siento la tardanza, pero tenía problemas con la página, pero en fin, un nuevo capítulo ha llegado…
Capítulo 9: MIEDOS
KPOV
—Señorita, ¿en qué la puedo atender? —escuché que decía una mujer joven de cabello rubio que hacía bastante rato me miraba con intenciones de algo.
Ella sentía curiosidad, pero solo me ofreció su ayuda en su papel de vendedora mientras que yo buscaba entre la ropa de la tienda en el centro comercial de la ciudad.
Ese día… Bueno, esa noche, después de levantarme, salí por mi ventana tras haber decidido que iría a comprar un teléfono celular y así llamar a Robert para avisarle cada vez que fuera a visitarlo como me lo había pedido, y siendo sincera, era la primera vez en mi existencia que tomaba un artículo de ese tipo, porque ¿a quién llamaría yo? Pero en fin, ahora lo haría y sería por Robert.
Había decidido ir hasta él y confesarle todo lo que sentía y lo que haría por él. Y bueno, el resto solo sería como Dios quisiera. Si me había perdonado, ahora yo solo me entregaría a su única voluntad.
Después de adquirir el teléfono y mientras solo podía pensar en Robert y sus besos, y sus caricias, y sus palabras antes de irse en la mañana, decidí que le daría un obsequio ya estando en el centro comercial. Después de todo, había arruinado su camisa, recordé con una sonrisa en el rostro. Y en eso estaba, escogiendo la prenda que fuera adecuada y a la altura de él cuando la mujer me habló, pudiendo sentir a través de ella que había algo más bajo la amabilidad de vendedora. Y era… curiosidad. Si, curiosidad, si la sangre de Robert en mi cuerpo no me fallaba. E impresión… también.
Y luego de mirarme por tanto tiempo, solo había preguntado en qué me podía ayudar. Pero no había sido la única que se veía de igual manera. La joven que me vendió el teléfono se veía igual que ésta.
Tal vez era solo porque no podía pasar desapercibida en aquel lugar si necesariamente tenía que hablarles.
—Si —le respondí a la mujer—. Deseo llevar esto.
Pagué la camisa y sentí como una extraña ola de diversión corrió por ella, pero no le veía lo gracioso, así que le dirigí una mirada que acalló de inmediato cualquier sonrisa.
Me entregó una bolsa de papel color marrón con el obsequio dentro y me fui de la tienda sintiendo la mirada de la mujer en mi espalda, a la cual se agregó la de otra mujer no mayor que yo (bueno, a la edad que representaba en realidad) que pasaba por allí. En resultado, logrando sentirme realmente incómoda al pasar.
Al estar fuera del gran centro comercial y al amparo de un pino en la oscuridad, lejos de cualquier mirada extraña mientras fumaba un cigarrillo, saqué el aparato marcando los números que había memorizado hace algunos días antes de que todo lo bueno en mi existencia pasara.
No. No lo bueno: Lo increíblemente mejor que me había sucedido. Si hasta me sentía como una adolescente nuevamente. Sonriendo con cualquier cosa que veía.
El teléfono sonó, pero nadie contestó.
Otra vez.
Nada.
A mi tercer intento, una voz conocida contestó, pero se escuchaba molesto.
—¿Hola? —dijo de golpe.
—Hola, ¿llamo en mal momento? —pregunté temiendo que así fuera, pero de inmediato cambió su tono al reconocerme.
—¡Katherine! —exclamó notoriamente sorprendido, aunque no lo pudiera ver.
—Si, soy yo —respondí—. Llamaba para saber si estarías disponible unos minutos —dije con la voz bastante firme sin siquiera un dejo del nerviosismo que sentía por dentro.
—¿Disponible? Oh, si. Claro —respondió y de nuevo el tono de su voz cambió tornándose esta vez más serio—. De hecho, necesitaba hablar contigo. Es algo importante.
No sonaba bien. ¿Le habrá sucedido algo? Porque definitivamente eso no sonaba bien.
Tal vez estaría arrepentido de todo lo que había sucedido y de lo que había dicho. Y si eso era así…
¡Dios, ¿qué más podría haber esperado?!
—De acuerdo. En media hora estoy allá —contesté y luego ambos colgamos.
Media hora era demasiado tiempo para lo que en realidad me demoraría, pero sentí la necesidad de hacerme a la idea de lo que sucedería. Y aquello no mejoró para nada en el instante en que un hombre pasó, no lejos de donde yo estaba, con su hijo de siete años de la mano. ¿Y cómo sabía su edad? Porque pude escucharlos y ese mismo día era su cumpleaños… En resumen, yo no era como él y jamás podría darle un hijo o cualquier otra cosa que una mortal si haría. Una mortal como… su compañera de trabajo, o cualquier otra mujer que lo rodeara.
Pasaron unos minutos más en los que tocaba una y otra vez el collar que me había dado y que me había puesto antes de salir sintiendo el relieve de sus palabras en la lámina de metal, y entonces decidí que ya era hora de partir. Guardé el teléfono en el bolsillo de mi abrigo, el cual no había soltado de mi mano desde que colgó, tomé la bolsa de papel marrón con el obsequio para él y corrí. Corrí entre las sombras hasta que llegué hasta su apartamento.
Cuando llegué allí, había un tipo algo sospechoso con una cámara en sus manos, así que esperé a que estuviera descuidado y subí al quinto piso en donde encontré a Robert sentado en el enorme sillón con la mirada fija en la pantalla del televisor… apagada.
Había algo que definitivamente no andaba bien.
—¿Robert? —hablé desde el balcón reclamando su atención y de inmediato dio un salto en su lugar, lo que me demostraba que había interrumpido la corriente de sus pensamientos de gran manera.
Su rostro y su mirada estaban amenazándome con caer a sus pies y confesarle lo que había estado planeando decir, pero su expresión, a pesar de dibujársele una sonrisa en el rostro al verme, me decía que tal vez él no lo querría escucharlo. Es más, sentía que él necesitaba decir algo y no sería nada bueno para mí.
—Katherine —dijo poniéndose de pie algo nervioso—. Que bueno que estas aquí, necesitaba hablar contigo. Incluso estaba pensando en ir a la casona, pero en eso me llamaste y…
—¿Qué sucede? —lo interrumpí temerosa de lo que en realidad diría. Porque bueno, ¿qué más podría haber esperado? El sueño se terminaría y tendría que despertar de la fantasía.
—Siéntate —me pidió indicándome el diván de cuero negro que acostumbraba siempre a utilizar mientras él se volvía a sentar en el otro sillón.
Hice lo que me pidió y dejé la bolsa de papel a un lado mirándolo a los ojos, ya preparada para sus palabras.
—Habla —dije sintiendo la frustración fluir a través de él.
—¿Viste la televisión hoy? —inquirió después de un profundo suspiro.
—¿La televisión? —repetí confundida.
¿Qué tenía que ver la televisión con lo que él me diría?
—Si, la televisión. ¿La viste? —insistió, pero por más que me concentraba en descubrir si había algo más debajo de lo que decía, no encontraba nada, entonces; ¿Él solo me quería hablar de la televisión?
—No. No la vi —respondí aún confusa, porque después de levantarme esa tarde, lo primero que hice fue darme una ducha y salir al centro comercial, y en realidad, de lo último que me preocupé fue de lo que podrían dar en la televisión.
Noté que Robert se enderezaba en el sillón y se aclaraba la garganta para continuar, pero en vez de seguir hablando como pensé que lo haría, tomó el control remoto del televisor y lo encendió. Comenzó a pasar los canales uno a uno hasta que se detuvo en un programa que acababa de empezar… Y ahora si que no entendía nada. ¿Quería que viéramos televisión?
Lo miré alzando una ceja, pero él solo me dijo que esperara y apuntó a la pantalla.
Miré como pasaban imágenes de algunos actores y sus respectivas noticias, pero no le encontraba la importancia a todo aquello hasta que su foto y las palabras de la conductora llamaron mi atención.
(…) Y continuando con el seguimiento a la noticia del día de hoy sobre el actor Robert Pattinson y las fotos de su cita durante la noche de ayer, aún no hay comentarios por parte de él, pero siguen apareciendo testigos que aseguran haberlos visto cenando en dicho restaurante. Además del sin fin de comentarios de las fans de Rob en los diversos foros de la red… —y eso fue todo lo que quise escuchar.
Mi mirada se dirigió de inmediato a él, que a su vez, no apartaba la suya de mí.
Así que de eso se trataba todo…
—Lamento haberte causado tal problema —le dije sintiéndome realmente apenada porque por mi culpa ahora tendría a la prensa sobre él.
—¡Qué! —exclamó abriendo sus ojos de par en par pasando una mano algo nervioso por su cabello—. Tú no tienes por qué hacerlo. No tienes la culpa de lo ocurrió, pero eso no es lo importante ahora —soltó, pero entonces, ¿qué era?—. Katherine, hay fotos tuyas por montón en varios canales e internet por mi culpa. No debí haberte llevado a un lugar tan público. Lo siento mucho —terminó notando cuan apenado se sentía por eso.
Ya lo entendía… Se estaba preocupando por mí…
—No te alarmes… —comencé a decir, pero él de inmediato me interrumpió.
—Pero, ¿y si alguien descubre quién eres? ¿Qué te podrían llegar a hacer si se sabe?
Había espanto en sus ojos y no era por él; era por mí… Él sí me quería.
—En serio, no te preocupes —insistí tratando de calmarlo—. Cuando quiero, puedo pasar desapercibida para cualquier mortal, además, no es la primera vez que algo similar me sucede, pero siempre he podido mantener el anonimato —comencé a contarle con total normalidad recordando la vez en que tuve el problema cuando tocaba el violín en algunos salones de Boston en los años 40—. Hace años unas personas descubrieron que algo anormal ocurría conmigo, pero solo quedó allí. Mantuve mi secreto y…
De pronto me detuve en seco recordando que no solo habían estado a punto de descubrirme cuando tocaba mi música para el público, si no que también había conseguido que después de tantos años de haber escapado de Balthazar, él había podido encontrarme. Y ahora se supone que había fotografías mías en la televisión y en internet indicando donde y con quien estaba…
Dios mío.
Balthazar…
RPOV
—En serio, no te preocupes —comenzó a decir despreocupadamente a lo que yo le estaba diciendo—. Cuando quiero, puedo pasar desapercibida para cualquier mortal, además, no es la primera vez que algo similar me sucede, pero siempre he podido mantener el anonimato. Hace años unas personas descubrieron que algo anormal ocurría conmigo, pero solo quedó allí. Mantuve mi secreto y…
Después de haber expuesto mi punto de vista de los problemas que podría ocasionarle a Katherine por culpa de los medios, ella no le tomó importancia y comenzó a hablar, pero de pronto detuvo sus palabras de golpe y su mirada se tiñó de pánico estando fija en la mesa de centro, pero yo estaba seguro que en realidad no la veía. Era como si fuera otra cosa la que estuviera viendo. Y no era nada bueno.
—¿Katherine? —le hablé reclamando su atención, pero esa como si todo el exterior se hubiese detenido para ella y solo hubiera miedo a su alrededor.
Me levanté del sillón y me senté en la mesa de centro frente a ella tomando sus frías y pequeñas manos entre las mías, acariciándolas y sintiendo a la vez, el metal del anillo con el escudo que le había obsequiado su padre, y solo en ese momento pareció verme de nuevo.
Noté que llevaba el collar que le regalé anoche, viéndose en perfecta armonía posicionada con el arco que dejaba su escote y la blusa blanca que llevaba algo abierta, en contraste a la pálida piel de su pecho.
Me pregunté si se había dado cuenta de las inscripciones al reverso de la piedra, pero si así no era, estaba seguro que me había escuchado esa mañana antes de marcharme. Cómo había esperado que cuando la viera de nuevo, todo sería distinto de como lo era ahora. Que todo estaría bien entre nosotros y podría abrazarla. Pero de hecho, ya no fue así.
El pánico que la embargaba solo me hacía sentir peor por lo que había provocado, queriendo partirle la cara al paparazzi culpable de la segunda parte del problema.
—Katherine, ¿qué sucede? —inquirí, aunque era estúpido hacerlo porque era más que obvia la razón.
Pero al principio no le había tomado importancia, como si en realidad no hubiera problema en lo que había sucedido. Y de pronto su ánimo cayó 20.000 pies…
Su mirada se encontró con la mía y el sentimiento que le impedía hablar empañó de momento el brillo que había notado la noche anterior en sus ojos azules y que aún no se iba.
Sentí que al fin me iba a responder, pero otras palabras provenientes del televisor llamaron la atención de ambos.
(…) Según nuestra fuente; nos han informado que la misteriosa chica que acompañaba al guapetón actor, Robert Pattinson, la noche de ayer, fue vista esta vez hace unos momentos en el centro comercial de la ciudad. Pero lamentablemente, no iba acompañada del galán que todas esperamos…
¿La habían visto? ¡Demonios!
Si la comenzaban a reconocer en la calle, tal vez la seguirían y le traerían problemas a pesar de que me dijo que si quería podía pasar desapercibida… Comenzarían a averiguar sobre su vida para ponerla en el tapete de la prensa. Y si llegaban a descubrir la verdad…
Pero…
—¿En el centro comercial? —pregunté algo confundido y sus manos se soltaron de mi agarre y tomaron una bolsa de papel de color marrón que estaba a su lado, pero que no había notado hasta ahora.
—Fui por esto —respondió con la voz hecha un susurro y me entregó la bolsa—. Es para ti.
La tomé en mis manos abriéndola en el acto y saqué de su interior una camisa oscura de tela ligera y suave, bastante bonita y de mi talla. Hubiera sonreído recordando lo que había sucedido la noche anterior, pero la tensión del momento me lo impedía con fuerzas superiores a las que yo tenía.
—Gracias —dije finalmente volviendo a tomar sus manos entre las mías buscando su mirada, la que ahora, parecía en mar azul tormentoso en vez de aquel tranquilo que me gustaba tanto.
Estaba en silencio. Un inquietante y angustioso silencio que solo me hacía querer abrazarla y decirle que todo iba a estar bien. Pero había una muralla invisible entre ella y yo, incluso más densa de la que había estado rompiendo últimamente, y tampoco sabía si en realidad todo estaría bien. No sabía como poder protegerla de lo que había causado.
—Katherine. Lo siento —comencé a disculparme, aunque sabía que nada sería suficiente en comparación al daño que había producido—. Lamento haberte metido en todo esto…
—No te preocupes —me interrumpió poniéndose de pie—. Estaré bien, pero creo que será mejor que me marche.
—¿Tan pronto?, ¡pero si acabas de llegar! —solté poniéndome de pie con ella.
—Debo irme y tú debes descansar —dijo aún con su expresión seria, y su mirada se dirigió de inmediato a mi cuello—. ¿Cómo te sientes?
Era increíble que a pesar de lo que había ocasionado en su tranquila vida, todavía se preocupaba por mí.
—Estoy bien —contesté—. Pero la que me preocupa eres tú. ¿Estarás bien?
—Lo estaré —respondió, pero su mirada en ningún momento se quiso encontrar con la mía que la buscaba.
¿Por qué sentía que no estaba siendo completamente sincera?
Era tanta la frustración que sentía y el miedo que me envolvía al no saber si cuando se fuera regresaría a mí por esa mirada de temor, que en un impulso repentino la encerré con fuerza con mis brazos aspirando el dulce aroma de su cabello y de su piel, no queriendo soltarla jamás.
—Si hay algo que pueda hacer para remediar el daño, solo dímelo. Por favor —le pedí aferrándola aún más contra mí, pero a pesar de que sus manos me respondieron, ella estaba tensa.
—No te preocupes. Es algo sin importancia —dijo alejándose de mí hasta llegar a la ventana, para lo que yo sabía, sería su pie para salir del apartamento. Y ni siquiera ahora, a momentos de marcharse, sus ojos se quisieron encontrar con los míos.
—Todo estará bien —le dije buscando valor y deseando que realmente así fuera.
Me acerqué tomando su suave y pálido rostro en mis manos para buscar sus labios, y aunque me respondió sintiendo que era sutil y suavemente mutuo aquel beso, al abrir mis ojos me encontré con los suyos de color azul inundados por el miedo.
¡Cielos! ¡Qué había hecho!
—Eso espero —respondió volteándose hacia el balcón.
—Katherine, espera —le dije antes de que se fuera. Realmente necesitaba decirle cuanto la amaba—. Yo…
—Por cierto —me interrumpió dirigiendo una detenida y extensa mirada hacia la calle y no a mí—, hay un fotógrafo escondido en la entrada.
—¿Un fotógrafo? —pregunté confundido.
¿Habrá sido el mismo que tomó las fotografías en la mañana? Y entonces recordé algo.
—Ayer cuando dijiste que tenías un mal presentimiento, ¿te referías a "esto"?
—Lo más probable —me respondió no muy convencida—. Así que ten cuidado al salir —terminó dirigiendo una última mirada hacia la calle antes de saltar hacia ella.
Y se había ido sin poder decir que la amaba de nuevo y sin saber si volvería. Así como temía que ocurriese antes.
¿Pero a ella que le podría importar eso, cuando lo único que si debía hacerlo era su propia seguridad por el embrollo en el que la había involucrado?
—Te Amo —dije suspirando después de unos minutos, pero ella jamás lo iba a escuchar esa noche—. Te amo.
* * * * * * * * * * *
Cual es el negro más intenso que existe?????
Porque algo así se está volviendo…
jajaja
Próximo capítulo: Balthazar
gracias majo por tus reviews
muchas gracias!!!!!!!!!!!
