Disculpen por tanta demora, pero es que estaba leyendo unos libros de Sherrylin Kenyon, que me tenían aferrada al asiento… (leanlo estan muy buenos)

Pero ya llegué…

Ojalá que disfruten el capitulo... muy inesperado.

* * * * * * * * * * * *

Capítulo 11: VISITAS INESPERADAS

RPOV

No pude dormir en casi toda la noche pensando en lo preocupada que Katherine se había marchado. Cada vez que cerraba mis ojos, se me venía a la cabeza la imagen de ella siendo descubierta y expuesta en una mesa de experimentos, solo logrando que me lo pasara a saltos cada dos minutos. Y cuando por fin pude quedarme dormido, o lo estaba intentando hacer por lo menos, el sonido de mi teléfono celular (el cual "brillantemente" olvidé apagar) aturdió mis oídos a eso de las diez de la mañana quitándome cualquier esperanza que tuviera de descansar.

Tomé el teléfono identificando automáticamente la llamada como el número de Cindy, mi representante, y ahora que lo pensaba, era la única que no había llamado aun por la notica que había salido sobre mí en la prensa entre todas las otras llamadas de mi madre, Taylor y otros amigos que preguntaban lo mismo: "¿son ciertas las fotos?", lo que solo lograba impresionarme, porque si ya habían rumores sobre mí antes (no ciertos, por lo demás), ¿por qué ahora se lo habían tomado tan en serio?

Si. Sabía que debía apagar el teléfono, pero claro, en cualquier momento podría ser Katherine con algo que si importaba…

El teléfono seguía sonando en mis manos, así que apreté con mi dedo pulgar el botón de contestar, sin ánimos por lo demás, y de la misma forma le hablé.

—Hola, Cindy. ¿Qué sucede?

—Buenos días, Robert —respondió con el mismo humor en que lo hacía siempre; con entusiasmo, como si todo dependiera del momento.

Aunque tal vez así son las cosas; todo siempre va a depender del preciso momento en que se esté viviendo, como la frase que dice "vive cada momento como si fuera el último"… Yo solo procuraría recordarlo.

—Lamento interrumpir tu "excelente" humor de esta mañana, pero necesitaba hablar algunas cosas contigo.

—¿Qué sucede? —pregunté ignorando su dejo de ironía sin malas intensiones de su última frase.

—Bueno, primero que todo, no quería hablarte de la noticia de ayer —y aquí vamos de nuevo…—, pero te advierto que escuché algunos rumores acerca de que te vieron saliendo de una casa al norte de la ciudad, y no creo que los periodistas se demoren mucho para llegar hasta allá. Y si efectivamente vive allí tu novia, no será para nada agradable…

¡Demonios! Era como si todas las malas noticias vinieran una tras otra… ¿qué vendría después, un ex novio celoso queriendo matarme?

—…pero en fin, llamaba para recordarte sobre la entrevista de mañana para el canal 3 —agregó continuando el hilo de su conversación, pero…

—¿Entrevista? ¿Qué entrevista? —le pregunté confundido.

—Sabía que se te olvidaría —comentó riendo—. Bueno, la entrevista que se supone que fijamos hace más de dos semanas desde Italia con el resto del elenco. "Esa entrevista" —enfatizó.

Definitivamente lo había olvidado por completo. Con otras cosas dando vueltas en mi cabeza, no quedaba lugar para una simple entrevista con las mismas preguntas de siempre…

—Y como ya cumplí con mi misión de recordarle a tu mente tus compromisos, te dejo. Ah, y te advierto que tengas más cuidado porque con la noticia de ayer, difícilmente te dejarán libre —agregó.

Y se supone que no quería hablar de eso pero lamentablemente tenía razón.

—Gracias, Cindy. Nos vemos.

—No hay de qué, chico. Solo cumplo con mi trabajo. Nos vemos.

Y colgó dejando solo silencio tras su "magnífica" noticia. Incluso hubiera preferido que sonara el tono de la línea vacía, por último para escuchar algo, pero como era un teléfono móvil solo hubo silencio para hacer juego con la inexistente lluvia de mis ideas para arreglar el problema en que había metido a la persona… vampiro… mujer que yo quería.

Genial. Además de haber lanzado la atención sobre Katherine, había logrado lanzarle los periodistas sobre su casa.

Perfecto. Como para que ella quisiera volver a verme otra vez…

¡Perfecto! ¡Malditamente perfecto!

El miedo aumentaba y yo solo esperaba que lo que me había dicho Cindy fuera un rumor, como tantos otros que había escuchado desde que me convertí en "figura" pública. Pero de una cosa estaba absolutamente seguro: ayer, efectivamente me vieron saliendo de la casona, y sí; también me habían reconocido y tratándose de periodistas, podía esperar cualquier cosa.

Después de darme una ducha y vestirme con lo primero que tocaron mis manos del desordenado armario, traté de comer algo ya que sentía mi estómago algo extraño producto de los nervios, pero no dio mucho resultado que digamos. Pasaban las horas y la espera se hacía insoportable frente al televisor y el teléfono. Según mi reloj, sabía que Katherine estaría durmiendo a esta hora, por lo tanto no llamaría, y en la pantalla, solo albergaba las esperanzas de que no apareciera nada sobre mí, pero aquella esperanza se esfumó al corto tiempo.

Y continuando con la noticia que nos tiene a todas en ascuas sobre la supuesta novia desconocida de Robert Pattinson, y por supuesto, dejando de lado otros rumores que lo vinculaban con sus compañeras de reparto; Niki Reed y Kristen Stewart, tenemos el testimonio de una joven que vio al actor saliendo de "cierto" lugar la mañana de ayer, que fue donde supuestamente pasó la noche Rob —no, no ¡no! Maldición, era cierto… ¿Qué acaso los periodistas no tenían nada mejor que reportear?—. Nuestras periodistas ya se encuentran en el lugar, pero aun no se ha visto ni rastro de la misteriosa chica —Obvio, pensé en mi fuero interno con alivio, a esta hora jamás saldría, pero cuando lo hiciera…—, mientras tanto seguiremos informándoles de cualquier avance. No se muevan de nuestra sintonía que ya pronto volvemos de una pequeña pausa comercial.

Ahora si que no tenía esperanza… Cuando Katherine se enterara y viera lo que sucedía a las afueras de la casona, no me querría ver más y me quedaría solo sin la única mujer que amaba.

¿Cómo en tan corto tiempo había logrado sentir todo esto? Ni siquiera me podía hacer a la idea de lo rápido que había sucedido aquello… Era como si ahora todo girara en torno a ella, y lo más horrible era que ni siquiera estaba seguro que ella sintiera lo mismo que yo.

Fui hasta el velador de mi habitación y tomé uno de los cigarrillos que me había obsequiado Katherine hace algunos meses y de los cuales aun conservaba bastantes de ellos ya que solamente había fumado uno que otro con la intención de que perduraran, pero ahora simplemente lo necesitaba. Necesitaba recordar la primera vez en que la vi sentada en el diván de cuero negro y a ella vestida del mismo color, con sus ojos azules mirándome intensamente y sus labios sensuales moviéndose al hablarme y al chocar con los míos. Necesitaba pensar en aquel primer beso, y luego en el otro, y en el otro, porque para mí eran todos como una primera vez. Era siempre un nuevo nivel de nerviosismo y una nueva magnitud de fervor. Siempre una nueva sensación, y cada vez mejor que la anterior.

Suspiraba a cada momento frente al televisor, tanto por la añoranza de volver a estar con ella y verla sonreír como lo hizo algunas veces, como por la frustración de que no volviera a mí nunca más. Y en eso estaba lamentándome como un perdedor frente a una pantalla (creo que no había pasado tanto tiempo frente a un televisor antes) cuando el timbre sonó.

Me levanté con dificultad y sin ánimos del sillón para ir a abrir, y tiré la manilla de la puerta para descubrir detrás de ella a la simpática y linda Kris. Pero se veía triste…

Tal vez aun no se arreglaba con Michael y yo no siquiera la había llamado para saber como estaba…

—¡Kris, qué sorpresa! —la saludé y la recibí con un abrazo tras quitarme de la puerta para dejarle la entrada libre—. Adelante.

—Hola —respondió con timidez entrando a mi lado, y de ahí pasamos a la sala de estar—. Lamento no haber avisado que vendría, pero necesitaba hablar contigo.

Su mirada me preocupaba. Ya no había rastro de su sonrisa, probablemente por Michael (en Italia se veía así por él) y me preguntaba si yo habría estado así también cuando no sabía si volvería a ver a Katherine, como ahora.

—Dime —la incité refiriéndome a lo que quería decirme—, te escucho.

De pronto su mirada atrapó mi cuello en lo que seguramente debía ser la marca que tenía de ayer como un moretón, pero algo incómodo y con disimulo subí el cuello de la camisa que llevaba puesta para apartar su vista y fue allí cuando me miró de nuevo a la cara.

—¿Son ciertas las fotos de ayer en la prensa? —preguntó de golpe mirándome fijamente descolocándome y sorprendiéndome un poco lo que había dicho.

¿Cómo todo se había convertido en un "son ciertas las fotos", cuandoyo tenía mucho más por lo que preocuparme detrás de ellas?

—Lo son —respondí finalmente con sinceridad tras un suspiro—, por desgracia

Seguía repitiéndome que por culpa de aquello, ahora no solo los ojos de muchas personas que ni siquiera importaban estarían sobre Katherine, si no que además ella tal vez se alejaría de mí por el miedo que vi en sus ojos cuando se marchó. Así que entonces, ¿qué iba a hacer para remediarlo?

—¿Y quién es ella? —continuó Kris con la vista fija en el porta retrato que una vez utilicé para reflejar el rostro de Katherine, y a la vez, sacándome de mi ensimismamiento.

—¿Ella?... bueno… ella es… —balbuceaba con nerviosismo, porque ¿qué podía hacer?, decir: "Ella es Katherine, una vampiro de la que estoy enamorado. ¿Recuerdas que antes no creía?, bueno, ahora creo. ¿No es cómico?". No, esa no era una respuesta que alguien creería, ni pucho menos que yo pudiera ofrecer—. Su nombre es Katherine —respondí finalmente.

—¿Es tu novia? —lanzó de inmediato levantando la vista.

Esto ya estaba pareciendo una de esas desagradables entrevistas que a ella tampoco le gustaba responder, y no lo comprendía. Pero antes de que pudiera preguntar por qué tanta curiosidad, las palabras del televisor que aun estaba encendido llamaron de inmediato mi atención.

Continuamos a las afueras de la casona en donde supuestamente se le vio salir al actor Robert Pattinson la mañana de ayer, y con nosotras está Cristina, la testigo que nos dio esta información —dijo la periodista y a su lado se encontraba la misma chica de ojos grandes que me había encontrado al salir de la casona—. Cristina, ¿qué nos puedes contar?

Bueno… esa mañana yo volvía de trotar y al abrir la puerta… ¡allí estaba! —respondió algo nerviosa.

¡Pero qué me importaba que estuviera nerviosa! Maldita la hora en que se le ocurrió abrir la boca.

Pero ¿cómo puedes estar segura que era él? —preguntó la periodista y esa era una muy buena pregunta…

¿Cómo estás segura? Vamos, contesta…

Porque lo era —respondió la aludida.

¡Pero qué buena respuesta!, pensé con ironía.

Y además vestía igual que en las fotos de ayer —continuó—, y un rostro así, definitivamente no se ve muy a menudo.

Había estado tomando confianza al hablar, se notaba, pero tratando de evitar su último comentario, seguí escuchando.

¿Y tú conoces a la chica con quién salió Rob?

Vamos, responde, exigía en mi mente y me di cuenta que estaba moviendo mis piernas y mordiendo mis uñas.

Bue-bueno, la verdad no —respondió y la periodista se vio bastante desilusionada con la respuesta, por el contrario de mí, quien estaba feliz—. Yo solo sé que una chica vive en el tercer piso, pero nadie de los que vive en la casona la conoce.

Bien… ya no pueden hablar más de ella.

Al parecer, esta chica es más misteriosa de lo que pensábamos… —comentó la periodista, pero fue lo último que escuché antes de tomar con rabia el control del televisor y apagarlo.

Por más que siguiera pegado a la pantalla escuchando los chismes, no encontraría ni una solución al problema y eso solo me seguía colocando más y más nervioso.

Di un fuerte resoplido de aflicción y a mi vergüenza recordé que no estaba solo al ver a Kris que continuaba escrutándome con su mirada.

—¿Quieres algo de beber? —le ofrecí, poniéndome de pie de un salto para ir a la cocina pasando por alto el lapsus que había tenido.

—No, gracias. Solo…

—¿Un café? —la interrumpí y ella negó con un movimiento de cabeza—, ¿té?, ¿una cerveza? —seguí insistiendo, pero ella seguía negando—, ¿jugo?, ¿un refresco?, ¿agua?

Yo seguía nervioso y no sabía que hacer para quitar la atención de mí. Solo continuaba ofreciéndole cosas a Kris como un obsesivo, hasta que recordé lo que la había estado afligiendo hasta hace unos días con respecto a su relación.

—¿Y cómo está Michael? —pregunté de pronto.

—Oh. Él y yo terminamos —me respondió, pero me sorprendió la calma con la que lo dijo.

—Uh-Oh. Er… lo siento —solté sin saber que más decir en esos momentos.

Ese día, definitivamente no era el día de las buenas ideas de Robert. Mi mente seguía en blanco.

—No te preocupes. Hace tiempo que lo nuestro no funcionaba —agregó sin prestarle la mayor importancia—, pero ella ¿es tu novia? —inquirió insistiendo con lo de hace un rato cambiando de tema rotundamente y desviando la atención de ella a mí otra vez.

—No todavía… —respondí de todas maneras.

Si había algo que jamás podía hacer bien, era mentir, o cuando lo intentaba, ya era tarde, como ahora.

—Lo que quiero decir es que es una amiga que conocí hace algunos meses… Pero… no me cambies el tema —exigí algo incómodo, porque enfocar la conversación en ella nuevamente, tal vez significaba abrir una herida y un tema que quizás no querría tocar, pero era preciso no seguir abriendo mi bocota—. ¿Y no pueden arreglar las cosas? —inquirí.

—No quiero arreglar las cosas —me respondió terminantemente decidida. Algo raro en ella al ser tan retraída.

Uh-Oh.

—Um… bueno… eh…

—Rob, hay algo que necesito decirte —dijo interrumpiendo mi balbuceo sin sentido colocándose de pie, y solo en ese momento me percaté que estaba detrás del diván de cuero negro.

—Dilo, soy todo oídos —le incité dándole mi confianza para que dijera lo que sea que la ponía tan nerviosa según mi percepción.

—Nos hemos… acercado bastante en el último tiempo… —comenzó con dificultad después de dar un largo suspiro mientras sus manos se movían insistentemente con nerviosismo entre sí—, y esa misma cercanía es… es la que me ha hecho pensar bastantes cosas…

¿Rodeos? ¿De qué se trata todo esto?

—Continúa —insistí confundido.

—Lo que quiero decir… —comenzó a decir después de aclarar su garganta, pero inmediatamente cambió el hilo viendo como la piel de sus mejillas se tornaba carmín—. ¡Cielos!, creí que sería más simple —comentó más para sí misma—. Lo estuve practicando de camino acá, pero…

—Tranquila, te escucho —le dije confundido tratando de darle la confianza para hablar ante su repentino nerviosismo.

—Lo que quiero decir… —comenzó de nuevo— es que… tu cercanía me ha… me ha hecho sentir cosas que no sentía hace tiempo —soltó finalmente dejándome helado de la sorpresa en mi posición—. Robert, tú me gustas —continuó aumentando mi desconcierto—, y lo de ayer hizo que me diera cuenta que no podía seguir manteniéndolo en secreto. Si no lo decía ahora, tal vez no lo diría nunca —agregó acercándose más a mí.

—Debes estar confundida… — comencé a decir (al menos más que yo, pensé), y en eso sus manos se fueron peligrosamente hasta mi rostro tomándolo con suavidad cortando cualquier cosa que fuera a decir.

—No lo estoy —me contradijo acercándose aun más, pero en ese preciso momento sonó mi teléfono.

Salvado por la campana… o por el ring tone, pensé alejándome de Kristen a toda prisa para tomar el aparato que estaba sobre la mesa. Primera vez en el día que me gustó oírlo sonar.

—¿Di-diga? —contesté con dificultad.

—¿Robert? ¿Estás bien? —dijo la hermosa voz de la única persona que quería escuchar tras la línea, pero se notaba preocupada.

¿Habrá sabido que algo pasaba por acá?, porque por lo menos aun faltaban un par de horas para que se oscureciera por completo.

—¡Katherine! —solté de inmediato dirigiendo una rápida mirada hacia Kristen cuando mencioné el nombre viendo su rostro con una desconocida expresión—. Si, estoy bien. ¿Qué sucede? Aun es temprano —dije sintiéndome incómodo por lo de hace unos momentos, así que desvié mi mirada de mi… amiga y caminé hacia el balcón.

—Lo sé, no podía dormir —señaló sin cambiar el tono de su voz, y tal vez yo era el culpable de su repentino insomnio—. Quería saber si acaso te molestaría recibirme hoy en tu apartamento —agregó alegrándome de que lo hiciera, ya que después de lo que me torturé pensando en que no quería volver a verme por lo que estaba sucediendo…

Pero tal vez aun no se enteraba.

—Por supuesto que no me molesta, te espero —respondí, pero luego tomé cualquier miedo y agregué—. Pero ¿estás enterada de lo que sucede afuera de la casona?

—¿Afuera? —preguntó confundida diciéndome ya la respuesta—. Escuché movimiento, pero no he podido mirar aun, ¿qué sucede?

Tomé un respiro.

—Enciende la televisión en el canal 21 —le indiqué algo incómodo.

Después de varios segundos de silencio en lo que estoy seguro de que se estaba enterando de todo, soltó un leve "Uhm" de sorpresa.

—¿Están afuera?

—Lo están —reafirmé su pregunta aunque fuera simple retórica—. Siento que todo haya llegado hasta este punto, pero te prometo que buscaré una solución —agregué convencido de que la encontraría y de pronto escuché una suave risa de su parte.

—No te preocupes —expuso luego—. Créeme que los prefiero aquí que allá.

No tenía sentido que dijera eso y lo único que se me pudo ocurrir para que lo dijera era que no quería que me sintiera culpable… Simplemente no dejaba de impresionarme con su buen corazón a pesar de decirme que había hecho cosas malas.

—Por favor, solo ten cuidado al salir —le pedí.

—Siempre —me respondió—. Unos cuantos periodistas no son de que preocuparse.

Si ella lo decía…

—Solo prométeme que tendrás cuidado —insistí.

—Lo prometo, pero tú no te preocupes por mí —me dijo después de unos momentos de silencio.

Pero ¿cómo esperaba que no me preocupara por ella, cuando últimamente ella era en lo único que pensaba todo el día?

—Entonces te veré después del atardecer —hablé finalmente.

—Así es —reafirmó tras un suspiro—, después del crepúsculo —agregó logrando que sonriera por la alusión, al igual que ella, y luego concluyó—. Cuídate, por favor y no salgas.

¿Que no saliera? Es a ella a quien querían acosar de momento ¿y me pide a mí que me cuide y que no salga?

—Adiós —dijo antes de colgar.

Y de nuevo me dejó con un extrañó sentimiento embargando mi estómago al no saber por cuanto tiempo más estaría bien. Aunque ella tratara de calmarme, no podía dejar de sentir lo que sentía, incluso cuando el que debería estar calmándola a ella tenía que ser yo y no viceversa, pero de pronto el eco de un pequeño carraspeo llamó mi atención.

Cierto, Kristen estaba allí y no sabía como enfrentar lo que acababa de suceder, pero de momento comencé a caminar de vuelta a la sala de estar.

—¿Al atardecer? —repitió a modo de pregunta lo que antes yo había dicho hablándole a Katherine.

—Kristen, yo… —comencé a exponer sin siquiera saber lo que seguiría diciendo, pero ella me interrumpió.

—No te preocupes, yo… yo… —dijo gesticulando con sus manos y su rostro me estaba doliendo. No quería aceptar que yo podía haberle causado esto—. Yo creo que nunca debí haber venido. Lo siento —concluyó caminando hasta la puerta.

—Espera —le pedí —, debemos arreglar lo que sucedió, yo… —comencé, pero no sabía cómo continuar.

¿Cómo se supone que se arreglan este tipo de cosas?

—No hay nada que arreglar —dijo ante mi silencio mirando el suelo—. Yo nunca… nunca debí haber venido y pretender que sería algo diferente. Solo… —seguía diciendo con palabras algo frenéticas—. Esto nunca sucedió, lo siento. Lamento haber venido —agregó abriendo la puerta con manos temblorosas—. Nos… nos vemos mañana —concluyó con una mueca de disgusto antes de cerrar la puerta.

Suspiré, no creyendo lo que acababa de suceder. No creyendo que Kris, mi compañera de trabajo y prácticamente una amiga para mí, sintiera lo que dijo hacia mí.

Yo no sentía lo mismo que ella, solo la quería mucho, pero mi mente y mi corazón (¿yo dije eso?) solo lo ocupaba una persona.

¿Cómo pretendería mirarla desde ahora como si nunca hubiese sucedido nada si no era así? Un abrazo tal vez no significaría lo mismo, ni una caricia o un roce tampoco.

Definitivamente mi vida estaba yendo de problema en problema.

KPOV

No podía dormir.

Pesadillas en que veía a Balthazar tomándome de nuevo me mantenían intranquila, y cuando vi la imagen de mi creador atacando a Robert en mi ilusión, ya no pude soportarlo más.

Me levanté para solo pasearme de un lado a otro preguntándome como estaría Robert ahora. Miré la hora y por lo menos era temprano. Yo no podía salir, así que por lo tanto Balthazar tampoco, lo que significaba a Robert otras horas más a salvo.

Mi violín no me calmaría esta vez, estaba segura, así que tomé un cigarrillo y lo encendí por el mero hecho de hacer algo con mis manos esperando que me distrajera, y solo hasta ese momento me percaté de un ruido proveniente de las afueras de la casona. Podría escucharlo con más claridad y ver de que se trataba ya que tenía esa facilidad, pero ni eso quería hacer. No me interesaba, así que no puse atención (como si estuviera en una fiesta desagradable).

Miré mi reloj y ya solo faltaban un par de horas para que atardeciera. Tomé el teléfono que había adquirido el día anterior y marqué el número de Robert que ya estaba registrado en la memoria. El único.

Escuchar su voz y saber que estaba a salvo me tranquilizaría por el momento.

Durante mis interminables meditaciones había decidido que si Balthazar aparecía, prefería que fuera mientras yo supiera que Robert se encontraba bien y para eso, y aunque en un principio pensé que sería mejor estar lejos de él, me hice a la lamentable idea de que si mi creador lo reconocía en las fotos (¿y quién no?, si de él se trataba la noticia…) y solo por venganza hacia mí porque yo lo quería, iría hasta él. Y siendo así, no pensaba dejarlo solo e indefenso.

Lo protegería aunque fuera con lo último de mí.

El teléfono marcó y a los pocos segundos su voz nerviosa me respondió.

—¿Di-diga?

—¿Robert? —inquirí aunque ya sabía que era él, pero su nerviosismo me preocupó—. ¿Estás bien?

—¡Katherine! —lanzó de inmediato en lo que me decía que estaba bien—. Sí, estoy bien. ¿Qué sucede? Aun es temprano —comentó notando la peculiaridad del momento.

—Lo sé, no podía dormir —confesé—. Quería saber si acaso te molestaría recibirme hoy en tu apartamento.

—Por supuesto que no me molesta, te espero —dijo logrando que me sintiera contenta por eso.

Si, contenta, como toda la adolescente que alguna vez fui.

Debía reconocer que a pesar de lo que se me veía encima, él podía seguir sacando sonrisas de mí.

—Pero ¿estás enterada de lo que sucede afuera de la casona? —agregó mientras su voz se tornaba más precavida.

—¿Afuera? —pregunté confundida y luego recordé una cosa—. Escuché movimiento, pero no he podido mirar aun, ¿qué sucede?

—Enciende la televisión en el canal 21 —me indicó.

Hice lo que me pidió y al llegar al canal que había mencionado, no fue necesario que escuchara lo que decían ya que una imagen de la casona en la pantalla me dio la respuesta.

Una chica lo había visto salir de aquí…

— "Uhm" —solté por la incredulidad de que todo hubiese sido para tanto—. ¿Están afuera? —me pregunté a mí misma en voz alta.

—Lo están —afirmó con pesar—. Siento que todo haya llegado hasta este punto, pero te prometo que buscaré una solución —agregó logrando sacarme una leve risa por la ternura que me provocó que se preocupara por mí. Y alivio también, ya que al estar la atención de momento acá, Robert estaría libre de que Balthazar pudiera dar con él.

—No te preocupes. Créeme que los prefiero aquí que allá —reconocí sin pensarlo.

—Por favor, solo ten cuidado al salir —me pidió sorprendiéndome aun más lo que podía llegar a preocuparse por mí. Pero claro, él aun no conocía el peligro que había para él por mi culpa.

¿Debía contarle lo que sucedía en verdad, o solo debía protegerlo en silencio sin preocuparlo por un problema que era solo mío hasta que pudiera marcharme?

—Siempre —respondí finalmente—. Unos cuantos periodistas no son de que preocuparse.

No si conocías a Balthazar…

—Solo prométeme que tendrás cuidado —insistió.

—Lo prometo —respondí después de unos segundos, pero tú no te preocupes por mí.

Hubo un corto silencio, pero él luego dijo:

—Entonces te veré después del atardecer.

—Así es —dije tras un resoplido por no escuchar de él que no seguiría preocupándose por mí, así que con humor agregué—, después del crepúsculo —logrando que ambos riéramos—. Cuídate, por favor —pero me faltaba una cosa— y no salgas. Adiós.

Y colgué, viendo la pantalla del televisor que ahora solo mostraba comerciales.

Era un vampiro; con una existencia prácticamente vacía, enamorada de un famoso mortal, y ahora con unos cuantos periodistas ociosos fuera de mi lugar de residencia… Estupendo.

El tiempo transcurrió lentamente para mí hasta estar segura de salir y no morir (aunque eso podría estar bien…), pero aun me quedaba otro inconveniente… u otros, dependiendo de de si aun quedaba alguien afuera o no.

Destrabé la ventana que utilizaba para salir y me aseguré de que no hubiera nadie frente a la casona, y antes de irme, dejé el collar que me había regalado Robert sobre la mesa de noche acostumbrándome a que no lo podría utilizar nunca más. Pero antes, las palabras grabadas al reverso de la piedra se llevaron mi respiración por unos segundos…

Miserablemente todo se terminaría.

De un salto llegué desde el tercer piso al patio para salir, pero para mi sorpresa y horror, me encontré de frente con el rostro moreno de un hombre entre los arbustos.

Era el fotógrafo. El mismo que había visto fuera del apartamento de Robert el día anterior, y ahora me miraba como si hubiera visto un fantasma… O un vampiro -si de verdad creyera en su existencia- saltar desde más de siete metros sin la menor lesión.

Me paralicé por el pánico y solo mi intuición hizo acto de presencia, y aunque no se por qué, me dijo que le hablara.

—Tú no has visto nada y ahora te irás —le ordené, y para mi sorpresa lo hizo.

Salió de entre los arbustos con su cámara colgando de su cuello y se marchó sin mirar atrás.

Tal vez la subida de adrenalina del momento al ser vista de golpe fue la que hizo que mi casi inexistente poder (y a pesar de haber bebido de un mortal hace poco) aumentara logrando que aquel mortal me hiciera caso.

No duraría mucho, de eso estaba más que segura, así que a la menor oportunidad, huí del lugar cerciorándome de solo ir yo.

En el camino, mientras corría estando alerta a cualquier irregularidad a mi alrededor, solo pensaba en una manera de que Robert estuviera a salvo sin decirle de qué, pero era inútil. Lo único que se me ocurrió fue que debía encerrarlo bajo siete llaves en un subterráneo, o encontrar a Balthazar antes que él a mí y llevarlo lo más lejos posible, aunque eso significaría también apartarme de Robert para siempre. Pero de una cosa estaba segura; debía comenzar a hacerme a la idea, y a él también, de que todo se terminaría, a pesar de que me hiciera sentir viva y a pesar de que lo amaba.

Su edificio se erigió ante mi visión y solo fueron algunos cuantos segundos los que tardé en subir hasta el quinto piso para encontrarlo de nuevo sentado en el sillón frente al televisor apagado, pero esta vez solo miraba sus zapatos con detenimiento. Sea lo que sea que lo estuviera afligiendo tanto, me alegraba de que por lo menos estuviera bien.

Aclaré mi garganta haciéndome notar mientras me afirmada contra la pared interior de su apartamento junto al balcón y de inmediato se levantó yendo hacia mí.

—Katherine —soltó al igual que lo hacía siempre cada vez que me veía o me hablaba, pero esta vez me estrechó entre sus fuertes brazos con alivio, como si reflejara el mismo alivio que yo sentía al verlo seguro.

Mi cabeza quedó reposada sobre su tibio pecho, haciendo que el dolor de estar pronto a dejarlo me hiciera sentir peor. Su aroma suavemente masculino me reconfortaba y me lastimaba. Pero podía soportar esa tortura si la comparaba a cuando ya no lo viera más, cuando tuviera que soportar a Balthazar de nuevo hasta que se apiadara de mí y con sus propias manos me matara.

De a poco y con cierta dificultad devolví su abrazo comenzando a hacerme a la idea de que podría ser el último mientras absorbía la calidez de su aroma. Y su esencia, aunque me tentaba con el ardor del deseo de sangre, era reconfortante al saber que había mucho más que solo deseo bajo aquello.

Aunque yo no quería, él se apartó algunos centímetros de mí observándome y tomando mi rostro entre sus manos para hablar.

—¿Estás bien? ¿Tuviste algún problema? —me preguntó con preocupación.

—Te dije que no te preocuparas —respondí restándole importancia aunque no se convenciera—. Unos cuantos periodistas no son problema para mí.

—¿Estás segura? —insistió.

—Lo estoy, además cuando salí ya se habían ido casi todos.

¿"Casi"? —repitió, y entonces recordé al hombre moreno que había visto entre los arbustos.

—¿Recuerdas al fotógrafo del que te hablé y que estaba afuera del edificio ayer?

—Lo había olvidado —me respondió después de unos cortos segundos, aunque por su expresión ya lo había supuesto.

—Bueno, él aun no se iba —continué con calma—. Pero no hay de qué preocuparse —agregué al ver como sus ojos comenzaban a cambiar de matiz y entonces preferí que sería mejor reservar lo que había sucedido con respecto a la rareza del momento, para mí.

—¿En serio?

—Lo es —contesté antes de que en un impulso que no pude prever chocara sus labios con los míos.

Eran tan dulces, tan cálidos, tan reconfortantes, que solo me hacían querer conservarlos por siempre conmigo aunque sabía que eso jamás podría suceder.

Su boca se movía rítmicamente contra la mía encontrándose con mi lengua en el camino y haciendo que su ímpetu candente hiciera flaquear mis rodillas. El ardor era evidente, y la voracidad con la que me besaba solo se apaciguaba con la ternura de sus caricias en mi espalda, pero me hacía daño.

Si él seguía haciendo esto, solo me quedaba por decirle cuanto antes que todo se terminaría en cuanto me marchara para no hacerle más daño del que le estaba ocasionando sin ser consciente.

Sus labios se apartaron y los dejé ir con dificultad comenzando a hacerme una idea mental de cómo serían mis palabras para terminar esto y continuar viéndolo para ver saber que estaría bien. Entonces él habló.

—Siento tanto haber causado esto, si hubiera sido consciente de lo que…

—Si yo me sitiera molesta contigo por eso, te lo diría —lo interrumpí enseguida al ver como aun se sentía responsable por nada—. Deja de sentirte culpable por razones que no deberías. Por lo único que deberías sentirte culpable es por evitar que por tanto tiempo no me alejara de ti —terminé sin pensar en lo que decía.

Su mirada me traspasó haciéndome saber que quizás había hablado demasiado, así que solo traté de sonreír y me aparté de él caminado hacia la sala de estar, pero entre todo su aroma cálido que bañaba el lugar, sentí un efluvio distinto y delicado que ya tenía horas.

RPOV

Fue tan reconfortante ver que Katherine había venido como lo dijo después de lo que estaba ocurriendo. A pesar de haber pasado un incómodo momento hace un par de horas, eso ahora estaba prácticamente en un rincón de mi memoria.

Prácticamente…

Vi a Katherine y me abalancé sobre ella con alivio al verla de nuevo, y aunque decía que estaba bien, su mirada no me dejaba de preocupar. Sus ojos, los cuales tenían el mismo toque que hace dos noches, con ese brillo distinto y al cual me había acostumbrado, eran como si estuvieran esperando que algo malo pronto iba a suceder.

Sin preguntárselo tomé su rostro entre mis manos y embestí su boca besándola con desesperación. Sus labios fríos se sentían tan bien contra los míos… como si calmaran mi calor. Si hubiese sido otro hombre estrechándola entre sus brazos como yo lo hacía, no habría dudado en de inmediato llevarla contra el sillón y rememorar la noche de pasión que habíamos vivido, pero sabía que había cosas más importantes a tratar.

Me aparté con dificultad de su boca para hablarle.

—Siento tanto haber causado esto, si hubiera sido consciente de lo que… —pero en ese momento sus palabras me interrumpieron.

—Si yo me sitiera molesta contigo por eso, te lo diría —dijo con presura—. Deja de sentirte culpable por razones que no deberías. Por lo único que deberías sentirte culpable es por evitar que por tanto tiempo no me alejara de ti —concluyó.

La miré con curiosidad y algo confundido, ya que no sabía qué quería decirme con precisión en sus palabras. ¿Era algo malo o era algo bueno ser culpable de que no se alejara? La palabra culpable muchas veces no es de muy buen augurio, y lo decía por conocimiento de causa al ser culpable de que una tropa de periodistas sin vida propia fuera encima de ella como alimañas. Pero hubo algo que me confundió aún más, y fue su expresión al terminar de hablar; como si no se hubiera dado cuenta.

Sonrió forzadamente y caminó hacia la sala alejándose de mí, pero antes de que pudiera preguntarle a qué se refería con lo que dijo, ella habló.

—¿Una mujer estuvo aquí? —preguntó buscando mi mirada y de inmediato las manos comenzaron a sudarme y el corazón se me aceleró.

No había ocurrido nada entre Kristen y yo, pero había faltado poco y me estaba sintiendo como si la hubiese engañado, aunque ni siquiera fuéramos novios…

Nota mental: Tenía que hablar de eso con ella.

Pero había otra cosa; ¿Cómo sabía que una mujer había estado allí?

—¿Por qué dices eso? —hice mi pregunta evitando la suya, pero fue demasiado notorio y su mirada me delató… O tal vez fueron sus dones los que me descubrieron…, o no se qué, pero solo sabía que yo ocultaba algo.

—¿Por qué estás nervioso­? —inquirió logrando que me sonrojara.

Tranquilo, Robert. No hiciste nada, me repetía a mi mismo para calmar mis inútiles nervios. Vamos, responde.

—No, no estoy nervioso —mentí consiguiendo que sonriera, pero ignoré su respuesta y seguí insistiendo con lo de saber que alguien había estado en el apartamento—. ¿Por qué preguntas si había venido una mujer?

Me observó de nuevo, borrando de momento su sonrisa con sutileza, pero de todos modos me respondió.

—Percibo tu perfume por todo el apartamento como siempre —dijo logrando sorprenderme con su alusión, e inconsciente y estúpidamente empecé a recordar si acaso me había echado desodorante (con diversión cuando lo pensé bien), pero ella continuó—, pero me percaté que había un toque distinto… y femenino por la sala. ¿O me equivoco?

—Er… No —respondí algo nervioso—. Hace un rato se fue Kristen… ¿Stewart? —puntualicé por si acaso no sabía a quien me refería.

—Oh. Sé quién es —dijo sonriendo y se sentó en el diván de cuero negro—, pero ¿por qué te habías puesto nervioso?

—¿Nervioso? —pregunté haciéndome el inocente, pero no podía mentir, sobre todo al ver como me miraba—. Bueno, es solo que vino a decirme algo que no me hubiera gustado escuchar —contesté, al final decidiendo que tal vez era mejor que no dijera nada más.

Ella inclinó la cabeza mirando la mesa de centro como si analizara su construcción, y su mirada se tornó sin expresión. No supe si aquello era bueno o malo, así que en honor a mis "ocurrencias", solté.

—¿Estás celosa?

De inmediato su mirada se levantó con sorpresa encontrándose con la mía, pero lo negó rotundamente.

—No, por supuesto que no —manifestó y se levantó dirigiéndose hasta el balcón en lo que creí que se iría, pero solo miraba a la calle de un lado a otro con impaciencia—. No tendría por qué estarlo.

Bueno, en eso discrepábamos bastante.

No sabiendo si mi ocurrencia había sido a favor o en contra de su humor, guardé silencio esperando cualquier cosa, pero nunca lo que se preparaba a decir.

—Ella es una chica linda y harían una bonita pareja.

—¿Qué dices? —exigí consternado.

Después de lo que había pasado entre nosotros, ¿cómo me decía que haría bonita pareja con otra persona?

—Solo digo que es una chica linda y que harían una bonita pareja —repitió.

—Eso ya lo escuché —dije molesto —, pero ¿cómo puedes decirlo después de todo?

Me encontré con su mirada, pero además de dolor no pude ver otra cosa.

—Robert, yo no soy… humana —soltó sin más después de unos largos segundos y antes de levantar su muralla ante ella otra vez—. No soy como tú. Esto ni siquiera tendría que estar pasando, no es natural.

¿No es natural?, pero si lo que ocurría entre nosotros había sido de lo más natural… Bueno, dejando de lado el hecho de la mordida (y que honestamente no me importaba, por el contrario) y de que me hiciera sentir como el motor de un Ferrari cuando estaba a su lado, todo el resto era natural, y especial.

—Estaré a tu lado hasta que estés nuevamente a salvo y luego no volveré a interferir en tu vida —dijo antes de voltearse hacia la calle nuevamente—, te lo prometo.

Aunque sus palabras flaquearon en un último momento, no dejó de confundirme.

—¿"Hasta que esté a salvo"? —repetí con incredulidad—. Creí que eras tú quien no estaba segura en estos momentos, es a ti a quien pueden descubrir.

Una risa monocorde salió de sus sensuales labios, pero solo me los imaginaba ya que continuaba dándome la espalda.

—Y tú piensas que si algún periodista u otra persona descubriera lo que soy y se dispusiera a revelarlo, ¿le creerían? —preguntó aun riendo y realmente era imposible después de todo. Yo mismo no le creía en un principio…—, de hecho, tú no me creíste hasta después de que te mordiera —lo recordaba—, aunque ahora sé por qué lo lamento.

¿Lo lamentaba?

Noté que no llevaba el collar que le había obsequiado sobre el delgado suéter negro ceñido al cuerpo que vestía, el cual por lo demás, solo destacaba sus delicadas curvas, pero ¿qué estaba significando todo esto? ¿Se había aburrido de mí?

No dejo de hacerme eco entre toda mi confusión el real significado de lo que me estaba diciendo. ¿Se terminaría? ¿Estaba diciéndome lo que yo realmente no quería creer y no quería soportar?

El tibio céfiro de la noche se filtró por la ventana haciendo hondear su cabello oscuro con salvaje elegancia, como si fuera completamente ajena a este mundo. Entonces recordé de memoria la perfección de su cuerpo y la suavidad de su piel. Las finas líneas curvas que la moldeaban y su cuerpo aferrándose al mío con deseo. Su calidez húmeda y su sabor, su esencia que llenaba el vacío que había en mi interior y el cual no podía y no sabía como acallar, hasta que la conocí.

No quería permitir esto. No lo podría soportar. No podía dejarla ir.

—¿Tú… me amas? —le pregunté con temor, pero logrando finalmente que diera la vuelta y me mirara.

—¿Por qué lo preguntas? ¿Qué quieres ganar con todo esto?

Definitivamente no fue la respuesta que esperaba, pero honestamente ni siquiera sabía lo que debía esperar.

—Solo creo que deberíamos hablar —respondí caminando hacia ella—. Lo que ha sucedido entre nosotros creo que es especial, no es solo besarnos y hacer el amor… —le dije tomando su rostro entre mis manos para que me mirara directamente y supiera que hablaba con honestidad, y el solo hecho de recordar lo que había vivido con ella, hizo que un calor se apoderara de mí. Pero traté de ignorarlo para que no enturbiara mi real intención y continué hablando—. Tú sabes que te amo, y aunque tal vez las formas en que te lo hice saber no fueron adecuadas, es lo que realmente siento y ahora lo digo mirándote a los ojos. Te Amo, y jamás había sentido antes lo que tú me haces sentir.

Creí ver que un rápido flash de emoción por sus azules ojos tristes, pero pronto había erigido una muralla aún mas densa de la que ya tenía entre nosotros. Apartó mis manos de su rostro y se alejó.

—¿Te das cuenta de las dimensiones del problema que he causado entre nosotros al haber venido hasta ti?, ¿las enormes diferencias que existen entre nosotros? —habló paseándose por la sala—, y no me refiero a una simple diferencia de gustos… ¿Imaginas lo sería estar con alguien que ni siquiera podría pasear contigo una tarde en el parque?...

—yo tampoco puedo hacer eso. No puedo salir a la calle sin que me acosen —la interrumpí poniendo un poco de humor a lo que decía, pero me ignoró.

—¿Imaginas lo que sería estar con alguien que al tocarte, te hiciera estremecer por el frío de su piel?...

—Pero yo sé de algunas maneras de subirte la temperatura —la volví a interrumpir, y esta vez al igual que la anterior, me siguió ignorando.

—¿Te das cuenta lo que sería estar con alguien al que ni siquiera pudieras escuchar su corazón cuando late? —estaba buscando una réplica para lo que dijo, pero no fui lo suficientemente rápido—, ¿con alguien que ni siquiera puede besarte y sentir tus labios sin estar pensando en lo deliciosa que es tu sangre como una maldita hambrienta todo el tiempo?, ¿con alguien que no puede hacer el amor contigo sin clavar sus colmillos en tu cuello amenazando tu vida?, o pero aún, ¿imaginas lo que es estar con alguien que jamás envejecerá y jamás podrá ofrecerte algo tan humano como un hijo? —estaba sin palabras—. Dime, ¿te imaginas lo que sería esa relación?, ¿lo que sería estar con alguien así?

Jamás lo había visto de ese modo. En lo único que pensaba era en todas las emociones que surgieron de mí desde la primera vez que la vi. En lo que sentía cuando estaba a su lado. En como me sentía conversando con ella. En la paz y la alegría que me entregaba al lograr que sonriera, por muy leve que fuera su sonrisa. Los pequeños roces y caricias que hacían a mi interior estremecerse y mi respiración entrecortarse. Los besos que hacían que todo el mundo a mi alrededor se detuviera. La necesidad que tenía de ella cuando no estaba a mi lado, pero sobre todo, en la otra parte de mí que descubrí en ella la mañana en que estuve entre sus brazos.

Yo solo podía pensar en eso…

—Pero tú me quieres…

—¿Es que no te das cuenta? —me interrumpió mientras comenzaba a hablar—. Mientras más tiempo pase ignorando la realidad de todo esto, más daño nos haremos. Sé que todo esto es mi culpa, pero no quiero hacerte daño, ya que tarde o temprano me tendré que ir… y realmente prefiero que sea cuanto antes. Solo estaré contigo hasta que estés a salvo y procuraré que todo se te olvide.

¡A salvo de qué!, me pregunté con rabia, pero simplemente le hablé.

—Ya es tarde —expuse mientras me acercaba hacia ella—. Te amo y nada lo va a cambiar.

Y cuando intenté besarla, por primera vez ella se apartó de mí.

—Eres muy importante para mí. Me importas mucho más de lo que te podrías llegar a imaginar, por eso es preciso que todo termine.

—Si te importo tanto, ¿por qué me haces esto? —le exigí.

—Porque lo que yo siento no importa, con tal de mantenerte a salvo —dijo antes de ir hasta el balcón en un movimiento que no pude ver. Movimiento de los cuales ya había olvidado lo desconcertantes que podían ser.

—Y ahora te irás —solté con molestia mientras la veía de espaldas de nuevo ignorando su increíble agilidad y rapidez—. ¿Por qué siempre tienes que irte? —exigí con indignación.

Siempre que estábamos hablando, se iba; huía.

No me respondió, pero en vez de eso soltó lo más extraño e irónico tomando en cuenta que estábamos a cinco pisos de altura.

—Después de irme, cierra todas las ventanas.

Y saltó marchándose. O mejor dicho; huyó.

Otra vez.

—Esta conversación no ha terminado —dije en voz alta de inmediato esperando que me pudiera oír.

Dijo que yo le importaba, pero no dijo que me amaba.

Aún así presentía que me quería, no sé por qué ni cómo explicarlo, pero lo presentía, así que por mera conclusión, en ese mismo momento decidí que haría hasta lo imposible por hacerla cambiar de opinión. La esperanza sería lo último que perdería después de recordar sus ojos al mirarme aquella noche después de ir a cenar.

Algo había cambiado en este corto tiempo, y recaudando imágenes mentales de ella cada vez que le hablaba de los periodistas y después de que incluso ella misma lo negara, no me cupo duda de que algo más fue lo que ocurrió, y por eso no la abandonaría, menos ahora. Descubriría qué era lo que había cambiado y lo remediaría.

Di un último vistazo a la noche, y aunque no le vi el sentido a las indicaciones de Katherine antes de marcharse, cerré todas las ventanas (e incluso cerré la puerta), tal como lo había dicho.

Pasaron un par de horas y yo ya había cenado, hecho algunas anotaciones, terminado de escuchar un CD completo de música, fumado algunos cigarrillos, y dar algo de como… mil vueltas en el apartamento antes de que me diera algo de sueño.

La noche anterior no había sido muy buena que digamos, así que aquello me estaba pasando la cuenta en ese momento. Pero a pesar de eso, yo intuía que esa noche no sería mejor.

Tomé una toalla limpia del armario y fui al baño para darme una ducha rápida que despejara mi mente antes de acostarme, pero mientras me quitaba la ropa, frente a mí, el reflejo en el espejo llamó mi atención. Tenía un pequeño moretón en el cuello, justo donde había mirado Kristen hace ya bastantes horas, y me pareció increíble que aquello me hubiese dado tanto placer. Recordaba el momento del clímax e inconscientemente, mi cuerpo reaccionó ante el recuerdo avergonzándome a pesar de estar solo. No podía permitir que fuera ser de esa manera tomando en cuenta que lo que para mí significaba tanto placer, para ella también podía significar frustración.

Aparté aquellos pensamientos de mi mente dejando que el agua caliente cayera sobre mi cabeza prometiéndome que sí o sí haría algo al respecto, pero en ese momento comencé a escuchar unos sonidos provenientes de la sala, como si estuvieran forzando algo.

Tal vez Katherine había regresado, pensé de inmediato, pero si fuera así, ¿por qué me pidió que cerrara todo?

Me envolví en la toalla y abrí la puerta del baño caminando hasta la sala de estar, y como había apagado la luz mientras escuchaba el CD, solo vi una silueta a contra luz de espaldas a mi frente al balcón con la ventana abierta. Había logrado abrir después de todo.

Me acerqué algunos pasos y su silueta delgada atrapó mi dificultosa visión.

—Volviste —comenté conteniendo el alivio en mi voz—. Me alegra, porque necesitaba decirte unas cuantas cosas.

Ni siquiera yo podía creer la tranquilidad y la seguridad con que hablaba.

—Vaya, ¡chico Cullen! —escuché que decía una melodiosa voz, pero que no era Katherine.

Traté de ignorar la forma en que me llamó y decir otra cosa, pero estaba helado de la sorpresa y la incertidumbre, y no veía absolutamente nada.

Caminé hasta donde sabía que estaba el interruptor, pero antes de que pudiera alcanzarlo, la luz se encendió y ante mí, vi a la mujer que me había hablado; sonriendo.

Era una mujer de estatura promedio, un poco mas baja que Katherine (mi modelo de comparación), pero no dejaba de ser atractiva.

Tenía el cabello liso y oscuro cayendo alrededor de un rostro pálido y delgado. No lo llevaba tan largo como lo había visto en Katherine, y aunque sus ojos eran oscuros, me recordó de inmediato a ella.

Retrocedí unos pasos temerosos, ya que teniendo en cuenta la amplia distancia qué nos separaba y de que el interruptor estaba a mi perfecto alcance, ella había sido desmesuradamente rápida para ser solo como yo.

Esta chica, al igual que Katherine, era un vampiro.

No es que de la noche a la mañana me hubiese vuelto un experto en ellos, pero no podía ser otra cosa.

—¿Cómo entraste? —pregunté, aunque definitivamente estaba de más decirlo viendo la ventana del balcón abierta.

¿Todos los vampiros entraban así?

Ignoró mi pregunta y su mirada viajaba de mis pies a mi cabeza logrando sentirme totalmente incómodo ante el escrutinio de una desconocida. Después de todo, solo estaba cubriéndome con una toalla ante ella y no dejaba de examinarme.

Con un leve movimiento de cabeza, hizo como si apartara algo de su vista y habló.

—¿Cómo está Jacobs?

¿Jacobs? ¿Fan de la saga y me preguntaba por el personaje de Taylor? ¿Loca o se había equivocado?...

Pero no. No dijo Jacob; dijo Jacobs, con una "S".

—Disculpa, no sé a quien te refieres.

Rodó los ojos y dio un resoplido de diversión por mi respuesta.

—No deja de sorprenderme lo bajo que puede caer —comentó más para sí misma, y luego se dirigió hacia mí—. Me tratas de decir que te acuestas con alguien, ¿y ni siquiera sabes su apellido?

Estaba confundido y era mucho más que evidente en mi expresión. ¿A qué se refería?

—Vamos, ¡me refiero a Katherine!; Katherine Jacobs —soltó de golpe con un movimiento de su muñeca, pero a la vez dejándome mudo ante la mención de aquel nombre.

Desde que conocí a Katherine he pensado un montón en ella, pero ¿por qué jamás se me había ocurrido preguntarle algo tan trivial como su apellido? Y es que era un completo imbécil… ¿cómo no se lo pude preguntar? Y llega una desconocida que por lo demás es vampiro y me lo dice… O aún más desconcertante: ¿quién es ella y cómo la conoce?

—¿Quién eres tú? —pregunté.

—Oh, lo siento, soy Marianne —se presentó extendiéndome su mano y puede ver una anillo en su dedo anular que ya reconocería en cualquier otra parte—. Marianne Jacobs, su hermana.

* * * * * * * * * * * * * * * *

¿Qué tal?

¿Se esperaban esto?

Bueno, no sé, fue solo uno de mis arranques…

Jejeje

Ah, y también sé que tal vez los periodistas no se comportan así todo el tiempo: insistiendo todo un día en encontrar una desconocida para confirmar rumores de amoríos de un actor (aunque quién sabe? jaja), pero tenía que darle importancia para seguir la historia…

comenten y recomienden si les gusta.

Bye, besos

gracias majo y carli!!!!