VIRGIL.
(Devil May Cry y ninguno de sus personajes me pertenece… por desgracia xD)
(La ortografía no se corrige, de lo contrario jamás terminare la historia, por que nunca quedo satisfecha cuando re-leo y lo pero es que de la ortografía no corrijo nada xD, jajaja, mejor discúlpenme los dedazos y palabras que no cambia el Word)
Dedicado a Yvori Gevura quien deja el primer review n.n
ADVERTENCIA:
Pues ¡amm!, tiene un poco de lime, jeje. Por otro lado advierto que si no me dejan review no vuelvo a actualizar con tan poco tiempo de diferencia.
Así es la narración…
Ahora de esta manera son los sueños…
Y leerán los Flash Back de esta forma…
- Virgil… (Dialogo y acción)
- ¡VIRGIL! (Grito)
- "Virgil…" (Pensamientos)
Virgil… (Lectura, Escrito)
Capitulo 35: "En la oscuridad"
La luna continuaba su curso, una caminante silenciosa por el cielo nocturno, su luz ya no se filtraba por aquel hogar donde la desgracia se había cernido, ahora su esplendorosa figura cursaba lo mas alto del cielo nocturno, distanciándose de aquellos amantes separados.
Como un autómata Virgil aun mantenía el cuerpo de Ángela entre sus brazos, acariciaba su rostro con aquella delicadeza que siempre procuraba usar con ella. Se negaba a distanciarse de aquella urna ya vacía que era el cuerpo del único ser con aquella entereza para llamar "su" mujer; pero lentamente la conciencia comenzaba a reinar en su mente, recordándole que no solo existían ella y el.
Una suave caricia sobre el vientre de la dama, recordándole aquellos frutos que maduraron en sus entrañas; aun cuando sintiera el vacio que lo consumía se encontraba consiente de que no estaba solo, y aquella perdida no significaba que sus responsabilidades se desvanecieran, al contrario, ahora aumentaban.
Cerro los ojos concentrando su mente, dejando oculta aquella desazón que le significaba la perdida de la mujer, ahora concentrando su mente en las futuras batallas, y la primera era convencer a su hija de que, aquel suceso no era culpa de ella. Comenzó a levantarse bajo el pensamiento de reunirse con sus descendientes, aun entre sus extremidades atajaba a la dama. Camino con ella en brazos, tomo su fiel espada y prosiguió hasta salir de su hogar. Sintió la brisa salina golpear su piel humedeciendo mínimamente su cabello, con esto su mente comenzó a despertar del letargo conducido por la separación. Pronto su mente se llenaba de ideas, de acciones y decisiones que debiera tomar.
Observo una vez mas a la mujer en la oscuridad, sus largos cabellos se mecían con el viento, su rostro sereno le hacia parecer dormida. Entonces recordó la humanidad en ella, pronto comenzaría a descomponerse y no seria una visión en nada agradable. Apretó el cuerpo contra el suyo, como si aquel gesto detuviera el proceder natural en aquellas circunstancias; se negaba a estar lejos de ella, pero necesitaba darle descanso a su cuerpo.
Comenzó un lento andar hacia la gruta, debía reencontrarse con su estirpe antes que algo malo les sucediera; lo cierto es que necesitaba tenerlos cerca para no sentir que las garras de la desesperación lo llevaran bajo tierra a los peores rincones del infierno. Miro hacia el cielo, aquella luna adornada de estrellas, con nubes pasajeras cubriéndola de tanto en tanto, sus caminos eran contrarios, pero un poco de aquella luz blanquecina aun se filtraba por el tupido follaje. Repentinamente dejo su andar, observando como un rayo de luz iluminaba el rostro de la dama.
Alimentar a Dante no era tarea fácil, el pequeño siempre comenzaba a exigir a su madre en las altas horas de la madrugada, gritando a todo pulmón de forma indiscriminada sin importarle el sueño de los demás. Ángela los primeros minutos se despertaba adormilada, caminando hacia el moisés para tomar a su hijo en brazos y rápidamente volver a la cama juntos.
El mitad demonio le acompañaba con la mirada, tomando asiento en su cama, observando como ella al regresar descubría su seno y alimentaba a su hijo. Entonces Ángela comenzaba a platicar, en ocasiones alguna experiencia, otras veces solo divagaciones; sin importar lo que fuera el siempre la escuchaba, aun cuando eso no significara que hablara. Pero esa noche en especial ella se encontraba melancólica, todo el día fue encontrarse distraída, absorta en sus pensamientos y el que comenzara tardíamente su monologo nocturno le daba la razón al semidemonio de que algo le sucedía.
- Me siento triste cuando Dante llora con hambre –menciono suavemente- es una tontería –intento suavizar la conversación, pero desde la primera palabra Virgil se percato que aquello era importante y de suma seriedad.
- Es algo natural… por su edad –trato de tranquilizar el demonio.
- Me pasaba lo mismo con Gil –aquello sorprendió al demonio, sin embargo guardo silencio, el nunca vio aquella melancólica y era natural, no siempre estaba junto a ella cuando alimentaba a la pequeña, prefería darle su espacio. Pero entonces algo similar a la vergüenza y la tristeza era lo que Ángela reflejaba en su rostro- Es solo una tontería –trato de minimizar ella.
Entonces los ojos de Ángela se posaron sobre los orbes zafiro, la luz de la luna daba aquella intimidad entre los adultos, aquel mundo que se creaba solo para ellos dos, como si fueran los únicos que existieran en el mundo.
- Cuando era pequeña –dijo bajando la mirada hacia su hijo que mamaba con fuerza- yo pasé hambre –dijo un poco apenada, el demonio la observo estoico, aun cuando realmente se encontraba sorprendido por aquella confesión, Ángela no solía contar aquellos momentos oscuros de su vida, pero ahora con aquel hijo, y consagrada a una pareja parecía desear liberarse de su pasado.
- ¿Por qué? –aquella pregunta la sorprendió, no pudo evitar girar su rostro a ver al hombre, preguntándose si realmente el había dicho aquellas palabras. Que se interesara en sus platicas era extraño, el nunca preguntaba y le permitía un monologo libre, solo escuchando pequeños monosílabos significando que el seguía la conversación. Pero ahora igual que ella deseaba confesarse, el parecía interesado en saber. Una felicidad la embriago por su interés, aun cuando sentía vergüenza y perturbación por su pasado.
- Mi padre solía encerrarnos –dijo bajando el rostro nuevamente, y la voz- varios días sin alimento. Según el, si nos comportábamos como el deseaba, merecíamos de un poco de agua, así decía el.
- ¿Por qué? –de nuevo ella se sorprendió- ¿Por qué tu madre no se marcho? –Ángela se removió un poco incomoda, por unos instantes deseo cerrar el tema, pero ahora era imposible, a Virgil le interesaba su pasado.
- Creo que las Blackthorn se… confundieron. Era como si la maldición que nos atañe las hiciera resignarse, mi madre no intento huir y soporto a mi padre, ella decía por que era una de las pocas Blackthorn que se casaron. Mi abuela decía que era por ser estúpida –unos segundos silenciosos, solo el sonido de Dante succionando su alimento.
- Por eso llego mi padre –dijo el Sparda observando la nada.
- Si, cuando mi padre comenzó a golpearme, mi abuela decidió poner un alto. Pero durante todo ese tiempo recuerdo cuando mi padre llegaba ebrio a nuestra habitación, golpeaba a mi madre si algo andaba mal, culpándola de que su brujería provocaba eso.
- ¿Qué mas sucedió? –dijo el esperando saber un poco mas.
- Cuando el señor Sparda llego no lo recuerdo bien. Pero después vivimos tranquilas en una casa que mi abuela tenia aquí. Éramos felices las tres juntas, ya no volvía a tener hambre y podía comer muchas cosas, eso me hacia feliz. Pero entonces un día mi madre murió asesinada… golpeada hasta perder la vida por el hombre que amo. Mi abuela fue asesinada, quemada dentro de la casa que teníamos. Yo tendría dieciséis, vivir varios días en la gruta… tal vez semanas, seguía asistiendo a la escuela con lo poco de la herencia de mi abuela que aun me quedaba en efectivo. Pero el uso la ley para reclamarme, me llevaron a su casa, me obligaron a vivir ahí.
- ¿Siguió igual? –Ángela cambio de seno al menor, sintiendo como la succión era mas lenta y rítmica.
- Me trataba como una si fuera su sirvienta, no solo debía asistir a la escuela en un pueblo distante, también tenia que cumplir con las obligaciones de una criada. Fue cuando conocí al padre de Gil, Adam y a la que fuera mi amiga o al menos así lo creí en ese tiempo. Ellos hacían mi vida menos miserable, sin saber que Adam solo era un joven al cual mi padre le permitió acercarse a mi, para saber si podrían robarme lo único que me quedaba, lo poco de mi herencia y mis tierras.
- ¿Era importante?
- En esa época pensé que era amor, creí que Adam convenció a mi padre de tratarme menos mal. Pero el no era aquello que creía.
Dante dejo de comer, su madre cubrió su seno y lo elevo a la altura de su hombro para golpetear suavemente su espalda, fueron unos segundos antes de que el menor emitiera un sonoro eructo. Delicadamente ella lo regreso a su cama, acariciándolo de forma amorosa, dándole palabras dulces de buenas noches y tapando con suavidad su cuerpo.
- Cuando Gil fue concebida, Adam… -ella bajo su rostro al tiempo que volvía a la cama junto al hombre, sujeto entre sus dedos la sabana, buscando ser fuerte ante sus recuerdos- fue violento –dijo al final apenada.
- Abuso de ti.
- Yo no quería, el pensó que de esa forma yo estaría dispuesta a hacer todo lo que quisiera. Nunca vi sus intenciones hasta que le pedí detenerse, hasta que sus caricias me hicieron sentir incomoda, cuando toco mi cuerpo de una forma que yo no le permitía, entonces la violencia. Cuando finalmente termino, dijo que le diría a mi padre que era igual que todas las Blackthorn, pero el como hombre que era se responsabilizaría de mi pidiendo mi mano en matrimonio. Al irse, yo decidí marcharme, no se cuanto camine, pero al llegar a la carretera alguien se detuvo… Gian, cuido de mi durante las semanas que me encontré débil, sin cobrar un solo centavo, nada le importo, cuido de mi y yo le debo nuestras vidas, nunca hubiera imaginado que se acordara de mi después de tantos años transcurridos, el era mayor que yo pero su familia venia a ver a mi abuela buscando hierbas que aliviaran el malestar de la madre de Gian, cuando ella murió se marcharon y al regresar el salvo mi vida. Me ayudo a construir la casa con la que me conociste y a tener un trabajo. Cuido de mi hasta tu llegada.
- ¿No intento buscarte? –ella perfectamente entendía aquella pregunta.
- Si, pero Gian interpuso una demanda, por abuso sexual. Eso lo distancio algún tiempo, aunque mi padre lo ayudo a liberarse de todos los cargos –Virgil se acerco a la mujer, la acerco a su cuerpo, abrazándola posesivamente para hacerla saber que no volvería a sufrir- Cuando decidiste formar parte de mi vida, aun así fuera como solo un invitado que deseaba adquirir el conocimiento de Sparda me sentí aliviada, siempre e visto en ti el honor y la fuerza. Tu eres lo mejor que a pasado en mi vida.
El cuerpo del demonio se cerro entrono a ella, por primera vez no deseaba fundirse sexualmente en su cuerpo, solo deseaba sujetarla hasta borrar cada horrendo recuerdo que ella mantuviera. La beso dulcemente, la acaricio con suavidad y en silencio le expreso que nada malo le ocurriría nuevamente. Pero en su mente se sorprendía de cómo aquellos eventos en la vida de Ángela fueron tan recientes a su llegada, también el amor a su hija, producto de una violación.
Sintió el cuerpo de ella temblar, y decidió cubrirlo con su calor, con la energía demoniaca que emanaba, deseaba impregnarla de el, protegerla de la propia brisa, mantener aquella sonrisa que le regalo el primer día que se vieron frente a frente en ese parque. Ella conocía el infierno sobre la tierra, y aun así se atrevía a sonreír, ella conocía la tortura sobre su piel, pero aquello no le impedía ser feliz. La mujer que conoció, era una persona que recién se habría liberado de las cadenas del dolor, sonreía a la vida por que para ella lo peor termino cuando se alejo del infierno.
- Virgil –dijo ella en un susurro- mi único deseo es siempre estar a tu lado… así tenga que seguirte en la oscuridad.
- Nuestro final será el mismo Ángela –afirmo severamente.
- Eso me alegra –susurro- por que mi único temor es alejarme de ti.
Virgil no pudo evitar enterrar sus dedos sobre aquella blanda carne que era su mujer, ella no se quejo, al contrario respondió el gesto. El nunca le dio importancia a ese razonamiento, como mitad demonio su vida seria mas longeva, aun cuando vivieran así, ella moriría antes de que el siquiera envejeciera.
- ¿Qué pasara si llego a vieja y tu te vez igual que ahora? –cuestiono ella mas tranquila dejando su pasado atrás; el no respondió, pero no se imagino repudiándola por su apariencia, lo que Ángela provocaba en el era aun mas allá de su cuerpo, lo que le hacia fundirse en ella era esa sensación de estar completo- supongo dejare de ser atractiva –dijo con tristeza; de nuevo no se inmuto en contestarle, el tiempo le demostraría a su dama la verdad- Virgil cuando ya no este ¿buscaras otra compañera? ¿Qué sucederá?
- Tú debes seguirme en la oscuridad.
- En la oscuridad –dijo Virgil suavemente.
Entonces con fuerza volvió a sujetar el cuerpo inerte, ahora ya no sentía el dolor o el vacio. Al contrario parecía que una rehacía energía se procesaba de el. La ira comenzaba de nuevo a invadir su alma, el dolor se transformaba en deseo, en el anhelo de la venganza. Observo nuevamente el rostro de ella, deseando grabarlo en su memoria.
- Buscare la forma de que me acompañes, debe existir una manera y caminaremos juntos en la oscuridad eterna –respondió finalmente a la mujer.
Envuelto en una nueva energía, dispuesto a no rendirse, dispuesto a voltear el infierno por la venganza, dispuesto a hundirse en la oscuridad por ver nuevamente su sonrisa, emprendió nuevamente el camino hacia la gruta, hacia el único lugar donde podría encontrar un indicio, una base para lo que ahora planeaba hacer, y bajo aquella determinación si no encontraba nada, se dispondría a inventarlo.
-.-.-.-.-
Gil observo a su pequeño hermano dormir, sus ojos hinchados de tanto llorar, su cuerpo agotado por la serie de sucesos ocurridos en tan poco tiempo. Sabia que su madre ya no se encontraba en ese mundo, lo supo cuando observo aquella espectral figura posarse frente a ella, sujetarla de su rostro y robar su vida.
Pero la pequeña se había cansado de llorar, sentía la culpabilidad sobre sus hombros, y la vergüenza de enfrentar a su padre, decirle que por su causa su madre ya no vivía.
Dante emitió un suave sonido, como un quejido por encontrarse en el piso, aun cuando las cosas que su madre precavida mantenía en aquel lugar le ayudaron para que el pequeño comiera algo y no pasara frio, la menor entendía que era la ausencia del calor de su madre lo que provocaba esa desolación en el menor de los Sparda.
- No importa si Dante será mas poderoso que tu -le dijo su padre en uno de sus entrenamientos- tu debes ser mas inteligente que el, tu debes usar cada parte de tu cerebro para controlar, para hacerte mas poderosa. Si no tienes la fuerza usaras la inteligencia, si no tienes poderes demoniacos usaras la magia. Y siempre debes proteger a tu hermano, el siempre dependerá de la fuerza de tu espíritu… y es tu espíritu el mas fuerte.
- Quiero ser como tú, padre.
- Debes ser mejor que yo –dijo el guerrero, bajando a Yamato como señal de que el entrenamiento finalizo, ella lo imito. Pero el guerrero de cabellos blancos coloco una rodilla sobre la arena, inclinándose para estar a la altura de su hija, posando una de sus manos sobre el hombro de la menor- si hay alguien con quien deseo compartir una batalla, esa serias tu.
Gil abrió los ojos súbitamente, se acomodo junto a Dante para proporcionarle un poco mas de calor al pequeño, el frío de la noche se acentuaba mas en aquel lugar, aun cuando la magia que lo protegía mantenía una mediana estabilidad.
Pero el sonido que perturbo su sueño nuevamente se hizo presente, era el retumbar de aquella barrera, como si desearan echarla abajo. La niña miro a su hermano quien dormía profundamente, con el sueño de la inocencia sobre el. Ella también era pequeña, pero el mundo la preparaba para algo más, su destino no era ser solo aquella guardiana de los secretos demoniacos, ella era la heredera de un legado demoniaco aun cuando en sus venas la sangre humana la mantenía viva.
Encendió aquella lámpara de pilas que su madre mantenía oculta, no deseaba dar mas señales de vida dentro de la gruta, lo ultimo que necesitaba era poner en riesgo a Dante por encender una antorcha. Busco algún objeto que pudiera ser utilizado como arma, pero se encontró con el vacio, cientos de libros le rodeaban, pero ahí no encontraría nada que le ayudara. Bajo la linterna apagándola, cerrando sus ojos e inhalando con fuerza el aire, recordándose que no necesitaba de nada pues su cuerpo era su principal arma.
Sonrió con dulzura al evocar a su madre, como ella era capas de pasar horas estudiando herbolaria, como en un rincón de aquel lugar existían tantos antídotos y remedios, muchos que ayudarían incluso a curar heridas en su padre.
- Mamá –susurro finalmente la pequeña- no te decepcionare, también soy una Blackthorn y seguiré con la tradición, yo le enseñare todo a Dante, estarás orgullosa de los dos.
-.-.-.-.-.-
Virgil observo nuevamente la oscuridad perpetua dentro de la gruta, pero no le importo, como tampoco parecía interesarle encontrarse rodeado de innumerables demonios menores, que sus espadas de hielo atacaban sin piedad alguna. Aquello no le importaba al guerrero por que su única preocupación era romper aquella barrera, la cual pateaba sin cesar.
Esquivaba con habilidad los ataques, todo sin perder la concentración para derribar aquella barrera, deseo tener sus armas demoniacas perdidas en la batalla contra Mundus; aun con el cuerpo de su mujer aun en brazos, sin la posibilidad de utilizar su espada, sus piernas y la magia era su única defensa.
Pero con la ultima patada dada a la invisible barrera, el sonido de un cristal romperse se hizo presente, y sin controlarlo por la fuerza, el cuerpo del guerrero se inclino hacia el frente, sin no fuera por sus habilidades habría caído de bruces, sin embargo el equilibrio se mantuvo en su cuerpo. Observo hacia atrás encontrando a los demonios embravecidos dispuestos a atacar, pero la barrera aun se interponía entre ellos. Giro su cuerpo para seguir el camino que marcaba la gruta pero algo le detuvo, una espectral figura, una extraña sombra dentro de la oscuridad.
- Hijo de Sparda –aquella voz era un susurro, suave, incluso tal vez femenino- …Ángela… -se escucho su voz acongojada.
Instintivamente el guerrero apretó el cuerpo de la mujer, la oscuridad los envolvía pero aquella figura era notable, era como un hechizo algo oscuro y poderoso, sentía aquella presencia rodearlo. No escucho los pasos de aquel ser, pero si observo como una suave caricia se posaba sobre la dama.
- Mi Ángela –susurro aquella voz, aquello molesto notoriamente al posesivo demonio, pero entonces una peculiar energía le hizo recapacitar, era perturbadoramente familiar, como un hálito del pasado.
- ¿Quién eres? –cuestiono Virgil.
- Resguardo este lugar… el único refugio capas de contener a los demonios –aquella voz a pesar de su fragilidad, no era humana, el semidemonio era capas de reconocerlo- Soy la noche y la nada… soy Nemo -dijo finalmente.
- ¿Eres de quien hablan los pergaminos? –cuestiono el guerrero de cabello platinado.
- El pasado debe quedar ahí joven príncipe –dijo suavemente- veo en tus ojos aquella ausencia… el dolor –susurro en secreto, al tiempo que caminaba rodeando al guerrero- eres tan parecido a tu padre, veo en ti el poder para resurgir el esplendor de tu estirpe.
- ¿Qué deseas? –cuestiono finalmente el guerrero.
- Solo ayudarte…
- ¿Qué ganaras tú? –cuestiono fríamente el guerrero dispuesto a desenfundar su arma, aun cuando debiera bajar el cuerpo inerte de su mujer.
- Lo que perdí se encuentra en tus brazos, lo que gané esta al final de esta gruta... para lograr tu objetivo príncipe, debes invocar a Lilith, al ver tus ojos le contaras tu historia, si su corazón se conmueve te dará tan ansiado deseo.
- La demonio humana –dijo secamente el guerrero- hace siglos que no se sabe nada de ella.
- Mi querido príncipe, se debe a que ella se encuentra sellada… como todos los longevos, pero si sabes el ritual correcto, todo será mas sencillo. Cierra tus ojos, te mostrare el camino.
Virgil dudo un poco, hacia unos segundos aquella figura se coloco frente a la entrada, observando a los demonios que aun rodeaban el lugar, con un toque de sus dedos sobre la barrera los eliminaba como si jugara tiro al blanco. Los orbes zafiro fueron ocultos tras los delgados parpados y una secuencia de imágenes comenzó a pasar ante los ojos del albino.
- Mi ultima ayuda príncipe –cuando Virgil abril los ojos se encontró aquella figura emanando una poderosa energía de su cuerpo entre purpura y rosa oscuro se dirigió hasta el cielo. La tierra tembló desde sus cimientos, y el guerrero hijo de Sparda fue consiente de que frente a el se encontraba un ser de poder inigualable- Vuelve pronto príncipe, cuando exista el tiempo para hablar.
La mirada de Vergil se dirigió hacia el cielo, ahí lejana se encontraba la luna, sonrió autosuficiente, aun tenia tiempo. Camino hasta el fondo de la gruta, sin preocuparse por el extraño ser que se presento ante el, ya tendría tiempo de encargarse de ello, ahora lo importante era recuperar a sus hijos.
- ¡¿Padre? –cuestiono la voz infantil, la oscuridad inundaba todo, nada se veía ya. Virgil sentía la energía de sus hijos, y la mayor lo detectaba de igual forma. Entendía que se encontrara sorprendida, pero ahora debía hablar con ella. Escucho un suave movimiento, era natural en la pequeña que conocía aquel lugar como si fuera su propia casa. Solo fueron unos segundos de oscuridad, antes que una antorcha fuera encendida, el fuego solo sirvió para que el rostro infantil se ensombreciera al denotar el cuerpo de su madre. Su rostro bajo, su cuerpo temblaba- Perdóname padre… no la protegí.
Virgil observo el cuerpo de Dante, envuelto en cálidas mantas sobre el suelo de aquella gruta, el pequeño no se inmutaba ante la situación, sintiendo aun pese la energía cargada de tensión, aquel calor y seguridad que solo la familia podría proporcionarle. Con delicadeza bajo el cuerpo de Ángela dejando sobre ella su arma; la dama fue depositada cerca del pequeño de cabellos platinados, su siguiente acción fue dirigirse a su hija, frente a la cual se coloco de cuclillas para estar a su altura.
- Hiciste lo correcto –dijo solemnemente, al tiempo que cubría el tembloroso cuerpo de la infante con sus brazos, pegándola a su pecho, aprontándola contra si mismo, como aquel valioso tesoro que no desea perderse- Es hora Gil.
Los orbes esmeralda se abrieron ante la sorpresa, después se empequeñecieron ante el sentimiento que su padre le trasmitía por medio de su demoniaca energía, aquello era una calidez que le envolvía el cuerpo reconfortándole el dolor; cerro sus ojos respondiendo el abrazo de su padre, y en su interior se dio cuenta que su padre sufrió aquella misma deserción, aquel mismo sentimiento de impotencia por no salvar a la persona que mas amaba y al final sonrió al saber que hizo lo correcto… proteger a su hermano menor, cuidar de Dante.
- Es hora –dijo el demonio separándose del cálido cuerpo de su hija, se puso de pie solemne ante aquella visión que el espíritu de aquella gruta le presento; observo a su hija, unos minutos más existían, los suficientes- La joya - Gil con rapidez la saco de su bolsillo- no la sueltes.
La pequeña asintió, y observo en silencio como su padre se inclinaba hacia el pequeño que aun dormía. Paso sus dedos entre los cabellos suaves y blanquecinos, el pequeño igual que su hermana sonrió entre sueños ante el tacto, toco las sonrosadas mejillas y guardo en su memoria aquel instante.
- Sigue durmiendo –dijo suavemente el hombre antes de dirigirse al cuerpo inerte de la dama, al cual volvió a tomar en brazos, la espada seguía en el regazo de ella- Vamos –indico a su primogénita.
La pequeña tomo la antorcha y la alejo de aquel lugar, lo ultimo que deseaba era un accidente en aquel lugar poniendo en riesgo la vida de su hermano pequeño. Siguió a su padre y observo con pena el cuerpo de su madre, era lacio sin vida. Cerro sus ojos recordando el destello que cubrió la estancia antes de desaparecer, estaba segura que en su memoria se encontraba aquel ser que daño a su progenitora, sin embargo por alguna razón no lograba discernirlo entre la bruma de luz.
La luna se movió de una forma sutil que solo aquellos seres con poder espiritual podrían reconocerlo. Ahora se encontraba distante de la tierra, sumida en la oscuridad observando desde la lejanía a la madre de la toda vida. Virgil siguió su camino hasta llegar a la playa. Gil no se sorprendía de aquella forma delicada en la cual el guerrero sujetaba el cuerpo de la mujer, el respeto y honor que le presentaba aun después de la muerte era el reflejo de aquellos sentimientos profundos que el demonio negaba, pero en silencio los aceptaba en su vida, la menor sabia eso, entendía la fortaleza de su padre, aquella negación de las emociones para que sus puntos mas débiles no quedaran expuestos; aun así la desgracia tomo aquello valioso que el propio Virgil amarro a su alma.
- La joya –dijo el hombre, y la pequeña apresurada incrusto la antorcha sobre la arena y posteriormente dirigirse frente al Sparda, mostrándole la palma de su mano, lugar en el cual se encontraba la joya. Frente a su padre alzo el rostro para que la distancia que les superaba disminuyera y sus miradas se encontraran, entonces una suave caricia en su cabello al tiempo que el mayor se colocaba nuevamente a su altura- Debes tragarla.
La pequeña asintió, trago saliva suavemente al tiempo que bajaba el rostro para observar en su mano en lo que se convirtió el cuerpo de su tía Gomory. Tomo la pieza entre sus dedos y la llevo hasta su boca, deslizándola con fuerza atreves de su garganta.
Pero la joya se detuvo en la mitad de su garganta asfixiándola, los orbes jade se abrieron desmesuradamente al tiempo que sus manos se dirigían hacia el lugar donde la joya se albergaba, pero una sacudida de energía la hizo trastabillar, su espalda se arqueo hacia atrás, pero la mano de su padre colocada en su espalda baja evito que cayera, al tiempo que de su cuerpo comenzaba a salir una luz de energía, al principio era un jade que hacia resplandecer los ojos de la menor, los cuales se encontraban totalmente abiertos ante el dolor que su joven cuerpo experimentaba al sentir como si de la joya salieran extremidades como tentáculos, pero fuertes como las raíces de los árboles extendiéndose con fuerza por su ser amarrándose a sus venas, a sus órganos; era incapaz de moverse o de hablar, el aire le faltaba y sentía como su vista se nublaba lentamente. Entonces aquellas extensiones comenzaban a fundirse en ella aminorando el dolor, al menos durante unos cuantos instantes, antes que la joya comenzara un movimiento violento saliendo de su garganta para dirigirse por el ducto respiratorio hasta su cerebro.
Gil sintió que algo se incrustaba en su cerebro, su boca se abrió y una lagrima se derramo de sus ojos, su corazón se detuvo durante varios segundos, su vista se nublo observando como ultima cosa nítida, el rostro impávido de su padre. Entonces esforzándose en su ultimo aliento una sonrisa dirigida al demonio de cabellos blanquecinos.
Virgil no se inmuto ante aquellos cambios, aun cuando no sabia que aquello podría sucederle, tampoco esperaba que las cosas fueran fáciles. Acaricio el rostro de Gil, sus ojos aun abiertos observando la nada, el brillo estaba perdido en sus orbes verdes, el corazón de la pequeña completamente suspendido al igual que el resto de sus órganos, pero aun así el movimiento de una extraña energía era perceptible debajo de su piel.
La energía jade se torno purpura con una tonalidad de rosa y comenzó a rodearla, era un extraño color que no vio hasta esa noche con el guardián de la gruta, los misterios le rodeaban pero el tendría el tiempo para desenmarañar aquellos secretos. Una fuerte inhalación por parte de la pequeña que se estremeció a la vida provoco que el hombre de cabellos platinados regresara su atención al ser que aun tenia sobre su brazo. Sintió el cabello largo y oscuro de su hija se balanceaba con el viento, revelando sobre su frente una pequeña joya incrustada, la tonalidad que anteriormente emano la menor era aquella en la cual se torno la pieza que originalmente era color verde.
Sonrió satisfecho, cargando a la pequeña colocándola a una prudente distancia semi sentada contra un árbol, una suave caricia sobre sus oscuros cabellos, entonces elevo su brazo hasta que su mano quedo sobre su propia boca, mordió con fuerza arrancando la piel. Gil se inclino hacia al frente, tomando aquello que se le ofrecía, no era la primera vez que sucedía aquello, pues Virgil cada día le hacia beber una pequeña cantidad de su sangre para afianzar el vinculo que existía entre ellos, además para fortalecer sus habilidades oscuras; pero en aquella ocasión la absorción fue diferente, el propio Virgil lo sintió cuando aquella joya sobre la frente de su hija resplandeció con mas fuerza, una sonrisa de satisfacción se formo en el, imprimiendo el orgullo hacia aquella criatura. Con una mirada fue suficiente para indicarle que en aquel instante la menor solo seria espectadora, por lo que la morena asintió suavemente.
Virgil se alejo de la menor, tomando su fiel espada del regazo de su mujer, la luna se encontraba justamente debajo de ellos. Era solo un fino rasgo de el astro, la oscuridad reinante en el cielo se encontraba en el camuflaje perfecto, la distancia que mantenía de la tierra era un evento que en raras ocasiones sucedía, sin embargo en aquel instante el demonio recordó que aquella luna no fue obtenida de forma natural. En silencio se maldijo por su limitado poder. Observo a su hija recuperando el aliento, sabia que su cuerpo de alguna forma sucumbió a la muerte artificial y ella aun a su corta edad soporto el dolor para convertirse en lo que ahora era, un semidemonio como el. La mirada zafiro se dirigió al cuerpo de Ángela, la antorcha que Gil incrusto a la distancia le permitía ver su pálido rostro, sus labios ya resecos. Debía apresurarse.
No era extraño que Virgil se fuera a la cama tarde, sobre todo cuando tenia libros de magia entre las manos. Información que le ayudaría a obtener su tan ambicionado poder, no solo con ayuda de hechizo que provocarían que su mejora en las artes oscuras fuera drástica. También la información para encontrar un fin a su situación de hibrido.
La madrugada abrazaba el cielo, era la hora mas oscura, pero aun así la puerta del estudio se abrió. Suaves pasos eran escuchados en el silencio de la noche, el guerrero no debía levantar la mirada para saber de quien se trataba. Pero observo de reojo como el cuerpo de la mujer se colocaba a su lado, recargando suavemente su cadera sobre el escritorio que se encontrara frente al cuerpo del demonio.
- ¿No vendrás a la cama? –pregunto la dama, no existía en su voz algún tinte de enfado, siquiera de exigencia, solo era un cuestionamiento, y el era capas de leerlo entre líneas, solo le echaba de menos.
Inhalo profundamente para darle su respuesta, pero entonces sus sentidos se encresparon, un aroma dulzón comenzaba a invadir sus sentidos y la respuesta que momentos atrás se disponía a dar fue olvidada ante la emanación del calor femenino junto a el.
Su rostro bajo ocultaba su mirada absorta, su cuerpo se erizo ante aquella sensación que comenzaba a escocer en su cuerpo. Cerro súbitamente el libro que mantenía entre sus manos y lo dejo caer despistadamente a su lado. Ángela respingo ante el sonido del libro caer, observo confundida a su compañero de vida, inclinándose suavemente hacia el, preocupada de que no se encontrara bien.
- ¿Virgil? –pregunto confundida.
Pero las manos sobre su cadera estrujándola con una firmeza le hizo saber que el se encontraba bien. Como si fuera una muñeca el hombre la movió hasta quedar totalmente frente a el. Ella solo se dejo llevar ante las acciones tan inesperadas. Tembló al sentir como el albino comenzaba a besar su cuerpo, los dientes masculinos se enterraban en su carne suavemente sobre la seda de su pijama.
- Virgil –susurro excitada al sentir como el movía sus manos debajo de la tela, levantando la misma en busca del camino para deshacerla. El demonio se puso de pie envuelto en un aura peligrosamente sexual, cargada de aquella tensión que causaba la abstinencia. Dante había nacido hacia poco más de tres meses, en aquel tiempo el contacto físico intimo se redujo a unas cuantas caricias y besos antes de dormir; ahora el demonio perdía el control.
Ella cedió condescendiente a todas sus exigencias silenciosas, envuelta en aquella aura de lujuria que el silencio de la noche resguardaba en su intimidad. Los brazos de Virgil se engancho a su cuerpo al sentirla desnuda, envolviéndola de ardientes besos comenzó a succionarle la vida. Los suaves gemidos de la mujer causaron estragos en el hombre que comenzó a quitar sus ropas lo mas pronto posible.
Fue agradable sentir de nuevo el roce de piel contra piel, ambos se frotaron en contra de si para sentir aquella eléctrica sensación. Pero envuelto de pasión el demonio tiro cada articulo del escritorio de una forma indiscriminada y descuidada. Levantando de la cadera a su compañera la coloco sobre el ya despejado lugar. Ella se dejo guiar, observando en los ojos de acero el calor de la pasión, cerro sus ojos abandonándose en aquellas manos, y no fue hasta que sintió un cálido aliento en su centro cuando intento levantarse para huir avergonzada.
- No, espera… no –rogo al saberse que la tenia ceñida de sus caderas.
Pero el no respondió, enfrascándose en probar las mieles de su compañera, deleitándose de aquel sabor que emanaba de su ser. Entonces se arrepintió, aquello parecía adictivo, entre mas adquiría el sabor en sus labios, en su lengua, mas lo deseaba y la excitación de su cuerpo se volvía palpitante y dolorosa.
Ella comenzó a removerse inquieta, sus ruegos se escuchaban lejanos para el guerrero, las caderas comenzaban a danzar ante el ritmo de su excitación, y finalmente llego aquella explosión de placer. Las mieles derramadas se deslizaron por aquel centro, y el ávido las bebió.
Cuando al fin se sintió saciado de su sed, su palpitante miembro exigía enterrarse en aquellas entrañas que tan bien conocía ya. Recorrió con sus labios aquel cuerpo disfrutando el probar aquella piel, al tiempo que acomodaba sus caderas dispuesto a invadir el cuerpo femenino.
- Virgil –dijo suavemente Ángela levantados un poco hacia el, recuperándose del aturdimiento que fue aquella experiencia. Un suave sonrojo apreciado gracias a las luces de aquella estancia, y una caricia por parte del demonio no pudo evitarse al ver aquella visión tan plena de su amante- Yo… también, quiero… probarte.
El demonio la miro con sus intensos ojos azules, ella se encontraba sonrojada por la petición, por las acciones del guerrero, pero eso no significaba que bajaría la mirada ante aquella intimidación, ante aquel escudriño de su alma. Una suave caricia en su rostro.
- Esta bien –contesto con ronca voz.
Suavemente la ayudo a ponerse de pie, entonces se dejo caer sobre el sillón frente al escritorio, observando la duda y la vergüenza en los ojos de la mujer. Se disponía a decirle que lo olvidara, pero observo como su cuerpo se colocaba de rodillas frente a el. La suave caricia que se abrazo a su miembro por parte de las manos de ella comenzaron a hacerlo perder la razón. Cerró los ojos ante el primer encuentro, ante el aliento que se afianzó sobre si mismo.
Un gemido tras otro, justo como Ángela cuando sintió aquel golpe de placer invadirla. Inconsciente elevo un poco las caderas, envolviéndose en la excitación que le causaba aquella consagrada unión. Ella se sintió satisfecha al escucharlo gemir, al observar como la fría mascara de su rostro se deformaba ante el placer recibido. Se encontraba consciente de los errores que cometía, que incluso le lastimo un poco un par de veces, pero el no se quejo en ningún instante y ahora llegaba al clímax, lo sentía por el palpitar de su miembro, el cual explotó.
Fue una experiencia para ambos, como recibidores y proveedores del placer. Sus miradas se encontraron, el brillo de sus ojos era no solo de aquella lujuria pura que cubría sus cuerpos, aquel acto era la culminación de dos espíritus que se unían en la carne, que se perpetuaban en cada acción, a cada sonrisa, a cada roce, en cada palabra.
Sin embargo aquello no era suficiente para el demonio, quien tomo a la mujer de la cintura elevándola como si fuera una pluma. Colocándola sobre sus piernas la beso con pasión, acariciándola al tiempo que era acariciado, sus cuerpos comenzaban a fundirse con fuerza perdiendo el principio y el fin. Un suave movimiento culmino el acto, un rugido por parte de ambos al tiempo que se unían de forma completa. La danza comenzaba, sus cuerpos se perdían entre el mar de placer en el cual navegaban juntos. Los besos, las caricias y la unión se hacia presente, la tensión de sus músculos aumentaba al igual que el palpitar sincronizado de sus corazones.
- ¡Ángela! –rugió el demonio al tiempo que se aferro al cuerpo femenino, su cuerpo la extraño, la lujuria era parte natural de un demonio, era aquel punto irreversible en el cual demostraba sus mas profundos deseos, sobre todo un demonio unido.
Ella cayó agotada sobre su pecho, respirando con dificultad sin parar de repetir su nombre, sintiendo en su espalda el desahogo que proporcionaban aquellas masculinas manos que le acariciaban con aquella sutil dulzura. Tal vez fueran las hormonas, pero suaves lagrimas se derramaron por la felicidad.
- Te amo –susurro al tiempo que cerraba sus ojos ante la reconfortante sensación de paz y saciedad. En respuesta un sutil beso sobre su cabeza, entre sus oscuros cabellos, pero algo en su mente resonó similar a un "Y yo a ti".
Los sellos sobre la arena estaban listos, y el cuerpo de Ángela posicionado en medio de todo aquello. Yamato desenfundada, demostrando su elegante esplendor aun en la profunda oscuridad. Virgil junto al cuerpo de su mujer, observándola de pie como dormía el sueño eterno de la muerte.
Un suave corte, lo suficientemente profundo para que la sangre emanara en abundante cantidad, el brazo del Sparda cayo bañando aquellos sellos a su alrededor. La arena absorbía aquel vital liquido, al tiempo que se tornaba blanquecino.
- Yo te despierto de tu sueño, yo te llamo longeva Lilith –el mar comenzaba a tornarse tempestuoso, y en la oscuridad del astro alineado sobre el ritual una luz incandescente descendió hasta cubrir los sellos hechos.
Una fina figura se encontraba flotando entre aquella luz, de cabellos rojos como la grana, de enormes ojos purpura y piel de nácar. Envuelta en aquel entallado vestido, de figura seductora, la dama invocada hizo su aparición. Una sonrisa sobre los labios rojos de la demonio al observar al impávido hombre frente a ella.
- ¿Tu has osado despertarme?
Continuara…
Bueno llegó el jueves… esperen no… xD bien me adelante un poco pero si no dejan review no volveré a hacerlo. ¡Dejen Review!
Gracias a todas las personas que leen el fic, SOBRE TODO A LOS QUE DEJAN REVIEW, pues me animan a seguir con el fic. Por cierto que felicidad, llegamos a los ¡100 Review!
¡Gracias!
Yvori Gevura: Jeje bueno tenia que pasar. Gracias por leer los otros fi, sobre Dante ah no entendí muy bien jejeje y gracias por el tip de Bayonetta realmente me has dado unas ideas excelentes. Por cierto, am no falta un capitulo jejeje.
Carrieclamp: Jejeje solo le hacía de emoción, espero que te guste este capítulo.
