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Capítulo Doce: FURIA

Katherine POV

¿Cómo se supone que afrontas una vida inventada que ni siquiera te corresponde vivir? Ya no estás viva. Ya no eres mortal y tampoco inmortal como muchos piensan. Ya ni siquiera sabes lo que eres… No sabes si tienes un alma a la cual aferrarte y sentirte orgullosa, y no sabes si tienes algo en tu interior que sea propio además de rencor.

No mereces querer y mucho menos que te quieran, y solo tienes que aferrarte a una patética y vacía existencia privada no solo del brillo del sol, si no que también privada del brillo que tiene ver un mundo y un entorno pasar ante ti, el cual no tienes ni el más mínimo derecho de tocar.

¿Por qué creía que sería diferente? Porque Robert me hizo sentir diferente…

Pero yo no soy diferente. Desde hace más de cien años que no soy diferente de ser una maldecida por el destino y por Dios; por Abraxas, por Zeus, por Buda, por Krishna y por todos los dioses de jamás me recibirían en su seno cuando dejara de existir, y eso solo si es que ya no estaba dejando de existir al ver perder lo único que le había dado sentido a tantos años de profunda soledad y agonía.

Y como si antes me hubiera importado y le hubiera encontrado un sentido a tal estupidez…

¿Por qué creí que esta historia sería diferente?, me seguía preguntando.

Elizabeth me aborreció desde el primer instante en que supo lo que era, y antes fue Marianne, mi hermana y mi devoción quien me odió.

Pero Robert no lo hizo. Es más, decía que me amaba. Repetía que me amaba y por eso lo pensé.

Pero no sería así. Esto no sería diferente.

Vi su rostro y su mirada soñadora teñirse por el dolor que le estaba provocando antes de marcharme de su departamento sin poder hacer nada para remediarlo. Pero si lo amaba tanto, ¿por qué me permitía lastimarlo?

Claro, porque me importaba que siguiera con vida más que ninguna otra cosa, por eso lo dejaría después de asegurarme que estuviera a salvo y sin ninguna amenaza por mi culpa.

Estuve frente a su edificio observando una sola ventana ubicada en el quinto piso la cual ya estaba cerrada.

Cómo luchaba con mis deseos de volver y besar esos labios. Poder sentir su aroma al estar enterrada en su pecho desnudo… y eso mismo me lastimaba, porque jamás volvería a ocurrir.

Era un cigarrillo tras otro sentada en una banca tras el cobijo de las sombras que siempre me acompañaban, hasta que vi aquella luz molesta de su departamento apagarse.

Se iría a dormir y descansaría en un mar de sueños felices en los que nunca se habría topado conmigo. Lejos de toda la pesadilla que le había traído a su tranquila vida como mortal sin que lo supiera.

Me imaginaba estando a su lado; compartiendo su paz y descansando entre sus brazos absorbiendo su dulzura y su calidez masculina que hacía temblar mis rodillas y me hacía pensar una vez más que todavía estaba viva. Pero no, debía buscar.

Caminé.

Sí, caminé entre las calles de la ciudad, siempre viendo y siempre buscando, aunque fuera un solo mísero rastro que me diera una pista de donde podía estar Balthazar, y mientras caminaba por una vereda en la que transitaban solo algunas personas ajenas a mi pasar, una imagen proveniente de un puesto de revistas ya cerrado a través del vidrio llamó mi atención. En la portada de una revista del día, había una fotografía de Robert y yo la noche en la que me invitó a cenar. No me fijé en el enunciado y solo la expresión de mí en la imagen se llevó mi más absoluta impresión. ¿Podía verme así de feliz a su lado?

Con una mueca de disgusto aparté ese pensamiento y seguí caminando consciente de que en cualquier esquina podría ver algo, o eso quería, pero no fue así. Incluso llegué caminando y no corriendo hasta el bosque al que acostumbraba ir siempre, pero no encontré ni un solo vestigio que me pudiera indicar el paradero de Balthazar.

Pero, ¿qué debía buscar, entonces? ¿Un camino de cadáveres desangrados?

Si, eso sin duda sería lo más macabro…

Pero lamentablemente, lo más acertado.

Robert POV

¿Una hermana?

Katherine jamás me había dicho que tenía una hermana, y menos que era como ella… Aunque en realidad jamás me había dicho muchas cosas sobre su vida y su pasado. Pero ¿por qué no la había mencionado? Mencionó a su padre y su madre, pero nunca a ella...

—No es muy cortés de tu parte tenerme con la mano extendida —habló Marianne que aún mantenía su mano en alto hacia mí para un saludo.

Aunque todavía estaba mudo por la impresión, actué de inmediato por inercia estrechando su fría y delgada mano pálida contra la mía, y ahora que sabía quien era y mientras más la observaba, era incapaz de no ver qué me resultaba tan familiar.

Marianne tenía los ojos de un extraño color marrón, así como el color de las avellanas, y llevaba el cabello liso y algo más claro que Katherine, pero a pesar de además ser de un rostro más alargado, tenía rasgos bastante parecidos a los de su hermana.

—¿Eres su hermana? —hablé finalmente tomándole el real significado a lo que decían mis labios.

—Bueno, es lo que he dicho —afirmó con despreocupación y soltó mi agarre.

Después de unos segundos en que estaba embobado, me di cuenta que yo aún extendía mi mano, y algo incómodo la bajé para apegarla a mi cuerpo mientras la seguía observando, incluso me di cuenta que Marianne podía ser mayor que Katherine, o eso parecía.

—Por tu expresión, veo que no me ha mencionado ante ti —comenzó a pasearse por el departamento observándolo todo y hablando con completa calma—, aunque conociéndola como creo, no me extraña que no lo hiciera, puedo imaginarme el por qué.

—¿Qué quieres decir? —pregunté de inmediato ante la extraña confesión.

—Es solo que… han habido algunos… problemas familiares —contestó moviendo levemente su cabeza con resignada aceptación, pero no como si le importara, más bien como si lo fingiera.

Diferencias familiares…

¿Habían peleado?... Tal vez por eso no sabía nada de Marianne… aunque también podía ser porque Katherine no me quería sabiendo sobre su vida; no me tenía confianza.

Tras cada paso que dio haciendo eco con sus tacones y en los que no le quité la vista de encima, finalmente llegó hasta mí nuevamente y su mirada me escrutó con destreza mientras comenzaba a hablar.

—Veo a qué se debe que mi hermanita haya salido a la luz.

Su vista bajó por mi abdomen y solo en ese momento recordé que solo me cubría una pequeña toalla.

—Disculpa, yo… —comencé a decir pero aún no terminaba de hablar cuando ya estaba en mi habitación poniéndome una camiseta y un par de jeans.

Mi mente trabajaba a mil asimilando la idea de que Katherine tuviera una hermana y que evidentemente no se hablaban, por no mencionar el hecho de todo lo que esto podía significar en la vida de Katherine. Y por supuesto, que también era un vampiro. ¡Si hasta tenían el mismo anillo!

Volví a la sala y la vi sentada en el diván de cuero negro en el que se había sentado su hermana desde la primera vez que vino.

¿El gusto por el sillón estaba en los genes?

Me instalé frente a ella y la miré antes de comenzar a hablar, pero ¡cielos!, el parecido se hacía más evidente a cada minuto. Solo que el rostro de Katherine tenía una particular inocencia plasmada por la impronta de un sufrimiento bien disimulado que ya había aprendido a ver, y la diferencia se hacía mayor al notar la artera mirada y la leve sonrisa de Marianne al dirigirse a mí.

—Y ustedes, ¿hace cuánto que no… se ven? —pregunté absorto en lo que podría ser su respuesta.

—Hace… más de cien años, quizás —dijo mirándose las uñas.

Cien años... ¡Dios mío! ¿A qué grado había sido su pelea?

Yo no podía recordar cuando fue la última vez que peleé con alguna de mis hermanas, y cuando eso ocurrió, no era por más de un par de horas que duraba. Realmente no podía imaginarme la dimensión de sus diferencias para pasar tantos años sin hablarse.

Pero si no se hablaban en más de cien años, Katherine debía tener…

—Pero ¿quién los cuenta? —agregó interrumpiendo el rumbo de mis pensamientos con completa despreocupación—. Un año es solo la vuelta completa de la tierra alrededor del sol. Son solo una unidad de tiempo que depende del contexto de tu vida, y en tal caso, un año para mí no significaría lo mismo para ti.

¡Aún así son más de cien años!

—¿Y qué fue lo que sucedió para que dejaran de verse? —quise saber. Todo lo que me pudiera decir me serviría para ayudar a Katherine.

Pero mientras ponía atención a su respuesta, vi un letal refulgir en su mirada que me cortó la respiración de inmediato. Luego pareció estar divertida por algo y rió.

—No te asustes, que no muerdo —comentó riendo aún más con su lasciva mirada dirigida hacia mí—, a menos que quieras.

Yo recordaba esas mismas palabras hace ya algunos meses, pero no habían tenido el mismo efecto en mí.

Y no solo podía recordar eso, si no que también recordaba el por qué de que ella supiera como me sentía: Sus dones.

—¿Por qué no vas y se lo preguntas a ella? —continuó con un ligero gesto de su mano derecha—. Eso, sin duda, sería bastante interesante de escuchar.

¿Interesante?, me pregunté con ironía.

Interesante y también una gran hazaña si volvía a verla…

—Pero, ¿qué te trajo por acá? —le pregunté no sabiendo que más decir, y fue como si le hubiese hablado a un extranjero que estaba de visita—. Quiero decir… que después de tantos años… ¿Vas a reconciliarte con ella?

Soltó una escueta carcajada monocorde en lo que alcancé a ver unos colmillos que sobresalían amenazadoramente para mí.

—¿Reconciliarme con ella? —preguntó con ironía—. Eso sería… divertido.

Me resultó imposible descifrar su oculto trasfondo. Había resentimiento, eso se notaba, y se me ocurrió que eso debía tener la culpa de la melancolía que Katherine me intentaba ocultar, y también por lo mismo, jamás me había hablado de su hermana.

Le hacía daño.

—¿Por qué has venido hasta acá, entonces? —inquirí—, porque no has hablado aún con ella —agregué al darme cuenta de aquello sin que me lo dijera.

—Tienes razón, no he hablado con ella aún, aunque para ser sincera, nunca lo he hecho de todas las veces en que la he encontrado —confesó—. Solo vine hasta acá creyendo que podrías hablarme de ella, pero al parecer, sabes mucho menos que yo.

Y desgraciadamente tenía razón, solo que esta vez no me incomodó tanto como lo había imaginado. Ella era su hermana y aunque la conocía más que yo, aún no era suficiente.

Como para haber venido hasta mí…?

Al percatarme de sus palabras: "no he hablado con ella aún, aunque para ser sincera, nunca lo he hecho de todas las veces en que la he encontrado", fue imposible que no soltara la pregunta que me estaba dando vueltas en la cabeza.

—¿Y qué es diferente esta vez para que quisieras hablarle?, porque me imagino que les quieres hablar, ¿o no?

—No lo sé aún — me respondió después de algunos segundos—, pero como te dije antes, quería conocer qué fue lo que sacó a mi hermanita a la luz.

—¿A la luz?

—Si, vamos —hizo un gesto de exagerada incredulidad—, ¿no has visto la prensa estos días? Katherine se ha hecho bastante famosa —concluyó riendo a lo que me apresuré a decir.

—Eso fue un accidente que no…

—Claro que lo sé, solo estaba bromeando —me interrumpió.

Qué extraño sentido del humor, pensé.

—A lo que me refería, era que quería saber cuál es el especial acontecimiento que ha ocurrido para que se dejara ver tan íntimamente con alguien después de tanto tiempo.

¿Tanto tiempo? ¿Especial?

Si esto era especial y su hermana aún no hablaba con ella (como para que tuviese alguna clase de efecto negativo en su actitud tan de pronto), ¿qué había sucedido para que quisiera alejarse?

—Pero como también te dije antes —continuó—, ya veo cuál es el motivo.

Aunque en estos momentos estaba vestido, la incomodidad por su lasciva mirada no fue menor.

—¡Incluso volvió a la vieja escuela! —exclamó divertida.

¿Vieja escuela? ¿Y se supone que yo debía saber qué significa eso?

—¿Qué vieja escuela?

Hizo señas con su mano en mi cuello y lo entendí perfectamente. Me habían hecho tantas veces esas señas, que ya podía reconocer a qué se refería, y sin que hubiese tenido la necesidad de decir lo que respondió.

—Creo que tampoco te imaginas el tiempo que ha pasado sin que haya bebido la sangre de un humano.

Pude ver un refulgir en su mirada tras el rumbo de sus palabras, las cuales me recordaron a las palabras de Katherine hace unos días acerca de que todos los vampiros no son iguales al beber sangre.

"La mayoría de los vampiros no pueden detenerse. La satisfacción es tan grande que no pueden controlarse"

Tal vez Marianne no era como Katherine...

—Ella lo hace porque no se siente bien tomando algo de alguien sin su consentimiento —me apresuré a decir a modo de garantía, pero solo conseguí que soltara otra fuerte carcajada.

—¿De verdad dijo eso? —soltó con incredulidad entre risas que me descolocaban por la poca importancia que le daba.

Cuando se logró calmar después de unos segundos, guardó silencio por otros más, y solo miró sus uñas con forzado detenimiento, y de pronto, palabras sin ánimos salieron de su boca sin previo aviso.

—Esas son las ironías de la vida... Nunca dejan de sorprenderme, si hasta pareciera que cada una es más irónica que la anterior.

Esta mujer hablaba en… ¡griego! No entendía qué quería decir con lo que hablaba y tampoco lo explicaba, pero no estaba dispuesto a preguntarle a cada momento que soltaba algo extraño. Lo único que me quedaba por hacer era utilizar sus palabras como en un rompecabezas o un crucigrama y descifrarlas.

¿Qué tenía de irónico no tomar algo de alguien sin su consentimiento? Sobre todo cuando se tomaban en cuenta los peligros que había de por medio.

—¿Sabes una cosa? —preguntó y solo en ese momento me percaté que mi miraba estaba fija en la mesa preguntándome cosas. De inmediato alcé la vista para mirarla y darme cuenta que me miraba fijamente—, tú me recuerdas a alguien.

—¿Alguien? —repetí.

—Así es, pero no puedo recordar a quién —respondió frunciendo el ceño, como si indagara en sus recuerdos.

¿Cuántos rostros habrá visto a lo largo de su existencia? Y todos pasando por su cabeza ahora mismo. Después de todo, son más de cien años…

—Marianne —dije después de seguir el rumbo de mis cavilaciones—, si se supone que no se hablan hace más de cien años, ustedes ¿cuántos… años…?

—¿Cuántos años tenemos? —terminó la pregunta por mí y yo solo asentí—. ¿Sabías que esa pregunta no se le hace a una mujer?

Lo mismo que me había respondido Katherine, pero yo seguía teniendo curiosidad. Esa vez me dijo que tenía 18, pero yo sabía que solo era su edad… ¿biológica?

—Bien, veamos —habló después de un suspiro interrumpiendo el silencio que había entre ambos, y al mirarla comprendí que me respondería. Obtendría una respuesta—: Yo me convertí, al igual que Katherine, en el año 1900, así que llevamos siendo lo que somos… 109 años con aproximación, pero tomándolo desde un ángulo general —continuó como si hablara sobre el clima de mañana o un partido de futbol… Pero luego me di cuenta, por mis cálculos, de que prácticamente no se veían desde que eran vampiros—, yo tenía 23 en ese entonces, así que en conclusión tengo 132 años y Katherine tiene 127 —concluyó.

¡Vaya! Simplemente increíble. 127 años… Y aún así la amaba.

—Katherine tiene un anillo igual al tuyo —comenté después de largos segundos silencio.

—Así es —contestó con recelo esta vez—. Nuestro padre mandó a hacer los anillos después de que mi madre muriera, como una manera de simbolizar…

—De que estaban siempre juntos —la interrumpí recordando las palabras de su hermana me había dicho hace dos días, pero al contrario de lo que esperaba fuera su reacción, pareció molestarle aún más, logrando lanzarme su resentimiento a través de su mirada.

Katherine con una pena incomprensible, y Marianne con un resentimiento muy grande.

Estas mujeres necesitaban una seria conversación a solas.

—¿Tienen más hermanos? —me apresuré a preguntar tratando de pasar por alto su expresión que amenazaba con pulverizar a cualquiera que se le cruzara por delante, pero mi pregunta pareció causarle aún más rencor.

—No —respondió—. Nuestra madre murió después de que Katherine naciera.

Uh. Oh. Eso yo no lo sabía. Me estaba poniendo totalmente incómodo ante la situación. No es para menos…

Entre disimuladas miradas hacia Marianne, noté como miraba su anillo fijamente con la mano extendida sobre su rodilla, pero también me pude percatar que rozaba sus dedos contra su dedo índice sobre otro anillo plateado que llevaba en la misma mano del grueso anillo con el escudo que ya conocía.

—Aún tiene el anillo —comentó en voz alta tras una bufido interrumpiendo el silencio que se había instalado de momento en la sala—. Qué extraño. Creí que lo dejaría atrás como lo hizo con su anillo de compromiso.

¿Compromiso? ¿Escuché bien? ¿Katherine había estado comprometida?

—¿Qué compromiso? —pregunté sintiendo como se aceleraba mi corazón y como ella cambiaba de golpe su humor.

—¿No sabes? —inquirió con satisfacción—. Al parecer mi hermanita no habla mucho contigo.

Su comentario me molestó de inmediato y solo notaba como mis puños se cerraban con fuerza apretándose entre sí, clavando las uñas en mi palma.

—Bueno, ante tu evidente ignorancia respecto al tema, me voy a permitir contarte todo lo que yo sé —siguió mientras se regodeaba de sus palabras, pero debo reconocer que fue imposible no sentir curiosidad por lo que decía—. Una semana antes de que mi bella hermanita se casara, desapareció, y nadie de nosotros supo lo que sucedió con ella por meses, incluso creímos que estaba muerta. Pero en realidad ella había "cambiado", ya no era "la misma de antes" —dijo con ironía y aunque no entendí su sarcasmo, si entendí lo que me estaba diciendo; Katherine ya era vampiro, ya había firmado su contrato, como lo llamaba—, pero luego apareció de la noche a la mañana y dejó su anillo de compromiso en…

De pronto se detuvo en sus palabras, tal como si hubiese recordado algo de golpe.

Pero ¿su anillo de compromiso en…?

—¡Thomas! —exclamó.

—Si, ese es mi segundo nombre —respondí extrañado por de su inusual y extraño arranque, pero ella chasqueó la lengua y me ignoró.

—No, tú no —me increpó moviendo su mano con desdén—. Thomas Delade, el prometido de Katherine. ¡Tú me recuerdas a él!

KPOV

Llegué al barranco preguntándome en cuanto tiempo más esto se terminaría. Cuando tendría mi redención al fin.

Clamaba al oscuro cielo por una respuesta, pero que nunca había nada, como siempre. Como todas las noches en que suplicaba lo mismo, jamás tenía una respuesta.

Y yo que creía que Dios había perdonado todos mis errores…

El bosque estaba en completo silencio atento a cualquier movimiento que hiciera el depredador. Solo el susurro del viento contra los arboles me decía que no estaba sola, aunque yo esperaba que fuera otra mi compañía.

La vida del bosque solo estaba atenta al menor movimiento que hicieran mis músculos. Pero yo solo escuchaba y observaba. Observaba y sufría.

El dolor por perder lo único que amaba en ese entonces iba aumentando a tal grado que cortaba mi respiración y desgarraba mi pecho muerto por dentro. Las lágrimas que un día creí inexistentes en mí, querían salir, pero como tantas otras veces, estas se retuvieron por el rencor que corría en mis venas. Quería llorar por la angustia y el dolor de lo que una pérdida estaba significando…

No. No solo una pérdida: Muchas pérdidas, y todas, producto del actuar de la mente retorcida de un solo individuo.

Si Balthazar no me hubiera hecho esto, yo habría vivido mi vida como se supone que tenía que ser, como me correspondía vivirla. Y en el caso de que me hubiera matado, como muchas veces lo preferí, Thomas jamás habría pensado que lo había dejado y no se habría suicidado por especular que no lo quería, solo hubiese sido en duro golpe, pero los hechos no abrían tomado el rumbo que tomaron ante mi partida. Mi hermana no me habría odiado por ser lo que era, y mi padre jamás habría muerto de dolor por perder a sus dos únicas hijas. Pero por sobre todo, jamás habría venido a causarle tanto dolor a Robert al creer poder tener una vida normal.

¡Por qué nada es como tiene que ser!

Mi dolor y mi angustia fueron tomando otro matiz, otro tinte; el tinte de la ira, y ya no podía ser completamente consciente de todo lo que pasaba por mi mente en esos momentos y solo exploté gritando y golpeando el suelo con mis manos.

—¡POR QUÉ ME HICISTE ESTO, BALTHAZAR! —las palabras rasgaron mi garganta hacia el cielo deseando que él me escuchara—. ¡PORQUE NO VIENES, ME TOMAS Y ACABAS CONMIGO! ¡POR QUÉ NO TE APARECES Y TERMINAS CON TODO ESTO DE UNA BUENA VEZ!

Y mis gritos, como siempre, no tuvieron una respuesta además del eco que cortó el silencio de todo el espeso bosque.

Sencillamente estaba sola, y únicamente me quedaría esperar.

Esperar tanto por la inminente llegada de la devastación a mi existencia mientras que la agonía se hacía intensa, como esperar en ese bosque hasta antes del amanecer para así volver a casa y seguir torturándome.

Pero por ahora, aún quedaban bastantes horas y bastantes árboles que pudiesen resistir la furia contenida por tantos años, la cual creí enterrar una vez en lo más profundo de mi ser, pero que a la vez, no parecieron poder seguir yaciendo allí.

RPOV

No sabía si sentirme ofendido, insignificante o solo una simple copia barata de alguien que ni siquiera conocía.

Katherine se había comprometido con ese tal Thomas Delade. Se iba a casar con él y era porque lo amaba. ¿Por qué otra cosa sería, si no?

Pero a mi no me quería, yo no era más que alguien a quien podría recordarle su antiguo prometido… Eso era yo para ella.

Había estado todo tan bien entre nosotros, y de la noche a la mañana todo se iba esfumando… Y yo pensando que lo que sucedía era por mi culpa.

Se acercó a mí en busca de un reemplazo para quien amaba, pero cuando se dio cuenta de que no era como ese tal Delade, había decidido irse excusándose en cosas que yo ni siquiera entendía. Había sido un estúpido… y además había dejado que bebiera de mi sangre.

Que oportuna había sido Marianne al venir esta noche. Si no, hubiera seguido creyendo que Katherine sentía algo por mí.

¡Qué imbécil! ¡Qué maldito imbécil! ¿Cómo me pude dejar engañar de esa manera?

Y yo diciendo que la amaba, mientras que ella se burlaba de lo que yo sentía.

¿Por qué siempre me tienen que suceder estas cosas a mí? Que acaso, ¿jamás podría encontrar a alguien que me amara como yo a ella?

—Te quedaste mudo —comentó Marianne con una sonrisa sacándome de aquel resentido ensimismamiento que me embargaba, mientras que mis nudillos estaban blancos por la presión de mis puños—. ¿Hubo algún problema en lo que dije?

—No. No hubo ningún problema.

Mi respuesta fue escueta y de golpe, lo reconozco, incluso descortés tomando en cuenta que Marianne no tenía ninguna culpa como su hermana, pero no podía pensar con claridad mientras que un sinfín de divagaciones gritaban por ser analizadas.

—A mí no me parece que fuera así —dijo con deleite, pero no me importó, solo tenía espacio para la rabia.

Era tan espeso el resentimiento, que me parecía que nunca antes podría haber llegado a sentirlo de esa manera. Por primera vez creí en lo de "Del Amor al Odio, un paso".

Tal parecía que mi suerte en el amor no mejoraría nunca, y eso que ni siquiera creía en la suerte.

—Incluso te pusiste pálido —seguía hablando.

Me levanté del sillón y comencé a pasearme como un frenético por la sala. En el fondo yo mismo me decía que estaba exagerando, pero no lo podía controlar; era mi pensamiento bajo otro. Subyacentemente sabía que todos mis arranques eran sin fundamentos concretos como para estar seguro de algo, pero la rabia no se iba.

¡Diablos!

Pero qué podías pensar cuando una mujer increíble se acerca a ti porque sí, y luego te enteras que tal vez le recuerdas a un prometido que murió hace años, y que por cierto amó, como a mí no podría hacerlo. Y a todo esto se suma que de la noche a la mañana había decidido dejarme…

¿Qué otra cosa podría pensar?

—¿Estás seguro que no te sucede nada? —insistió Marianne apareciendo de pronto frente a mí sin hacer ningún ruido. Salté por el susto—, porque a mí no me parece que sea así.

—No-hagas-eso —exigí marcando las palabras una por una.

—¿Hacer qué?

—Aparecer y desaparecer de la nada —le dije tras su comentario fingidamente inocente.

—Yo no aparezco y desaparezco. No soy una charlatana ni una maldita maga —refutó con humor.

Qué agradable sentido del humor, me repetí de nuevo.

—Katherine se movía con normalidad —la increpé.

—Si. Katherine, Katherine —repitió despectivamente—. En serio, sé cuál es el motivo de que se haya fijado en ti. Lo que realmente no sé, es qué viste en ella. Es tan… melodramática.

Suspiró logrando que su labio inferior sobresaliera levemente con molestia.

—Pero en fin, siempre termina consiguiendo lo que quiere —agregó.

Mi flujo sanguíneo aumentó, al igual que mis pulsaciones y sobre todo, mi enojo. Tal vez yo era una de esas tantas cosas a las que se refería su hermana, y ahora que se había aburrido, me dejaba.

—Es cierto. Parece que no te ha hecho muy feliz algo de lo que te he dicho —continuó ajena a mi molestia—, porque si mal no recuerdo, cuando llegué podría jurar que me confundiste con ella y dijiste que tenían algunas cosas pendientes. Y tu reacción ahora, me dice que ella ha hecho lago muy, muy malo contigo. ¿O me equivoco?

—¿De qué hablas? ¿Cómo puedes sacar esas conclusiones?

Mis preguntas eran vagas, y era obvio que ella tenía razón. No era tonta y cualquiera se podría haber dado cuenta.

—Vamos, creí que sabías como somos "nosotros" —dijo dibujando unas pequeñas comillas con sus dedos por encima de su cabeza—. Puedo percibir lo que sientes mucho mejor de lo que te podrías llegar a imaginar, o incluso más de lo que tú mismo podrías llegar a entenderte —concluyó riendo.

Cierto.

Entonces no hablaría más y dejaría que ella adivinase todo, pensé con ironía.

—¿Sabes otra cosa? —siguió hablando y sin palabras la seguí observado directamente a sus ojos café, temiendo que con lo próximo que saliera, fuera que también le recordaba a… ¡un amante!—. Creo que no tienes por qué pasarlo mal por culpa de Katherine. Siempre se las encarga par joder la vida del resto, y creo que podrías tal vez mirar a alguien a tu altura —concluyó y por primera vez no me molestó ni me incomodó su lasciva mirada.

Con un lento movimiento colocó ambas manos en mi pecho y se acercó.

—Yo te daría mucho más de lo que ella podría.

Mi mente trabajaba a mil asimilando el momento, y cuando veía sus labios rojos a solo unos centímetros de mí, un chispazo repentino en el fondo de mi consciencia me dijo que me alejara.

Extraño. No supe quién estaba más desconcertado; si ella no sé por qué, o yo por lo que estaba pasando, pero antes de que pudiera seguir la corriente del rumbo de mis pensamientos y conclusiones que parecían salir cada vez con más dificultad, Marianne me escrutó con su mirada nuevamente.

—No te preocupes—dijo sonriendo y mostrando con sutileza sus colmillos (mmm… Katherine nunca los mostraba…, pensé), al tiempo que rozaba sus manos en mi abdomen antes de apartarlas—, tengo paciencia. Sé que terminarás cediendo, y cuando ocurra; esperaré.

Se acercó otra vez, pero esta vez con un rápido movimiento al principio y luego lento, depositó un beso en la comisura de mi boca, despertando una extraña lujuria que me costaba refrenar.

Apretaba mis puños de nuevo conteniéndome para no ceder como me había retado, pero se hacía difícil, y mucho más cuando no lo terminaba de comprender.

Caminó hacia el balcón y estuvo unos segundos observando hacia calle.

—Es tan molesto entrar y salir por las ventanas, y luego saltar como si fueras un delincuente —soltó con desdén antes de volver su mirada hacia mí—. Pero bueno, ten la seguridad de que nos volveremos a ver, chico Cullen.

Dio un resoplido de molestia y saltó.

Comencé poco a poco a ser consciente otra vez de todo lo que estaba sucediendo.

En conclusión, Katherine no quería estar conmigo y tal vez la razón fuera porque le recordaba a su prometido, pero cundo se dio cuenta de que no era como él se desilusionó, y por eso se iría. Sin aclarar las cosas y ser honesta conmigo, se iría.

Si hasta tenía que aparecer una hermana, de la que nunca me habló, para enterarme de todo. Y la cual me dice en una noche, más de lo que ella había sido capaz de decir en varios meses.

Me había utilizado y yo me había permitido sentir lo que sentía sin siquiera conocerla bien. Y apenas con saber solo un poco de quien era y como era; creía amarla.

Ah. Y además de lo que ya ocurría de por sí, Marianne, su propia hermana, se me había insinuado…

No, no se me había insinuado, se había declarado abiertamente en contra de Katherine y a favor de tener algo conmigo. Cero insinuaciones, fue directo a la médula.

Simplemente, todo lo que me estaba ocurriendo no tenía sentido.

Y para la coronación, a todo esto se le sumaba la declaración de Kristen.

En definitiva, esa noche no fue precisamente la mejor que he tenido, y por una vez, aunque era prácticamente imposible al tomar en cuenta todo lo que significaba lo que me estaba sucediendo, quise no pensar en nada más...

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y les gustó????

después de un receso, espero sus reviews!!!!!! xd