Hola chicas, me demoré mucho??? Nah, broma.
Bueno, este capítulo es algo corto (por supuesto… después de tanto escribir…uf) que describe solo el momento posterior a que nuestros protagonistas tuvieran su noche de amor (en mi opinión, puede que incluso sea mejor que el momento mismo… ya que es más romántico :) solo mi humilde opinión)
Algunas palabras, algunas decisiones y una confesión.
Capítulo 7: Amanecer (N/A: No es como en el libro, no se asusten… jaja)
KPOV
Robert se durmió después de unos momentos de silenciosa y honda meditación por parte de ambos, llevándolo a él quizás por qué lugares lejanos y desconocidos para mí. Todo, mientras rozaba la piel de mis brazos con sus cálidas manos y yo acariciaba su pecho con mis dedos por debajo de la suave sábana blanca con delicadeza para que no se fuera a despertar de su profundo y tranquilizador sueño.
Escuchaba el sonido de su corazón al palpitar con calma, pero esta vez con normalidad, entregándome solo una intensa pero sumamente agradable especie de paz en mi interior, mientras que además disfrutaba de su cálido aroma con gozo, aumentando su efecto.
Mis dedos trazaron con cuidado el patrón de mi mordida en su cuello notando cuánto había sido de profunda, y si, lo era bastante. Era increíble que solo un corto movimiento pudiera hacer aquel daño, pero a la vez entregarte tanto placer y vida entre toda tu muerte. A mí, quien se había acostumbrado a existir y caminar entre ella con pasos siempre temerosos y silenciosos.
Todavía podía sentir sus movimientos firmes contra mi cuerpo y el sabor de su cálido cuerpo y su sangre en mis labios… Tan placenteros, entregándome solo vida a mi eterna muerte.
Qué cerca había estado de hacerle daño y arruinar todo más de lo que ya estaba… pero no ocurrió así y ahora yo estaba descansando cómodamente entre sus brazos disfrutando del mayor regalo que podría haber tenido nunca, aferrándolo contra mí con miedo de que en cualquier momento fuera a desaparecer o que aquel hermoso regalo no fuera mío. Pero sentía que no había peligro en ello y él era real aún. El único peligro que podía sentir que hubiera, aunque no lo conociera con certeza todavía, era lo que ocurriría mañana, o en una semana, o un mes o un año… porque definitivamente ya no me quería apartar de él.
Cuando pasaron un par de horas en las que ya no había casi nada de la luz que emitían las velas, yo no dejaba de pensar en Robert teniéndolo a mi lado, y él emitía suaves sonidos procedentes de su respiración al dormir. Me levanté con cuidado de su lado para no despertarlo volviendo a cubrir su perfecto cuerpo con las sábanas y notando como se removía levemente en la cama pero aún sin despertarse. Sonreí mientras observaba sus ojos cerrados y sus labios curvados en una tenue sonrisa a pesar de que estuviera durmiendo. Era tanta la paz que podía provocarme tal imagen que me sentía feliz de que ella aquella sensación pudiera llegar hasta mi tormentoso interior con tanta fuerza y facilidad. Era como si él hubiese borrado gran parte de mi tristeza con solo verlo desde la primera vez.
Me envolví con el abrigo que ahora estaba en el suelo al igual que el resto de la ropa y avancé por la habitación cambiando las velas ya derretidas para iluminar el lugar nuevamente recordándome que debería adquirir una bombilla lo antes posible, y a pesar de la continua y permanente oscuridad que pudiera haber en la habitación, sabía que ya era por lo menos más de las 5:30 de la mañana.
Levanté los vasos de whisky que nunca se bebieron y los dejé sobre la mesa antes de caminar hasta el baño y encender la luz de allí. Me miré en el espejo notando como mi cabello negro estaba desordenado y el poco maquillaje que había en mi rostro se había corrido, pero lo que llamó mi atención de gran manera fue la expresión de mis ojos. Ya no solo eran un par de ojos azules empañados por el suplicio, ahora tenían algo más, como si realmente tuvieran vida y no fuera solo la sensación que me envolvía en esos momentos.
Aparté de inmediato la vista de aquella desconocida, porque me parecía simplemente imposible tal ilusión, y me quité el abrigo para meterme en la ducha dejando que el agua limpiara el sudor que había en mi cuerpo, el cual ya estaba frío nuevamente a pesar de lo caliente que había estado unas horas atrás, y aquello solo me recordó que ese sería su estado permanente. No calor. No vida.
Desde el baño podía escuchar un perro al ladrar tal vez a dos calles de aquí, a los demás extraños inquilinos roncando, y por supuesto, la calmada respiración de Robert al otro lado de la puerta, pudiendo incluso imaginarme ver sus movimientos a pesar de no estar directamente a su lado.
Terminé de escurrir el agua de mi cabello no teniendo mucha suerte en el intento y me envolví con una toalla para salir del baño y ver al Ángel y el origen de mi pecado en una misma persona. Me afirmé contra el umbral de la puerta y observé a Robert durmiendo, viendo también su pecho moverse lentamente de arriba abajo por su respiración y sintiendo como algo similar a la paz afloraba desde lo más profundo de mí al verlo así… de nuevo. Entonces, entre pequeños movimientos comenzó a revolverse bajo las sábanas y abrió sus ojos.
RPOV
Abrí los ojos con la sensación de haber tenido el mejor sueño de mi vida, pero cuando vi el montón de velas iluminando todo el lugar de fantasías, descubrí que todo había sido cierto. Maravillosamente cierto. Increíble, pero cierto.
Busqué a Katherine a mi lado para abrazarla y sentirla cerca de mí, pero no la encontraba. Yo estaba solo en la enorme cama.
¿Se había ido? ¿Me había dejado?
Los miedos de mi inseguridad desde que era adolescente volvían a surgir como sacados de un viejo baúl haciéndome sentir como un verdadero tonto adolescente nuevamente, pero su suave voz me detuvo de seguir empecinándome en recuerdos malos.
—Estoy aquí —escuché desde alguna parte, y al mirar más lejos, la vi reclinada sobre el umbral de una puerta que supuse que era el baño, observándome con una de esas sonrisas que tanto me gustaban.
Comenzó a acercarse hasta pararse junto a mí alegrándome porque no se hubiera ido. Tal vez ese miedo no tendría que volver a surgir otra vez. No tenía por qué sentirme así de nuevo y aterrarme como lo hacía antes... Es en serio…
Me miró por unos segundos escrutadoramente aun sin borrar su sonrisa del rostro y luego se sentó en la cama con lentitud.
Una toalla blanca era lo único que la cubría y su cabello estaba escurriendo agua por su cuello hasta su pecho.
Le sonreía sintiéndome emocionado por tenerla conmigo otra vez, y mis temblorosos dedos se fueron hasta su cuello para comenzar a secar el agua que allí había bajando hasta su pecho, y luego, utilizando ambas manos, desaté el nudo de la toalla blanca dejándola caer a un lado.
Su mirada era de extrañeza mientras que mis manos recorrían toda la extensión de su blanca piel ahora fría y aún así, la más suave que nunca hubiese tenido el derecho de tocar. Disfrutándola, queriéndola, pero en ese momento no quería hacer algo más además de acariciarla. Ese momento era perfecto y algo mágico.
¡Magia! La magia después de todo si existía… Y los ángeles, definitivamente, también. ¿Quién lo hubiese dicho?
En fin, todo podía ser a su tiempo. Yo podría hacer de nuevo el amor con ella (Amor… Que extraña podía sonar esa palabra) y tendríamos mucho tiempo para ello.
Levanté la sábana para que se acomodara a mi lado y de inmediato lo hizo, apoyando su espalda contra las almohadas que había en el respaldo.
Disfrutaba el fresco y suave aroma de su piel que ahora tenía un toque agradable de jabón, pero aun así, expidiendo su esencia única y gratificante a mis sentidos por debajo del aquel químico. La acariciaba lentamente mientras sus brazos pasaban por encima de mi pecho y me envolvían, y a la vez, acariciaban los míos también.
Y así estuvimos mucho tiempo es silencio (aunque parezca imposible para mí. Lo sé), hasta que preguntó suavemente.
—¿Cómo te sientes? ¿Estás bien?
Una pequeña risa de diversión se escapó de mis labios.
—Estoy mejor que nunca —respondí con toda sinceridad—. ¿Y tú, cómo te sentiste? —pregunté ésta vez yo en voz baja, pero mi pregunta era más precisa y nerviosa también. Como si hubiera perdido mi inocencia por primera vez en la vida (aunque claro, no lo era…)
Su cuerpo tembló con una risa silenciosa también, que era algo así como una respuesta a una especie de complicidad entre ambos. Como si compartiéramos un secreto siendo niños y nuestros padres no se tenían que enterar, como si compartiéramos la misma travesura en secreto.
—Puedo decir que me sentí más viva que nunca —me susurró al oído compartiendo también el secreto.
Cambiamos de posición, esta vez para quedar yo en el lugar de ella reclinado en las almohadas y Katherine apoyando su cabeza en mi pecho.
Su cabello todavía estaba húmedo y enfriaba mi piel, pero era gratificante sentir que ella era solo para mí. Que no habría alguna interrupción. Que todo se sentía correcto. Que no había nada malo en ello... Y así disfrutaba el aroma dulce del champú de su cabello en silencio. Un largo momento de silencio que esta vez yo interrumpí.
—Ahora que bebiste de mi sangre —comencé recordando lo que había dicho hace ya bastantes horas con algo de miedo—, ¿podrías hacerme olvidar todo lo que sucedió esta noche?
Entendió de inmediato que yo me refería a lo que había dicho con respecto a la recepcionista.
—No podría, porque no fue suficiente —respondió después de un largo suspiro—. Los que pueden hacer eso, llevan… alimentándose así desde hace mucho tiempo —guardó silencio por un par de segundos y después agregó—. Pero si pudiera, tampoco lo haría.
Sonreí por ello, y debo reconocer que con cierto alivio, ya que no quería olvidar jamás lo que había vivido.
—¿Y no sería más fácil para ti deshacerte de mí si yo no recuerdo nada de lo que me dijiste, o lo que te dije, o simplemente lo que sucedió? ¿Por qué querrías estar al amparo de una simple atracción? —dije acusadoramente con segundas intensiones.
Rió nuevamente, pero yo ya sabía su respuesta.
—No es una simple atracción —contestó suavemente—, y no me gustaría que lo olvidaras tampoco, porque así sabrías como puedo torturarte cuando estás a mi lado mucho tiempo —bromeó, pero yo era el hombre más feliz del mundo si me torturaba así constantemente.
—Mmm… Me parece —comenté bromeando—. Tengo un lado masoquista.
—Podía imaginármelo —contestó siguiéndome el juego y ambos nos unimos en risas con nuestra propia y traviesa complicidad.
Después de otro silencio, yo volví a interrumpirlo (A veces el silencio me ponía nervioso, y aunque extrañamente este no fuera precisamente el caso, necesitaba hablar)
—¿Esto seguirá por más tiempo? —pregunté tras un suspiro.
No quería que se apartara jamás de mí. Nunca más.
Hubo otro pequeño momento de silencio.
—Así me gustaría —contestó con resignación—. No creo que pueda mantenerme alejada de ti. Ya lo he intentado muchas veces, pero jamás lo he logrado.
Soltó una pequeña risa sin ánimos ante lo último, pero yo la abracé con más fuerza contra mí. Feliz de que ella me quisiera, incluso a pesar de que no lo hubiese dicho explícitamente, y así estuvimos entre más silencio por mucho tiempo más, pero me di cuenta que se sentía extraña una cosa para mi percepción; ya que como no sabía por cuanto tiempo había dormido y todo se veía igual que antes de que sucediera, no sabía que hora era en realidad.
—¿Qué hora es? —quise saber.
—Son casi las 7 —respondió.
Uh-Oh.
—Puedes ducharte antes de irte si lo prefieres. En el mueble del baño hay todo lo que necesitas —dijo como si de verdad hubiese leído mis pensamientos en ese momento (ok. Podía percibirlos, pero de todas maneras…), se enderezó en la cama para dejar que me levantara—. Me hubiese gustado ofrecerte algo de comer, pero… tu entiendes. Antes comía solo por placer y últimamente no me importaba mucho —comentó pensativa—. Tal vez la próxima ve consiga algo para ti además de whisky… y también otra bombilla —agregó —. No creo que las velas sean el mejor medio de luminosidad para ti.
Pero "la próxima vez" para mí fue suficiente.
—Gracias —dije sinceramente y me levanté para ir hasta el baño, pero primero tenía que recoger mi ropa.
Era algo vergonzoso examinar la habitación sin nada que me cubriera y saber que Katherine me miraba, y cómico también, porque anoche eso no me había importado para nada.
Ella se rió mientras yo seguía buscando a mi alrededor identificando solo su vestido, nuestros zapatos y mi pantalón. Bueno, el pantalón era suficiente por el momento.
—¿Por qué te avergüenzas? —me preguntó sonriendo y noté como se mordía el labio, viéndose tremendamente sensual aquella reacción, pero ella continuó—. Así te ves sexy.
Traté de no hacer mucho caso y no reírme porque ella estaba haciendo lo mismo, cubriendo su cuerpo con la sábana, y además era ella quien aun así se veía sexy, pero mis mejillas se incendiaron por ese comentario logrando que ella volviera a reír. La miré tratando de no hacerlo también, pero en el intento seguía en silencio y entonces su rápida mirada buscó lo que yo necesitaba y me indicó su posición sin decir más palabras.
Finalmente recogí todo lo necesario y me fui hasta el baño en donde abrí el mueble que me indicó, y efectivamente, allí había todo lo que necesitaba por ese momento. Absolutamente todo y en grandes cantidades.
Me miré en el espejo y noté un moretón en mi cuello mucho más notorio que el que había tenido la primera vez, pero tal vez era porque no había pasado tanto tiempo… Al menos no tenía la mordida marcada, así que no le di importancia y continué con lo mío.
Después de darme una ducha me vestí con lo que había llevado, pero noté que por lo menos cuatro botones de mi camisa ya no estaban. Salí del baño sosteniendo los bordes donde ésta se abrochaba y noté como Katherine reía por ello mientras sus manos tomaban la sábana que cubría su pecho con más tensión.
—Lo siento, no me di cuenta —se disculpó con sus ojos brillando por la diversión de aquello. Incluso se veía muy joven. Como si la mujer que había hecho el amor conmigo tuviera más edad o estuviera oculta dentro de ella. Pero no por eso dejaba de gustarme más. Su sonrisa solo era como si el accidente de la camisa lo teníamos que agregar a nuestra secreta travesura.
—Nada de disculpas sin motivo —la frené de inmediato y vi como alzaba sus cejas en mi dirección.
—¿Es una disculpa sin motivo? —me preguntó—. Porque yo no lo creo. Estropeé tu camisa, y se te veía muy bien.
—Bueno, eh… tal vez lo sea, tal vez no —dije sin referirme al último comentario—, pero tus labios jamás volverán a pedir perdón por nada.
Su mirada era extraña, con melancolía a pesar de la sonrisa que aún esbozaban sus labios, pero antes de que me lanzara a preguntar por lo que le sucedía, me detuve recordando que ya había hablado mucho por esa noche. Sus heridas tendrían que sanar, pero de a poco, no de golpe, así que de inmediato le pregunté por lo del baño para aminorar cualquier tensión en ella.
—Cuando dijiste que en el baño había de todo, veo que no exagerabas —comenté logrando que sonriera—. ¿Alguna obsesión u acción compulsiva por comprar tantas cosas?
—Bueno; soy una fan loca, psicópata, acechadora, irrumpo en apartamentos, soy auto masoquista, aficionada a morder… no me extrañaría descubrir que soy obsesiva o compulsiva con algo además de ti —contestó para mi diversión, pero ella respondió de nuevo, esta vez de verdad—. Es que cuando voy a comprar alguna cosa, lo hago en grandes cantidades. La verdad es que no me gusta visitar mucho los lugares en donde hay mucha gente. Prefiero pasar desapercibida —explicó y yo entendí todo perfectamente, incluso por qué había tantos cepillos de dientes aun sellados; simplemente compraba todo de una vez.
Y no solo eso: A mi también me gustaría pasar desapercibido y poder salir tranquilo sin tener una escolta de fans detrás de mí.
—Es buena idea —dije refiriéndome al lío que se armaba con las fans mientras me acercaba para sentarme a su lado y estar con ella nuevamente—. Creo que lo voy a considerar.
Su sonrisa era cálida y el brillo extraño en sus ojos que no podía recordar cuando lo había visto antes, aún seguía allí, tomándome y llevándome al cielo, consiguiendo que solo quisiera abrazarla y besarla. Pero era frustrante ahora no saber como acercarme y hacerlo. Era como si todo el nerviosismo y el malestar en el estómago por lo mismo volviera a aparecer después de la ducha. Como si nunca antes la hubiera besado y estaba a punto de hacerlo por primera vez.
—¿Qué es lo que quieres? —me preguntó percibiendo mi frustración.
Al parecer tendría que acostumbrarme a que siempre estuviera un paso delante de mí.
—Antes de irme… me gustaría besarte —dije con cierto nerviosismo mirando mis manos y escuché que se reía en voz baja. Al mirarla, efectivamente lo estaba haciendo.
Solo deseé que esa sonrisa, no importara por lo que fuera, aunque se estuviera riendo de mí, continuara así por siempre.
—¿Qué es lo gracioso? —le pregunté de todas maneras.
—Lo que me pides —contestó—. Tomando en cuenta todo lo que ocurrió anoche es… algo cómico que lo menciones. No creí que pensaras mucho en mi opinión al principio cuando me… besaste.
Me mordí el labio sintiendo el bochorno al avergonzarme, ya que ciertamente, en lo ultimo que pensaba anoche era en pedir que me dejara besarla y lo único que quería era que demostrara que lo que ella decía no era cierto.
Y tuve la razón… Bueno, esa lucha la gané yo.
—¿Eso es un sí o un no? —le pregunté tratando de que mi mirada no se viera muy avergonzada, pero sí algo más atrevida.
No quería seguir siendo el que siempre se avergonzaba. Ya me había quedado claro que podía no serlo… Y por amplia diferencia. Yo sí podía tener la iniciativa…
En respuesta, Katherine alzó su mano hacia mi rostro y comenzó a acariciar con suavidad mi mejilla enviando un cosquilleo a mi estómago, acercando luego su rostro lentamente al mío.
El nerviosismo no desaparecía. Este momento era distinto a cualquier otro (bueno, todos los momentos eran distintos con ella) y también era especial. No había miedo de mi parte por lo que pudiera suceder, ni tampoco inseguridad. Ya no estaba pensando en que tal vez jamás la volvería a ver y solo pensaba en la calidez e importancia del momento.
Acorté la distancia que había entre ambos y rocé sus tiernos labios una y otra vez sintiendo su suavidad e intensidad.
Este beso no era pasional, ni tampoco robado, solo era puro y mutuo, como si la ternura y otra serie de emociones la envolvieran. Toqué la piel de su mejilla acariciándola con mis manos, y sosteniendo su rostro no dejé de besar sus labios suavemente tomando cada delicado roce en mi alma con todas mis fuerzas hasta que nos separamos poco a poco. No me había dado cuenta de que mis ojos se habían cerrado, pero a medida que los abría comencé a ver su bella imagen, la cual creí que era un espejismo al principio, y noté como sus ojos estaban de igual manera, abriéndose lentamente para mostrar la intensidad del azul de su mirada.
—Recuérdame que haga esto más seguido —le dije, aunque definitivamente no lo necesitaría, y podría jurar que mis labios soltaron una risa nerviosa.
—Lo haré —me contestó, y mientras yo seguía mirándola en silencio, un suspiro salió de sus labios para luego seguir hablando—. ¿Podrías alcanzarme las llaves que están encima de la mesa? —preguntó y de inmediato hice lo que me pidió depositándolas en su mano, pero ella me las dio—. No puedo ir a dejarte afuera, porque… ya sabes, ya amaneció. Pero úsalas para abrir las puertas y así no tengas que pedirle a alguien que lo haga… No te podrán molestar —agregó con consideración.
Las acepté identificando como ya pronto tendría que marcharme, pero recodé una cosa.
Mis manos tomaron el collar que le había obsequiado a Katherine, el cual estaba en mi bolsillo, y lo puse en sus manos.
—Esto es tuyo y quiero que lo conserves —le pedí—. Quiero que tengas algo mío… además de mí, por supuesto —agregué y una leve sonrisa se dibujó en sus labios.
Definitivamente yo ya era suyo… en cuerpo y alma aunque le divirtiera.
—Adiós —dije al fin y besé su frente para luego levantarme y dirigirme hacia la puerta para marcharme, pero la sensación de que estaría lejos de ella por tal vez cuánto tiempo, me hizo regresar hasta ella con prisa y besarla nuevamente por última vez esa mañana en los labios, consiguiendo que riera como me gustaría verla siempre, y cuando estuve en la puerta de nuevo, tomé una decisión.
Quería que lo supiera, pero no que lo adivinara. Quería que saliera directamente de mi boca y no escrito en alguna parte.
Vi como me observaba al salir sosteniendo mi chaqueta en la mano, y bien, solo eran dos palabras…
—Te Amo —dije finalmente y salí cerrando la puerta tras de mí.
No vi su reacción ni su expresión porque tuve miedo de lo que pudiera o no decir, pero a medida de que bajaba los primeros peldaños de la escalera, supe que había sido lo correcto.
Yo amaba a esa mujer y no importaba cualquier cosa más. No importaba lo diferentes que fuéramos ni la diferencia de… edad. No importaba que sufriera por su pasado o lo que crea que hizo, porque yo la sanaría y no la juzgaría. Y ni siquiera importaba que no me quisiera como yo la quería, porque no descansaría hasta conquistarla por completo.
Solo fueron dos palabras, pero que describieron todo cuanto sentía.
"Te Amo"
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Y eso es...
me demorare en subir otro, pero aun tengo clases... :(
gracias
