Bueno, después de tantos días y que estuviera a punto de no terminar mi pintura para la U (pero la terminé, jeje) traigo un capítulo nuevo.

Gracias por su paciencia.

Capítulo 8: CONSECUENCIAS

—Te Amo —dijo tras solventar lo que diría por un momento sosteniendo el tirador de la puerta en su mano, y tan pronto como soltó aquellas extrañas palabras para mí, se fue cerrando tras de sí y dejándome con un inmenso sentimiento embargando mi estómago y mi inerte corazón.

Te amo, repitió mi mente estando completamente inmóvil sobre la cama aferrando el collar con la piedra del lapislázuli en mi mano. Y solo eran palabras… pero entonces, ¿por qué me impactaron tanto?

Ya había escuchado aquello antes, pero ahora era distinto. Era especial.

Primero fue Thomas, cuando pidió mi mano ante mi padre y mi hermana, y luego fue Balthazar, con su enfermizo y trastornado sentido de la palabra. Pero ahora era tremendamente distinto cuando sus labios lo articularon.

¿Por qué se había ido y me había dejado con aquel nudo en mi pecho no sabiendo si lo que dijo eran solo palabras sin importancia de un hombre satisfecho?

"Te Amo"; esas eran palabras que yo jamás había aferrado con tanta fuerza a lo que en este momento tenía en lugar de alma.

¿De verdad él sentía que me amaba o solo era consecuencia de todo lo que había ocurrido y que después, cuando pensara con más claridad, se arrepentiría?

¿Esto era solo una mala jugada de mi destino por haber causado tanto dolor antes, o era una forma de reconciliación por tantos años de martirio?

Si es que había un Dios bondadoso en alguna parte mirándonos y cuidándonos, ¿se había apiadado de mi soledad y me había perdonado por mis pecados enviándome aquel perfecto regalo en forma de Ángel?

¿Por qué se había ido dejándome con la incertidumbre de sus palabras en mi conciencia que siente estar vacía por no hacerle caso, aunque no lo estuviera completamente en realidad?

Quise correr y detenerlo. Y gritarle que yo también lo amaba. Besarlo y decirle que haría cualquier cosa por él, solo porque estuviera a mi lado. Que dejaría cualquier cosa y rechazaría la oportunidad de volver a ser humana o lo que soy solo por una caricia suya. Que dejaría y destruiría todo mi pasado para ser feliz y que él me dirigiera aquella mirada y aquella sonrisa de las que no podía alejarme. Que moriría, renacería y volvería a morir solo por un abrazo suyo. Que iría al infierno y volvería sobre mis pasos solo por tocar sus labios…

Solo quería gritarle que yo también lo amaba. Pero mi cuerpo aun estaba inmóvil sobre la cama y ya no lo podía alcanzar. Si salía, solo encontraría mi muerte en la calidez y luz del sol. Mi cuerpo no podría soportarlo y yo ya no me quería separar de él. Quería pasar hasta mi último momento a su lado.

Pero nosotros éramos distintos…

¿Le importaba? ¿A él le importaba que fuera así?

Tomé el collar en mis manos, ahora mirándolo con otro matiz, y noté una pequeña irregularidad a través de mi sensible tacto al reverso de la piedra; en la placa que la sostenía. La miré identificando lo que era con la tenue luz de las velas y noté unas inscripciones en él.

10 de Julio, 2009

Katherine:

Solo por ser mi amor…

Solo porque tú eres mi amor...

Solo por ser mi amor... Solo porque tú eres mi amor…

¿Esto era real? ¿Me había dado el regalo más grande que jamás podría merecer, su amor?

Por el daño que hice y el sufrimiento que causé, ¿Dios me había perdonado? ¿Me había perdonado después de 100 años, cuando nunca creí que sucedería?

El daño que cause a los demás, no tienen nada que ver con Thomas y no se podrían remediar con él, pero entonces, ¿por qué había esa alegría que me decía que este era un nuevo comienzo, que mis propias deudas estaban saldadas? Como una revancha para hacer las cosas bien y entregarle a alguien lo que por tantos años había guardado. Y ese alguien era aquel Ángel hecho hombre.

Miré nuevamente el collar y las palabras resonaban como susurros traídos por el viento al imaginarme sus labios y su voz al decirlas.

Solo por ser mi amor… solo porque tú eres mi amor…

¿Este era mi perdón?

Tomé el collar abrochándolo por detrás de mi cuello y me levanté para comenzar a apagar las velas una a una. Y así se fueron extinguiendo hasta que solo quedó una en aquella habitación. Pero ésta, a diferencia de cualquier otra, jamás se extinguiría mientras Robert estuviera a mi lado, porque él era mi llama interna. La llama que jamás se extinguiría y la que daría la chispa para que yo pudiera volver a nacer de todos las cenizas en las que se había convertido por tanto tiempo, como un fénix, el cual se había negado a volver. Pero ya no más. Yo ya me había alzado por sobre lo que se habían convertido los restos de mi existencia.

Me en volví en las sábanas cubriendo mi cuerpo por un extraño pudor sin sentido con la emoción atacándome por dentro, en un interior que creía vacío. Pero luego solo me quedé dormida al amparo de sueños que no eran solo míos.

"Te Amo"

Eso era un sentimiento… Un sentimiento mutuo.

RPOV

A medida que iba bajando las escaleras, la confianza que creía jamás tener, y el nerviosismo que no quería conmigo me acompañaban en mi trayecto hasta la puerta de salida.

Había pasado la noche más maravillosa de mi vida y no podía quitarme el sabor de su cuerpo y de sus besos de mi mente. Lo más delicioso y lo más satisfactorio del mundo. Ella era un Ángel (aunque se considerara a sí misma como un demonio y no sé porque), que lanzaba fuego contra mí envolviéndome en la estela de su alma. Era un diosa, así como Afrodita, y yo estaba enamorada de ella.

Te Amo.

Dos simples palabras que lo dijeron todo. Pero debo reconocer que con el arranque de cobardía no pude decirle nada más. Tuve miedo de que lo que ella pudiera responder no fuera lo mismo. ¿Qué sucedería cuando la viera otra vez?

La besaría.

Pero ¿qué le diría?

La luz que entraba por la escalera y que por un momento me cegó por la diferencia de intensidad a la habitación de Katherine, logró adaptarse a mi visión, o bueno, al revés. Y entonces, cuando estaba abriendo la puerta hacia la calle para salir con las llaves que ella me había entregado, la manilla se estaba girando por el otro lado.

¡Cielos! No me podían ver. Si eso sucedía, se armaría un escándalo inmenso que involucraría a Katherine por mi culpa.

Mi mirada se dirigió escaleras arriba barajando la posibilidad de volver y encontrarme con la mirada de Katherine y sus palabras, las cuales no estaba seguro que quería escuchar en esos momentos.

Pero ya era tarde. La puerta se había abierto.

Una chica de cabello castaño, con unos grandes ojos marrones, estaba inmóvil en la puerta bloqueando la salida. Por su expresión me había reconocido.

—T-tú —comenzó a tartamudear apuntándome con su dedo índice y tomándose el pecho con la otra mano.

Creí que se desmayaría.

—No. Yo no —le dije frenando lo que diría y la hice a un lado para salir a toda prisa con un estúpido miedo de que me fuera a perseguir como las fans acostumbraban a hacer para mi pesar. Y digo "estúpido miedo", porque desde hace meses había estado viendo a un vampiro y a pesar de lo que incluso ella misma me advertía, yo no le tenía miedo.

La chica al parecer no me siguió, pero el apenas estar a la intemperie busqué las llaves de mi auto mientras veía a alguna gente pasear por la mañana en las veredas (de un día sábado, nótese) y el sol se empecinaba una vez más en encandilar mi visión.

Por fin las llaves aparecieron y la puerta cedió, acogiéndome en su interior, resguardándome de cualquier mirada curiosa que pudiera recibir.

¿Paranoia? No lo creo. Después de vivir lo que había vivido el último año…

Antes de marcharme, dirigí una última hacia la casona imaginándome que Katherine tal vez estaría en la ventana de su habitación del tercer piso despidiéndose, pero no podía ser así. El sol, tan necesario para mí, solo la destruiría si tocaba su hermosa piel, logrando que solo me apenara por ella y el dolor me embargara por completo apegándome a la realidad.

Me creaba historias de ambos paseando una tarde por el parque… Pero jamás sucedería, así que en lo único que pude pensar luego, fue en un "Te Amo" más que dijo mi mente, deseando que ella lo pudiera escuchar.

Conduje hasta el edificio de mi apartamento con solo un pensamiento en mi cabeza a pesar de que a medida que avanzaba, el letargo por el sueño y un pequeño malestar en mi cabeza se iba apoderando de mi mente.

Estacioné en el aparcamiento y luego entré al vestíbulo en donde Joe, el conserje, me dirigió una mirada de pies a cabeza sonriendo antes de saludarme. Y claro, su mirada era con algo de razón: Después de haberme visto marchar con Katherine la noche anterior, ahora me veía llegando a las nueve de la mañana con la camisa algo abierta y si no recuerdo mal, tal vez un moretón en mi cuello que se podía ver.

Lo saludé rápidamente y llegué hasta el ascensor que me protegió por algunos minutos. Pero para mi mala fortuna (no siempre, claro. Solo era cosa de recordar a Katherine) en él iba uno de los tipos que se había quedado mirando a mi pareja… Bueno, a Katherine, con torpeza (y con justa razón) así que antes de salir en el quinto piso, le dirigí una última mirada de suficiencia.

Infantil, me dije cuando llegué a mi apartamento.

Qué extraño se me hacía todo. Viendo mi apartamento completamente vacío, sin ninguna compañía. Lo que daría porque Katherine estuviera siempre conmigo. Incluso pondría el edificio entero en la oscuridad solo porque ella viviera conmigo.

Comí algo de la nevera antes de ir a dormir, porque bueno, podía vivir solo desde hace tiempo, pero no sabía cocinar y honestamente no tenía fuerzas para mantenerme despierto y poner algo en el microondas. Me tiré sobre la cama quitándome las zapatillas con descuido deseando fervientemente poder dormir entre los brazos de Katherine, pero como aquello era imposible en esos momentos, mis ojos se cerraron imaginando como sería aquello.

* * *

No sé cuantas horas habrán transcurrido, pero el sonido del teléfono celular me despertó de mi increíble sueño, y como no recordaba donde lo había puesto la noche anterior antes de salir a comer con Katherine… Katherine, solo recordar su nombre me hizo sonreír como idiota.

Ah si, claro. El teléfono seguía sonando, y como no sabía donde estaba, me levanté y fui hasta la sala de estar que era de donde venía el sonido, buscándolo. Pero llegué tarde. Ya no sonaba más.

Noté que el sol todavía estaba alto y golpeaba fuertemente contra las ventanas de la sala, y al mirar la hora descubrí que solo eran las dos de la tarde antes de encontrar mi teléfono sobre la mesa de centro.

Tenía cuatro llamadas sin contestar y todas desde hace dos horas. Una de Taylor, una de Kris y las dos últimas de mi madre que fueron las que me despertaron.

Que estaba solicitado…, comenté con humor en mi fuero interno, ya que jamás recibía tantas llamadas en solo dos horas.

Me disponía a llamar a mi madre cuando el teléfono comenzó a sonar de nuevo y era ella otra vez según el identificador de llamadas.

—¿Hola? —contesté.

—¡Robert, hijo! ¿Por qué no contestabas? —preguntó con la voz impregnada de exaltación y jamás se ponía de esa manera al hablarme por teléfono, así que algo sucedía.

—Estaba durmiendo, mamá. ¿Qué sucede? —pregunté con preocupación.

—Hijo: ¿Qué es lo que te hemos enseñado por tantos años? ¿Qué valores te hemos entregado tu padre y yo?

—Mamá, ¿qué sucede? —repetí interrumpiéndola.

Para que ella hablara así, no era por cualquier cosa… Bueno, si. Pero este no parecía ser el caso.

—¿Cuándo pensabas decirme que tenías una novia?

¿?

—¿De dónde sacaste eso? —le pregunté sin saber a lo que se refería, porque yo aún no le pedía a Katherine que lo fuera. Pero, ¿por qué comentaba algo así? O ¿cómo ella sabía sobre Katherine?

—¡La prensa! —exclamó—. ¡Increíble que me haya tenido que enterar por la prensa antes de que mi propio hijo me lo dijera! ¿Cuándo pensabas presentármela?

—Mamá, no sé a qué te refieres… —comencé a decir, pero ella me interrumpió.

—¡Anoche! Saliste anoche con una joven y le obsequiaste una joya. ¡Es tu novia!

Anoche, sí. Obsequio, sí. Novia, todavía no. Conclusión: ¿Cómo se había enterado ella?

—¿La prensa? —pregunté riendo. Aquello era imposible.

—Si. La prensa —afirmó—. Esta tarde mi hijo salió en todos los canales por unas fotografías tomadas a él y su acompañante en un restaurante de la ciudad —habló como si lo recitara y ella no fuera ella, si no que fuera un periodista, y yo no fuera yo, sino que fuera el entrevistado. Pero lo más importante: ¿Qué hacía la prensa allí anoche?

Escogí el restaurante porque me parecía íntimo y privado. ¿Cómo demonios había sucedido aquello?

Pensaba en Katherine y el problema que le había traído por mi estupidez en pretender que era como cualquier otro hombre que podía pasar desapercibido. Como extrañaba el anonimato y la inadvertencia por el resto hacía mí.

¡Extraño mi vida y lo que hacía antes!, comencé a gritar en mi fuero interno. Incluso sentí la necesidad de mandar toda la carrera que había formado a la mierda y así poder ser feliz y vivir mi vida tranquila con la persona que había encontrado, con la persona que amaba más que a nada en el mundo. Comenzar a vivir mi vida normal, aunque para eso tuviera que volver a lo que hacía… o no hacía antes. ¡Yo solo quería vivir tranquilo!

—¿Acaso no dirás nada? —preguntó mi madre interrumpiendo mis cavilaciones.

—No, mamá. Ella aún no es mi novia, pero cuando lo sea lo vas a saber y te la voy a presentar —contesté algo ausente de la conversación sin tomar realmente en cuenta el peso de mis propias palabras. Que yo sintiera lo que sintiera, no significaba que fuera igual de su parte—. Bueno, tengo que colgar, mamá. Te llamó en otro momento.

—Pero, Robert… —comenzó a decir, pero yo la frené.

—Es en serio, mamá. En otro momento te llamo. Te quiero. Adiós —me despedí colgando el teléfono dejándolo nuevamente sobre la mesa.

Fui directamente hasta el televisor y lo encendí pasando por todos los canales, pero sin encontrar nada, por fortuna. Tal vez mi madre había exagerado…

No quería pensar en todos los problemas que le traería a Katherine si sabían quien era… o qué era.

Dejé el televisor encendido y fui hasta el baño para darme una ducha y despejar mi mente del problema y del dolor de cabeza que comenzaba a sentir en esos momentos.

No fue mucho el tiempo que duré bajo el agua por una extraña especie de ansiedad por lo que podía suceder, pero antes de salir de allí, noté la marca de la mordida en mi cuello en el reflejo del espejo y se veía realmente notoria ante mi recuerdo. Había bajado su intensidad, pero seguía siendo más visible que la marca de la vez anterior.

Fui hasta el televisor y pasé los canales nuevamente, pero de nuevo no vi nada, así que me puse a preparar la comida (para microondas) y me senté a comer en el sillón.

Eran las cinco cuando noté que comenzaba un programa y los enunciados hablaban de mí… ¡Maldición!

Puse atención, y no pasaron ni veinte minutos cuando yo salí al baile.

Robert Pattinson, el soltero más codiciado del mundo entero ¿Tiene novia? —comenzó relatando la conductora—. Al parecer a nuestro vampiro sexy número uno le han dado ganas de buscar a una chica en la cual clavar sus colmillos.

Después de todos los rumores que vinculaban al actor con su pareja de elenco, Kristen Stewart, en un posible romance, y después de que ninguno de los dos lo aceptara ni lo desmintiera públicamente, Rob no ha perdido su tiempo y no ha estado solo. Al apenas llegar hace tres día de Italia, en donde terminaron las grabaciones de la segunda entrega de las secuelas de "Crepúsculo" (el film que lo llevó a la fama absoluta, por cierto); "Luna Nueva", la noche de ayer se le vio cenando con una bella chica completamente desconocida —en ese momento comenzaron a aparecer fotografías de Katherine y yo sentados en el restaurante.

No lo podía creer… ¡Que acaso no podía tener privacidad!

Así es. Completamente desconocida. Las fotos tomadas por un paparazzi la noche de ayer muestran el momento en que nuestro actor está con su acompañante en la mesa de un importante restaurante de la ciudad. A medida que avanzan las fotografías, podemos ver a Rob con una pequeña caja en su mano de la cual extrae un collar de características desconocidas que luego puso en su cuello… ¡besando su hombro! —relató la conductora del programa como su fuera un partido de futbol, pero efectivamente; allí estaban las fotos de lo que había ocurrido—. Y no es un montaje, chicas. Así que si esto no es un noviazgo, entonces díganme qué es, porque en lo personal, pienso que nuestro vampiro al fin encontró el amor en aquella desconocida. Pero si es así, entonces, ¿qué sucederá con nuestra dupla "Robsten"?

Después de la cena, a esta pareja se le vio abandonar el recinto abrazados abordando el vehículo de éste hacia un lugar desconocido —y sí. También había fotografías de ello.

Katherine dijo anoche que tenía un extraño presentimiento y que no era bueno que saliéramos… ¿Se refería a eso?

¿Qué opinan, televidentes en sus hogares? —continuó—. No sé de ustedes, pero como ya lo dije antes, definitivamente no son amigos.

Nuestros periodistas salieron a las calles hace algunas horas a preguntar a las fans de Robert, ¿qué piensan acerca de la noticia? —y eso fue lo último que escuché antes de oír y ver en falso ninguna cosa.

Había un montón de fotos de Katherine… ¿Qué pasaría si alguien se enterara de lo que era? ¿Qué le sucedería? Y todo sería por mi culpa por exponerla de esa manera.

¿Pero cómo no me había dado cuenta de que algo no estaba bien anoche? Claro. Yo solo tenía ojos para ella, pero incluso así no era justificable el no haber advertido que algo andaba mal cuando ella habló sobre su presentimiento…

Pasaron largos minutos en que seguía viendo nada e imaginándome lo que sucedería si alguien llegara a averiguar sobre Katherine hasta que otras palabras provenientes de la pantalla llamaron mi atención.

Nuestra fuente nos ha traído nuevas fotografías sobre el actor Robert Pattinson —(que no soy actor…) y su cita. Pero qué tienen de nuevo estás fotografías, se preguntarán ustedes. Y es que estas fotos no son de ayer en la noche. ¡Son de hoy en la mañana! —¡Qué!—. A nuestro joven actor se le vio llegando al edificio en donde vive, a las 9 de la mañana de hoy hora local. Y si se fijan en estas dos fotografías —dijo mientras aparecían dos fotos mías en comparación. Una de anoche y otra de hoy en la mañana—, podemos ver a Rob con la misma ropa de anoche, así que, chicas; ¡Encuentren las diferencias! —anunció con un chillido sobreactuado, pero… ¡Qué demonios!—. Para las que no se han dado cuenta aún, en la segunda fotografía podemos ver su camisa algo abierta, y al acercar la imagen —efectivamente eso ocurrió—, vemos que faltan algunos botones de la parte de arriba. ¿Acaso a nuestra misteriosa chica le gustan los juegos bruscos? —Oh, por Dios. No se les había escapado nada…, bueno, si—. Y para aquellas que creyeron que era todo, fíjense en el moretón de nuestro actor en el cuello de su lado izquierdo. Eso definitivamente no fue un mosquito —si. No se les había escapado nada.

Dejé de escuchar y apagué el televisor sintiéndome horrible y me repetía una y otra vez, qué sucedería si alguien se llegase a enterar sobre lo que Katherine era.

¡Maldición! Fui un completo desconsiderado en no pensar en su seguridad antes de invitarla a alguna parte. Si no le hubiese pedido que saliéramos, nada de esto estaría ocurriendo…, y bueno, lo de después tampoco. Pero mucho más importante que eso era su propia seguridad.

Tal vez tendría que ir hasta la casona en donde vivía y hablar con ella. Contarle lo que sucedía, porque tenía que saberlo, y además debía pedirle disculpas por el problema en que la había metido dejándola a merced de los cuervos que perseguían a alguien solo porque tenía un poco de fama.

Y en eso estaba, barajando las posibilidades de lo que podía hacer en esos momentos cuando el teléfono comenzó a sonar de nuevo y era mi madre. Otra vez.

—Hola —contesté sin ánimos.

—¿Viste la televisión? ¿Son ciertas esas fotografías de hoy en la mañana? —preguntó de inmediato a modo de acusación sin siquiera saludarme.

—Lo son, mamá —respondí sin querer aceptarlo aún.

—¡Pero tú me dijiste que no era tu novia! ¿Qué significa esto, entonces? ¿Que te vas a moteles con cualquier muchacha que te parece atractiva y que se te cruza por delante?

—¡No hables así de Katherine! Ella no es solo una muchacha atractiva, y si no es mi novia aún, es porque todavía no se lo he pedido, pero lo haré —largué todo de golpe—. Y tampoco nos fuimos a un motel —agregué algo enfadado, porque en realidad yo ni siquiera pensaba en eso cuando fui hasta su casa.

—Hijo —su voz se suavizó de golpe—, ¿tomaste precauciones?

—¡Mamá, por favor! —me quejé—. Ya dejé de ser un niño y no creo que tú debieras preocuparte por eso —le dije y recordé que efectivamente no lo había hecho.

Pero eso fue porque simplemente no podía pensar en otra cosa que no fuera su cuerpo, y sus caricias, y sus besos, y su…

—¿Robert, estás ahí todavía? —escuché de pronto.

—Eh… Si. Aquí estoy. ¿Qué me decías?

—Que está bien que ya seas un hombre, pero yo soy tu madre y me preocupo por ti.

—Gracias —le dije honestamente.

—Bueno. Solo espero que hagas las cosas bien. Descansa hijo. Adiós.

—Adiós, mamá. Te quiero —volví a despedirme de la misma forma que hace un par de horas.

—Yo también te quiero.

Colgó.

Suspiré sonoramente haciendo eco en el apartamento no queriendo pensar en nada malo, pero era simplemente imposible tomando en cuenta todo lo que quizás se me podría venir encima, y aún más importante, el problema que quizás podría recaer en Katherine.

Y bien, pensé suspirando con molestia nuevamente, ahora a pensar con mente fría.

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Um… Esto se está poniendo color de hormiga...

Gracias por esperar, chicas. Lamento la tardanza, pero espero que les haya gustado.

Próximo capítulo: Miedos

gracias: majo, bella