun así no podía hacer mas Ángela era muy decidida, y tenia su carácter a pesar de ser tan dulce, era muy decidida y defendía su decisión a capa y espada, y lo sabia por como defendía su embarazo por sobre todo lo existente, y aunque se opusiera, ayudaría a ese hombre sin importar razón alguna.

Gian siempre andaba aprisa, tenia demasiadas cosas que hacer y a veces los anteponía por ayudar a su amiga, así que una vez la curara de nuevo, se marcho, rechazando la invitación a cenar; Virgil estaba afuera de la pequeña casa, y solo se digno a entrar cuando la joven le llamo para la cena, todo fue silencioso, el hombre siempre estaba sumido en sus pensamientos, aunque Ángela hablaba y hablaba, si no era tratando de buscar platica al peliblanco era con su bebe, cuando la noche se hizo profunda.

- debes estar cansado, puedes dormir en la cama, tu herida debe reposar.

- ¿y tu?

- en la hamaca –dijo señalándola.

- yo dormiré ahí –es tu casa.

- no, para nada, tus heridas corren peligro de abrirse, y me costaron muchos desvelos, así que tu duermes en la cama yo en la hamaca.

Virgil sintió coraje, nadie le hablaba de esa forma, nada le costaría matarla ahí y desaparecer esa misma noche, pero esa idea fue tan fugas, que pronto abandono la idea, no estaba cómodo con la decisión, pero así lo acepto. Esa noche Virgil aparentaba dormir, y escuchaba las suaves palabras de esa futura madre a su criatura.

- serás muy feliz… no me importa si eres niño o niña, solo que seas sano, te amare tanto y te protegeré de todo, moriré antes de que permita te suceda algo malo.

Virgil sintió una punzada en su alma, se enfado en el fondo del corazón, era un mensaje de su madre, todo esto era como si lo estuvieran planeando para el, pero seguiría el juego de momento, pues pondría mas en riesgo a esa pequeña familia, que el simplemente haberse marchado.

Continuara...