VIRGIL.

(Devil May Cry y ninguno de sus personajes me pertenece… por desgracia xD)

(La ortografía no se corrige, de lo contrario jamás terminare la historia, por que nunca quedo satisfecha cuando re-leo y lo pero es que de la ortografía no corrijo nada xD, jajaja, mejor discúlpenme los dedazos y palabras que no cambia el Word)

ADVERTENCIA:

Si no dejan review tardare aun mas wuajajajaja, y aun espero que alguien decida darme un regalo de cumpleaños, o al menos un feliz cumpleaños.

Lista de regalos:

- Un fanfic.

- Un fanart.

- Un fanfic.

- Un doujin.

- Un fanfic.

Obviamente de Virgil, porfavor.

Así es la narración…

Ahora de esta manera son los sueños…

Y leerán los Flash Back de esta forma…

- Virgil… (Dialogo y acción)

- ¡VIRGIL! (Grito)

- "Virgil…" (Pensamientos)

Virgil… (Lectura, Escrito)

Capitulo 41: "Mar de sangre"

Pronto el tiempo se transformo en una apesadumbrada agonía, el sol se ocultaba a la distancia. En el transcurso de aquellas horas, Gil no pudo caer rendida del agotamiento y el aburrimiento quedándose dormida finalmente en la silla. Su cuerpo aun pequeño le permitía acomodarse de una forma perfecta en el asiento, los suaves suspiros de ella eran un relajante para el mayor. La verdad era que el adulto siempre se encontraba asombrando de aquella singular resistencia en ese diminuto y menudo cuerpo. La pequeña tenia poco tiempo de al fin haber caído rendida al hambre y el cansancio, sin embargo para el mayor fue el momento indicado para emprender su misión, pues el cielo rojizo le indico que era el momento para enfrentar a la criatura reinante en aquellas tierras.

Quito su gabardina para cubrir delicadamente el cuerpo inconsciente de su hija, ella se removió en sueños al percibir tan cercano ese olor que le hacia sentir seguridad. Una suave caricia a sus cabellos negros que le hacían rememorar a la mujer caída, para después continuar su camino bajo aquel autocontrol y fiereza contenida.

No fue para el una sorpresa que al abrir la puerta se encontrara directamente con aquellas mujeres que les recibieron a su llegada, no existieron palabras solo el movimiento de las féminas que se levantaban después de postrarse a sus pies, para silenciosamente recorrer esos pasillos fríos y húmedos de piedra gris.

Sentía aquella oscura energía rodearlo, como a cada paso dado era un espía sobre su ser, el sabia que era temor, todo ese lugar apestaba a miedo, y con una justa razón, por ello y para demostrarles su causo error su energía silenciosamente comenzó a transformase, acumulándose de forma agresiva y arrogante, mandando el mensaje de terror que deseaba hacia aquellos culpables.

Yamato brillaba con aquella aura de oscuridad que emanaba de su amo, elegante y peligrosa era aquella arma y de esa forma se presentaba ante sus silenciosos enemigos, quienes en la oscuridad temblaban ante el terror de aquella figura demoniaca.

Los pasos se hicieron mas lentos, como una extraña forma de alargar el momento del enfrentamiento, el guerrero de cabello platinado lo sentía, leyendo cada movimiento de sus adversarios, no era la primera vez que los enfrentaría, no seria la ultima vez que ensuciaría a Yamato con sangre impura.

Se escucho un suave sonido metálico, como si una delgada puerta se abriera, ambas mujeres se giraron hacia su invitado observando solo aquel oscuro destello que emanaba la poderosa espada. Una mancha de sangre adorno pronto la pared, ensuciando así las obras de arte antiguas que existían alrededor. La mujer mayor observo con odio aquella figura imponente del hombre, sus ojos tundra reflejaban la repulsión hacia aquella raza inferior.

- ¿Por qué señor? –se atrevió a cuestionar aun intentando mantener un tono de voz sumisa, algo que no logro mas que a las palabras dichas, pues su voz reflejaba el odio.

- Llévame ahora con Elizabeth sin intentar engañarme –contesto fríamente, brillando con aquella aura oscura igual que la peligrosa arma de nuevo enfundada.

- Lo sabia –susurro peligrosamente olvidando su mal disfrazada sumisión.

Pronto un extraño sonido se hizo presente, como si enormes gusanos se arrastraran por las paredes de aquellos pasillos, de alguna forma así era, pues un vulgo de vampiros se deslizaban como carroñeros hambrientos a lamer los rastros de sangre de aquella joven asesinada por su poderosa arma, el desagrada no pudo evitarse en el rostro del hombre revelándose de una forma sutil. Decidió ya no seguir a su anfitriona quien visiblemente lo evadía, lo sabia por que le estaban dando un fastidioso tour por aquel castillo desde hacia varios minutos.

Virgil hastiado de aquella repugnancia decidió ir al encuentro de aquella dama. Dio sus primeros pasos pero algo se encontraba en su camino, no necesitaba ser obvio y bajar la mirada para encontrarlo, su visión panorámica le dio la rápida respuesta a lo que necesitaba, y aun observando los ojos de la sirviente de su anfitriona, el guerrero levanto sutilmente su pierna para bajarla con suma violencia destrozando en su camino la cabeza de una joven vampiro que lamia la sangre que cercano a los pies del Sparda llego.

- ¡Mal nacido! –grito.

- Llévame ahora –amenazo con agudeza el demonio sin inmutarse ante la mirada de odio de los otros.

La mujer bajo la cabeza y se dio media vuelta para comenzar su caminar, no le paso desapercibido como a Virgil no le importo pisotear el cuerpo bajo sus pies, su rostro era una mueca clara de aborrecimiento hacia el ser que dirigía. Sin mas premura lo llevo hasta las enormes puertas que le darían acceso a la reina de aquel lugar.

Enormes puertas de madera finamente tallada que contaban la historia de aquella dama que se envolvió durante años en el sufrimiento, en el sometimiento y al final, logro salir airosa de aquel tiempo turbulento de cacería y oscuridad humana enalteciéndose como una vampiresa. Virgil sonrió irónico ante aquella historia contada sobre aquellas puertas, el egocentrismo de una mujer que derramo sangre de doncellas inocentes para conservar su belleza, ahora se engalanaba como la salvadora de jovencitas que en un principio solo fueron su alimento y ahora enlistaban su ejercito de conejillas sacrificables.

Las puertas se abrieron lentamente de par en par, la oscuridad reinante de aquella habitación solo se rompía por las antorchas distribuidas estratégicamente dando aquella discreta luz capas de iluminar sutilmente a los presentes.

Elizabeth se enaltecía sobre lo alto de un pódium que se adornaba de bellas y finas telas alrededor, además de un numero reservado de subiditos que buscaban quedar en segundo plano, solo exaltando aun mas la exuberante belleza de la mujer maldita de Bathory. Una mujer de madurez joven, belleza hasta el ultimo cabello caoba, su piel blanca como el mas puro fino de los marfiles, ojos grandes, alargados y de un azul tan brillante como el cielo; labios rojos resaltando el sutil grosor tentadores a probarlos, la figura de su cuerpo, la redondez de sus maduras curvas, perfectas en la simetría de la visión a la lindeza.

Elizabeth Bathory era de las pocas mujeres humanas con aquella brutal belleza capas de paralizar hombres y demonios, pero eso fue en algún tiempo atrás, cuando su corazón aun latía dándole vida a su cuerpo, ahora solo era un repugnante embace contenedor de sangre, su corazón se detuvo tantos siglos atrás, pero la crueldad de su alma seguía tan intacta como el ultimo en la cual necesito una bocanada de aire.

- Príncipe –dijo suavemente la mujer colocándose de pie.

Hacia tantos años que Virgil se acostumbro a ese seudónimo, era una extraña forma en la cual los demonios le nominaban, como si el fuera el salvador del infierno en una retorcida esperanza de oscuridad y paz. Siempre pensó que existía algo mas por lo cual llamarlo de aquella forma, pero la única persona capas de dar respuesta a esas preguntas no nunca abrió la boca para contestar, solo esparció el rumor por cada rincón del infierno sobre la batalla, sobre su galanura a la batalla y finalmente sobre como el seria el único capas de gobernar el infierno con la fiereza y bravura de que en antaño mantuvieron lo antiguos.

- ¿A que se debe tu descortesía? –Cuestiono la mujer con el odio desbordándose de sus azules ojos- ¿Acaso no te recibieron como debía ser?

- Silencio –dijo en aquella forma tan fría y aterradora que los presentes no pudieron evitar respingar ante aquella demoniaca forma de hablar. Batohory tembló de forma sutil, su vestido rojo de ceda sucumbía ante el movimiento de su cuerpo- ¿Dónde esta Inquisición?

- No se de que me hablas –dijo con rapidez la mujer antes de mostrar su frio semblante.

- ¡No me engañes! –rugió Virgil al tiempo que Yamato era desenfundada cercenando los cuerpos de algunas mujeres que adornaban el trono a Batorhy, la sangre se derramo sin miramientos, las presentes observaban entre el terror y la excitación al hombre y la sangre que a sus pies se expandía.

Un vesivilo bailo en aquella sala, Elizabeth la reina roja, la reina de sangre, observaba como aquel espectro danzaba entorno a ella, y con amargura se percato que no era un fantasma, la misma muerte había decidió su destino. La bella mujer tembló nuevamente, impaciente por dar batalla a la misma muerte enaltecida de azul. Un chasquido de sus dedos y pronto reapareció aquella ama de llaves que entre todo el bullicio desapareció. Virgil observaba aquello que llevaba entre sus brazos era su gabardina azul y reconocía el cuerpo cociente aprisionado.

- Basta príncipe –dijo suavemente la mujer de cabellos caoba, al tiempo que descendía con gracia de aquel pedestal que la elevaba sobre todo los otros bebedores de sangre- Es mejor que te retires si no quieres que la vida de esta criatura se extinga.

- ¿Eso debería detenerme? –dijo suavemente, pero aquel nerviosismo se hizo presente en aquellos espectros bebedores de sangre, aun cuando buscaban disimularlo.

- Tu la trajiste príncipe –dijo sutilmente Batohry acercándose a la criatura aprisionada, sin embargo la pequeña no parecía en ningún momento inmutada por aquella amenaza- Dime pequeña ¿el quien es?

La pequeña le demostró una sutil sonrisa, una que le hacia idéntico al ser engreído que portaba a Yamato. Elizabeth observo aquellos ojos jade que por unos segundos le cautivaron haciéndola perderse en esa incandescente belleza. La mano delgada y pálida de la dama mayor acaricio con sutileza el dulce rostro, se acerco suavemente a besar los sonrosados labios infantiles, un sutil roce fue todo lo que se hizo, pero aquella dama no paro ahí, deslizo sus labios hacia el delgado cuello de la pequeña, abrió su boca mostrando sus caninos en una amenaza oculta.

Fue una señal inexistente aquella que les preparo para la batalla, pronto las paredes se vieron teñidas en rojo sangre, y los cuerpos desmabrados de unas cuantas súbditas adornaron el piso manchando la bella alfombra de terciopelo azul que se disponía para aquella reina de roja. Pero cuando la mujer reacciono se encontraba amenazada con una daga en forma de media luna, al tiempo que aquella fiel esclava aflojaba el amarre a la joven victima después de que esta terminara desmembrando uno de sus brazos. De inmediato Bathory retrocedió para ver incrédula aquello que sucedía; Virgil destruyendo a sus súbditas al tiempo que la pequeña saco dos dagas con las cuales logro amenazarlas.

- Una abominación –dijo suavemente la vampiro.

- Estoy fastidiándome de este juego, voy a terminar con cada bebedor de sangre de esta sala, así que dime ahora lo que necesito –cuestiono el guerrero bajo aquella fría mirada.

- Señor –dijo en tono de ruego la mujer- ¿Acaso nos piensa capas de traicionarle? Usted perdono nuestra vida hace tantos años… no tenemos razones para ayudar a otro ser… además al demonio que usted busca ¿Qué relación podría tener con nuestro clan?

- Si esa es tu ultima respuesta espero sea la misma que le des a las súcubo –indico el hombre guardando a Yamato.

- ¿Las… súcubo? –pregunto visiblemente alterada la dama. La pequeña sonrió con una burla que no era disimulada al tiempo que se acercaba a tomar la gabardina que en algún momento le cubrió.

- Vámonos –indico el mayor dando la espalda a la confundida reina.

Virgil estaba seguro que Elizabeth era la persona para darle aquella ubicación, era bien sabido por el inframundo que esa mujer era amante de un demonio creador que durante siglos le regalo las mas terribles herramientas de tortura, también sabia que el demonio al que mato era de la estirpe de Bathory, aun cuando los hombres dentro de ese clan vampírico eran relegados a lo mas bajo, eran lo mas utilizando para otras misiones.

Pero si a algo debía temer más aquella línea de vampiros debía ser a las súcubo, debido a que terminaron con la vida de una demonio de colmena. Aquellos eran los mas crueles enemigos cuando de sus clanes se trataba, ahora observaba a la reina roja temblar.

Comenzaron aquel lento andar, el mayor por enfrente demostrando de aquella intimidante forma su seguridad, la pequeña de apariencia indefensa caminaba tras de el sin inmutarse a voltear a observar a los otros seres, al contrario desde un principio la pequeña reflejo la misma mirada que aquel hombre, una de repulsión y superioridad, Bathory sabia que más allá de las apariencias físicas eran iguales en lo mas profundo de sus almas.

Pero al abrirse nuevamente aquella enorme puerta de madera una horda de vampiros deseosos de venganza se presentaba con las armas desenfundadas, dispuestos a bañarse en la sangre de aquellos que osaron perturbar su espacio con sus desdenes y el derramamiento de su sangre. Sin embargo apenas y comenzarían su ataque ya se encontraban envueltos en una lluvia de espadas gélidas que atravesaban sin piedad alguna sus cuerpos.

La dama roja observo contrariada como un ejercito entero de su gente era incapaz de detener aquellos seres que parecían salir de las profundidades infernales con su rostro impávido y sus acciones de tal crueldad. No por que ella fuese una dama inocente sin la capacidad de lastimar, era aquel rostro sin emociones que le perturbaba, como para ellos el matar no tenia ningún placer pero si un propósito y aquello significaba que no se detendrían.

Entonces el fulgor de las demo armas brillaron ante las antorchas encendidas, su incandescencia llamaba la atención de todos los ojos presentes, pero su violencia al desmembrar cuerpos los hacia temblar ante la posibilidad de caer ante el yugo de aquellas armas malditas. Bathory observo en la pequeña la destreza para traer a cada movimiento la muerte, su rostro no reflejaba emociones, sus movimientos agiles y llenos de gracia no eran para nada los de una niña de aquella edad, entonces observo al mayor, aquella danza entre ellos era tan intima como podria llegar a serlo aquella entre un hombre y una mujer que se conectaban, pero en ellos no existía el erotismo, era más una danza tan perfecta y sincronizada para traer la muerte, para derramar la sangre, como si ambos fueran parte de uno mismo, al igual que aquellas armas que se movían con la destreza convirtiéndose en extensiones de sus propios cuerpos, al final todo parecía solo un ser de tinieblas que terminaba con todo bajo la lluvia de sangre. Y pronto entre ambos seres disminuyeron la población vampírica, aun cuando más y más seres bebedores de sangre se acercaban amenazándoles con terminar con sus vidas, ellos parecían impávidos ante cualquier palabra, enfrascados meramente en ejecutar aquella empresa.

Fue en un parpadear cuando aquel salón se convirtió en un mar rojo, los cuerpos yacidos sin la segunda vida del beso sangriento comenzaban a desmoronarse ante la falta de aquel vital liquido, ante la destrucción de aquel único órgano que aun les mantenía la vida. Pronto aquella dama se vio envuelta en la desesperación de encontrarse sola parada bajo un lago de sangre que manchaba sin piedad sus bellos ropajes. Tembló súbitamente al encontrarse de rodillas frente aquellos ojos de frío acero, nunca pensó que sus acciones la llevarían a la destrucción que los humanos no lograron sobre ella, nunca imagino que aquella traición hacia ese hombre le llevaría al fin de sus días.

- El espejo de madera roja es un transportador directo hacia el –susurro suave esperando que con aquellas palabras al menos su vida fuera perdonada, por que a su alrededor no existía absolutamente nada- ¡Perdona mi vida príncipe!

Pero como respuesta solo recibió una fina estocada en su corazón, Yamato se incrusto con desdén sobre su pecho, abriendo su carne, perforando su vital órgano, la mujer sujeto entre sus manos aquella filosa hoja y observo en los ojos de aquel demonio la única lección que nunca podría corregir para futuras acciones.

- Nunca traiciones a un demonio que ya había perdonando tu vida –susurro aquel ser, al tiempo que giraba con violencia a Yamato para destrozar aquel corazón sin posibilidad de regenerarse, y antes de salir, abrió el cuerpo con tal violencia que aquella mujer conocida como Elizabeth Bathory, aquella hermosa dama que rompió todas las reglas de la vida y la muerte transformándose en una bebedora de sangre bajo el velo de la belleza perfecta, se desprendía en varios trozos que caían sobre aquel lago rojizo al que se unían sus mutilados miembros.

La noche era oscura, tan temible para los hombres debido a su incapacidad de ver a travez de los velos de la noche. En aquel castillo de apariencia feudal, donde la humedad y la sangre derramada eran la prisión de miles de espíritus que durante el paso de los años no conseguían la liberación debido al dolor infringido, a la muerte premeditada y al odio que podrían sentir sobre aquella artífice de su desgracia.

Pero aquello no le interesaba a Virgil Sparda, quien caminaba por aquellos pasillos de piedra grisácea por la misión encomendada, no por la venganza, no era la destrucción de un silencioso reino de terror sobre los humanos, especialmente las mujeres. Era la culminación de un estorbo durante las batallas infiérnales. Batohry quien fuese la única líder vampírica que no seguía las reglas de no entrometerse en la guerra demoniaca, pues a cuando los repulsivos seres bebedores de sangre no se comparaban siquiera a un hibrido, era bien sabido que su capacidad de ver el pasado a través de la sangre daría una desventaja a cada líder demoniaco que tuviera entre sus filas a uno.

Entre los bandos se pacto no usar bebedores de sangre, sin embargo era Bathory la única ilusa que pensaba que si usar sus habilidades sobre los demonios correctos le daría la posibilidad de obtener información que le colocara dentro del exclusivo circulo del infierno. Lo que nunca imagino seria que enviarían a uno de los poderosos guerreros a eliminarla.

Cuando las puertas de madera se abrieron, en aquel gran salón donde bellas jóvenes eran masacradas ante los deleitados ojos de la ex- condesa. Las herramientas de tortura eran bien conocidas desde hacia tantos siglos atrás, pero era su arreglo, la mejoría aquello que llamo la atención del guerrero de cabellos platinados. No le importaba el silencio en aquella sala, a excepción de los gritos de dolor; todos aquellos verdugos observaban asombrados aquella indiscreta entrada donde un joven de apariencia imponente se atrevía a presentarse sin mas premura.

Pero aquellas miradas de curiosidad, de lujuria e incluso de hambruna no le interesaban, cuando ante sus ojos observaba el por que la Bathory era tan audaz como para desafiar a los mandos altos del infierno. Inquisición, un antiguo demonio con la capacidad de construir las mas enfermizas maquinas de tortura se encontraba con aquella reina entregándose ambos a la excitación que les causaba el sufrimiento de los inocentes.

Ambos lideres de aquella sala dejaron sus momentos de lascivo amor para centrarse ante la inesperada visita. La reina sonrió con aquella coquetería sin saber que sus deliciosos encantos eran inmunes ante un hombre tan frío y sosegado. Pero la sonrisa sínica de aquella figura de cabellos rubios y piel tan blanca como la nieve, de labios rojos y ojos marrón, conocido en su forma humana como inquisición, aquella postura que llevaba era hacia alarde a la falta de respeto hacia el recién llegado.

- Pero si es el llamado príncipe, futuro gobernante del infierno –dijo con desdén el demonio.

Pero Virgil decidió ignorarlo, al igual que los continuos gemidos de dolor y algunos gritos desesperados por las doncellas a las cuales se les extraía hasta la ultima gota de su vital liquido rojo. El guerrero de cabello platinado camino elegante, seguro de si mismo, sin inmutarse ante el posible peligro de adentrarse más en la madriguera de un posible enemigo.

- Inquisición –dijo seriamente el hombre- será mejor que te presentes ante Gomory inmediatamente.

El ser quiso decir algo sin embargo guardo su voz ante la fría mirada, sabia que decir algo significaría que su cabeza rodaría sin mas, no era la primera vez que el semidemonio asesinaba sin piedad a los aliados que creía incompetentes o que ya no tenían uso. Eso hacia dudar a muchos de que el fuera un correcto aliado para aquella batalla, sin embargo, los altos mandos de su bando lo apoyaban e incluso se rumoraba con tanto fervor que de ganar la guerra el asenderea a ser el gobernador del inframundo. Había escuchando una vez las palabras de Virgil dichas a la princesa Gomory sobre el terminar no solo con los enemigos también con los aliados, pero aquel sínico solo contesto "Si ya no son útiles para nosotros lo serán para los enemigos, si quieren continuar con vida que busquen hagan su trabajo, que cumplan su misión y no vengan ante nosotros a presentar las miserias de una batalla perdida" Inquisición sabia que la desobediencia no era algo que aquel ser aceptara de buena gana y su fama se había hecho ya en el mundo oscuro por aquella disciplina que se auto empleaba.

- Si quiere hacer un trato acepta –susurro a Elizabeth antes de marcharse. No se giro a ver al albino durante su caminar, su mera energía era un indicador de aquello que no tardaría en pasar.

- Príncipe –dijo suavemente la vampiresa- nosotros no nos encontramos en la guerra, no se por que puede importunarte nuestra existencia.

- Has bebido sangre demoniaca, deberán desaparecer –indico antes de empuñar a la silenciosa Yamato. Bathory abrió sus ojos aterrada, ella no era un ser con la capacidad de luchar, su principal arma era una belleza que no afectaba a ese hombre.

- ¡Por favor señor! –imploro con suavidad- Estaremos a tus ordenes, te juraremos fidelidad y seremos tus vasallos a espera de tus ordenes.

Virgil observo el terror en aquella bebedora de sangre, sintiendo repulsión ante su cobardía, ante su incapacidad de enfrentarlo en batalla y el como se atrevía a rogar por su vida. Pero durante algunos segundos su mente se vio plagada de aquellos planes, de aquellas necesidades que tenia que completar para conseguir aquellas ambicionadas metas que se estableció tajantemente.

- Seguirás mis ordenes –indico al tiempo que alejaba su mano de su fiel arma- en primer lugar dejaras de cazar mas de lo necesario para alimentarse, tienes prohibido hacer mas de tu especie, por ultimo tu y cualquiera de tu gente estará a mis ordenes al momento que yo índice.

Bathory observo aquel ser, tan gallardo, tan frio e inexpresivo, sabia que aquel trato era la única forma de conservar su vida, así que bajando la cabeza, siendo seguida por sus súbditos aceptaron sin mas. Aquellos ojos de frio acero indicaban que nadie mas que el saldría con vida de aquel lugar si acaso deseaba empuñar aquella espada.

- Lo que ordenes mi señor.

Fue tentador haber traicionado al Sparda, pero el destino había marcado desde hacia tantos años que sucedería con el clan Bathory, la ambición, la libertad, la traición corría por aquellas venas ansiadas de sangre, era cuestión de tiempo para una sublevación, ante todo cuando se rumoro con fervor que el poder del Sparda disminuyo, que se volvió débil, que dio la espalda a la guerra y que tenia un punto endeble capas de llevarlo a su perdición.

Ahora Bathory fue testigo durante algunos segundos que aquella ausencia, que aquella debilidad y ese punto débil del cual tantos se confiaron, era solo un mito, o tal vez aquel hombre era lo suficientemente listo para protegerlo… o llevarlo consigo. Así que aquel clan de vampiros dieron su ultimo suspiro, observaron por ultima vez la sangre aun cuando fuera la de ellos mismos, y de nuevo la leyenda del príncipe se enaltecía, honor, disciplina, sangre tan fría capas de destruir a sus enemigos y aliados incompetentes, Virgil Sparda regresaba a la batalla.

-.-.-.-.-

Ángela observaba aquella oscuridad a la cual se estaba acostumbrando, sabia que el tiempo transcurría, contaba que cada sueño que tuvo a Virgil fue una noche transcurrida, pero ahora que el hombre de cabello platinado había decretado dejaría de soñar, no sabia si un día o varios transcurrieron.

- El príncipe esta enfadado –dijo suavemente aquel hombre que le aprisionaba- no imaginas las cosas que es capas de hacer –Ángela guarda silencio, baja la mirada entristecida debido a tales palabras, realmente no sabia cuanto seria capaz de hacer el hombre que amaba.

- Virgil es un hombre honorable –dijo ella en respuesta, pero solo recibió una carcajada.

- Así es dama, el es honorable, sin embargo esta en busca de poder, en el infierno si quieres sobrevivir debes tener poder, el aprendió a quitar los obstáculos de la única forma que podría hacerse en la oscuridad… destruyéndolo, como aliado es irremplazable, como enemigo es temible.

La mujer hizo una mueca de desprecio hacia aquel ser, ya no sentía mas intimidación por encontrarse totalmente desnuda, suspiro largamente deseando saber que sucedía, se preguntaba si seria correcto hablar de nuevo con aquel hombre, entonces observo al ser, era viejo, al menos eso distinguía.

- ¿Por qué? ¿Por qué me tiene aquí? ¡¿Qué le hice? ¡¿Por qué no deja a Virgil en paz? –en respuesta el ser carraspeo un poco ante de contestar.

- El príncipe debe cumplir su destino y descansando en tus brazos nunca tomara su lugar como es debido.

- Virgil no tiene por que hacer lo que usted quiere, el tiene otros planes, no los que tu tengas para el –indico ella enfadada, de nuevo recibió una carcajada.

- Tu no conoces la crueldad de ese demonio, el solo volteara y de ser necesario destruirá el mismo infierno por conseguir aquello que desea, y si acaso no es aquel que e esperado, entonces queda tu hijo ¿no es así?

- Dante –susurro la mujer- ¡No te atrevas a tocar a mi hijo! –dijo eufórica.

- Dama yo no tengo intención de lastimar a los hijos del príncipe, al contario solo busco que el tome su lugar, tal como la profecía lo indica, te contare la historia, así tal vez pongas de tu parte –el hombre camino entre la oscuridad, y con su dedo marco algo en la nada, pronto figuras de color dorado se hicieron presente rompiendo la negrura, simulando una pantalla- Los humanos han sido el medio por el cual parte de nuestro pasado a sobrevivido, su mundo es como una tierra neutral, pero se ha contaminado y plagado de mentiras.

- ¿Mentiras? ¿Cómo cuales?

- En primer lugar los ángeles caídos no son los primeros demonios, ambos nacimos al mismo tiempo ellos en su luz nosotros hechos en nuestra oscuridad y en medio siempre el mundo de barro… el mundo humano.

- ¿Los ángeles? ¿Por qué entonces se sabe de otra forma?

- ¿Niña con quien crees que es esta guerra? El infierno necesita que nuevamente resurjan los reyes que la profecía indica, los que existieron antes de Mundus, demonios de sangre real –ante Ángela pasaban varias imágenes como una película en negro y dorado- Hace miles de años, el mundo oscuro era un caos, todos luchaban por el poder, pero solo dos seres se enaltecían como los mejores, conquistaron cada día mas, dejaron tantos clanes bajo sus pies, y cuando debían enfrentarse para que solo uno ascendiera como soberano de la oscuridad, ellos decidieron unirse, no en una alianza, fue en la consagración de las parejas.

- Se casaron –susurro la morena al tiempo que observaba la simulación de dos figuras sobre tronos oscuros.

- Mantuvieron una paz relativa durante mucho tiempo, pero los viejos como ellos eran peligrosos, el poder comenzaba a desequilibrarse, así que todos los ancianos se reunieron, decidieron fundirse con el inframundo y otros decidieron dormir.

- ¿Eso que tiene que ver con Virgil? –cuestiono ella confundida.

- Cuando los reyes tomaron su lugar como soberanos, una profecía nació, que de su sangre resurgirían los siguientes gobernantes que unirían los tres mundos. Pero existen dos condiciones para que eso suceda.

- ¿Cuáles son? Y respóndame ¿Qué tiene que ver con Virgil? ¿El es descendiente de esos reyes? –pregunto ella enfadada.

- Pequeña dama, eres un poco impaciente, pero así es, Sparda era el hijo de los reyes, pero siempre se negó a tomar el lugar de sus padres… mejor dicho no podía.

- No… No podía ¿Cómo era posible eso? El maestro Sparda era su hijo.

- Por que el que puede ascender al poder de los reyes debe ser de su sangre y estar consagrado con alguien de su sangre.

- Y el incesto es pecado –dijo ella sumida en sus divagaciones- La única forma es… que el maestro Sparda tenga una hija y ambos se casen, pero seria romper las leyes naturales de la oscuridad, además es mitad humano.

- Muy sabia damita, la sangre humana es un excelente potenciador demoniaco… si se sabe manejar, por eso muchos híbridos humanos-demonios logran superar a demonios puros, el problema son otra clase de híbridos. Sobre como el príncipe ascenderá, también existe una joven perdida, descendiente de reyes, pero han ocultado tan bien su existencia que aun no logramos encontrarla, su relación sanguínea con Sparda es intima, pero no sobre pasa el pecado, así que una vez que sea así, el príncipe deberá desposarla y así ambos acendran a tomar su lugar en el infierno, la guerra contra los híbridos demoangeles terminara, ningún otro infame hibrido como Mundus volverá a intentar enaltecerse con su poder mixto por sobre los demonios que aun conservan sangre pura.

- Son los Ángeles caídos aquellos que ponen en peligro el mundo demoniaco y al mundo humano. Pero si el maestro Sparda lo sabia ¿Por qué no unió el, a esa mujer? ¿Cómo sabrás quien es? –cuestiono ella angustiada sobre su futuro.

- A la princesa la ocultaron hace tantos siglos en el mundo humano, desde el principio de la vida del hombre, Sparda siempre tuvo el conocimiento de su ubicación, de su nombre humano, pero no quiso decirlo, aun cuando las generaciones pasaban y el pecado dejaba de existir el decidió unirse a una humana, siempre aseguro que en su descendencia se encontraría la clave. Pero de sus dos hijos solo Virgil tiene aquella esencia demoniaca para mantenerse sobre todos los demonios.

Ángela entendía bien eso, tal vez nunca ha visto a su pareja en un combate como los que deben hacerse en el infierno, pero sabia que alguien como Virgil le es imposible ser alguien noble y pacifico. Pero lo que mas le entristecía era que creía en aquellas palabras, sabia que si alguien podría enaltecerse sobre el infierno era el, su amado.

- No te preocupes dama, si el amo aun te desea conservar, una vez que tome su lugar podrá volver a tenerte, pero hasta ese momento debe renunciar a ti –dijo siniestramente.

- ¿Qué pasara si no lo hace? El nunca hará lo que le ordenen.

- Lo se, por eso te traje aquí, así el decidirá que pasara contigo, si no elige el camino correcto y te deja ir, lo perderá todo.

- ¡No es justo que le hagas esto! ¡El deberá elegir su camino!

- Este es su camino damita –la voz del ser se escucho aun mas lejana, la joven suspiro al ver como incluso aquel hechizo que se uso para darle una visión de lo que sucedía, desparecía hundiéndola de nuevo en la oscuridad. Ella tembló de furia, de dolor, de coraje.

- "¿En verdad es lo mejor para el? Es lo que siempre a buscado. Virgil… Virgil te amo tanto"

-.-.-.-.-

Gil observaba la energía que corría por aquel castillo, sin embargo era un pequeño halo de luz oscura lo que le llamaba mas la atención, su padre y ella decidieron que seria la que seguirían para dar con el mencionado espejo de la Bathory.

Al llegar al limite de aquel cordón de luz, se adentraron a la única puerta expuesta, la tenue luz de un par de antorchas encendidas apenas dejaban distinguir la enorme cama de dosel y bellas sedas adornándolo no era su interés, como tampoco aquella tina aun teñida del rojo sangre o la joven enjaulada sobre aquella tina muriendo lentamente desangrada.

- … A...yu…da… -dijo con dificultad la joven, pero fue ignorada por el mayor y solo gano una mirada de piedad de la mas chica. Ambos Virgil se encontraban observando la serie de espejos de caoba frente a la excéntrica dama que recién fallecía. La joven en busca de llamar la atención seguía hablándoles y golpeando como podía su terrible prisión.

Virgil cansado de la situación invoco sus espadas de energía que pronto acabaron con el sufrimiento de aquella joven dama, quien lo ultimo que observo fueron los cabello platinados del hombre de estoica apariencia.

- Es este padre –señalo la pequeña uno de los espejos laterales- estoy segura.

Virgil asintió, confiando en los ojos especiales de la pequeña, acaricio suavemente sus cabellos antes de volver a cargarla, la menor había guardado nuevamente su dagas tras de su mochila de viaje, lugar donde no eran visibles pero si de rápido acceso para emergencias.

- Vamos –indico el mayor adentrándose al espejo que pronto les transporto a otro lugar.

Continuara…

Como siempre gracias a las personas que me dejan sus bellos comentarios, que lo cierto es que no se que haría sin sus bellas palabras, lo mas seguro es que tardaría aun mas en escribir, si eso es posible. Ahora paso a contestar los amados review.

Yvori Gevara: Seria genial conocerte nada mas nada de pasteles de chocolate y café, me enloquesco, jajaja xD un pastel de crema y algún refreso xD. Espero que te guste la historia como esta tomando rumbos, gracias por el minuto de silencio hacia mi epqueña. Gracias por la flor, espero que este capitulo te gustara.

Carrieclamp: jajajaja bueno un poco meloso, pero aun es Virgil, jajaja si te entiendo, me alegro que aun te guste. El bebé Dante se parece a su tío, gracias por tus palabras hacia mi pequeña.

DarkKnight: Gracias por tu comentario, yo no de tan peke, ¿Qué edad tienes? Bueno espero seas apto para las escenas de sexo, saludos.

Recuerden que los review son el alimento de mi musa, y antes de que se le ocurra irse de vacaciones, dejen sus comentarios para que se inspire.

¡Animo!