Bueno, chicas. debo decir que por un descuido mio... este, bueno, crei que había subido este capitulo hace muuuuuuuuuucho tiempo, pero no. jeje

por eso tanta tardanza.

pero bueno, son cosas que pasan

y aquí va otro capítulo que cuenta un poco los problemas que conllevan el objeto del miedo para Katherine.

No esta tan cortito como el anterior, pero cualquier cosa me dicen y vemos que hacemos…

ah, y gracias chicas, por los reviews, ojala que sean muchos más!!!!

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Capítulo 10: BALTHAZAR

KPOV

No quería creer lo que sucedería si Balthazar me volvía a encontrar, y lo que es aún peor; lo que le podría hacer a Robert por haberlo involucrado conmigo.

Él no tenía la culpa de lo que había ocasionado por lograr ser libre y tampoco lo que había conseguido arrastrar conmigo por el mismo motivo en cada paso temeroso que diera al avanzar, entre cada sombra extraña, y entre cada ruido que no conocía. Pero ahora lo había involucrado dentro del círculo más peligroso que pudiera existir para él. Un círculo teñido de muerte y demencia.

Si Balthazar me reconocía en dichas fotos, solo sería cuestión de tiempo para que apareciera y me llevara con él arrasando con todo lo que me rodeaba. Así como lo hizo al convertirme en lo que era; cuando comenzó toda mi condena, y también como lo hizo hace 60 años, cuando me encontró nuevamente antes de volver a escapar de él.

Salté del quinto piso desde el apartamento de Robert hacia la calle esquivando al fotógrafo que se asentó en la entrada, mientras que miraba todo a mi alrededor por si acaso veía algo que no debía estar, aparte del fotógrafo, claro. Una sombra o lo que sea. Y una leve ráfaga de alivio momentáneo me invadió al no descubrir nada. Lo que significaba que si Balthazar aún no sabía que era yo la de las fotos que no había visto, pero que él sí, no me había seguido y no sabía en realidad el paradero de Robert ni lo que él significaba para mí.

Balthazar era realmente un hombre trastornado y desquiciado, con una enfermiza concepción de posesión y compañía. Y lo que era aún más alarmante, su mismo desequilibrio lo hacía el ser más peligroso y letal que había conocido jamás.

Con tan solo recordar lo que había tenido que ver y vivir a manos de él, hacía que mi cuerpo se estremeciera por completo sintiendo el miedo a flor de piel. No quería que me encontrara. No quería separarme de Robert, y aún más importante, no quería que le sucediera algo malo a él por mi culpa. Estar cerca de él lo ponía en absoluto peligro, pero ya no solo por el que le podía hacer yo directamente…

Corría a toda la velocidad que podía alcanzar, mientras no dejaba de estar atenta a cualquier ruido o movimiento que me pareciera extraño. Pasaba desapercibida a los ojos mortales, pero no así como sucedería ante los ojos de un igual, lo que significaba que por más cautelosa que pudiera ser con mi débil fuerza, podría ser vista por algo más poderoso.

Si comenzaba a alimentarme normalmente (de sangre humana, como los demás vampiros), hace tiempo que hubiera podido estar un poco más tranquila al tener mis sentidos más desarrollados, sin miedos de que Balthazar me encontrara en cualquier lugar al que yo iba. Podría haberme desecho de todo el pánico con el que convivía. Porque eso era; solo pánico lo que sentía tras mis pasos cada vez que llegaba a una nueva ciudad temiendo que me encontrara. Pero como no supe nada de él en muchísimos años, incluso tenía la esperanza de que estuviera muerto…

Aún así podía haberme alimentado de un humano y ser más fuerte y confiada en mi protección, pero el hecho de tomar algo de alguien contra su voluntad, ya me había dado una buena lección y castigo que me pesaba además de Balthazar. Asimismo, antes yo no sabía si todavía era capaz de detenerme al beber la sangre de un humano, después de todo, había pasado mucho tiempo desde aquello.

No quería ser un monstruo, aunque en el fondo yo sabía lo que era por todo lo que estaba haciendo por mi egoísmo. Yo maté antes, aunque le había mentido a Robert cuando me lo preguntó, pero nunca maté bebiendo. Aun así, ese hecho se hacía peor al haber visto a Balthazar hacerlo aún más veces de las que podía contar, y todo sin haber podido hacer nunca nada por evitarlo.

Él era un sádico. No bebía por necesidad, bebía por placer, y solo tomaba un poco del líquido y dejaba que las personas se desangraran hasta morir. Bueno, a excepción de mí porque me quería, pero aún así disfrutó el dolor que me estaba causando y también todo lo que me hizo después.

Aunque hubiera preferido morir esa noche a enfrentarme a todo lo que causé con posterioridad hasta ahora…

Corrí hasta que llegué al bosque al que acostumbraba a acudir cuando no soportaba más los sentimientos que no podía conllevar conmigo misma, como el pánico de ahora, porque Balthazar me encontrara y le hiciera daño a Robert.

Encendí un cigarrillo estando sentando en la cima de un gran ciprés mientras que abría todos mis sentidos hacia mi alrededor bajo la estrellada noche de Julio.

Hubiese sido perfecto ese cielo si no me hubiese recordado tanto a la primera noche que abrí mis ojos como lo que ahora era; un monstruo.

Después de que Balthazar me dio la noticia, y no solo de que había firmado aquel horrible contrato involuntariamente, si no que además me había apartado de mi familia, tuve que aceptar sí o sí por fuerzas mayores a mí lo que sucedía, y fue cuando salimos del granero dejando el denso olor a heno hacia el exterior, viendo por primera vez con tanta intensidad y claridad las estrellas que cubrían el manto negro.

Así como ahora, esa era una noche hermosa, pero pronto el negro se tiñó de rojo.

Sentía hambre, como ninguna otra vez antes. Pero este era un tipo de hambre distinta que se intensificaba cuando ráfagas de viento traían un aroma extraño y deseable a través de los árboles del bosque que nos rodeaba, con un distinto matiz, los cuales hacían que se me hiciera agua la boca.

Para mi angustia, Balthazar me explicó lo que sucedía, y su sangre, a pesar de ser a él a quien yo más odiaba, fue la primera sangre que probaron mis labios... Y me gustó.

Él se cortó el cuello con una pequeña daga que había en su mano y se acercó a mí ordenándome lo que tenía que hacer.

Yo no quería. Juro por Dios que no quería, pero ese olor exquisito golpeó mis sentidos con más intensidad y deseo de lo que había sido capaz de soportar, mucho más de lo que habían sido los aromas que traía el viento consigo y no me pude contener. Inconscientemente mis labios se fueron directo a su cuello, a la fina línea roja que goteaba un espeso líquido rojo, saboreando aquel manjar de mi perdición y haciéndolo bajar por mi garganta.

Bebe, bonita. Bebe —me decía mientras que sus brazos me tomaron por la cintura apegándome a su cuerpo.

Por la rabia que sentía al no poder detener ese deseo inexplicable por el ser que odiaba, mi boca reaccionó mordiéndolo, soltando a la vez un gruñido desconocido para mí que solo hizo que él gimiera de placer, logrando que la situación se tornara aún peor.

Sus manos se dirigieron a mi vestido desgarrándolo en el acto, pero yo no reaccionaba. Seguía bebiendo hasta que él me apartó, logrando ver la sonrisa de triunfo que se dibujó en sus labios y el refulgir de deseo en sus ojos.

Ves que no es tan terrible, bonita —dijo antes de que sus colmillos se clavaron en mi cuello como lo había hecho antes. Y ahora si que no hubo vuelta atrás para lo que estaba ocurriendo.

Mordió mi cuello. Y mis muñecas. Y mis pechos, entre besos desenfrenados que no era capaz de parar. Era como si una fuerza superior a mí me estuviera controlando y yo no podía luchar contra ella. No lo entendía. Si lo estaba odiando y aborreciendo tanto, ¿por qué no me detenía?

Esa noche dejé de ser virgen. Al amparo de esa estela de estrellas y rodeada de bosque, dejé de serlo a manos, y bajo el objeto de mi odio más profundo.

Me sentía sucia. Me aborrecía por dejar que todo sucediera y también por traicionar a Thomas, el hombre que yo quería, a una semana de desposarme con él. Esto iba totalmente en contra de todo lo que me habían enseñado y en contra de todo valor moral y principio que creía tener, ganando solo un nuevo objeto de aversión: Yo misma.

Pero eso no terminó allí.

La noche siguiente, al abrir mis ojos, vi de nuevo a Balthazar con esa estúpida sonrisa dirigida hacia mí.

Buenos días… —comenzó a decir, pero se detuvo poniendo una mano sobre su abrigo oscuro a la altura de su pecho con fingido pesar—. Perdón; Buenas Noches —corrigió como si fuera la broma más donosa de todo el mundo.

Se levantó con una elegancia particular para llegar a sentarse a mi lado, entregándome una gran caja blanca rodeada de una cinta plateada.

En vista de que ya no tienes un vestido, me tomé la libertad de escoger este para ti, el cual creo que hará perfecto juego con tus hermosos ojos.

Yo no decía nada y actuaba por inercia ante él tomando con mis manos lo que me había entregado, y luego me vestí con el vestido y corsé celeste y blanco que había escogido para mí, porque esa noche saldríamos. Esa noche me enseñó a cazar.

Acechó a una joven conmigo siguiéndolo de cerca con las intensiones de evitar lo que sea que le iba a hacer, o mejor dicho, con la "estúpida esperanza" de que algo pudiera hacer en su contra.

Era una muchacha morena de rizos negros, que como yo, había cometido el error de salir sola un anochecer en Nueva Orleans.

La atacó de la misma manera en la que se había acercado a mí, se acercó a ella, pero la diferencia fue que la joven quedó de inmediato hipnotizada por los encantos de Balthazar sin siquiera cuestionarse al por qué él estaba bloqueando el paso.

Se supone que yo evitaría lo que él le iba a hacer a la muchacha, pero al igual que su persona, yo también estaba paralizada y mis músculos no reaccionaban.

Ven aquí, bonita. Bebe —me ordenó tendiéndome una mano para que yo se la tomara, pero no quise. Ya me sentía lo suficientemente condenada para que además tuviera que continuar mi propia sobrevivencia por medio de la vida de alguien más. Por medio de la vida de aquella joven, la cual no parecía estar consciente de lo que en realidad sucedía.

Mis músculos reaccionaron, por primera vez desde que había vuelto a despertar como lo que era, mis músculos y mi mente reaccionaron ante lo que yo quería. Yo deseaba morir y no ser este monstruo al que me habían obligado ser. Así que retrocedí algunos pasos negando con la cabeza porque no podía articular palabra.

No temas, bonita —dijo con esa sonrisa que aborrecía tanto, y que al parecer él no quería tomar en cuenta—. Esta es la única manera que tienes de estar sana.

Pero yo no quería estarlo. Yo solo quería morirme y me preguntaba de vez en cuando con dolor, ¿qué estaría pensando mi familia y Thomas al no verme llegar jamás a casa? Pensarían que algo malo me había ocurrido, pero ¿alguna vez se podrían llegar a imaginar la magnitud y el fondo de aquello?

Mientras tanto, acariciaba el símbolo de unión entre Thomas y yo en mi dedo anular, y además, el símbolo de unión entre mi padre, Marianne y yo en mi dedo pulgar, haciéndome a la idea que sería lo único que tuviera de ellos y dándome fuerzas para lo que diría.

No —logré articular, y su mirada se volvió fría, la cual estaba segura que podría haberme asesinado con ella si le fuera posible—. No —repetí.

No seas tonta —me retó apartándose de la muchacha (la cual lo seguía con la mirada) para tomarme de los hombros—. ¿No ves que así es como debemos vivir?

Eso no era cierto y yo lo sabía.

Tú me hiciste esto—logré decir—. Yo no quería esto —agregué y me parecían tan extrañas mis palabras después de apenas haber hablado en dos días.

Su rostro se heló aún más y tomó mi barbilla con fuerza con su mano observándome detenidamente, pero no dijo nada, solo me soltó y giró en 180º sobre sus pies.

El rápido movimiento que hizo luego, no lo vi venir ni por nada del mundo. Su brazo se alzó ágilmente y con el dorso de su mano golpeó mi mejilla sin el mayor esfuerzo aventándome contra la muralla, sintiendo como había logrado desgarrar la delgada piel de mi boca.

Sentía fluir la sangre por mi labio inferior, pero a diferencia de cualquier otra sangre, ésta yo no la deseaba. Él la deseó.

Volvió a tomar mi barbilla con su mano y acercó su rostro al mío lamiendo la poca sangre que fluía de ella ya que estaba cicatrizando increíblemente rápido, así como las heridas que me había hecho antes.

Eres taaan adorable —soltó absorbiendo el aire en mi cuello, arrastrando la segunda palabra con falso deje de ternura antes de levantarse e ir hasta la muchacha que no se había movido del lugar, como si la tuviera controlada, como si no tuviera voluntad propia, así como yo no la tenía hasta hace unos momentos. Y luego, ante mi horror, la mordió.

Yo estaba paralizada ante la escena, ya que el miedo me impedía reaccionar otra vez. Temía por mí misma y por lo que me pudiera hacer, ya que aunque deseaba la muerte, en lo más profundo de mí sabía que lo que él me podía hacer era mucho peor.

Pero al instante la soltó…

En ese tiempo yo no sabía que los mortales si podían seguir viviendo después de que los mordían (y no como había seguido "viviendo" yo), por lo que cuando noté que la joven seguía de pie viendo a Balthazar con solo deseo en sus ojos y no viendo nada más, mi odio aumentó por hacerme esto.

¿Ves que no ocurre nada, bonita? —dijo al girarse hacia mí, pero yo no entendía por qué sucedía.

Recordaba perfectamente el dolor que había sentido después de aquel placer imperdonable, que me parecía ilógico verla aún de pie, y a pesar de que el olor de su sangre goteando en su cuello y en la boca de Balthazar me golpeó de inmediato, yo no quise acercarme. Solo tenía una cosa en la mente: morir.

Él no me hizo caso y volvió de nuevo sus colmillos a la herida de la muchacha que lo esperaba, pero de pronto, como si hubiesen cortado los hilos de su trance, abrió los ojos de golpe y comenzó a clamar por ayuda.

Se la quería dar, pero las palabras de Balthazar, como cual hechizo, me detuvieron.

Detente. No intentes nada, bonita —y la soltó dejando que se desangrara en el suelo entre espasmos de dolor quemante que yo ya conocía muy bien.

Sonrió admirando lo que había hecho y me tomó del brazo para levantarme y llevarme con él.

No te podrás morir de hambre —comenzó a decir divertido por ello—, pero no será nada agradable para ti, bonita. Te lo aseguro —concluyó empujándome con él.

¿Y cómo moriría, entonces?

Por la luz del sol, pero descubrí que a pesar de mis fervientes deseos, tenía miedo de lo que ocurriría luego.

Seguimos viviendo en Nueva Orleans mientras que yo me negaba a beber la sangre de los jóvenes que Balthazar mataba todos los días ante mi impotencia, recordando todavía la mirada de la primera muchacha que vi morir en mi memoria. A veces mataba a dos, y solo porque decía que se aburría.

No volvió a tocar esos días, pero el hambre en mí se hacía cada vez más enfermizo e insoportable. No salía del granero y solo el maldito heno era mi entorno. No tenía a mi padre, ni a Thomas, ni a Marianne, ni tampoco mi violín que me diera consuelo. Solo estaba Balthazar, a quien le gustaba torturarme cortándose a cada instante las muñecas y su cuello con su pequeña daga plateada, pero yo me contenía. No quería volver a ser suya, y tenía a mi favor que ya no sentía aquella fuerza extraña controlándome la mente. Pero esa fuerza extraña, ahora era reemplazada por el hambre inaguantable.

Creí que habían pasado años encerrada en ese granero, pero solo habían sido un par de semanas. Un par de semanas que bastaron para que Balthazar llegara una noche con una enorme sonrisa en el rostro que me decía que no era nada bueno.

Buenas noches, bonita.

Mi nombre es Katherine —le dije en un siseo irreconocible para mí.

De acuerdo, de acuerdo —dijo como si no fuera nada—. Buenas noches, Kat… ¡Bonita! —terminó soltando en risas horribles de satisfacción—. ¿Cómo dormiste?

No le respondí.

Yo apenas podía dormir en esos días por el hambre que sentía, y él lo sabía, pero ignoró cualquier mirada que le pudiera entregar comenzando a hablar adornando sus palabras con una zalema hecha por su mano.

Adivina lo que se comenta por el pueblo —anunció con placer, pero yo no lo miré, solo abrazaba mis piernas ocultando mi rostro con mis manos y él continuó hablando—. Hace una semana iba a casarse un importante oportunista de Nueva Orleans, Thomas Delade —al oír ese nombre, a pesar del adjetivo que no acepté, mi mirada se levantó de inmediato para solo encontrándose con su rostro teñido de deleite—. Pero la novia, la cual se había fugado la semana anterior, jamás apareció y el pobre Delade se ahorcó en el cenador de la casa del padre de la novia fugitiva —concluyó.

Yo causé eso, me repetía una y otra vez, yo causé eso…

El dolor por lo que había ocasionado me tomó desde dentro de mi ser y me levantó como si me llevara hasta por encima del granero dejándome caer. Aquel dolor era tan indescriptible, que solo iba aumentando de nivel mientras que mi respiración se agitaba cada vez más.

Ella ya no lo quería y no pudo soportar la pérdida —seguía hablando pagado de sí mismo—. ¿Por qué lo abandonaste, bonita?

¿Él lo sabía?

Él lo sabía y se estaba riendo de mí. No solo me había convertido en esto, si no que también se burlaba de ello…

Pero a nosotros jamás nos va a suceder eso, ¿cierto?, porque nosotros nos queremos.

Si antes quería llorar y no podía, ahora ni siquiera había espacio para cuestionarme el por qué de aquello. Mi cuerpo ardía, pero era por el rencor y no otra cosa. Incluso se convulsionaba por la misma rabia sin decir ninguna palabra, y me di cuenta de algo de lo que no me había percatado antes, que él me había enseñado una cosa que no conocía, pero que la había sentido sin descanso en estos días: Odiar, aunque ni siquiera me hubiese cuestionado el sentirlo.

Mi cuerpo salto sobre él tomando su garganta, pero él solo se reía aumentando mi impotencia porque no podía hacerle daño. Quería matarlo, pero nunca podría y él lo sabía, divirtiéndose aún más por ello.

Vaya, bonita. No sabías que te gustaba jugar así —dijo ignorando mis intentos por dañarlo—. Si lo hubiese sabido antes, podría haber intentado otras cosas.

Su mano se fue hacia el escote de mi corsé, pero lo aparté saltando hacia atrás para luego correr a través de las puertas del granero hacia el bosque.

¡Bonita, espera! ¡Lo siento! —oí que gritaba a pesar de estar ya a una buena distancia, pero yo debía huir de allí como fuera y mientras más pensaba en eso, más rápido corría sorprendiéndome la velocidad que podía alcanzar.

Me interné en el bosque presa por el dolor y el odio, que era lo único que podía reconocer en mí, hasta que un olor apetecible golpeó mis sentidos.

Seguí el rastro sin ser consciente de lo que hacía, y al llegar a su origen, descubrí que había dos hombres entre los árboles con unas escopetas cazando entre la oscuridad.

El hambre me había vuelto loca y solo me abalancé sobre uno de ellos mientras que el otro corría sin saber lo que había ocurrido. Bebí por algunos segundos más hasta que una voz proveniente desde detrás de mi espalda, me sacó de mi ensimismamiento.

No creí que soportarías tantos días —dijo Balthazar apareciendo de entre las sombras—, pero veo que ya no lo resististe más.

Solo allí fui consciente de lo que le había hecho a una personal verlo a mis pies paralizado con sus ojos abiertos por el miedo y para mi vergüenza, el deseo.

Vete de aquí —le ordenó al hombre que de inmediato obedeció y salió corriendo.

Él podría haberlo matado, pero no lo hizo.

Yo podría haberlo matado, pero tampoco lo hice, aunque estuve a punto de hacerlo. Si no hubiese escuchado la voz de Balthazar a mis espaldas, abría terminado con la vida de aquel inocente y solo por saciar mi hambre. Me había convertido en un animal, en una salvaje, en un monstruo, y solo por saciar mis instintos…

¿Por qué? —hablé recuperándome de la impresión—. ¿Por qué me hiciste esto? —le exigí poniéndome frente a él.

Yo no te hice esto. "Tú" te hiciste esto —me respondió—. Yo nunca te dije que te fueras de excursión por el bosque. Yo te ofrecí sangre que podías beber tranquilamente, pero tú no la aceptaste.

¿Por qué me hiciste esto? —insistí ignorando su respuesta tratando de controlar el tono de mi voz.

Suspiró.

¿Por qué te hice joven eternamente? —preguntó rozando mis mejillas con sus dedos—. Porque sería un desperdicio que este lindo rostro se arruinara, además, nosotros estamos destinados a estar juntos por siempre.

¿Cómo me podía responder algo así? ¿Cómo podía pretender que nosotros estábamos destinados, cuando por la fuerza me había llevado a su lado?

Y en ese momento por fin entendí que por mucho que luchara contra él, jamás me podría alejar de su poder…

Las ramas de los arbustos se movieron sacándome de mi sombrío ensimismamiento, poniéndome alerta a cualquier cosa que pudiera ser, así que salté sobre el objeto de alarma descubriendo que solo era un conejo gris.

Lo dejé ir. No tenía hambre y además, tampoco tenía ánimos de alimentarme habiendo otra cosa por la que preocuparse.

Días después descubrí que, efectivamente, lo que había dicho Balthazar era cierto, y un mes más tarde, decidí que me rendiría a los instintos por la sangre humana para no volver a cometer una torpeza como la de la otra vez, así que en resumen, nunca asesiné a nadie y solo tomaba lo que necesitaba antes de causarles un daño irreversible y luego, gracias al poder que había conseguido, se iban sin recordar nada de lo que les había sucedido, y sinceramente lo agradecí, aunque sabía que Balthazar no hacía lo mismo con sus víctimas, pero en esos momentos, para mí, solo tenía una cosa en la cabeza y era sobrevivir planeando como poder alejarme de mi creador, mientras velaba a mi familia de cerca.

Me dieron por muerta, así que al acercarme a ellos entre las sombras, podía ver el sufrimiento de mi padre por ello a través de las ventanas de la casona, y Marianne, la acostumbraba siempre a recibir a cualquiera con una enorme sonrisa cálida en su rostro, se veía sombría y sin rastro alguno de lo que era ella.

Quería acercármeles y decirles que todo estaba bien, que no se preocuparan por mí y que quería volver a verlos sonreír. Pero siempre que lo quise hacer, Balthazar lo impedía.

Ahora yo soy tu única familia —repetía constantemente como la primera vez.

Dos meses más pasaron y ya no lo pude soportar más. Mi único contacto con mi humanidad eran los anillos que mi padre y Thomas me habían dado, y mi prometido ya ni siquiera estaba con vida.

Una noche, a espaldas de Balthazar, fui hasta la tumba de Thomas a despedirme de él y dejar el anillo de nuestro compromiso allí, pero para mi sorpresa y alegría momentánea, vi que a los pies de ella estaba Marianne.

Me acerqué entre las sombras aún sin decidirme si hablarle o no, pero solo un leve ruido bastó para que ella diera la vuelta hacia mi dirección y me viera.

Sus ojos se abrieron de golpe y el asombro era acompañado por el terror en su mirada.

¿Hermana? —escuché que preguntaba al ponerse de pie, pero en vez de acercarse como lo hubiese hecho yo, retrocedió lastimándome en el acto—. ¿Estás viva?

No supe si llorar de alegría o de tristeza, pero a fin de cuentas no pude.

Si, hermana —contesté acercándome más a ella no muy segura de si así estaba yo en realidad—. O eso creo.

Pe-pero… ¡te fuiste y nadie te encontró! —soltó sin dejar de lado su miedo—. Te dieron por muerta… y-y hace semanas creyeron verte y pensaron que eras un fantasma que los había atacado, pero no fue así. Tú no eras y no los pudiste haber atacado, ¿cierto?

A mi mente vino de inmediato el par de hombres que cometieron el error de salir esa noche y cruzarse en mi camino y a los cuales yo había atacado, pero no lo iba a aceptar, de momento tenía que decirle la verdad.

Marianne, yo ya no soy como era antes…

¿De qué estás hablando? —me interrumpió acercándose más a mí y mirándome de pies a cabeza con sus ojos azules—. Te estoy viendo y… bueno, te ves algo pálida, pero no eres ningún fantasma —tomó mi mano entre las suyas tanteándolas, logrando sentir el calor en ellas y el metal de su propio anillo—, y además estás algo fría, pero te puedo tocar. Eres real.

Lo soy, hermana. Soy real, pero no como lo era antes —comenté de nuevo y mi mirada se dirigió hacia la tumba de Thomas.

Marianne siguió mi mirada, pero la suya se volvió seria y fría.

¿Por qué te fuiste? —preguntó sin apartar la mirada de la lápida y pude ver como comenzaban a brotar lágrimas silenciosas de sus ojos—. El día que cumplí 23, tú jamás llegaste, y eso que te casarías a la semana siguiente como lo habías esperado tanto. Thomas… —tomó un gran trago de aire tratando de que su voz no se quebrara, pero le estaba costando trabajo—. Thomas se suicido al par de semanas de que desaparecieras, y-y nuestro padre está desconsolado y mortificándose porque dice que no fue un buen padre y ni siquiera sonríe—cuando dijo aquello, creí que no podría soportar seguir escuchado, porque ella tenía la razón, yo tenía la culpa—. ¿Por qué te fuiste y no volviste hasta ahora? —terminó recriminándome y soltándome las manos para sentarse a los pies de la tumba nuevamente como lo había visto al llegar, y estaba segura que inclinó su cabeza para esconder sus lágrimas de mí.

Yo era culpable de absolutamente todo lo que había dicho, pero aún así no fue por mi propia intención. Nunca lo pretendí.

Movía mis manos entre sí acariciando el anillo de mi padre como lo hacía cada vez que mi conciencia estaba destruida, entonces me senté a su lado para dejar mi anillo de compromiso como lo había decidido antes de ir allá, y ella habló lanzando las palabras sin ánimos mientras veía lo que yo hacía.

Él se suicidó por ti.

Hermana, tienes que creerme —le pedí—. Yo no me fui porque lo quise…

¡Entonces, por qué! —me interrumpió.

¡Yo no soy la misma que era antes! —repetí por tercera vez esa noche—. Y-yo… Yo solo no podía estar nuevamente con ustedes.

Pero aquí estás, nuevamente con nosotros —me reprochó.

No. No completamente —corregí—. Yo cambié…

¿Y cómo cambiaste que ya no eres la misma de antes? —me interrumpió—. ¿Qué eres entonces, hermana? ¿Liberal? ¿Independiente? ¿Rebelde?

Ya no soy humana —solté finalmente logrando que su mirada cambiara desde el reproche al desconcierto—. No soy mortal.

¿D-de qué hablas?

Hablo de que ya no me alimento cómo lo hacía antes —comencé—. Ya no duermo como lo hacía antes, ni puedo salir a la luz del sol como lo hacía antes —largué con frustración y noté como Marianne se comenzaba a poner de pie con miedo en su expresión. Mi hermana me temía.

¿Qué quieres decir?

Me levanté con ella y tomé sus manos. Realmente no quería que se fuera y quería sentir su calor.

Marianne, lo que soy no cambia en nada lo que tú y mi padre significan para mí, te lo juro, pero lo que quería decir es que… es que… me convirtieron en un vampiro —terminé con dificultades para contarle la verdad, pero en ese mismo momento sus manos me soltaron de inmediato apartándose con terror.

¡Qué! Tú-tú —estaba balbuceando, pero nunca supe lo que en realidad me diría en ese momento, porque una figura la tomó por la espalda atrayéndola hacia atrás.

Balthazar estaba allí. La tenía entre sus garras y luego la mordió ante mis ojos, acallando cualquier que podría haber dado ella con una mano en su boca.

Ella no merecía tu cariño, bonita —fue todo lo que dijo Balthazar ante mi impotencia dejándola en el suelo…

El sol saldría en solo una hora en la ciudad, así que ya no podía estar vigilando a mi alrededor por si mi pesadilla viviente me seguía, aunque tal vez debería estar cuidando a Robert afuera de su apartamento, pero definitivamente era más seguro para él que estuviera lejos, porque si Balthazar sabía de mi paradero, se dirigiría hacia mí primero y si eso era así, quería estar lejos de Robert cuando sucediera.

Volví a la casona entrando por la ventana y dejándola cerrada para cuando saliera el sol, encontrándome con una habitación que había albergado uno de los momentos más maravillosos de mi horrible vida sempiterna.

¿Y si algo así jamás ocurriría de nuevo?

Al año de lo que sucedió esa noche, supe que mi padre había muerto de tristeza al haber perdido a sus dos únicas hijas, o eso fue lo que había escuchado… Y yo tenía la culpa.

Cuando recordé la pregunta que me había hecho Robert sobre si alguna vez había matado y yo le había respondido que no, ahora podía decir que sí y que había mentido.

Maté a Thomas, maté a mi hermana y maté a mi padre, convirtiéndome en el peor monstruo existente en la tierra, incluso peor que Balthazar.

Ya no era tan poderosa como lo era antes porque mi dieta había cambiado rotundamente al descubrir que podía vivir de animales, pero aún así no descansé hasta que siete años después escapé de Balthazar.

Días pasaron y él aún no se aparecía sorprendiéndome de lo que había logrado. Solo deambulaba por los Estados Unidos, pero sin encontrar tan solo un rastro de él.

Me sentía sola y estaba sola, pero en ese momento era mil veces mejor que estar bajo el dominio de Balthazar, así que comencé a estar tranquila procurando moverme pronto de ciudad en ciudad, y así fue cuando en 1943, en medio de la segunda guerra mundial, después de haber vivido ya una guerra sin sentido, llegué a Boston llevando algo de lo que sabía hacer.

Después de que mi padre muriera, obtuve mi violín de la casona y retomé mi música practicando como lo hacía antes, así que cuando me presenté en un par de salones de Boston para ganarme la vida, fui bien recibida. A pesar de que era mujer, a nadie le importaba bajo el conflicto que se estaba viviendo.

Gané cierto tipo de fama, y cuando la guerra terminó oficialmente, los salones se expandieron y la gente llegó en masas, hasta que un periodista, Víctor se llamaba, comenzó a sospechar de mí.

Recuerdo perfectamente su cabello rubio y su piel tostada por el sol cuando me fue a hablar por primera vez. Era amable, y aunque los periodistas de ese tiempo no eran como los de hoy, no dejaba de ser persistente cuando se estaba acercando a la verdad. Pero por fortuna y desgracia a la vez, el falleció junto a su equipo de trabajo en un accidente y jamás pudo decir nada.

Miré mi violín a un lado del sillón recordando los viejos tiempos, ya que podía decir que me sentía acompañada y admirada al no estar entre las sombras tocando para el público, pero también recordé que eso mismo había traído a mi existencia el terror de nuevo.

Víctor y su equipo murieron en el accidente, pero yo ya había ganado cierto renombre, así que días más tarde de su deceso, llegó a mí la peor sorpresa en décadas.

Después de una presentación, y ciertamente la más concurrida que había tenido, al llegar a la casa que ocupaba, dejé mi violín encima de un mueble en la oscuridad y una mano se cerró alrededor de mi muñeca.

Bonita, ¿por qué me dejaste por tanto tiempo?

Era Balthazar, después de tanto tiempo sin verlo él me había encontrado.

Quise apartarme, pero el agarre de mi muñeca no aflojaba empujándome contra la cama del cuarto.

¿Te sorprende verme, amor? —preguntó estando sobre mí, logrando ver con intensidad la tonalidad de sus ojos negros y la diversión en su expresión—. Aunque al parecer, no te complace verme de nuevo como a mí me complace encontrarte.

Estaba muda por el miedo y la impresión y aun no me podía hacer la idea de que Balthazar estaba en esos momentos sobre mí. No me podía reponer de que mis miedos de ese entonces estaban de vuelta.

¿No me dirás nada después de tantos años? —siguió hablando—. Después de ayudar en el campamento de las fuerzas armadas de nuestro amado país, como mínimo me merezco un buen recibimiento, ¿no crees? —dijo jocosamente—. ¿Por qué me miras así? ¿No me crees? Es cierto, estuve ayudando en el banco de sangre recolectando las donaciones directamente, pero…um, creo que nunca llegaron a su destino —concluyó riendo.

Una de sus manos pasaba por mi cabello desordenándolo en el trayecto, mientras que la otra subía y bajaba una y otra vez desde mi cintura a mi muslo.

Vamos, bonita. Respira —dijo besando mi frente—. Tranquila, que ya estoy contigo.

¿Có-cómo me encontraste? —logré decir finalmente.

Bueno, solo digamos que te has hecho bastante famosa —me respondió.

Me reía sin ánimos haciéndome a la idea de que la razón por la cual ya no me sentía tan sola en esos días, era la misma que había causado que Balthazar me encontrara y miraba mi violín con melancolía por haber sido el objeto de lo bueno y lo malo que me sucedió. Pero él no tenía la culpa. Solo yo había causado esto al ser tan ingenua en creer que podría vivir una vida normal como lo que no era. Mismo error que estaba cometiendo ahora con Robert, pero no podía dejarlo sin protección, aunque no tuviera la fuerza suficiente para hacerle frente a Balthazar, no dejaría a Robert a su merced.

No volví a tocar en Boston y me desaparecí completamente del mapa para los que iban a escucharme tocar y la directora del salón en el que tocaba.

Balthazar no me dejaba sola en ningún momento, temiendo de que seguramente fuera a escapar de nuevo porque en realidad eso era lo que planeaba. Jamás podría contra él, pero ya había escapado una vez de él y lo iba a conseguir de nuevo.

Una noche después de haber sido poseída por él, y antes de que llegara el amanecer, decidí que si no podía deshacerme de él por mi propia fuerza, utilizaría los únicos medios que tenía para acabar con esto, aunque eso significaba que encontraría mi propio final en el intento. Pero no importaba, con tal de alejar a ese monstruo de la faz de la tierra.

Me levanté y fui hasta las ventanas tapiadas con las intenciones de abrirlas, para que cuando saliera el sol, su luz nos diera a Balthazar y a mí en el acto acabando con todo problema. Me había decidido y había tratado de dejar mi miedo de lado para hacerlo, no muy convencida del todo, pero lo estaba intentando. Pero cuando estaba haciéndolo y mientras me preocupaba de no hacer ningún ruido, sus brazos me tomaron por la cintura atrayéndome hacia su torso desnudo.

¿Qué haces, bonita? —preguntó cerca de mi oído sintiendo su respiración rozar mi piel con amenaza—. ¿Pensabas ver el amanecer?

Una de sus manos siguió el camino de mi brazo hasta llegar al tirador de la ventana que estaba sujetando, entonces para mi sorpresa, él mismo abrió la ventana con mi mano aún bajo la suya.

La ventana daba directo hacia horizonte por el este, así que cuando las ventanas estuvieron abiertas pude ver como comenzaba a aclarar en la lejanía.

¿Tú sabes qué sucedería si esa luz tocara tu hermosa piel? —inquirió sin apartar su boca de mi oído al hablarme, pero su pregunta fue hecha con segundos propósitos mientras seguía apretando mi mano entre las suyas haciéndome daño e impidiendo que la pudiera mover de donde la tenía—. ¿Te podrías imaginar el dolor que sentirías cuando eso suceda? Sería incluso mucho más insoportable que la hambruna para ti —yo no quería escucharlo, pero era imposible—. Tu blanca piel se carbonizaría poniéndose negra mientras que los rayos del sol acarician con fuego la extensión de tu cuerpo, luego te convertirías en cenizas que se irán con el viento, pero no sin antes experimentar la mayor desesperación que pudieras soportar sin poder hacer nada para evitarlo, porque cuando esos rayos que verás en unos momentos en el horizonte te toquen, ya no habrá vuelta atrás.

Además de ser presa del miedo porque me haya descubierto, también comencé a serlo por la desesperación de lo que me ocurriría, y Balthazar me tenía inmovilizada disfrutando por mi impotencia.

Te noto tensa —comentó con deleite—. ¿Qué sucede, bonita? ¿No querías ver el amanecer conmigo?

Suéltame, Balthazar —le exigí viendo como el amanecer estaba cada vez más cerca tratando de zafarme de su agarre.

¿Por qué? ¿No era eso lo que querías? —dijo dándome vueltas para que quedara en frente de él y al desesperación se hacía mayor, ya que no podía ver lo que sucedía a mis espaldas—. Y es precisamente lo que te estoy ofreciendo, porque yo te daré siempre lo que quieras.

Pero podía ver su mirada con demencia y frialdad.

¡Solo suéltame! —repetí con desesperación hasta que por fin lo hizo.

Cuando estuve libre, me volteé justo antes de que el sol diera donde no quería y cerré la ventana viendo como un rayo de luz se logró filtrar por una ranura.

Me aparté con terror de ella, extrañando como antes podía disfrutar de los paseos por la mañana en el jardín de mi padre, pero no tuve mucho tiempo para extrañarlo, porque luego la ira de Balthazar se hizo presente.

Lo que ocurrió después no vale la pena de recordar, pero me hice a la idea de que la única manera de estar libre era escapar cuando estuviera descuidado, porque definitivamente no conocía forma de matarlo.

Matarlo… como si antes hubiese pensado en algo así premeditadamente…

Tiempo más tarde, y como lo había estado intentando hacer sin éxito ya que él siempre iba un paso delante de mí, intenté engañarlo haciéndolo creer que lo quería. Hacía todo cuanto me decía y estaba de acuerdo siempre con él.

Me sentía una cualquiera vendiendo mi cuerpo por mi libertad, pero fue lo único que logró darme una nueva oportunidad para huir, la cual aproveché en la primera ocasión que se me presentó una noche en que le dije que prepararía una sorpresa para ambos.

Y la sorpresa fue para ambos. Para él al no verme llegar, y para mí al descubrir que todo lo que hice había dado resultado.

Tenía mi violín y mi dinero, y con eso me alejé de Estados Unidos con la esperanza de no volver a verlo más, hasta ahora…

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Qué tal??? Tienen que abrir su mente para lo que podría llegar a suceder. Creo que he dado indicios de que las cosas no son como parecen… y si no, esperen los demás capítulos :XD:

Espero que les haya gustado y por favor; comuníquenme sus quejas y sugerencias por mi trabajo.

Gracias.

Muchas gracias por su apoyo

Y recuerden; sigan creyendo…

gracias nuevamente a majo y juliana por sus reviews...

y mmm... no tienen a alguien mas para comentar????

jejeje xd

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Próximo capítulo: Visitas Inesperadas