Capítulo 2: ¿OBSESIÓN?
Ya han pasado dos meses desde la última vez que vi a la hermosa chica vampiro de ojos azules.
Desde aquella vez fuera del estudio de fotografía, creí haberla visto un par de veces, pero solo era mi imaginación y los deseos de encontrarla los que me hicieron confundirla con cualquier chica de cabello negro que veía por la calle.
A los pocos días después de esa noche y cuando ya los moretones de mi cuello habían desaparecido por completo, incluso llegué a creer que todo había sido producto de mi imaginación, pero cuando veía su encendedor plateado y la pequeña caja blanca encima de mi velador, me elevaba hasta el espacio recordando mi único momento con ella y sabiendo, también, que todo había sido cierto… Que había sido besado y mordido por un auténtico vampiro y no uno de los que interpreto en las películas.
Dormí más de una semana en el sillón del living con la ventana abierta, e incluso había dejado de trotar a medianoche como acostumbraba solo por esperarla... Pero ya había perdido toda esperanza de volver a verla.
Estaba distraído y aunque al principio eran los que me rodeaban quienes lo decían, al final me di cuenta que así era. Las primeras semanas olvidaba compromisos o llegaba tarde a ellos y por sobre todo, me costaba aprender los parlamentos de las escenas. Por suerte Krist se mostraba paciente conmigo (lo que realmente agradecí), mientras que me equivocaba una y otra vez.
Solo faltaba una semana para viajar a Italia a filmar la nueva película y aún no podía concentrarme en mi trabajo ¿Me podrían despedir a mitad de la saga?, o si así fuera ¿en realidad me importaba?...No, solo tenía cabeza para una sola cosa…
Según lo que recordaba, Katherine había dicho que volvería si es que algún día volvía a dudar de su existencia, así que ¿sería capaz de planear alguna treta para que volviera a aparecer?...
El miércoles por la tarde, a solo un día de partir a Montepulcino, todo el elenco estábamos saliendo de una reunión para afinar los detalles de las primeras escenas de Luna Nueva. La noche comenzaba a caer y la oscuridad se iba apoderando de las calles. Kristen, quien iba a mi lado en esos instantes hacia el estacionamiento, iba tarareando una canción desconocida para mí y que increíblemente me recordaba a la melodía que había escrito pensando en Katherine hacía un mes atrás (¿o tal vez era que todo me recordaba a ella?)
—¿Krist? —le hablé recordando sus palabras de hace dos meses con respecto a lo sobrenatural.
—¿Si? —respondió dando fin a su despreocupado y tranquilo canturreo.
—¿Crees en vampiros? —solté sin más y ni siquiera supe porqué lo pregunté sabiendo ya su respuesta, ¿o era que comenzaba a cuestionármelo después de haber pasado ya tanto tiempo desde aquel acontecimiento?
Mi pregunta la tomó por sorpresa. Se le notaba en el rostro.
—Bueno…eh… ¿por qué no? —respondió—. Si hasta se supone que existen los extraterrestres, ¿por qué no un vampiro?
Su respuesta pareció como una broma… ¿Por qué le había preguntado aquello?... Ah, cierto. No tenía si siquiera su encendedor a mano para recordarme que todo había sido real…, pero ¿por qué seguía empeñándome en dudarlo?
—¿Por qué lo preguntas? —continuó— ¿Acaso has visto a algún vampiro por ahí? Creí que tu no creías —finalizó riendo.
Su broma tenía más verdad de lo que ella se podría llegar a imaginar, pero simplemente respondí de la misma forma.
—¿Quién sabe? —terminé uniéndome a sus risas.
¿Y si jamás volvía a verla?, pensaba, ¿y si pasaba el resto de mis días esperando encontrarla al entrar a mi apartamento o al mirar al otro lado de la calle?...
A un día de partir a Italia y ya estaba seguro que su recuerdo me perseguiría hasta allí y a donde fuera que fuese, incluso hasta el fin de mis días.
¿Cómo algo fortuito podía causarme tanta obsesión?, porque esto no era más que una extraña obsesión. Algo en lo que piensas día y noche siendo consciente que ni siquiera es por tu bien, algo que sabes que no te lleva a ninguna parte o como si compraras un billete de lotería esperando que los números que escogiste fueran los sorteados… ¿Qué números tendría que escoger yo para que toda aflicción desapareciera?
—¡Chicos! —dijo alguien corriendo tras nosotros hasta alcanzarnos.
Era Taylor con su habitual semblante enérgico y su sonrisa infantil. ¿Qué edad tenía?, me pregunté mientras llegaba a nuestro lado.
—Iremos al "Shot Club" —dijo señalando al resto que iba más atrás—. ¿Se apuntan?
—Claro —dijo Kristen—. Michael me está esperando a la salida, pero creo que no habrá problema.
Michael… ¿cómo podía estar así con él?: "Creo que no habrá problema" ¿Cómo es eso?...
—¿Y tú, Rob?, ¿te apuntas? —me preguntó Taylor desviando mi corriente de pensamientos.
—No se… no creo que…
—Oh, vamos —me interrumpió—. Diviértete un poco chico. Hace meses que andas como en otro mundo.
—Tiene razón —coincidió Krist—, pareces un zombi, sin contar todas las veces en que tenemos que estar repasando las líneas una y otra vez porque se te olvidan.
Me sentí mal ¿Que acaso se trataba de atacarme?... pero después de todo ellos tenían razón.
—De acuerdo, como ustedes quieran —resolví finalmente. Tal vez un poco de ambiente festivo compartido me despejara la mente—, pero luego tendrán que dejarme en el apartamento. No quiero ser conductor asignado —solté finalmente y ellos rieron ante el último comentario.
Taylor se fue conmigo en el auto. Conversamos bastante, incluso de la película que antes tanto me molestaba, pero hubo un momento en el que tras buscar alguna emisora en la radio sacó a relucir lo que se había imaginado hace dos meses.
—Y… —comenzó haciendo énfasis—, ¿no nos vas a presentar a tu nueva novia?
—¿Qué novia? —pregunté ya que en un principio estaba confundido.
—Ya sabes, la de las marquitas —respondió haciendo un gesto con sus dedos en el cuello—. Desde ese día que andas como en las nubes.
Técnicamente él tenía razón, pero no precisamente por lo que se pudiera imaginar ¿cómo habrá sido mi expresión en este último tiempo para que se percatara de algo puntual?
—No es lo que piensas —le dije mientras me removía en el asiento—. No tengo ninguna novia, ni tampoco pasa lo que tú crees…
No exactamente…
—Ey, no hay problema —interrumpió—. Si no quieres hablar, no hay ningún drama, en serio.
—Ok.
Suspiré aliviado.
Llegamos al "Shot Club" y en lugar pude ver que ya se encontraban algunos de los chicos de producción, Kellan y Krist junto a Michael que la abrazaba posesivamente.
Afortunadamente el Club no era nocturno en su totalidad, ni tampoco algo familiar, estaba como entre dos mundos (como yo, pensé), así que no fue difícil ubicarlos en una mesa frente a la barra entre toda la demás gente.
Llamamos la atención, eso ni para que comentarlo. Imaginarse entrando a un club y ver una mesa llena de "famosos"… Por fortuna, al parecer ninguno de los que allí se encontraban era algún fan, así que solo fueron algunos flashes los que nos cegaron momentáneamente para luego poder continuar con nuestra sesión de relajamiento.
Bebimos animadamente mientras que poco a poco me iba haciendo partícipe de la conversación que amenizaba la noche.
Al poco rato nos empezamos a separar ya que algunos se iban a bailar, entonces solo quedábamos Taylor, Royer (un chico de producción), Nikki y yo.
Después de unos momentos de estar solos, se nos acercaron un par de chicas para "conversar". Aunque al principio no les hice mucho caso, después de que escuchara a Taylor decir disimuladamente que me divirtiera y después de que me hiciera a la idea de que no volvería a ver a Katherine aunque planeara algún show público (uno que probablemente terminaría siendo ridículo al no tener ninguna razón de ser visto desde fuera. Porque ¿qué podría hacer, ponerme a gritar en medio de un set de televisión que no creía en vampiros?), decidí finalmente despejar mi mente de la obsesión y entablar una conversación con la chica que coqueteaba conmigo.
Mi mirada era difusa… pero la chica era linda…, aunque siendo realmente objetivo no le encontraba sentido a todas las estupideces que decía. Trataba de mirarla a la cara, pero mi visión se desviaba de inmediato a la zona de su escote y sus piernas (tal vez porque era lo que más se veía de ella), entonces recordé como Katherine e incluso yo mismo pensaba que era un caballero… pero no lo hacía intencionalmente, en serio. Solo que era algo que no quieres hacer pero que terminas haciéndolo de todas maneras, como cuando alguien te dice "no me mires", pero de todas maneras lo haces por el solo hecho de que te lo han prohibido.
No estaba ebrio, solo un poco alegre… y el alcohol ayudaba en eso aunque todo el mundo negara que sirviera para olvidar lo que nos preocupa o lo que nos afecta. Pero a mi no me importaba con tal de que me sirviera para olvidar tan solo un momento.
La chica… ¿Raquel?, se me acercó más de lo que ya estaba y me molestó de cierto modo tanta cercanía que se adjudicaba, por lo que decidí mirar a Nikki quien estaba sentada al otro lado junto a mí en esos momentos.
Cuando lo hice, noté que tenía una sonrisa bastante extraña tratándose de ella. De Taylor tal vez, pero de ella no. Solo me reveló de qué se trataba cuando tomó mi brazo y dijo disimuladamente algo que solo una mujer podría decir así.
—Hay una chica que por lo menos hace media hora que no te ha quitado la vista de encima.
Taylor, quien estaba junto a ella y que escuchó (al igual que…mmm… ¿Raquel?) voltearon a mirar.
—¡Wow! —exclamó Taylor mirando en dirección a la barra mientras que ¿Raquel? cruzaba las piernas después de ya haber mirado, algo molesta, noté yo—. Ventajas de ser famoso —concluyó finalmente suspirando.
Giré, solo por curiosidad, a ver a quien el resto tanto miraba y mi estómago dio un vuelco tremendo al ver que se trataba de mi obsesión.
Me paré sin pensarlo siquiera para ir en su búsqueda, pero la ¿Raquel?, quien estaba colgada a mi brazo me lo impedía.
—Raquel, ¿me disculpas un momento? —le pedí con toda la cortesía que me fue posible despedir para zafarme de su agarre.
—Rebeca —me corrigió molesta.
—Lo siento… Rebeca —le dije algo apenado, soltando las risas de Nikki "disimuladamente". Pero no podía quedarme más tiempo rogando perdón—. Rebeca, discúlpame un momento, por favor.
Cuando logré salir de allí fui hasta la barra rápidamente, pero al llegar Katherine ya se había ido.
El barman me preguntó si acaso se me ofrecía algo, pero en vez de contestar a su pregunta le pregunté por Katherine, no por su nombre obviamente, y él me dijo que hace un momento la había visto sentada allí, pero que no se había fijado en el momento en que se fue.
Se había ido, otra vez.
Volví a la mesa con la mente trabajando a mil por hora.
Ella había estado allí, pero se había ido…
—¿La conocías? —me preguntó Taylor, pero yo no respondí, en vez de eso pregunté otra cosa.
—¿Vieron a dónde se fue?
Negaron con la cabeza, algo confundidos y yo solo me desilusioné aun más de lo que ya estaba.
Había estado allí, me seguía repitiendo, y quizás por cuanto tiempo, pero no se había acercado ¿Por qué?...
Raqu… Rebeca, a quien tenía a mi lado, hacía intentos por reclamar mi atención nuevamente… ¡Claro!, tal vez no se acercó por ella.
Justo cuando me seguía preguntando el porqué no se había acercado, un camarero se acercó con una bandeja y me entregó un café.
—Yo no pedí esto —le dije.
—Lo se, señor, pero una señorita lo envió junto a esto.
Y me entregó una hoja de papel doblada a la mitad. Cuando lo abrí, con la misma pulcra caligrafía que ya había memorizado, estaban escritas las siguientes palabras:
Para que pienses con claridad.
—Gracias —le dije al camarero tras leer la nota que ya sabía de quien era, y se fue dejándome con una sensación de vacío mezclada con la diversión ¿Por qué un café?
Era tan cómico que me reía solo…
—¿Quién te enviaría un café? —preguntó con recelo Rebeca (ya lo aprendí), pero no la tomé en cuenta, es más, me molestó que se refiriera así.
—¿Qué dice? —me preguntó Nikki y como no encontré nada extraño ni ningún problema en aquello, le mostré el papel que leyó junto con Taylor—. Muy considerado de su parte —comentó, mientras miraba con sorna a mi "acompañante".
—¿Sabes de quien es? —inquirió Taylor entregándome de vuelta el papel que guardé como tesoro en mi bolsillo (¿podía ser tan cursi lo que hice?)
—Si—contesté riendo y me bebí el café de un trago antes de levantarme—. Me voy —anuncié y noté como la expresión de Rebeca era de sorpresa.
—¿Tan temprano? —preguntó Nikki mirando su reloj, pero ya era las 12:30.
—Si. Tengo algunas cosas que hacer —contesté. Aunque a esas cosas, ni siquiera sabía que pudieran ser, de que se podrían tratar o si tan solo ocurrirían—. Taylor, ¿te vienes conmigo?
—Por supuesto que no —respondió sonriendo—. No me gusta interrumpir en algunas cosas.
Pude sentir el evidente doble sentido de sus palabras, pero no me importó ya que mientras no le diera vueltas al asunto, antes llegaría al apartamento; porque aunque pudiera sonar enfermizo y desesperado, sentía que podría verla otra vez.
Ignoré a Rebeca que trataba de "convencerme" para que no me fuera lo más caballerosamente que pude dentro de mi urgencia por salir de allí, e incluso noté que ya pensaba con claridad, porque la chica era rubia y a mí ni siquiera me gustaban las rubias (aunque mis hermanas y mi madre lo fueran. Pero ese ya era otro tema aparte).
Les pedí que me despidieran de Krist y los demás, y me fui.
Media hora más tarde llegaba a mi apartamento con las llaves listas en mi mano para abrir la puerta, y de pronto me paralicé ¿Qué pasaba si no venía?, después de todo, la última vez que la vi fuera del estudio de fotografía no había ido al departamento, y había sido la última en que la vi… hasta hoy.
Respiré hondo y giré la llave. Cuando las puertas se estaban abriendo noté el exquisito olor a tabaco exótico y sentí como mi estómago daba un vuelco de 180º nuevamente.
Ok. Puede que haya sido lo que quedó del cigarrillo que fumé -uno de los que me había obsequiado- hacía dos semanas…No.
Encendí las luces y allí estaba ella, con un sweater gris ceñido al cuerpo y unos pantalones también ajustados de color negro.
¿Así de hermosa era?... Los mismos ojos de un azul intenso que me recordaba al lapislázuli, el mismo cabello negro que le caía en ondas sobre los hombros como un manto de seda, y el mismo rostro pálido y hermoso que se tomaba mis sueños por las noches.
—Katherine —solté entrando y dejando que la puerta que se cerrara sola. Aliviado de encontrarla allí como si fuera un adolescente.
—Hola —dijo apagando el cigarrillo en el cenicero—. Llegaste rápido.
Su voz apenas se asimilaba a la de mis recuerdos los cuales se transmitían como en una radio mal sintonizada. Esta era, definitivamente, mucho más suave y profunda a como la recordaba.
—Tu también —comenté recordando que ella se había ido del club solo algunos minutos antes que yo y tomando en cuenta que no vi ningún vehículo que ella usara, había sido muy rápida…, pero existen los taxis, me dije y luego recordé; o tal vez solo fue su increíble velocidad…—. Bonito detalle… lo del café, quiero decir.
—Bueno, hoy existen muchos accidentes por consumo de alcohol —dijo tranquilamente—, y si mueres, no podrías seguir haciendo de chico Cullen.
Rió por su comentario. Una risa agradable, una risa cálida, y que por lo cual me fue imposible no sucumbir ante ella, terminando por unirme en su melodioso coro.
De momento estaba de pie observándola detrás del sillón, el que antes había utilizado de escudo, y al igual que aquella vez, ahora no sabía que hacer. Finalmente opté por sentarme frente a ella.
—En el Club, ¿por qué no te acercaste? —le pregunté queriendo saber su respuesta y deseando clandestinamente, en lo más profundo de mi subconsciente, que fuera debido a Rebeca. ¿Podría ser debido a celos, o albergaba mucha esperanza de mi parte?
—No quería importunar —respondió—, además no hubiese sido correcto interrumpir entre dos personas.
Si era por ella…
—No, ella no es nadie —me apresuré a decir torpemente—. En serio, no significa…
—Ey! Tranquilo. No tienes por que darme explicaciones —me interrumpió sonriendo con aquella sonrisa que me idiotizaba—. No soy tu madre.
Eso ya lo tenía más que claro, pensé.
Bueno, después de todo si había sido por Rebeca… ella me siguió?
—¿Y a qué se debe el honor de tu visita? —inquirí emocionado—. Creí que te vería si volvía a dudar nuevamente de tu existencia, aunque debo reconocer que ya estaba planeando algo para volver a verte —bromeé, a pesar de que en el fondo era completamente cierto.
—Te creo —respondió suspirando—, aunque tu intención no era precisamente que creyera ¿o sí?.
—¿Qué quieres decir? —pregunté.
Estaba confundido, ¿cómo lo podía saber?
—Que lo que dijiste, a pesar de ser una broma, en el fondo era cierto.
—¿Cómo lo sabes? —pregunté, aunque… no podía ser…—. Espera, ¿puedes leer la mente?
Me alarmé por unos momentos. Si ella sabía todo lo que yo pensaba, no sabría donde ir a parar por la vergüenza.
—¿Qué acaso no escuchaste lo que te dije la otra vez? —soltó sonriendo—. Lo de leer mente no funciona como con tu personaje.
Suspiré disimuladamente aliviado, pero aun estaba confuso.
—¿Cómo, entonces? —pregunté.
—Solo percibo la emoción que envuelve tus pensamientos en lo más profundo —contestó tranquilamente como si confesara que sabía leer…—. Por ejemplo; podría percibir cuando estás contento o cuando estás triste. Cuando te sientes ansioso o cuando estás confuso. O simplemente… cuando estás nervioso —en el preciso momento en que pestañeé, hizo eso que hacía en el momento menos esperado. Al abrir los ojos la tenía a mi lado sonriendo—…como ahora —concluyó.
—N-no estoy nervioso —me defendí vagamente—, solo me asustaste… un poco.
Era mentira. Su cercanía aun me seguía colocando nervioso, a pesar de que lo único que había querido era verla.
—No es cierto —dijo acercándose aún más—. Al principio solo te tomé por sorpresa, pero ahora estás nervioso.
—Y-yo que tú, no me fiaría en lo q-que percibes —dije entrecortadamente atrapado en sus ojos del color del lapislázuli, sintiendo la estática entre nosotros y su dulce y cautivante aroma al estar tan cerca de mí.
—Aunque no me fiara en lo que percibo, puedo oír tus latidos —¿mis latidos?...—, puedo sentir como tus manos tiemblan y también puedo ver la expresión de tu mirada en estos momentos —dijo rozando mi rostro con sus frías y delgadas manos, haciendo que efectivamente mis latidos elevaran su ritmo y mis manos temblaran aun más—, todo lo suficientemente claro como para darme cuenta de que estás nervioso.
No había por donde discutir.
—Ok —dije dándome por vencido—. Tú ganas.
E inmediatamente se alejó de mí para estar a una distancia de cercanía normal.
Su sonrisa fue extensa. Aquello le divertía. Le divertía ponerme nervioso, pero como no quería que tuviera oportunidad de ponerme incómodo nuevamente, la ataque con la primera pregunta que se me vino a la cabeza.
—¿Cómo puedes oír los latidos del corazón tan fácilmente?
Aun había muchas cosas que no sabía sobre ella, de hecho, no sabía nada. Solo sabía que era un vampiro y hasta ahora, que no me convertiría en uno si me mordía, que no brillaba a la luz del sol (porque es fue lo quiso decir, ¿no?) y que podía, increíblemente, oír los latidos del corazón.
—Es innato, y muy útil por lo demás —contestó—, no solo puedo oír los latidos del corazón, también oigo los sonidos que para el humano son imperceptibles.
—¿Tanto así?
—Si, de hecho, podría decirte que en este preciso momentos tu vecina está hablando sobre ti con su amiga por teléfono.
¿Mi vecina? No me importó lo que dijera mi vecina, lo que me importó fue saber sobre su capacidad. ¿Podía escuchar algo a través de largas distancias y gruesos obstáculos?
—Es increíble —solté sorprendido.
—Créelo —dijo sonriendo—. Esa es una de las tantas cosas anexas que vienen cuando firmas el contrato.
—¿Contrato?
¿Quería decir que había firmado un contrato para ser lo que era? ¿Algo así como un pacto?
—Contrato —repitió—. No literalmente, claro. Solo es como me refiero al momento en que me convertí.
Asentí sin decir palabra alguna, clavando la mirada en el suelo. Después de todo solo se trataba de una metáfora.
—¿Y cómo te convertiste? —le pregunté sin apartar la vista del suelo, aun así, noté como cambiaba de posición en el sillón y su voz se tornaba más seria.
—También es fácil. Te muerden y ya está.
Eso no era cierto. Ella me mordió y no había sucedido nada, es más, ella dijo que no me sucedería nada.
—Tu me… mordiste —dije algo incómodo al recordar lo que había sucedido, ahora siendo consciente que ella podía percibir mis emociones, pero por supuesto, tratando de que pasara por alto—, pero no me convertiste.
—No, porque no bebí de tu sangre tanto como para matarte, ni tampoco te di a beber de la mía —dijo dejándome helado por lo que acababa de decir, mientras se ponía de pie para ir hasta su chaqueta y sacar un cigarrillo de su cigarrera de metal, el cual encendió con un encendedor corriente. Entonces, de inmediato recordé que tenía el suyo en mi poder, pero antes de que pudiera decir algo, Katherine siguió hablando—. Solo bebí un poco de ti, como si dieras una donación al banco de sangre, nada grave —comentó sonriendo, pero su sonrisa no era como las que había visto antes—. En cambio a mi me desangraron hasta que estuvieron a punto de matarme y fue en ese momento cuando bebí la sangre de mi creador… y ya me ves aquí —concluyó botando las cenizas del cigarrillo en un cenicero, entonces cambió abruptamente de tema alcanzándome su cigarrera—. ¿Quieres uno?
—Gracias —contesté tomando uno, pero mi mente todavía estaba en lo que Katherine acababa de decirme—. ¿Quién te…? —comencé a preguntar, pero ella me interrumpió.
—¿Quién me convirtió?... Eso no importa, ¿no crees? —terminó zanjando el tema con una sonrisa, evidenciando que no quería hablar más sobre aquello—. ¿Fuego? —ofreció alzando su mano izquierda con el encendedor corriente en ella, por lo que pude ver en su dedo pulgar el anillo de plata con el extraño escudo en él. El que había visto la primera vez de la misma forma, pero esta vez sus uñas estaban bañadas en esmalte negro.
—Tu encendedor —dije después de prender el cigarrillo—. Lo olvidaste la última vez.
—Así es —respondió—, por eso vine hasta aquí.
—¿Por eso que fuiste al "Shot Club" esta noche? ¿Estabas buscándome? —pregunté esperanzado porque no fuera solo ahínco mío volver a encontrarnos.
—No —contestó haciendo que mi ilusión se esfumara—. Pasaba por allí y te vi, entonces lo recordé y vine hasta aquí.
—Oh…
—¿Estás desilusionado? —inquirió sonriendo sentándose en el diván de cuero negro como en un principio.
—No ¿Por qué debería estarlo? —pregunté despreocupadamente y nervioso a la vez, porque así era.
—Buen punto —comentó pensativa—. Tal vez tengas razón en lo de no fiarme en lo que percibo.
O tal vez si…, me dije.
En fin. Ya le había comentado que tenía lo que había ido a buscar, pero aún no quería que se fuera. A pesar de ser más de las 2 de la mañana y que al otro día viajaba a Italia (o mejor dicho en unas cuantas horas más) no quería que se fuera.
—¿Duermes? —solté lo primero que se me vino a la mente recordando que en Crepúsculo los vampiros no podían dormir, pero al menos logré que Katherine rompiera en risas.
—Por supuesto que si —contestó volviendo a la forma de su sonrisa habitual, aun así su mirada estaba sombría, por lo que fue imposible ver que no sonreía como antes. Había algo de trasfondo en todo esto… Pero no quería verla triste, porque eso era lo que había más allá; tristeza.
—¿Duermes en ataúdes? —pregunté mordiéndome el labio para poder aguantar la risa. Ella no pudo.
—Claro que no —contestó riendo—. Cuando te dije que nos asimilábamos a los de Anne Rice, no me refería al 100%.
—Oh. Ya veo… —aunque lo cierto era que nunca había leído un libro de Anne Rice—. Tienes cama —comenté.
—Así es. Es mucho más cómoda que un ataúd —bromeó.
—Y si te muestro un crucifijo, ¿te conviertes en murciélago y sales volando?
—Tampoco —dijo haciendo que su sonrisa iluminara la sombra de sus ojos. Se veía hermosa cuando sonreía, y cuando no también, pero acababa de descubrir que no me gustaba verla triste.
—¿Y si…? —comencé a hablar mientras tomaba el portarretratos de la mesa de centro y ella me miraba confundida.
—¿Qué sucede? —preguntó confusa.
—Espera —contesté sacando la foto de mi familia del portarretratos mientras dirigía el vidrio en su dirección—. ¡También te reflejas!
—Claro —contestó divertida—. Sería muy extraño ir por las calles sin poder verte en las ventanas.
—Y también sería una lástima que tu belleza no se pudiera reflejar —dije contemplándola, y solo fui consciente de lo que dije hasta que vi su expresión de sorpresa—. Lo siento, no quise…
—No te preocupes —interrumpió—, pero será mejor que me marche. Ya es tarde y estarás demasiado cansado para viajar.
—¿Viajar? —pregunté confundido—. ¿Cómo sabes lo del viaje?
—¿Es una broma? —inquirió alzando una ceja y sin esperar a que respondiera que no, continuó—. Estás en todos los canales.
—Oh… —solté algo avergonzado, porque en definitiva ella tenía razón. Nuevamente.
A estas alturas ya todos los canales conocían la hora y la aerolínea del vuelo para la tarde.
Katherine se levantó y tomó su abrigo de cuero colocándoselo mientras me miraba, entonces se dirigió hasta la ventana sin decir más palabras. Esta vez no apagaría la luz para irse.
—Espera, no te vayas —le pedí.
Había algo que necesitaba de ella y que solo se reafirmó cuando se volteó hacia mí y sus labios se movieron embelesándome.
—Hay algo que quieres, ¿qué es? —preguntó.
No sabía que decir. La última vez me había besado y me había mordido, pero ¿por qué ahora esperaba que fuera de la misma forma? ¿Habían sido sus labios los que me habían obsesionado tanto?, o ¿había sido la sensación de cuando bebió de mi sangre?... Eran esas preguntas las que tenía en la cabeza mientras observaba sus labios nerviosamente. De nuevo nervioso, pensé. ¿Y si me a cercaba y la besaba? No. No era capaz de hacer aquello por mucho que la deseara. Simplemente no tenía el valor, además ella se merecía algo mejor, algo a su nivel.
—Tu encendedor —dije finalmente—. Lo olvidas otra vez.
Alzó las cejas, dubitativa por unos segundos y luego sonrió dándose por vencida por algo que solo su mente conocía.
—Tienes razón, pero… olvídalo —contestó—. Puedes quedártelo.
Y en el momento de dar la vuelta y salir hasta el balcón, me di cuenta que se iba sin lo que había venido a buscar, por lo tanto ¿podría ser solo una excusa para venir? ¿Podría ser capaz de darme una esperanza? Y si era así, ¿buscaría otra excusa para volver?
—Espera —le pedí de nuevo.
—Dime.
—¿Volverás otra vez sin que sea necesario dudar de ti?
—¿Quieres que regrese? —preguntó con extrañeza.
—Si.
—Entonces lo haré.
—Prométemelo.
—Te lo prometo.
Y sin más preámbulos saltó por el balcón.
No pude creer lo que había visto. Esta vez si pude ver con claridad lo que ocurría al no estar la luz apagada, pero no dejaba de ser impresionante. Cuando corrí hacia el balcón preocupado por como pudiera estar (tontamente por lo demás, ya que había olvidado por un segundo quien era), descubrí que caminaba tranquilamente mientras se subía el cuello se la chaqueta sin mirar atrás, como lo había hecho la primera vez.
Era mujer era increíble.
La había visto nuevamente al fin. Había deseado por meses tener sus labios y sentirla cerca otra vez, pero no había tenido el valor suficiente para tomarla entre mis brazos. Había refrenado mi obsesión de sentirla, pero increíblemente no me arrepentía… En el fondo tenía el presentimiento de que tendría mi oportunidad, ella lo había prometido. Volvería.
Mientras pensaba en Katherine, sonriéndole a la nada antes de quedarme dormido sobre la cama, imaginaba su boca, supuestamente la causa de mi obsesión, y entonces me dije; no era solo lo que me hizo sentir lo que me obsesionaba, si no que era ella en su totalidad. Su rostro, su mirada, su tacto, aquellas vagas caricias, la corriente entre ambos, su voz, su todo. Ella era mi obsesión…, pero las obsesiones nunca tenían un buen final. Siempre terminaban mal ¿Y si ésta terminaba de igual manera?
No quería que ella fuera solo mi obsesión, quería que fuera algo más. Sentía que era algo más, ¿pero qué?
Sin darme cuenta, el sueño me había vencido en tanto buscaba un nombre para ese algo más. Había sido vencido por los sueños en donde Katherine se alzaba, y es más, había sido vencido por ella misma. Vencido por algo más que mi propia obsesión. Vencido por la hermosa chica vampiro.
********************************
¿Qué tal? ¿Esperaban otro "encuentro cercano"? No se impacienten jajaja Todo a su debido tiempo ahora.
Espero que les haya gustado y espero también fehacientemente sus comentarios.
Al ser el primer FF que escribo, ni se imaginan la emoción que siento al leer lo que ustedes escriben (muy cursi? jajaja) Bueno, como sea. Feliz de la vida acepto sus sugerencias para próximos capítulos si es que a éste le va bien.
Adiós. Cuídense y "Sigan Creyendo…"
