VIRGIL.
(Devil May Cry y ninguno de sus personajes me pertenece… por desgracia xD)
(La ortografía no se corrige, de lo contrario jamás terminare la historia, por que nunca quedo satisfecha cuando re-leo y lo pero es que de la ortografía no corrijo nada xD, jajaja, mejor discúlpenme los dedazos y palabras que no cambia el Word)
ADVERTENCIA:
Debido a mi limitado tiempo y que comencé con "The Blood of Sephiroth-Demonheart" continuación de The Blood of Sephiroth, pero ahora sale Virgil, e decido dar fin a esta historia, espero que no les incomode, y realmente lo lamento, espero que les guste este ultimo capitulo, saludos.
Así es la narración…
Ahora de esta manera son los sueños…
Y leerán los Flash Back de esta forma…
- Virgil… (Dialogo y acción)
- ¡VIRGIL! (Grito)
- "Virgil…" (Pensamientos)
Virgil… (Lectura, Escrito)
Capitulo 34: "Taciturna devoción"
El viento soplaba fuerte en aquella paradisiaca isla, en esa misteriosa tierra donde los grandes secretos de su padre eran guardados celosamente. El cielo comenzaba a tornarse mas oscuro, la tonalidad naranja reinaba en la lejanía dando el aviso de la próxima llegada de la oscuridad, el mar se volvía mas tempestuoso arremetiendo contra la playa con un oleaje que se incrementaba a cada embestida, sobre las rocas altas y cercanas el violento ataque era mas visible, mas hermoso.
Sin embargo aun existía en el aire esa inquietante escancia de un presagio maldito, la expectativa de que pronto sucedería algo que marcaria la desgracia. El aire se intoxicaba ante la austeridad de la expectativa, por lo que Virgil Sparda observaba cuidadosamente alrededor, en su mente los viejos recuerdos se apoderaban de sus pensamientos en una incesante comparación, nuevamente comenzaba un cambio violento, justo como cuando su vida se vino abajo con un padre desaparecido y después una madre muerta. Pero el no seria débil, el no pondría jamás en riesgo a su familia, lo único propio que tenia, así fuera que lo tuviera que llevar al mismo infierno con el.
Pero entonces entre el incesante movimiento del mar, una imagen se formo con la estela de gotas que saltaban por el violento movimiento. Una figura sagaz, un viejo recuerdo que cobraba vida. Los orbes azules se abrieron ante la sorpresa de que su mente recreara esas imágenes como una visión clarividente, con el sonido del mar le era posible incluso rememorar el sonido de aquella risa que lo enloquecía, y en los fuertes destellos solares que aun se encontraban presentes se deslumbraba la figura de aquella dama.
La evocación de un viejo recuerdo, de un momento intimo que marco la vida del guerrero. Una joven corriendo por la playa, jugueteando con las olas de mar, dando pequeños saltos tratando de evitar una ola que sin importar cuanto intentara siempre le mojaba sus extremidades. Una risa que inundaba el valle, un olor que opacaba las mas dulces flores, el viento mecía sus cabellos lacios oscuros como la noche, cubriendo o descubriendo su sonrisa. Su cuerpo ágil aun cuando su vientre abultado reflejaba el inminente futuro de la próxima vida que llegaría. Y entonces aquella imagen marcada en la memoria del albino como una fotografía, grabada en su cabeza.
En el Sparda existían secretos, innumerables secretos de todo lo que vivió e incluso se sorprendió que su propia mente guardaba secretos para si mismo, recuerdos que le regalaba el subconsciente en el momento indicado. Pero siempre que se tratara de Ángela Blackthorn existía un secreto profundo, una lluvia de ideas e incluso sentimientos que debían mantenerse sellados, pues darles el nombre indicado podría desarmarlo eternamente. Una fugaz sonrisa, un momento en que su alma se libero de aquella tensión que existía dentro de la batalla, expuesto en la guerra. La evocación de un recuerdo que le daba fuerza, pero igualmente lo llenaba de terror, pero bueno o malo nada demostraría, aun cuando las acciones hablaban por si mismas.
El viento fue su aliado indicándole que aquello por lo que había esperado comenzaba a mostrarse, una brisa dio la ubicación exacta de aquel enemigo que aun se ocultaba en sus tierras, y una sonrisa endemoniada se formo en su labios antes de girar su cuerpo, dándole la espalda al mar comenzando su andar firme y seguro.
-.-.-.-.-
Ángela observaba a su hija, tenia varios minutos sentada frente al piano, tocando de forma incesante aquella melodía que molestaba al Sparda, pero que la pequeña se alegaba no dejaba de sonar en su cabeza. Pero mas allá de aquella melodía, la Blackthorn mayor era capas de leer las emociones de su hija, su aura alterada, su energía dislocada incesante. Sujeto al pequeño Dante en su regazo, deseando que la pesadilla terminara, renuente a aceptar la nueva situación cuando hacia pocos días su vida era tranquila, armoniosa, alegre.
- Gil, no fue tu culpa –dijo la mujer suavemente. Pero varios minutos pasaron antes de escuchar el susurro de una respuesta.
- Lo se madre, hice lo que debía –contesto la niña sin dejar de tocar la melodía- es la mirada de tus ojos lo que provoca en mi la vergüenza.
Aquellas palabras asustaron a la mujer quien de inmediato se levanto, dejando al pequeño sobre la alfombrilla que tanto le gustaba, camino hacia su hija sujetándola de los hombros con un poco de fuerza para arrancar sus dedos de las teclas del preciado instrumento.
Los ojos jade se enfrentaron, la mirada infantil que simulaba ser adulta, la mirada adulta acongojada. La pequeña bajo su mirada en muestra de su vergüenza, lo que ocasiono en la mujer sentirse miserable, al sentir que era ella quien ocasionaba en su hija aquel malestar. Acaricio suavemente el cabello de su pequeña, se hizo un espacio sobre el asiento frente al piano y abrazo con gentileza a la infante.
- No hija, no te sientas de esta forma… tu madre se equivoca en tantas cosas –Ángela acaricio el cabello de su pequeña quien hundió su rostro sobre el pecho de su progenitora- Yo soy quien se aferro al legado que tu no aceptas. No puedo hacerte vivir como una bibliotecaria cuando es obvio que naciste siendo una guerrera.
Ángela al fin expresaba aquella angustia, siempre deseosa que su hija aprendiera sus conocimientos para ser mejor que ella misma, que la pequeña aceptara su legado como una Blackthorn, cuando era obvio que la energía que la infante emanaba era idéntica a la del Sparda, airosa, orgullosa y poderosa. Por primera vez Ángela observo en su hija que no era a Virgil a quien trataba de enorgullecer, debido a que por una extraña razón en su hija la sangre violenta, la fuerza y la habilidad se abrían paso cada día que respiraba. Era a la mayor de las Blackthorn por la que Gil se esforzaba el doble o el triple a lo que cualquier adulto lograría. A su propia madre era a quien intentaba agradar adquiriendo conocimientos que no le apasionaban. Cuan equivocada y ciega se encontró la mujer de ojos jade, tanto que la llevo a derramar sus lagrimas sobre la oscura cabeza infantil, quien al saberla llorar se tenso mucho mas.
- Perdóname –dijo la mujer- creí que por ser una Blackthorn serias como yo, como fue tu abuela, como fue mi abuela –un abrazo mas fuerte y ahora correspondido por la infante- perdóname Gil, nunca acepte lo que veía, yo entenderé hija cual es tu camino, cuando todo vuelva a la normalidad hablaremos de esto.
- Mamá –dijo la infante sollozando en el seno materno, quien la recibió gustosa, amorosa y ahora mas consiente de quien era su hija.
- "Todo mejorara Gil, ya no te pediré seas algo que en ti no nació… toda especie tiene sus singularidades, ¿no es así Virgil?" –inconscientemente Ángela sujeto con mas fuerza a su hija- "Siempre lo supiste verdad… tu siempre supiste… que ciega fui"
Ángela acariciaba los cabellos oscuros de la pequeña, lacios y suaves como los de ella, una cortina negra que se extendía por su espalda. Sonrió al sentirla mas tranquila, beso la infantil cabeza nuevamente y después busco con su mirada a su hijo menor, quien jugueteaba sobre la alfombra. Pero un extraño destello sobre la ventana le hizo tensarse, sujeto con un poco mas de la fuerza necesaria a su hija quien respingo en un suave quejido.
- Gil, toma a Dante y ve a la gruta –susurro la madre.
- ¿Mamá? –la pequeña giro la vista encontrando aquello que seguramente perturbo a su madre- Yo te protegeré –indico la pequeña alejándose de la mayor, pero esta la sujeto de los brazos haciendo que sus miradas se encontraran.
- ¡No! esta vez tu protegerás a Dante y esperaremos a tu padre; los tres juntos –la niña estaba por replicar- yo confió en tu padre y tu debes hacer lo mismo, ahora solo seriamos un estorbo en su batalla –la pequeña bajo la mirada- el te esta entrenando y eres muy fuerte pero le serás de mas ayuda si sabe que estas protegiéndonos que arriesgando tu vida sola. Discretamente toma a Dante entre tus brazos, vamos a hacer esto despacio.
- Si mamá –dijo la pequeña asintiendo.
- Aparenta normalidad Gil, no sabemos cuanto tiempo tienen vigilándonos.
Gil se arrodillo para gatear hasta donde su hermano se encontraba, entonces aquellos orbes zafiro se enfrentaron a los jade, y la reacción no se hizo esperar. El menor de los Sparda sonrió alegremente ante la mirada de la que ya reconocía como parte de su familia; tal vez no concretamente como hermana, pero sabia perfectamente que era una de las personas constantes en su vida y le gustaba verla. Gil sonrió con pena, su hermano para nada sabría que sucedía en esos momentos, por lo que le regreso la sonrisa como cada día, así tal vez nunca sospecharía que sus vidas se encontraban en peligro.
Ángela observo fugazmente a sus hijos, Gil y Dante se adoraban, cuando se encontraban juntos el menor mostraba una devoción hacia la morena pues siempre trataba de seguirla a donde ella se dirigía, aun cuando las peleas fraternales era algo tan natural como el viento, pues el menor constantemente logra encontrar algo de su hermana y metérselo a la boca a veces casi arruinándolo. Pero el amor existía, y ella sabia que Virgil inculcaba a su hija que debía proteger a su hermano, varias lo escucho dando aquella indicación. Era seguro que el Sparda sabia mas de sus hijos que la propia Ángela, era como si pudiera por medio de su energía intuir sus aptitudes.
Un sonido la saco de la cavilación, era como si una bestia arañara las paredes externas de su hogar. Ambas morenas levantaron la vista, pero solo la mayor se puso de pie, caminando hasta sus hijos interponiéndose entre la puerta y los infantes.
- Toma a Dante, vamos a dirigirnos al estudio –dijo la mujer calmadamente. La pequeña hizo lo que se le indico, incomoda de encontrarse detrás de su madre.
- Mamá entra tu primero con Dante –dijo la infante al llegar hasta la puerta del estudio- yo puedo…
- No es sobre tus habilidades Gil –la mujer le interrumpió, al tiempo que se aliviaba de escuchar la puerta abrirse- es por tus habilidades, entiende que ustedes son lo mas importante para mi, tu tienes una velocidad mejor que la mía y se pondrán a salvo… por una vez Gil, déjame intentar protegerte.
- Papá pronto vendrá por nosotros –dijo la menor- ¡MAMÁ!
- Vete –susurro Ángela con una sonrisa, observando a sus dos hijos. Gil tembló ante la expectativa, ante la decisión que debía tomar; sujetando con fuerza a su hermano menor, cerros sus ojos y dio la espalda a su madre desapareciendo por aquel pasadizo.
-.-.-.-.-
- Se que estas ahí –dijo el hombre secamente, consiente desde el primer momento de aquella presencia que comenzó a seguirle desde su llegada a la isla.
- El príncipe no perdió su encanto –dijo una áspera voz, una figura salió de entre el follaje cercano- Se ha vuelto mas fuerte señor.
- Tus adulaciones no salvaran tu vida –dijo el hombre al tiempo que una mueca de repulsión se formaba en su rostro al escuchar esas palabras. El albino aun observaba la arena, aquellos símbolos aparecidos en la arena no eran buena señal y sobre su rival no necesitaba observarlo para saber que clase de ser se encontraba a su espalda, un sangre sucia, uno ser mas bajo a lo que un semidemonio como pudiera ser el. Lo mas cercano que un humano normal y débil podría llegar para ser demonio. Una abominación que necesita de la sangre para sobrevivir.
- El mensaje príncipe es… vuelve ahora y ellos vivirán –la voz comenzó a escucharse mas cerca, y al guerrero dueño de Yamato no le agrado la cercanía, el golpe que significaba el aroma del vampiro lo repugnaba, la sangre se encontraba atestada en su ser.
- Te pediría que entregaras mi respuesta pero no necesito un mensajero –un solo movimiento tan veloz que incluso el propio vampiro jamás lo espero. La forma en la cual Yamato fue desenfundada y de una estocada hacia la espalda del demonio pasando bajo su brazo, atravesó el vientre de aquel ser, acto seguido una elevación del arma y un giro del albino creo un recorrido tan brutal hasta salir por el cráneo del bebedor de sangre, destrozando al paso su corazón- Se que hay otro demonio siguiéndome –susurro al tiempo que su espada se liberaba del peso incrustado, el demonio se desvanecía suavemente como papel que se quema y sus cenizas comienzan a esparcirse.
Virgil observo como los rayos del sol se reflejaban sobre las cenizas volátiles de aquel intento de demonio. Era conocido que aquellos seres eran sensibles a los rayos del sol, pero su presencia en el exterior aun cuando el astro rey se encontraba en el cielo aun solo significaba que aquel repugnante no solo bebió sangre humana hasta hartarse, también se alimentaba de demonios, se alimento de Gomory.
- "Fue así como me encontraron" –pensó el mitad demonio al tiempo que observaba las cenizas desaparecer finalmente- pero entonces el símbolo en sus pies brillo con intensidad, una luz con una energía oscura y antes de prestar atención a los seres que comenzaron a rodearle una idea resonó en su cabeza perturbándolo a un punto tan extremo que su inexpresivo rostro por primera vez demostró angustia y sorpresa al darse cuenta de la situación- "¡Los saben todo!"
Decidió ir hacia la casa, el otro ser escondía muy bien su presencia y era preferible estar con Ángela para protegerla. Al menos así pensaba el albino cuando dirigió sus pasos a su hogar, al tiempo que comenzaba a lanzar estocadas certeras cobre enemigos que parecía no terminarían nunca. Bestias humanoides de color grisáceo, con un extraño liquido viscoso marrón escurriendo aun sobre su cuerpo desnudos, con sus ojos huecos guiándose solo por el olfato, armados con lanzas afiladas, intentando detenerlo. Reconocía aquellos seres, no como demonios, siquiera como los de mas baja estirpe dentro del infierno, aquellos entes era mas que viles experimentos de una existencia enfermo, de un ser que bajo aquel intento daba su firma personal a ese ataque, a la traición.
Escucho el grito de Gil, un escalofrió recorrió su Columba vertebral manteniéndose en su nuca, causándole una ansiedad, provocando que sus golpes se volvieran apresurados mas no por ello menos certeros. Como si todo estuviese coordinado, al sentir mas grande su necesidad de llegar junto a la mujer con la que compartía su vida, los intentos demoniacos que obstruían su paso redoblaban esfuerzos para asegurar su estadía alejado de la humana de oscuros cabellos.
Al tiempo que esquivaba algunos ataques
Pero al dar el primer paso una extraña sensación de malestar lo invadió, un fugaz vértigo que le alerto los sentidos. Elevo su vista solo para ser consiente del peligro y ser capaz de esquivar el ataque que se avecinaba en su contra. Alzo su fiel arma dispuesto a desmembrar a cada ser que frente a el se posaba, pero ahora las espadas de energía se formaban a su alrededor, incrustándose certeramente en cada ente, pero la desesperación comenzaba a inundarle, al tiempo que veía su distancia que lo alejaba de aquella mujer, no disminuir a cada paso que daba.
- "Esa era la razón por la cual no detectaba su presencia… estaba tras de ellas" –pensó el albino, quien fastidiado comenzó a usar su velocidad para destrozar a su enemigo abriéndose paso. Sin embargo un certero golpe en su pecho, una estocada que en cualquier humano pudiera ser mortal, le hizo observar al ser frente a el.
Diferente a los otros, ojos carmesí, piel purpura y una devastadora forma entre humana y monstruosa, vestido apenas con una especie de pantalones mal cocidos, sucios de fétido olor. El arma era una especie de oz, sin embargo aquello no altero en lo mas mínimo al hombre de cabellos blancos, era mas la sorpresa del ataque lo que provoco que se ensimismara evocando un viejo recuerdo.
La noche ya se encontraba profunda, silenciosa como podría ser solo a esas horas de la avanzada madrugada, pero dos amantes no se encontraban sumidos en sueño que conllevaría aquellas horas de oscuridad.
- Virgil –dijo suavemente Ángela, quien se encontraba sobre el cuerpo del hombre de cabello platinado, acariciando delicadamente la piel suave del demonio- ¿Cuándo comenzaste a sentir atracción por mi?
El silencio sepulcral era normal entre ellos, el guerrero pocas veces hablaba mas haya de algunos monosílabos, pero aquello no le interesaba a la dama de oscuros cabellos. Sentir su energía tranquila, verlo en aquel estado de total relajación, sin importarle nada, era lo que hacia feliz a la mujer.
Virgil observaba el techo de la habitación como si fuera lo mas interesante del mundo, sin embargo las palabras de su compañera no eran desapercibidas. Elevo su mano para acariciar su espalda, sintiendo la suavidad entre sus ásperos dedos.
- El día que te vi en la playa… desnuda –contesto con una sorna sonrisa. Ella enrojeció con violencia.
- No sabia que me viste –dijo apenada, bajando aun mas su voz- de ser así, no lo habría seguido haciendo –repuso ella e instintivamente cubriendo su cuerpo con la sabana que se encontraba cercana a sus cuerpos.
- Por eso nunca te lo mencione –contesto el hombre como si fuera lo más lógico.
Virgil comenzó a removerse, haciendo que Ángela bajara de su cuerpo, envuelta entre sus brazos la aprisiono entre el colchón y su cuerpo. Bajo suavemente hacia su cuello, lamiéndolo con candidez, presionado su pelvis contra la de ella, demostrándole su epistación.
- ¿De nuevo? –susurro ella, entre un gemido provocado por los besos recibidos en su cuerpo. Pero su respuesta solo fue aquella involuntaria aceptación del cuerpo intruso, y en silencio las manos del mitad demonio se entrelazaron a las de la humana, comenzando la danza. Respondiendo en silencio la pregunta hecha por la dama.
El ser que lo hirió, cayo partido en dos, junto a otros tanto seres que arremetieron en su contra. Su pasó después de lo que pareció una eternidad, al fin se veía moderadamente liberado, lo suficiente para acercarse a la casa que se convirtió en su hogar. Las espadas de hielo se incrustaban severamente contra sus enemigos limpiando los faltantes de aquellos enemigos, pero entonces el llegar hasta la puerta principal ya no fue un problema, solo unos pasos fueron lo que le llevaron hasta ahí.
El ultimo enemigo caía al tiempo que el abría aquel acceso que le llevaría hacia la compañera por la cual tanto se preocupaba. Pero la angustia se mantenía en su ser, como una ola que comenzaba a aumentar y arremetía contra el, arrastrándolo a su antojo y necesidad.
La oscuridad se hizo presente, la noche abatió en el transcurso de su batalla, pero la luna brillaba en lo alto, esplendorosa y amarillenta, vieja y triste como aquella energía que sintió dentro de lo que podría llamar hogar. La luz del astro se filtraba por aquella puerta que no se preocupo en cerrar, y por las ventanas siempre abiertas, esto debido a que Ángela disfrutaba de la luz, del viento y de cada detalle grande o pequeño de la vida.
Los pasos sobre la duela de madera retumbaban en la casa aparentemente vacía, encamino su sendero hacia el estudio, hacia el pasadizo que esperaba encontrar descuidadamente abierto. Una sola vez se dio cuenta de lo desolador que era ese lugar sin las sonrisas de las Blackthorn, una vez basto para entender que su vida jamás seria la misma y luchar contra de ellos, finalmente solo seria una perdida de energía. Su andar continuo hacia su objetivo, parecía que fuera interminable.
- …Ángela… -susurro el guerrero.
El sonido de Yamato al caer hizo un bullicioso eco, el cuerpo del Sparda solo dejo una estela en el lugar donde un momento se encontró. Como la poderosa arma, el dueño cayó pesadamente, sujetando entre sus brazos el lacio cuerpo de su compañera, pegándolo a si mismo para sentir su calor extinguirse lentamente. Lo apretó con fuerza entre sus brazos, de forma tan brutal que si su vida no estuviese ya extinta, aquel abrazo habría provocado su deceso.
Una bruma azulada comenzó a hacerse presente, al tiempo que centellas se resplandecían rodeando el cuerpo del albino. El sonido eléctrico comen retumbo en la estancia de estudio. La ira se incrementaba, inyectándose un carmín profundo en los ojos del guerrero, sintiendo aun entre sus brazos el frágil cuerpo de aquella mujer, extrañando su aliento.
Un grito tan desagarrado y potente que se disponía a romper las barreras del sonido, un poder incandescente que aumentaba al tiempo que el dolor se apoderaba del alma atormentada que buscaba la redención de su dolor en los brazos de la mujer a la cual le fue arrebatada la vida, aun cuando parecía solo sumida en un placido sueño. Una solitaria lagrima carmín mancho el rostro de la mujer de oscura cabellera, la figura que la sostenía ahora, era diferente a la del hombre con quien compartía las sonrisas, pero al mismo tiempo era el mismo ser. Un ser transformado en su forma mas primitiva, en la forma de su fuero interno a lo que el realmente era.
Los minutos pasaban rápidos, el cuerpo de la mujer se tornaba cada vez mas frio, pero el demonio era incapaz de soltarlo, estrujándolo contra si mismo, llenando su mente y su alma de un poderoso rencor, de una ira incandescente, jurándose a si mismo que los autores de aquel reprobable hecho sufrirían por la acción cometida contra los suyos.
Alejo suavemente el cuerpo, sin soltarla aun observo como la muerte se cernía en ella como solo un sueño alegre, una suave sonrisa se dibujaba en sus labios, y algo en el demonio le gritaba que aquella sonrisa solo era para el. En su interior sabia que su ultimo pensamiento fue dirigido a el, lo sabia por que eso pasaba en si mismo, cada instante que su cabeza se encontraba libre para pensar, era un pensamiento dirigido a ella, antes de dormir, al despertar, al soñar, solo existía ella como eje principal de su vida.
Una suave caricia al rostro delicado, sintiendo sobre su demoniaca piel la suavidad de aquel cuerpo, reconociendo el tacto en su segunda piel, sintiendo el vivido recuerdo de su calor, de su agitación, de su continua entrega, no solo física, espiritual, emocional. La mujer que le dio todo de forma tan arremetedora, que lo hacia capas de destruirla, y pese al poder ejercido sobre ella, en el solo aumentaba la necesidad de tenerla cerca.
Lentamente regreso a su forma original, sintiendo la frialdad de la muerte aun abrazado al cuerpo de aquella dama. No estaba seguro del tiempo transcurrido, pero en ese instante no le importaba. Bajo la luna, aun observaba el cuerpo dormido, ninguna marca de violencia, no le arrebataron la vida de alguna forma lastimera, de una forma enfermiza eso provocaba en el un poco menos de tensión.
- Te mentí –se atrevió finalmente a confesar, rememorando como al volver a vivir la joven después de que le mostraste tu legado y su unión a Sparda, el la observaba juguetear en el mar, la observaba sonreír, la encontraba cada día eras mas bella y al tiempo se perturbaba al sentirse un pervertido por desear a una mujer encita- Siempre Ángela –contesto finalmente aquella pregunta hecha hacia tanto tiempo, que a pesar de ser expresada con otras palabras, el sabia lo que significaba.
- Virgil –dijo suavemente Ángela, quien se encontraba sobre el cuerpo del hombre de cabello platinado, acariciando delicadamente la piel suave del demonio- ¿Cuándo comenzaste a sentir atracción por mi?
"¿Me amas?"
- Para la eternidad.
Fin
¡Naaa! Es broma, la verdad ya estoy bastante inspirada, como sea nos vemos en quince días máximo para el siguiente capitulo, dejen review, y gracias por sus comentarios.
Yvori Gevura: Espero el capitulo te guste, esperaba darle mas énfasis, pero resulto que se fue al próximo capitulo. Gracias siempre por tus animos.
aztecaguerrera: espero que te guste este capitulo, sigue con tus fics.
NekomOmo: si, originalmente planeaba emparejarla con Dante pero asi quedo, ni modo.
Carrieclamp: espero que te encuentres bien, saludos y que te guste la historia.
