VIRGIL.
(Devil May Cry y ninguno de sus personajes me pertenece… por desgracia xD)
(La ortografía no se corrige, de lo contrario jamás terminare la historia, por que nunca quedo satisfecha cuando re-leo, jajaja, mejor discúlpenme los dedazos y palabras que no cambia el Word, sin embargo en esto ya estoy teniendo una VALIOSÍSIMA ayuda deLiTtL3-WiTcH, por cierto les recomiendo darse una vuelta x su fic: Devil May Cry & The Seven Deadly Sins)
- Virgil… (Dialogo y acción)
- ¡VIRGIL! (Grito)
- "Virgil…" (Pensamientos)
Capitulo 15: "Pretendiente"
Ángela regresó de su viaje con el mejor estado de animo desde hacia mucho tiempo sintiéndose al fin realizada y revitalizada como mujer independiente. Participar en un concurso de fotografía al principio le provoco miedo pero la insistencia de sus compañeros de trabajo y de alguna forma el apoyo de Virgil le brindaron la fuerza para arriesgarse. Volver con el tercer lugar a casa solo le dio mas valor para seguir plasmando con su lente la belleza que podía captar y en ese instante una bella imagen pasaba frente a ella, quien colocada en el ventanal de su habitación enfocaba su lente sin dejar pasar la oportunidad de capturar las dos personas sobre la arena.
Ambos Virgil se encontraban en una concentración enérgica, sorprendente para la edad de la menor. Hacia poco mas de seis meses que habían comenzado a practicar con la katana de madera, debido a que la pequeña se había mostrado enamorada de Yamato y el mayor parecía ver en ella una legitima sucesora de esta formidable arma, pero tener tal honor era algo que costaba demasiado esfuerzo y disciplina, un pago que la pequeña decidió proporcionar. Al principio los entrenamientos eran pequeños movimientos de coordinación y fuerza, lentamente se extendieron en tiempo y ejercicios en los cuales Gil manejaba aquella arma atacando a su "padre" con movimientos fuertes, certeros y elegantes.
Las fotografías que la Blackthorn captaba de su hija en diversas ocasiones o mejor dicho en la mayoría era junto al Sparda, quien siempre mostraba ese rostro estoico, aun cuando Ángela podría jurar que con el paso de esos años los ojos del albino daban indicios de un brillo, una chispa de vida.
Una alarma le saco de su afición, dejando la cámara a un lado observo el reloj que marcaba las siete y treinta minutos, a las ocho terminaría el entrenamiento que comenzaba puntualmente a las seis de la mañana. De ante mano estaba consiente que estarían pronto exigiéndole (en sentido figurado) el desayuno, así que dejo de observarles para adentrarse en la cocina.
- Ya esta el desayuno para servirse –dijo al escucharles entrar.
Espero unos minutos mas, a que se dieran un rápido baño y bajaron a tomar las crepas con fruta y crema que preparo. En su mente la mujer veía divertido como su pequeña era una reproducción de cada acción hecha por el Sparda, claro que también tenia como cualquier niño aptitudes a su edad, como esa tendencia de bailar cuando estaba comiendo o leyendo, moviendo sus piernas al aire y sus hombros a un ritmo que solo ella escuchaba.
- Mamá ¿iré a la fiesta de pijama del colegio? –interrumpió la niña rompiendo ese habitual silencio.
- Cariño, aun no lo se, ¿quieres ir? –respondió condescendiente.
- Ana ira, ella es mi amiga y jugamos mucho, me dijo que le gustaría que fuera por que si no voy, ella no se divertirá.
- ¿Y las niñas que te molestaba?
- Ana no deja que nadie me moleste, me gustaría estar con mi amiga –decreto la pequeña decidida, Ángela observo en silencio a Virgil quien termino los alimentos, recogió los trastes y se retiro, a la pequeña no le paso desapercibido, cuando el mayor se encerró en el estudio menciono a su madre en tono triste- padre no gusta que comparta tanto tiempo con los humanos.
- Tu padre es mitad humano cariño –refuto un poco enfadada por la actitud del Sparda.
- El no quiere que me vuelva débil –suspiro un momento- seguiré con mi libro.
- El del alfabeto Gil –menciono cuando la niña bajo del taburete, la menor le miro como en suplica- debes desarrollar mas tu lectura.
- Pero el demoniaco es mucho más sencillo.
- Lo se cariño –dijo poniéndose a su altura y sujetándole de los hombros- pero aun así debes aprender bien a leer y escribir, no solo en demoniaco, esfuérzate un poco mas y te comenzare a enseñar botánica.
- No quiero aprender botánica –menciono seriamente cruzándose de brazos en un delicioso puchero infantil- quiero hacer magia, lanzare espadas de hielo como papa.
- Esta bien, pero la herbolaria es parte de tu herencia y debes aprenderla… incluso para ayudar a tu padre.
- Me esforzare mas mamá –se abrazo fuertemente al cuello de su madre para después darle un sonoro beso en la mejilla- te amo mami.
- Yo te amo a ti princesa, ahora ve a estudiar.
La mujer se puso de pie para comenzar a limpiar la cocina, al tiempo que su retoño se dirigía a la habitación junto al Sparda para continuar sus estudios.
El teléfono comenzó a sonar insistentemente, Virgil se encontraba apoyando a Gil con su lectura, despues de medio minuto que el aparato dejo de sonar la puerta se abrió.
- Me han llamado del trabajo pidiéndome si podría asistir para apoyarles en un evento.
- Pero mamá es sábado –contrario la pequeña afligida.
- Lo se cariño, pero me necesitan, solo será un par de horas, prometo que cuando regrese jugaremos el resto del día.
- Este bien –dijo corriendo a abrazarla, la mujer observo al Sparda quien siquiera se digno a mirarla.
- No es necesario que lo digas –volviéndose a sumir a la lectura demoniaca.
- Gracias, prometo que te proporcionare mas libros –levantando en brazos a su pequeña le lleno de besos- pórtate bien cariño, volveré lo mas pronto posible.
-.-.-.-.-.-
La noche había caído profunda, era más de media noche y Virgil se encontraba sentado en la sala esperando pacientemente algún indicio de Ángela.
- ¿Mamá aun no llega? –dijo la pequeña bajando de las escaleras, tallando sus ojos se veía sumamente tierna vestida en ese pijama de princesa rosado. Camino hasta el hombre y con esfuerzo subió sobre sus piernas hasta abrazarse a su cuello y cintura (las piernas)- estoy preocupada por ella.
- Vamos por tu abrigo –dijo levantándola en brazos.
Camino hasta la habitación de la niña y buscando en el armario saco un abrigo de tela en color rojo, se lo puso aun manteniéndola suspendida sujeta a su cuerpo, para dirigirse hacia fuera de la casa no sin antes tomar a Yamato.
Una vez fuera de la casa, respiro la fresca brisa salada, pero no se movió un milímetro debió al sonido de un vehículo, espero algunos minutos hasta que logro divisar unas luces acercándose a una velocidad lenta. La paciencia era una virtud del Sparda quien decidió esperar a que llegara el mueble, el cual desconoció inmediatamente. Escuchaba la suave respiración de la pequeña que había quedado de nuevo dormida profundamente en aquellos brazos en los cuales se sentía protegida. Decidió regresar a la casa, recostó a la niña en su cama y desde su habitación observo el andar del coche.
Entre mas se acerco el automóvil no reconocía de quien podría ser, Gian ya no vivía en las cercanías, mudándose a una gran ciudad para tomar una especialidad en medicina, los amigos que Ángela forjo en su trabajo reconocía el transporte de cada uno. El vehículo se detuvo y unos segundos después un alto y fornido hombre de cabello castaño corto y una apariencia de varios días sin rasurarse, definitivamente Virgil no le conocía.
Los puños del Sparda se apretaron haciendo que sus nudillos tornaran blancos, aquel hombre abrió la puerta del copiloto, dándole su mano a Ángela para que saliera, le acompaño hasta la puerta y varios minutos después regreso a su automóvil y se marcho. Escucho el andar de la mujer por la casa y subir las escaleras, como seguramente fue a ver que su hija se encontrara bien, segundos después se escucho el golpe en la puerta, pero no recibió respuesta alguna.
- Lamento no haber llegado temprano –dijo la mujer tras la puerta- se me ha descompuesto la camioneta, buenas noches.
El hombre no se inmuto ante aquellas palabras solo decidió seguir observando el vacio, caer al cielo era el ejemplo que Gil le había dado de cómo era el vacio, pero el sentía ese hueco dentro de si mismo.
- "¿Qué esta pasando conmigo?" –se recriminaba el albino.
-.-.-.-.-
Se encontraban desayunando tranquilos, la seriedad del Sparda era más sepulcral que nunca, y las preguntas de la pequeña Gil eran agobiantes.
- ¿Entonces se a descompuesto tu auto mami? –Volvió a preguntar la niña- ¿pero como llegaste a casa?
- Una persona muy amable me hizo el favor de traerme a casa, las personas del taller me han dicho que posiblemente hoy este lista.
Un silencio sepulcral se mantuvo pero el ambiente parecía viciado de tensión. Los orbes jade buscaban en aquella afonía encontrarse con la tundra de aquella alma demoniaca, pero el estaba indispuesto a mostrarse ante ella y eso la llegaba a lastimar de sobremanera. El teléfono volvió a sonar, y Ángela no sabia si agradecer que terminara la tensión o maldecir que seguramente le llamada sería de su empleo para que hiciera otra cobertura de eventos. Se levanto observando como el Sparda siquiera se inmutaba a reconocer su existencia.
- ¿Diga? –Contesto en el teléfono cercano a la cocina- ¡Gian que alegría! –Ángela decidió enfrascarse en la conversación con su amigo, que resultaba ser un alivio en aquellos momentos, pero no paso mucho tiempo cuando comenzaron a llamar a la puerta.
Gil corrió a enterarse de quien llamaba abriendo descuidadamente, el Sparda le siguió de cerca por cualquier razón que pudiese ocurrir, así fue como un la pequeña se encontró frente a un hombre el cual Virgil reconoció como el de la noche anterior.
- Hola –dijo sorprendido el hombre- ¿se encuentra Ángela?
- ¿Mamá? ¿Quién la busca? –la pequeña observo al hombre vestido con un traje sastre a manera informal, pero lo que mas le llamaba la atención era el hermoso ramo de rosas rojas que portaba en su mano.
- Mi nombre es Marcelo –el hombre observo como la pequeña parecía una copia exquisita de aquella mujer que un día anterior conoció.
- ¿Qué quiere aquí? –dijo esta vez Virgil de forma amenazadora.
- Yo, solo quisiera ver a Ángela Blackthorn, vengo por ella para que recoja su camioneta –pero antes de que el Sparda pudiese contestar algo, la mencionada se encontraba en la puerta.
- Marcelo, ¿sucede algo?
- Solo me entere que tu vehículo estaba reparado y decidí venir por ti para llevarte, es un largo camino y seguro un taxi te cobraría una fortuna.
- Eres muy amable… pasa por favor –dijo abriéndole completamente el paso.
- Espérame padre –dijo la pequeña quien se dio cuenta que el Sparda se encerraría en la biblioteca. Ángela y Marcelo observaron como desaparecían ella sonrió indicándole el camino a la estancia, en tanto el le entregaba el hermoso arreglo floral.
- Que amable gracias –decía al caminar hacia la cocina buscando un lugar donde ponerlas en agua. El prefirió seguirla.
- Ángela espero no causarte problemas con tu esposo –aquello realmente sorprendió a la mujer que olvido por ese momento lo que hacia- anoche no mencionaste que fueras casada, yo realmente me siento apenado.
- ¿Por qué me dices tales cosas? –pregunto confundida.
- Bueno, desde hace meses te vi y estaba asombrado por tu belleza, no había tenido la oportunidad o el valor para acercarme a ti, pero ayer que atendiste el evento en el hotel… bueno fue un placer invitarte aunque fuese un refresco y sobre todo haberte ayudado con lo de tu coche –para tal momento la piel de Ángela competía con la de un tomate- yo no sabia que fueses casada.
- En verdad me… alagan tus palabras… pero yo me refería a… lo que mencionabas de… tener un esposo.
- Bueno, esa pequeña es tu hija ¿no es así? Y el hombre junto a ella, le llamo padre.
- Virgil solo es un amigo muy cercano a mi familia, el a sido un padre para Gil, pero no somos pareja o algo similar –aclarando esto, poco a poco el color de la mujer comenzó a recuperarse, y Marcelo parecía haber recuperado una esperanza.
- No quisiera incomodarte Ángela, pero si tu me permitieses conocerte mejor, me encantaría ser tu amigo –dijo el hombre tomando la delicada mano femenina a la cual alzo y acerco sus labios para depositar un gentil beso.
El sonrojo de la Blackthorn volvía a su rostro, pero sus ojos se dieron cuenta de la presencia tras de Marcelo, Virgil había observado todo y como llego se marcho en aquel silencio sepulcral. El albino se dirigió al estudio hundiéndose en el sillón tratando de concentrarse en la lectura sobre las puertas infernales, pero salteaba palabras y párrafos debido a que a su mente solo llegaba el atormentado momento de ver aquel cortejo, ese hombre no le inspiraba confianza y la disciplina que desde joven comenzó a forjar para mantener a un margen sus emociones lentamente desaparecía en un abismo directo al infierno.
-.-.-.-.-
Gil observaba el camino hacia el pueblo donde se encontraba el trabajo de su madre, estaba confundida, ella no quería ir con ese hombre pero su madre le pidió les acompañara, que solo seria un par de horas. Suspiro observando los frondosos árboles, deseaba volver a casa con su padre, pero su madre le dijo que debía permitirle un momento en solitario. Escuchaba vagamente a ese hombre tratando de sacarle conversación, pero sus respuestas eran sencillas.
- ¿Qué edad tienes pequeña Gil? –insistía el mayor.
- Tres –decía sin mucho entusiasmo, y Ángela se apeno un poco por la ausencia de vivacidad en su hija, imitación a su héroe.
- Eres una pequeña princesita aun, casi una bebé.
- No soy pequeña, pronto cumpliré los cuatro años, para ti soy pequeña debido a que tienes mucho tiempo cumpliendo años, pero para otros niños ya soy grande –se defendía apasionadamente la niña- además mi padre dice que soy muy inteligente, que pienso mucho mas que otros adultos tontos –El hombre quedo sorprendido y observando fugazmente a la madre quien solo sonrió en respuesta.
- y dime ¿ te gusta ver la televisión? –insistía el hombre.
- No se que es eso –menciono la pequeña tajantemente- esa pregunta me molesta por que los niños de mi escuela hablan mucho sobre la televisión pero no entiendo a que se refieren.
- Bueno la televisión es… -pero antes de que continuara fue interrumpido por la madre.
- Marcelo, nosotros no contamos con ese aparato, no creemos que traiga nada bueno por ello presidimos de el, en nuestra casa preferimos la lectura.
- Entiendo, disculpa –pero la mujer solo sonrió reconfortándolo y tocando su mano para esto, gesto que no le agrado tanto a su hija, cuando la mujer se distancio totalmente de Marcelo, este prosiguió en su intento de conocer a Gil- entonces les gusta la lectura ¿te gustan los cuentos de princesas?
- Prefiero los cuentos de demonios –dijo seriamente, Marcelo casi sale de la carretera por la sorpresa y antes de que dijese algo el grito infantil les llama la atención- ¡Mami! ¡La feria!
- Si gustas puedo invitarlas –mención el mayor a la dama de cabellos negros.
- Gracias, no se que decir.
- No –Contesto tajantemente la menor- mi padre nos llevara a la feria.
Marcelo sonrió resignado, algo en el le hacia entender que si no se ganaba a esa pequeño engendro la madre no le podría dar oportunidad alguna, pero Ángela le había cautivado y estaba decidido a conquistarla así tuviera por rival al misterioso hombre de cabello platinado.
-.-.-.-.-
Eran pasadas las nueve de la noche cuando las Blackthorn llegaron a casa, Virgil se encontraba sentado en la sala de estar tomando un té, cuando escucho el golpe de la puerta.
- Buenas noches padre –dijo la pequeña Gil pasando como un rayo hacia su habitación, y al llegar a esta cerrarla de un portazo.
A Virgil realmente aquello le sorprendió, esa niña no era maleducada y menos se enfadaba a menos que tuviese hambre o sus horas de sueño fueran escasas. Tras de la pequeña apareció la madre, quien mostraba un rostro cansado, observo al Sparda quien se puso de pie y en silencio se dirigió a donde la pequeña. Dio dos golpes suaves a la puerta y se adentro sin esperar respuesta alguna, la pequeña peleaba con sus zapatos y el se inclino para ayudarle.
- Ese tal Marcelo me los amarro sin que yo se lo pidiera, dijo algo de que ayudaba a sus sobrinas de mi edad con eso –miro hacia la ventana en un gesto tan adulto que tomaba un contexto caricaturesco al venir de ella- no es culpa mía que su familia sea retrasada.
- ¿Qué sucede?
- Ese hombre invito a mamá a un lugar llamado cine, entonces ella acepto y fuimos antes a comer unas hamburguesas en un restaurante de enorme con M que daba un horrible juguete y sabor espantoso –Virgil tomo asiento cómodamente junto a ella- luego entramos a ese lugar grandote y llegamos a un cuarto oscuro. Me dijeron que lo que veía se llamaba película pero era tonta de un perro cobarde y unos tipos que disque buscaban fantasmas, me molesto que se burlaran de los demonios de aquella forma.
- Los humanos buscan diversas formas para dejar de temer a lo que no entienden, pueden burlarse o rendirles tributo.
- ¿Qué es rendir tributo?
- Que los traten como Dioses que les ayudaran.
- ¿No hacen eso? –la pequeña acomodo su cabeza sobre la pierna del Sparda en tanto el peinaba con sus dedos el sedoso cabello oscuro.
- Los demonios somos guerreros, podemos hacer muchas cosas somos libres, pero no cumplimos deseos, lo entenderás poco a poco.
- Yo quiero ser un guerrero… como tu papá –fue lo ultimo que dijo antes de caerse dormida. El mayor la alzo en brazos para acomodarla dentro de su cama. Acaricio su rostro como un ciego queriendo memorizarle, estaba por acercarse a besar su frente cuando escucho la puerta abrirse, Ángela se adentro a la habitación observando como su hija le había cambiado el semblante a uno mucho mas tranquilo.
- Estaba enfadada conmigo –menciono quedadamente, pero el portador de Yamato no le presto atención caminando de largo, se encontraron hombro a hombre en el marco de la puerta.
- Si deseas arriesgar tu vida, puedes hacerlo… pero no puedo proteger a Gil estando tan lejos. Que no se repita el que se encuentre fuera en altas horas de la noche.
La Blackthorn se quedo sorprendida ante esas palabras, sin pensar siquiera que podría decirle, por una parte sentía humillación y tristeza, por el otro entendía a Virgil. En otro lado de la casa, el mayor de los gemelos Sparda analizaba su vida en aquellos momentos.
- "¿Por que?, ¿Por qué?... por ellas me siento… ¿posesivo?"
Continuara…
Hola bueno lo prometido es deuda aquí traigo el siguiente capitulo, espero les guste, y bueno acepto soy una romantica empedernida, xD lo siento.
Un saludo enrome a las personas que leen el fic, pero como siempre les digo, solo puedo agradecer directamente a quien deja review. (tengo el anónimo así que siquiera tienes que tener cuenta)
Misha Keehi: Bueno me alegro que te guste, xD realmente si es maravilloso ese hombre, pero es demasiado perfecto para existir, xD gracias por tus animos.
Angel: gracias por interesarte en la historia, y pues deseo cumplido aun no termina, deben sufrir un poco mas. Y gracias por lo de lista, ^^ aun que no me creo tal.
Jun tao: Gracias por seguir el fic, lamento no poder estar actualizando al mismo ritmo en fanfic. Es pero como te mencione, ^^U esa pagina la mayor parte del tiempo me aparece caducada, pero muchas gracias por tu interés y seguirle hasta aca.
A todos les mando un beso y un gran abrazo, les digo que el sábado actualizo y recuerden ¡¡¡ANIMO!!!
