VIRGIL.

(Devil May Cry y ninguno de sus personajes me pertenece… por desgracia xD)

(La ortografía no se corrige, de lo contrario jamás terminare la historia, por que nunca quedo satisfecha cuando re-leo, jajaja, mejor discúlpenme los dedazos y palabras que no cambia el Word, sin embargo en esto ya estoy teniendo una VALIOSÍSIMA ayuda deLiTtL3-WiTcH, por cierto les recomiendo darse una vuelta x su fic: Devil May Cry & The Seven Deadly Sins)

- Virgil… (Dialogo y acción)

- ¡VIRGIL! (Grito)

- "Virgil…" (Pensamientos)

Virgil… (Lectura, Escrito)

Capitulo 24: "Recuerdo escondido II"

- Virgil levántate –esa voz comenzó a resonarle en la cabeza pero no tenía el ánimo de hacerle caso- Virgil ¡Ya está por llegar papá!

Perezosamente abrió los ojos para observar los obres idénticos a los suyos, pero al tiempo diferentes, eran tan expresivos y el rostro alegre de su hermano en ocasiones lo desesperaba.

- Dante, nuestro padre no llegará hasta el amanecer y apenas son las tres de la madrugada –decía revisando su reloj de noche- ¿para qué vienes a mi habitación? ¿y por que enciendes todas las luces que encuentras? –reclamaba enfadado.

- Estoy emocionado, ya quiero que regrese papá, él siempre nos trae un regalo.

- Vete a tu habitación y déjame dormir –El niño de pijama azul se volvió a recostar sobre su extensa cama, aún cuando cerro los ojos no perdía conciencia sintiendo el movimiento de su gemelo.

- Tuve pesadillas –dictó Dante en tono triste- ¿puedo dormir aquí? –preguntó con timidez.

- Pero apaga la luz.

El pequeño Dante alegremente bajó de la cama para apagar la luz, pero el regresar con su hermano lo hizo corriendo y subiendo lo más rápido daban sus piernas hacia la cama. Respiraba agitado cuando distinguió la mirada de su gemelo.

- No entiendo, si tienes miedo vete a dormir con nuestra madre.

- Pero ella no espanta a los demonios –decía el pequeño acomodándose a un lado de su hermano bajo las mantas- pero papá y tú espantan a todos los monstruos.

- Eso te pasa por no entrenar –reclamaba el mayor.

- Sé que me protegerás bro.

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Se encontraban desayunando, Virgil aún tenia el cabello húmedo pues recién salía de una ducha rápida. Eva se sorprendía de que tan pequeño tuviese esa voluntad inquebrantable que le provocaba una disciplina espectacular. Sin importar estuviera Sparda o no el pequeño se levantaba a entrenar cada mañana, seguido de una ducha y el desayuno, comenzaba sus lecciones tanto humanas, demoníacas y de magia, terminando con un segundo entrenamiento.

Por otra parte Dante era perezoso, si su padre no le hacía levantar para entrenar no asistía, entrenara o no el pequeño no se duchaba hasta después de medio día. Para que tomara sus lecciones debía primero que perseguirlo por toda la mansión, se quedaba dormido a la mitad de lecturas, el idioma demoníaco no podía dominarlo a perfección y el idioma humano sabia leerlo y escribirlo bien pero cuando le pedías hiciera algo se quedaba dormido sobre los libros. La magia ni se acercaba, siempre había dicho no le gustaba, así que solo estaba presente en las enseñanzas básicas.

Eva adoraba a sus dos pequeños, pero en ocasiones deseaba que Virgil tuviera un poco mas esa energía despilfarrada de Dante y éste a su vez tuviese un poco de la disciplina de Virgil.

El desayuno era primordial para sus pequeños y la mujer rubia adoraba hacerles deliciosos desayunos. Aún cuando comían casi la misma cantidad Dante era un glotón que todo el día se paseaba por la cocina viendo que podría picar, al contrario Virgil si lo hacía era para ayudar a su madre en tareas del hogar.

- No es necesario que me ayudes con la loza cariño –decía Eva a su hijo mayor- ve a jugar con tu hermano, míralo que esta aburrido.

Con una mueca en desagrado caminó hacia su hermano, quien le sonrió al sentirlo, existía una extraña fuerza entre los gemelos que les hacía saber donde estaban, e incluso qué pensaban sin siquiera estar frente a frente.

- ¡PAPÁ!- gritó el pequeño Dante observando como aquel hombre de elegante andar se acercaba por el camino empedrado del jardín.

Virgil observó con cuidado como su padre caminaba con lentitud, su gabán morado se movía al compas de su movimiento y el viento, Dante corrió hacia el saltándole en frente.

- ¡¿Qué me trajiste papá?! –gritó a todo pulmón el menor de los gemelos, pero algo le llamó la atención, un pequeño bulto en los brazos de su padre- ¿eso es para mí? –inquirió acercándose.

- Dante, no es una cosa, es una persona –la voz de Sparda era amable, tranquila, siempre traía paz a las personas que lo rodeaban… -Dirigió la mirada a su hijo mayor, observando como este volteaba su rostro a otro lado, clara señal que estaba enfadado, sonrió para relajar el ambiente, espera pronto poder hablar con su hijo mayor- vamos adentro.

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Los adultos hablaron a solas unos minutos dentro del estudio, después se reunieron con sus hijos en la sala de estar. Dante observaba el pequeño bulto blanco con negro que ahora su madre llevaba en brazos, estaba curioso y no podía evitar acercarse a pellizcarlo.

- Parece un niño –mencionó el menor de los gemelos- ¿me has traído otro hermano? –preguntó a su padre molesto- ¡suficiente tengo con Virgil ¿Por qué traes a otro?!

- Dante, es una niña –mencionó con tranquilidad el padre- es hija de una amiga, se quedará una temporada con nosotros, así que espero la traten como de la familia.

Cuando esto era dicho, la pequeña comenzó a removerse tímida entre los brazos de Eva, volteó el rostro observando a los niños frente a ellos, el niño vestido de rojo estaba saltando por toda la estancia gritando que jugaría mucho con su nueva amiguita, en cambio el otro niño solo le observaba con severidad y se retiró en silencio.

- Se encuentra muy molesto –sentenció el mayor de los albinos, a lo que Eva sólo sonrió.

- Dale tiempo cariño –la dulce mirada azul se dirigió a la pequeña- Angelita, no te preocupes así son ellos, pero son muy buenos niños, verás como se llevan muy bien.

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Algunos días después los tres niños se encontraban estudiando la lección con Eva, Ángela era demasiado seria, se asustaba a la mirada profunda de Virgil, pero Dante en una sola mañana le había paseado como si fuese una muñeca de trapo sin dejarla respirar.

Cuando la tarde calló, los tres menores estaban en el jardín, Ángela junto a Dante jugando con agua y tierra, por otro lado Virgil estaba a la distancia entrenando con su katana de madera.

- Angelita ¿Por qué no hablas mucho? –preguntó Dante.

- Yo… no lo sé –contestaba la niña con timidez.

- ¿Jugamos Jackpot? –Aquellas palabras hicieron que el mayor de los gemelos detuviera su entrenamiento y observara a los niños bañados en lodo.

- No sé jugar a eso –contesto la pequeña levantándose de la tierra.

- Es fácil –salto el niño vestido de rojo- corres y si logro pegarte grito ¡Jackpot! Entonces tú me persigues a mi, ¿Virgil vas a jugar? –pero en cuanto se hizo la pregunta la pequeña volteo a verlo, y el mayor de los gemelos tuvo la sensación que escudriñaban en él, lo cual le hizo molestar.

Se sorprendió más que al sentir aquella molestia, la pequeña reaccionó haciéndose hacia atrás y después corriendo hacia los adultos. Ambos gemelos quedaron confundidos.

Eva observo a la pequeña agitada correr hasta un rincón que se formaba en las estanterías del estudio, la niña se metió ahí cerrando los ojos. Una punzada de pena sintió la mujer, era visible que la pequeña había sufrido demasiado. Ambos adultos se acercaron tratando de calmarla, observando como los orbes jade les trasmitían todo el temor.

- No te pasará nada –mencionaba Eva al momento de sacarla- no te preocupes nadie te hará daño alguno. ¿Quién te asusto? –menciono maternalmente.

- Él… esta enojado –dijo triste, al momento que salía de su rincón.

- ¿Virgil? –mencionó el guerrero oscuro- no te preocupes, él es un caballero, no haría nada malo, te aseguro que daría su vida por protegerte –aseguró el hombre, percatándose cuenta que los gemelos les observaban a la espalda- no tengas miedo Ángela.

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Debido a la molestia de Virgil no se había acercado a su padre en esos días mas allá de lo necesario, pero esa noche le buscó en el estudio en el cual su padre se encontraba sumido en su libro escribiendo.

- ¿Padre? –se acercó Virgil sin esperar una respuesta- esa niña…

- Tiene una mirada especial, no te asustes. Ella es una niña especial Virgil, guarda un secreto muy importante para mí –su hijo mayor lo miró confundido y el albino le indicó que se acercara, este respondió haciéndolo hasta ponerse a su lado derecho, una vez así alzó a su hijo hasta ponerlo sobre sus rodillas lo que avergonzó al menor- Tú y tu hermano son mi más grande orgullo, sé que entiendes somos personas diferentes hijo, ella también lo es, no tiene un legado tan directo como tu, pero su familia esta envuelta en una maldición… también estoy involucrado.

- ¿Qué debes hacer? –pregunto curioso.

- Yo no puedo hijo, pero tú o tu hermano si –lo miró unos segundos, para luego depositar un beso sobre su frente- cuando crezcas te diré que puedes hacer y ustedes decidirán que hacer.

El poderoso guerrero observó a su hijo salir de su habitación, su pecho se hinchaba de orgullo al ver a sus hijos, pero Virgil simplemente era un genio. Recordó que hacia poco había pedido escoger sus ropas vistiendo en aquella formalidad la mayor parte del tiempo, decidió desde pequeño llevar el cabello hacia atrás imitándolo, y su comportamiento era una réplica de él. Amaba a Dante tanto como a Virgil, adoraba a su hijo menor, pues ver su rostro era ver las mas grandes bondades de la humanidad, le recordaba cada día que aquel sacrificio por ese mundo no había sido en vano, aquel júbilo que derramaba Dante por su camino le recordaba la luz del mundo, pero su hijo mayor le recordaba sus raíces en el mundo oscuro.

- De nuevo la noche y el día regresaron… esta vez no se equivoquen –con una triste sonrisa se levantó para salir de su estudio, caminó por el oscuro corredor hasta la entrada de la mansión, en el camino se encontró con su adorada esposa. La mujer humana que le enseñó a amar, que le enseño la bondad pura de los sentimientos humanos, no solo la crueldad o locura que estos podían traer.

- ¿Hay problemas? –preguntó la mujer acercándose delicadamente a el.

- Volveré en un momento, no te preocupes –sonrió al ver como ella negaba con su cabeza, dejando caer sus hermosas hebras doradas.

- Siempre confió en ti –dijo la mujer abrazándole con amor, el respondió con ternura al gesto para fundirse en un tierno beso- estaré esperándote.

El asintió ante aquellas palabras que siempre escuchaba y aun así mantenían a su corazón latir, le daba una fuerza extraordinaria y el deseo de volver a su casa. Sabia que ella sin importar el tiempo le esperaría, pero a él no le gustaba hacerla esperar.

- Te amo –dijo el despidiéndose en silencio.

- Y yo a ti, te amo –dijo Eva cerrando la puerta de su hogar, no sin antes observar como el cielo relampagueaba- seguramente Dante hoy duerme en mi cama –se recordó a sí misma.

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- ¡JACK-POT!

La voz infantil de uno de los gemelos retumbó en el pasillo del segundo piso, entonces el casi silencioso sollozo se hizo presente.

- ¡Tonto! –gritó una voz mas firme.

- ¿Qué pasa Ángela? ¿Qué pasa bro? –preguntaba Dante confundido y algo alterado al ver cómo la pequeña se había hecho un óvalo en el suelo sujetándose el brazo en el cual hacía unos segundos Dante le había golpeado de sorpresa- No llores Angelita –mencionaba alterado el niño- No te pegué fuerte.

Virgil observó la escena completa, la pequeña apenas se dirigía a su habitación cuando súbitamente Dante salió de su alcoba con su katana de entrenamiento golpeando a la pequeña en el brazo. El mayor de los gemelos apenas escucho la palabra "Jack-pot" supo que habría problemas, su hermano no era muy bueno utilizando el cerebro.

Dos pares de ojos azules se posaron sobre la pequeña que peleaba por dejar de llorar. Sintió el cuerpo de los Sparda a sus costados pero estaba dolorida de su brazo. Pero al sentir que la sujetaban no pudo evitar buscar quién lo hacia. Virgil, la había sujetado para levantarla subiéndola a su espalda bajó con ella hasta donde su madre, quien asustada inmediatamente le puso un ungüento sobre el brazo.

Esa noche Dante se llevó una severa reprimenda, de pocas que le tocaban, su madre le había pedido que controlara sus fuerza con otros niños debido a que no todos tenían al resistencia de él y su hermano. Pero aún así el menor de los gemelos esa noche se acostó junto a su madre, todos en casa sabían que noche de tormenta era igual a un Dante gritando a media noche.

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Un sollozo, uno muy lejano casi inaudible, eso era lo que había hecho despertar a Virgil, quien se levantó de un salto de su cama, se dirigió a la habitación de su hermano para encontrarla vacía. Caminó hasta el otro extremo del pasillo a los aposentos de su padre, ahí encontró a su gemelo plácidamente dormido en la cama de sus padres aún cuando estos no estaban.

Un trueno se hizo presente retumbando en la casa, bajó las escaleras encontrando a su madre en la cocina preparando el postre del día siguiente. No sentía la energía de su padre por lo que le era inútil ir al estudio. Subió las escaleras cuando volvió a encontrar el sollozo, giró su mirada hacia la puerta de la pequeña Ángela. Sin avisar se adentro, encontrando un pequeño bulto que se perdía en la enorme cama.

- ¿Tienes miedo? –preguntó secamente una vez se encontró a un lado de la cama. La pequeña salió debajo de las mantas con sus ojos llenos de lágrimas, solo asintió débilmente. El mayor de los gemelos subió a la cama colocándose a un lado de la pequeña- Dormiré contigo, pero deja de llorar –sentenció.

Pasaron algunas horas en silencio, los pequeños profundamente dormidos, el caballero oscuro se había sorprendido de encontrar a Virgil dormido junto a la pequeña. Sonrió con melancolía, su esposa se acerco también sorprendida al ver lo mismo que él.

- Si algún día pasa algo y yo no volviese –dijo el hombre a su esposa, aún en la habitación de la pequeña- ve a donde las Blackthorn. Ahí estarán totalmente seguros.

- Confío en tu poder –la mujer le tomó de la mano- parece esperanzador… suena cursi pero de grandes formarían una linda pareja –sonrió la mujer cerrando la puerta para que ambos se dirigieran a su alcoba.

- ¿Dante en nuestra cama? –mencionó el hombre resignado.

- ¿Quieres levantarte de madrugada?-sonrió ella abrazándolo.

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Los días se volvieron semanas, y las semanas meses. Ángela había obtenido un brillo singular, alegría para una niña que vivió violencia tan cercanamente. Sparda se encontraba satisfecho, sus hijos se encariñaron con la pequeña, aún cuando el mayor de sus hijos era quien se mostraba posesivo a ella.

Cuando Dante deseaba jugar con la Blackthorn dejaba cualquier actividad por estar presente. En los momentos de estudio él acaparaba su tiempo compartiendo su lectura por libros demoniacos que muy jóvenes comenzaron a leer. Antes de la partida de Ángela para regresar con su madre y abuela. Eva decidió tomar una foto, era un día bellísimo y logro reunir a los tres pequeños. Dante sonriendo jovial, iluminando todo a su paso, Ángela como desde hacÍa semanas, sujeta a la mano de Virgil, y Éste correspondía al gesto con la fuerza justa para no dejarla ir.

Esa tarde, cuando tomaban el té, Virgil se levanto para quedar frente a su padre, su rostro estaba decidido a enfrentarlo, rara vez hacia algo así.

- Padre, ¿debe marcharse? –Sparda solo asintió con pena. La niña aún cuando estaba feliz extrañaba a su familia- Pero no deseo dejar de verla –sentenció el pequeño.

Todos se sorprendieron ante la confesión, Virgil no decía fácilmente sus sentimientos, su padre sonrió satisfecho. Dejó a un lado su taza de té, y puso ambas manos sobre los hombros de su hijo mayor.

- Cuando crezcas podrás visitarla con frecuencia y tal vez… quieras que ella te acompañe siempre –Virgil asintió firmemente, se alejó de su padre y extendió su mano a la pequeña quien respondió inmediatamente, alejándose de la habitación- Los demonios, sólo podemos amar una sola vez.

- Yo no, me enamoraré muchas veces –dijo el pequeño Dante tomando su leche con chocolate- yo no seré como Virgil que sólo quiere a Angelita para él y no me deja jugar con ella.

- Claro Dante, tu serás todo lo que desees, sólo nunca lastimes a los demás.

En ese momento en el jardín los dos pequeños se encontraban sentados en una de las bacanas que adornaban ese espacio. Ángela sonreía a pesar de la tristeza que le embriagaba.

- Extraño a mi mamá –dijo ella, sabiendo que su amigo sufría su partida- te extrañaré.

- Me gusta tu presencia, me agrada estar contigo…. Cuando sea mayor y poderoso iré a verte… no vamos a separarnos ya… viajaremos a muchos lugares, yo te protegeré –sentenció el pequeño. El olor a flores inundaba el ambiente y el sonido de aquella risa infantil lo llenaba todo en sus oídos.

- Voy a esperarte Virgil –contesto la pequeña entusiasmada.

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Abrió sus ojos, recordando de forma lúcida cada momento de su sueño. Se levantó de la cama dirigiéndose a la habitación de Gil en donde se encontraba Ángela dormida. Se acercó sigilosamente a ella y acarició con delicadeza el rostro de esa mujer.

Continuara…

Holasssssss, gracias a todos los que leen el fic, en verdad se los agradesco de todo corazón, disculpen estos días no conteste reviews, ando muy cansada jajaja xD y apenas y subo el capitulo. Sin embargo no dejen de darme sus comentarios.

¡¡¡Animo!!!