hola!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

yo de nuevo... :D

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Capítulo Quince: MONSTRUO

Robert POV

Lágrimas caían por las mejillas de Katherine sin detenerse, pero ella no parecía advertirlo, es más, ni siquiera estaba completamente seguro de que estuviera consciente que se encontraba conmigo y no realmente en sus recuerdos como su mirada empañada me lo decía. Aún así, no la solté en ningún momento y el producto salino de su llanto siguió cayendo sobre el dorso de mi mano posada en su regazo.

Tanto dolor. Tanto sufrimiento. Tanto suplicio. No creía que en la vida pudiese llegar a escuchar una historia tan inverosímil como ésta. Yo solo estuve en completo silencio el resto del relato captando cada palabra que decía, impactado por lo que había sucedido en realidad con ella. Era como si ahora comprendiera el por qué de toda su actitud, de su soledad y de la muralla que había erigido para protegerse de lo que antes ni siquiera me habría podido llegar a imaginar; la real dimensión de todo.

Entendía su angustia, entendía el por qué de que la sonrisa que había visto en ella en la fotografía ya no estuviera allí, y también entendía que necesitaba hacer algo por ella, pero ¿qué? ¿Cómo podría borrar tantos años de dolor?

Me contó, como yo quería, lo que había sucedido con Marianne, el por qué de que ella la odiara tanto, el por qué de que no se hablaran, y el por qué de que no quisiera volver a verla nunca más.

Pero ¿cómo ella no podía ver que Katherine solo lo hizo por salvarla? Además, su intención nunca fue condenarla como ella misma había dicho. ¿Por qué no podía perdonarla?

Nadie se merece vivir así…

Katherine se seguía culpando de todo lo que había sucedido y se martirizaba cada vez con más rabia, cuando el único culpable de todo era ese maldito monstruo con el nombre de Balthazar.

—Maté a mi propia hermana —siguió balbuceando con su mirada anegada en lágrimas y aún culpándose por solo querer ayudarla—… y… y también maté a mi propio padre.

¿Su padre? ¿Qué tenía que ver su padre en todo esto?

—El perdió a sus dos únicas hijas por mi culpa... Murió de dolor y solo... sin que yo pudiera hacer nada por él —dijo con su voz entrecortada muriendo en un lastimero susurro.

Ella no podía seguir viviendo con tanta culpa a cuestas sobre su consciencia. No cuando nunca la tuvo y jamás fueron sus intenciones causar lo que vino después por añadidura. Seguir atormentándose solo la lastimaría más, y si no curaba sus heridas, éstas solo se seguirían abriendo con el paso del tiempo. Tenía que superar, aunque fuera un poco, que lo que sucedió fue por algo, como también el de que yo la hubiera conocido. Después de la tormenta tenía que venir la calma…

—No. Tú no tienes ninguna culpa —le dije al tomar su rostro húmedo entre mis manos obligándola a que me mirara, y solo en ese momento creí ver luces de que se encontraba conmigo nuevamente.

Estaba asustada y me miraba con desesperación, tanto, que no era capaz de sostener mi mirada por mucho tiempo, pero luego tomó mis manos y con cierta dificultad las apartó de su rostro.

—Eso fue lo que sucedió —dijo haciendo esfuerzos enormes por contenerse, sin mucho éxito—. Ahora, ¿qué esperas para huir? —preguntó en un sollozo.

—Jamás huiría de ti. Lo que sucedió hace años no fue tu culpa —repetí limpiando sus lágrimas.

—¿Qué no fue mi culpa? ¡Es que no me escuchaste!

—Por supuesto que lo hice, pero no fue tu culpa, deja de acusarte —le respondí resueltamente—. Ya es tiempo de que esas heridas curen, y no pienso dejarte por eso —concluí con firmeza, y con las palabras y el tono más suave que pude encontrar dentro de lo enfurecido que me encontraba por lo que le habían hecho.

—¿Heridas? —repitió con ironía—. ¿Sabes la clase de heridas que un monstruo le causó a alguien más? ¿Crees que Marianne piensa lo mismo de las heridas que yo le causé? ¿Piensas que ella no piensa que yo tengo la culpa por convertirla en lo que es? —preguntaba con rabia—. Y ella tiene razón, yo tengo esa culpa… —terminó en un susurro.

No sabía como contestar a esto. No sabía realmente lo que Marianne pensaba, y Katherine se atribuía y lanzaba culpas una y otra vez.

—No hablo de las heridas que ella pudiese tener —dije finalmente contradiciéndola, buscando refutaciones que la pudiesen convencer—, ya que al final tiene que entender las cosas como sucedieron. Tal vez esté ahora cegada por el odio, pero eso no será por siempre… —o eso era lo que deseaba—. Yo realmente hablo de tus heridas —continué intentando reconfortar la culpa injustificada en su interior—. De sanar tus propias heridas para luego sanar las del resto. Perdónate a ti misma antes de que alguien más pueda hacerlo.

Ella solo bufó con amargura sin considerarlo.

—Aunque este no sea el caso, podría ser que las heridas hayan sanado hace mucho—dijo calmando sus lágrimas con esfuerzo, pero yo prefería aquellas lágrimas que trataba de impedir, antes que la amargura que la reemplazaba—, pero siempre queda la cicatriz que te recuerda en todo momento lo que fue, y ésta no será la excepción.

Ella tenía un punto. Yo mismo era de quienes una vez creyó lo mismo, pero eso cambió cuando la conocí; mis heridas del pasado habían cicatrizado y cuando recordaba lo que sufrí, ya no me importaba solo porque ella existía. Ahora, aunque me dijera que no se habían cicatrizado sus heridas, y aunque en este mismo momento pareciera que sus heridas se estaban abriendo más en vez de cerrarse, intentaría ser yo quién hiciera la diferencia. Intentaría por todos los medios posibles e imposibles que aquella regla que se había implantado desapareciera para ella como había desaparecido para mí, ya que sabía que no debía aplicarse a este caso. No a alguien inocente que no se lo merecía.

—Yo estaré aquí contigo para que esas heridas sanen —le dije poniendo todo mi cariño y mi apoyo en cada palabra—, y para cualquier cosa que tú necesites.

Me miraba sin entender lo que había dicho, o más bien, como si le estuviera hablando en un idioma desconocido que no era capaz, ni quería comprender, pero sin más, terminó rompiendo en llanto otra vez con más desesperación, a la vez que escondía, avergonzada, su rostro entre sus manos.

Pero ¿por qué lo hacía? ¿Por qué le avergonzaba sentir dolor? ¿Por qué le avergonzaba que pudiera conocerla con sus penas y sus alegrías (aunque al parecer no fueran muchas)?...

Claro, su coraza…

Al fin se había derrumbado la muralla que la protegía, y aunque nunca me imaginé que pudiera encontrar tanto dolor detrás, ahora se sentía desprotegida ante mí. Sus recuerdos la torturaran y ya no sabía como protegerse. El punto era que se sentía débil y vulnerable por quebrarse de aquella forma. Por eso lloraba.

La abracé apoyando su cabeza en mi pecho, absorbiendo el suave y dulce aroma de su cabello y su piel tan reconfortante como siempre… Pero ahora era yo quien debía reconfortarla, tenía que hacer lo que pudiera por aliviar su pena.

—Tranquila, cariño. Ahora yo estoy aquí —dije besando su frente y acariciando con una mano su espalda—. Ahora menos que nunca voy a hacer lo que me pides y ahora menos que nunca me iré de tu lado.

Katherine POV

Jamás creí que volvería a recordar con tanta nitidez lo que había sucedido hace ya tantos años, cuando yo misma había tratado de olvidarlo, sin mucho éxito por lo demás, y con cierto grado de egoísmo de mi parte, pero ¿qué más se podría esperar de un monstruo como yo? ¿Qué más se podría esperar de quien arruinó la vida de quienes más amaba?...

Y ahora, en este preciso momento, todo regresaba a mí como mi justo castigo por todo lo que causé. Todos los fantasmas del pasado que nunca se esfumaron, se hacían corpóreos cada vez con más fuerza para buscar su justificable venganza contra mí.

Lloraba sin poder detenerme en los brazos de Robert, reconfortándome con su abrazo y su calidez, los cuales hacían que mi llanto se volviera aún más desesperado al estar consciente del tesoro que ponía en peligro por cada segundo que pasaba con él, logrando odiarme cada vez más.

Lo que sentía era incontrolable. Ni nada ni nadie podría ser capaz de callarme ahora. Había decidido hablar y sin querer, rompí la única barrera que podría mantenerlo alejado de mí y lo que sentía. Pero ya había sido muy tarde, sus palabras me lo dijeron.

—Tranquila, cariño. Ahora yo estoy aquí —dijo besando mi frente con el tipo de dulzura más grande que jamás había conocido, y que me derretía con cada caricia haciendo añicos cada partícula que me quedaba de voluntad—. Ahora menos que nunca voy a hacer lo que me pides y ahora menos que nunca me iré de tu lado.

Qué más quisiera yo que aquello fuera cierto. Poder estar con él por siempre y que nunca se fuera de mi lado, pero eso era definitivamente imposible, jamás podría tener ese derecho…

—¿Por qué? —solté en su pecho incontrolablemente maldiciendo mi destino por dentro por lograr que todo esto ocurriera—. ¿Por qué tuve que conocerte ahora?

Ahora… y no cuando vivía.

¿Por qué cuando creí que todo estaría bien, todo cambió? ¿Por qué el conocerlo conllevó desenterrar todos mis recuerdos de esta manera tan violenta y repentina?

¿Por qué tú hiciste salir todo de mí?

Siempre tuve el peso encima de lo que hice, pero ¿por qué ahora me dolió tanto? ¿Por qué no pude soportarlo más, consiguiendo derrumbarme entre sus brazos como una niña?

Despreciable, indefensa…

No creía que abrir el pasado de pronto causaría esto: Causar lo opuesto a mis intenciones.

¿Por qué no pude ser tan fuerte como lo fui antes, como lo fui hasta conocerte? ¡Por qué tuve que conocerte!

Si no lo hubiese conocido, nunca me hubiese importado tanto huir nuevamente de Balthazar, tal vez no habría sabido nada de Marianne como ahora conociendo nuevamente su desprecio, y tampoco me hubiese enamorado de él... Pero ¿cómo puedo culparlo, cuando la única culpable de todo esto soy yo?

¡Por qué tuve que llegar hasta ti!

¿Por qué un monstruo como yo; quien hizo lo que hizo y que causó lo que causó, tuvo que cruzarse en su camino, tuvo que enamorarse?

Robert estrechó su agarre contra mí, pero yo no era capaz de devolvérselo estando apoyada en su pecho sintiendo el enérgico palpitar de su corazón y mojando su ropa con mis lágrimas.

—Me conociste ahora, porque era el momento de que yo te amara —dijo contra mi oído—. Nuestro destino es estar juntos.

¿Nuestro destino es estar juntos?

Me alejé de él para mirarlo de frente, y aunque tenía la visión enturbiada por las lágrimas, sabía que su mirada me decía que había solo verdad en sus palabras, que hablaba de corazón. Sin pensarlo y en un acto incontrolable, me lancé sobre sus brazos para enterrar mi rostro en su pecho nuevamente, y esta vez, no quise soltarlo más, él lo era todo para mí…

—No merezco que me quieras —dije y la voz se me ahogaba. ¿Por qué no podía dejar de llorar?—, y yo no merezco quererte, tampoco.

—No digas eso, por favor —dijo mientras no dejaba de darme pequeños besos en la frente y me acunaba entre sus brazos como si fuera una niña—. Ya no llores más, amor. No mires atrás, tú estás a salvo ahora.

¿A salvo?

Desde que soy lo que soy, nunca creí que estaría alguna vez a salvo de nuevo, pero ¿podría ser que las cosas cambiaran? ¿Podría salvarme de mí misma? Era eso lo único que necesitaba…

Yo lo aferraba con fuerza y al instante me correspondió con la seguridad que jamás creí conseguir. Su abrazo era cálido y fuerte, y no existía nada a mi alrededor además de él, de hecho, creo que por un momento logré olvidar todo lo que sucedía además de nosotros, pero en el momento en que aquello llegó a mí de nuevo, decidí que no podía seguir haciéndole más daño, no más. Debía hacer lo que él se merecía, no más mentiras, solo la verdad, no tendría otro momento más que éste, ésta era mi única oportunidad.

—Robert —dije tras reunir todo el valor que pude—, hay algo que aún no te he dicho.

Robert POV

—No merezco que me quieras —dijo tras lanzarse a mis brazos con ímpetu, como si se protegiera en mí mientras lloraba —, y yo no merezco quererte, tampoco.

Entre todo el conflicto, debo decir que me sentí culpable por sentirme feliz de lo que indirectamente me acababa de expresar y simplemente no pude dejar de sonreír con alivio mientras la abrazaba contra mí. A pesar de todo, era una confesión que traducía muchos de sus actos.

—No digas eso, por favor —dije dando besos en su frente, acunándola entre mis brazos como si ella fuera una niña y yo fuera quien la protegía

Si, ese quería ser yo. Quería ser quien la protegiera y la cuidara. Ahora ella era toda mi vida y jamás permitiría que volvieran a hacerle daño, ella lo era todo para mí

—Ya no llores más, amor —le pedí aferrándola contra mí—. No mires atrás, tú estás a salvo ahora.

Aunque en un momento su postura se tensó por un breve lapso de tiempo, luego se soltó rindiéndose antes de lo que sería, tal vez, la razón de muchas cosas que habían sucedido entre nosotros; tanto por la manera en que lo dijo y la forma de mirarme, porque era el mismo miedo que vi constantemente en estos últimos días.

—Robert, hay algo que aún no te he dicho —dijo antes de enderezarse en su postura para mirarme de frente con lágrimas que aún humedecían sus ojos y sus mejillas.

—Dime —le dije secando aquellas lágrimas que ya se detenían poco a poco—. Puedes decirme lo que sea, confía en mí.

Tomó airé, limpiando ella misma el resto de los residuos salinos de su rostro con decisión, y debo reconocer que aprecié esa nueva decisión en ella, porque no había tanto miedo como antes. Creo que incluso tenía un cierto toque de valentía.

—Tú viniste aquí porque querías saber sobre mí… para poder entender el por qué de que me marchara de pronto… —comenzó diciendo con dificultad y yo asentí sin palabras.

Claro, era precisamente por eso, y porque quería que no se fuera, ¿pero es que acaso lo que me contó no era el motivo? ¿Aún había más?

—Comencé contándote sobre mí —continuó—, con la intención de que si sabías lo que había hecho no quisieras estar conmigo…

—Pero eso no ocurrirá —me apresuré a decir interrumpiéndola y tomando su mano entre las mías con suavidad.

—Pero ahora debes saber el por qué de que debiera irme —continuó ignorando mi interrupción.

—¿Te quieres marchar por Marianne? —pregunté lo primero que se me vino a la cabeza, aunque ya sabía que se había enterado de su presencia en la ciudad después de que me dijera que se quisiera ir.

—No es por Marianne —me respondió sin ánimos y sin mirarme, bajando su mirada a muestras manos que se encontraban unidas—, de hecho, ni siquiera se por qué ella decide aparecer justo ahora, además del hecho de cobrar su partida al fin.

De inmediato recordé las lascivas palabras que su hermana me había dicho cuando me fue a ver, pero no fui capaz de decírselo. Ésta vez fui yo quién bajó la mirada, pero avergonzado.

—Por mucho tiempo creí que había muerto —siguió hablando con demasiado dolor por creerse la culpable—, y por mucho que la busqué, nunca pude encontrarla. Y ahora aparece ante ti… no sé por qué… No sé cuáles son sus intenciones —concluyó llevándose la otra mano a la frente con hastío.

Yo tampoco sabía el por qué de que después de cien años apareciera, a menos que tomara en serio cuando dijo que sentía curiosidad porque su hermana se haya involucrado con alguien, pero de todas maneras, me sentía culpable.

—Katherine —dije reclamando su atención y tratando de enfocarla a lo que llevó a mencionar a Marianne de nuevo—, si no es Marianne el motivo de que quieras marcharte, ¿cuál es, entonces, la razón?

Volvió a levantar su mirada, viendo la desesperación contenida en sus ojos y la duda de nuevo de si debía hablar o no, y cuando creí que guardaría silencio permanente como siempre, me sorprendió respondiéndome finalmente.

—¿Recuerdas…? ¿Recuerdas el sábado cuando me dijiste lo de las fotos que habían tomado en el restaurante, y tú… temiste que si alguien sabía lo que yo era en realidad me pudiera suceder algo?

—Lo recuerdo —contesté reviviendo el momento, pero también lo que me había dicho momentos antes de que su hermana viniera—, pero tú también me dijiste que si alguien se dispusiera a revelarlo, nadie le creería. ¿Por qué ahora te preocupa eso?

Tomó un largo trago de aire con dificultad antes de seguir.

—Yo logré huir de Balthazar después de bastantes años —me dijo con su voz temblando—, pero hace aproximadamente sesenta años fui lo suficientemente tonta como para mezclarme con la demás gente de ésta manera, como ahora.

—¿Qué quieres decir con eso? —le pregunté confundido, sin entender a qué se refería.

—En ese tiempo, yo comencé a tocar violín en algunos salones de Boston —me explicó mientras movía sus dedos frenéticamente entre sí—. Gané cierta popularidad después de que la segunda guerra mundial terminara, pero fue tanto, que después de haber estado sin Balthazar por tantos años, él me encontró. Él… él me encontró porque decidí darme a conocer, como ahora.

El pánico se acrecentó en su expresión, y si terminaba de entender, ahora tenía miedo de que por las fotos, aquel monstruo la encontrara otra vez…

—Y aunque logré huir de nuevo después de los años —siguió, y ésta vez sus manos se frotaban entre sí—, lo que hizo la primera vez que me encontró… no-no quiero vivirlo de nuevo… No… —no terminó de hablar, pero sí comenzó a temblar, inconscientemente lo estaba haciendo.

Maldito infeliz. Si tuviera la oportunidad de ponerle las manos encima, yo… Si tan solo pudiera tenerlo entre mis manos…

La ira que sentía era inmensa y no parecía reconocerla del todo. Solo tenía un foco, un origen, y ni siquiera tenía un rostro. Solo era una idea falta de corporeidad, pero si de consecuencias dañinas que afectaban a "mi vida".

Abracé a Katherine de nuevo, besando su frente antes de besar sus labios y hablarle.

—No temas, él no te encontrará —le dije entre un beso y otro que le daba, tratando de reconfortarla y hacerle saber que me tenía—. Yo te protegeré desde ahora.

—Tú no entiendes —dijo cuando estuvo libre de mi agarre—. Mi temor es mayor por ti, por lo que te pudiera hacer a ti para tenerme con él —me explicó con nerviosismo, ésta vez tomando mi rostro entre sus manos viendo como sus ojos comenzaban a brillar nuevamente producto de las lágrimas.

Solo tenía miedo por mí…

No. No podía permitir que se preocupara por mí. No tenía el derecho de aceptar esa preocupación cuando ella podía estar en peligro, era ella la verdadera persona en peligro. A mí no me importaba lo que me hicieran con tal de tenerla a salvo.

—Ya ves lo que le hizo a Marianne por mi culpa, por haberle hablado —continuó —. No quiero pensar en lo que te haría a ti por significar lo que significas para mí. Es por eso que debía irme, para que tú estuvieras a salvo. Se supone que yo te cuidaría hasta que él me encontrara, me aseguraría de que no te tocara y me lo llevaría lejos, pero…

—Sht… —la interrumpí cubriendo sus manos con las mías cuando noté que las notas en su voz se alzaban—. Ya no debes preocuparte por mí, soy yo quién debe cuidarte ahora, ¿recuerdas? Ya no estás sola —dije sonriéndole.

—Robert, tú no puedes protegerme de él, nadie puede —dijo con aflicción—. Si huí, fue porque no podía hacer nada más.

—Eso no puede ser —insistí —, además, tiene que haber un modo de que no te encuentre… —insistí, pero ella me interrumpió.

—Lo hay —contestó—, pero para eso debo irme y no te puedo dejar solo. No sabiendo que si te dejo aquí y él aparece, no descansará hasta que te haga daño por mi culpa.

Vaya, ese monstruo era un completo desquiciado.

—¿Y la policía? —pregunté, aunque ya tenía el presentimiento de que no funcionaría.

—La policía nunca podría encontrarlo, y si lo hiciera, solo serían más muertes… —respondió con pesar.

¿Muertes?… Cielos… ¿cómo podría deshacerme de él? Muertes era mucho más de lo que yo pensaba y más de lo que podía sopesar.

—Él es poderoso —continuó—. Es el vampiro más fuerte que alguna vez conocí y cuando incluso soy más fuerte que tú, ni siquiera así podría librarme de él.

Lo que decía era cierto. Ella era mucho más fuerte que yo, incluso a pesar de que no quisiera reconocerlo, pero era la verdad. Me superaba en fuerza y rapidez por mucho, lo que me consumía al estar incapacitado de hacer alguna cosa.

—Pero… vámonos, entonces —me apresuré a decir—. Vámonos juntos y huyamos. Yo te sigo a donde sea.

—No, Robert —me contradijo viendo la decepción en su mirar, pero por algo que no pude descifrar—. No puedo dejar que hagas eso, y a donde sea que vayas te reconocerían, además, tú tienes una vida aquí, un trabajo, una familia, amigos, y yo no puedo apartarte de los que quieres como me lo hicieron a mí…

—Pero tú eres quién quiero —la interrumpí al ver su frustración—. No me importa nada si no te tengo a mi lado.

—Robert, yo te quiero, por eso no me iré ahora, no te dejaré —dijo resueltamente después de unos segundos de sombría cavilación que me golpeó al ser las primeras palabras directas con que me hablaba—. Eres lo que más me importa en estos momentos y por eso haré hasta lo imposible por protegerte, y no permitiré que te hagan daño —se seguía preocupando por mí… —, pero para eso necesito que tú también me ayudes.

—Yo solo haré lo que sea para que tú estés a salvo.

Katherine POV

No dejaría a Robert solo. Jamás permitiría que le hicieran daño aunque eso significara morir en el acto. Ahora que él sabía toda la verdad, podría tener algún punto a mi favor para su seguridad. Tal vez él lo hiciera más fácil.

El hecho de que Marianne hubiese aparecido no sé por qué trayendo tantos recuerdos que creí almacenados con llave, no significaba que tuviera que descuidar lo que me llevaba a abandonar la ciudad en un futuro tal vez no muy lejano, y las lágrimas que ahora había logrado controlar, aunque no así el dolor, no serían impedimento tampoco.

—Robert, yo te quiero —dije finalmente—, por eso no me iré ahora, no te dejaré. Eres lo que más me importa en estos momentos y por eso haré hasta lo imposible por protegerte, y no permitiré que te hagan daño —continué resueltamente—, pero para eso necesito que tú también me ayudes.

—Yo solo haré lo que sea para que tú estés a salvo.

"Yo" estar a salvo, me seguía repitiendo. Tal vez este sería un mundo mejor sin mí, y yo no importaba, lo que si importaba, era mantener a Robert a salvo de lo que yo le había traído a su tranquila vida. Si ahora podía compensar en algo lo que causé, no lo dudaría.

Tomé un hondo respiro antes de continuar. Ya tenía que terminarse el momento de llorar como un bebé, no podía derrumbarme mientras aún Robert podía estar en peligro por mi culpa. No tenía derecho ahora de sufrir teniéndolo conmigo.

—Primero necesito que dejes de salir de noche solo, como a trotar, por ejemplo, hasta que todo esto acabe —le dije conteniéndome y tratando de que mi voz sonara lo más firme posible tras haberme quebrado sin poder controlarlo, logrando que frunciera el ceño.

—¿Hasta que todo esto acabe? —inquirió y entendí de inmediato el sentido en el tono de su voz.

—Robert, yo no puedo prometerte nada además del tiempo que pueda permanecer a tu lado —le dije conteniendo otra vez las lágrimas que ahora pareciera que salían con más facilidad que antes; como nunca creí—. Y si eso llegase a significar que tu seguridad sea amenazada, haré lo que sea que tenga que hacer para remediarlo, aunque para eso me tenga que alejar de ti.

Robert guardó silencio mientras miraba el dosel blanco que colgaba de la cama, y comenzó a jugar con las puntas de la tela entre sus dedos, pero no decía nada, estaba absorto en pensamientos que no era capaz de descifrar.

—¿Hay algo que pueda hacer para que eso no suceda? —preguntó finalmente tras levantarse de la cama y afirmarse en uno de los barrotes que sujetaban el dosel.

—No lo hay —reafirmé, aunque hubiese querido con todo mi ser darle otra respuesta—. Si él me encuentra, no hay nada que ni tú ni yo podamos hacer.

—¿Y si… y si te vas de una vez? —preguntó algo molesto tras un largo suspiro con resignación apretando sus finos labios al igual que uno de sus puños—. No quiero que vuelva a encontrarte, y si para eso es necesario que te marches, yo no intentaré detenerte.

—No —dije firmemente—. En eso no hay discusión. Aunque al principio también lo pensé, sé que no es correcto. No pienso dejarte solo ahora, así que no vuelvas a mencionar nada parecido, ¿me oíste?

Mi enfado duró solo unos segundos después de que Robert prácticamente me dijera que lo llevara a la boca del león y lo dejara solo. No podía seguir repitiendo esas cosas. Si Balthazar aparecía, solo en ese momento me iría y me aseguraría de que él nunca se acercara a Robert.

Él pasó una mano por su cabello despeinado y resopló antes de volver a quedarse en silencio por largo tiempo dándose la vuelta para caminar por la habitación, hasta que sin preverlo, se dio vuelta para mirarme y pude ver como esbozaba una tenue sonrisa con sus finos labios, que aunque esa sonrisa y esa luz no llegaron a sus ojos, no dejaron de descolocarme.

—¿Tienes algo de whisky? —preguntó de pronto inocentemente logrando que mis labios se curvaran en otra tenue sonrisa junto a la de él, y aunque ninguno de los dos podría estar realmente feliz por lo que acabábamos de hablar, mi sonrisa era porque ya no me quedaba nada más por hacer. Había regañado, había gritado, me había enojado, había llorado, y ya solo me quedaba reír.

Cualquiera que hubiese visto esta situación desde afuera; escuchando todos los inconvenientes que tendríamos desde ahora, y lo complicado y casi imposible (o más de lo normal, claro) que se había vuelto permanecer junto a él, estoy más que segura que no hubiese podido entender nada. La única convicción que tenía, era saber que él se sentía igual que yo; que sonreía sin ánimos porque "no sabía que más hacer".

Tomé mi cabeza entre mis manos y resoplé sin ánimos también, dándome por vencida… Bueno, ésta era una manera distinta de enfrentar las cosas a como estaba acostumbrada. De haber estado sola, lo más seguro es que me hubiese ido al bosque de nuevo y hubiese comenzado a atormentarme como estaba acostumbrada, pero ahora él estaba conmigo; el monstruo que yo era tenía una compañía que le restaba importancia a todos los problemas que yo tenía. Balthazar y Marianne pasaron a un segundo plano al ver sus esmeraldas mirándome fijamente.

Y pensar que hace solo unos minutos estaba desgarrándome de dolor otra vez y muriéndome de miedo por todo lo que amenazaba por alcanzarme, y una simple pregunta podía cambiar todo el humor: "¿Tienes algo de whisky?"… Aunque bueno, no era precisamente la pregunta, fue quién hizo la pegunta y su mera compañía; Fue el saber que ya no estaba sola en este mundo.

Me levanté pasando junto a él para buscar la botella de whisky que estaba en el mueble y antes de que pudiera alcanzarla, al llegar a su lado me rodeó la cintura atrapándome de pronto entre sus brazos.

—¿Ya comiste? —me preguntó rozando su barbilla rasposa en mi frente con tanta suavidad, que me hacía cosquillas.

—Si, lo hice —le respondí disfrutando el tenue contacto siendo prisionera una vez más de sus brazos, y sin entender su preocupación, ya que siendo realista, jamás se habían preocupado por mí en demasiado tiempo.

—Entonces no hay ningún peligro si hago esto —soltó antes de besarme.

Creí que volvería a llorar al sentir sus labios presionándose contra los míos, pero esta vez no era por ningún dolor del pasado que me atormentaba, si no que más bien, era de felicidad al sentirme completa. Podía no tener un montón de cosas y estar privada de las otras, pero solo estando con él me sentía completa. Además de un monstruo, me sentía completa y… feliz.

Ahora sabía que el mundo podría estarse acabando en estos precisos momentos, pero el solo hecho de que él estuviera a mi lado, significaba que ya no me importaba nada más que él…

Robert POV

No había ninguna posibilidad de que si el monstruo de Balthazar apareciera pudiera hacerle frente, y la única manera de que no le hiciera daño a Katherine era que ella se fuera lo antes posible, aunque eso significaría también, que no la vería nunca más… Y yo ni siquiera tenía oportunidad de marcharme con ella, según su propia resolución. Katherine me decía que en otras palabras; si yo estaba junto a ella, Balthazar la encontraría por la atención que yo atraería… y lo peor de todo es que tenía razón.

—No pienso dejarte solo ahora, así que no vuelvas a mencionar nada parecido —refutó molesta—, ¿me oíste?

Me lo había dejado bien en claro. No se iba a ir mientras ese monstruo no viniera y no la encontrara, porque no me dejaría desprotegido…

Genial. Perfecto. Me sentía un inútil y una completa basura. Pero, ¿cómo no sentirse una basura cuando ni siquiera puedes proteger a la chica que amas? Y es ella quién; corriendo todo el peligro que corre, sufriendo todo lo que sufre ¿lo único que hace es asegurarse que tú estés bien? Y todo esto seguía significando una sola cosa: que el asunto de marcharse seguía en pie. La única diferencia era que ahora ya conocía muy bien el por qué. Pero también sabía que no era correcto que me sintiera feliz en el fondo, porque no son, precisamente, noticias que recibes todos los días, ni noticias que te hagan sonreír… Pero ¿qué pasaría si él jamás aparecía? O si era aún mejor, ¿si él estaba muerto?

En el preciso momento que pensé todas esas cosas, sinceramente no supe quién era más un monstruo en esos momentos; si él, quien hizo todo lo que hizo, o yo, quien ya estaba pensando en matar… Pero es que él no se merecía otra cosa. Sabía que aún existía la pena de muerte en algunos países para quienes hacían cosas como las que él hizo. Y además, quien le provocó tanto dolor y miedo a Katherine no merecía menos.

Me di la vuelta antes de caminar por la habitación un par de pasos pensando y analizando todas mis posibilidades para resolver esto, y que para ser sincero, se resumían a un número elevado a cero. Pero lo que sí pude resolver, fue que ambos estábamos atados de manos para cualquier plan que se nos pudiera ocurrir de momento.

¡Cielos! Esto sí que era complicado. Al menos ahora era completamente partícipe de la vida de Katherine…

Tras un suspiro, y decidir y convencerme de que aunque dijera que no había forma de deshacerse de él, yo encontraría aquella forma. Además, yo le había prometido a ella que la protegería… Pero de momento, deseando siempre que Balthazar no apareciera nunca, o lo que es mejor, que estuviera muerto sin la posibilidad de que le hiciera daño a alguien más; solo había que esperar. Y entonces, sin controlarlo, ni planearlo, al darme la vuelta para mirarla, sonreí… pero lo que fue aún más incomprensible de todo, fue lo que le dije.

—¿Tienes algo de whisky? —pregunté siendo lo primero que se me vino a la cabeza al instante.

Ya había pasado el minuto en que la vi llorar y sufrir por su pasado. Se desahogó, mientras que yo esperaba que aliviara en algo su peso, y al verla y darme cuenta que las lágrimas se habían consumido, ahora al menos logré que sonriera conmigo y resoplara con divertimiento (aunque con algo se frustración) por sentir que no sabía que más hacer.

Son algo así como esos momentos que te ríes solo por nerviosismo, pienso yo…

Tomó su rostro entre sus manos antes de levantarse y dirigirse a donde de seguro guardaba el whisky haciéndole caso a la tontería que había dicho, pero mientras pasaba a mi lado, la atrapé de la cintura rozando su frente con mis labios.

—¿Comiste? —inquirí recordando lo de hace unas horas, cuando huyó de mí tras decirme que no se había alimentado hace días, o eso se suponía.

—Si, lo hice —respondió en voz baja sin moverse, pero sin notar una señal que me dijera que se quería apartar de mi abrazo.

—Entonces no hay ningún peligro si hago esto —concluí antes de besarla.

Rozaba sus labios con suavidad una y otra vez sintiendo su lengua moverse al mismo ritmo de la mía en completa sincronización, mientras que sus fríos labios enviaban escalofríos de placer por todo mi cuerpo notando más intensidad bajando en la línea de mi espalda, y sobre todo, en mi estómago, con ese nerviosismo constante que nunca se iba ni cambiaba, solo aumentaba cada vez más. Pero además, por primera vez sentí que era totalmente correspondido… o tal vez era el hecho de que tenía sus palabras como garantía de que me quería en realidad… En fin, lo que sea que me diera aquella sensación, me hacía disfrutar cada momento como si fuera el último, como decía Cindy…

Aunque éste momento si podría ser el último…

Al pensar en eso, de inmediato me bajó una especie de desesperación que me tomó desprevenido por tanta intensidad. No quería que se fuera jamás de mi lado, pero también me sentía un egoísta por pensar de esa manera cuando, estando conmigo, podrían hacerle daño. Si hubiese tenido más cuidado al invitarla a cenar, jamás nos habrían fotografiado y ella no estaría pasando por todo este miedo e incertidumbre.

—¿Robert, estás bien? —escuché de pronto y al darme cuenta, había dejado de besar a Katherine y ella me estaba mirando fijamente.

—Lo estoy —logré decir no muy convencido antes de abrazarla con fuerza contra mí, absorbiendo su dulce aroma reconfortante con una necesidad irrefrenable que antes no podía entender del todo.

Como al principio creí que eran solo asuntos de ella y que no me quería, y ahora sabía que no era así y que era por algo mucho más peligroso, había cierto tormento que no podía calmar, por lo mismo, solo fui capaz de dirigirle una sonrisa para que no se preocupara por mí.

—¿Traes el whisky? —pregunté dejando que siguiera su camino antes de sentarme en el sillón claro que había utilizado antes.

Katherine volvió a los segundos después y se sentó en la codera del sillón junto a mí entregándome uno de los dos vasos que llevaba en la mano.

Solo me percaté del primer sorbo del licor, y luego estuvimos en silencio unos momentos mirando el suelo, cada uno inserto en sus propios pensamientos y divagaciones.

Aún no abandonaba la idea de encontrar una solución pronta para que estuviera bien, eso estaba claro, pero de momento recordé otra cosa que tal vez ayudaría a que alivianara una de las tantas cargas que Katherine llevaba a cuestas.

—Ahora que Marianne está en la cuidad —comencé llamando su atención, percibiendo como su postura se tensaba de inmediato—, ¿pensarás en hablar con ella?

Suspiró sonoramente antes de contestarme.

—Si ella… fue hasta ti y no vino a mí, no creo que sus intensiones sean querer hablar conmigo —respondió con pesar logrando que cierta punzada de remordimiento volviera a mí.

—Tal vez yo pueda intentar hacer que te escuche… —insistí.

—¿Tú? —inquirió extrañada—. ¿Por qué tú? Me dijiste que no sabías dónde estaba, ¿acaso dijo que volvería a verte? ¿Dijo algo más? —concluyó algo agitada y con expectación, y aunque mi nerviosismo no disminuía, traté de ignorar sus últimas preguntas y continué.

—No dijo mucho, pero sí me dijo que antes ya te había encontrado varias veces y que solamente no había querido hablar contigo —respondí viendo su cara de decepción por lo que le decía, así que me apresuré a continuar—, pero el hecho de que ahora haya querido hacerte saber que estaba con vida, ¿no te dice algo?

—Tal vez quiere vengarse… —comentó sin ánimos.

—No seas pesimista —increpé ignorando lo que dijo con cierto temor de que pudiera ser cierto—. Como te dije antes, el que las cosas estén pasando en estos momentos, tiene que tener un por qué, y si tu hermana sale… "a la luz" ahora —por no encontrar otra forma de mencionarlo, aunque fue ella quien se refirió así de Katherine—, aquello también tiene que tener una respuesta y un sentido.

No parecía querer creerme, así que tomé una de sus manos y sin mirarla, por no ser capaz de asegurárselo por completo, le dije lo que estaba sintiendo en esos momentos.

—Balthazar aún no sabe donde estás. Él no ha aparecido, ¿cierto? —asintió con la cabeza—. Por lo tanto no está todo perdido, quizás hasta esté muerto —solté con la esperanza de que así fuera, aunque aún me sentía extraño por hablar de la muerte de alguien tan fácilmente.

Katherine me miró con el ceño fruncido, tal vez no entendiendo que tenía que ver una cosa con la otra, y para ser sincero… yo tampoco lo sabía. Solo le decía lo primero que se me venía a la cabeza notando como el caos de toda la información de esa noche me golpeaba.

—Lo que quiero decir es que si Balthazar no llega a aparecerse nunca, y si Marianne está en la ciudad, tal vez podrían hablar y aclarar todo lo sucedido —me volvió a mirar como si no entendiera de lo que les estaba hablando—. Ella es tu única familia y significa que no solo me tienes a mí… —de pronto se me ocurrió una idea —, nos tendrías a ambos y tal vez entre todos podríamos encontrar una solución para todo lo que pudiese ocurrir. Fue Balthazar el que la hirió en primer lugar; tú la salvaste, y fue Balthazar también el que te hizo daño y a todos los que querías…

Al apenas cruzárseme esas palabras por la mente, de inmediato me fui haciendo consciente de otras cuantas cosas que sucedían. Si bien es cierto que todo lo que sufrió Katherine y lo que le sucedió a su familia fue por culpa de Balthazar, si él no la hubiera convertido, yo jamás podría haberla conocido, jamás podría haber sabido lo que era amar de esa manera, ni sentirme reconfortado como ahora por el solo hecho de que estuviera a mi lado. Pero que acaso, ¿aquello valía la pena a cambio de todo lo que sufrió?

Por supuesto que no. Nada justifica que haya podido conocerla y amarla…

Pero si tan solo pudiera haber estado con ella cada minuto de dolor en toda su vida, o tal vez poder recibir todo lo malo que veía en su mirar al recordar las lágrimas que derramó cuando no pudo seguir conteniéndolas al relatarme su vida y lo que tuvo que pasar. ¿Acaso en vez de odiar a Balthazar, debía agradecerle que la trajera a mí? Entonces, ¿quién era el demonio? ¿Quién otro era el monstruo además de mí por ser el egoísta que prefiere tenerla a su lado y no en 1900?

Nada es justificable. Nada así es ni remotamente justificable para mi dicha o la de cualquiera. Y ahora, al ver una vez más a mi amor con la mirada invadida por el dolor que la persigue, ni siquiera así puedo ser capaz de pensar que hubiese preferido que hubiera vivido su vida normalmente, sabiendo que se hubiese casado con otro. No puedo vivir sin ella, pero tampoco puedo borrar lo que sufrió y es injusto. Es injusto para ella e injusto para mí, porque no lo merezco.

Entonces me repito otra vez, ¿quién es realmente el monstruo aquí? ¿Podría, alguna vez, ser capaz de decirle a Katherine que estoy agradecido de que sea un vampiro, porque de lo contrario, nunca la hubiese conocido? ¿Podría ser capaz de decirle que yo soy el único egoísta y que no merezco su cariño?, ¿o era solo un cobarde?

Y la frustración de no haber podido hacer nada en su momento comienza a quemarme por dentro, ya que además, tampoco sé que hacer ahora.

Ella no merecía aquel destino... Si tan solo pudiese borrar su pasado…

Pero Katherine es lo que es por su pasado. Si aquel día en el que encontró su condena no hubiese decidido llegar de noche a su casa, nada de lo que vino después hubiera sucedido. Y eso sería bueno… pero también significa que no la hubiera conocido…

A pesar de que vuelves a intentar buscar un desvío a todos los pensamientos egoístas que te envuelven, siempre llegas a la misma conclusión de que lo prefieres así, y vuelves a repetirte: ¡Quién es en realidad el monstruo!

Pero si él no la hubiera encontrado…

Solo sientes que te estás aprovechando de su sufrimiento en tu propio beneficio, y la culpa te carcome desde adentro… Sientes odio y furia contra ti mismo. Vergüenza por preferir esto y dejar de pensar menos en ella como quien amo, y más como si fuera una propiedad que tengo a mi lado.

¿Quién era realmente el monstruo? ¿Balthazar o yo?

—¿Robert, qué sucede? ¿Te encuentras bien?

La suave y apagada voz de Katherine, con su particular y melodiosa voz me trajo de vuelta a ésta realidad, a la habitación, con ella a mi lado alejándome de momento de la sombría iluminación que acababa de vivir.

Levanté la mirada del suelo para ver su hermoso rostro y sus profundos ojos azules como el océano, preguntándose qué me sucedía con preocupación en ellos.

No podía soportarlo. No merecía ésta preocupación. Si no fuera por mí, ella se habría ido lejos hace días sin correr el peligro de que quién la atormentaba la pudiera encontrar; el monstruo que, a la vez, no lo era tanto en comparación a mí, porque si lo pensaba de cierto modo, a ambos nos movía el egoísmo de tenerla a nuestro lado.

—¿Robert? —insistió, pero yo no era capaz de soportarlo.

—Te Amo —dije tratando de olvidar todo lo que había estado pensando sobre Marianne y Balthazar hasta ese momento y al ver como sus labios intentaron curvarse en una sonrisa, no pude evitar atraparlos con la necesidad que solo el miedo y la desesperación podían explicar.

Le quité el vaso de whisky de sus manos y lo dejé junto al mío sobre la mesa, viéndose perpleja por mis actos, antes de atraerla sobre mi regazo y no soltarla mientras la besaba una y otra vez. Soltó una pequeña exclamación de sorpresa, pero mis manos siguieron recorriendo la extensión de su espalda y de sus brazos desnudos, cuando poco a poco, ella llevó los suyos a mi cuello.

No sé en realidad cuánto tiempo estuvimos besándonos de la misma forma, pero el miedo que sentía fue dando paso a una necesidad mayor que era traducida a fuego que recorría mi cuerpo. Sus manos se reposaron en mi pecho para apartarme, y aunque veía el mismo fuego en ella, la vacilación era mayor.

—Te sucede algo —indicó mirándome fijamente advirtiendo como algo no andaba bien, pero yo no era lo suficientemente valiente como para decirle la verdad.

Podría enfrentarme a la muerte por ella, pero que supiera que estaba feliz de que estuviera conmigo cuando también significaba estar feliz por todo lo que le sucedió; no podía.

—No quiero perderte —expliqué finalmente, y por supuesto, no mentí, pero aún así no era toda la verdad.

Katherine POV

No podía creer que después de todo siguiera amándome. Era como si no le importaba lo que había hecho, y es más, incluso le preocupaba que Marianne me perdonara algún día.

Que extraño se sentía como alguien se podía preocupar por mí de nuevo…

Mis deseos por él iban aumentando mientras más frenético se volvía el instante en que nos besábamos; algo así como si fuera un último beso… (¿y si así era?). Pero entre todo aquello, y a pesar de que no quería apartarme de sus labios, algo no andaba bien;sentía como… cierto miedo de su parte. ¿Habrá sido correcto contarle toda la verdad si ahora solo había generado su miedo? ¿Resultaba que a medida que trataba de hacer las cosas bien, éstas iban resultando todo lo contrario? Pero aún así se lo hice saber sin demora.

—No quiero perderte —me contestó finalmente, y al escuchar eso, ésta vez fui yo quien se abalanzó sobre él y atrapó sus labios con el miedo inminente de perderlo para siempre ahora mismo.

Me acomodé a horcajadas sobre sus piernas mientras lo abrazaba con fuerza. Incluso podía sentir su masculinidad con fuerza contra mí por la cercanía, y en movimientos confusos que no terminaba de entender, Robert comenzó a quitar mi blusa con suavidad y desesperación a la vez. Pero la confusión en mí no era porque no lo deseara, si no que porque entre el temor y el caos en que se había convertido todo, yo aún podía sentir que no había nada más importante que él en la tierra. Podría morir mañana, pero esa noche no lo soltaría.

Todas las lágrimas que derramé esa noche y todas heridas que acumulé durante décadas no serían suficientes para compensar y pagar en parte el tener sus caricias y sus besos en ese momento, ni ningún otro. Como lo resolví antes, sufriría las llamas del infierno con gusto por tenerlo cada noche conmigo… O bueno, hasta que el desastre inminente y permanente se hiciera presente.

Comencé a quitar la sudadera gris que llevaba puesta, mientras besaba su cuello saboreando la salinidad de su piel en ese momento. El pulso de su sangre golpeaba con fuerza contra mis labios de nuevo, haciendo al placer y a la tentación volverse cada vez mayor, pero no sería yo quien seguiría poniendo su vida en peligro esa noche. Ya no me importaba lo deliciosa que fuera el sabor de su sangre si el sabor de su cuerpo y la sensación de que me tuviera era mayor. La superioridad de tenerlo conmigo era aún más reconfortante que cualquier otra cosa.

—No es seguro que te vayas esta noche hasta que no salga el primer destello del alba —logré decir entre dificultosas respiraciones dejando de lado su sangre y concentrándome solamente en él.

—Me parece perfecto —ratificó de la misma manera contra mis labios, mientras que con ambas manos sostenía mi rostro y no dejaba de besarme, y yo a él.

¿No había nada más que esto?

No, no lo había, y yo tampoco lo merecía.

Dejaba besos por toda la extensión de mi pecho llegando al borde de mi corpiño para luego subir otra vez, hasta llegar a la comisura de mi boca, en donde ésta vez, yo atrapé su labio inferior con suavidad deleitándome de su sabor único que borraba de momento todo mal pasado.

—Robert, ¿estás seguro de querer estar conmigo a pesar de todo? —solté cuando sus manos se dirigieron al broche de mi corpiño.

—Jamás había estado tan seguro de algo en mi vida —respondió dirigiéndose directamente a mis ojos.

Nadie que puede mirar de esa manera, puede estar mintiendo…

Volví a besarlo de nuevo sintiendo un nudo en la garganta, pero a pesar de eso, esa noche ya no nos separamos. Incluso cuando nos deslizamos del sillón hacia la cama, no me aparté de él en ningún momento.

Esto fue mucho mejor que la vez anterior. Incluso no sentí la necesidad que tuve antes de beber su sangre al besarlo y acariciarlo a cada momento, o al disfrutar de su amor en su totalidad como lo hice. Si podía anhelar estar viva de nuevo, esta era la única manera de conseguirlo, y él era él único quién podía darme aquella sensación.

Pero al no haberlo mordido ésta vez, no solo no puse su vida en peligro de nuevo, si no que también su energía no pareció verse afectada de ninguna manera convirtiéndolo en el hombre más apasionado que pudiese haber conocido nunca. Sabía de lo que era capaz de hacerme sentir por conocimiento de causa, pero ni en mis mejores fantasías alcanzaba a dimensionar todo su esplendor.

Una vez, dos veces, y otra más… Perdí la cuenta y solo podía sentir cada movimiento necesitándolo cada vez más. Cada segundo que pasaba necesitaba más de él, incluso cuando mi cuerpo parecía volverse humano de momento, tornándose débil por el trabajo, pero rápidamente volvía a ponerme a su altura y el fuego y el placer volvía a llenar mi cuerpo cada vez más.

Me encontraba con sus ojos fijos en mi mirada a cada instante, pero en realidad yo no podía hacer otra cosa que mirarlo cuando era él quien me hacía sentir viva y parecía alejar con tanta facilidad mis fantasmas del pasado, y me preguntaba si él era consciente de todo lo que lograba causar en mí además de la pasión que ya era evidente.

De pronto sus labios se movieron con suavidad hasta mi cuello en donde logré escuchar un susurro que decía "Te Amo", pero a pesar de que yo no sentía menos por él, no tuve el valor de decírselo. Incluso cuando quería y sentía la necesidad de gritarlo a los cuatro vientos, no pude. ¿Acaso no quería hacerle más daño cuando todo terminara?

Y las palabras quedaron atrapadas en mi garganta cuanto volví a escuchar aquel susurro repitiendo que me amaba una y otra vez contra mi oído.

Robert POV

Besando a Katherine con la desesperación que lo estaba haciendo, no fue precisamente la manera correcta de mitigar la culpabilidad que tengo dentro, por el contrario, el querer hacerla mía no dejaba de convertirme en un egoísta. Pero estando en mi regazo, recibiendo sus exigentes besos, y sintiendo como sus pequeñas manos recorrían mi cuerpo enviando escalofríos de placer por todas partes, no podía dejar pasar todas las sensaciones y la necesidad por alto. Cuando volví a obligarme a ver lo que estaba sucediendo, la necesidad ya era mutua.

"Necesidad". Todo se reducía a una sola palabra… Mi necesidad de ella podía nublar cualquier otra cosa, cualquier juicio que emitía mi fuero interno contra mí, pero yo no quería perderla, y cada minuto que pasaba era en lo que más pensaba.

Besaba su piel deleitándome con su aroma y su sabor, antes de que mis manos intentaran desabrochar el broche de su corpiño.

—Robert, ¿estás seguro de querer estar conmigo a pesar de todo? —dijo en ese momento.

¿"A pesar de todo"? ¿Qué podía significar el a pesar de todo? ¿A pesar de que se fuera mañana?

Pero cuando pensé en aquella posibilidad que me dolía por dentro produciendo un nudo en mi garganta, entendí que se refería a eso y todo lo demás. Que el "a pesar de todo" era efectivamente "todo".

—Jamás había estado tan seguro de algo en mi vida —le respondí mirando directamente a sus ojos, observando la intensidad de su profundidad estando dispuesto a aceptar cualquier cosa por ella si con eso podía ponerme a su altura y pagar por mi egoísmo.

En el mismo instante en que terminé de decir aquello, ella demandó mis labios de nuevo tomando mi cuello entre sus pequeñas manos. La aferré contra mí y la tomé de sus muslos para reposar su espalda contra la cama.

Ella me volvía loco, se llevaba rastros de mi cordura a veces, pero yo no quería hacer nada contra eso. Quería rendirme ante ella y todo lo que quisiera, porque así era feliz. Era feliz besando sus labios y su piel, era feliz disfrutando y sintiendo la calidez de sus profundidades íntimas, y era feliz de que ella me correspondiera de la manera en que lo hacía.

Mientras más aumentaban los momentos en que el éxtasis y el placer salían de mí de momento, me fui haciendo consciente de que Katherine no me había mordido, pero también de que por lo menos, yo no necesitaba de aquello para sentirme en la gloria como me sentía y llegar a la magnitud en que llegaba, como antes lo pensé.

El placer que solo ella me podía dar no podía pagarlo con nada, y mientras más la miraba a los ojos, más culpable me sentía.

¿Cómo poder deshacerme de esto? ¿Cómo poder enfrentarlo y compensarlo, cuando era ella quien yo más amaba y deseaba?

Mientras recorría su cuello con mi lengua, el nudo en mi garganta volvió a reaparecer con más fuerza que antes, e inconscientemente solté un "Te Amo" en voz baja contra su oído, como si así pudiera compensarse todo lo que pensé.

—Te Amo, te Amo, te Amo —repetí antes de besar sus labios de nuevo y abrazarla urgentemente.

Perdóname por desear que así haya sido, pensaba después de un rato en el que sentía como se había quedado dormida en mis brazos ya bien entrada la mañana.

—Por favor, perdóname —susurré besando su frente entre su pausada respiración.

Con mis dedos acariciaba su blanca y suave piel recorriéndola de un extremo a otro completamente ajeno a los sueños que ahora se apoderaban de sus pensamientos imposibles de penetrar. Con una mano atraje una sábana para proteger su cuerpo del frío que supuse que pudiese sentir por la baja temperatura de la noche, aunque también podría ser que no pudiera sentirlo, por como muchas veces sentí la gelidez de su piel…

De todas maneras, me quedé a su lado abrazándola; resguardando sus sueños sin dejar de pensar en todo lo que me había revelado esa noche, imaginándome como habría sido todo si yo hubiese vivido con ella en 1900, si hubiese estado ahí cuando me necesitó… O como habría sido si ella hubiera nacido en esta época y nos hubiésemos conocido como se conoce cualquier persona…

Pero eso no había sido así. Pasó lo que pasó y ya no podía hacer nada para cambiar el pasado, solo tenía que aferrarme a la esperanza de poder cambiar el futuro. Mi fututo y por sobre todo y más importante, el de ella.

—Te Amo —volví a susurrar contra su piel cerrando mis ojos con fuerza—, y no descansaré hasta verte feliz, mi vida.

Culpable o no, no dejaría que siguieran pasándole las cosas que le pasaron, y de momento, tenía la misión de hacer que Marianne pudiera perdonar a Katherine, aunque ella misma se opusiera a ello.

¿Y Balthazar? Bueno, después vería qué haría con respecto a Balthazar (y si es que volvía a aparecer), porque no iba a permitir que además de mi secreto egoísmo, todavía viniera él a lastimarla.

—Sé que no debo sentirme feliz de que estés aquí, cuando eso mismo significa sentirme feliz por todo lo que sufriste —seguí hablándole en voz baja, siendo así la única manera de tener el valor de decirlo—, pero te prometo que ya nada volverá a atormentarte mientras esté a tu lado —besé su frente antes de notar como el cansancio por todo lo que había pasado comenzaba a pesarme en los ojos y en el cuerpo—. Te lo juro.

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espero que les haya gustado este capítulo... al menos es una avance en la relacion.... xd

y gracias majo, marry y juls por sus reviews... :D quiero mas!!!!!!!! XD