Virgil

(Devil May Cry y ninguno de sus personajes me pertenece… por desgracia xD)

(La ortografía no se corrige, de lo contrario jamás terminare la historia, por que nunca quedo satisfecha cuando re-leo, jajaja, mejor discúlpenme los dedazos y palabras que no cambia el Word)

- Virgil… (Dialogo y acción)

- ¡VIRGIL! (Grito)

- "Virgil…" (Pensamientos)

La noche se convirtió… (Lectura, Escrito)

Abría suavemente sus ojos…(Narración de un sueño)

Capitulo 30: "Dante"

Un delicioso olor le comenzó a motivar, abrió sus ojos con pereza, encontrándose envuelta en los suaves cobertores de su nueva cama. Observo a través de su gran ventana como el sol se ocultaba a la distancia, haciendo que las tonalidades naranja y azul oscuro se mezclaran en el cielo. Se levanto lentamente cansada de dormir, recuperando poco a poco la lucidez. Estaba anocheciendo y ella durmió prácticamente todo el día.

En su interior se incrementaba el temor de un nuevo enfrentamiento, pero el remordimiento de las palabras dichas también fue un incentivo a sentirse intimidada de enfrentarse a los ojos zafiro; recordó con tristeza el motivo por el cual termino en la habitación

Flash Back.

Virgil se levanto temprano como cada día, aun cuando lo odiara sentía la responsabilidad de llevar a Gil a sus clases en aquel colegio, no le gustaba conducir y el camino era largo sobre todo para una niña pequeña, que aun cuando se encontraba en entrenamiento, el Sparda jamás la obligaba a sobrepasar su limite de forma abrupta, al contrario prefería los progresos lentos y naturales, al menos en su hija.

Pero después de dejar a la pequeña en el camino donde el recién contratado servicio de autobús la recogiera, el Sparda regreso a su hogar. Encontrando a Ángela sumida en la degustación de un helado de fresa que ella misma hizo. Aquello comenzó a molestar a Virgil debido a que desde hacia tres días que regresaron, la mujer parecía mantener una dieta de solo comer helado y pizza. Lo cual a sus ojos solo era una descompensación a su cuerpo, lo peor era que sabia perfectamente que Ángela tenia costumbres sanas de alimentación.

- Deja de estar comiendo eso –ordeno el hombre que se dirigió de forma amenazante a la mujer, quitándole el helado que aun se encontraba a la mitad y tirándolo al fregadero- estoy cansado de verte comer esa porquería.

Ella estaba dispuesta a reclamarle, pero entonces entendió que hacia algo mal, para que el hombre demostrara tan abiertamente su preocupación. Asintió en silencio, con el deseo de llorar, las hormonas comenzaban a hacer su aparición pero no deseaba molestar mas al hombre que amaba. Lucho contra las lagrimas pero las dagas de acero en las que se convertían los ojos del albino provocaba que sus fuerzas disminuyeran. Pero entonces el la distrajo.

- Gil saldrá de esa escuela –sentencio sin decir nada mas, no fue una petición, o algo que abriera el dialogo para discutir, como todo de su parte siempre eran ordenes y mandatos. Aquello era un aviso de algo que estaba por hacer, aquello le molesto.

Ángela levanto la vista para encontrarse sola en la cocina, para descubrir que el se marchaba sin importarle su opinión sobre la educación de su hija, aquello le molesto, sintió una fuerte ira creciendo en ella, olvidando rápidamente la desdicha de su helado que casi la llevo al borde del llanto, al contrario ahora sentía mucha energía, y animo de pelear contra el hombre que amaba, pues no permitiría que siempre hiciera su voluntad.

Le alcanzo en la biblioteca, lugar en el que en los últimos días se sumergía, al menos hasta la llegada de Gil, con quien después de comer se marchaba a entrenar, de nueva cuenta contra su voluntad. Después de los riesgos que sufrieron, ella no veía de la misma forma aquellos entrenamientos, no deseaba perder a su hija, y sabia que el poder provocaría que su hija fuera mas temeraria como el.

El se encontraba recargado en el escritorio, revisando algunos libros y metiendo algunos separadores que Gil había creado con cartulina y crayolas, lo recordaba Ángela le habia ayudado a protegerlos con papel contact, en el momento no pregunto para que eran, aun cuando le llamo la atención la gran cantidad, sin embargo ahora parecía entenderlo, Virgil se estaba encargando de la educación de su hija, algo mas fuerte que la lectura de libros sobre las historias de Sparda y el infierno; además no parecía dispuesto a enseñarle solo a leer, escribir y las funciones matemáticas. Virgil estaba formalizando un método de estudio, de las artes oscuras, aquello no lo soporto más.

- ¡Gil no saldrá de esa escuela! –alzo la voz para llamar su atención, pero el tardo algunos segundos en responder, ella se enfadaba cada vez mas, debido a que parecía no prestarle atención, cuando el al fin levanto el rostro para encararla su rostro de mascara insensible la intimido unos instantes, pero retomo el valor- No voy a aceptar que hagas lo que quieras con Gil, ni conmigo, no puedes estarme dando ordenes, mucho menos decirme como criar a mi hija.

- Estas sensible por el embarazo –menciono con tranquilidad antes de volver a buscar algunos datos en el libro y tomar otro separador que coloco. Pero ella apretó los puños hasta que sus nudillos se tornaron blancos, y su boca se apretó tanto que su boca se convirtió en una fina y delgada línea.

- ¡No me ignores! –grito al fin ella desesperada, el levanto de nuevo la vista, observando como sus mejillas se encendían del coraje- ¡Tu no tienes derecho a tratarme de esa forma! ¡No puedes decirme que hacer con la vida de Gil! ¡Are lo que crea mejor para mi hija! ¡Y para este bebe!

Las recalcadas palabras "mi hija" resonaron en la cabeza de Virgil, quien se esforzaba por controlar su vocabulario, no porque le temiese a la humana, solo no deseaba alterarla mas, pero estaba llevando las de perder, ella parecía dispuesta a seguir con eso y llevarlo peor a otros extremos. Cansado cerro el libro dejándolo en el escritorio, se cruzo de brazos, observando como ella aun mantenía esa mirada llena de enfado. Se pregunto si era natural sentirla tan atractiva aun en ese avanzado estado de gestación. Según leyó el embarazo provocaba eso para que el macho cuidase a la hembra, y realmente la naturaleza pensaba en todo, el caía ante aquella provocativa criatura.

- Te dije que no me pongas limites –sus ojos azules se afilaron aun mas- no vas a decirme que hacer con mi hija.

- ¡No vas a impedir que ella tenga una vida normal! –Recrimino enérgica- necesita saber como relacionarse con otras personas, necesita conocer gente… ¿Qué hará el día que no este yo? ¿Qué haremos nosotros cuando tú decidas irte de nueva cuenta?

Aquel ultimo comentario fue un golpe a la mandíbula del Sparda, aun cuando no lo demostró, aquello le incomodo realmente; Ángela se encontraba enfadada y el no le encontraba el sentido a su molestia, además atacaba con argumentos que si bien tenían un motivo debido a su historial, no le daba la oportunidad de demostrarle su redención.

- Tengo el poder para tomar esas decisiones –dijo tajantemente, buscando terminar aquella discusión sin sentido.

- ¡No lo tienes! –Levanto nuevamente la voz ella- No tienes el derecho sobre mi hija, ni sobre este bebé que no has querido nunca.

- Basta de estas sandeces –contesto dispuesto a marcharse, no deseaba pelear con una mujer que se encontraba descontrolada por las hormonas.

- No son sandeces, es la realidad… cuando tengas la necesidad de alejarte, cuando tengas miedo o simplemente estés cansado, tu te marcharas… yo me quedare con ellos –esto ultimo diciéndolo en un susurro- yo seré quien tenga que enfrentar sus preguntas de donde estas o si volverás; yo soy quien puede morir mas fácilmente que tu… si no los preparo a sobrevivir sin mi, a saber estar en el mundo real… en el mundo humano, jamás estaré tranquila… sentiré que los dejare desprotegidos.

- Estoy aquí Ángela –la voz de Vergil aun y cuando sonaba en su monotonía, tenía un trasfondo de enfado, algo que no le paso desapercibido a la mujer, quien se sintió fatal, el se retiro en silencio, siendo la puerta que se abrió y cerro el único indicio de su alejamiento. Lagrimas corrieron por sus mejillas, por la confusión que sentía en su alma, por su necesidad de confiar en aquellas palabras, por sentirse agotada debido a todo lo vivido, por sus pensamientos y lo débil aun de su cuerpo; decidió recostarse dirigiéndose a su habitación, donde cayo en la cama en un profundo sueño.

Fin Flash Back.

Salió de la habitación, encontrándose la tenue luz que la llevo a la cocina, al adentrarse observo al hombre de su vida preparando una cena deliciosa con un filete bien acompañado de pasta y ensalada.

- Esperaba te levantaras, debes tener hambre después de dormir todo el día –aquello no le pareció un reclamo, a la mujer de cabello azabache le parecía mas su forma para demostrar preocupación- Gil ya ha comido y se marcho a dormir temprano –observo fugazmente un gesto en la mujer, una contestación, sin embargo el no la dejo hablar- Aliméntate por el embarazo.

Ella bajo la mirada avergonzada, en su mente pasaba la verdad de la situación, y una frase real de lo que sucedía "Estoy aquí" le dijo el, y era verdad, el podría irse, abandonarles para siempre, pudo dejarlas morir, pero se encontraba ahí, de regreso en ese lugar, cuidándoles, como desde hacia tanto tiempo; eso la hacia preguntarse ¿desde cuando y por que? La respuesta provoco que las lágrimas se galoparan en sus ojos, y sin evitarlo se acerco abrazándose al cuerpo de ese hombre, quien maniobrando sutilmente su cuerpo coloco el plato que llevaba en su mano, en la barra de la cocina para responder al abrazo de la mujer.

- Virgil –dijo entre lagrimas- te amo… te necesito tanto –la mujer sollozaba entre sus brazos –Perdóname todas las cosas horribles que dije -Sentía como el respondía, como el cuidaba la fuerza con la cual la atraía a su cuerpo; y entre aquellos momentos un beso irrumpió sus lagrimas, un beso cargado de algo mas que pasión, era mas impregnado de un sentimiento que ella no deseaba descifrar por el miedo de equivocarse en la suposición que se creaba su corazón, pues deseaba que aquello que el le daba fuera suficiente, y cuestionar o imaginar provocaría en ella una necesidad de que el dijera algo mas, algo que seria imposible.

El por su parte sentía un calosfrió en su espina dorsal a cada palabra de ella, y sin imaginarlo, sin analizar lo que sentía, invadido por una fuerza, un calor que en su pecho le impulsaba a sujetarla mas entre sus brazos, de sentir aquel calor del femenino cuerpo y necesitar mas. Debía reconocer, al menos internamente, que cuando se alejaba de ella se sentía intranquilo, perdido entre el vacio, ella era una motivación, una razón, lo único seguro y suyo que sentía, que tenia; necesitaba sentirla en cuerpo y alma, necesitaba protegerla, enloquecía de pensar que algo pudiera sucederle.

Los labios de ambos comenzaron a unirse, sus lenguas danzaban en un ritmo que sus corazones dictaban, sus manos ansiosas comenzaban a buscar entre su cuerpo, y cuando menos lo esperaban, el se encontraba llevándola a la habitación. La deposito sobre la extensa cama, un espacio que no necesitaban dos seres que deseaban unirse a cada segundo, a cada instante. La necesidad de uno por el otro parecía no tener fin, aquel deseo no parecía menguar con el tiempo, y su mente se nublaba entre mas se entregaban a sus deseos.

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Cuando aquel momento de pasión termino, cuando sus cuerpos se regularon en la respiración, y se encontraban dándose calor entre ellos en un delicioso silencio. El sonido del estomago de Ángela rompió aquel ambiente de paz.

El sonrojo de la mujer era un color nuevo sobre su piel, que se encendía como un tomate ante la vergüenza, aun cuando al hombre le pareció gracioso no dijo nada, ni una mueca se asomo por sus labios. Pero si se levanto y colocándose solo un pants que saco de su guardarropa bajo en silencio.

Ángela apenas y comenzaba a ponerse un camisón cuando el entro con una charola, la comida de nuevo caliente, y un vaso de agua de sabor acompañado de delicioso helado de fresa, que ella no recordaba haber preparado. En silencio ella se sentó sobre la cama y el coloco la charola sobre sus piernas.

Después de varios minutos de comer en silencio, siendo severamente observada por el hombre de cabello blanco, ella sonrió de satisfacción al observar como se marchaba a dejar en la cocina aquellos platos. Se levanto en silencio para observar por la ventana que se encontraba perfectamente cerrada. Escucho cuando la puerta se abrió nuevamente, cuando aquel hombre se acerco de nuevo a su cuerpo.

- ¡Virgil! –Grito asombrada en emoción, tomo la mano del hombre y la coloco en su vientre- ¡se a movido!

Y el pudo sentir un pequeño movimiento, que mas parecía una poderosa energía demoniaca que se acumulaba, era normal que su hijo fuese fuerte, tenia su poder; observo los ojos de la mujer y derramándose en orgullo acaricio su vientre.

- ¿Esto es real? –se atrevió a preguntar ella, al tiempo que se abrazaba al cuerpo de el.

- Estoy aquí –sentencio el.

Aun cuando ella durmió todo el día, después de discutir un poco sobre la educación de Gil, llegando al acuerdo que no abandonaría la escuela humana, pero se le enseñaría lo básico de las artes oscuras, al menos hasta terminar la primaria, cuando seria el momento en que se retomaría la discusión; la pareja decidió volver a la cama, ella de nuevo durmió apacible, su cuerpo se agotaba con mas facilidad que en el embarazo de Gil, Virgil aseguraba que estaba incluso mas inestable emocionalmente. Observo como se removía bajo las mantas hasta llegar junto a el, como se acostaba en su pecho al menor espacio que el diera, como si fuera un cazador que sabia aprovechar muy bien sus oportunidades. Al final ella lo envolvía en sus brazos, en su aroma, y el respondía con la misma candidez que ella ignoraba en su inconsciencia.

El cuerpo de la dama estaba muy junto de el, y comenzó a sentir un pequeño movimiento en su costado, justo donde el vientre de ella se pegaba a el, la energía de su hijo aumentaba cada dia, era natural que se encontrara tan inquieto. Sonrió satisfecho, hinchado de orgullo al sentir aquel poderío moverse dentro de su madre, incluso sentirlo luchar contra el, era como si su hijo estuviera enterado de la cercanía de los cuerpos de sus padres.

El albino acaricio delicadamente el vientre de la mujer, la energía comenzó a tranquilizarse, regresando a un estado de reposo. Al sentirlo calmado decidido descansar un poco cerrando los ojos, aun cuando no podía dormir, debido a que en su mente varias ideas tomaban mas fuerza para ser atendidas.

En su mente rondaba el constante gusto de Ángela por la pizza, especialmente aquella con peperoni y hongos, además de esa tendencia poderosa por el helado de fresa. Definitivamente la genética era fuerte, sobre todo de su lado, de su otra mitad… de su parte buena. Jamás imagino que algo así fuera a ser tan tormentoso, provocarle recuerdos que desearía guardar tranquilamente en su alma, pero a diferencia de todo, aquellas acciones de su compañera, solo le traían a su memoria el recuerdo de una vida, de una infancia.

- Dante –susurro el hombre antes de sumergirse en la semiinconsciencia, esto debido a la forma en la cual vivió en su adolescencia, jamás dormía sin tener sus sentidos alertas, aun cuando estando en ese lugar, junto a esa mujer, la paz llegaba a el, sus sentidos siempre se encontraban alerta para reaccionar ante cualquier anomalía. Pero esa noche, su mente tenia algo preparado para el.

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Un fuerte olor a pizza con hongos se penetro por sus fosas nasales, algo realmente fastidioso después de unos minutos. Lentamente abrió sus ojos encontrando su reflejo, o al menos eso seria si no fuera por la salsa de tomate alrededor de los labios y un poco en la nariz.

- Dante –aseguro con enfado-¡Bájate de mi! –levanto la voz al tiempo que empujaba el cuerpo de su hermano minutos menor que el.

Dante cayo de sentón a su lado, era una suerte que las camas de su casa fueran amplias aun y cuando ellos apenas y eran unos niños. Virgil se inclino, tomando asiento en su propio colchón, observo la ventana, estaba oscureciendo. Palpo a su lado encontrando el libro que estaba leyendo.

- Me quede dormido –dijo suavemente, mas para el que para su hermano que aun seguía a su lado y que inesperadamente comenzó a saltar en la cama- ¡Dante ve a saltar a tu propia cama!

- Mamá hizo de cenar pizza… dijo que viniera a despertarte para que cenemos todos –el mayor observo a su hermano manchado de salsa.

- Seguro ya robaste algunos trozos –dijo el mayor poniéndose de pie.

- Vir… en una semana cumpliremos años, ¡ya seremos grandes! –gritaba con emoción el menor de los semidemonios.

- Dante solo cumpliremos ocho años, no seremos adultos… aunque tu puedes vivir un milenio y nunca ser adulto –el pequeño se bajo de la cama y comenzó a caminar hacia la salida dejando a su hermano con una enrome duda.

- ¿Qué es un milenio? –Dante bajo de la cama siguiendo a su hermano mayor, pero se sorprendió al encontrarlo en el pasillo, observando la habitación donde alguna vez una pequeña niña fue instalada, no se había vuelto a usar nunca, cuando se insinuaba Virgil solía enojarse- Bro –dijo el gemelo menor acercándose- ¿Aun extrañas a Angelita? –no le sorprendió la ausencia de una respuesta, lo contrario le habría asombrado o tal vez asustado. El chico lo pensó varios segundos- ¿Por qué no lo pides de cumpleaños? ¡Que sea tu regalo verla! ¡Yo pediré lo mismo!

El chico emocionado se dirigió a las escaleras para llegar a donde su madre y padre les esperaban con un poco de exasperación. Virgil lo siguió a poca distancia. Entraron en la cocina, lugar donde solían hacer sus comidas cuando no habían invitados, esto debido a lo pequeño y acogedor que creaba un ambiente mas familiar e intimo. Virgil se sorprendió de que su padre se encontrara tan temprano en casa, alegrándose de ello tomo su lugar en la mesa.

- ¡Pizza! –grito Dante sin esperar a mas comenzó a devorar jalando las rebanadas sin esperar a que su madre le sirviera, Eva que ya lo conocía no le dio importancia y comenzó a servirle a su primogénito, seguido de su esposo y al final se sorprendió de encontrar una rebanada en su plato, una que el propio Dante coloco- Mamá, de postre ¿me das helado de fresa?

- Muy bien, pero no comas tanta pizza –sentencio Eva.

- ¡Bien! –Grito Dante contento y comiendo más tranquilo la quinta rebanada- ¡Te salió deliciosa mamá! –Eva sonrió sabiendo que su hijo era muy glotón con esas comidas, cuando decidía preparar pizza debían ser tres o cuatro o de lo contrario nadie mas comería.

- Virgil, Dante, pronto será su cumpleaños –menciono el padre quien miraba con adoración a su familia- ¿Han pensado que desean este año? -Sin dejar tiempo a nada Dante se levanto en la silla, sorprendiendo a todos.

- ¡Virgil y yo queremos ver a Angelita! –grito a todo pulmón.

- Dante, baja de la silla y no grites a la hora de la cena –menciono tranquilamente Sparda, Eva solo sonrió. El mayor lo pensó algunos minutos, todos guardaron silencio y Virgil dejo de comer para observar a su progenitor- temo que no podemos ver a la pequeña Ángela –dijo calmadamente, con su sonrisa tranquila de un rostro gentil- Son asuntos de los adultos, que aun cuando no deberían afectar a los niños… en este caso es inevitable… espero próximamente poder traerla un tiempo de nuevo, pero por ahora eso tendrá que esperar, piensen en que quieren.

Virgil se levanto de la mesa en silencio, dejando su plato y vaso en el fregador y camino para retirarse. Sparda entendía que su hijo se encontraba molesto, vio la ilusión en su rostro, Eva se veía triste y decepcionada, eran pocas las cosas que hacían feliz a Virgil y ella odiaba no poder concederle aquellas pequeñas e insignificantes peticiones.

Virgil regreso a su habitación, encendió la lámpara de noche junto a su cama y continuo su lectura, estaba enfadado, con su padre, con la vida, con Ángela. Se encontraba triste, sentía que crecía, que su vida cambiaba, que el cambiaba y no podía compartirlo, tenia miedo de no sentirse nuevamente feliz a lado de ella, por ser diferente, en su vida Dante siempre era la única persona con la que se expresaba, aun y cuando el no entendía la mitad de las palabras que le decía, pero Virgil sentía que el y Dante eran como una especie ser, que eran uno dividido en dos, en cambio con Ángela el se sentía único, diferente.

- Virgil –menciono su madre detrás de la puerta.

- Entra –menciono el pequeño, abriéndole a la rubia mujer. Ella entro, estaba preocupada por su hijo, por su enfado, sobre todo porque el no expresaba sus sentimientos y con el tiempo podría ocasionarle problemas, ante todo deseaba evitar que su hijo malinterpretara las razones de su padre.

- Hijo se que te entristece no ver a la pequeña Ángela, pero entiende que tu padre hace lo mejor para todos, eso nunca lo dudes cariño –Eva tomo asiento en el borde de la cama, y el la siguió, todo indicaba que el pequeño deseaba hablar.

- ¿Podre volver a verla? –menciono en aquel tono de voz inflexible que preocupaba a Eva.

- Por supuesto cariño, pronto la podrás ver, tal vez no ahora, pero si más adelante.

- Ya pasaron dos años –la voz de el mostro un poco de sentimiento, su rostro revelaba su nostalgia, su tristeza y preocupación- posiblemente cuando pueda ir solo a verla ella me habrá olvidado.

- Tu no la has olvidado –contesto Eva abrazando a su primogénito- estoy segura que ella tampoco te olvidara.

- Pero ella era muy pequeña, apenas tendrá seis años –el aparente frio corazón se derritió ante los cálidos brazos de su madre, permitiéndose abrazarla, permitiendo a su lado humano, a su lado infante florecer- seguro se olvida de mi.

- No lo ara, cuando tu la olvides ella te olvidara, si tu la recuerdas con todas tus fuerzas ella te recordara, esa es la ley del corazón –la angustia de su hijo, su corazón frágil al fin rompía el alma de Eva. Pero le alegraba saber que no solo tenía un lado demoniaco como solía mostrar. Después de unos instantes, Virgil se separo, indicando que se encontraba intimidado por su comportamiento, por tanto se alejo de su madre, ella sonrió dulcemente y se dirigió a la puerta- No te duermas tarde como ayer. Buenas noches cariño.

Ella se marcho, dejando sorprendido a Virgil, saber que no podía engañar a su madre sobre a la hora en que se marchaba a dormir, aun cuando tenia mas la sospecha de que su propia siesta vespertina fue aquello que le delato.

Pasaron algunas horas, su padre ya le había enviado a la cama y el se disponía a dormir, entonces su puerta se abrió súbitamente, el único que hacia aquello era su gemelo, su mitad. Observo como el chico caminaba hasta su lado, subía a su cama con un papel en la mano.

- Si tienes miedo vete con nuestros padres –menciono el mayor enfadado.

- No es eso… te traigo tu regalo de cumpleaños –Dante le extiende aquel papel, era un dibujo de ellos con Ángela, por un momento el mayor se sintió alagado, no sabia que responder y su hermano no esperaba que lo hiciera- Hasta mañana bro.

- Es horrible –dijo antes de que Dante se marchara, pero el solo sonrió.

Vergil observo el dibujo unos minutos mas, divirtiéndose con los detalles que Dante puso, como el jardín de su madre o el delicado y bello vestido color verde con holanes de Ángela y a ellos por alguna razón les encantaba, cuándo lo usaba deseaban jugar a la princesa que debían rescatar. El mayor de los gemelos sonrió y se levanto de la cama, dirigiéndose bajo su cama, levanto la alfombra encontrando un poco de la duela del piso suelta, levanto algunas tablas y saco una pequeña caja, era de madera opaca, con algunos manuscritos que no entendía bien. La abrió guardando su nuevo tesoro, junto a otras cosas, entre ellos un pequeño mechón de cabellos oscuros atados en un lazo verde y una tarjeta de cumpleaños de cuando cumplió cinco, una tarjeta de Dante que aprendió a escribir su primera palabra solo aun y con la falta de ortografía, pero la palabra le llenaba de emoción y orgullo, "ermano", esa tarjeta representaba ese sentimiento que le nacía al estar junto a su gemelo, la alegría, la felicidad, la tranquilidad, pero también era todo lo que le provocaba cuando se encontraba lejos de el, el vacio, la tristeza, el sentirse incompleto, Dante era para Virgil la persona mas importante, aun mas que sus propios padres, sobre Ángela no podía compararlo, pero solo entendía algo, ellos nacieron juntos y siempre estaban así. Virgil jamás imaginaba una vida lejos de Dante, pues el era su parte buena, su parte humana, su corazón, y Virgil aun cuando se enojaba con el, o no lo entendiera, lo protegía por que lo amaba.

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- …Dante… -el susurro que Virgil dijo entre sueños provoco que Ángela alzaran suavemente su mirada hacia el hombre, se sorprendió ante lo que vio. Una suave sonrisa se enmarcaba en aquel rostro, la curvatura de los labios demoniacos era suave e infantil.

Ella hacia poco tiempo despertó, estaba incomoda por el bebe y se encontraba meditando, pero aquello habia robado su corazón. Virgil aun la abrazaba y ella sentía que estaba un poco mas unida al demonio, estaba mas enamorada de el, y sentía una vaga curiosidad por volver a conocer a Dante.

- Dante –susurro suavemente Ángela, el nombre le gustaba, y rondaba seguido en su cabeza como la idea de comer un helado de fresa. Sonrió satisfecha, ansiosa para habla con Virgil al amanecer. Pero hasta ese momento decidió volver a su sueño.

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Ángela preparaba el desayuno para ella, comería una deliciosa ensalada de frutas bañada en crema dulce. Suponía ambos Virgil desayunaron antes de marcharse a tomar el autobús escolar. Tomo asiento saboreando las fresas bañadas en esa crema, y no pudo evitar dar un pequeño saltito de gusto ante el sabor. No escucho la puerta abrirse, no se percato de la presencia que se encontraba en su hogar hasta que vio al hombre plantado frente a ella.

- Sigues con las fresas –menciono sin emoción en su voz, solo un comentario vacio. Ella termino de masticar, y una vez libre de los alimentos abrió su boca dispuesta a cuestionar al hombre- Ya –dijo este mucho antes de que la pregunta "¿Ya desayunaste?" fuera lanzada. El se dirigió en silencio hacia fuera.

Ángela termino algunas cosas en casa, arreglar un poco la habitación del bebe, limpiar la cocina y pelear con unos lindos pantalones cortos que no querían cerrarle. Desde la venta de su habitación observo a Virgil, entrenando con aquella fuerte y energía canalizada y certera, haciéndolo tan el, un hombre disciplinado, orgulloso y calculador.

Decidió acercarse, camino lentamente hasta llegar a donde el se encontraba, a una distancia que le pareció apropiada tomo asiento sobre la arena, observando como el hombre se ejercitaba bajo el sol, su piel suavemente tostada relució bajo los rayos del astro rey, el sudor aperlado de su cuerpo recorría aquellas hendiduras entre sus músculos y su cabello se removía al copas de sus movimientos y al viento, haciéndolo increíblemente mas atractivo.

- ¿Qué quieres? ¿Te cansaste de comer helado? –pregunto al dejar de entrenar con Yamato y acercarse a la mujer. Ella sonrió al verlo de rodillas frente a ella, colocándose a su altura.

- Quisiera comer pizza –menciono ella, provocando un fugas gesto de fastidio en el, que rápidamente desapareció- eh pensando… ¿Qué nombre le pondremos a nuestro hijo? –el tomo asiento más cómodamente, con las piernas cruzadas en loto, mirando hacia el mar como lo hacia la morena, aunque ella en un principio buscaba verlo a el.

- ¿A que viene eso? ¿y porque crees que será varón? –cuestiono el con tranquilidad.

- Estoy segura que es un varón… yo he pensado en el nombre de… Dante.

- No –dijo el levantándose, ella se apresuro a imitarlo lo mas rápido que su cuerpo le permitió, el se estaba marchando y ella apresurando el paso lo alcanzo, deteniéndolo del brazo el hombre quedo estático dándole la espalda- ¿Por qué ese nombre?

- Por que es el nombre de tu hermano… de una parte de ti, alguien con quien tuviste un conflicto y no te perdonas. Dante es un buen nombre, cuando se entere, seguro te perdonara cualquier error que cometieras.

- No –dijo el demonio alejándose. Antes de que se pudiera alejar mas entre la maleza de los alrededores, ella levanto la voz.

- ¡Entonces piensa uno! ¡Tu elegirás el nombre de nuestro hijo! –la mujer se quedo observando aquel camino ya vacio, no podía ver nada del hombre y suspiro sonoramente- ¡Quiero una pizza! –chillo mas para si misma, aceptando que tendría que hacérsela.

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Pasaron los meses, el embarazo de Ángela se desarrollo sin mas complicaciones, al contrario la vida parecía volverle a sonreír, regresando a una esplendida paz. Aun cuando decidió no volver a trabajar, se enfrasco en su pasatiempo, tomar fotografías, al Sparda no parecía molestarle siempre y cuando fuera cerca de el, donde pudiera cuidarla. El tiempo paso rápido, con varias sorpresas y visitas, Gian volvía a establecerse cerca de Ángela y Gomory regresaba algunas veces para ver como se encontraban, todo era maravilloso hasta esa noche.

Era una noche de tormenta, extraño para ser un nacimiento, pero así era, una fuerte tormenta que en contra de aquel hogar arremetía, pero dentro en la habitación principal, se encontraba una mujer pujando, tratando de expulsar de sus entrañas la vida madura de su segundo hijo.

Gil se abrazaba a su tía Mina, le dolía escuchar los quejidos de su madre, aun cuando ella no gritaba se escuchaba su respiración agitada. Virgil se encontraba a un costado de la puerta, con sus brazos cursados y sus ojos cerrados a la expectativa de un sonido, algo que le indicara que todo acababa.

Dentro de la habitación Gian, aquel amigo casi hermano de la Blackthorn la apoyaba junto a la mujer bruja que le ayudo a Virgil durante el riesgo de aborto.

- Veo la cabeza de tu hijo –índico la mujer mayor al observar aquella cabecilla blanquecina comenzar a partir aquella entrada.

Las personas fuera de la habitación esperaban, el silencio, algunos sonidos que indicaban dolor, junto con otros que eran vagas palabras no causaban más que desesperación, aparte de la fuerte tormenta que no parecía parar, comenzaba a causar un estrés. Entonces todo el silencio creado a excepción por la tormenta, todo fue roto por el sonido de un llanto infantil que extendía sus pulmones, que probaba su primera bocanada de aire por medio de aquel sollozo.

Vergil no mostro emoción alguna, solo se alejo de aquel lugar y se marcho en silencio, Mina observando aquella acción, lo cual la dejo sin palabras, además de enfadarla, dio un beso a la pequeña que acompaño y siguió al hombre que ya estaba fuera de la casa.

La tormenta menguo, convirtiéndose solo era una fuerte brisa, era como si con el dolor de aquella dama y después con el nacimiento de aquel pequeño, todo hubiese vuelto a regularse; aun y con todo el mar que se mantenía tempestuoso e inquieto, posiblemente percibiendo la energía que nació.

- ¿Te inquieta no tenerle un arma para heredarle? –pregunto la sucubu.

- Estupideces –dijo con simpleza- Gil es mi heredera y eso nada podrá cambiarlo –la mujer observo en aquella mirada que no le mentía.

- ¿Entonces? ¿Por qué no vas a ver a tu hijo?

- Deja de crear ideas estúpidas Gomory, solo pienso en el nombre que llevara –sin decir mas, el hombre se alejo, dejando a la mujer confundida e inquieta. Pero decidió que era prioridad volver a dentro para ayudar con la madre y la pequeña.

Gomory se adentro a donde la mujer descansaba con su hijo en brazos, pese a todo ella se veía bien, feliz de tener a su pequeña hija observando a un lado al pequeño miembro de su familia. Al observar al infante incluso ella no pudo evitar sonreír.

- ¿Cómo te encuentras? –pregunto la demonio.

- Cansada, pero feliz… es idéntico a el –menciono como si fuese la maravilla mas insólita.

- Es normal, su herencia es poderosa. El… -ella buscaba alguna excusa.

- No debes decir nada, lo se, no te preocupes. Ya volverá, tiene cosas en que pensar… elegir el nombre de nuestro hijo –comento ella con una simpleza que confundió mas a la demonio, pero decidió no entrometerse, finalmente solo ellos se conocían bien el uno al otro.

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Vergil observaba el mar, tempestuoso, obstinado, orgulloso, como lo era el, una parte de si mismo se encontraba emocionado, una nueva vida se integraba a el, un nuevo ser que cambiaria toda su existencia y aun así era una ansiedad para el, era importante para el, como lo era Gil.

Sabia que la llegada de esta criatura no menguaría el lazo con la pequeña, ella siempre seria su orgullo, su reflejo, una parte de el estaba tan unido a ella que realmente le sorprendía. Y algo en el esperaba que pudiese lograr sentir algo así por ese pequeño. Lo cierto era que temía no sentir por esa criatura lo que sentía hacia la niña que lo convirtió en padre, ese era su verdadero temor ante todo lo sucedido alrededor.

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Pasaron varias horas, cuando volvió a su hogar, no entro por la puerta, decidió entrar directamente por la ventana de forma silenciosa. La lámpara se encontraba encendida, y la mujer dormida, junto a ella el pequeño moisés ocupado. Con sigilo se acerco a la criatura y con suavidad movió una suave manta que cubría su rostro.

No se sorprendió de aquella mata color plata que le coronaba, era ese rostro tranquilo y pacifico lo que realmente le provocaba una sensación que no había sentido desde el nacimiento de Gil.

- ¿Has decidido el nombre? –pregunto la mujer somnolienta.

- Dante –dijo con simpleza antes de alejarse para comenzar a desvestirse. Se quito las ropas, se vistió solo con un pants de pijama y se deslizo bajo las mantas a un lado de la joven mujer que descabezaba esperándolo.

- Me parece un nombre hermoso –menciono antes de acomodarse en su pecho- aunque ya te había dicho ese nombre… me alegra que lo eligieras.

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Apenas y pasaron poco más de una hora de sueño cuando el pequeño comenzó a llorar, demostrando con ello la fuerza de sus pulmones. La madre agotada escuchaba en la lejanía al pequeño, pero el padre se encontraba ensordecido debido al poderoso sonido de su hijo. Cansado se levanto al poco tiempo, se acerco con suavidad al moisés donde apenas y se podía visualizar la criatura bajo las mantas moviéndose levemente, le sorprendió la fuerza que tenia a unas horas de nacido. Con suavidad el mayor quito las mantas que cubrían el rostro del pequeño, y observo con la tenue luz de la lámpara que encendió el azul intenso de los ojos de su hijo, sus rasgos eran idénticos a los de el, como Gil era idéntica a Ángela, el pequeño Dante era el reflejo de si mismo, como el y su gemelo lo fueron de su padre.

- Vergil… creo que tiene hambre –dijo la mujer levantándose cansadamente- le daré de comer –pero ella no esperaba una acción así de su compañero, que tomo con suma delicadeza al pequeño para depositarlo en los brazos maternales. A ella le conmovió el hecho de cómo lo cargaba, como si fuese a romperlo, pero sabia de la experiencia con la que contaba, finalmente ella estaba orgullosa y feliz que el fuese el padre de sus hijos.

- Iré a ver a Gil –sentencio antes de salir de la habitación, y cerrando tras de si la puerta solo se escucho el sonido de una segunda puerta abriéndose, para después dar paso al silencio nocturno.

Gil dormía profundamente, acurrucada entre las mantas que una vez fueron de el, la mayoría de los muebles estaban intactos, solo un poco de color en las paredes y algunos cambios para darle mas luz a la estancia infantil. Pero el sabia lo que ella quería, ser igual a el y era mas feliz conservando cosas que una vez uso, a que le compraran objetos nuevos. Como si tuviera un detector ella comenzó a despertar suavemente, visualizando la figura paterna que toda su vida la acompañaba.

- ¿Papi? ¿El bebe no te dejo dormir? Aquí escuche como lloraba, pero no me quise despertar–ella se hacia a un lado de su gran cama, indicándole la invitación para que la acompañara. El acepto gustoso la invitación introduciéndose a la cama con la pequeña, los ojos jade brillaron como dos joyas de innumerable valor.

- Debes protegerlo –indico el- es tu hermano… tu único hermano, siempre debes cuidar de el, por que tu eres la hermana mayor y tu eres mi hija, mi legado.

Continuara…

¡¡¡Hola!!!

Espero siga gustándoles la historia, la verdad ya es un record llegar a este capitulo, cielos es el ¡30! Wow, en verdad merezco ¡aplausos! ¿No? Creo que al menos un Review, no sean tramposos se que leen la historia por el Traffic.

Bien como sea contestare el único review que me llego en esta ocasión, el cual me animo mucho para terminar este capitulo.

Vincen-ch: Me alegro que te guste la historia, y al principio no tenia muy clara la idea de Dante, de ese el comentario de la pizza y helado se me ocurrió de pronto y cuando menos lo pensaba ya era parte de la historia, espero te haya gustado este capitulo, y si la historia va muy rosa, pero bueno aun falta la ultima parte que es la que comenzare después de este capitulo, espero te siga gustando.

A todos los que leen este fic, y no dejan Review, debo decirles dos cosas:

1.- ¡Gracias por leer!

2.- ¡Dejen REVIEW!