Virgil.
Hola, lamento la larga espera, debo dar aviso de que este es el ultimo capitulo de esta parte de la historia, pero no se entristezcan aun falta un poco mas de esta historia, sin embargo tardare un poco en subirla debido a que no me encuentro en mi casa, además me falta enviar los últimos capítulos a mi queridísima beta, LiTtL3-WiTcH de quien saben perfectamente les recomiendo su fanfic.
Espero sigan leyendo la historia e invito a que escriban nuevas y porfavor las continúen. Gracias a todas las personas que se toman la molestia de dejarme un review de momento ando tan ajetreada que siquiera los e contestado en verdad discúlpenme. Un saludo y enorme agradecimiento a todos. Sin mas aquí les dejo el capitulo.
Capitulo 25: "Mía"
Ángela observaba confundida al hombre que frente a ella estaba. Hacía ya una semana Marcelo le había invitado a irse a vivir con él, se acercaba el día en que debía darle su decisión, pero con las palabras recientes del Sparda, se encontraba confundida.
- ¿Por qué? –inquirió ella al borde de las lagrimas.
- No importa la razón –dijo fríamente- sólo te ordeno que dejes el trabajo y de verte con otros hombres.
- ¡Tu no puedes ordenarme nada así! –gritó exasperada enfrentándolo.
- Esa marca te hace de mi propiedad.
El albino salió de la habitación de Gil, dejando a la mujer confundida y llorosa. Bajó las escaleras para salir de la casa pero justo frente a él se encontró con Mina.
- Fuiste demasiado rudo –reclamó ella indignada.
- Déjate de estupideces –mencionó pasado de largo a ella.
- ¡Fue tu culpa! –tales palabras hicieron que el Sparda se detuviera en seco- ¿Por qué ella debe sufrir tus errores? Tú la marcaste sin autorización… que te ame no te permite…
- Ella no me ama –dijo secamente- y no siento amor por nadie –con estas ultimas palabras intento retirarse pero el látigo de Mina golpeando a su alrededor le hizo parar de nuevo.
- ¿De donde has sacado idea más estúpida? –los ojos violeta se tornaron peligrosos- Que tú niegues las emociones y decidas cambiarles el nombre no significa que las personas a tu alrededor debamos hacerlo también… ella te ama ¡es obvio! ¡¿Quién te soportaría si no te quisiera, si eres un pesado?!
Deseando alejarse de todos los reclamos el Sparda comienza a caminar alejándose de ahí, se pierde entre la maleza y la naturaleza que rodeaba, al tiempo que se aísla de aquel que ahora era su hogar. Confundido entre los enormes árboles visualizó el automóvil de Marcelo dirigirse a la casa… su casa.
Ángela lloraba arrodillada junto a la cama de su hija, en esos momentos agradecía que su pequeña se encontrara jugueteando en la cueva de la familia. Escuchó los pasos de Mina acercarse, y sólo observó cómo se adentró a la habitación. Su mirada se mostraba comprensiva a su situación, le sorprendió como la demonio le abrazó con cariño y ella lloró con amargura.
- ¿Qué sientes por él Ángela? –preguntó la mujer al sentir como se calmaba la chica, pero el silencio se hizo presente- Dime que sientes por él.
- Sería extraño decir… que lo amo, pero… no de esta forma –de nuevo las lagrimas salieron de sus orbes jade- ¡no de esta forma, no lo quiero a mi lado!
- Entonces… márchate –aquello sorprendió a la mujer- ¡Márchate Ángela! –ambas mujeres se pusieron de pie, la morena dudó- Él no cambiará jamás, nunca te dirá que te ama aún si así lo sintiese, nunca hará nada por hacerte sentir como mereces. Él es frío, calculador y se frustra cuando comienza a sentir alguna emoción, vete con un hombre con el que puedas… tener lo que mereces -Como si todo estuviese calculado, llamaron a la puerta principal, de un movimiento Mina dejo a la mujer- yo atenderé.
Mina abrió la puerta encontrándose con Marcelo, sintió la mirada lasciva que cualquier hombre o bueno casi cualquier hombre le regalaba, pero el hombre después la desvió, por pensar en la mujer del cual se sentía enamorado. La mujer era una maestra de la seducción y entendió al hombre.
- ¿Buscas a Ángela? –preguntó la mujer. Pues había conocido al hombre en el pueblo donde trabajaba- pasa –indicó antes de que contestase- iré a llamarla.
Marcelo se quedó solo observando el salón, esperaba ver a la mujer que le había enloquecido bajar esas escaleras. Su corazón palpitaba cuando la veía, era hermosa, dulce y sencilla. Cuando la mencionada hizo acto de presencia el hombre quedó estático, se veía un poco triste pero aun así bella.
- ¿Llegue en mal momento? –preguntó acercándose a ella con lentitud.
- No –ella le sonrió, y en acto reflejo le abrazó.
- Tenía muchos deseos de verte –mencionó el hombre en forma ronca- no deseo presionarte Ángela, pero, necesito saber tu respuesta… te invito a cenar esta noche, un restaurante cinco estrellas que te encantará -Lentamente se separaron, se observaron directamente a los ojos y ella asintió- perfecto –susurró- pasare por ti a las 6.
- No, yo estaré ahí, es más cómodo para mi –cuestionó ella, y él aceptó.
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Marcelo se estaba marchando en su automóvil cuando Virgil se adentró a la casa, buscó a las mujeres pero se encontró que las tres, incluyendo a Gil, estaban en la habitación de la Blackthorn mayor. Paso indiferente pero escuchando la conversación.
- Ángela te regalaré un vestido –la mujer comenzó a sacar de sus ropas un vestido rojo corto de tirantes en largo escote- te verás bien en el.
Para Virgil aquello fue como un balde de agua con hielo cayendo en su cabeza, frustrado se encerró en su habitación esperando el momento de estar a solas con Mina y destrozarla. Pasaron cerca de dos horas en las que las mayores se encerraron en la habitación de la morena ojos de jade. Gil se había ido a su lado pero al ver su esencia tan alterada prefirió leer sola en la biblioteca.
Escuchó a las mujeres fuera de la casa, así que abrió la ventana para observar mejor, pero lo que encontró fue algo que no se esperaba y no le agradó. Ángela envuelta en un vestido color rojo que resaltaba su cabello y piel, tenia cuello tipo halter pero realzaba perfectamente la forma de sus senos y tenia un escote proporcional, por la espalda quedaba la dejaba descubierta hasta la mitad, se ajustaba del pecho hasta el comienzo de la cadera en donde la falda caía libre hasta antes de sus rodillas. Las sandalias altas al tono le daban el toque final de sensualidad.
- Elige lo que sea mejor para tu felicidad –mencionó Mina a la mujer que subía a su camioneta, pero aquello rezumbó hasta que el propio Sparda lo escuchó.
- Lo hare… gracias –dijo la mujer antes de marcharse.
Cuando la camioneta se alejó Virgil se encontraba ya junto a Mina quien esperaba un enfrentamiento pero no de esa forma tan directa. Lo observó directo a los ojos, cuales normalmente eran un espejo frígido a las emociones, en aquel momento demostraban destellos de pasión contenida… estaba furioso.
- No necesito que estés aquí dando consejos inútiles.
- En ningún momento son consejos inútiles… si tú has sido el tonto pensando que ella te dejará. Te ama y aún cuando sufra, está dispuesta a vivir en dolor con tal de estar a tu lado -El hombre caminó hasta darle la espalda.
- Ella…
- Ella ama al padre de su hija –interrumpió súbitamente Mina- ella te ama a ti, me lo ha dicho, me lo repitió entre lágrimas, y tú eres un idiota por dudarlo, ella se quedará contigo, pero si quieres darle un poco de felicidad, no vuelvas a amenazarla… de lo contrario te las verás conmigo… Gil y yo acamparemos en la playa esta noche –fue lo último que dijo antes de retirarse.
Virgil quedó sumido en la soledad, ese día hasta su propia protegida decidió alejarse de él, estaba alterado, molesto y lastimó a una de las pocas personas con las cuales formó lazos emocionales. Pero de sólo pensar que ella se fuese o estuviese con aquel hombre, una ira irracional comenzaba a invadirle, deseaba desaparecer a ese hombre, deseaba mantener a esa mujer a su lado.
- "Debo sincerarme… ella es mi compañera" –volteó a ver hacia donde había desaparecido la camioneta- "Si ella comete infidelidad, mataré a Gomory por esto" –enfadado regresó a encerrarse a sus aposentos. Sólo escucho el escándalo de Gil y Gomory al salir para acampar.
-.-.-.-.-
Pasaba la media noche, cuando la camioneta de Ángela llegó a su hogar, se sorprendió de encontrar el lugar tan oscuro, pero recordó que Mina le había pedido acampar con la pequeña cerca a la playa. Resignada se adentró a su hogar, abatida, cansada y vacía.
- ¿Tardaste mucho? –la ronca voz era inconfundible. La morena sintió un escalofrío, algo en esa voz le provocó temor.
- Buenas noches –dijo la mujer, caminando hacia las escaleras que apenas y veía debido a la oscuridad reinante.
- ¡Hueles a él! –aquel rugir del Sparda le hizo retroceder hasta pegar con la pared, el apareció de entre la penumbra, su rostro apenas y distinguible demostraba ira, ella temió a el realmente. Como un cazador a su presa Virgil se acercó al femenino cuerpo que temblaba ante su cercanía- ¿Por qué hueles a él? –preguntó amenazante.
- No debo darte explicaciones –buscó valor, para responder, pero todo se desvaneció cuando él la sujeto de los brazos, el agarre firme le hizo temblar aún cuando no la estaba lastimando- por favor, déjame –rogó cerrando los ojos.
Sintió el aliento de Virgil sobre su cuello, su rostro. Abrió los ojos dudando de que pasaba, pero él estaba oliéndola, se sintió nerviosa. Virgil estaba perdiendo el control y de seguir de esa forma las cosas Mina y Marcelo no verían el amanecer. Recorría el cuello de Ángela encontrando el olor de aquel hombre impregnado en su piel, bajó por su pecho detectando aún aquel aroma. Inconscientemente apretó con rudeza los brazos de la morena, al momento que seguía deslizando su rostro.
- Hueles a él –mencionó tranquilo, pero la ira se podía denotar en trasfondo, las saladas lágrimas hicieron presencia, la había hecho llorar de nuevo.
En un estado masoquista se coloco en cuclillas frente a Ángela, olfateando el aroma de sus piernas, aún cuando era débil el olor de aquel hombre estaba marcado sobre la piel de la mujer que reclamo suya. Con violencia y una mente llena de escenas en las cuales imaginaba a aquella mujer en brazos de otro, subió la falda de aquel vestido.
Un gemido escapó de los labios femeninos al sentir como los dedos de Virgil se deslizaban sobre su ropa interior en su centro. Con lentitud el hombre deslizó sus manos hasta la cadera, bajó con delicadeza la prenda interior en el trayecto disfruóo acariciar las piernas de la mujer. Cuando alejó la prenda del cuerpo, volvió a acercarse al centro de la mujer, primero aspirando su aroma segundo adentrando uno de sus dedos entre los labios, acariciando con suma suavidad. El gemido de Ángela le motivó a continuar. Con delicadeza abrió los labios mayores para lamer suavemente el hinchado botón.
Sonrió con perversidad, levantándose para encontrar los ojos jade que esquivaban su mirada, tomo ese rostro con una de sus manos, invitándole a mirarlo.
- No pude –dijo la mujer, al momento que se lanzaba a su pecho llorando con amargura y le abrazaba por la cintura con toda su fuerza- ¡No pude!... No importa si a tu lado sólo conoceré el sufrimiento, quiero estar a tu lado.
- Una decisión masoquista –mencionó fríamente.
- No me importa –contestó ella segura de su decisión.
- No te haré promesas, ni te ofreceré nada –sentenció alejándose de ella. Se buscaron a los ojos.
- No necesito nada, no espero nada de ti… te amo por lo que te conozco, no por lo que espero de ti… Somos adultos, creo podemos manejar esto… siquiera preguntare que sientes por mi, no deseo saberlo –aquello sorprendió el hombre- estaré para ti, sin importar lo otro "Al final esta es la maldición de mi sangre… amar sin ser correspondido"
Cuando se dio cuenta que Virgil la llevaba en brazos fue hasta que llegaron a la habitación de éste, la depositó delicadamente sobre la cama comenzando a desvestirla. Fue lento y tortuoso él pasaba sus manos al momento que desprendía cada prenda.
Hipnotizada observó como el quitaba las prendas de su cuerpo desinhibidamente. No vestía el gabán azul, pero si quitó aquel grueso chaleco de su cuerpo dejando ver los firmes músculos que con años de entrenamiento formó. Se quitó las botas de un movimiento para luego seguir con el pantalón. Ángela enrojeció al descubrir la hombría altiva y deseosa. Pero antes de siquiera hacer algo Virgil la llevaba sin darse cuenta al cuarto de baño.
- Borraré ese aroma de tu piel –decía sensualmente. Sintió el contraste del agua fría caer sobre ella, pero la piel cálida del Sparda que le abrazaba le quemaba.
La mano del Sparda se deslizo sobre su piel enjabonándole con delicadeza y lentitud cada zona, pero aquel acto era reflejo a las caricias eróticas que comenzaban a surgir efecto en los gemidos que la dama proporcionaba. Deseoso la arrinconó hasta la pared comenzando a besarla al momento que pegaba su cuerpo al de ella, sintiendo como embonaban perfectamente. Ángela comenzó acariciando los brazos masculinos sintiendo la humedad del agua que les bañaba podía deslizar mejor sus manos por esa piel, le recorrió hasta los hombros para bajar por su espalda y empujarle con fuerza para sentirlo más pegado a ella.
Él besaba su cuello para bajar por su pecho, ansioso en devorarla sujetó sus pechos palpando la excitación latente, sin esperar más comenzó a succionar uno de los botones ansioso sentía que perdería la vida si no la recorría, si no la probaba. Ella clavó sus uñas en su espalda al sentirlo de aquella manera jugueteando con sus pezones, era rudo y los mordisqueaba con una suavidad excitante.
- Te necesito… ahora –sentenció con la voz ronca a la pasión. No esperó respuesta y sujetó a la mujer por las caderas para elevarla, ella enredó sus piernas en la cintura masculina disfrutando el roce de su piel. El miembro altivo de él rozaba aquella feminidad que se había humedecido gravemente.
Ansiosos se besaron, jugueteando con sus lenguas imitando el movimiento coital, hasta que ambos gruñeron al placer de unirse en la forma mas intima que un hombre y una mujer pudiesen lograr.
Los movimientos pélvicos eran salvajes, no hubo besos o caricias, solo deseaban seguir aquella cadencia que su cuerpo dictaba, satisfacer la necesidad que en ambos nacía de su centro. Ella movía lo que podía su cuerpo intentando sentir mas profundamente la virilidad de aquel ser que le llenaba por alguna razón hasta el alma. Ansiosa mordió con violencia el hombro del demonio al momento que sucumbía a las mieles del orgasmo, pero aquello mas que molestar al ser lo lleno de una excitación que le hizo apresurar su movimiento hasta derramarse de nuevo ella.
Buscando recobrar la respiración, Virgil presiono el cuerpo de Ángela entre el suyo y la pared. Besaba con pereza el cuello y hombros, buscando alcanzar los senos que aun ansiaba devorar. El deseo no disminuía a pesar de haberse derramado, aún necesitaba seguirla probando. Por un momento temió que aquella necesidad nunca fuese a terminar, pero entonces buscó la mirada jade, que internamente le dijo siempre estará ahí para el.
Bajó el cuerpo de la mujer que aún le temblaban las piernas. Sonrió al verla tan dulce, indefensa y demasiado deseable, cerró el grifo del agua para después tomarla en sus brazos y caminar con ella hasta la cama.
- ¡VIRGIL! –gritó Ángela al sentir como ese hombre había terminado de lamer la humedad de su cuerpo y ahora jugueteaba perversamente con su espalda, recorriéndola sensualmente con sus labios al tiempo que sus manos jugueteaban con sus pechos y su intimidad.
Con suavidad el hombre comenzó a girarla hasta que ambos quedaron de frente, sus labios se fundieron de nuevo en un instintivo beso que los hacía olvidar la presencia de todo a su alrededor. Lentamente él comenzó a recostarse atrayendo a la mujer sobre el. Ángela era manipulable a sus deseos, sonreía ante aquello, sabía que si la enseñaba bien, pronto ambos disfrutarían de aquella danza sin necesidad de manipulación; entonces se descubrió a sí mismo ansioso bajo el pensamiento de mantener esos momentos con aquella mujer.
Ángela sintió el firme cuerpo de su amante bajo de ella, sus piernas a los costados de aquel vientre masculino podía sentir a la perfección el hinchado miembro rozar su feminidad. Curiosa pasó sus dedos sobre el abdomen del hombre, presionando sobre aquella carne deleitada al calor y suavidad de su piel. Se inclinó para comenzar a besarlo, los pectorales y sus erectos pezones, buscó su cuello saboreándolo y deleitándose al olor masculino. Buscó sus labios deseosa en demostrarle que había aprendido a las exigencias de sus besos, al tiempo que hacia esto recogía con una de sus manos los mechones blancos que caían sobre su rostro. El beso se profundizó, pero sintió las caderas del él moverse, el miembro altivo rozaba aquella húmeda entrada.
- Muévete –indicó ronco de pasión.
Obedeciendo movió la cadera hacia atrás permitiendo que aquel miembro volviera a hundirse en su carne. Gritó de placer al sentir como ella controlaba la lentitud de aquel momento. Él le sujetaba sus caderas enterrando sus dedos en los glúteos y se inclinaba hacia el frente para succionarle los pechos.
Los primeros movimientos fueron lentos y él le permitió conocer que le agradaba, pero al tiempo que el calor se extendía en ambos cuerpos, la cadencia aumentó y él le ayudaba elevando su cadera para unirse más dentro de ella. Entonces de nuevo las sensaciones placenteras inundaron el cuerpo de Ángela, llevando a los limites corporales, buscó los labios masculinos al tiempo que las caderas de éste seguían marcando el ritmo que la enloqueció.
- ¡Virgil! –gritó la mujer repetidas veces al momento que su cuerpo temblaba por la pasión, cayendo súbitamente sobre el pecho de él, logró sentir como el movimiento del hombre se aceleraba en búsqueda de su propia culminación. Intentó levantarse pero él no se lo permitió, le acaricio la espalda sugestivamente y besó sus labios, sin dejar de adentrarse en su feminidad. Cuando él volvió a llenarla de aquel liquido, de alguna forma extraña se sentía diferente, única y plena. Cerró los ojos sin moverse sobre él, disfrutando de las caricias de aquellos firmes dedos que recorrían su espalda.
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- ¿Mamá? ¿Papá? –preguntó la pequeña, al adentrarse a su hogar. Gomory le seguía de cerca y realmente era sorprendente que ninguno de aquellos dos estuviera despierto.
- "Seguro se divirtieron toda la noche" –pensaba prevenidamente la mujer.
- Están felices ya –dijo la niña, lo que llamó la atención de la demonio.
- ¿Por qué lo dices Gil?
- La casa se siente diferente… ya no existe ese color que cubría todo… ¡Iré a buscarlos! –corrió la niña.
- ¡Espera! –le intentó detener, no deseaba los encontrara en una intimidad y después surgieran mas problemas. Pero la pequeña a la mitad de las escaleras se detuvo.
- ¿Qué sucede? –preguntó la mujer.
- ¿Cómo habrá llegado la ropa interior de mamá? – Aquello provocó que la mujer se alertara.
- Bueno, tal vez a la hora de subir la ropa limpia, no sé… "Ay descuidados, ¿Por qué no se fijan dónde tiran la ropa?" –vamos mejor a preparar el desayuno.
- Llevaré esto a la ropa sucia –dijo la pequeña tomando la tela de su madre. Gomory no pudo hacer nada y sólo le alivió verla correr al cuarto de lavado y no al segundo piso. Cuando apenas y la pequeña se alejó Virgil salió de la habitación, vestido de pantalón de vestir a juego con un chaleco a color azul oscuro casi negro y una camisa azul más claro.
- Hasta el semblante te cambió –dijo venenosamente la demonio, pero fue ignorada por el hombre quien termino de bajar.
- ¡Papi! –gritó la niña al verlo y abrazarlo- ¡me alegro de que estés feliz!
El hombre la subió a sus brazos, para después salir a un momento de ellos dos, cuando estaban afuera Ángela salió de la habitación.
- A partir de ahora deben cuidar donde dejan la ropa –mencionó ella sonriente, la mujer estaba sonrojada hasta las orejas- no te preocupes, ¿Al final como ha quedado? -Ángela sonrió amablemente, aun sonrojada por lo sucedido.
- No creemos sea sano para Gil de momento enterarse de nada… aún no sabemos que hay entre nosotros. Yo lo amo a él, pero él solo siente pasión. El tiempo lo dirá –con una última sonrisa cerró el tema- iré a darme un baño- y se adentró a su propia habitación.
- Esta mujer aún no se entera… Virgil por tu bien confiésate a ti mismo que la amas… confiésaselo pronto –pero una mueca de disgusto apareció en ella- pero sabiendo lo cabezota que eres seguro tardas mucho más.
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Virgil sujetaba en una de sus manos a Yamato, en la otra sentía la mano cálida de su hija sujetarse con fuerza a la de el, observaban al mar tempestuoso, desconocido y al tiempo benévolo.
- Gil, tu serás mi descendiente –mencionó con firmeza- mi padre marco a Yamato para mí y yo la marcare para ti.
Poniéndose de cuclillas frente ala niña desenfundó la gloriosa espada, cortando con delicadeza un poco el dedo infantil, cortó su mano también. Envolviendo la mano de la pequeña en la suya, las sangres se mezclaban, escribieron sobre la hoja del arma: Virgil Blackthorn, en idioma demoniaco.
- Como mi hija, Yamato quedará en tus manos –le dijo henchido de orgullo.
Continuara…
