VIRGIL.
(Devil May Cry y ninguno de sus personajes me pertenece… por desgracia xD)
(La ortografía no se corrige, de lo contrario jamás terminare la historia, por que nunca quedo satisfecha cuando re-leo y lo pero es que de la ortografía no corrijo nada xD, jajaja, mejor discúlpenme los dedazos y palabras que no cambia el Word)
ADVERTENCIA:
Pues no se, pero algo advierto.
Así es la narración…
Ahora de esta manera son los sueños…
Y leerán los Flash Back de esta forma…
- Virgil… (Dialogo y acción)
- ¡VIRGIL! (Grito)
- "Virgil…" (Pensamientos)
Virgil… (Lectura, Escrito)
Capitulo 38: "Sin ti"
- Madre –dijo suavemente Virgil, dejando la lectura del libro que se encontraba sobre la mesa de café- ¿Por qué es tu libro favorito la Eneida?
- Bueno, existen dos razones –dijo suavemente Eva colocándose a un lado de su pequeño hijo, abrazándolo suavemente al tiempo que depositaba un dulce beso en su frente- una es por que me gusta mucho la historia de Eneas, sus aventuras y desaventuras, los sacrificios que tiene que hacer para cumplir su destino y el como sus decisiones también hacen daño a otras personas, como en la parte donde deja a la reina Dido –esto ultimo lo susurra suavemente- la otra razón es que mi padre solía leerme esté libro cuando era pequeña.
- ¿Tú padre? ¿El abuelo? –cuestiono Virgil más para si mismo, entonces algo en el hizo una conjetura- Nunca nos hablas de tu padre o de tu madre –dijo suavemente, Eva sonrío.
- Mi madre murió cuando era muy pequeña, no la recuerdo –dijo con suavemente, la mirada del menor se entristeció.
- ¿Y te duele mucho?... Si tu no estuvieras a mi me dolería mucho aquí –dijo indicando su pecho- siempre que estoy lejos de ti te extraño mucho –La mujer de cabellos rubios acaricio las hebras plateadas. El pequeño pensó unos momentos antes de volver a hablar- ¿Por eso nunca hablas de tus padres? ¿Por qué te duele?
- Duele un poquito, pero es algo que el tiempo te ayuda para aceptarlo, lo que yo esperaba es a que tuvieran curiosidad para hablar de ese tema –respondió con una sonrisa- me alegro que al fin preguntaras –Virgil asintió suavemente- Yo no recuerdo a mi madre, aun no cumplía el año cuando murió, pero si a mi padre.
- ¿Cómo era? –cuestiono el menor emocionado.
- Era un hombre muy fuerte, era alto y tenia una cara muy seria, parecía que siempre estaba enojado –dijo ella con alegría- pero así era su rostro, en realidad era un hombre muy dulce.
- ¡Ah! –decía suavemente el pequeño sorprendido- ¿Y como era? ¿Tenia tu color de cabello? ¿O tus ojos?
- Mi padre tenia el cabello mas oscuro que yo, nuestros ojos eran iguales en color pero no en forma… pienso que tenia mas la forma de tus ojos –decía feliz la mujer.
- ¿Cómo los míos? –preguntaba confundido el menor- ¿Qué no soy igual a mi papá?
- Si, te pareces mucho a tu papá, pero también te pareces a mi y un poquito a mi padre.
- ¿Y el abuelo que hacia? –cuestiono el pequeño emocionado.
- El era un cazador de demonios –el rostro de sorpresa de su hijo hizo sonreír a Eva- el cuidaba que los demonios malos no hicieran daño a la gente, el era un guerrero de la ciudad de Fortuna.
- Aquel lugar donde respetan mucho a mi papá –se decía a si mismo el pequeño- ¿Y como era el abuelo? ¿Era fuerte? ¿Qué arma usaba? ¿Sabia magia? –las preguntas comenzaron a aumentar, denotando el interés del menor por aquella ramificación de su familia.
- Bueno, usaba una katana muy parecida a Yamato y también tenia un arco con flechas de un metal muy especial que dañaba mucho a los demonios, tenia muy buena puntería, pero sus armas no eran demoniacas como las de tu papá, y la magia la usaba muy poco, solo conocía algunos hechizos para curarse a si mismo –el rostro de Virgil brillaba ante la expectativa, pero entonces algo pasó por su mente.
- ¿Y que sucedió? ¿Dónde esta el?
- El falleció en una dura batalla, una donde tu padre apenas y salió con vida –la voz de Eva se entristeció suavemente, por lo que Virgil sintiéndose culpable por traer ese recuerdo en la mente de su madre la abrazo, ella respondió el abrazo.
- ¿Cómo se llamaba el abuelo?
- Virgil –susurro Eva.
Un cálido liquido viscoso y de repulsivo olor se deslizaba por la mejilla del inconsciente Virgil Sparda. Lo cierto es que aquella forma no era la mejor para despertar, sin embargo las cosas ya sucedían sin que el poderoso guerrero pudiera evitarlo. El fuerte olor de aquel liquido lo hizo abrir los ojos para encontrar frente a si mismo una replica sus orbes azul acero. Llevo su mano hasta su mejilla, tocando aquel fluido, retirándolo con su mano en un gesto de repulsión, al reconocerlo no pudo mas que suspirar, de nada serviría molestarse por minucias como aquella.
Comenzó a levantarse, sujetando entre sus brazos el cuerpo diminuto de su hijo menor, este ante el contacto sonrió alegremente soltando una risotada que lleno la habitación, una punzada de dolor se hizo presente en el albino al recordar a su amante dormida. Coloco al pequeño sentado sobre la cama, acaricio sus cabellos blanquecinos, el pequeño pronto se distrajo con una mordedora que se encontraba cercana, lo cual fue un alivio para el mayor al sentir un mareo, uno que seguramente se debía a su debilidad.
Se cuestiono a si mismo como habría llegado a la cama, por unos instantes se alarmo ante la idea de que Gil lo hubiese llevado hasta su habitación, pero entonces los fugaces recuerdos de Yamato tomando una forma humanoide y ayudándolo a llegar a su estancia le hizo presencia en su cabeza. Dirigió su mirada a un costado de su cama, observando su arma junto a el; sentía orgullo por su espada, la unión que tenían era tan poderosa, en un breve pensamiento el guerrero agradeció a su fiel acompañante no solo por la noche anterior, el estaba consiente que sin Yamato jamás habría logrado sobrevivir en el infierno, aquel arma era una extensión de su propio cuerpo.
Se levanto lentamente de la cama, aun era temprano, apenas las siete de la mañana según el reloj de Ángela, lo cierto es que no había descansado mucho y estaba consciente de que su cuerpo tardaría algunos días en recuperarse. Camino hasta la ventana, ignorando el mareo que sentía, pero lo que sus ojos captaron dejaron todo malestar a un lado.
Gil se encontraba observando la playa, su cabello lacio meciéndose al viento, sus ropas tampoco parecían resistirse al elemento. Para Virgil por unos instantes fue la visión dolorosa de aquello que perdió; sin embargo lo que en las manos de la menor se encontraban eran aquellas dagas en forma de media luna que Lilith concedió a la ya ultima Blackthorn.
Por la forma de la respiración de la menor, era notable que tenia algunas horas practicando, sin embargo volvió a colocarse en posición de batalla; el guerrero se sintió orgulloso de ver a su primogénita deducir por ella misma la forma de utilizar aquellas armas, aun cuando necesitaba una orientación correcta, se reflejaba a si mismo en esa pequeña niña.
Su cuerpo comenzó a recuperarse, sabia de ante mano que no podría entrenar, ni usar sus poderes demoniacos, pero al menos era capas de moverse. Observo como Dante estaba en la orilla de la cama, jugando descuidadamente, decidió caminar hasta el para sujetarlo entre sus brazos, lo ultimo que necesitaba era que su hijo se lastimara.
El pequeño comenzó a decir algo, los balbuceos eran continuos y un poco de saliva se escurría por sus labios. Fueron al cuarto de baño; lugar donde el mayor puso la tina a llenar con agua caliente y después comenzó a desvestir al pequeño, no le pasaba desapercibido el fuerte aroma del menor, que prácticamente pedía con urgencia un cambio de pañal. Al retirar aquella prenda y tirarla a la basura, lavo concienzudamente al menor en el lava manos, para después dejarlo sentado sobre la alfombra de baño.
Al tiempo que hacia aquella labor se sintió latentemente culpable, lo cierto es que con Dante no tenia muchos preocupaciones, eran contadas las ocasiones en las cuales ayudo a su compañera en su cuidado, ahora entendía las quejas de la mujer sobre el poco tiempo que dedicaba al menor.
Dante era un niño extrovertido, siempre sonriente, era extraño el momento en que su llanto se escuchaba, realmente pocas veces después de las primeras semanas de nacido se le escuchaba llorar. El mayor comenzó a desvestirse. Una vez que ambos se encontraran desnudos, Dante fue envuelto entre los brazos de su padre para ambos sumergirse en la tina.
El agua caliente fue un relajante a los molidos músculos del semidemonio, en esos momentos realmente odiaba su parte humana, aquella que provocaba ese tiempo de lentitud en su curación. Aun a sabiendas que si fuera un humano normal tardaría semanas o tal vez moriría, sin embargo el calor del agua lo relajo lo suficiente.
Dante comenzó a chapotear mojado el rostro de su padre, se encontraba sentado sobre el abdomen de este, riendo encantando ante el agua que lo rodeaba. Virgil sabia que no podría durar mucho tiempo ahí, por lo que con una mano hizo malabares para lavarse a si mismo. Cuando el guerrero se encontraba libre de toda suciedad, comenzó a lavar al menor quien dio un respingo al sentir como estrujaban su cabeza suavemente para lavarle el cabello, pego un fuerte berrido cuando el agua cayo indiscriminadamente sobre su cabeza haciéndolo agitarse, después de eso el lavar su cuerpo no fue difícil, incluso soltaba algunas risotadas ante el contacto.
Salió lentamente del baño, con cuidado de que su hijo no se resbalara de sus manos, no quería conocer que experimentaría si algún daño sufrieran cualquiera de sus dos pequeños. Tomo una toalla para envolver al pequeño, y otra la puso sobre su hombro, no se preocupo mucho por el agua que escurría de su cuerpo, tampoco le importaba vestirse. Cuando abrió la puerta que colindaba el baño con la habitación principal se percato de la presencia que le esperaba, parada observando desde la ventana Gil miraba hacia el mar, giro lentamente para observar a su padre, los ojos de ambos se encontraron.
- Preparare el desayuno –dijo suavemente la menor, quien dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la cama, donde su padre deposito al pequeño Dante.
Virgil coloco al pequeño sobre la cama, quien comenzó a revolverse sacándose la toalla que lo envolvía. El mayor en cambio utilizo su toalla para secarse el cabello, sus hombros y su espalda. Gil comenzó a secar al pequeño Dante.
Al albino mayor no le paso desapercibido que la ropa del menor estaba preparada en la cama, sintió una molestia invadirle. Se dirigió hasta el guardarropa y comenzó a vestirse en silencio, pero atento a lo que decía la pequeña.
- ¡Dante! –se exaltaba la menor a causa de que el pequeño no se quedaba quieto para ponerle el pañal- ¡Déjame ponerte el pañal!
Las risas del menor se hicieron presentes una y otra vez, pero la batalla entre los hermanos no estaba de lado de la pequeña, quien por mas que perseguía al pequeño este no se dejaba, al grado de estar rodando por toda la cama, esto le dio tiempo suficiente al Sparda para terminar de vestirse.
No se sentía su poder demoniaco, realmente no estaba cómodo con su cuerpo en esos momentos, por lo que prefirió vestirse con ropas mas comunes. Unos pantalones de mezclilla con una playera tipo polo color azul oscuro fue el atuendo elegido por el mayor de los gemelos Sparda; termino con su calzado y de arreglar su cabello, antes de dirigirse hacia la pequeña que trataba de que su hermano no se cayera de cabeza de la cama.
Sin ninguna emoción visible el guerrero sujeto al pequeño y tomo el pañal de la mano de la niña, con rapidez comenzó a vestirlo, innatamente el pequeño mostraba un respeto silencioso a su padre, aun cuando le regalaba bellas sonrisas.
- Gil –dijo solemnemente, la pequeña se acerco silenciosa a su padre, quien termino de vestir al pequeño.
- Dime padre –contesto la pequeña en un susurro. Virgil dejo al pequeño sobre el piso, quien de inmediato comenzó a gatear por la estancia. El mayor se dirigió hasta la menor y se coloco de cuclillas para que sus ojos se encontraran, la pequeña se sorprendió cuando las manos de su padre se colocaron sobre sus mejillas levantando su rostro, encontrándose ambos con la mirada.
- Eres idéntica a tu madre –dijo el hombre, los ojos jade se llenaron de lagrimas- pero que seas igual a ella no significa que ocuparas su lugar –la pequeña busco bajar la mirada entristecida- ¡No es tu culpa Virgil! –dijo con dureza- y yo soy tu padre, yo voy a cuidar de ti y de Dante.
- Nada será igual –dijo con la voz quebrada- ¿Qué le diremos a Dante? ¡El se olvidara de mamá! ¡¿Qué pasara si tú la olvidas? ¡¿Y si yo me olvido de ella?
Entonces todas las barreras se rompieron, la pequeña no pudo contener mas el llanto que guardaba dentro de su alma, instintivamente Virgil la rodeo apretándola a su pecho, sintiendo como las lagrimas de ella eran las mismas que el deseaba derramar desde el primero momento que abrió los ojos y no la encontró a ella.
Los minutos pasaron, la pequeña logro tranquilizarse lo suficiente para volver a su postura natural. Las caricias de su padre sobre su manchado rostro del fluido salino le hizo sonreír, su padre era así, tan discreto, siempre inmutable en su semblante, pero sus manos hablaban por el.
Cuando la pequeña se encontró calmada, el padre se alejo lo suficiente de ella, movió suavemente el cuello de su playera, la pequeña observo aquella marca en el cuerpo de su padre, ya la había visto pero siempre le pareció extraño en alguien que era capas de reponerse de todas las heridas.
- Los demonios escogen una pareja para la eternidad –dijo el guerrero- hacemos una marca que simboliza la unión, tu madre la tenia y yo la tengo… nunca olvidare a tu madre –ella asintió suavemente, entonces el guerrero acaricio el rostro de su pequeña- Dante recordara a su madre porque nosotros nos encargaremos de que no la olvide, pero principalmente por que la podrá ver cada vez que su hermana sonría.
Gil sonrió ante las ultimas palabras de su padre, pero al demonio se le rompió el corazón al ver la vivía imagen de Ángela crecer entre sus brazos, lejos de ella. Acaricio los lacios cabellos negros, y dio un sutil beso en la frente de la pequeña, sintiendo en sus labios la textura de aquella piedra incrustada en la menor.
- Preparare el desayuno, puedes ayudarme –dijo el mayor levantándose para tomar a Dante, el cual ya había deshilado la mitad de una alfombra de gran antigüedad. Virgil observo la gracia de su hijo y suspiro resignado, realmente aquel niño era inquieto, e instintivamente al cargarlo lo apretó un poco mas a su pecho, necesitaba sentirlos cerca para apaciguar el vacio creciente en su alma.
La casa era como un féretro, triste y vacía sin aquella bulliciosa presencia que llenaba de luz cada rincón. Dante apenas y era capas de iluminar la estancia en la cual se encontraba con sus risas y juegos, sin embargo para Virgil no le paso desapercibido aquellos momentos en los cuales el pequeño se quedo quieto, observando a su alrededor, buscando a su madre. El desayuno no fue un gran acontecimiento, y al terminar se dirigieron a la biblioteca, Gil deseaba estudiar un poco sobre los longevos, estaba segura haber leído un libro de Sparda que mencionaba aquella palabra, le interesaba saber sobre Lilith. El mayor por su parte decidió revisar algunos datos de Ángela.
La compañera de Virgil, tenia un espacio en el estudio para ella, una mesa de poca altura que siempre se encontraba desordenada, llena de libros y álbumes de fotografías. Un extraño sentimiento invadió al guerrero, aun cuando su mascara impedía que aquello fuera revelado, el mitad demonio observaba aquello que su mujer captaba con la lente de su cámara, sorprendiéndose de encontrarse en una gran variedad de fotografías.
Eran pocas aquellas donde se encontraban juntos, normalmente el hacia otra cosa y Ángela se veía agitada por correr contra el reloj de la cámara. Una en especial era el sujetándola de la cintura, pues al correr la mujer había caído, el con sus reflejos la detuvo cualquier incidente, pero la cámara guardo ese momento.
Pero entre aquellos recuerdos existían dos que eran los mas preciados por aquella dama, el primero aquella fotografía que capto a Virgil con los pequeños en la playa, donde el demonio tenia un semblante relajado, aunque aquella fotografía se encontraba sobre un mueble en la sala de estar. El segundo era una que Gomory tomo durante un momento de la familia.
Era el cumpleaños de Gil, motivo por el cual Gomory decidió estar presente; aquel día la pequeña lo había pasado normal, y su petición fue acampar bajo las estrellas con toda su familia.
Entre Ángela y "Mina" la noche se lleno de risas, de anécdotas cómicas entre las mujeres. Dante no parecía muy preocupado por lo que sucedía a su alrededor, siempre y cuando su puño aun pudiera entrar a su boca para ser succionado ávidamente lo demás poco le importaba. Gil sonreía encantada y la luz de la fogata hacia que sus ojos jade brillaran intensamente.
Pero la noche transcurría rápido y pronto la energía fue menguando. Gomory decidido ir al servicio hasta la casa, y al regresar encontró una visión que en sus mas profundos sueños jamás habría imaginado. Virgil sentado impávido con sus ojos cerrados frente a la fogata, con Ángela entre sus piernas recostada en su pecho abrazando al pequeño Dante el cual a su corta edad roncaba sonoramente, y Gil como era normal encontrarla, recostada sobre una de las piernas masculinas siendo abrazada por el albino.
La demonio no soporto la tentación y localizando la cámara fotográfica de Ángela, se acerco discretamente a tomarla, sin embargo una escalofriante voz la hizo dudar.
- Siquiera lo pienses –amenazo el guerrero.
Pero aquella mujer no era muy conocida por ser obediente y sonriendo con picardía encendió aquel aparato y captando la imagen dio clic. La persona que se puso feliz por aquel recuerdo fue Ángela, encantada de al fin tener una foto familiar.
Aquella fotografía se encontraba en un álbum que Ángela conservaba con mucho cariño. El albino tomo aquel recuerdo, por alguna razón deseaba tenerlo cerca, deseaba nunca olvidar que hubo un momento en que sus brazos se sintieron llenos.
- ¡Dante no! –grito Gil al tiempo que arrebataba un libro de las fauces de su hermano menor. Una ligera y discreta sonrisa apareció en el mayor, aquella situación le era tan familiar de un tiempo que podría creer que fue solo un sueño, el recuerdo de dos hermanos de apariencia idénticos de espíritus tan diferentes, las mismas acciones, las mismas palabras; entonces se cuestionaba ¿Cómo era posible que Gil fuera el reflejo de su alma?
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El resto del día transcurrió con una aburrida nueva normalidad, aun cuando los mas grandes guardaban silencio ante el vacio que se formaba en ellos, el mas pequeño de vez en cuando parecía distraído buscando algo que no encontraba y esperanzado volvía a esperar lleno de sonrisas.
Al llegar la hora de dormir fue en un silencioso acuerdo que los tres se acostaran en la cama principal, inhalando con fuerza lo que aun restaba del dulce aroma que el pilar de aquella rota familia expedía.
Dante en medio, Gil a un costado y Virgil al otro, los menores pronto se sumieron al sueño, abrazándose el uno al otro, buscando llenar de forma silenciosa aquel vacio que comenzaba a formarse entre ellos. Al mayor aquello lo llenaba de ira, de incertidumbre y de dolorosos recuerdos, del tiempo cuando su padre no regreso, cuando cada día descubrían que el no volvería; pero el seria diferente a su madre, el no caería en la desesperación y el abandono, el no demostraría debilidad ante ellos ni permitiría que su vacio lo embriagada de forma tal, que le impidiera seguir adelante.
Tomo a Yamato entre sus manos y observo aquella discreta joya oculta entre los bellos pliegues de su empuñadura, sus dedos se deslizaron sobre ella, y sus ojos se cerraron ante el recuerdo de la mujer dormida.
Caminaba sobre el agua rojiza, reconocía aquel lugar: estaba en el infierno. Observo aquellas deformes estancias, como existían rastros de antiguas civilizaciones humanas. En su mano su fiel compañera emitía una extraña fuerza, una alteración inusual, como si deseaba indicarle algo.
Observo a la distancia un portal, no existía nada mas ahí, por lo que prefirió caminar hasta llegar al extraño espejo que lo haría llegar a cualquier otro lugar del basto infierno. Pero al traspasar el portal, pareció que al caer lo hacia sobre una capa de vidrio pues el crujir del material se hizo presente una vez que sus pies tocaran suelo firme, pero al observar hacia abajo solo el resplandeciente cristal intacto. A su alrededor la oscuridad similar a la noche en la tierra, de no ser por el brillo blanquecino de aquel material sobre el cual se encontraba parado y el brillas de las rocas a su alrededor.
- ¡Virgil!
Una voz que helo su sangre, un calosfrió que recorrió su columna vertebral. Una rápida mirada alrededor, buscando el proceder de aquel sonido, su mente ya acostumbrada a las sorpresas de aquel mundo, ágilmente se hizo un mapa mental de la estructura a su alrededor. Una especie de barranco le rodeaba, pero el se encontraba de pie sobre un extraño cuadrado de cristal, pero según su rápido análisis el que aquello se rompiera no lo pondría en peligro de caer al inminente vacio que se encontraba a unos pasos de el.
De nuevo busco con la mirada mas profundamente, dio un pasó y de nuevo el crujir del cristal se escucho, observo nuevamente a sus pies encontrando que aquel cristal no se encontraba roto. Un destello llamo su atención y un grito ahogado le hizo elevar su mirada.
- Virgil –decía Ángela con voz acongojada.
La mujer parecía encerrada en un extraño contenedor ovalado, mas parecido a una capsula, un liquido ámbar le rodeaba, sin embargo no parecía lastimarla. Los delicados dedos femeninos tocaban un material transparente que la aprisionaba. El guerrero dio un paso hacia ella, pues se encontraba peligrosamente suspendida sobre el acantilado, el mejor que nadie sabia que aquellos pasajes del infierno eran impredecibles, pero aquel paso dado solo ocasiono nuevamente el sonido de un cristal cediendo ante la presión, y con sorpresa y terror ante sus ojos el cristal que aprisionaba a su compañera se cuarteaba.
- Iré por ti –dijo fríamente el guerrero, ella lo miraba acongojada, observando su ya dañando prisión, pero la mirada azul tundra le indicaba que no la dejaría. Débilmente ella asintió, mas por el temor de moverse.
El guerrero calculaba rápidamente la distancia, sabia que otro paso y aquella prisión cedería, al menos necesitaba el tiempo de dos pasos extras para ser capas de alcanzarla sin caer el al precipicio.
- Hazlo –dijo ella suavemente observando el rostro acongojado de su amante- confió en ti Virgil -susurro con dulzura.
El hombre observo aquellos ojos jade que se acostumbro a observar día y noche, el brillo que despedían cada vez que sus miradas se encontraban, no sabia si sus ojos lo traicionaban, pero internamente el sentía su cuerpo temblar sutilmente cuando ella sonreía.
No lo pensó mas y emprendió una rápida carrera hasta el acantilado, al tiempo que el vidrio de aquella prisión cedía. El liquido se derramo y la prisionera cayó al vacio, Virgil se había derrapado sobre el piso alzando su brazo esperando alcanzar a la mujer, pero sus dedos solo alcanzaron a rozarse sutilmente.
Los ojos de Virgil se abrieron ante la sorpresa de no sentir aquel peso extra, al observar a Ángela caer en la oscuridad con una sonrisa en sus labios. No era de burla, no era maldad para pensar que fuera un demonio usurpándola, era Ángela sonriéndole de aquella forma que lo enloquecía, de esa manera comprensiva, cálida que siempre le dio bienestar.
- ¡Ángela! –grito agitado al despertarse, incorporándose instintivamente de la cama.
Le tomo unos segundos regular su agitada respiración, paso su mano sobre su frente para limpiar las perlas de sudor que se deslizaban por su piel. Observo a su lado a sus hijos abrazados sumidos en el sueño. Dante sonreía como si un bello recuerdo invadiera su infantil mente, por el lado contrario su hermana mantenía un semblante angustiado al tiempo que se aferraba al redondo cuerpo del mas pequeño.
Virgil se estiro sutilmente acariciando el rostro de su hija, acomodando aquellos cabellos que se soltaban de su trenzado para dormir, el calor del mayor lentamente provoco en la infante que se relajara y una tenue sonrisa adorno sus labios. Acaricio a su hijo quien dio una risotada estridente, que afortunadamente no despertó a la morena.
Se levanto pesadamente de la cama ignorando al astro curioso que se asomaba por su ventana. Se dirigió hacia la planta baja con Yamato en su mano, existía demasiado en su cuerpo, en su mente, en su alma. Un profundo dolor que crecía conforme el vacio aumentaba, observo el piano de Gil y se acerco a el.
Tomo asiento frente al instrumento, colocando a Yamato sobre el piano, levanto aquella tapa que cubría las delicadas teclas. Deslizo sus dedos sintiendo la suavidad, pulso una permitiendo que el sonido invadiera la estancia, que se adentrara a su oídos y de alguna forma aliviaría su alma.
Entonces sus dedos se deslizaron vivaces creando la música que reflejaba su alma, el dolor, la angustia, la rabia, todo era expresado a cada tecla pulsada, a cada sonido creado. Olvido todo lo que existía alrededor, cerro sus ojos al momento en que sus manos se dedicaban a expresar aquello que jamás podría decir, al tiempo que derramaba las lagrimas que no podría sacar.
Fugazmente recordó a Eva, como recreaba bellas melodías ya fueran alegres o tristes, según su estado de animo, siempre uso aquel instrumento para expresar sus emociones mas profundas. Y su mente se perdió en su alma en sus recuerdos, embriagándose en la congoja de aquel persistente vacio. La música lo envolvía, haciendo que todo su alrededor se perdiera en la oscuridad, y cada nota tocada era dedicada en una glorificación a su dama y al profundo dolor de su ausencia.
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Dante abrió sus ojos, la sorpresa no se disimulaba en ellos. Bajando los pies de su escritorio, tomo asiento como debería sobre aquel sillón en el cual prácticamente vivía. Coloco una manos sobre su cabeza al tiempo que sacudía esta provocando que su melena platinada se meciera por el brusco movimiento.
Sin comprender que hacia se puso de pie, caminando por su magullada casa, subió violentamente los escalones dirigiéndose al segundo piso. Una vez ahí se dirigió hacia su habitación, abriendo el armario comenzó a sacar algunas cosas despreocupadamente. El estridente sonido que causaban algunas cosas al caer no le importaba en lo mas mínimo.
Entonces una sonrisa suave se formo en sus labios, a pesar que la única luz que entraba a la estancia, era la mercurial que se filtraba por la ventana, era capas de reconocer aquel objeto. Lo jalo para sacarlo de aquel recóndito lugar, y lo puso sobre su cama. Deslizo sus dedos limpiando el polvo que comenzaba acumularse, sintió entre sus dedos aquellas letras del grabado incrustado, "D.S" estaba claramente aun.
Abrió la caja, inhalando aquel aroma que se guardaba en una caja de perfecto sellado. Observo el brillo que causaba la luz sobre los cuidados objetos, los tomo temblando ante la idea de hacer aquello que sin comprender estaba haciendo. Se acerco a la ventana, observando la noche, las estrellas y la distante luna. Miro uno de los objetos en su mano, dio unos cuantos ajustes antes de colocarlo sobre su hombro, deslizo suavemente la tensa vara sobre las cuerdas, y la melodía comenzó a sonar, se detuvo un instante para ajustar aquel instrumento que hacia años no tocaba; al segundo intento no se contuvo mas, su alma comenzó a perderse entre la melodía que surgía de su unión con aquel instrumento. La angustia que lo invadía se aminoraba con el sonido de aquellas notas, y su alma se entregaba a esos sentimientos que de alguna forma sabia no eran de el.
No se cuestiono por que un dolor que no recordaba se apoderaba de su alma, por que aquella necesidad de unirse a una silenciosa sinfonía de angustia y pesadez, de dolor y amargura. Pero aquello también era terapéutico para el, para aminorar la terrible soledad en la que se sumía día con día. Cerro sus ojos sintiendo que su alma fugazmente de nuevo estaba completa, acompañada, y se entrego inconsciente a la orquesta de dos almas a distancia.
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Un sentimiento comenzó a reconfortarlo, el no saberse solo, el que alguien escuchaba su silencio, el dolor se fue aminorando al tiempo que sus ideas se aclaraban, sabia que aquello no pararía a menos que hiciera eso que su alma le dictaba.
Se sintió extrañamente mas ligero, como si compartiera aquella pesada carga con alguien, fue esa agradable sensación que lo hizo adicto a la mujer de cabello azabache, y nuevamente lo invadía pero no como aquello nuevo que le proporciono Ángela, era mas como el vestigio de un pasado que buscaba con todas sus fuerzas olvidar. Cuando termino el deshago de su ser, sus dedos se detuvieron aun sobre las teclas del piano, abrió sus ojos observando a Yamato, observando a su mujer dormida, entonces un susurro del fugaz pensamiento que se apodero de su mente.
- Dante.
Continuara…
Lamento no contestar nada, estoy subiendo con rapidez, de verdad lo siento, pero les dejo el capitulo dejen review y me tardare un poquito para los siguientes. cuidense. Gracias a todos los que dejan sus comentarios los contestare para la proxima lo prometo.
