VIRGIL.
Capitulo 4 "Esperanza":
Al día siguiente, Virgil escucho como aquella mujer se metía con gran rapidez al cuarto de baño, parecía… vomitaba, el hombre estaba cansado, se había quedado dormido, le parecía extraño no haberse levantado temprano, seguramente debido al cansancio, se distrajo un poco, se levanto con pereza y arreglo la cama, después tomo asiento en la silla del comedor, miraba con cuidado cada detalle de ese lugar; observo de nuevo en la mesa una revista para padres, estudio los títulos, "como bañar al bebe", "como hacer que tu bebe duerma toda la noche", "es mejor amamantar a tu bebe o darle biberón"; el peliblanco sonreía discreto, le parecía una broma todo ese concepto de la familia y el cuidado de los hijos, se quedo pensativo, saldaría su deuda pronto, ya había encontrado como pagarle a aquella mujer todos los favores no pedidos.
Virgil era un hombre, y además de palabra y honorable, sabia bien que esa criatura que lo ayudo era solo una mujer indefensa, sin importar la raza inferior de la que proviniera, la ayudaría, con algo que se necesitaba y enviciaba tanto en su mundo. Ángela salio del cuarto de baño, hacia rato se escucho la ducha, cuando salio estaba vestida con una ligera falda que llegaba debajo de sus rodillas, una blusa de tirantes gruesos, y sandalias.
- ¿Qué deseas desayunar? –pregunto acercándose a la cocina a revisar el pequeño frigorífico.
- me da igual –contesto el hombre en su típico tono.
- mmm, bueno si es tu respuesta, are pan queques tengo tanto antojo.
La dama comenzó a preparar el almuerzo, rápidamente los primeros fueron servidos a Virgil, quien como su buena educación lo indicaba espero a que la joven se sentara a comer para comenzar el. La verdad no era algo que se le antojara mucho, pero ni se sentía con el animo de exigir como tampoco se pondría a insultar aquel hogar en el cual lo recibieron; la joven comenzó a prepararlo, y Virgil simplemente los corto así, ella no dijo nada, y comenzó a debitarse con el sabor de aquel dulce desayuno, Virgil tubo un recuerdo, de aquellos tiempos, donde su hermano y el, levantaban a su madre para que les prepara este desayuno… desde el día que se alejo de ellos no había vuelto a comer algo así, era una ironía que lo hiciera ahora; cuando los probo debió aceptar para sus adentros que eran buenos, "seguramente Dante estaría exigiendo mas y se acabaría cuatro de un solo bocado" pensó para si mismo, recordando al eterno glotón de su hermano.
- ¿no comerás mas? –dijo la joven que empezaba a comer fruta.
- no gracias, lavare estos trastos –dijo el hombre levantándose, pero ella lo detuvo.
- no, tu debes estar quieto o se abrirán tus heridas, yo lo limpiare, además me gusta hacerlo a mi, tu sigue sentado, no te apures, me ayudaras cuando tus heridas cicatricen.
- como gustes –dijo con desden.
- la verdad lamento no poder ofrecerte nada mas, no tengo televisor, y lo único que tengo para leer son revistas de maternidad –la mujer sonrió dulcemente- pero si estas aburrido puedes leerlas no hay problemas, también puedes tomar lo que necesites, si deseas comer o algo así, no hay problema…creo que hay que conseguirte ropas, esas están muy gastadas –después de eso la mujer se concentro en terminar su desayuno y comenzar a lavar los platos. Virgil solo seguía sentado en la silla, observando a la mujer, al grado de ponerla un poco nerviosa.
- necesito ir al pueblo –dijo seriamente el hombre.
- esta bien, pero no creo correcto camines tanto en tu condición.
- tampoco en la tuya –contesto serio.
- bueno a mi me faltan unos meses mas para tener una pelota de cintura, pero lo cierto no se que are cuando este mas grande. Y dime ¿has pensado que hacer de tu vida?, ¿tienes familia?, ¿casa? –pero el hombre no contesto, la mujer espero largo tiempo, termino de lavar y se sentó frente a el- no se preocupe por nada, todo estará bien, si gusta vamos ahora al pueblo, yo tengo que trabajar, pero si nos vamos ahora podremos ir a un paso calmado.
- como gustes –Ángela comenzó a sentir un poco de fastidio ante la indiferencia de aquel hombre, pero bueno no importaba, seguramente se iría pronto, además le gustaba simplemente ayudar.
La distancia al pueblo era considerable caminando, pero no importo mucho, siguieron el camino indicado, o mejor dicho ya erosionado, Virgil se sorprendía de la tranquilidad de aquel lugar, y que aquella mujer prácticamente viviera como ermitaña.
- ¿Por qué vives tan lejos? –dijo el hombre.
- mmm, pues estas son mis tierras, herencia de mi madre, desde el mar hasta donde comienza la carretera.
- es bastante.
- si, lo es, me han ofrecido dinero para venderla tierra, pero no acepto, seria horrible que lo convirtieran en un centro turístico, y destruyeran la hermosura de este lugar.
Ya no dijeron palabra alguna, caminaron en silencio, y al entrar al pueblo el hombre observo como comenzaban a hablar de la joven, pero a ella parecía no importarle, siguieron su andar hasta aquel lugar donde le hablo por primera vez.
- yo trabajo a unas cuadras de aquí, si necesita algo búsqueme, es un establecimiento de fotografías… que tenga lindo día Virgil.
El hombre no contesto, se limito a observar como se marchaba aquella mujer; por su parte ella presentía que ese hombre posiblemente no volvería, se giro a verlo por ultima vez le sonrió y le dijo adiós con la mano; aquel acto a Virgil le sorprendió, esa mujer de verdad lo confundía, era el ser humano mas extraño que había conocido en su vida, pensaba esto mientras seguía caminado; si era honesto con el mismo lo desesperaba, era demasiado noble, para lo que estaba acostumbrado a tratar. A unas cuadras donde se había alejado de la mujer encontró un banco, sonrió satisfecho, al menos no parecía un pueblo tan anticuado, era un banco de aquellos que encuentras en todo el mundo; caminaba satisfecho, estaba cansado de andar andrajoso, y la verdad quería saldar la deuda con aquella mujer, tenia todo planeado… excepto, que hacer con el mismo.
Con su andar altanero y su mirada arrogante entro a aquel banco, no espero fila alguna, no hizo caso a la dama que le ofreció ayuda, con la mirada rápida había localizado aquel cubículo que decía "gerente" y hacia allí de dirigía con rapidez. Un hombre se atravesó con prisa en su camino.
- ¿en que puedo ayudarlo? –dijo el hombre calmado, con ese típico tono de los banqueros cuando desean sacar comisión alguna.
- quiero hablar con el gerente –dijo el hombre fríamente.
- el ahora no se encuentra, pero con gusto yo el ayudare, soy el subgerente.
- muy bien, espero seas de utilidad.
Aquel hombre paso a Virgil a su escritorio, el peliblanco tomo asiento en el lugar de cliente, lo cual le enfadaba, coloco a Yamato sobre el suelo de tal manera que si surgía algún inconveniente lo resolvería con la rapidez que su actual situación le permitiera. El banquero presintió lo peligroso de aquel hombre y trato de no alterarlo, pero buscaba con cuidado el botón de emergencia por si fuese algún loco.
- bien señor, mi nombre es Ramón, estoy para servirle, solo dígame que necesita.
- retirar una muy fuerte cantidad de mi cuenta.
- ¿tiene cuenta en este banco?
- si –dijo impaciente por las entupidas preguntas de aquel hombre.
- puede mostrarme sus documentos, necesitare su tarjeta de afiliación, y una identificación.
- no tengo.
- señor me temo que no podré realizar tramite alguno si no tengo esos datos.
- me estoy impacientando –advirtió el peliblanco- jamás llevo conmigo lo que me esta requiriendo y aun así obtengo lo que deseo, así que en este instante me dará el dinero que estoy solicitando de lo contrario se arrepentirá.
- lo lamento mucho señor –dijo atemorizado el hombre mientras activaba la alarma silenciosa.
- mi nombre es Virgil Sparda, y me tienen en el sistema.
- señor lamento informarle que sin documentos que lo avalen no podré hacer nada, por favor retírese.
Virgil fastidiado se levanto de su lugar y se acerco a aquel hombre, lo sujeto de la ropa y lo levanto de la silla, tirándolo a un lado, tomo asiento, y también el teléfono, marco entonces una serie de números que sabía de memoria; sin embargo afuera, el gerente del banco y la policía se acercaban con gran velocidad. Virgil por su parte había sido respondido, era una voz femenina la que respondía a su llamada.
- sr. Sparda, ¿Qué necesita? –dijo servicial.
- estoy perdido en un pueblo ubicado en la nada, requiero dinero y todo lo demás, y el banco no deseaba atenderme.
- permítame unos instantes señor Sparda, si gusta comunicarme a alguna persona del banco, en este instante lo arreglare todo.
- una cosa más, necesito documentos con otro nombre.
- ¿bajo que nombre desea tenerlos señor?
- Virgil Nelo Ángelo.
- inmediatamente señor, ahora si me permite algún encargado del banco, arreglare que le transfieran una cuenta, con solo su huella digital –Virgil se levanto de la silla y aventó el articular al hombre que comenzaba a levantarse con cuidado por el temor- contesta, ya esta arreglada mi situación.
- ¿di…diga? –dijo aquel atemorizado hombre mientras Virgil caminaba tranquilamente, pero emanaba una energía aterradora, los demás trabajadores del banco, estaban bajo la alarma silenciosa y estaban tratando de aparentar normalidad, pero en cualquier momento se esconderían. Por su parte Ramón fue reprendido- soy Ramón Ávila.
- Ávila, deberías revisar mas los boletines de clientes preferenciales, y te darás cuenta que el señor Sparda tiene el beneficio de no cargar con documento alguno y el dinero le es brindado por medio de su huella digital, así que ahora mismo vas a arreglar lo de la alarma silenciosa que se a encendido en tu banco, y entregaras al señor la cantidad que desee, además de hacer los tramites que el necesita, en pocas palabras si el sr. Sparda te dice salta tu preguntaras ¿Qué tan alto? Y en cuanto llegue tu jefe, que marque al banco matriz en la extensión 4528; te lo diré como concejo, si el sr. Virgil se queja de ti, tu serás despedido inmediatamente, sin ninguna objeción, ese hombre que tienes frente tuyo es dueño del 22 de las acciones bancarias, y tiene mas dinero del que has soñado toda tu vida, cumple lo que diga –dijo la mujer amenazante. Después colgó el teléfono, justo en el momento que llegaba toda la policía de aquel pueblo a rodear el banco, comenzando a usar el altavoz.
- ¡BIEN, SALGA CON LAS MANOS EN ALTO! –gritaba un hombre. Ramón, salio corriendo inmediatamente, el gerente del banco se sorprendió y el hombre se acerco al oficial.
- lo siento mucho fue una confusión, un error, discúlpenme, no deseo perder mi trabajo, por favor, me asusto ese hombre con su espada.
- si ay un hombre armado, lo arrestaremos.
- no por favor oficial, de verdad fueron nervios míos, el señor no ha hecho absolutamente nada.
Después de unas horas, la confusión se arreglo, aunque Virgil ya estaba exasperado por el servicio; ahora el gerente hablaba con aquella mujer; mientras Virgil sonreía divertido a las desgracias ajenas; pero ¿Quién era aquella mujer?, la respuesta estaba en el pasado de Virgil.
Flash back.
Cuando comenzó a adentrarse al mundo de los demonios, y se unió a algunos humanos, ciertos favores del Virgil fueron remunerados, pero no fue hasta que obtuvo ciertos contactos con un hombre tan rico, que realmente era dueño del 60 de las acciones de aquel banco; Virgil le había ofrecido un gran servicio y una gran cantidad de dinero le fue regresada, además de un porcentaje de ese banco, contar aquellos trabajos de Virgil, serian tristes y desagradables, incluso recordarlos para el lo eran, la muerte de mucha gente ansiosa de poder, de incluso muchas personas inocentes; pero eso quedaba atrás, pero al conocer a aquel hombre mejor llamado William Coraliane, descubrió que su padre los había dejado bien protegidos desde la infancia, y un gran fideicomiso crecía a cada año, no sabia si Dante sabia del suyo, pero de saberlo ya se lo abría gastado, Virgil en cambio no le interesaba, mas los intereses que había generado tal cantidad de dinero, se incremento al grado de que Coraliane, le dijo se asociaran; Virgil no perdía tiempo con aquellas acciones mundanas, pero sabia bien que en el mundo humano el dinero movía el mundo; fue una tarde que salía de aquel banco, donde encontró a una joven mujer desesperada por un empleo, se puso a su lado, le rogándole por trabajo, a Virgil le pareció patética y al mismo tiempo desesperada; era lógico que buscara trabajo en aquellas oficinas, pues era el banco de elite, donde solo personas con mas de 7 ceros en su cuenta acudirían; pasaron varios días, la había visto ahí un par de veces, un día que la mujer ya no se acerco mas, pues perdido las esperanzas, un sentido extraño de Virgil o tal vez aquellos momentos de debilidad humana que suelen atacarlo, le hizo acercarse a ella.
- ¿Qué sabes hacer? –dijo el hombre, y la mujer no podía dejar de parpadear- si no sabes hacer nada, para que insistes en buscar trabajo.
- tengo una licenciatura en contabilidad, maestría en administración y doctorado en administración empresarial.
- bien, mañana llega a esta hora aquí, vístete elegante, pues serás mi empleada, trae toda tu documentación, y piensa bien solo una cosa, ¿Cuánto dinero deseas ganar? Esto porque no deseo robes de mis ganancias.
Virgil se fue, la dama quedo confundida, e incluso insegura, de aquel sujeto, pero estaba desesperada, la mujer había quedado en quiebra a causa de un marido adicto y jugador, empezaba una pena de divorcio, fue despedida por aquel hombre que debía ser su pareja y además tenia tres hijos a los cuales mantener; aquello movió a esa mujer para al día siguiente arreglarse lo mejor que pudo, pero aquellas preocupaciones lograron que un rostro de apenas 29 se transformara en uno de 40; el nombre de aquella mujer Sharon; se arriesgo y fue aquella cita con aquel importante hombre, la lleno con golpes de sinceridad, diciéndole que le daría el empleo, pero que jamás lo traicionara o moriría, también que debía hacer lo que el pedía así fuera legal o no, para el no importaba y menos con el dinero que tenia; Sharon acepto, y se convirtió en el sirviente mas leal de Virgil, siempre en las sombras, tenia un numero telefónico abierto solo para cualquier necesidad de su sr. No importaba en que lugar del mundo se encontrara, o que no llevara ni un solo papel de su identidad; Sharon resolvía cualquier problema legal, monetario, o lo que fuese humano del hijo mayor de Sparda, además invertía y cuidaba cada centavo del peliblanco; si Virgil fuera conocido y Sharon no gastara tanta energía en proteger su identidad, seguramente el semidemonio estaría en la lista de los mas buscados ricos del mundo, pero eso no podía saberse, Sparda era discreción, y Sharon su mas fiel sirviente, la mujer tenia un sueldo envidiable, por su cabeza jamás pasaría la idea de robar a Virgil, pues el dinero que ganaba era para exagerar comodidades, la mujer no solo tenia dinero, también poder y contactos, sin contar la protección de los poderosos ricos con los que Virgil se liaba, nadie debía saber la identidad del sr. Sparda, o todos sufrirían las consecuencias.
Fin Flash back.
Virgil de nuevo hablaba con Sharon, ahora cómodamente sentado en el sillón principal de aquel banco, todos les servían lo que necesitaba, y llegaban al hastió del hombre que tubo que correrles a todos.
- Necesito todo para que comiencen a construir una casa, lo mas pronto posible, también quiero un automóvil, y necesito mi ropa.
- su ropa ya esta en camino señor, llegara en unas horas, solo que no tengo idea a que hotel debo mandarla.
- renta una habitación de hotel para mi ropa, avísame solo donde estará –a Sharon esto no le parecía extraño, tenia bastantes años trabajando para aquel hombre y aprendió a no cuestionar solo actuar- deseo dejar una cuenta de banco con una fuerte cantidad de dinero, pero no se el nombre de la persona a la cual le pertenecerá, aun no nace.
- bien solo necesitare el nombre de la madre, si no lo tiene, dígame el nombre de pila y comenzare a investigarlo inmediatamente.
- Ángela, quiero que la mujer y su hijo, tengan protección financiera para el resto de su vida.
- por supuesto señor –esto a Sharon no le era extraño, además la mujer no estaba sola, tenia diez empleados que se movían inmediatamente a sus ordenes, la mayor parte del tiempo era tranquilo, pues Virgil no eran un jefe muy frecuente- ¿algo mas?
- quiero que se empiece inmediatamente con la construcción de la casa.
- mañana mismo estará el mejor arquitecto ahí mismo.
- es todo.
Sharon termino de dar indicaciones al gerente del banco, claro con aquel rudo vocabulario, también había conseguido la cuenta bancaria de Ángela, depositándole una jugosa cantidad; pero Virgil no solo abría de pagar el dinero, también el tiempo que le ofrecía.
Virgil, espero pacientemente afuera del lugar donde Ángela trabajaba, esta al salir se sorprendió de verlo, le sonrió a pesar de su confusión.
- una casa.
- ¿Cómo? –dijo la joven que sinceramente a veces no lo entendía.
- mi pago hacia ti, será una casa, a tu entera libertad de construcción y muebles.
- no, espera, yo no puedo aceptarte eso.
- dijiste que aceptarías lo que yo ofreciera y esa es mi recompensa.
La joven quedo sorprendida, y en silencio, caminaron hacia la pequeña casa cerca de la playa, cuando pasaron por el camino cubierto de plantas, las mismas mujeres que todos los días asistían a aquel lugar, esperaban a la mujer, pero al ver a ese hombre de aspecto imponente no le atacaron físicamente, pero si verbalmente.
- ¡VUELVES A VENDERTE, PROSTITUTA!
Ellos no hicieron caso alguno, siguieron su paso sin importar los gritos e insultos, al llegar a aquella casa, todo se volvió tranquilidad, Virgil no entro, se quedo afuera mirando el mar, Ángela preparo la cena, y después llamo al peliblanco. No cruzaron palabra alguna, todo era silencio, pero no importo, la joven seguía manteniendo su ánimo habitual, y como todas las noches, le hablo a su bebé, mientras Virgil escuchaba en silencio.
- te amo mi bebé, tengo tantos deseos de verte ya, pero todo será hermoso cuando nazcas, te llenare de besos y abrazos, mami siempre te dirá cuanto te ama.
Y virgil, no pudo evitar recordar su infancia.
Continuara…
Alexia gracias por leer este fic, aunque se que tu favorito es Dante, saludos, byepsssssssss
