VIRGIL.

(Devil May Cry y ninguno de sus personajes me pertenece… por desgracia xD)

(La ortografía no se corrige, de lo contrario jamás terminare la historia, por que nunca quedo satisfecha cuando re-leo y lo pero es que de la ortografía no corrijo nada xD, jajaja, mejor discúlpenme los dedazos y palabras que no cambia el Word)

ADVERTENCIA:

Así es la narración…

Ahora de esta manera son los sueños…

Y leerán los Flash Back de esta forma…

- Virgil… (Dialogo y acción)

- ¡VIRGIL! (Grito)

- "Virgil…" (Pensamientos)

Virgil… (Lectura, Escrito)

Capitulo 37: "Libación"

Aquel campo energético que aprisionaba a Lilith fue extendido, aquellas obras arquitectónicas de las cuales se vanaglorio aquel pueblo, ahora podría maldecir su suerte, pues el Sparda estaba casi seguro que una poderosa fuerza demoniaca se encontraba dormida en su interior. Sin embargo aquel no era su objetivo, lo ultimo que necesitaba era crear el desequilibrio en la fuerza del infierno, y despertar a un longevo no traería nada bueno, ni siquiera a Lilith debía liberar, aun cuando con su pasado humano estaba seguro que apoyaría su causa, el romper el silencioso e inexistente pacto de mantener a los longevos a un lado de la batalla, solo traería la búsqueda de enemigos mas feroces, de antiguos mas sanguinarios que serian mas difíciles de derrotar.

- Gil –llamo el hombre de platinados cabellos, la pequeña pronto se acerco a el. Virgil le daba la espalda, observaba como el sello crecía dando la posibilidad a la demonio de volar alrededor, el cuerpo de Ángela que fue regresada a su posición original, se mantenía sobre aquel sello que la pelirroja demoniaca reconocía como el emblema demoniaco del clan Sparda.

- Padre –dijo la menor, quien al observar como demonios rojizos con enormes oz de fuego salían del portal abierto por su padre, alisto sus dagas de hielo, a la pelirroja le sorprendió aquella habilidad en una humana tan joven, y sonrió divertida ante el espectáculo.

- Saca a los que sean puros –dijo el mayor- "Lo ultimo que necesito es que Lilith recupere todos sus poderes" –la aludida pelirroja al detectar aquel plan del Sparda no pudo mas que reconocer aquella mente calculadora del hombre de cabellos blancos.

- Si padre –dijo la menor obediente.

- Y hagas ningún ataque, tu no debes interferir en esta batalla o arruinaras todo.

La menor asintió antes de comenzar a correr hacia el pueblo que pronto comenzaba a despertar ante el alarmante sonido de los gritos que se escuchaban, la gente comenzó a salir de sus hogares para encontrarse iluminados con el sello bajo sus pies, además los demonios comenzaban su ataque derramando sangre que deslizaba lenta por el camino los caminos de piedra.

Virgil observaba a la gente intentar escapar, algunos que lograban correr hasta los sellos quedaban imposibilidades a salir, no cabía duda que un poderoso en la hechicería hizo aquel trabajo, pues los sellos no permitían la salida, no lo consentirían a nadie de alma contaminada.

Pronto un demonio se acerco a el, su oz manchada en sangre por las vidas de unas mujeres que recién cobro, sentía tener la capacidad de enfrentar a un semidemonio, la dama hechicera observaba todo desde su alto pedestal, distraída mirando el dolor de los humanos, regodeándose ante el sangrar de los hombres, y los gritos de mujeres que se atrevieron a juzgar a un inocente.

Yamato pronto partió en dos al demonio, quien cayo pesadamente sobre el la piedra de la calle, una segunda estocada para atravesar la cabeza, la sangre fluyendo lenta de un color marrón oscuro, revolviéndose con la carmesí que se deslizaba mas abundante. El mayor de los gemelos Sparda comenzó su andar, un hombre adulto se agarro de su cuerpo, sujetándolo por el pantalón, arrodillado frente al guerrero de fríos ojos, alzo su mirada para encontrar el frio acero.

- El demonio de la bruja –dijo el mayor, y una sonrisa triunfante se formo en el guerrero, quien de un movimiento separo la cabeza del resto del cuerpo de aquel hombre.

Los gritos de las mujeres y los niños comenzaba a hacerse mas poderoso, Lilith observaba con repulsión como algunos hombres demostraban su cobardía dejándolas frente a los demonios que comenzaban a rodear a las familias que intentaban escapar.

Una mujer que cayó en su trayecto de huida, solo abrazando a su pequeño hijo de meses, el hombre que seguramente era un familiar, al ver acercarse a uno de los demonios la dejo ahí varada para el continuar con su huida, sin importarle las suplicas de la mujer o el llanto del bebé quien se asustaba ante la conmoción de la mujer. Aquella fémina solo acertó cerrar sus ojos y cubrir lo mejor que pudo el cuerpo de su hijo con el propio, esperando el desgarre de su cuerpo ante la criatura que frente a ella se presentaba alzando aquella peligrosa arma.

El sonido de una navaja desmembrando la carne fue escuchando, pero la mujer abrió sus ojos al no sentir el dolor de la muerte cernirse a su cuerpo, solo encontrando al hombre de cabellos blancos con su arma desenfundada como única prueba de su ayuda.

- La Blackthorn puede salvar a tu hijo –menciono con frialdad, al tiempo que su espada señalaba a una pequeña niña de cabellos negros quien sacaba a un infante que no tendría mas de dos años. La mujer miro a su bebe angustiada, sabia que debía morir, no le importaría si con ello salvaba a su hijo. Se levanto, para después hacer una reverencia al demonio y correr hacia la pequeña que volvía a adentrarse al campo energético.

Virgil observo a los demonios dispuestos a desmembrar aquellas presas, pero sus espadas de hielo los detuvieron el suficiente tiempo para que la mujer llegara hasta la infante de ojos jade. Pero los pasos del gurrero se dirigieron hacia un hombre que buscaba la forma de salir del encierro que aquellos demonios le ocasionaban.

- Ayúdeme –dijo el hombre envuelto en angustia, de un movimiento de la poderosa arma los demonios cayeron desmembrados. Los ojos del humano se abrieron asombrados al sentir el frio acero de aquel arma sobre su pecho perforando su corazón.

Virgil lo miro con repulsión, observado con desdén la cobardía y deshonor de algunos hombres. Al ver a esa mujer algo le hizo recordar a su dama, siempre en peligro constante por las personas de aquel pueblo y ella siempre se preocupaba por la vida de su hijos, incluso en el embarazo de Gil, abrazaba con fuerza su abdomen para que nada le pasara a la no nata; cuando sucedió el distanciamiento de la pareja debido al segundo embarazo en Virgil jamás existió la mínima posibilidad de abandonarla, pensaba cuidarla a la distancia manteniendo a distancia los demonios que se sintieran atraídos por la sangre del nuevo Sparda, pero abandonar a Ángela durante los momentos críticos nunca fue su intención, en el no nacería tal bajeza, así que según su código de honor aquellos seres que abandonaban a sus compañeras por su sobrevivencia no merecían vivir.

- Sigues siendo el mismo machista Virgil –dijo la voz de la demonio quien observaba desde los aires el espectáculo.

El guerrero prefirió ignorar los comentarios, antes de percatarse de una presencia, un ser que le hizo sonreír ampliamente, en aquella mueca de satisfacción que asustaría hasta al mas osado guerrero.

Gil observo a la mujer que se acercaba a ella corriendo, un demonio se acercaba a ella peligrosamente, pero las espadas de su padre lo inmovilizaron. La pequeña observo el alma de aquella joven mujer, lo cierto es que no eran muy mayor, tal vez no pasaba de los veinte años aun y ya tenia un pequeño bebe de brazos. Observo la energía de su alma, alguien joven, atormentada, que vivía con temor a la vida, pero deseaba sobrevivir solo por aquel regalo que en sus brazos mantenía.

- Sal –dijo la pequeña. La mujer dudo un poco, pues había visto como muchos lo intentaban y chocaban violentamente con algo que les lanzaba con fuerza- tu alma aun puede salvarse, cuida de los niños que hay afuera.

La mujer asintió suavemente y cerrando sus ojos atravesó la barrera junto con su hijo. Gil pronto observo a la distancia otro menor que lloraba incesante entre los cuerpos inertes de sus padres, sus pasos de inmediato se dirigieron hacia aquel lugar.

Lilith se elevo distante a la matanza, la luna aun estaba en posición para continuar con aquel ritual, tendría poco tiempo pero estaba segura que el Sparda lograría su cometido, veía en sus ojos aquella determinación que hacia años le conoció, pero ahora existía algo nuevo, tal fuera aquella necesidad de proteger al fin satisfecha.

Como la primera humana y la primera mujer que se transformo en demonio, conocía mucho de la historia de la humanidad, sobre la dualidad hombre y mujer, sobre la contaminación del hombre, pero ante todo la existencia de alguna ramificación de individuos diferentes al que fuera su primer esposo, aquellos que exceptuaban toda regla, los que era descendientes de dioses.

- Aquellos varones gurreros nacidos para proteger, su fuerza mas incandescente nace del amor mas insondable que pueden tener a su contraparte femenina –Lilith dirigía estas palabras al cuerpo de la joven mujer, sus ojos demostraron su dolor y aun cuando era obvio que se resistía, al final accedió a su instinto bajando hasta el cuerpo, acariciando su rostro tiernamente- El mundo se hizo por dos fuerzas, femenino y masculino, la fuerza solo masculina es inepta, la fuerza solo femenina esta incompleta; pocos afortunados encuentran aquella mitad que les arrebato la ambición y la supremacía.

La sangre que corría entre los caminos de piedra comenzó a acercarse a la Blackthorn, el vital liquido de humanos y demonios se mezclaban siendo brillantes ante aquel resplandeciente sello, que emanaba una poderosa luz que podría confundirse fácilmente con el día.

- Destinados desde su nacimiento, rompiendo una maldición milenaria, cumpliendo una profecía ancestral –Una nueva caricia a los lacios cabellos oscuros- Ángela Blackthorn ¿Cuántas madres e hijas sufrieron? ¿Cuántas no desearon aquello que has obtenido aun después de tu muerte? Un amor sincero, un amor tan poderoso y plenamente correspondido; estoy segura que lo sabias, aun cuando de su boca jamás salió palabra alguna, aquella devoción fue imposible de mantener oculta, aquella necesidad a tu mera presencia no fue sencillo disimularla, pero tu sentiste lo mismo ¿no es así? Tu le amas en el lugar donde te encuentres, por eso necesitas estar ahí con el, sumiéndote en la oscuridad del infierno a su lado, finalmente son uno.

Lilith comenzó a volar, rodeando aquel circulo con una impresionante velocidad, siendo visible a los pocos sobrevivientes como solo un rayo rojizo que daba vueltas una y otra vez. La sangre que recorría aquellas grietas del empedrado llego a su destino comenzando a manchar lentamente la blanca piel de la mujer Blackthorn.

Virgil sonrió ante la visión devastadora que se posaba ante sus ojos, los demonios le fueron de gran ayuda debido a que el no tuvo que asesinar a cada humano, ahora solo terminaba con la vida de unos cuantos que trataban de escapar ocultándose o huyendo e incluso peleando contra aquellos seres. Pero nada serviría si terminaban bajo el yugo de aquella espada.

Adam intentaba sobrevivir, buscaba desesperado alguna salida que lograra hacerlo sobrevivir a la masacre demoniaca que de pronto les asalto. Observo a la distancia a la hija de Ángela Blackthorn, a su hija consanguínea quien sacaba a unos cuantos, sobre todo niños y pocas mujeres jóvenes. Su propia hija ya había muerto, su familia y todos los que conocían ya se encontraban desangrándose lentamente, el estaba herido pero aun tenia la fuerza para continuar luchando. Así que hizo lo único que su profundo instinto egoísta de sobrevivencia le indico, dirigirse hacia la pequeña que veía como el único puente de salvación.

Pero entonces sintió que algo detenía su paso, observo hacia el punzante dolor en su pecho, el brillo colosal de una espada que parecía pulirse con la sangre derramada en su acero brillo fulminante. Los ojos de Adam se levantaron para observar frente a el los ojos azul hielo del demonio. Una sonrisa triunfal surcó los labios del guerrero, el observar el terror en los ojos de aquel hombre lo hacia regocijarse. Pero aquel dolor no era suficiente y no deseaba darle la liberación de la muerte, no aun.

Saco a Yamato del pecho del hombre, estaba seguro de que el dolor punzante que sentía aquel ser lo estaba llevando a un profundo shock, pues atravesó violentamente el centro de su cuerpo atravesando la unión del tórax.

- Pagaras el dolor que le ocasionaste –dijo fríamente el hombre antes de sujetarlo de las ropas y lanzarlo cerca a donde el cuerpo de Ángela se encontraba. Aquel movimiento era como si el cuerpo de un alto y fornido hombre fuese una pluma.

Pero para Virgil existía otro ser que debía pagar, uno que ya tenia localizado escondido entre una pila de cadáveres, su cobardía lo llevaba a un grado tan profundo de aparentar su propia muerte y pasar desapercibido ante los ojos demoniacos, era una pena que para el olfato no fuera así, por lo que los movimientos del albino debían ser rápidos antes de que otro de los demonios que aun vivían lo asesinara antes que el.

Camino sobre los cuerpos desmembrados, los charcos de sangre e incluso de fétidas sustancias que soltaba el cuerpo humano, sus botas se manchaban de aquellos fluidos corporales que comenzaban a descomponerse por el veneno de las armas demoniacas. Nada importaba, al menos no hasta que llego a la pila de cuerpos, mujeres mayores y hombres como unos cuantos jóvenes, nada importante, nada que dejo la barrera salir, seres que se perdieron en la agonía de la muerte y serian recibidos placenteramente en el tártaros para sufrir torturas hasta la llegada del momento de su siguiente vida.

- Déjame ir demonio –dijo suavemente el hombre, intentando disimular su temor.

- Pídeselo a ella –menciono con simpleza, pero sonrió ante la expectativa del hombre quien imaginaba el perdón de su hija.

La mano del guerrero se cerro sobre el brazo de un hombre, apretándolo con tal fuerza que el ser gritaba ante el dolor de sentir como su extremidad casi era reventada. La sonrisa del guerrero platinado se hizo triunfal, y comenzando su andar dirigiéndose al centro de aquel sacrificio. Con la mano en la cual portaba a Yamato destrozaba los cuerpos humanos y demoniacos que aparecían en su camino, el ruido ocasionado por los gritos de dolor y de guerra cesaba lentamente, el suelo se convirtió en una sola mancha de sangre que corría hacia la Blackthorn.

- Los sacrificios –dijo el guerrero a la pelirroja quien detuvo sus vertiginosas vueltas en el aire. Observo a los hombres que se encontraban frente a ella, heridos, temerosos pero en sus recuerdos observaba la crueldad de sus seres, el sometimiento que ejercían sobre la mujer, la tortura que aplicaron a las Blackthorn. James Hopkins observaba devastado el cuerpo que moría lentamente del joven con el cual negociaba, aquel que deseo fuera su hijo, aquel hombre al que le entrego la vida de Ángela. Entonces sus ojos se posaron desolados en el único ser que podría salvar su vida.

- Es un buen sacrificio Virgil –dijo la exuberante demonio, relamió sus rojos labios ante la excitación que se presentaba frente a ella.

- No demonio, tu padre jamás haría algo así ¡Tu eres un verdadero engendro! –dijo James al guerrero albino, los ojos fríos de este se posaron unos segundos en el, entonces un solo gesto dirigido a la distancia provoco que el cuerpo de la pequeña Gil comenzara a acercarse en silencio.

Los pasos de Gil se hicieron presentes de forma mas sonora, y los ojos del cazador de brujas se abrieron ante la sorpresa, reconocía aquellos rasgos, el cabello negro noche, los labios sonrosados, aquella piel blanca que solía ensombrecerse tenuemente con el sol y mágicamente regresar a la normalidad al pasar la noche, pero ante todo los profundos ojos verdes capas de escudriñar el alama de cualquiera. La menor tenia entre sus manos pequeñas flores silvestres que recolecto, sus manos las sostenían con fuerza impregnándolas de su energía.

La mirada del viejo cazador no soporto los ojos indiferentes de la menor, una replica exacta de aquellos ojos azul tundra; era la primera vez que veía a una Blackthorn con tal mirada, incluso en las mas penosas situaciones, aquellos ojos parecían derramar una paz hacia los otros.

- Aquellos capaces de lastimar a los indefensos, son los mas cobardes –dijo suavemente el semidemonio, al tiempo que caminaba hasta Adam para sujetarlo violentamente de los cabellos, un quejido de dolor se hizo presente, pero no pareció importarle al albino- Ángela finalmente a muerto –dijo con voz sombría- pero Gil decidirá si sus vidas valdrán la pena de salvar.

Los ojos suplicantes de ambos hombres, solo hizo que Lilith se deleitara ante aquellos sacrificios, eran hombres cobardes, despojos de humanidad que para nada valdría la pena mantener con vida. Se deleito ante aquella visión, pues la muerte de esos seres repugnantes eran aquello que la hacían excitarse ante la venganza contra un pasado oscuro.

- Pe…pequeña… soy tu abuelo… el tu padre –decía el antiguo cazador.

Gil bajo la mirada hacia su madre, esta se suavizo notablemente, la sangre rodeaba a la mujer que le dio la vida, y el sello se tornaba azul brillante a su alrededor. Una sonrisa tierna e infantil se formo en la menor, haciéndola ver como la edad que realmente tenia. Se inclino hacia su madre rodeándola de flores, algunas cuantas en su cabello, otras sobre su pecho, a la visión infantil aquello le hacia ver mas linda aun bajo el abrazo de la muerte.

- Mi mamá les perdonaría la vida –dijo suavemente, levantándose de su labro de adornar a su madre, dirigiendo la vista hasta su padre, en el trayecto observo los ojos de aquellos hombres aliviados de salvarse de la muerte- Pero yo no –dijo con voz dulce aun manteniendo aquel semblante infantil, era tan aterrador como una muñeca poseída.

Entonces como si aquello fuera un acto cotidiano, la pequeña giro su cuerpo para desaparecer lentamente a la distancia, saliendo del circulo, saliendo de aquel lugar donde la vida de cientos de humanos fue devastada y las vidas de otros tantos demonios también fue entregada.

Virgil sonrió triunfante ante su hija, aliviándose que saliera del sello, comenzó con el ritual una vez que Lilith sonriente asintiera suavemente. Parecía una pequeña niña extasiada ante lo que vendría. El primero fue Adam, a quien Virgil mantenía sujeto de los cabellos, semi-levantándolo. Yamato entro por su cuello, para abrirse paso hasta su vientre. Siquiera gritar de dolor fue capas, su cuerpo ya se encontraba en un profundo shock debido al dolor de su pecho. Su sangre y carne cayeron junto al cuerpo de Ángela, comenzando a tornarse de un material duro y cristalino, como un cuarzo.

Hopkins observo aterrado la forma en la cual el demonio acabo con la vida de su amigo, así que comenzó a retroceder, mirando de frente al demonio, sus ojos se abrían como enormes platos ante el terror, su cuerpo sudaba y sus esfínteres dejaron de obedecerle. Pero nada detuvo al demonio.

- La carne del padre –dijo suavemente Lilith quien revoloteaba cercana al hombre- hiciste sufrir a cuanta Blackthorn pudiste –le reclamo al leer sus recuerdos- ¡Maldito hijo de Adán! Incluso con el tiempo su venganza nos envuelve.

El hombre quedo confundido ante las palabras de la demonio de cabello rojo, pero todo quedo atrás cuando sintió algo que rasgaba su brazos, al observar veía como un fino corte con la katana del albino le abría la extremidad dejando salir sus nervios. Grito aterrado, pero no fue suficiente por que lo mismo se repitió con el otro brazo. Finalmente un fino corte sobre su abdomen de forma horizontal abrió su carne dejando salir sus entrañas, lo ultimo que vio fue la sonrisa triunfal de la seductora ser que volaba alrededor.

- Ahora necesitas elegir donde resguardaras el contenedor y solo faltara tu sangre la cual debo extraerte yo –dijo la demonio volando hasta el cuerpo de Ángela, Virgil caminaba hasta quedar cercano a la dama también. Los cuerpos sacrificados comenzaban a endurecerse y rápidamente aquella piedra comenzaba a cubrir a su mujer- te debilitaras demasiado –advirtió Lilith, pero el demonio simulo no escucharla.

Virgil observo el cuerpo de su amante, pensó en tenerla cerca como aquel amuleto que su madre le regalo, sin embargo deseaba fuera lo mas discreto, no necesitaba que otros se enteraran de su debilidad, no necesitaba más buscando aniquilarlo por su punto mas frágil. Pero entonces sintió la turbación en su mano, su fiel espada comenzaba a vibrar con una fuerza improcedente, el guerrero abrió su mano dejando libre el arma que pronto tomo la figura de un espectro negro-azulado. Su final figura de una mujer de largos cabellos, era imposible definir sus rasgos, pero la fuerza que emanaba podría hacer temblar a cualquiera.

- Amo –dijo suavemente el arma, quien de inmediato se arrodillo respetuosamente- déjeme proteger a la dama, yo cuidare del contenedor de su cuerpo.

Virgil observo a su fiel compañera, después al cuerpo de Ángela que ya se encontraba suavemente sucio por la sangre que la envolvía. Lo siguiente que observo fue la luna, la cual no tardaría en moverse, así que suavemente asintió.

- Confió en ti Yamato –fue la única sentencia, haciendo al arma regodearse ante aquella prueba de confianza.

- Colócate aquí –dijo Lilith señalando hacia el frente de la mujer de negros cabellos, específicamente frente a la cabeza de Ángela. Virgil dio un paso al frente con la señal de la demonio, observando la sonrisa aun visible de su dama.

- "Para la eternidad" –le dijo con sus pensamientos, pero aquello no fue oculto para la demonio, quien sonrió ante esa declaración.

Lilith comenzó a recitar una extraña canción, un idioma que el demonio no entendía, pues no era del inframundo. La piedra en la cual se transformaban los dos sacrificios finales se acercaban con violencia al cuerpo de Ángela, acunándola de forma suave, elevándola de la sangre que la manchaba y finalmente tornándose de un rojizo intenso, pues absorbían el vital liquido que aun se acumulaba. La luz del sello disminuyo haciéndose tan tenue, permitiendo que la energía lunar descendiera a donde era llamado. Entonces el guerrero se dio cuenta, aquellas palabras no eran demoniacas en lo mas mínimo, era el primer lenguaje de la humanidad.

- Ahora la libación –menciono suavemente Lilith.

Fue un corte limpio, lo percibió sin embargo aun cuando hubiese intentado esquivarlo, no habría salido bien librado de aquello. El albino cayo de rodillas con la garganta abierta, su sangre se derramaba incesante manchando el cuerpo de Ángela, estiro su mano para sentir por ultima vez la suavidad de su piel. Observo cuidadosamente como la sangre que en algún momento mancho el cuerpo de aquella dama desaparecía, la tela de sus ropas se desvanecía, pero las flores entregadas por Gil aun adornaban el recinto final.

Virgil cerró los ojos, alejando su mano del cuerpo de la dama, sintió como su herida sanaba después de la exorbitante cantidad de sangre que derramo, sus fuerzas menguaron, su mirada comenzaba a tornarse borrosa, pero no por ello se dejaría devastar. Con un fuerte impulso se puso de pie, observando como su sangre dominaba el resto del sacrificio, y en un aura azulada se comenzaba a tornar aquella piedra cristalina en un ataúd eterno.

- Debes darle forma –dijo Lilith suavemente.

La voz de la demonio aun seguía en el aire, en los canticos mas antiguos de la humanidad, los ojos del demonio se cerraron dando forma al ataúd de su compañera, el recinto donde ella descansaría esperándolo.

Virgil cayó pesadamente de rodillas, su energía comenzaba a abandonarle, pero aun luchaba, su fuerza de voluntad aun era capas de hacerlo moverse. Levanto la vista observando frente a el a Yamato en su figura humanoide, frente a ella un bello zafiro giraba, era de un tamaño discreto. Entonces el arma abrazo aquella joya que pronto se enterró en su cuerpo, la luz fue intensa cegando al debilitado guerrero por unos momentos. Pero al abrir nuevamente sus orbes azul tundra se encontró con su preciada arma y oculto entre los pliegues de su empuñadura, oculta de forma discreta se encontraba incrustado un zafiro, que al observar cuidadosamente podría verse en el transando una bella dama dormida adornada con flores.

Gil quien observo todo a la distancia, sentía la debilidad de su padre, una vez que Yamato volvió a sus manos la pequeña apresuro su paso hasta el hombre que la criaba. Virgil se encontraba débil, pero aun y con ello se puso de pie, observando de forma amenazante Lilith elevo a Yamato hasta colocarla en su garganta.

- La luna pronto cambiara y no esperare a que vuelva otra vez para tener respuestas –dijo fríamente, pero la carcajada de la pelirroja puso nerviosa a la menor, quien tensiono su cuerpo dispuesto a proteger al único padre que le quedaba con vida.

- Después de que te ayudo te atreves a amenazarme –la voz de aquella mujer se escuchaba dramatizada, era como un juego perverso para ella, pues su mirada afilada indicaba su peligrosidad- Además estas débil, nada podrás hacer –dijo con frialdad.

Pero la suave caricia de Yamato sobre su cuello le hizo reflexionar sobre la peligrosidad de aquel guerrero, lo miro furibunda pero al final denoto aquella pequeña presencia tensa ante la situación de una batalla y algo en ella se rompió. A Virgil no le paso desapercibida la mirada de Lilith, como de la ira paso a estar acongojada al solo observar a Gil y estaba seguro que aquello no era por Gomory o los recuerdos de la infante.

- ¿Qué relación tienes con las Blackthorn? –solito de golpe el demonio.

Lilith observo la luna, pronto el hechizo terminaría, y era mejor terminar con aquel secreto ahora, no deseaba enfrentarse a un recuperado demonio que seguro la invocaría para sacarle la información así fuera a tener que matarla. Miro nuevamente a Gil que se encontraba a un lado de su padre.

- Ninguna Blackthorn tiene esa determinación… ni esa capacidad para luchar –dijo suavemente la demonio, Virgil bajo su arma- debe ser la singularidad en siglos, tal vez milenios.

- ¿De que hablas? –dijo Virgil, recordando el comienzo del libro de las Blackthorn- El libro no indica que sean tan viejas.

Lilith descendió finalmente, tocando el piso con sus pies, sintiendo el frio de las piedras ensangrentadas. Camino hasta la pequeña Gil, arrodillándose frente a la criatura para estar a su altura, acariciando su cabello y su rostro, haciendo sentir a la menor una reconfortante sensación. Virgil esperaba en silencio a que la demonio hablara, pero la luna no le pasaba desapercibida, sabia que el tiempo se agotaba.

- Yo fui la primera humana, hecha de polvo, pero no fui la única –susurro la joven demonio- ¿Qué clase de Dios crearía solo un hombre y después una mujer? ¿Acaso pensarían que deseaba coleccionar figuras vivas? Hay muchas mentiras en la historia, mentiras que nunca me intereso corregir, sin embargo… mi pasado atañe a las Blackthorn –Virgil uso toda su energía por mantenerse en aquella pose gallarda, en silencio observando como la demonio se embelesaba con Gil, al tiempo que contaba su historia, la pequeña escuchaba atenta- Éramos cuatro, Asmodeo fue el primero y yo con el, después Eva y Adán, el tiempo de diferencia tal vez fueron segundos, pero Eva mi pequeña hermana era joven y tan bella… pura.

La demonio observo la luna, después dirigió su mirada hacia el guerrero quien aun se mantenía altivo, sabia que estaba por sucumbir, había usado demasiado de su poder mágico y demoniaco, era demasiado, pero debía decirle la verdad.

- Adán siempre fue ególatra, influenciado por los ángeles que en ese momento se encontraban en una batalla contra los antiguos demonios. Las diferencias de siempre, los del cielo se alimentaban del amor de los hombres y los del infierno de sus penas, pero los de arriba ambicionaron todo, al observar como los infiernos se volvían mas poderosos, pues los humanos parecían tendenciosos al sufrimiento. Asmodeo se revelo contra aquello, se marcho para transformarse en la oscuridad. Planeábamos irnos juntos, pero me lo impidieron, buscaron someterme al hombre que aun quedaba, Eva era joven y pequeña, además siempre existió en Adán un sentido de dominación y esa rivalidad con Asmodeo. Cuando escape del paraíso, llevaba en mis entrañas el primer fruto de la humanidad, Puabi.

Virgil observo el cielo, se encontraba asombrado, reconocía ese nombre en algunos escritos de su padre sobre las Blackthorn, siempre mencionándola como una mensajera, aquella quien le daba aviso sobre el estado en que se encontraban las brujas.

- ¿Hija de Adán? –pregunto Virgil.

- No, cuando mi compañero salió del paraíso yo en mi vientre ya tenia aquel obsequio. Al salir lo ocultamos de los ojos celestiales –ahora la voz de la súcubo se escucho amarga- la abandonamos muy joven… para protegerla. Los ángeles vinieron por mi creyendo que el fruto de mi vientre era del ahora nombrado primer hombre… Este es el lugar donde resguardamos a nuestra hija, en una tierra donde los portales demoniacos se abrían constantemente, presentíamos que la primera hija humana corría menos riesgo con la oscuridad a con la luz –Lilith miro con pena los ojos de Gil, sentía sobre ella la mirada expectante de Virgil presionándola a continuar- Ella tenia unos poderosos ojos verde, heredados de su padre, mágicos por su madre, su cabello era color fuego y su piel nácar… Puabi es la madre de las Blackthorn hijo de Sparda.

Los ojos de ambos demonios se encontraron, Virgil sabia que existía algo aun mas profundo, un secreto que posiblemente no le diría, algo que debía descubrir de las Blackthorn. Pero Lilith parecía dispuesta a darle la pista que le llevaría por el camino correcto.

- Ay algo que los humanos tienen, que los del cielo y el infierno desean, no es el alimento de sus energías, es algo que nace y muere… Las mujeres humanas, seres frágiles con la fuerza de soportar el dolor toda su vida, capaces de dar la vida, y de alimentar a seres de energía con sus sentimientos mas puros, abajo y arriba no existen suficientes féminas, y no existen flores tan delicadas como las hembras humanas –Lilith observo al demonio de cabellos platinados, debía darle un indicio de su destino- En el infierno existieron también una dualidad, hombre y mujer, poderosos, nacidos de demonios puros y longevos… desgraciadamente eran el mismo, nacidos el mismo día, al mismo tiempo… gemelos. Hay un pecado innombrable para los demonios...

- El incesto –dijo Virgil conociendo bien las leyes de su raza- la unión de padres e hijos y de los hermanos esta prohibida, siquiera es mencionada, pues ese es un pecado de los humanos.

- Así es, aun cuando no se aplica en tíos y sobrios o los primos –aquellas palabras fueron mas una confirmación de algo que ella conocía- El día y la noche no eran capaces de estar juntos, pero su descendencia podría hacerlo, lo que traería al mundo demoniaco una renovación al enaltecer a un nuevo soberano.

- ¿Eso que tiene que ver con Ángela? –cuestiono el demonio.

- … Puabi se enamoro de la noche y la noche de ella. La primera vez que salió del mundo demoniaco, una espina se enterró en aquel demonio que buscaba con desesperación a su amada. La espina lo hirió haciendo que sus movimientos fueran lentos y su energía disminuyera, cuando ella lo encontró, toco la espina transformándola en algo oscuro, la saco del cuerpo demoniaco pero en el trayecto se pincho la mano, la espina bañada en sangre de ambos cayo, haciendo que nacieran bellas flores de espinas negras como símbolo de su amor… creando una discordia increíble al concebir un hijo de aquel ser… pero un error les maldijo, las flores de espinas negras murieron lentamente y cada pequeña que nace con esa sangre esta condenada a sufrir, a que su corazón se rompa y finalmente morir en manos de aquel a quien entregaron sus mas puros sentimientos.

Una pequeña luz se filtro, era el momento, Lilith acaricio suavemente a Gil, debía marcharse pero necesitaba decirle algo mas al guerrero. Además necesitaba darle algo a la pequeña descendiente de aquel clan.

- Debes encontrar los pergaminos, debes encontrar el pasado de Nemo, es lo único que puedo decirte joven guerrero –Lilith observo a Gil, acaricio por ultima vez su rostro- tengo un regalo para ti.

De las manos de la pelirroja dos dagas hicieron su aparición, de una navaja curvada, la empuñadura era bellamente adornada con un listón rojizo que les rodeaba. Gil estiro sus manos recibiendo sobre ellas las dos dagas, pero las manos de Lilith se cerraron ante las manos infantiles, dirigiendo un certero golpe hacia su cuerpo, la sangre comenzó a emanar con rapidez, deslizándose por las cuchillas manchando las manos de amabas.

- No ayude a mi hija… cuidare de su descendencia –miro por ultima vez los ojos de Gil, recordando a la hija que intento proteger alejándola de ella misma- Busca… Astharot.

La luz de la luna pronto hizo su aparición, el cuerpo de Lilith se separo en dos, uno flotante hacia la oscuridad del astro, otro fundiéndose con las dagas en las manos de Gil. La pequeña estaba tan absorta que nunca se percato que su padre volvía a marcar un sello con Yamato, lo ultimo que vio fue el resplandor de la transportación por medio de magia.

Cuando la pequeña abrió los ojos se encontraban ya en su casa, la soledad era devastadora, pero fue el golpe fuerte de algo caer que hizo a la menor buscar el proceder de aquel sonido. Su padre se encontraba inconsciente, agotado totalmente, ella se encontraba igual, pero aun existía algo que debía hacer.

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Los ojos peleaban por abrirse, pero algo pesado impedía que aquello se lograra. Con un poco de fuerza, los parpados comenzaron a abrirse suavemente, dejando ver dos orbes verdes profundos. Una mano femenina se alzo hasta topar con aquel extraño cristal que le retenía, además de un extraño liquido que le rodeaba totalmente. Los cabellos negros ondeaban en aquel mar que le rodeaba, sentía su cuerpo pero la desesperación le atenía al saberse contenida en un extraño objeto.

- Al fin despertaste –una voz ronca, tal vez de un anciano provoco que aquella criatura dirigiera su mirada hacia al frente, observando detenidamente el rostro de quien seguramente era su captor- Me alegra que te encuentres bien dama, lo ultimo que deseamos es enfurecer mas al príncipe.

Continuara…

Hola, recuerden que yo no recibo un suelo por este fic, sin embargo mi único pago son sus bellos comentarios, espero que la historia les siga gustando.

Yvori Gevura: Hola gracias tu comentario siempre es el primero, espero que te guste, la verdad me fui de la mano con la información, espero que no este muy saturado, como viste ya reescribí el viejo testamento jajaja, igual ni soy católica o cristiana ya, jaja soy orgullosamente pagana. Espero que te guste los giros que toma la historia y la verdad me estoy tomando algo de Bayonetta pero creo saldrá mas adelante jejeje, me encantan tus recomendaciones ¡de veras! Mira que cuando ando mas perdida siempre me das una buena de inspiración. Cuidate mucho y es genial que seas un hombre asi, en verdad si no viviéramos lejos y yo no tuviera una pareja también con esos pensamientos te invitaría a una cita jajaj xD cuídate un beso y nos vemos en el próximo capitulo que mira con tus ánimos están saliendo cada vez mas rápido.