VIRGIL.

(Devil May Cry y ninguno de sus personajes me pertenece… por desgracia xD)

(La ortografía no se corrige, de lo contrario jamás terminare la historia, por que nunca quedo satisfecha cuando re-leo, jajaja, mejor discúlpenme los dedazos y palabras que no cambia el Word, sin embargo en esto ya estoy teniendo una VALIOSÍSIMA ayuda deLiTtL3-WiTcH, por cierto les recomiendo darse una vuelta x su fic: Devil May Cry & The Seven Deadly Sins)

- Virgil… (Dialogo y acción)

- ¡VIRGIL! (Grito)

- "Virgil…" (Pensamientos)

Capitulo 16: "Cena"

Aquella era una noche especial, una en la cual un grupo pequeño de personas se había reunido en la casa Blackthorn para celebrar el aniversario de Ángela.

Virgil no degustaba la convivencia con los amigos de la Blackthorn, pero al primero cumpleaños de esta en la cual también hubo una cena con dos compañeras de su nuevo empleo y Gian, el mayor de los gemelos Sparda había rechazado la asistencia a esa pequeña cena, causando que la joven de cabellos azabache se entristeciera por días.

Así que finalmente se encontraba otro año ahí sentado en la sala, observando con aburrimiento como Gian adulaba a su pequeña sobrina, a quien colmaba de regalos. Las dos amigas de Ángela, una mujer de mas de 30 años de edad, rasgos comunes, cabello y ojos castaños con piel ligeramente bronceada, de nombre Dayana y Midori, una joven extravagante de la edad mas o menos la edad de Ángela, alta de cabello teñido verde y ojos marrón oscuro; el único invitado extra era Marcelo.

Los invitados tendrían treinta minutos de haber llegado, a excepción de Gian que hizo presencia desde temprano, compartiendo tiempo con la mujer que fuese como su hermana y la pequeña Gil, su sobrina.

Una media sonrisa se poso en los labios del Sparda al ver como Ángela bajaba por las escaleras, complacido de que usara el regalo que desde temprano le entrego pero inquieto por la reacción de su cuerpo al verla.

Envuelta en un vestido hasta las rodillas en tono rosa pálido, de apariencia straple con mangas cortas a la altura del escote, ceñido de su pecho a la cintura y de su cadera hasta los muslos, el final de la falda levemente holgada, calzada en sandalias a tono y su cabello suelto recogido medianamente a moño.

- ¡Bellísima! –había dicho en voz alta Marcelo, acercándose a recibir a la hermosa dama. Tomándole de la mano para besarla suavemente, gesto que le pareció incomodo al estoico hombre de ojos azules.

La mayoría de los invitados sabían como era Virgil, ya fuese por como hablaba Ángela de el, como una buena persona pero sumamente seria o por que ya habían ido a la casa de la Blackthorn conociendo de cerca esa "seriedad" del albino.

Ante los ojos azules los sucesos pasaban como si fuese una película, como si los personajes a su alrededor no fuesen reales mas haya de las pequeñas Blackthorn y tal vez Gian quien era el mas cercano a ellas. Este ultimo estaba asombrado, por segunda vez desde la presencia del semidemonio, este corría con la fiesta de cumpleaños de su amiga. La casa se adornaba de hermosas y diversas flores tanto locales como extranjeras, se contrataba un banquete con todos los servicios incluidos, la cena era celebrada al exterior de la casa exquisitamente adornada con flores y antorchas que iluminaban esplendorosamente, finalmente ambientado con delicada música instrumental de una banda que tocaba hasta el final de la velada.

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La platica era agradable, de intereses triviales. Los presentes poca importancia daban al silencio del hombre de cabellos blancos, que a mitad de la cena se retiro con la pequeña en brazos, pues se quedo dormida en la silla.

Ángela deseo acompañarle pero una mirada del hombre, le indico que atendiera a sus invitados. Así pronto Virgil se vio alejado del bullicio de la gente, que aun cuando no le molestaban totalmente, no le complacía la presencia, lo único que le hacia aceptar estar en aquel lugar era la sonrisa que se formaba en los labios de Ángela.

- "¿pero que demonios pienso? Cada vez estoy mas enfermo" –se recriminaba a si mismo, al tiempo que cambiaba las ropas de la pequeña Gil- "Yo no siento nada por nadie… siquiera tengo lazos de afecto por mi propio hermano, es imposible que desarrolle algún afecto por Ángela, solo es atracción… una atracción que esta frustrándome"

Observo como la pequeña descansaba placida en su cama, abrazando con fuerza aquel extraño muñeco de trapo que su madre le hizo… objeto al cual le encontraba un cierto parecido con el mismo, pero al preguntárselo a la Blackthorn, ella simplemente le respondido que era una tradición familiar. Todas las niñas Blackthorn tenían un muñeco similar al maestro Sparda, este era idéntico a Virgil, con los detalles de su gabardina azul y resto de las ropas.

Acaricio el suave cabello obscuro, e instintivamente la pequeña sonrió entre sueños, susurrando un dulce "papi" que provocaba emociones irracionales en aquel hombre, emociones que no estaba dispuesto a mostrar ante nadie.

- "Suficiente es que ella pueda leerme" –pensaba resignado al aceptar el profundo lazo que creo con aquella criatura- Descansa –susurro dando un suave beso en la frente infantil.

Se encerró en la habitación el resto de la noche, sin ánimos de regresar a la cena para seguir soportando la adulación de Marcelo y el alboroto de sus amigas, hablando escandalosamente sobre lo galante que fuese el sujeto.

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Ángela observo como todos se retiraban, sus amigas, Marcelo y finalmente los empleados de aquella noche. Suspiro cansada por la agitación de cumplir un año mas de vida. Estaba a un costado de la casa donde observo el ultimo automóvil desaparecer para cuando sintió unos brazos rodearle la cintura, recargándose cómodamente recibió feliz un sonoro beso sobre su mejilla.

- Estas hermosa –decía Gian, al momento que se alejaba de ella- déjame adivinar, es un regalo de el –ella solo asintió tímidamente- en verdad Angelita si tu no lo atrapas, lo hare yo, no importa lo serio que es.

- Aunque el sea tu tipo… dudo que tu seas el de el –sonrió Ángela al momento que caminaba tomada de la mano de su hermano, para sentarse frente a las escaleras de la casa- estoy confundida con mi vida Gian.

- ¿Lo dices por Marcelo? –Ángela solo asintió, sin darse cuenta que después de que todos los invitados y empleados se fueran, Virgil se encontraba fuera de la casa, nadie le había visto marcharse, pero el necesitaba caminar un rato, y ahora se encontraba entre las sombras como un ladrón escuchando aquella conversación.

- ¿Tu crees que…? –Ángela se mostraba confundida y nerviosa.

- ¿Qué si debes darte una oportunidad? –ella solo asintió, movimiento que no paso desapercibido por el Sparda- ¡claro que si! Ángela por favor eres una mujer muy joven, puedes volver a tener una relación, la pésima experiencia que tuviste con Adam no debe marcarte para siempre.

- Es solo que… Yo no quiero… no quisiera equivocarme de nuevo y volver a tener hijos, bueno no me imagino teniendo otro hijo sin padre –señalo sonrojándose.

- No necesitas hacer eso, ay infinidad de métodos anticonceptivos… y en caso de que no funcionen… bueno ahí tienes a Virgil, que es un excelente padre –dijo en broma.

- No creo que le guste ser padre sustituto de cuanto hijo le presente –sonrió con amargura- además mi experiencia sexual es nula… tengo miedo a ser rechazada.

- Bueno si tu experiencia es nula, no significa que no puedas aprender, seguro hay algún hombre dispuesto a mostrarte los secretos en la cama –esto mencionado pícaramente, que causo una emoción de enfado que si no fuera por el autocontrol del Sparda le había arrancando ahí mismo la cabeza- además a los hombres les gustan las mujeres sin experiencia para enseñarles.

- Sin experiencia, jóvenes y sin hijos –menciono desilusionada- además terminan siendo de lo peor.

- ¿Aun le amas, verdad? –inquirió el hombre acariciando el delicado rostro de su amiga, la cual solo asintió en silencio ocultando una lagrima- no es bueno amar… de esa forma, es demasiado doloroso… libérate de el, se feliz.

Virgil escuchaba cada palabra y observaba las reacciones de aquella mujer, aquella dama que le alteraba los nervios, que le provocaba reacciones y actitudes que jamás imagino. Y entonces sintió algo, de nuevo los sentimientos regresaban a el solo cuando fuese referente a esa mujer. Pero no reconocía el sentimiento, no podía compáralo a lo que alguna vez hubiese vivido, estaba molesto, frustrado, por alguna razón con ella estaba molesto y deseaba que aquellas respuestas fueran una negación.

- Mañana volveré… -dijo Gian abrazando a la mujer.

- Gracias por venir desde tan lejos –menciono- te hecho mucho de menos, desde que te mudaste a estudiar tu especialidad.

- Pero me tienes todo el tiempo, además voy a recetarte algo… te daré unas pastillas anticonceptivas –esto mencionado en un tono pícaro- tómalas, vive la vida… claro con cuidados, pero vívela Ángela, no tienes que casarte, o juntarte, mucho menos embarazarte, si lo deseas solo comparte la cama con esa persona, quítate ese amor no correspondido de la cabeza, intenta ver a Marcelo como hombre y si no puedes, le dices a esa persona y aceptas lo que te de o marca distancia.

- Tu ¿Qué harías? –pregunto tímidamente.

- Viviría, disfruta la vida, el sexo, tu juventud, y si encuentras el verdadero amor en el camino recíbelo con los brazos abiertos, si no al menos no tendrás que lamentarte cuando no puedas con tu cuerpo.

De entre las sombras el Sparda observo como se adentraban a la casa, pero por alguna razón que en su mente no deseaba reconocer, sentía una frustración que le impedía volver adentro. Observo la luna, esbelta y amarilla, malévola riéndose de su confusión.

Continuara…

Holasssssssssssssssssssssssssssssss

T.T como han sido crueles y ni un review me habeis dejado, . no les digo cuando actualizo.

Un enrome saludo a Will, mi correctora, y socia en pensamientos malévolos y pervertidos jajajaja.

Sin mas me despido, recuerden.

¡¡¡ANIMO!!!