VIRGIL.

(Devil May Cry y ninguno de sus personajes me pertenece… por desgracia xD)

(La ortografía no se corrige, de lo contrario jamás terminare la historia, por que nunca quedo satisfecha cuando re-leo, jajaja, mejor discúlpenme los dedazos y palabras que no cambia el Word, sin embargo en esto ya estoy teniendo una VALIOSÍSIMA ayuda deLiTtL3-WiTcH, por cierto les recomiendo darse una vuelta x su fic: Devil May Cry & The Seven Deadly Sins)

- Virgil… (Dialogo y acción)

- ¡VIRGIL! (Grito)

- "Virgil…" (Pensamientos)

Capitulo 12: "Regreso"

Un extraño y constante sonido comenzaba a retumbar en su cabeza, buscaba tomar fuerza, pero su cuerpo parecía estar sin energía alguna. El intentar abrir sus ojos era una batalla pues sentía como si una playa entera se encontrara sobre ellos. Poco a poco comenzó a sentir su cuerpo, como si cada extremidad saliera de las sombras y comenzara a conocerlas, la incomodidad de algunas secciones íntimas llegó al poco tiempo.

Escuchó una voz que le tranquilizó, al tiempo que le dio fuerza para abrir sus pesados párpados. Cuando súbitamente logró abrir sus ojos, la destelleante luz los encegueció y el sonido de aquel aparato que hasta el momento era constante comenzó a aumentar, siendo más molesto. Cuando logró volver a abrir sus ojos, la destelleante luz había desaparecido, todo era más tenue y el rostro de una mujer sonriéndole con ternura le relajó. La mujer tocó su rostro limpiándolo con un paño húmedo, y revisaba los aparatos alrededor.

Ángela giró su cabeza observando la habitación, sabía que se encontraba en un hospital, intentó hablar pero no tuvo fuerza para hacerlo, y en su mente solo estaba preguntar por su bebé. La enfermera inyectó algo en la intravenosa sonriéndole aun de forma amable.

- Me alegro de que haya despertado señora Blackthorn, más de 96 horas en coma, se temía no fuera a despertar… no se preocupe por nada, este medicamento sólo evitara que el dolor se pueda volver insoportable. Debo avisar al médico. ya que el suyo, el doctor Gian, no se encuentra en este momento en la ciudad, pero la está atendiendo un excelente medico, ya regreso.

Varias horas pasaron en las cuales el hospital comenzó un riguroso estudio de su estado de salud, dándose cuenta de que su vientre abultado había desaparecido. Decidió no preguntar por su hija, no tenía el valor de afrontar la verdad.

- "Por mi idiotez, mi hija seguramente…"

La tristeza que le embriagó aquella sospecha, le hizo debilitar aún mas su cuerpo, pero no deseaba llorar frente al grupo de personas que la observaban y estudiaban como si fuese lo más interesante o importante. Después del exhaustivo diagnóstico, vagamente escuchó una serie de palabras a las cuales solo pudo asentir.

- Lamento decirle que a partir de ahora tendrá muchas dificultades para tener hijos, el nacimiento anterior sin su ayuda, provocó que su bebé dañara mucho más las paredes de su útero, aún cuando no sea imposible las posibilidades de un próximo embarazo son casi nulas –mencionó el médico, un poco mayor pero de sonrisa tranquilizadora, le sujetó el hombro buscando reconfortarla pero la mirada perdida de la mujer le hizo entender que debía estar procesando la información y lo mejor seria dejarla a solas.

Cuando menos lo deseó la noche cayó, haciéndose profunda y solitaria las lágrimas resbalaron por sus deshinchadas mejillas. Apenas y lograba mover sus brazos para limpiar su rostro, estaba débil y con el deseo de rendirse ante el dolor. Pero una fuerza en su interior, le hacia volver a levantar la mirada. Su cuerpo se volvió a rendir al sueño.

Pasaron cuatro días, en los cuales los médicos y enfermeras prácticamente le obligaron a recuperarse. Más de tres comidas diarias saludables y a diferencia de la comida de hospital, ésta tenía buen sabor.

Esa misma noche cuando todo estaba en calma y sus pensamientos cavilaban sintió un liquido cálido correr por su pecho, abriendo su bata para introducir su mano y tocar, descubrió con pena que se trataba de leche materna. Lágrimas corrieron por sus mejillas incesantes recordándose que debía tener el valor de preguntar por su hija. Como cada noche desde que había despertado la tristeza le provocó caer en el sueño.

En sueños sintió como su cuerpo era extrañamente removido, pero no sintió peligro por el cual debiese despertar y su subconsciente decidió quedarse plácido en el sueño. Un frío comenzó a sentirse en su piel y la suave caricia en uno de sus senos alertó a su mente a despertar. Una pequeña punzada de dolor como si desearan arrancarle el suave botón de su pecho, esto fue suficiente para que la alarma interna de su cerebro le hiciera abrir los ojos con violencia, encontrándose con dos orbes de acero.

Fue cuestión de segundos en digerir la información y reconocer el rostro frente a ella, pero aún sabiendo que era alguien conocido su corazón seguía latiendo con fuerza sangre que se acumulo sobre sus mejillas tiñéndolas de carmín todo debido a sentir el brazo varonil tras su espalda y la mano adjunta sujetarle… el seno.

La succión de su pezón le hizo girar sus ojos encontrándose con una borrosa visión de una pequeña figura. Entonces fue consciente de la posición en la cual se encontraban ella y Virgil. El hombre de cabellos platinados la abrazaba al tiempo que el pequeño bebé se alimentaba de su pecho, podía sentir la cadera masculina pegada a la suya por el espacio y la posición (él estaba semi-sentado en la cama), moviendo ligeramente los brazos logró sentir el pequeño cuerpo que estaba sujeto por el otro brazo del demonio. Las lágrimas corrieron incesantes y solo atinó a esconder su rostro en aquel espacio formado entre el cuello y el hombro de Virgil. Acostumbrada al silencio del hombre, poca importancia daba al silencio sepulcral de la habitación, inhalo extasiada la deliciosa y varonil esencia que estaba mezclada a un olor dulce… de bebé.

Pasados unos minutos Virgil se alejó suavemente dejando el pequeño cuerpo en brazos de la mujer pero rápidamente denoto que el dolor aún le atormentaba y siguió ayudándola a cargarla al tiempo que la pasaba al otro pecho. Pasaron varios minutos aun reinados por aquella tranquilidad, solo podía escucharse la desesperación de la criatura al mamar, hasta que…

- Debiste pedírmelo –sentenció Virgil, al momento que cargaba a la pequeña colocándola en su hombro y comenzar a golpear con firmeza la diminuta espalda.

Al principio Ángela estaba sorprendía por las palabras, pero aun no salía del shock al ver a Virgil con aquellas acciones, tenía deseos de tallarse los ojos pero sabía que aquello podría molestarlo. Entonces decidió concentrarse en aquellas palabras que recién le decía, mientras una sonrisa se formaba en el rostro femenino al ver la mueca de desagrado de aquel culto hombre ante el eructo del bebé.

- Te… sentí… siento… -nerviosa, no sabía que palabras usar- siento, que te debo tanto… que no tenia el valor para… -pero la actitud del hombre le sorprendió al verle darse la vuelta con el bebe acurrucado entre sus brazos dirigiéndose hacia el ventanal. Decidió guardar silencio sabiendo que ésta era una ocasión en la cual él quería hablar.

- Me llevaste a una clase de parto, pero no pudiste pedirme acompañarte por tu legado.

- Yo… solo sentí que… -Ángela se encontraba nerviosa sin saber qué responder.

- Sabías que correrías riesgo, preparaste la papelería del hospital con un tutor legal para tu hija en caso de que algo te sucediese –entonces giró hasta que se encontraron a los ojos- ¿en qué demonios pensabas cuando pusiste a mi hermano como un posible tutor legal? ¡Una criatura corre mas riesgo con él que en el infierno!

Ángela sonrió con dulzura, estaba molesto por haber puesto en aquella papelería, que si algo le sucedía su hija debía ser cuidada por Nelo Angelo, Virgil Sparda o Dante Sparda. Observó cómo el hombre de cabellos platinados regresaba a ella y colocaba sobre sus brazos a la criatura ahora dormida profundamente. El estoico rostro prácticamente le exigía una respuesta, una razón para no llamarla loca por arriesgar su vida en pleno embarazo.

- No fui por mi voluntad, cuando venía al pueblo sentí que había atropellado a algún animal… me asusté y bajé buscando algún rastro, no pude ver el rostro de quién me sujetó después de eso y me subió de nuevo a la camioneta. Cuando llegamos al pueblo… Adam el padre de mi bebé estaba esperándome, me dijo que me entregaría el libro de la Espina Negra, cuando yo firmara los papeles cediéndole las tierras… me negué y entonces sólo recuerdo el dolor de la primera piedra golpear mi rostro, me encorvé protegiendo a mi bebé… y ya lo demás no lo recuerdo –la mata negra de Ángela se movió a los lados en signo de negación, como si con ello disipara el recuerdo. Después observo a su bebe- pensé que la había perdido… Gracias de nuevo.

Virgil tomo asiento sobre el sofá que anteriormente fue su cama hasta que decidió marcharse del hospital con la bebe, no había regresado hasta ese día en el cual esperaba encontrar a la mujer mas recuperada. Estaba ansioso de que volviera recuperada, se encargara como debería de su hija y de él, cumpliendo el trato. En pocas palabras le platicó a la mujer los acontecimientos, las lágrimas escaparon por los orbes verdes, y su mirada llena de agradecimiento quedo grabada en alguna parte de su ser.

Cuando la noche comenzó a vencer a la mujer, recordó con sonrojo el sentir de aquella masculina mano sobre su piel desnuda, sobre su seno sujetándolo con firmeza y palpándolo con suavidad.

- "Ángela no pienses eso. Él sólo alimentaba a esta hermosa princesa que al fin tenemos en brazos… aún cuando fuese un sueño sentir a Virgil hacer el amor… ¿pero en que estoy pensando?" –se reprendió a si misma- ¿Por qué soportas mi presencia? –susurró en lo bajo, sin darse cuenta que no solo lo había pensado.

- Por que eres una humana extraña –dijo el hombre de forma tajante. La morena se sorprendió y se reprendió mentalmente por ese descuido, giró un poco su cuerpo sobre la cama del hospital cuidando no aplastar al bebé que dormía junto a ella, y observó como la tenue luz le hacía distinguir el cabello platinado, la silueta del hombre elegantemente sentado con sus brazos cruzados al igual que tenía una pierna sobre otra.

- ¿Por eso soportas mi presencia? –inquirió en tono desilusionado.

- No me eres desagradable –dijo volviendo a cerrar los ojos- me desagradan los humanos que me temen, una cosa es respeto, otra temor, detesto que tiemblen o tartamudeen, tú solo te sonrojas.

- Pero… pero… ¿Cómo no quieres que me sonroje?, ¡me tocaste un seno! –replicó la mujer.

- Alimentaba a tu hija, no estaba bajo ningún sentido de intención sexual.

- Aún así me da vergüenza –dijo por lo bajo.

- Ya concebiste una hija, debes tener al menos la experiencia de conocer la desnudez del sexo opuesto, tocar al igual que ser tocado.

- Realmente… sólo tuve una experiencia y fue suficiente para mí… -Virgil abrió los ojos encontrando los de Ángela reflejando tristeza e inmediatamente asumió una pésima experiencia- pero salió algo hermoso de todo –menciono antes de dar un suave beso a su hija.

- Mejor duerme –sentenció y todo quedó en silencio.

Continuara…

Holasss!!! espero no haberles hecho esperar mucho, n.n ojala les haya gustado el capitulo. Un saludo a las personas que me han dejado un review e igual a los que solo leen la historia, espero la disfruten. O.o hoy me encuentro algo apurada por eso solo os agradeceré n_n:

Misha Keehl

Sheila

ANGEL

Seidaku 1988

Aztecaguerrera

Antano

Espero continen leyendo, les agradesco sus comentarios y ¡¡¡ANIMO!!!