VIRGIL.

(Devil May Cry y ninguno de sus personajes me pertenece… por desgracia xD)

(La ortografía no se corrige, de lo contrario jamás terminare la historia, por que nunca quedo satisfecha cuando re-leo y lo pero es que de la ortografía no corrijo nada xD, jajaja, mejor discúlpenme los dedazos y palabras que no cambia el Word)

ADVERTENCIA:

Estoy muy deprimida, es posible que tarde para el próximo capitulo, pero si no dejan doble review olvídense que vuelva a subir capítulos dobles.

Por ultimo "Niñera a prueba de demonios" a sido reeditada, si tienen tiempo pueden pasar a leer un poco. Saludos.

Así es la narración…

Ahora de esta manera son los sueños…

Y leerán los Flash Back de esta forma…

- Virgil… (Dialogo y acción)

- ¡VIRGIL! (Grito)

- "Virgil…" (Pensamientos)

Virgil… (Lectura, Escrito)

Capitulo 40: "Via Nocturna"

Gil recordaba aquel apartamento, duraron poco tiempo en ese lugar pero eso no significaba que se le fuera a olvidar fácilmente, lo cierto es que se encontraba feliz de salir de aquel lugar donde creció tan lleno de recuerdos de aquella mujer a la cual no volvería a ver nunca. Sentía que era egoísta, pero lo cierto es que no deseaba volver a su casa, al menos en un tiempo, en lo que se acostumbraba a no ver a su madre sonriente cada mañana o despedirla con un dulce beso cada noche.

Escucho los balbuceos de su hermano, por lo que decidió dejar el libro demoniaco que leía sobre la alfombra de la sala de estar. Aquel lugar no era tan grande como la casa en la playa pero si era espacioso y decorado de aquella forma que a su padre le caracterizaba. Se dirigió a la habitación principal donde el pequeño se encontraba sentado en medio la cama, sus ojos reflejaban un poco de temor al despertar en un lugar el cual desconocía, pero al observar la figura clara de su hermana solo acertó sonreír.

- Vamos Dante –dijo la mayor al acercarse a la orilla de la cama y subirse para tomar a su hermano, cuando lo abrazo entre sus brazos comenzó a deslizarse hasta la orilla nuevamente, en el transcurso accidentalmente tiro el gabán que su padre dejo sobre el lecho. La pequeña dejo al menor sobre el piso, así evitando cualquier accidente. Recogió la prenda azul y denoto aquello que caía de entre la tela. Lo tomo antes de que su hermano pequeño se lo llevara a la boca y al observarlo sus ojos se llenaron de pena- Mamá –susurro la pequeña al ver la foto de su familia, aquella que su tía Mina tomo durante su ultimo cumpleaños. Miro a su hermano el cual la observaba confundido, decidió regalarle una sonrisa recordando las palabras de su padre- Papá salió, volverá en unas horas.

Guardo aquel recuerdo en un bolsillo oculto en la gabardina, tomo a su hermano y lo cargo hasta la estancia, era una suerte que su padre la entrenara con bastante peso, por lo que el cuerpo de Dante no le causaba tantos problemas. Estaba segura que tendría hambre, por lo que decidió buscar entre las cosas que estaban guardadas de su hermano. Al encontrar aquellos frascos de comida sonrió satisfecha, solo dio una buscada mas para encontrar la cucharilla especial y los baberos.

Dante observo sobre las manos de su hermana ese frasco que reconocía muy bien, siempre le daban comida rica de algunos de ellos, otros no sabían dulces pero igual se los comía. Gateo hasta quedar mas cerca de la morena y sonrió esperando a que la menor se percatara de su presencia. Gil se inclino sobre su hermano y coloco cuidadosamente el babero, temía ahorcarlo pero una vez que el velcro de las orillas pegara se alivio que la tela quedara un poco holgada; se levanto nuevamente a tomar la comida y la cucharilla para después arrodillarse frente a su hermano el cual se sentó complacido, con un poco de dificultado abrió el frasco de la papilla y comenzó a darle aquella espesa mixtura de color naranja. Dante hizo una primer mueca de desagrado, tiro un poco sobre su babero, pero la siguiente cucharada la comió completa, y las subsecuentes de igual forma.

Aplaudió cuando acabo con el primer frasco, pero que el menor no intentara irse era una clara indicación que aun tenia hambre, por lo que la menor tomo otra papilla de comida ahora una amarillenta que olía un poco fuerte entre pollo y verduras, el pequeño comenzó a comer. Después de cuatro frascos de comida y tres de fruta, Dante emprendió su huida para explorar aquel nuevo territorio donde se encontraba. Gil lo siguió preocupada por el babero sucio y una vez lo desabrocho del cuello del pequeño y le coloco uno limpio lo dejo andar, al tiempo que ella limpiaba aquel desorden de comida.

Subió al banco para observar desde la barra a su hermano, su estomago gruño un poco y recordó que ella tampoco había comido nada desde hacia varias horas que llegaron a la ciudad. Se dirigió al refrigerador el cual estaba lleno de comida, tomo algunas verduras que coloco sobre el fregadero. Acerco un banco y comenzó a lavar todo. Volvió a bajar para buscar en el refrigerador, encontró filetes de pollo, sonrió alegre.

-.-.-.-.-

Era un día extraño, por alguna razón desde su despertar… a eso de medio día, comenzó con una emoción desalentadora, una tristeza, más de la habitual que estaba perturbándolo rotundamente.

Dante salto esquivando una estocada de un demonio, su cuerpo lleno de filosas navajas era peligroso pues estas tenían una toxina mortal para humanos y demonios. Tenia uno de esos trabajos tan habituales de objetos poseídos, el problema era que aquel trabajo en especial fue agotador debido a que la criatura se movilizaba con gran rapidez, por lo que tuvo que perseguirle grandes distancias desde hacia varias horas. Pero finalmente cansado de esa incertidumbre emocional y de aquellas carcajeadas incesantes de aquel ex-objeto decidió atacarlo ferozmente con sus armas de fuego.

- "¿Qué demonios esta pasando conmigo?" –se cuestiono el cazador al tiempo que observaba el cielo del atardecer.

-.-.-.-.-

Virgil entro al departamento, se encontraba un poco ausente debido a que durante algunas horas espero a su hermano, este no se encontraba en su cuchitril, aun cuando era una de esas extrañas ocasiones en las cuales no tenia en concreto las palabras que diría. Por mas que busco a otra persona que pudiera encargarse de Dante nadie venia a su mente, no después de los acontecimientos recientes, la historia con Ángela no se repetiría, su gemelo era el único ser capas de proteger al menor.

No fue una sorpresa encontrar a Gil terminando con la cena, una crema de zanahoria, una ensalada y pollo a la parilla. No era nada que la pequeña aun a su corta edad no fuera capas de preparar. Los ojos tundra se dirigieron a la menor que le brindo una mediana sonrisa al tiempo que terminaba de servir dos porciones.

- Dante comió de las papillas del frasco –indico, el quito la chaqueta humana de su cuerpo, vestía ropa humana cotidiana, por alguna razón no deseaba llamar mas la atención. Se acerco a su hija para ayudar a colocar todo sobre la mesa.

En silencio tomaron sus lugares y comieron lentamente; el ambiente se encontraba un poco cargado de la tensión sobre lo que próximamente pasaría. Dante llego hasta la pierna de su padre y comenzó a luchar para ponerse de pie, jalaba la tela pero al mayor no le intereso, bajo la mirada para observar una de las tantas primeras batallas que tendría el menor. Gil bajo su cabeza por debajo de la mesa para también observar a su hermano.

Dante dio una gran carcajada cuando logro ponerse de pie, su padre acaricio suavemente su cabeza y lo alzo en brazos sujetándolo de su torso, para inmediatamente ponerlo sobre sus piernas. Por la mente de Virgil también vinieron aquellos momentos cuando Gil se acercaba de aquella forma y el la dejaba sentarse en su regazo, así la pequeña se quedaba dormida. Pero eso era por viejos recuerdos que tenia de su padre, donde levantaba a el y a su hermano, ahí en ocasiones se quedaban dormidos mientras el demonio les contaba viejas historias que los hacia viajar en el tiempo con su imaginación.

-.-.-.-.-

La noche se encontraba profunda, su cuerpo recostado, sujeto de pequeñas extremidades que se aferraban a el como a la vida misma, como a la luz del sol y a la fortuna de la vida. Sentía las respiraciones pausadas de aquellas criaturas, su energía lo hacia sentir en calma, como encontrarse dentro del mar en un caluroso día de verano. Acaricio el cabello de ambos, era suave y sedoso, cuando sus dedos se abrían paso entre las dóciles hebras un delicioso aroma a hierbas se desprendía de ellos como el roció perfumado de las flores.

Cerró sus ojos sintiendo aquella paz, recobrando la energía y reforzando su valor para la siguiente misión. Decidió dormir un momento, dejar a su mente divagar en la espera que sus sueños le indicaran el camino correcto a seguir, por reacción sus manos se aferraron a sujetar los cuerpos de los menores a su lado.

Nuevamente el agua rojiza se extendía a sus pies, no perdió tiempo observando a su alrededor, aquel sueño lo tenia cada noche desde la muerte de Ángela y todo acaba igual. Pero el no se rendía, durante algunos segundos observaba nuevamente aquel objeto que retenía y suspendía a la mujer de oscuros cabellos sobre el oscuro acantilado.

Ya habia intentado todo, incluso saltar al abismo por ella, nada lograba hacer que el la alcanzara, ahora esperaba que apareciera aquella voz que se hizo presente poco tiempo después que los sueños comenzaran.

Dio un paso para acelerar el proceso, el crujir de aquella prisión dio comienzo. Los ojos de Ángela ya no se encontraban temerosos, era como si aquella mujer se encontrara consiente de que cada vez que dormía ese sueño se repetía.

- Virgil deja de intentarlo… solo pones en riesgo tu vida –dijo con tristeza la mujer dejándose caer de rodillas sobre aquella prisión. Pero de respuesta solo recibió una fría mirada que la hizo agachar la cabeza- lo siento –se disculpo apenada por haber dicho aquellas palabras.

- Tal vez no vuelva a dormir en mucho tiempo –dijo finalmente el quieto desde su lugar, sujetando entre sus manos a Yamato con fuerza.

- ¿Por qué? ¿Qué harás? –cuestiono la mujer.

- Buscarte.

Los ojos de Ángela se abrieron ante la sorpresa, su cuerpo tembló al tiempo que observaba al hombre que amaba. Sus ojos se llenaron de lagrimas y sus manos se pegaron al cristal deseando poder atravesarlo.

- Estamos unidos Ángela, tal vez al principio pensara que habías muerto, pero cada sueño es diferente, cada sueño me dices algo distinto, tu alma esta en algún lugar y no descansare hasta encontrarla.

- Siempre estoy aquí Virgil –dijo suavemente la mujer- aquí es muy oscuro, en ocasiones viene ese hombre diciendo que el príncipe se enfadara si algo me pasa… ¿Entonces no es un sueño? Virgil… ¿los niños?

El hombre observo aquellos ojos jade, por alguna razón una luz le rodeaba haciendo que su piel nácar brillara como la mas fina de las perlas. Una dulce sonrisa se hizo en sus labios, una de aquellas que se formaban dentro de su intimidad, deseo tocarla, abrazarla y sentirla junto a el.

- Cuido de ellos –dijo con su naturalidad, ella se demostró aliviada.

- ¿Cómo puede pasar esto? Yo recuerdo… a esa persona, la mujer que se acerco a mi, era muy linda y tan pequeña… decía una dulce melodía, comencé a dormirme… fée –dijo la mujer abstraída, el lo entendió de inmediato.

- Estamos unidos Ángela, mas allá de la vida y la muerte, voy a encontrarte no importa que suceda.

- ¿Qué sacrificarías por ella? –aquella grutal voz que siempre aparecía, Virgil busca de donde provenía esa voz, sin embargo era inútil pues parecía venir de todos lados y de ninguno. El guerrero lo pensó unos instantes, todo el tiempo observando los ojos de su amante. Yamato se deslizo entre los dedos del guerrero, fue un sonido suave el que dio aviso de la caída del arma, sin embargo el portador dio una nula atención debido a que de sus labios se emitió una esperada respuesta que provoco resplandor haciendo que todo desapareciera.

Los minutos pasaron tan rápido como si fuera la corriente del agua, era aquella maldición de los momentos maravilloso, siempre parecían tan cortos. La hora ansiada llegó, el mayor desperezándose y espabilado se deslizo de aquellos cuerpos que lo aprisionaban en busca de su calor corporal. Moviéndose sigilosamente comenzó a guardar aquello que necesitaría en el morral que Gil llevaría, además de poner las ultimas cosas que Dante podría necesitar en su maletera. Una vez que todo se encontró arreglado se acerco a la cama para tomar al mas pequeño entre sus brazos, el menor a pesar de sentir el movimiento no le causo mayor problema, por lo que siguió durmiendo.

Virgil sostuvo el diminuto cuerpo entre sus brazos, observo aquel rostro que sin duda era muy similar a el, pero sin embargo lograba encontrar algunos rasgos de la madre, como la forma tan redonda y simétrica de los ojos, e incluso ese pequeño piquito que se formaba en su labio superior cuando dormía. Acaricio los ahora cabellos oscuros que el menor tenia, el pequeño se encontraba bañado en una esencia que al menos durante un par de semanas disimularía ese olor a Sparda que heredo. El demonio se inclino a besar la frente del menor antes de acomodarlo dentro del cochecito para bebé y cubrirlo concienzudamente con una frazada.

Gil se levanto al poco tiempo de sentir el frio que la envolvió con la lejanía de su padre. Al observarlo recostando a su hermano se puso de pie para de inmediato colocar sus botas y abrocharlas fuertemente, lo siguiente que se coloco fue el morral que llevaría. Se acerco a su hermano y acaricio su cara, la tenue luz de la lámpara le permitía distinguir ahora sus cabellos oscuros, los cuales le parecían extraños pero su padre dijo que eran necesarios. Se inclino para darle un beso a su hermano pequeño, aspiro su aroma dulce una vez mas y lucho con todas sus fuerzas para no caer en la sensibilidad de llorar.

- Pronto volveremos Dante, no te asustes –dijo la pequeña antes de retirarse.

Virgil coloco dos sobres dentro del cochecito con el pequeño, coloco cercanamente una caja cerrada, Gil se mantenía junto a todo, pues no le paso desapercibido aquel sello que bajo sus pies se encontraba. Su padre parecía preparado para aquello, lo miro con un poco de duda, tomo valor que se reflejo en sus orbes jade.

- ¿No te agotaras? –cuestiono la pequeña preocupada. Virgil la observo, no fue con severidad o enfado, fue una mirada natural e indiferente de el, aun cuando la pequeña era capas de ver algo mas lejos que la apariencia. Entonces sonrío ante el poderoso hombre que se enaltecía frente a ella.

Virgil dijo algunas palabras en un idioma difícil de pronunciar para la lengua humana, Gil entendía y era capas de hablar aquel idioma también, todo por que su lengua primero se acostumbro a emitir aquellos sonidos demoniacos a los fonemas humanos. Yamato se incrusto certeramente en el centro, pronto un destello se hizo presente y desvaneció a los presentes dentro de aquel sello.

Cuando Gil abrió los ojos observo las luces de la ciudad, se encontraban en el techo de algún edificio, a un distancia prudente de aquel lugar al cual su madre ansió llegar alguna vez. Su padre se acerco imponente, y sin mediar palabra dejo a Yamato en sus manos, la menor solo se abrazo al arma al tiempo que su padre se alejaba en silencio tomando el cochecito de bebé y dejarse caer por la orilla del edificio.

La pequeña se acerco a la orilla para observar al albino, quien de un salto subió de nueva cuenta por la caja que aun quedaba junto a la morena. Cuando regreso junto al pequeño que dormía, de un rápido movimiento quito los seguros y comenzó a empujar el carrito por aquel sucio y repugnante callejón. Sus ojos observaban en la oscuridad aquel lugar, no había ni un alma cercana, pero aquel edificio despedía energía demoniaca, seguramente por todas las armas y basura de trofeos que el menor de los gemelos mantenía.

Virgil pronto quedo frente a la puerta principal del establecimiento de su hermano, suspiro en silencio, atoro el carrito infantil y coloco la caja a un lado. Cerro sus ojos concentrando su energía, canalizando un pensamiento que esperaba llegara a su hermano como cuando eran pequeños y eran capaces de comunicarse con solo ideas fuertemente mentalizadas en su cabeza. Sabia que el cazador se encontraba en casa, su piel erizada, aquel calosfrió en su columna vertebral se lo indicaban. Toco fuertemente la puerta un par de veces hasta sentir la nula actividad energética de su hermano movilizarse.

Se escurrió entre las sombras hasta desaparecer de aquel umbral, en cuestión de segundos se encontró junto a la pequeña, sobre aquel edificio que le brindaba aquella visibilidad. Espero algunos instantes hasta que la puerta de aquel establecimiento se abrió.

Pizza

Fue el fugaz pensamiento que su hermano tuvo al abrir la puerta, un gesto de fastidio apareció sin pensar en el guerrero de cabello platinado pulcramente recogido. Observo como el rostro confundido de su gemelo buscaba impaciente alguna respuesta sobre aquella sorpresa que se encontraba en su puerta. Algo dio un vuelco en el ser del guerrero de aura azul al observar de aquella forma los rasgos de su hermano, al verlo sin estar en pie de batalla, y en el fondo de su alma se alegro de encontrarlo vivo.

Una sonrisa sincera se formo en sus labios antes de inclinarse a la altura de Gil y sujetarla de su menudo cuerpo para seguidamente ponerse de pie con ella en brazos y dar la espalda al confundido cazador de demonios quien desesperado gritaba en la oscuridad.

- ¡Si esto es una broma, mejor ya salgan! –decía Dante desesperado, pero la soledad de los alrededores le causaba mas calofríos, levanto lentamente la capuchita, del carrito de bebé, y a su pesar lo vio… un pequeño bebé de cabellos oscuros, y piel morena sumamente clara, mas bien bronceado; dormido tranquilamente, tapadito, con unas mantitas –¿Quién es el desquiciado, que me deja un bebé? –dijo a las afueras, pero el sonido hizo que el infante se removiera entre las mantas, la mirada de Dante se mostró aterrada –no despiertes pequeñuelo- dijo en voz baja, y eso pareció ayudar al momento.

Salto sin preocupación alguna entre los edificios, el peso acostumbrado de Yamato y de Gil no le causaban problema alguno, sabia que pronto vendría el amanecer y el lugar al cual se dirigía se encontraba distante, debían avanzar rápidamente, por lo que salir de la ciudad era mas sencillo de esa forma. Varias cuadras fueron avanzadas a gran velocidad saltando de entre los edificios, sin embargo llegado cierto punto el mayor decidió bajar, caminaron en silencio entre los oscuros y peligrosos callejones de la ciudad.

Después de algunas horas de andanza, llegaron a una casa que se encontraba a las afueras de la ciudad, parecía un barrio normal de aquellos suburbios de personas ricas que encontraban una vida pacifica e incluso superficial con los objetos materiales que coleccionaban de forma ambiciosa y vacía. Gil caminaba junto a su padre, sabia que en mochila se encontraban aquellas armas que le fueron concedidas, entre sus brazos se aferraba fuertemente a Yamato, sus pies se deslizaban inconscientemente al ritmo del mayor.

Nunca pregunto a donde se dirigían, tampoco si era correcto dejar a Dante en aquel lugar, con aquella persona que distinga tenuemente muy parecido a su padre, aun cuando su energía era muy diferente a la del portador de Yamato. Observaba las casas, juguetes en los patios, el césped bañado por el roció, los faroles iluminando potentemente las calles.

Finalmente llegaron a la casa del final de aquella calle privada, no existía otra salida y el final era aquella enorme vivienda, la noche aun se encontraba reinando el cielo, el silencio solo roto por el sonido de los animales tanto salvajes como hogareños, al fondo también se escuchaban algunos automóviles y las sirenas de algunas patrullas, pero eso era mas el eco de la ciudad.

Cruzaron el camino de piedra hasta llegar a la puerta que era el acceso a esa casa, Virgil tomo aquella manija metálica con la cual golpeo la puerta un par de veces. Instantes después una tenue luz se filtraban por las ventanas, la puerta se abrió lentamente y una mujer de cabellos castaños se exalto al ver al guerrero.

- Amo Virgil –dijo suavemente, antes de inclinarse con lentitud y permitir el paso. Instintivamente Gil tomo la mano del mayor el cual la acepto en un gesto silencioso y disimulado- Pasen por favor –dijo suavemente la mujer hasta llevarlos a la sala de estar.

- Necesito el portal –dijo el hombre sin mediar mas palabras.

La mujer observo al señor al cual sirvió durante algunos años, por el cual peleo en varias batallas dentro del mismo inframundo y por el cual se encontraba ahí viviendo una vida humana, protegiendo estratégicamente un punto de energía que era capas de transportar a cualquier ser a otro punto de la tierra o del mundo oscuro.

Se escucharon algunos ruidos, el crujir de la madera del segundo piso, y pronto una segunda figura hizo presencia, un hombre alto de rasgos toscos. Observo a la mujer de la casa, se acerco cuidadosamente hasta que sus orbes oscuros se posaron sobre la enaltecida figura del hombre de cabello blanco y la pequeña que a su lado de encontraba, a pesar de que era mas alto que el Sparda por una cabeza, existía algo en sus energía que provocaba que el moreno se viera pequeño y sumiso ante la presencia del semidemonio.

- Señor –menciono el guerrero inclinándose con una rodilla sobre el piso y un brazo cerca de su pecho- no lo esperábamos.

- Tau –dijo como única respuesta el guerrero- El portal –indico nuevamente.

- Si -respondió el hombre poniéndose de pie, sujetando a la mujer del brazo indicándole que dejara de observar a la pequeña que acompañaba al guerrero, pues denotaba la mirada cargada de energía de aquel ser al que respetaban. La mujer pronto se despabilo.

- Síganme –indico la joven mujer hacia otra habitación. El sujeto denominado Tau encendió unas velas rápidamente de una flama que salían de el mismo.

Se encontraban frente a un bello espejo de madera tallada, de un espejo tan brillante y exótico, pero ante los ojos de Gil era un objeto que despedía una poderosa energía que incluso podría llegar a ser peligrosa. Sus ojos se encontraron nuevamente con los de la mujer, apretó con mas fuerza la mano del mayor. La mujer no dejaba de observar embelesada aquel trato discreto de su señor hacia la pequeña y a su mente vino el vago recuerdo de una pequeña que seguía al joven Sparda a todos lados, pero de parte del guerrero no existía un trato especial o cariñoso, era un hombre mas entre las filas de aquella guerra; en cambio aquella criatura de cabellos negros lo miraba con admiración y devoción, pero sus gestos eran bien recibidos.

- Padre –dijo suavemente para llamar la atención del guerrero, este no hizo movimiento alguno, o algún gesto para ponerle intención, pero eso no impidió que la pequeña continuara hablando- tiene energías sin control.

Ante aquellos dos que conocieron al Sparda como un frio y calculador guerrero, fue una enorme sorpresa aquella palabra dicha de forma suave y tan natural. Ambos se observaron a los ojos y nuevamente a la criatura que sujetaba al mayor de los gemelos. Decidieron en silencio disimular su sorpresa al observar aquellos ojos de acero afilarse ante la curiosidad tan poco discreta. Pero ambos seres rememoraron al ser que conocieron, al que respetaron y siguieron cuando se encontraban perdidos en el infierno bajo la presión de escoger un bando para aquella eterna batalla de conquista. Después de unos segundos se recuperaron, mas por el hecho de querer conservar sus vidas.

- No te preocupes pequeña –dijo suavemente la mujer- por eso yo soy la guardiana de este portal.

- Kerana puede moldear las energías emitidas por los portales para usarlos de transportadores –indico el guerrero denominado Tau, la pequeña asintió dispuesta a observar en silencio.

- Elizabeth Bathory –dijo el guerrero de cabellos platinados, aquellas palabras sorprendieron a los seres que no pudieron evitar emitir un sonido de sorpresa seguido por un cuestionamiento.

- ¿Con aquella bebedora de sangre? –dijo la mujer afectada por aquella noticia.

- No tengo tiempo que perder –indico el hombre ella asintió levemente en silencio.

Kerana y Tau se observaron ante la sorpresa, aquel tiempo en desaparición aquel hombre parecía haber cambiado y al mismo tiempo no. La mujer se acerco hasta el espejo y colocando sus manos sobre el cristal comenzó a mencionar un conjuro, para los presentes el idioma no era un problema lo conocían perfectamente. Pronto la imagen comenzó a verse distorsionada, la mujer retiro sus manos pues aquel cristal se transformo en algo frágil que ondeaba, el reflejo también desapareció abriendo paso a una habitación de un castillo cuidadosamente adornado.

- Puede pasar señor –dijo suavemente la mujer retirándose a un lado.

Virgil inesperadamente tomo a la pequeña entre sus brazos, observo a los seres que le miraban atentos a espera de futuras ordenes. Su fría mirada seguía siendo poderosa, con la capacidad de doblegar voluntades, aun cuando no era un demonio completo su esencia era imponente, algunos decían que aun mas que la de su propio padre.

- Hay traición dentro de nuestro grupo, voy a exterminar aquella amenaza, pero no asegurare mi regreso pronto al combate, ustedes pueden decidir con sus vidas que hacer debido a que Gomory esta muerta –el hombre se giro hacia el portal.

- Esperaremos tus ordenes señor –dijo Tau- el tiempo que sea, no abandonaremos nuestra posición.

Virgil no dijo mas, se adentro al portal desapareciendo rápidamente. Ambos seres se tomaron de la mano al observar como aquel líder que les ayudo a salir del inframundo tenia algo en su esencia que había dado un cambio, temiblemente incluso sentían que su poder aumento.

En el mundo existen pocos seres con la capacidad de ser lideres sin tener que caer en la adulación a otros, sin la necesidad de modificar su personalidad o sus pensamientos. Virgil era uno de ellos, un ser que logro ganarse la fidelidad de muchos y el odio de tantos, Tau lo sabia, como un demonio condenado al traicionar a su estirpe por juntarse con una mitad demonio, pero fue aquel guerrero de cabello blanco quien blandió su espada para ayudarlo. Cuando Tau le cuestiono de por que les ayudo, el guerrero solo dijo que buscaba el poder y que aquellos enemigos eran parte del ejercito contra el cual luchaba, en ningún instante deseó hacer algo por ellos, pero aquellas duras palabras no hicieron retroceder a Tau ni a Kerana, quienes al final eligieron después de un par de siglos de duda y persecución a que lado de la guerra inclinarse.

-.-.-.-.-

Gil abrió los ojos, la luz que se reflejo al atravesar el espejo la encegueció algunos segundos, sin embargo los fuertes brazos de su padre que la rodeaban la hacían sentir total seguridad. El aroma de su padre era fuerte y penetrante, de una forma agradable que lo hacia inolvidable, aspiro su aroma varias veces, un reflejo que tenia desde muy pequeña.

El guerrero portador de Yamato observo su alrededor, aquella habitación finamente decorada como en un antiguo siglo humano, las gruesas paredes de aquellos grisáceos bloques, la humedad reinante, pero ante todo aquel perturbable y desagradable olor continuo a sangre, un olor que seguramente con el paso de los años se hacia mas fuerte formando parte de aquella misma estructura.

Una figura se deslizo entre las sombras, algo que no paso desapercibido al semidemonio quien de inmediato agudizo aun mas sus sentidos para encontrarse preparado en caso de cualquier situación. No le fue desapercibido aquellos pasos que se deslizaban agiles y casi silenciosos hasta postrarse a sus pies, los ojos tundra escudriñaron la joven figura de una mujer vestida como en la antigüedad.

- Señor –indico suavemente la criatura sin levantar la cabeza- disculpa no le esperábamos, ¿podría darme su nombre para anunciarlo con nuestra señora?

- Virgil Sparda.

Aquel sonido que rompió el silencio creado en aquella habitación no fue el de aquel hombre, o de la sumisa doncella. Pronto con el sonido potente de unos tacones una figura de una mujer mas soberbia se presento ante el guerrero. Observo cuidadosamente al ser que reconocía como el hijo del poderoso Caballero Oscuro, tampoco le paso desapercibida aquella menuda figura infantil que el albino portaba entre sus brazos.

- Señor –dijo inclinándose respetosamente, halando su largo vestido oscuro hacia el largo de sus brazos estirados, aquella reverencia fue solo unos segundos antes de colocarse nuevamente de pie de forma altiva- la señora Bathory no puede atenderle hasta la llegada del ocaso, por lo que le pide excusarla abriéndole la invitación de reposar en una de nuestras confortables habitaciones de invitados, la cual ya debe encontrarse preparada.

- Bien –dijo el hombre secamente, Gil intento bajar de los fuertes brazos, pero un agarre mas poderoso le hizo desistir de su intento, si su padre buscaba aquella cercanía sus razones tendría y ella no desobedecería. Fue entonces que observo a la mujer recién llegada, la manera que la observaba como si fuera el bocadillo del medio día la hizo sentir un suave calosfrió que no le paso desapercibido al guerrero.

- Disculpe señor, no teníamos idea que llegaba con una visita, por lo que a su joven acompañante de inmediato le prepararemos una habitación –indico la mujer.

- No es necesario –sentencio el guerrero. La mujer asintió suavemente.

- Muy bien mi señor –se dirigió a la mujer aun postrada a los pies de Virgil- Prepara la merienda para nuestros invitados –dijo a la mas joven en una orden potente, después se dirigió en un gesto sumiso al demonio- Sígame por favor.

Emprendieron el camino por fríos corredores de piedra, donde estandartes, pinturas y armaduras antiguas se engalanaban demostrando su casta de las antiguas familias acaudaladas, de los feudales de aquellos siglos de oscuridad en la humanidad, de tiempos donde los demonios comenzaron a repoblar la tierra debido a que el ser humano era un inseparable a la maldad, a los malos pensamientos y deseos, a la ambición, al dolor y la satisfacción del sufrimiento a terceros. La era oscura de la humanidad contrajo a muchos demonios, el abrazo de innumerables seres que se unieron en silenciosos pactos que naturalmente eran mas beneficiados para el lado del inframundo.

- Aquí pueden descansar hasta que la señora pueda atenderlos –indico la mujer haciendo una reverencia tras abrir la puerta- llamen si necesita algo.

Virgil una vez que se encontró dentro de la habitación, con la puerta cerrada tras de si bajo a la pequeña quien se acerco silenciosa hasta la puerta que daba acceso a un pequeño balcón. La luz de la mañana se filtraba tenue entre las cortinas, las horas de diferencia del lugar del cual provenían al cual llegaron eran sumamente marcadas, pues en aquella ciudad aun faltarían un par de horas para el amanecer. Sin embargo en el traspaso de la estancia a la cual llegaron, hasta el lugar donde ahora responsaban, las fuertes y gruesas cortinas oscuras impedían la filtración de la luz.

- No vayas a comer nada –indico Virgil antes de tomar asiento sobre una fina silla de madera pulida. La pequeña asintió en silencio al tiempo que recorría aquella habitación. Se quedo observando el espejo de cuerpo completo que adornaba aquella estancia, el marco era de igual color que otros objetos, seguramente hecho por la misma madera.

Que el cristal del espejo ondeara la hizo retroceder algunos pasos, a Virgil no le paso desapercibido, la pequeña se percato de aquellas energías que se apoderaban de aquel lugar, pero era como si les observaran, como si fueran cazadores vigilantes de futuras presas.

- Tomo asiento –indico el hombre, la pequeña obedeció de inmediato.

Las energías pronto los envolvieron, eran como danzantes rodeando a dos presas, Virgil sabia que no atacarían, pero aun así no le pasaba desapercibido que esperaban cualquier movimiento, los vigilaban de cerca, cuidaban sus acciones, y el sabia perfectamente de que se trataba, era miedo, aquellas acciones solo reflejaban el temor que tenia el autor, que tenia aquella mujer y eso la hacia culpable.

Continuara…

Hola, hoy es 21 de septiembre de 2010, un día muy triste para mi, pues una de mis pequeñas niñas a fallecido. Una de mis bellas cachorritas murió en un trágico accidente, que podría evitarse si la gente no fuera desconsiderada, si no maltrataran o destruyeran las propiedades ajenas, pues sin saberlo causan la posibilidad de terribles desenlaces como el que apañe ahora mi alma.

Mascotas vienen y van, pero en los corazones nunca se olvidan, por aquellos que amamos realmente la vida, no vemos a nuestras mascotas como una propiedad, las vemos como fieles amigos, como pequeños hijos a los cuales cuidar y amar. Durante mucho tiempo no me ha importado que la gente me regañe, se burle o me incomode por la forma en la cual crio a mis perritos, tenia 6 de ellos, y los amo todos, y el perder a un miembro de mi familia me duele tanto en el alma, duele demasiado saber que ya no veré los ojitos castaños de mi pequeña Misao, que no podre disfrutar de ese tierno gesto que hacia al sacar los dientitos de su mandíbula inferior, ya no disfrutare de su amor.

Y solo pido en este mundo, que las personas sean mas sensibles para con la vida, no solo los humanos tienen sentimientos, no solo las personas sienten dolor ni tienen familias. Seamos humildes, veámonos como realmente somos, una especie mas en este basto mundo, no somos mas ni menos que otros, y por lo mismo debemos amar a cada ser vivo de esta bella tierra. Y al adquirir la responsabilidad de cuidar otra vida, hacerlo con todo lo que eso implica, altos y bajos, felicidad y preocupación, hacerlo de corazón con el mayor de los entusiasmos y a pesar de llorar una perdida, no hacerlo por negligencia, por nuestros errores o por sentirnos culpables, hacerlo por que ya nuestro tiempo juntos ha terminado.

Misao, se que ya te encuentras lejos de mi, por que almas tan puras no pueden quedarse tanto tiempo en esta vida, seguramente madre y padre te han llevado de mi lado por que tenias una misión especial y se que nos volveremos a ver en otro tiempo, en otro cuerpo, de otra forma, aun así el amor que nació al verte ese 26 de marzo, a las 5:55 de la mañana, cuando tomaste tu primera bocanada de aire, cuando nadie apostaba por que seguirías con vida por tu bajo peso, yo desde ese instante… miento como a ti y a todos tus hermanos los ame desde el momento en que supe que su madre estaba preñada. Y los amare a todos toda la vida, siempre los tendré en mi corazón, y de ti Misao, recordare cada caricia, cada mordida, cada juego y después de que mis lagrimas se sequen para dar paso a la aceptación, te prometo que cada vez que te recuerde daré una sonrisa, por que cada vez que te veía eso rababas de mi.