VIRGIL.
(Devil May Cry y ninguno de sus personajes me pertenece… por desgracia xD)
Capitulo 8: "El libro de la espina negra"
Virgil caminaba por la casa bastante confundido, era demasiado temprano pues apenas y los rayos del sol comenzaban a difuminarse por la tierra pero su actual hogar era extremadamente silencioso, además no sentía la presencia de la joven morena con quien vivía, la sintió salir temprano pero era su rutina ir hacia el mar, sin embargo había pasado mas del tiempo usual. Un extraña premonición se formo en el hombre de cabellos blancos, por alguna razón sentía una incomodidad con el ambiente, algo que cuando era niño le dijeron se denominaba… angustia.
Llego la tarde y escucho un sonido molesto e insistente, reconocía que era y buscaba con cuidado aquel aparato que Ángela denominaba celular, el cual no paraba de sonar hacia 10 minutos. Cuando localizo la ubicación del aparato, miro con cuidado el teclado y por lógica pulso el botón verde.
- ¡¿ANGELA DONDE ESTAS?! –se escucho una desesperada voz por el auricular.
- No esta aquí –contesto fríamente el peliblanco.
- ¿Cómo? ¿Quién habla?... ¿Virgil? ¿Dónde esta Ángela? –el hombre se escuchaba desesperado, de verdad le estaba perturbando a ojiazul.
- No esta, se fue desde temprano.
- ¡MALDICION! ¡SI APARECE AVIZAME, NO ESTA EN EL PUEBLO! –se corto la conversación.
Virgil dejo el aparato a un lado, realmente le perturbaba aquello, nunca había tenido un problema con Ángela y jamás había desaparecido de esa forma, busco a Yamato en su habitación para luego dirigirse a la gruta donde estaba parte del legado Sparda.
- ¡Ángela! –Llamo con su profunda voz a la entrada, pasaron varios minutos y no recibió respuesta, medito varios minutos e intento cruzar aquella invisible barrera pero se lo impidió, resignado- ¡Ángela!
Sabia que no estaba ahí, así que no tardo demasiado en aquel lugar, en su mente pasaban mil ideas, primero pensó que pudieron haberla atacado alguna de las mujeres que solían molestarla, pero la camioneta había desaparecido; así que a su mente le venia que posiblemente estuviera en algún lugar de la carretera, en un accidente o… bueno prefería no pensar, debía concentrarse en encontrarla, debía concentrarse en sentirla.
El sol se ocultaría en un par de horas y Virgil no tenia rastro alguno de la mujer de ojos verdes, estaba frustrado, seguía recorriendo las carreteras hacia el pueblo cercano, aquel que en algún momento la mujer llamo "maldito" se sorprendió escucharla decir esa palabra y mas por la forma profunda que fue mencionada, había leído sobre problemas de las Blackthorn en ese lugar pero no quiso investigar profundamente.
Corría por la zona poblada de vegetación esquivaba los arboles con suma facilidad, pero entonces detuvo su andar, percibió el olor a sangre humana y demasiado fresca, de nuevo una emoción humana se apodero de el haciéndolo redoblar su paso anterior. Observaba con sus escudríñenos ojos zafiro cada rincón visible a su vista.
- … Virgil… -Creyó escuchar el hombre haciéndolo detener el paso para buscar, pero no había nada, siguió su camino, la sangre podía olerse cada vez mas fuerte.
No supo cuanto corrió pero llego a la entrada de un pueblo que fácilmente seria el set de una película antigua, todos los edificios de piedra gruesa, incluso había una castillo, se veía demasiado antiguo y algo no andaba bien en aquel lugar, inmediatamente el Sparda sintió toda la energía negativa acumulada de aquel lugar, no sentía la presencia de ningún demonio pero seguro se darían un banquete con toda esa maldad humana. Entonces percibió el olor de Ángela, camino despacio pues los humanos a su alrededor lo miraban extrañado, su paso lento e imperturbable continuo, hasta que diviso a un costado la camioneta que el mismo había comprado para la mujer, su seño se frunció mas y siguió andando buscando con la mirada algo que le indicara donde estaría la mujer de cabellos azabache.
Camino por varias calles que parecían laberinto y pocas personas estaban a los alrededores. El sol estaba ya cerca de ponerse y el color del cielo era rojizo, pero Virgil tenia seguía con su mal presentimiento, estaba perturbado y por que no confesarlo… preocupado.
Unos minutos mas y llego a lo que se denominaría la plaza principal, lo curioso era que una gran población estaba reunida en círculos hablaban al tiempo sin poder entenderse a que se referían.
- ¡Basta! –grito una voz conocida por aquel hombre. Además el olor a sangre ya era demasiado intenso lo que significaba que provenía de aquel círculo que formaba la gente. Uso su velocidad para acercarse al grupo de personas que empujo sin escrúpulos y sin importarle sexo u edad. Cuando pocas personas estuvieron a distancia al circulo que se formaba, logro divisar una figura sobre las calles de pierda, una larga cabellera negra se esparcía y había manchas de sangre a los alrededores, ahora comprendía lo que decían aquellas personas.
- ¡PECADORA! ¡PROSTITUTA! ¡MUERTE MALDITA! ¡QUE CONTIGO ACABE TU LEGADO! –esas palabras provenían de esos aldeanos de miradas sombrías.
Un extraño calor invadió al hombre demonio del abrigo azul, un calor que le hizo empujar con violencia a las mujeres que había cerca de el, escucho a un hombre reclamarle, pero un puñetazo en la cara lo mando a volar a varios metros, entonces todos callaron y miraron al hombre de cabello blanco que armaba el alboroto tratando de acercarse a la figura del suelo.
- ¡ES EL DEMONIO! ¡HA VENIDO POR LA PROSTITUTA! –grito una mujer con una apariencia de 90 años o mas, entonces la mencionada se mostro histérica sujetando a todos los que a su alrededor estaban- ¡ES EL DEMONIO DE LAS BLACKTHORN! ¡SU CABELLO LO DELATA! ¡ES EL DEMONIO, HA VENIDO A MATARNOS!
Virgil miro a la mujer con repulsión, su cerebro rápidamente proceso la información, su padre había estado en ese pueblo, todos los aldeanos se alejaron con temor arremetiéndose juntos como si eso les protegiera, la figura quedo visible a sus ojos…
- …Ángela… -susurro el hombre viendo con pena aquella escena, la mujer que compartía su hogar, la dama que le regalaba dulces sonrisas, se encontraba tendida sobre las duras rocas, sus brazos y piernas encobrados protegiendo su mas valioso tesoro, ese vientre abultado que tanto amaba. Los ojos cerrados de la mujer y la sangre que cubría su cuerpo, su rostro, le hubiera dando la impresión que ya estaría muerta, pero entonces el movimiento de sus ojos, parecía esforzarse por abrirlos.
Con su impresionante velocidad el hombre se acerco al cuerpo inerte, con cuidado lo levanto entre sus brazos mirando con pena aquel rostro ensangrentado. Una gélida mirada a aquellos aldeanos, que fuese mas un aviso que textualmente diría así: "me encargare de ustedes después"
Eran las primeras horas de la mañana del día siguiente, el hombre de cabellos blancos no se había movido ni un minuto de aquel lugar, se mantenía en la sala de espera del hospital donde igual que el Gian trabajaba por salvarle la vida a la mujer en cinta.
- Virgil –dijo aquel hombre medico- podrías venir un minuto –le indico para que lo siguiera, entonces el peliblanco accedió de forma silenciosa. Se adentraron a una habitación donde la mujer de cabellos oscuros se encontraba conectada a un sin numero de aparatos, su vientere aun se encontraba abultado con aparatos igualmente conectados- no sabremos si sobrevivan, perdió mucha sangre y sus órganos y huesos están dañados, el embarazo es una faceta delicada, sus vidas están en riesgo.
- ¿Solo me llamaste pare decirme que morirán? –Indico el hombre mirándolo con frialdad, pero Gian hizo algo sorpresivo, con un bisturí que llevaba en su mano corto la mejilla de Virgil, que inmediatamente cerro- ¿Qué demonios te sucede?-menciono contiendo su impulso de asesinarlo.
- Dante debe tener alguna relación contigo son idénticos… conocí al cazador de demonios y se que tiene la habilidad de recuperarse, menciono que era por su sangre… así que te pido dones un poco de sangre para Ángela.
- No serviría de nada –La sentencia del Sparda dejo silenciosa la habitación, el hombre del gabán azul se dirigió a la puerta pero al tomar la perilla…
- Se que al menos salvarías a su hija… -unos minutos de tensión y silencio pasaron.
- Prepara todo, que sea rápido.
Gian arreglo todo para extraer la sangre del mayor de los Sparda, la tensión que se formaba alrededor de aquel hombre de ojos zafiro era demasiada poderosa haciendo que el medico se preguntara una y otra vez como su amiga vivía tan tranquila y feliz a lado de ese hombre. La extracción de la sangre fue muy rápida y de inmediato (sin separar nutrientes, etc. que se hace en el hospital) la conecto a la mujer.
Los ojos zafiro miraban con alguna especie de nostalgia a esa mujer, por alguna razón no le gustaba verla en aquella situación, por alguna razón estaba enfadado con ella por haber desaparecido y la culpaba por estar así. Entonces un sonido lo saco de su ensueño.
- Esta reaccionado –dijo incrédulo el medico y una enfermera que se encontraba ahí también revisaba los aparatos.
- El bebe esta reaccionado… esa criatura no se salvaría –dijo la enfermera al mirar como aquel aparato comenzaba a detectar un corazón que empezaba a sonar violento como debería ser- ese bebe esta reviviendo…
Cuando la noche callo Virgil seguía en aquel hospital, ahora sentando sobre el sofá de aquella lujosa habitación de hospital, el chillar de los aparatos no le molestaba, realmente nada le molestaba, pero sin entender la razón seguía ahí, como si una fuerza mas aya de su razón le indicara que ese era su lugar.
- Sigues aquí –dijo una figura que se adentro a la habitación, era aquel amigo cercano de la mujer de ojos jade. El hombre tomo asiento a un lado de la cama y acaricio con cuidado el vientre- Era demasiado terca, sabia que aria esta estupidez tarde o temprano.
- ¿De que hablas? –no soporto la curiosidad el peliblanco.
- El libro de la espina negra… según a lo que me comento es un libro mágico donde esta escrito el nombre de cada una de sus ancestros. Un registro de su familia que al nacer ella su padre le arrebato a su madre, jamás pudo quitárselo y ella insistía que si el nombre de su hija no estaba ahí significaría que no estaría sellada como una Blackthorn… su padre siempre quiso matarla solo buscaron las tierras que pertenecían a su familia.
Virgil miro por la venta encontrándose con la luna, el hermoso astro que se abría paso sobre el manto oscuro de la noche en ese momento se encontraba teñida de un extraño color rojizo, los labios del semidemonio se curvaron con una perturbadora sonrisa y salió sin decir nada por la ventana de aquel hospital, dejando a Gian sorprendido aun cuando sabia que sobreviviría a pesar de la altura. Las sombras fueron sus aliadas en la desaparición sigilosa del hijo de Sparda, solo la hermosa luna pudiese sospechar su objetivo.
Continuara…
Lamento lo corto del capitulo, espero que les guste tratare de subir el siguiente en cuanto termine unos detalles, saludos, disculpen la lentitud, gracias a las personas que leen el fic, personalmente a quien deja review:
Jedah Sparda
Alexia
Miguel
¡¡ANIMO!!
